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            <title ref="#CVC" ana="https://archbio.miami.edu/works/claros-varones-de-castilla"
               >Claros varones de Castilla</title>
            <author ref="#FP" ana="https://archbio.miami.edu/authors/fernando-del-pulgar">Fernando
               del Pulgar</author>
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               <resp>Encoded by</resp>
               <persName ref="#XAS">Xènia Adam Solà</persName>
               <persName ref="#SAT">Susanna Allés-Torrent</persName>
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         </titleStmt>

         <publicationStmt>
            <authority>Archive of Biographical Writings in Medieval and Early Modern Iberia
               (ArchBio)</authority>
            <publisher>University of Miami</publisher>
            <pubPlace>Coral Gables, FL</pubPlace>
            <availability status="free">
               <p>This electronic text is distributed by ArchBio under a <ref
                     target="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/">Creative Commons
                     Attribution NonCommercial-ShareAlike 4.0 International License</ref>.</p>
            </availability>
            <date>2025</date>
         </publicationStmt>

         <sourceDesc>
            <bibl type="print" xml:id="FP_CVC_RAE2022">
               <author>Fernando del Pulgar</author>
               <title>Claros varones de Castilla. Letras.</title> Edición, estudio y notas de
                  <editor>María Isabel de Páiz Hernández</editor> y <editor>Pedro Martín
                  Baños</editor>, con <editor>Gonzalo Pontón Gijón</editor>
               <publisher>Real Academia Española</publisher>
               <pubPlace>Madrid</pubPlace>
               <date>2022</date>
            </bibl>

            <bibl type="digital">
               <publisher>Real Academia Española</publisher>
               <date>2022</date>
               <ref>https://www.rae.es/obras-academicas/bcrae/claros-varones-de-castilla-letras</ref>
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         <p>The transcription of this text follows the guidelines outlined in ArchBio's
            transcription criteria. For detailed information on the transcription process,
            conventions used, and editorial decisions, please refer to the transcription guidelines
            available at: <ref target="https://archbio.miami.edu/transcripcion"
               >https://archbio.miami.edu/transcripcion</ref>. </p>
         <p>The encoding of this text adheres to ArchBio's encoding standards, which are detailed in
            the following document. This includes information on tag usage, attribute definitions,
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               >https://archbio.miami.edu/codificacion</ref>. </p>
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         <change when="2021-03-06" who="#SAT">Initial encoding by Susanna Allés-Torrent, applying
            transcription criteria and associating with the schema.</change>
         <change when="2025-03-06" who="#XAS">Text revision based on Domínguez Bordona's 1923
            edition by Xènia Adam Solà.</change>
         <change when="2025-03-20" who="#XAS">Updated the text version according to the RAE's 2004
            edition.</change>
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         <div type="prol" xml:id="cvc_00_prologo">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="5"/>
            <head>Prólogo</head>
            <p>Muy excelente y muy poderosa reina nuestra señora: </p>
            <p>Algunos historiadores griegos y romanos escribieron bien por extenso las hazañas que
               los claros varones de su tierra hicieron y les parecieron dignas de memoria. Otros
               escritores hobo que las sacaron de las historias e hicieron de ellas tratados aparte
               a fin que fuesen más comunicadas, según hizo <persName>Valerio Máximo</persName> y
                  <persName>Plutarco</persName>, y otros algunos que, con amor de su tierra o con
               afección de personas o por mostrar su elocuencia, quisieron adornar sus hechos
               exaltándolos con palabras algo por ventura más de lo que fueron en obras. </p>
            <p>Yo, muy excelente reina y señora, de ambas cosas veo menguadas las corónicas de estos
               vuestros reinos de <placeName>Castilla</placeName> y de <placeName>León</placeName>,
               en perjuicio grande del honor que se debe a los claros varones naturales de ellos y a
               sus descendientes, porque, como sea verdad que <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="6"
               />hiciesen notables hechos, pero no los leemos extendidamente en las corónicas cómo
               los hicieron, ni veo que ninguno los escribió aparte, como hizo
                  <persName>Valerio</persName> y los otros. Verdad es que el noble caballero
                  <persName>Fernán Pérez de Guzmán</persName> escribió en metro algunos claros
               varones que fueron en <placeName>España</placeName>. Asimismo escribió brevemente en
               prosa las condiciones del muy alto y excelente <persName>rey don Juan</persName>, de
               esclarecida memoria, vuestro padre, y de algunos caballeros y perlados, sus súbditos,
               que fueron en su tiempo. Eso mismo vi en <placeName>Francia</placeName> el compendio
               que hizo un maestre, <persName>Jorge de la Vernada</persName>, secretario del
                  <persName>rey Carlos</persName>, en que compiló los hechos notables de algunos
               caballeros y perlados de aquel reino que fueron en su tiempo. Y aun en aquel libro de
               la <title>Sacra Escritura</title> que hizo <persName>Jesú, hijo de Sirac</persName>,
               quiso loar los varones gloriosos de su nación. También <persName>sant
                  Jerónimo</persName> y otros algunos escribieron loando los ilustres varones dignos
               de memoria para ejemplo de nuestro vevir.</p>
            <p>Yo, muy excelente reina y señora, criado desde mi menor edad en la corte del rey,
               vuestro padre, y del <persName>rey don Enrique</persName>, vuestro hermano, movido
               con aquel amor de mi tierra que los otros <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="7"/>hobieron
               de la suya, me dispuse a escribir de algunos claros varones, perlados y caballeros,
               naturales de vuestros reinos, que yo conocí y comuniqué, cuyas hazañas y notables
               hechos, si particularmente se hobiesen de contar, requería hacerse de cada uno una
               grand historia. Y por ende, brevemente, con el ayuda de Dios, escribiré los linajes y
               condiciones de cada uno y algunos notables hechos que hicieron, de los cuales se
               puede bien creer que en autoridad de personas y en ornamento de virtudes y en las
               habilidades que tovieron, así en la ciencia como en las armas, no fueron menos
               excelentes que aquellos griegos y romanos y franceses que tanto son loados en sus
               escripturas. </p>
            <p>Y primeramente pensé poner al <persName>rey don Enrique cuarto</persName>, vuestro
               hermano, cuya ánima Dios haya. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_01_enrique_iv">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="9"/>
            <head>El Rey Don Enrique</head>
            <p>El <persName>rey don Enrique cuarto</persName>, hijo del <persName>rey don Juan el
                  segundo</persName>, fue hombre alto de cuerpoy hermoso de gesto y bien
               proporcionado en la cmnpostura de sus miembros. A este rey, seyendo príncipe, dio el
               rey, su padre, la ciudad de <placeName>Segovia</placeName>; y púsole casa y oficiales
               seyendo en edad de <date>catorce años</date>.</p>
            <p>Estovo en aquella ciudad apartado del rey, su padre, los más días de su menor edad,
               en los cuales se dio a algunos deleites que la mocedad suele demandar y la honestad
               debe negar. E hizo hábito de ellos, porque ni la edad flaca los sabía refrenar, ni la
               libertad que tenía los sofría castigar. No bebía vino; ni quería vestir paños muy
               preciosos, ni curaba de la cirimonia que es debida a persona real. Tenía algunos
               mozos aceptos de los que con él se criaban; amábalos con grand afección y dábales muy
               grandes dádivas. Desobedeció algunas veces al rey, su padre, no porque de su voluntad
               procediese, mas por inducimiento de algunos que, seguiendo sus propios intereses, le
               traían a ello.</p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="10"/>Era hombre piadoso y no tenía ánimo de hacer mal,
               ni ver padecer a ninguno. Y tan humano era, que con dificultad mandaba ejecutar
               justicia criminal; y en la ejecución de la cevil y en las otras cosas necesarias a la
               gobernación de sus reinos, algunas veces era negligente, y con dificultad entendía en
               cosa ajena de su delectación. No se vido en él jamás punto de soberbia en dicho ni en
               hecho, ni por codicia de haber grandes señoríos le vieron hacer cosa fea ni
               deshonesta. Y si algunas veces había ira, durábale poco; y no le señoreaba tanto que
               dañase mucho a él ni a otro. Era gran montero y placíale muchas veces andar por los
               bosques apartado de las gentes.</p>
            <p>Casó, seyendo príncipe, con la <persName>princesa doña Blanca</persName>, hija del
                  <persName>rey don Juan de Aragón</persName>, su tío, que estonces era rey de
                  <placeName>Navarra</placeName>, con la cual estovo casado por espacio de
                  <date>diez años</date>. Y al fin, hobo divorcio entre ellos por el defecto de la
               generación, que él imputaba a ella y ella imputó a él.</p>
            <p>Muerto el <persName>rey don Juan</persName>, su padre, reinó luego pacíficamente en
               los reinos de <placeName>Castilla</placeName> y de <placeName>León</placeName>,
               seyendo ya en edad de <date>treinta años</date>. <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="11"
               />Y luego que reinó, usó de gran magnificencia con ciertos caballeros y grandes
               señores de sus reinos, soltando a unos de las presiones en que el rey, su padre, los
               había puesto, y reduciendo y perdonando a otros que andaban desterrados de sus
               reinos. Y restituyóles todas las villas y logares y rentas y todos sus patrimonios y
               oficios que tenían. Viviendo la primera mujer de quien se apartó, casó con otra, hija
               del rey de <placeName>Portugal</placeName>. Y en este casamiento se manifestó su
               impotencia, porque como quier que estovo casado con ella por espacio de <date>quince
                  años</date>, y tenía comunicación con otras mujeres, nunca pudo haber a ninguna
               allegamiento de varón.</p>
            <p>Reinó <date>veinte años</date>, y en los diez primeros fue muy próspero, allegó gran
               poder de gentes y de tesoros, y los grandes y caballeros de sus reinos con gran
               obediencia cumplían sus mandamientos. Era hombre franco y hacía grandes mercedes y
               dádivas; y no repetía jamás lo que daba, ni le placía que otros en presencia gelo
               repitiesen. Llegó tanta abundancia de tesoros, que, allende de los grandes gastos y
               dádivas que hacía, mercaba cualquier villa o castillo <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022"
                  n="12"/>u otra gran renta que en sus reinos se vendiese para acrecentar el
               patrimonio real.</p>
            <p>Era hombre que las más cosas hacía por solo su arbitrio o al placer de aquellos que
               tenía por privados. Y como los apartamientos que los reyes hacen y la gran afección
               que sin justa causa muestran a unos más que a otros y las excesivas dádivas que les
               dan suelen provocar a odio, y del odio nacen malos pensamientos y peores obras,
               algunos grandes de sus reinos, a quien no comunicaba sus consejos ni la goberanción
               de sus reinos, y pensaba que de razón les debía ser comunicado, concebieron tan
               dañado concepto, que algunas veces conjuraron contra él para lo prender o matar. Pero
               como este rey era piadoso, bien así Dios usó con él de piedad y le libró de la
               presión y de los otros males que contra su persona se imaginaron. </p>
            <p>Y ciertamente se debe considerar que, como quier que no sea ajeno de los hombres
               tener afección a unos más que a otros, pero especialmente los reyes, que están en el
               miradero de todos, tanto menor licencia tienen de errar cuanto más señalados y
               mirados son que los otros; mayormente en las cosas de la justicia, de la cual tan
               bien deben usar en mostrar su afección templada al que lo mereciere, como en todas
               las otras cosas. Porque de mostrarse los reyes afecionados, sin templanza, y no a
               quién, ni cómo, ni por lo que lo deben ser, nacen muchas veces las invidias, do se
               siguen las desobediencias y vienen las guerras y otros inconvenientes que a este rey
               acaecieron.</p>
            <p>Era muy gran músico y tenía buena gracia en cantar y tañer y en hablar en cosas
               generales, pero en la ejecución de las particulares y necesarias algunas veces era
               flaco, porque ocupaba su pensamiento en aquellos deleites que estaba acostumbrado,
               los cuales impiden el oficio de la prudencia a cualquier que de ellos está ocupado.
                  <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="13"/>Y ciertamente vemos algunos hombres hablar muy
               bien, loando generalmente las virtudes y vituperando los vicios. Pero cuando se les
               ofrece caso particular que les toque, estonces, vencidos del interese o del deleite,
               no han lugar de permanecer en la virtud que loaron, ni resistir el vicio que
               vituperaron.</p>
            <p>Usaba asimismo de magnificencia en los recibimientos de grandes hombres y de los
               embajadores de reyes que venían a él, haciéndoles grandes y suntuosas fiestas y
               dándoles grandes dones. Otrosí en hacer grandes eficios, en los alcázares y casas
               reales y en iglesias y logares sagrados</p>
            <p>Este rey fundó de principio los <placeName>monesterios de la Santa María del
                  Parral</placeName> de <placeName>Segovia</placeName> y <placeName>San Jerónimo del
                  Paso de Madrid</placeName>, que son de la <roleName>orden de San
                  Jerónimo</roleName>, y dotólos magníficamente; y otrosí el <placeName>monesterio
                  de San Antonio</placeName> de <placeName>Segovia</placeName>, de la <name>orden de
                  San Francisco</name>. E hizo otros grandes edificios y reparos en otras muchas
               iglesias y monesterios de sus reinos, y dióles grandes limosnas e hízoles muchas
               mercedes.</p>
            <p>Otrosí mandaba pagar cada año en tierras y acostamientos gran número de gente de
               armas. Y allende de esto gastaba cada año en sueldo para la gente de caballo continua
               que traía en su guarda otra gran cantidad de dinero. Y con esto fue tan poderoso, y
               su <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="14"/>poder fue tan renombrado por el mundo, que el
                  <persName>rey don Fernando de Nápol</persName> le envió suplicar que le recibiese
               en su homenaje. Otrosí la ciudad de <placeName>Barcelona</placeName> con todo el
                  <placeName>principado de Cataluña</placeName> le ofreció de se poner en su
               señorío, y de le dar los tributos debidos al <persName>rey don Juan de
                  Aragón</persName>, su tío, a quien por estonces aquel principado establa
               rebelde.</p>
            <p>Por inducimiento y persuasiones de algunos que estaban cerca de él en su Consejo, más
               que procediendo de su voluntad, tovo algunas diferencias con este <roleName>rey de
                     <placeName>Aragón</placeName></roleName>, su tío, que a sí mesmo se intitulaba
                  <roleName>rey de <placeName>Navarra</placeName></roleName> Y entró por su persona
               poderosamente en el reino de <placeName>Navarra</placeName> y envió gran copia de
               gente de armas con sus capitanes al reino de <placeName>Aragón</placeName>; e hizo
               guerra a los aragoneses y navarros. Y puédese bien creer que, según su gran poder y
               la dispusición del tiempo y de la tierra y la flaqueza y poca resistencia que por
               estonces había en la parte contraria, si este rey fuera tirano e inhumano, todos
               aquellos reinos y señoríos fueran puestos en su obediencia, dellos con pequeña fuerza
               y dellos de su voluntad. Y para pacificar estas diferencias se trataron vistas entre
               él <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="15"/>y el <persName>rey don Luis de
                  Francia</persName>, que, como árbitro se interpuso a las pacificar A las cuales
               vistas fue acompañado de grandes señores y perlados y de gran multitud de caballeros
               y fijosdalgo de sus reinos. Y en los gastos que hizo y dádivas que dio, y en los
               arreos y otras cosas que fueron necesarias de se gastar y distribuir para tan gran
               acto, mostró bien la franqueza de su corazón; y pareció la grandeza de sus reinos; y
               guardó la preeminencia de su persona y la honra y loable fama de sus súbditos. Fue la
               fabla de estos dos reyes entre la villa de <placeName>Fuenterrabía</placeName>, que
               es del reino de <placeName>Castilla</placeName>, y la villa de
                  <placeName>Bayona</placeName>, que es del reino de <placeName>Francia</placeName>,
               en la ribera de la mar.</p>
            <p>Continuó algunos tiempos guerra contra los moros. Hizo algunas entradas con gran
               copia de gente en el reino de <placeName>Granada</placeName>. En su tiempo se ganó
                  <placeName>Gibraltar</placeName> y <placeName>Archidona</placeName> y otros
               algunos lugares de aquel reino. Constreñió a los moros que le diesen parias algunos
               años porque no les hiciese guerra. Y los reyes comarcanos temían tanto su gran poder,
               que ninguno osaba hacer el contrario de su voluntad. Y todas las cosas le acarreaba
               la fortuna como las él quería, y algunas mucho mejor de lo que pensaba, como suele
               hacer a los bien afortunados. Y los de sus reinos, todo aquel tiempo que estovieron
               en su obediencia, gozaban de paz y de los otros bienes que de ella se siguen.</p>
            <p>Fenecidos los <date>diez años</date> primeros de su señorío, la fortuna, envidiosa de
               los grandes estados, mudó, como suele, la cara próspera y començó a mostrar la
               adversa. De la cual mudança muchos <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="16"/>veo quejarse,
               y a mi ver sin causa, porque, según pienso, allí hay mudanza de prosperidad do hay
               corrupción de costumbres. E así por esto, como porque se debe creer que Dios,
               queriendo punir en esta vida alguna desobediencia que este rey mostró al rey, su
               padre, dio lugar que fuese desobedecido de los suyos. Y permitió que algunos criados
               de los más aceptos que este rey tenía, y a quien de pequeños hombres hizo grandes y a
               quien dio títulos y dignidades y grandes patrimonios, quier lo hiciesen por conservar
               lo habido, quier por lo acrecentar y añadir mayores rentas a sus grandes rentas,
               erraron de la vía que la razón les obligaba; y no podiendo refrenar la invidia
               concebida de otros que pensaban ocuparles el lugar que tenían, conocidas en este rey
               algunas flaquezas nacidas del hábito que tenía hecho en los deleites, osaron
               desobedecerle y poner disensión en su casa. La cual, porque al principio no fue
               castigada según debía, creció entre ellos tanto, que hizo decrecer el estado del rey
               y el temor y obediencia que los grandes de sus reinos le habían. Donde se siguió que
               algunos de estos se juntaron con otros perlados y grandes señores del reino y tomaron
               al <persName>príncipe don Alfonso</persName>, su hermano, mozo de once años, y,
               haciendo división en <placeName>Castilla</placeName>, lo alzaron por rey de ella. Y
               todos los grandes y caballeros y las ciudades y villas estovieron divisos en dos
               partes: la una permaneció siempre con este <persName>rey don Enrique</persName>; la
               otra estovo <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="17"/>con aquel <persName>rey don
                  Alonso</persName>, el cual duró con título de rey por espacio de <date>tres
                  años</date>. Y murió en edad de <date>catorce</date>. </p>
            <p>En esta división se despertó la codicia y creció el avaricia; cayó la justicia y
               señoreó la fuerza; reinó la rapiña y disolvióse la lujuria; y hobo mayor lugar la
               cruel tentación de la soberbia que la humilde persuasión de la obediencia. Y las
               costumbres por la mayor parte fueron corrompidas y disolutas, de tal manera que
               muchos, olvidada la lealtad de amor que debían a su rey y a su tierra, y siguiendo
               sus intereses particulares, dejaron caer el bien general, de tal forma que el general
               y el particular perecían. </p>
            <p>Y nuestro Señor, que algunas veces permite males en las tierras, generalmente para
               que cada uno sea punido particularmente según la medida de su yerro, permitió que
               hobiese tantas guerras en todo el reino, que ninguno puede decir ser eximido de los
               males que de ella se siguieron. Y especialmente aquellos que fueron causa de la
               principiar se vieron en tales peligros, que quesieran dejar gran parte de lo que
               primero tenían con seguridad de lo que les quedase, y ser salidos de las alteraciones
               que a fin de acrecentar sus estados inventaron. Y así pudieron saber con la verdadera
               experiencia lo que no les dejó conocer la ciega codicia. Por cierto, así acaece que
               los hombres antes que sientan el mal futuro, no conocen el bien presente, pero cuando
               se ven envueltos en las necesidades peligrosas en que su desordenada codicia los
               mete, estonces <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="18"/>querrían, y no pueden, hacer
               aquello que con menor daño pudieran haber hecho.</p>
            <p>Y porque la ferviente afección de personas y la ciega codicia de los bienes hacen
               perder el buen juicio en las cosas, duraron estas guerras los otros <date>diez
                  años</date> postrimeros que este rey reinó; y los hombres pacíficos padecieron
               muchas fuerzas de los hombres nuevos que se levantaron e hicieron grandes
               destruiciones. Gastó en estos tiempos el rey todos sus tesoros; y allende de
               aquellos, gastó y dio sin medida casi todas las rentas de su patrimonio real. Y
               muchas de ellas le tomaron los tiranos, de manera que aquel que con el abundancia de
               los tesoros compraba villas y castillos, vino en necesidad tan extrema, que vendió
               muchas veces las rentas de su patrimonio para el mantenimiento de su persona.</p>
            <p>Vivió este rey <date>cincuenta años</date>, de los cuales reinó <date>veinte</date>.
               Y murió en el alcázar de la villa de <placeName>Madrid</placeName> de dolencia del
               ijada, de la cual en su vida muchas veces fue gravemente apasionado.</p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_02_fadrique">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="19"/>
            <head>El Almirante Don Fabrique</head>

            <p>El <persName><roleName>almirante</roleName> don Fadrique</persName>, hijo del
                     <persName><roleName>almirante</roleName> don Alonso Enríquez</persName> y nieto
               del <persName>infante don Fadrique</persName> y bisnieto del <persName>rey don
                  Alfonso</persName>, fue pequeño de cuerpo y hermoso de gesto. Era un poco corto de
               vista. Hombre de buen entendimiento, fue en los tiempos del <persName>rey don
                  Juan</persName> y del <persName>rey don Enrique</persName>. </p>
            <p>Tenía muchos parientes, porque tovo por hermano de madre al
                     <persName><roleName>adelantado</roleName> Pero Manrique</persName>, que fue un
               gran señor en <placeName>Castilla</placeName>. Y tovo de su padre y madre otro
               hermano, que fue <roleName>conde de Alba de Liste</roleName>y ocho hermanas, que
               casaron con hombres de linaje que tenían casas de mayorazgos antiguas. Y de parte de
               doña <persName>Juana de Mendoza</persName>, su madre, hija de <persName>Pero Gonzáles
                  de Mendoza</persName>, tenía por deudos de sangre todos los más de los grandes
               señores de <placeName>Castilla</placeName>. Amaba los parientes y allegábalos; y
               trabajaba en procurar su honra e interese. </p>
            <p>Fue caballero esforzado y hombre de tan gran corazón, que osadamente cometía muchas
               veces su persona y estado a los golpes <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="20"/>de la
               fortuna por la conservación de sus parientes y por adquerir para sí honra y
               reputación. Usando de su oficio de <roleName>almirante</roleName>, andovo por la mar
               con gran flota de armada, y hobo recuentros y batallas marinas con moros y con
               cristianos, en las cuales fue vencedor y alcanzó fama de esforzado capitán. </p>
            <p>Era franco y liberal, y siempre pospuso la codicia del guardar tesoros a la gloria
               que sentía en ganando honra. Era hombre impaciente y no podía buenamente tolerar las
               cosas que le parecían exesivas y contrarias a la razón, y reprendíalas con algún
               rigor. Especialmente increpaba la gran afección que el <persName>rey don
                  Juan</persName> tenía al <persName><roleName>maestre de Santiago</roleName>, don
                  Álvaro de Luna, <roleName>condestable de Castilla</roleName></persName>, y el gran
               poder que en su persona y en su corte y reino le dio y las dádivas inmensas que le
               hizo. Otrosí reprendía las cosas exesivas que este condestable, con el gran favor que
               tenía del rey, hacía; y no las podía sofrir ni disimular. Y de esta condición se le
               siguieron discordias y enemistades con aquel maestre y con otros caballeros que
               seguían su parcialidad, de las cuales procedieron guerras y escándalos en el reino,
               porque era hombre de gran autoridad, así por respeto de su persona y gran casa como
               por los muchos y grandes señores que tenía por parientes.</p>
            <p>Casó una hija con el <roleName>rey de Aragón</roleName>, que a la hora era
                  <roleName>rey de Navarra</roleName>. Y por causa de este casamiento y de las
               parcialidades que tenía en el reino, se le siguieron algunos infortunios,
               especialmente en el vencimiento de la batalla que el <persName>rey don
                  Juan</persName> hobo <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="21"/>contra el <roleName>rey
                  de Navarra</roleName> y contra el <persName><roleName>infante</roleName> don
                  Enrique</persName>, sus primos, y contra otros caballeros cerca de la villa de
                  <placeName>Olmedo</placeName>. En la cual, como quier que este
                  <roleName>almirante</roleName> fue vencido del <roleName>maestre de
                  Santiago</roleName>, su enemigo, y preso por un <roleName>escudero</roleName> de
               su capitanía, pero no le falleció ánimo en la hora del infortunio, y con fuerza de
               razones que dijo al que le prendió, le puso en libertad. Y fueron tomados todos sus
               bienes, y él andovo desterrado del reino sintiendo aquel grave sentimiento que el
               vencido siente veyendo su enemigo vencedor. Y como quier que donde hay pérdida hay
               dolor, pero este caballero sufriósus pérdidas con egual cara, y ninguna fuerza de la
               fortuna le abajó la fuerza de su corazón.</p>
            <p>Loan los <roleName>historiadores romanos</roleName> por varón de gran ánimo a
                  <persName>Catón</persName> el censorio, porque se mató no podiendo con paciencia
               sofrir la vitoria de <persName>César</persName>, su enemigo. Y no sé yo, por cierto,
               qué mayor crueldad le hiciera el <persName>César</persName> de la que él se hizo,
               porque repugnando la natura y al común deseo de los hombres, hizo en su persona lo
               que todos aborrecen hacer en la ajena. Y adornan su muerte diciendo que murió por
               haber libertad. Y, ciertamente, yo no puedo entender qué libertad puede haber para
               sí, ni para dar a otro, el hombre muerto. Así que como hallan razón para loar su
               vida, no veo que haya para loar su muerte, porque anticiparse ninguno a desatar aquel
               conjuntísimo y natural atamiento que el ánima tiene con el cuerpo, temiendo que otro
               lo desate, cosa es más para aborrecer que para loar. No se mata el marinero en la
               fortuna antes que le mate la fortuna; ni el cercado se da la muerte por miedo de la
               servidumbre del cercador. A todos sostiene la esperanza que no pudo sostener a
                  <persName>Catón</persName>, el cual sí tovo ánimo para sofrir los bienes de la
               prosperidad y no los males de la fortuna. </p>
            <p>Con mayor razón podemos loar este <roleName>almirante</roleName>, porque el uno
               pareció en su muerte tan flaco que no pudo sofrir sus males, y <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="22"/>este pareció en su vida tan fuerte, que tovo
               esperanza de cobrar sus bienes, aunque se vido desterrado y vencido y a su enemigo,
               próspero y vencedor. Porque aquel es dicho varón magnánimo que, sufriendo la mala,
               sabe buscar la buena fortuna. E si el otro fue censorio, que quiere decir reprensor
               de pecados, también fue este <roleName>almirante</roleName> reprensor de aquello que
               le parecía fuera de razón. Verdad es que de reprender errores ajenos más veces se
               sigue odio al castigador, que enmienda al castigado. </p>
            <p>Y también debemos considerar que si los juicios de Dios no podemos comprender, menos
               los debemos reprender, porque no sabemos sus misterios, ni los fines que su
               providencia tiene ordenados en los actos de los hombres. Y, por ende, el que pudiere
               refrenar su ira y dar pasada a las cosas que se pueden tolerar y haber sufrimiento
               para las disimular, sin dubda vivirá vida más segura y no se porná, según este
                  <roleName>almirante</roleName> se puso, a los golpes peligrosos de la fortuna. En
               los cuales en alguna manera se pudo decir bien fortunado, porque sus deudos y amigos
               le fueron gradecidos y sus criados y servidores le fueron leales. Los cuales,
               nembrándose de algunos beneficios que de él recibieron, le ayudaron cuanto pudieron,
               y ayudaran mejor si pudieran, porque el amor verdadero, ni deja de amar, ni cansa de
               aprovechar.</p>
            <p>En estos tiempos de adversidades que por este caballero pasaron, conoció bien la
               lucha continua que entre sí tienen el trabajo, de la una parte, y el deleite de la
               otra. Y como quier que el uno o el otro vence a veces, pero ninguno de ellos dura en
               el vencimiento luengamente, al fin, haciendo el tiempo las mudanzas que suele, y los
               amigos y servidores las obras que deben, rodeó Dios las cosas en tal manera, que
               tornó a <placeName>Castilla</placeName>, y recobró todos sus bienes y patrimonio y
               hobo logar de lo acrecentar y fue restituido en la gran estimación que primero
               estaba. </p>
            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="23"/>Y murió lleno de días en gran prosperidad, porque
               dejó sus hijos en buen estado. Y vido en sus postrimeros días a su nieto, hijo de su
               hija, ser <roleName>príncipe de Aragón</roleName>, porque era único hijo al
                  <roleName>rey de Aragón</roleName>, su padre. Y otrosí le vido príncipe de los
               reinos de <placeName>Castilla</placeName> y de <placeName>León</placeName>, porque
               casó con la <persName><roleName>princesa de Castilla</roleName>, doña
                  Isabel</persName>, que fue reina de estos reinos. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_03_velasco_haro">
            <head>El Conde de Haro</head>
            <p>Don <persName>Pero Fernández de Velasco, <roleName>conde de
                  Haro</roleName></persName>, hijo de <persName>Juan de Velasco</persName> y nieto
               de don <persName>Pero Fernández de Velasco</persName>, fue hombre de mediana
               estatura. Tenía las cervices torcidas y los ojos un poco bizcos. Era de linaje noble
               y antiguo. Hállase por las corónicas que él y su padre y abuelos fueron camareros
               mayores de los <roleName>reyes de Castilla</roleName>, sucesivamente, por espacio de
                  <date>ciento y veinte años</date>. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="24"/>Era hombre agudo y de buen entendimiento. Vivió
               en los tiempos del <persName>rey don Juan el segundo</persName> y del <persName>rey
                  don Enrique cuarto</persName>, su hijo. En su joventud, la edad lozana y no aún
               madura ni experimentada en los inconvinientes que acaecen en la vida, le indusió que
               se juntase en parcialidades con otros grandes del reino, sus parientes, y repugnase
               la voluntad y afección grande que el <persName>rey don Juan</persName> mostraba en
               obras y en palabras a algunos privados. Y por esta causa estovo algún tiempo en la
               indignación del rey y padeció algunos infortunios. Y como acaece algunas veces que
               las adversidades dan al hombre mejor doctrina para ser cauto que las prosperidades
               para ser templado, este caballero despertó en la adversidad su buen entendimiento y
               conoció como dende adelante viviese con más seguridad y menos peligro.</p>
            <p>Hablaba con buena gracia y con tales razones traídas a propósito, que todos habían
               placer de le oír. Era temeroso de Dios y hombre de verdad e inclinado a justicia. La
               cual, como sea dividida en partes, una de las cuales se dice legal, porque es
               instituida por ley; otra igual, que la razón natural nos manda seguir, puédese por
               cierto creer de este caballero que ni falleció en lo que manda la razón natural, ni
               era transgresor de lo escrito por ley, antes fue un tan gran celador de la justicia,
               que no se puede decir otro en sus tiempos que con tan gran estudio la mirase, ni con
               mejor diligencia y moderación la cumpliese y ejecutase. Y esta virtud mostró bien en
               la gobernación de sus villas y logares y otras muchas tierras que tovo en
               administración, porque allende del derecho que igualmente hacía guardar de unos y
               otros, dio tal forma en sus tierras, que los ministros que ponía en la justicia de
               ellas eran <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="25"/>obligados de pagar todo el robo que en
               el campo se hiciese a los moradores o a otra cualquier persona que pasase por ellas;
               o dar el malhechor que lo hobiese hecho o perseguirlo hasta lo haber o dar razón
               donde fuese receptado y defendido. Y luego que sabía el logar do estaba, hacía tales
               diligencias, que había el malhechor y hacía justicia de él; o apremiaba en tal manera
               al que lo receptaba, que le hacía restituir el robo y el robado quedaba satisfecho. </p>
            <p>Y con esta diligencia que tenía en la justicia, sus tierras eran bien guardadas y
               florecían entre todas las otras comarcanas. Tenía tierras vecinas a las montañas y,
               como quier que juntó en parentela con algunos de los caballeros de ellas, pero
               conocida la gente ser turbulenta y presta al rigor, con tal prudencia los sopo
               tratar, que en su tiempo no le alcanzó parte de algunos males que de sus disensiones
               les vinieron, porque era varón inclinado a paz y enemigo de discordia y gran celador
               del bien público, en la gobernación del cual le placía gastar el tiempo y el
               trabajo.</p>
            <p>Loan los <roleName>historiadores</roleName> a <persName>Bruto, <roleName>cónsul
                     romano</roleName></persName>, que mató sus hijos porque contra el bien público
               de <placeName>Roma</placeName> trataban de reducir al <persName>rey
                  Tarquino</persName>. Y dicen que la gran codicia de loor venció al amor natural. Y
               alega <persName>Virgilio</persName> que fue caso infelice. Y si infelice, no sé cómo
               la infelicidad deba ser loada, ni qué loor puede conseguir aquel que repugna la
               natura y contraría la razón. Podemos <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="26"/>bien creer
               que este <roleName>cónsul</roleName>, si lo hizo con ira, fue mal, y si con
               deliberación, peor, porque de muchos gobernadores castellanos leemos que, no matando
               sus hijos, mas templando sus pasiones, sopieron muy bien gobernar sus tierras y
               provincias. </p>
            <p>Y este noble conde, no señoreando de ambición por haber fama en esta vida, mas
               señoreando la tentación por haber gloria en la otra, governó la república tan
               rectamente, que hobo el premio que suele dar la verdadera virtud. La cual conocida en
               él, alcanzó tener tanto crédito y autoridad, que si alguna grande y señalada
               confianza se había de hacer en el reino, quier de personas, quier de fortalezas o de
               otra cosa de cualquier calidad, siempre se confiaba de él. Y en algunas diferencias
               que el <persName>rey don Juan</persName> hobo con el <roleName>rey de
                  Navarra</roleName> y con el <persName>infante don Enrique</persName>, sus primos,
               y en algunos otros debates y controversias que los grandes del reino unos con otros
               hobieron en su tiempo, si para se pacificar era necesario que los de la una parte y
               de la otra se juntasen en algún lugar para platicar en las diferencias que tenían,
               siempre se encomendaba la salvaguarda del tal lugar do se juntaban a este caballero;
               y la una parte y la otra confiaban sus personas de su fe y palabra; y muchas veces se
               remetían a su arbitrio y parecer. </p>
            <p>Fue eso mismo hombre que por ganar honra deseaba hacer cosas magníficas. Y siguiendo
               esta su condición, juntó muchas veces gran copia de gente de su casa, así para la
               guerra contra los moros como para servir al <roleName>rey</roleName> y sostener el
               estado y preeminencia real en las diferencias y guerras que en el reino acecieron. Y
               esto hizo en lugares y tiempos tan necesarios que, como quier que sufrió grandes
               miedos y se puso a muchos discrímines y aventuras, pero al fin de sus trabajos ganó
               gran honra y reputación, y su casa por respeto de sus servicios fue acrecentada.</p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="27"/>Quería llevar las cosas por orden y que no
               saliesen punto de la razón. Y esta condición le hacía mirar tanto en los negocios y
               poner tales dubdas e inconvenientes, que tarde y con gran dificultad se determinaba a
               las hacer. Verdad es que tardío y ser súbito en la determinación de las cosas son dos
               extremos que se deben huir. También es cierto que recibe alguna pena el que delibera,
               en deliberar tarde; y el que espera, en esperar mucho. Pero, ciertamente por la mayor
               parte vemos más y mayores inconvenientes en la persona y hechos de aquel que delibera
               súbito que en el que es grave y tardío en sus movimientos. Porque si por deliberar
               tarde se pierde alguna vez el bien que se podría haber, por determinar presto vimos
               perder muchas veces el bien habido; y acarrear tales mudanzas y vanidades que afean
               la persona y pierden la honra.</p>
            <p>Era deseoso, como todos los hombres, de haber bienes, y sópolos adquerir, acrecentar
               y muy bien conservar. Era asimismo reglado en sus gastos continuos; y con tanta
               diligencia miraba a quién había de dar y cómo y por qué lo daba, que algunas veces
               fallecía en la virtud de la liberalidad. Era hombre esencial y no curaba de
               apariencias, ni hacía muestras de lo que tenía, ni de lo que hacía. Aprendió letras
               latinas y placíale el estudio de corónicas y saber hechos pasados. Placíale asimismo
               la comunicación de personas religiosas y de hombres sabios, con las cuales comunicaba
               sus cosas.</p>
            <p>Al fin, veyéndose en los días de la vejez, porque hobo verdadero conocimiento de los
               gozos falsos y de las miserias verdaderas que este mundo da a los que en él están
               envueltos, apartóse de él, y puso fin a todas las cosas mundanas, y encomendó su casa
               y <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="28"/>toda su gente de armas a su hijo mayor. Y fundó
               en la su villa de <placeName>Medina de Pumar</placeName> un monesterio de
                  <roleName>monjas de la orden de santa Clara</roleName> y un hospital para pobres;
               y dotóles de lo que les era necesario. Y, allí, de su voluntad, se retrujo, antes que
               muriese, por espacio de <date>diez años</date>. Y como quier que fue requerido
               algunas veces por el <date>rey</date>, e por otros grandes señores sus parientes, que
               saliese de aquel retraimiento para entender en las disensiones que en aquellos
               tiempos acaecieron en el reino, no quiso mudar su propósito. Antes, acordó de tomar
               en su casa compañía de hombres religiosos de buena y honesta vida; e hizo grande y
               estrecha inquisición sobre las cosas de su conciencia desde el día que fue de hedad
               para pecar, e cometióles que alimpiasen su conciencia desde el día que fue de edad
               para pecar. Y cometióles que alimpiasen su ánima, así en la penitencia de su persona
               como en la restitución que debían hacer de sus bienes. Y todos los que en aquellos
               tiempos venieron a le demandar cualquier cargo, así de servicios que le hobiesen
               hecho como de otra cualquier calidad a que de justicia fuese obligado, fueron oídos y
               satisfechos. </p>
            <p>Y al cabo de haber hecho su penitencia y restituciones, dejó su casa y patrimonio a
               su hijo mayor, que fue <roleName>condestable de Castilla</roleName>. <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="29"/>Y dejó otros dos hijos heredados y en buen estado.
               Y dando doctrina de honrado vevir y ejemplo de bien morir, feneció en edad de
                  <date>setenta años</date>, dentro en aquel monesterio que fundó.</p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_04_lope_mendoza_santillana">
            <head>El Marqués de Santillana</head>
            <p>Don <persName>Íñigo López de Mendoza, <roleName>marqués de Santillana</roleName> y
                     <roleName>conde del Real de Manzanares</roleName>, <roleName>señor de la casa
                     de la Vega</roleName></persName>, hijo del
                     <persName><roleName>almirante</roleName> don Diego Hurtado de
                  Mendoza</persName> y nieto de <persName>Pero González de Mendoza, <roleName>señor
                     de Álava</roleName></persName>, fue hombre de mediana estatura, bien
               proporcionado en la compostura de sus miembros y hermoso en las facciones de su
               rostro; de linaje noble castellano y muy antiguo. </p>
            <p>Era hombre agudo y discreto, y de tan gran corazón, que ni las grandes cosas le
               alteraban, ni en las pequeñas le placía entender. En la continencia de su persona y
               en el resonar de su habla mostraba ser hombre generoso y magnánimo. Hablaba muy bien
               y nunca le oían decir palabra que no fuese de notar, quier para doctrina quier para
               placer. Era cortés y honrador de todos los que a él venían, especialmente de los
               hombres de ciencia. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="30"/>Muertos el <roleName>almirante</roleName>, su
               padre, y doña <persName>Leonor de la Vega</persName>, su madre, y quedando bien
               pequeño de edad, le fueron ocupadas las <placeName>Asturias de Santillana</placeName>
               y gran parte de los otros sus bienes. Y como fue en edad que conoció ser defraudado
               en su patrimonio, la necesidad que despierta el buen entendimiento, y el corazón
               grande que no deja caer sus cosas, le hicieron poner tal diligencia, que, veces por
               justicia, veces por las armas, recobró todos sus bienes. </p>
            <p>Fue muy templado en su comer y bever; y en esto tenía una singular continencia. Tovo
               en su vida dos notables ejercicios: uno en la disciplina militar; otro en el estudio
               de la ciencia. Y ni las armas le ocupaban el estudio, ni el estudio le impedía el
               tiempo para platicar con los caballeros y escuderos de su casa en la forma de las
               armas necesarias para defender; y cuáles habían de ser para ofender; y cómo se había
               de herir el enemigo; y en qué manera habían de ser ordenadas las batallas y la
               dispusición de los reales; y cómo se habían de combatir y defender las fortalezas y
               las otras cosas que requiere el ejercicio de la caballería. Y en esta plática se
               deleitaba por la gran habituación que en ella tovo en su mocedad. Y porque los suyos
               supiesen por expiriencia lo que le oían decir por doctrina, <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="31"/>mandaba continuar en su casa justas; y ordenaba
               que se hiciesen otros ejercicios de guerra, porque sus gentes, estando habituados en
               el uso de las armas, les fuesen menores los trabajos de la guerra. </p>
            <p>Era caballero esforzado, y antes de la facienda, cuerdo y templado; puesto en ella,
               ardit y osado. Y ni su osadía era sin tiento, ni en su cordura se mezcló jamás punto
               de cobardía. Fue capitán principal en muchas batallas que hobo con cristianos y con
               moros, donde fue vencedor y vencido. Especialmente hobo una batalla contra los
               aragoneses cerca de <placeName>Araviana</placeName> y otra batalla cerca del
                  <placeName>río de Torote</placeName>; y estas dos batallas fueron muy heridas y
               sangrientas, porque, peleando y no huyendo, murieron de ambas partes muchos hombres y
               caballos. En las cuales, porque este caballero se halló en el campo con su gente,
               aunque los suyos vido ser en número mucho menor que los contrarios, pero, porque
               veyendo al enemigo delante, reputaba a mayor mengua bolver las espaldas sin pelear
               que morir o dejar el campo peleando, cometióse a la fortuna de la batalla; y peleó
               con tanto vigor y esfuerzo, que, como quier que fue herido y vencido, pero su persona
               ganó honra y reputación de valiente capitán. </p>
            <p>Conocidas por el <persName>rey don Juan</persName> las habilidades de este caballero,
               lo envió por <roleName>capitán</roleName> de la guerra contra los moros —el cual
               recibió el cargo con alegre cara— y lo tovo en la frontera gran tiempo. El cual hobo
               con el <roleName>rey de Granada</roleName> y con otros capitanes de aquel reino
               muchas batallas y grandes recuentros, do fue siempre vencedor. E hizo muchas talas en
               la <placeName>vega de Granada</placeName>; y ganó por fuerza <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="32"/>de armas la villa de
               <placeName>Huelma</placeName>; y puso los moros en tal estrecho, que ganara otros
               logares e hiciera otras grandes hazañas dignas de memoria, salvo que el
                  <roleName>rey</roleName>, constreñido por algunas necesidades que en aquel tiempo
               ocurrieron en su reino, le envió mandar de su parte les diese tregua. Y como hobo
               esta comisión, hizo la guerra tan cruda a los moros, que los puso so el yugo de
               servidumbre y los apremió a dar en parias cada año mayor cantidad de oro de la que el
                  <roleName>rey</roleName> esperaba recibir, ni ellos jamás pensaron dar. Y allende
               del oro que dieron, les constreñió que soltasen todos los cristianos que estaban
               cativos en tierra de moros; los cuales, este <roleName>marqués</roleName> redemió del
               cativerio en que estaban y los puso en libertad. </p>
            <p>Gobernaba asimismo con gran prudencia las gentes de armas de su capitanía; y sabía
               ser con ellos señor y compañero; y ni era altivo en el señorío, ni raez en la
               compañía. Y daba liberalmente todo lo que a él como capitán mayor pertenecía de las
               presas que se tomaban; y, allende, de aquello, les repartía de lo suyo en los tiempos
               necesarios. Y al que le regradecía las dádivas, solía dezir: «Si deseamos bienes al
               que bien nos da, debémoslos dar al que bien nos desea». Y guardando su continencia
               con graciosa liberalidad, las gentes de su capitanía le amaban y, temiendo de le
               enojar, no salían de su orden en las batallas. </p>
            <p>Loan mucho las historias romanas el caso de <persName>Manlio Torcato</persName>,
                  <roleName>cónsul romano</roleName>, el cual, como constituyese que ninguno sin su
               licencia saliese de la hueste a pelear con los latinos contrarios de <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="33"/><placeName>Roma</placeName>, y un caballero de la
               hueste contraria convidase a batalla singular de uno por uno al hijo de este
                  <roleName>cónsul</roleName>, vituperando con palabras a él y a los de la hueste
               porque no osaban aceptar la batalla, no podiendo el mancebo sofrir la mengua que de
               su mengua resultaba a los <name>romanos</name>, peleó con aquel caballero y lo mató.
               Y viniendo como vencedor a se presentar con los despojos del vencido ante el
                  <roleName>cónsul</roleName>, su padre, le hizo atar y, contra voluntad de toda la
               hueste romana, le mandó degollar, porque fuese ejemplo a otros que no osasen ir
               contra los mandamientos de su <roleName>capitán</roleName>. !Cómo si no hobiese otro
               remedio para tener la hueste bien mandada sino matar el <roleName>capitán</roleName>
               su fijo! Dura debiera ser y muy pertinaz la rebelión de los <name>romanos</name>,
               pues tan cruel ejemplo les era necesario para que fuesen obedientes a su
                  <roleName>capitán</roleName>. E por cierto, yo no sé qué mayor venganza pudo haber
               el padre del latino vencido, de la que le dio el padre del romano vencedor. De este
               caso hacen gran mención <persName>Frontino</persName> y <persName>Valerio
                  Máximo</persName> y otros <roleName>historiadores</roleName>, loando al padre de
               buen castigador y al hijo de buen vencedor. Pero yo no sé cómo se deba loar el padre
               de tan cruel castigo como el hijo se queja; ni cómo loemos al hijo de tan gran
               transgresión, como el padre le impone. Bien podemos decir que hizo este
                  <roleName>capitán</roleName> crueldad digna de memoria, pero no doctrina digna de
               ejemplo, ni mucho menos digna de loor, pues los mismos loadores dicen que fue triste
               por la muerte del hijo y aborrecido de la joventud romana todo el tiempo de su vida.
               Y no puedo entender cómo el triste y aborrecido deba ser loado. </p>
            <p>No digo yo que las constituciones de la caballería no se deban guardar —por los
               inconvenientes generales que no se guardando pueden recrecer—, pero digo que deben
               ser entendidas, menguadas, interpretadas y en alguna manera templadas por el
               príncipe, habiendo respeto al tiempo, al logar, a la persona y a las otras
               circunstancias <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="34"/>y nuevos casos que acaecen, que
               son tantos y tales, que no pueden ser comprendidos en los renglones de la ley. Y
               porque estas cosas fueron bien consideradas por este claro varón en las huestes que
               gobernó, con mayor loor, por cierto, y mejor ejemplo de doctrina se puede hacer
               memoria de él, pues sin matar hijo ni hacer crueldad inhumana, mas con la autoridad
               de su persona, y no con el miedo de su cuchillo, gobernó sus gentes, amado de todos y
               no odioso a ninguno. </p>
            <p>Conocidas por el <persName>rey don Juan</persName> las claras virtudes de este
               caballero, y cómo era digno de dignidad, le dio título de <roleName>marqués de
                  Santillana</roleName> y le hizo <roleName>conde del <placeName>Real de
                     Manzanares</placeName></roleName>, y le acrecentó su casa y patrimonio. Otrosí
               confiaba de él su persona y algunas veces la gobernación de sus reinos. El cual
               gobernaba con tanta prudencia, que los poetas decían por él que en corte era gran
                  <persName>Febo</persName>, por su clara gobernación, y en campo
                  <persName>Aníbal</persName>, por su gran esfuerzo. </p>
            <p>Era muy celoso de las cosas que a varón pertenecía hacer; y tan reprensor de las
               flaquezas que veía en algunos hombres que, como viese llorar a un caballero en el
               infortunio que estaba, movido con alguna ira, le dijo: «¡O, cuán digno de reprensión
               es el caballero que por ningún grave infortunio derrama lágrimas sino a los pies del
               confesor!». Era hombre magnánimo, y esta su magnanimidad le <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="35"/>era ornamento y compostura de todas las otras
               virtudes. Acaecióle un día que, hablándole en su hacienda y ofreciéndole
               acrecentamiento de sus rentas, como hombre poco atento en semejantes pláticas,
               respondió: «Eso que decís no es mi lenguaje. Hablad —dijo él— esa cosa allá con
               hombres que mejor la entiendan». Y solía decir a los que procuraban los deleites, que
               mucho más deletable debía ser el trabajo virtuoso, que la vida sin virtud, cuanto
               quier que fuese deletable. Tenía una tal piedad, que cualquier atribulado o
               perseguido que venía a él hallaba defensa y consolación en su casa, pospuesto
               cualquier inconveniente que por le defender se le pudiese seguir. Consideraba
               asimismo los hombres y las cosas según su realidad y no según la opinión. Y en esto
               tenía una virtud singular y cuasi divina, porque nunca le vieron hacer acepción de
               personas; ni miraba dónde ni quién, sino cómo y cuál era cada uno. </p>
            <p>Este caballero ordenó en metros los <title>Proverbios</title> que comienzan: «Hijo
               mío mucho amado», <foreign>et caetera</foreign>, en los cuales se contienen casi
               todos los preceptos de la filosofía moral que son necesarios para virtuosamente
               vevir. Tenía gran copia de libros y, según he dicho, dábase al estudio, especialmente
               de la filosofía moral y de cosas peregrinas y antiguas. Tenía siempre en su casa
               doctores y maestros con quien platicaba en las ciencias y lecturas que estudiaba.
               Hizo asimismo otros tratados en metros y en prosa muy dotrinables <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="36"/>para provocar a virtudes y refrenar vicios. Y en
               estas cosas pasó lo más del tiempo de su retraimiento. Tenía gran fama y claro
               renombre en muchos reinos fuera de <placeName>España</placeName>, pero reputaba mucho
               más la estimación entre los sabios que la fama entre los muchos.</p>
            <p>Y porque muchas veces vemos responder la condición de los hombres a su complexión, y
               tener siniestras inclinaciones aquellos que no tienen buenas complexiones, podemos
               sin duda creer que este caballero fue en gran cargo a Dios por le haber compuesto la
               natura de tan egual complexión, que fue hábile para recibir todo uso de virtud y
               refrenar, sin gran pena, cualquier tentación de pecado. No quiero negar que no
               toviese algunas tentaciones de las que esta nuestra carne suele dar a nuestro
               espíritu; y que algunas veces fuese vencido, quier de ira, quier de lujuria; o que
               excediese haciendo o faltase alguna vez no haciendo lo que era obligado, porque
               estando, como estovo, envuelto en guerras y en otros grandes hechos que por él
               pasaron, difícile fuera, entre tanta multitud de errores, vevir sin errar. Pero si
               verdad es que las virtudes dan alegría y los vicios traen tristeza, como sea verdad
               que este caballero lo más del tiempo estaba alegre, bien se puede juzgar que mucho
               más fue acompañado de virtudes que dan alegría, que señoreado de vicios que ponen
               tristeza. Y como quiera que pasaron por él infortunios en batallas, y hobo algunos
               pesares por muertes de hijos y de algunos otros, sus propincos, pero sufríalos con
               aquella fuerza de ánimo que a otros doctrinaba que sufriesen. </p>
            <p>Feneció sus días en edad de <date>sesenta y cinco años</date> con gran honra y
               prosperidad. Y si se puede decir que los hombres alcanzan alguna felicidad después de
               muertos, según la opinión de algunos, creeremos, sin duda, que este caballero la
               hobo, porque dejó seis hijos varones, <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="37"/>y el mayor
               que heredó su <roleName>mayorazgo</roleName>, lo acrecentó y subió en dignidad de
                  <roleName>duque</roleName>; y el segundo hijo fue <roleName>conde de
                  Tendilla</roleName>; y el tercero fue <roleName>conde de Coruña</roleName>; y el
               cuarto fue <roleName>cardenal de España</roleName> y <roleName>arzobispo de
                  Toledo</roleName> y <roleName>obispo de Sigüenza</roleName>, y uno de los mayores
               perlados que en sus días hoboo en la Iglesia de Dios Y a estos cuatro y a los otros
               dos menores, que se llamaron don <persName>Juan</persName> y don
                  <persName>Hurtado</persName>, dejó villas y lugares y rentas de que hizo cinco
               casas de mayorazgos, y allende de su casa y mayorazgo principal. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_05_alvarez_toledo">
            <head>Don Fernán Álvarez de Toledo, Conde de Alba</head>

            <p>Don <persName>Fernán Álvarez de Toledo, <roleName>conde de
               Alba</roleName></persName>, hijo de <persName>Garci Álvarez de Toledo</persName> y
               nieto de <persName>Fernán Álvarez</persName>, era de linaje noble, de los antiguos
               caballeros de aquella ciudad. Hombre de buen cuerpo y de hermosa dispusición;
               gracioso y palanciano en sus fablas. Era de buen entendimiento y caballero esforzado.
               Fue criado en la disciplina militar y siempre, desde su moçedad, deseó hacer en el
               hábito de la caballería cosas dignas de loable memoria. </p>
            <p>Conocidas por el <persName>rey don Juan</persName> las habilidades de este caballero,
               le encomendó la frontera de los moros, en la cual estovo por espacio de <date>tres
                  años</date>. Era muy cauto y astuto en los engaños de la <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="38"/>guerra. Venció al <roleName>rey moro</roleName> y
               a otros <roleName>capitanes de <placeName>Granada</placeName></roleName> en batallas
               campales, y tomó las banderas de los enemigos en los vencimientos que hobo, las
               cuales están hoy puestas en la su casa de <placeName>Alba de Tormes</placeName> y las
               traen sus sucesores en las orladuras de sus armas. Ganó algunos astillos y lugares de
               tierra de moros. Tomó muchas presas, e hizo notables hazañas en servicio de Dios y
               del rey y con amor de su patria y celo de su honra. </p>
            <p>Entre las cuales acaeció que, entrando una vez en el <placeName>reino de
                  Granada</placeName> con toda la gente de su capitanía a hacer guerra en una tierra
               que dicen el <placeName>Ejerquía</placeName>, que es cercana a la mar y confina con
               la ciudad de <placeName>Málaga</placeName>, como fuese sentido por los moros que en
               aquellas partes moran, juntáronse gran multitud de ellos, y antes que se pudiese
               proveer, le cercaron por todas partes en un valle tal, que, según la dispusición de
               la tierra, no podía salir, salvo peleando por un lugar muy estrecho y con gran daño
               suyo y de las gentes de su capitanía. Veyéndose cercado este capitán, por la una
               parte, de la mar, por la otra, de las sierras, y que los enemigos se le llegban y
               habían tomado aquel paso por d podía salvar su gente, conocido aquel peligro y visto
               cómo su gente desmayaba, no se le amortiguó <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="39"/>el
               ánimo en el tiempo del terror, como hace a los cobardes, mas despertó esfuerzo de
               valiente capitán, como hacen los varones fuertes, y habló a sus gentes: «Caballeros
               —dijo él—, en tal lugar nos ha puesto la fortuna, que, si somos cobardes, tenemos
               cierta la muerte y el cativerio; y si somos esforzados, podrá ser cierta la vida y la
               honra. Yo —dijo él— elijo antes pelear para nos salvar si pudiéremos, que rendirnos
               para ser cativos, como piensan los moros». Y juntando a gran priesa la obra con las
               palabras, se apeó con hasta treinta hombres de armas; y púsose con ellos en aquel
               portillo; y mandó salir por él toda su gente. Y él con aquellos treinta, peleando con
               los moros y sufriendo por todas partes gran multitud de saetadas y lanzadas y otros
               golpes de piedra, dábase priesa con gran ardideza, a una parte, para se defender, y a
               otra, para ofender y herir en los moros, haciendo lugar para que pasase toda su
               gente; la cual peleaba en la pasada con los moros que hallaba delante, y aquel caía
               muerto que menos esfuerzo tenía peleando. Y así duró aquella priesa por espacio de
               tres horas, en las cuales murieron y fueron heridos muchos de la una parte y de la
               otra. Y, al fin, el conde, vista ya su gente en lugar seguro, cabalgó a caballo y
               salió él y los que con él estaban por pura fuerza de armas y de corazón de aquel gran
               peligro en que la fortuna le había metido. </p>
            <p>Y ciertamente vemos por experiencia que, así como el miedo derriba al cobarde, así
               pone ánimo al hombre esforzado. Y como el acometer y el durar en las lides son dos
               atos pertenecientes a la virtud de la fortaleza, y para el acometer sea necesario la
               ira, y para el durar, el tiento, bien nos mostraron, por cierto, las claras hazañas
               de este caballero que tovo gracia singular para usar de lo uno y de lo otro, de cada
               cosa en sus tiempos. Esta hazaña hizo este conde, en la <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022"
                  n="40"/>cual nos dio a conocer que la virtud de la fortaleza no se muestra en
               guerrear lo flaco, mas parece en resistir lo fuerte; y que tovo tan buen ánimo para
               no ser vencido como buena fortuna para ser vencedor. </p>
            <p>Al fin, cuando por mandado del rey dejó el cargo de aquella guerra, habidas en ella
               grandes presas de los moros y venido a su tierra con honra y provecho, don <persName>
                  Gutierre de Toledo</persName>, su tío, <roleName>arzobispo que fue de
                  Toledo</roleName>, conocida la gran suficiencia de este caballero, su sobrino, y
               cómo siempre le servió y en todas las cosas le fue obediente, concibió de él gran
               amor, allende del que por razón del deudo era constreñido de le haber. Y como quier
               que tenía otros sobrinos en el grado que aquel era, deliberó dejarle por heredero
               universal de todos sus bienes, entre los cuales le dio la su villa de <placeName>Alba
                  de Tormes</placeName>, de la cual el <persName>rey don Juan</persName> le dio
               título de conde. Y en todas las guerras y diferencias del reino fue de los
               principales caballeros de quien se hacía cuenta y estimación. </p>
            <p>Y como vemos que la prosperidad y el infortunio andan en esta vida luchando con los
               hombres, y veces lo uno sube, veces lo otro deciende, acaeció que, estando en la
               amistad y parcialidad del <persName><roleName>condestable</roleName> don Álvaro de
                  Luna</persName>, <roleName>maestre de Santiago</roleName>, y a quien el
                  <persName>rey don Juan</persName> confiaba la gobernación de sus reinos, el
               maestre tovo manera que este conde fuese preso juntamente con otros condes y
               caballeros que el rey mandó prender en la villa de
               <placeName>Tordesillas</placeName>, y fuele tomada gran parte de su patrimonio. Este
               infortunio que le vino sufrió con buena cara, mostrando corazón de varón, pero
               quejábase gravemente de haber recibido aquel daño por voluntad y rodeo del
                  <roleName>maestre de Santiago</roleName>, confiándose de él y habiéndole hecho
               obras de amigo. </p>
            <p>Fue hombre deseoso de alcanzar honra y procurábala por todas las vías que podía.
               Tenía la codicia común que los hombres tienen de haber bienes y trabajaba mucho por
               los adquerir. Era hombre <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="41"/>liberal, así en el
               destribuir de los bienes como en los otros negocios que le ocurrían; y sin empacho
               ninguno daba o determinaba presto lo que había de hacer. En algunas cosas era airado
               y mal sufrido, especialmente en aquellas que entendía tocarle en la honra, de lo cual
               se le siguieron algunos debates, gastos y fatigas. </p>
            <p>Duró en la prisión do estava hasta que el <persName>rey don Juan</persName> murió y
               reinó el <persName>rey don Enrique</persName>, su hijo, que le puso en libertad y
               restituyó todos sus bienes. Y después de suelto, vivió en honra y prosperidad algunos
               años hasta que murió en su casa, conociendo a Dios y dejando a su hijo su casa y
               patrimonio mucho más acrecentada que lo él hobo de su padre. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_06_pacheco">
            <head>Don Juan Pacheco, Maestre de Santiago</head>
            <p>Don <persName>Juan Pacheco, <roleName>marqués de Villena</roleName> y
                     <roleName>maestre de Santiago</roleName></persName>, hijo de <persName>Alfonso
                  Téllez Girón</persName>, fue hombre de mediana estatura, el cuerpo delgado y bien
               compuesto, las facciones hermosas y buena gracia en el gesto. Era de nación
               portuguesa, de los más nobles de aquel reino; nieto de don <persName>Martín Vásquez
                  de Acuña</persName>, uno de los caballeros que venieron de Portugal a Castilla a
               servicio del <persName>rey don Juan</persName>, el que fue vencido en la batalla de
                  <placeName>Aljubarrota</placeName>. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="42"/>Era hombre agudo y de gran prudencia. Y seyendo
               mozo, vino a vivir con el <persName>rey don Enrique</persName>, cuando era príncipe,
               y alcanzó tanta gracia, que fue más acepto a él que ninguno de los que en aquel
               tiempo estaban en su servicio. Y así por el amor que el príncipe le había, como
               porque, creciendo en días, florecían en él las virtudes inteletuales, le encargó la
               gobernación de los grandes negocios que le ocurrían. </p>
            <p>Hablaba con muy buena gracia y abundaba en razones sin prolijidad de palabras.
               Temblábale un poco la voz por enfermedad accidental y no por defecto natural. En la
               edad de mozo tovo seso y autoridad de viejo. Era hombre esencial y no curaba de
               aparencias ni de cirimonias infladas. </p>
            <p>En el tiempo que el <persName>rey don Juan</persName> hobo alguna indignación contra
               el <roleName>rey de Aragón</roleName>, que entonces era <roleName>rey de
                  Navarra</roleName>, y con otros algunos caballeros, sus súbditos, este caballero,
               seyendo bien mancebo, entendió por parte del príncipe en algunas disensiones que por
               estonces en el reino acaescieron. Y ora procediese de su buena dicha, ora lo
               imputemos a su sagacidad, él sopo rodear las cosas de tal manera, que el
                  <persName>rey don Juan</persName>, a suplicación del príncipe, le dio título de
                  <roleName>marqués de Villena</roleName> y en pocos días le hizo merced de todas
               las más villas y lugares de aquel marquesado, las que eran del <roleName>rey de
                  Aragón</roleName>. </p>
            <p>Tenía muy gran habilidad para la gobernación de estas cosas temporales, para la cual,
               como sean necesarias agudeza, prudencia, <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="43"
               />diligencia y sufrimiento, puédese creer de este caballero que fue tan bien dotado
               de estas cuatro cosas como el hombre que más en su tiempo las pudo tener. Consideraba
               muy bien la calidad del negocio, el tiempo, el lugar, la persona y las otras
               circunstancias que la prudencia debe considerar en la gobernación de las cosas. </p>
            <p>Tenía la agudeza tan viva, que a pocas razones conocía las condiciones y los fines de
               los hombres; y dando a cada uno esperanza de sus deseos, alcanzaba muchas veces lo
               que él desaba. Tenía tan gran sufrimiento, que ni palabra áspera que le dijesen le
               movía, ni novedad de negocio que oyese le alteraba; y en el mayor discrimen de las
               cosas tenía mejor arbitrio para las entender y remediar. Era hombre que con madura
               deliberación determinaba lo que había de hacer; y no forzaba al tiempo, mas forçava a
               sí mismo esperando tiempo para las hacer. De su natural condición pareció hombre de
               verdad. Y placíale comunicación de hombres verdaderos y constantes; aunque los que
               están en deseo de adquerir grandes bienes y honores, y especialmente aquellos que
               entienden en la gobernación de grandes cosas, algunas veces les acaece fengir,
               dilatar, simular y disimular y que la diversidad de los tiempos o la variedad de los
               negocios; o por escusar mayores daños, o por haber mayores provechos, hayan de hacer
               variaciones en los negocios, según la ven en los tiempos. </p>
            <p>Tovo algunos amigos de los que la próspera fortuna suele traer. Tovo asimismo muchos
               contrarios de los que la invidia de los bienes suele criar, los cuales le trataron
               muerte y destruición e indignación grande con el <persName>rey don Juan</persName> y
               con el príncipe, su hijo, <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="44"/>a quien servía. Y
               comoquier que algunas veces llegaron al punto de la ejecución, pero por casos
               inopinados y dignos de admiración fue libre de los lazos de muerte que muchas veces
               le fueron puestos. </p>
            <p>Era hombre de buen corazón y mostró ser caballero esforzado en algunos lugares que
               fue necesario. Era muy sobrio y templado en su comer y beber; y pareció ser vencido
               de la lujuria por los muchos hijos e hijas que hobo de diversas mujeres, allende de
               los que hobo en su muger legítima. Y porque conocía que ninguna utilidad hay en estos
               bienes de fortuna cuando no se reparten y distribuyen según deben, usaba de ellos
               francamente en los logares y tiempos y con las personas que debía ser liberal; y
               dando y distribuyendo, ganaba más y conservaba mejor. Y con esta virtud de
               liberalidad que tovo, fue bien servido de los suyos y avisado de los extraños en
               algunos tiempos y lugares, que complió mucho a la conservación de su vida y estado. </p>
            <p>Tenía el común deseo que todos tenemos de alcanzar honras y bienes temporales, y
               súpolas muy bien procurar y adquerir. Y quier fuese por dicha, quier por habilidad, o
               por ambas cosas, alcanzó tener mayores rentas y estado que ninguno de los otros
               señores de <placeName>España</placeName> que fueron en su tiempo. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="45"/>Fue hombre tratable y de dulce conversación; y
               tanto humano, que nunca fue en muerte de ninguno, ni la consentió, aunque tovo cargo
               de gobernación. No era varón de venganzas, ni perdía tiempo ni pensamiento en las
               seguir. Decía él que todo hombre que piensa en venganza antes atormenta a sí que daña
               al contrario. Perdonaba ligeramente y era piadoso en la ejecución de la justicia
               criminal, porque pensaba ser más aceptable a Dios la gran misericordia que la extrema
               justicia. Tenía un tal singular sufrimiento, que, por gran discordia que hobiese con
               alguno, raras veces le vieron romper en palabras y mucho menos en obras; antes ponía
               siempre sus diferencias en trato de concordia que en rigor ni rotura, porque reputaba
               ser mejor cierta paz, que incierta victoria. No quería encomendar a la fortuna de una
               hora todo lo habido en la vida pasada. Y como quier que algunas veces amenazaba con
               la fuerza, pero nunca venía a mostrar lo último de lo que podía hacer contra ninguno,
               aunque fuese menos poderoso que él; porque tener al adversario en miedo, con
               amenazas, dicía él que era mucho mejor que quitárgelo mostrando el cabo de sus
               fuerzas. Y teniendo sufrimiento, y esperando tiempo, alcanzó honra y acrecentó
               bienes. </p>
            <p>Y como vemos por experiencia la graveza grande que todos los mortales sienten en caer
               del grado que se ven puestos; y las hazañas grandes y aventuras peligrosas a que se
               ponen por lo conservar <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="46"/>y no caer; este caballero,
               sentiendo que su estada cerca de la persona del <persName>rey don Enrique</persName>
               no le era segura, por el peligro de la muerte y destruición que otros que estaban
               aceptos al rey pensó que le trataban, apartóse de su servicio. Y fue el principal de
               los caballeros y perlados que hicieron división en el reino entre el <persName>rey
                  don Enrique</persName> y el <persName>rey don Alfonso</persName>, su hermano. Y en
               aquellas discordias sopo tener tales maneras, que fue elegido y proveído del
                  <roleName>maestrazgo de Santiago</roleName>. </p>
            <p>Y después que murió el <persName>rey don Alonso</persName>, conociendo este caballero
               haber desviado del camino que debía seguir, mitigó y amansó cuanto pudo las
               voluntades alteradas de los caballeros y perlados que aquella división querían
               continuar. Y tornó en la gracia del <persName>rey don Enrique</persName>, el cual le
               perdonó e hizo grandes mercedes de villas y lugares y otras grandes rentas; y confió
               de él toda la gobernación de sus reinos Y donde en adelante, gobernó absolutamente y
               con mayor esención y libertad que primero solía gobernar. </p>
            <p>No quiero negar que, como hombre humano, este caballero no toviese vicios como los
               otros hombres, pero puédese bien creer que, si la flaqueza de su humanidad no los
               podía resistir, la fuerza de su prudencia los sabía disimular. Vivió gobernando, en
               cualquier parte que estovo, por espacio de <date>treinta años</date>. Y murió en gran
               prosperidad de edad de <date>cincuenta y cinco</date>. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_07_villandrando">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="47"/>
            <head>El Conde don Rodrigo de Villandrando</head>

            <p>Don <persName>Rodrigo de Villandrando, <roleName>conde de
                  Ribadeo</roleName></persName>, fue hijo de un escudero de baja manera natural de
               la villa de <placeName>Valladolid</placeName>; hombre de buen cuerpo, bien compuesto
               en sus miembros y de muy recia fuerza. Las facciones del rostro tenía hermosas y la
               catadura, feroce. </p>
            <p>Seyendo de pocos días, su gran corazón y su buena constelación le llevaron mozo y
               pobre y solo al reino de <placeName>Francia</placeName>, en el tiempo que en aquellas
               partes había grandes guerras y divisiones y compañías de gente de armas. Y como en
               aquellos tiempos de guerra concurrían en aquel reino hombres de todas partes, este
               caballero, por ser dispuesto para los trabajos de la guerra, halló luego capitán que
               le recibió en su compañía. En la cual aprobó tan bien seyendo mozo, y después, en las
               cosas que hombre mancebo debe hacer, que ganó por las armas estimación de hombre
               valiente y esforzado; y su capitán lo reputaba por tal entre entre todos los otros de
               su capitanía. </p>
            <p>Acaeció algunas veces que, estando las batallas en el campo, cuando algún hombre de
               armas de la parte contraria, confiando en <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="48"/>sus
               fuerzas, quería hacer armas y demandaba batalla uno por uno, este caballero se
               mezclaba entre todos los otros de su parte; y presentes las batallas de la una parte
               y de la otra, salía a pelear con el contrario; y le vencía y derribaba; y traía sus
               armas y despojo a su capitán. Y esta victoria que algunas veces hobo le dio honra, la
               cual, así como le puso en gracia y estimación de algunos, así le trojo en odio e
               invidia de otros. La cual creció tanto, que por ser extranjero fue costreñido de se
               apartar de su capitán.</p>
            <p>Y comoquier que le fue grave de sofrir, pero como vemos muchas veces que los
               infortunios de presente son causa de la prosperidad futura, según que las cosas de la
               providencia lo suele rodear, este caballero, veyéndose solo de parientes,
               desfavorecido de compañeros, sin arrimo de capitán, pobre de dineros y sin amigos y
               en tierra ajena, no hobo otro refugio sino a su buen seso y gran esfuerzo. Y con otro
               u otros dos que se llegaron a él, se aventuraba con buena destreza y gran osadía a
               hacer saltos en la tierra de los contrarios en logares peligrosos; y hacíales guerra;
               y tomaba alguna presa con que se podía sostener. Esto hizo muchas veces y con tanta
               sagacidad y esfuerzo, que siempre salía en salvo. Y como la fama de su valentía y de
               las presas que tomaba se divulgó por la tierra, llegáronse a él algunos hombres. Y
               creciendo de día en día el corazón con las hazañas, y las hazañas con la gente, y la
               gente con el interese, allegáronse a él muchas más gentes, hasta que alcanzó a ser
               capitán, una vez, de mil hombres, y después de grado en grado subió su capitanía,
               hasta ser capitán de diez mil hombres. Y su poder fue de los mayores que tenía
               ninguno de los otros capitanes del <roleName>rey de Francia</roleName>, a quien
               servía. Y con aquel su gran poder, robó, quemó, destruyó, derribó y despojó villas y
               logares y pueblos de <placeName>Francia</placeName> en el tiempo que aquel miserable
               reino padecía guerras crueles que duraron por tiempo de <date>cincuenta años</date>. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="49"/>Andaba lo más del tiempo en el campo, y ponía
               gran diligencia en la guarda de los reales para que su gente no recibiese daño. Era
               hombre airado en los lugares que convenía serlo; y mostraba tan gran ferocidad con la
               ira, que todos le habían miedo. Tenía dos singulares condiciones ajenas de hombre
               airado: la una era que hacía guardar la justicia entre la gente que tenía y no
               consentía fuerza ni robo ni otro crimen; y si alguno lo cometía, él por sus manos lo
               punía. E con esto, todas las gentes de su hueste, aunque eran muchas y de diversas
               naciones y tenían oficio de robar, le temían y estaban en paz y no osaban cometer
               fuerza ni crimen uno contra otro. Hacía, asimismo, repartir las presas egualmente,
               según que cada uno lo debía haber, y de tal manera dividía lo robado por justicia,
               que hacía durar los robadores en concordia. </p>
            <p>Era asimismo hombre de verdad y el seguro que daba a cualquier villa o logar o
               provincia, o cualquier pacto que ponía con ellos, guardábalo estrechamente Y si
               alguno osaba quebrantar su seguro y robaba o hacía daño al que él seguraba, hacíale
               buscar con gran diligencia y ejecutaba en él la justicia. Y con esta condición que en
               él veían, muchos pueblos y provincias y otras personas singulares se fiaban de su
               palabra y la compraban por grandes precios a fin de ser seguros de sus gentes. Y con
               esto tenía sus reales bastecidos de viandas y armas y de todas las cosas necesarias,
               porque mandaba guardar y pagar a los que venían a ellos con provisión; y su mando era
               muy temido y complido. </p>
            <p>Hobo muchas batallas con ingleses y con borgoñeses, en las cuales Dios le libró por
               muchos casos de ser perdido y le ayudó por muchas maneras a ser vencedor.
               Especialmente venció una batalla que hobo con el <roleName>príncipe de
                  Orenja</roleName>, donde concurrió mucha <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="50"/>gente
               de ambas partes. Esta batalla fue muy herida y sangrienta. En la cual, los que le
               vieron pelear, le compararon a león bravo en el estrago que hacía en los contrarios y
               el ayuda y esfuerzo que daba a los suyos. Y acabado de haber el vencimiento, tovo
               esta astucia: habló con uno de los presioneros que tenía y prometióle libertad si le
               descubriese el valor de los presioneros que las otras sus gentes habían tomado en la
               batalla. Y como se informó secretamente de lo que cada uno podía valer, comprólos
               todos, dando por cada uno mucho menor precio de lo que valían. Y como fueron puestos
               en su poder, rescatólos a todos por mucho mayores precios de lo que le costaron. Y
               con esta astucia hobo gran tesoro. Y la fortuna le puso en tan gran reputación, que
               alcanzó casar con la hija del <roleName>duque de Borbón</roleName>, que era de la
               sangre real de <placeName>Francia</placeName>. Y fue señor de veinte y siete villas
               en la tierra de <placeName>Borbones</placeName>, dellas compradas y dellas ganadas. </p>
            <p>Y en veinte años que seguió aquella guerra, hizo otras notables hazañas. Entre las
               cuales acaeció que, un día, estando a punto de batalla con un gran capitán de
                  <placeName>Inglaterra</placeName> que se llamaba <persName>Talabot</persName>, en
               la provincia de <placeName>Guiana</placeName>, el capitán inglés, que por oídas
               conocía las condiciones de este caballero, deseaba asimismo conocer su persona por
               ver qué cuerpo y qué facciones tenía hombre que de tan pequeña manera había subido a
               tan gran estado. Y como <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="51"/>por medio de sus harautes
               acordasen de se hablar, dejadas el uno y el otro sus huestes en buena guarda, estos
               dos capitanes solos se juntaron y vieron en la ribera de un río llamado
                  <placeName>Lera</placeName>. Y el capitán <persName>Talabot</persName> le dijo
               así: «Deseaba ver tu persona, pues tengo conscida tu condición. Ruégote —dijo él— que
               pues los hados nos trujeron juntos a este lugar, que comamos sendos bocados de pan y
               bebamos sendas veces de vino. Y después será la ventura de la batalla como a Dios
               ploguiere y señor <persName> san Jorge</persName> ayudare». </p>
            <p>Este <persName><roleName>capitán</roleName> Rodrigo</persName> le respondió: «Si otra
               cosa no me quieres, esta, por cierto, no la quiero hacer, porque si la fortuna
               dispusiere que hayamos de pelear, perdería gran parte de la ira que en la facienda
               debo tener; y menos heriría mi hierro en los tuyos, nembrándome haber comido pan
               contigo». Y deciendo estas palabras, volvió la rienda a su caballo y tornó para sus
               batallas. Y el capitán <persName>Talabot</persName>, aunque era caballero muy
               esforzado, concibió de aquellas palabras tal concepto, que, así por ellas, como por
               la dispusición del logar do estaba, acordó de no pelear, aunque tenía mayor número de
               gente que él. Afirmóse haber dicho este capitán en su lenguaje: «No es de pelear con
               cabeza española en tiempo de su ira». Después de muchos tiempos de guerras y
               destruiciones habidas en aquella tierra, hobo Dios piedad de los moradores de ella y
               dio tales victorias al <persName>rey Carlos de Francia</persName>, que lanzó de todo
               su reino al <persName>rey Eduarte de Inlatierra</persName>, su enemigo, y a todas sus
               gentes; y fueron cesando las crudas guerras que en aquel reino había. Y en aquel
               tiempo acaeció haber en <placeName>Castilla</placeName> grandes debates y
               disensiones, para las cuales el <persName>rey don Juan</persName> envió llamado a
               este caballero, su natural, que veniese en <placeName>Castilla</placeName> a le
               servir con la más gente que pudiese. El cual vino a su llamamiento con cuatro mil
               hombres a caballo; y el rey le recibió muy bien; y le hizo merced de la villa de
                  <placeName>Ribadeo</placeName> y dióle título de conde de ella; e hízole otras <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="52"/>mercedes. Muerta la primera mujer francesa, casó
               en <placeName>Castilla</placeName> con mujer noble de linaje de
                  <roleName>Estúñiga</roleName>. Y el rey le puso en su consejo y hacía de él gran
               confianza, especialmente de aquellas cosas que concernían a la guerra que por
               estonces había en sus reinos. </p>
            <p>Y acaeció que, como el rey, en tiempo de aquellas disensiones, fuese a la ciudad de
                  <placeName>Toledo</placeName>, y los de aquella ciudad rebelasen contra él y le
               cerrasen las puertas, puesto el rey en algún recelo de la gente de armas que a la
               hora estaba apoderada de aquella ciudad, este <roleName>conde de Ribadeo</roleName>
               hizo improviso en la <placeName>iglesia de San Lázaro</placeName>, que es bien cerca
               de la ciudad, un palenque con tan gran defensa, que la persona del rey, con la poca
               gente que por estonces con él estaba, podía ser segura y sin daño hasta que los
               otros, sus capitanes y gentes de armas que venían en la rezaga hobieran tienpo de
               llegar. Y por memoria perpetua de este servicio que hizo en el día señalado de la
               Epifanía, el rey hizo merced a él y a sus descendientes de la ropa que él y los
                  <roleName>reyes de Castilla</roleName> sus sucesores, vestiesen aquel día; de la
               cual merced goza hoy su sucesor. </p>
            <p>Y, al fin, veyéndose ya viejo y enfermo de dolencia tal que no podía escapar, Dios,
               que ni deja al hombre sin punición, ni le niega su misericordia, le dio tiempo
               esperando en que se corregiese, arrepintiendo. Y, por cierto, cosa fue maravillosa y
               ejemplo digno de memoria a los mortales la gran contrición que hobo y el
               arrepentimiento <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="53"/>de sus pecados y el derramar de
               las lágrimas que hizo continuamente muchos días antes que muriese, llamando a Dios y
               pidiéndole, con todo corazón, que le perdonase y hobiese merced de la su ánima. Y con
               esta contrición y arrepentimiento feneció sus días en edad de setenta años. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_08_silva_cifuentes">
            <head>El Conde de Cifuentes</head>

            <p>Don <persName>Juan de Silva, <roleName>conde de Cifuentes y alférez mayor del pendón
                     real</roleName></persName>, hijo de don <persName>Pero Tenorio,
                     <roleName>adelantado de Cazorla</roleName></persName>, y nieto de
                  <persName>Arias Gómez de Silva</persName>, fue hombre delgado y alto de cuerpo y
               bien compuesto en la proporción de sus miembros La cara tenía larga y honesta; la
               nariz, un poco luenga; tenía la lengua ceceosa. Era fijodalgo de limpia sangre. Sus
               abuelos eran naturales de <placeName>Portugal</placeName>. Vivió en los tiempos del
                  <persName>rey don Juan</persName>
               <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="54"/>y del <persName>rey don Enrique</persName>, su
               hijo; y mozo de pocos días vino al servicio del <persName>rey don Juan</persName>.
               Tenía tan buena gracia en la manera de su servicio, que fue uno de los aceptos
               servidores que el rey tovo.</p>
            <p>Era hombre muy agudo y muy discreto e inclinado a justicia. Hablaba muy bien y cosas
               muy sustanciales y conformes a la razón. Vista la autoridad de su persona y la
               limpieza de su vevir, fue puesto en el Consejo del rey. </p>
            <p>Y como acaece que en las cortes y en las casas reales concurren muchos hombres que
               por diversas vías van tras sus deseos, y algunos porque les den, otros porque no les
               quiten, loan lo que debrían callar y callan lo que debrían reprender; y si algunos
               dicen cosa conforme a la razón, la dañan mezclándola con alguna pasión y odio de
               personas, este caballero, teniendo una tan singular condición, que era muy claro, sin
               ninguna encubierta, y realmente pospuesta toda afección y odio, decía con muy buena
               gracia su parecer en las cosas y no dejaba de decir aquello que otros, o por
               gratificar o por no indignar, callaban. Y como quier que su voto fuese contra el
               deseo de algunos, pero porque sus hablas se mostraban proceder de buenas y no dañadas
               entrañas, no eran mal recibidas. Y su persona por esta causa era muy estimada y su
               parecer en las cosas, muy esperado. </p>
            <p>Era gran celador del bien común y con todas sus fuerzas procuró muchas veces la
               conservación del patrimonio real; y contradecía a los que, procurando sus intereses
               particulares, ofendían al bien general. Y por esto hobo algunas molestias y trabajos
               de los que suelen haber los favorecedores de la verdad Pero, al fin, seyendo
               constante en el camino de la virtud, fue muy acatado y honrado; y el rey le hizo su
               alférez mayor y le encargó grandes y arduos negocios, porque entendía que trataba
               verdad y guardaba fidelidad. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="55"/>Acaeció en sus tiempos que todos los cristianos
               príncipes se acordaron con los perlados y clerecía de hacer concilio en la ciudad de
                  <placeName>Basilea</placeName>, que es en la alta <placeName>Alemania</placeName>,
               sobre una gran cisma que por entonces había en la Iglesia de Dios entre el
                  <persName>papa Eugenio</persName> y otro que se llamó <persName>Félix</persName>.
               A la cual congregación, como todos acordasen enviar sus enbajadores -porque convenía
               mostrarse en aquella congregación la magnificencia y poderío de los reyes-, el
                  <persName>rey don Juan</persName>, conocida la suficiencia de este caballero; le
               cometió esta embajada, y envió con él grandes letrados; y fue acompañado de mucha
               compaña de hidalgos, con grandes y muy suntuosos arreos. Y así en sus hablas como en
               la continencia de su persona, y en todos los otros actos que debe hacer hombre
               discreto y de gran autoridad, guardó tan bien la honra del rey y de su tierra y de su
               persona, que ninguno de cuantos embajadores que fueron en aquella congregación la
               guardó mejor. </p>
            <p>Y como acaeciese un día que el embajador del <roleName>rey de Inlatierra</roleName>
               quisiese anticiparse a ocupar el lugar de la precedencia que al <roleName>rey de
                  Castilla</roleName> pertenecía, no podiendo este caballero sofrir tiempo para que
               se determinase por razón lo que veía llevar por fuerza, llegó a aquel embajador y,
               puestas las manos en él, con gran osadía, le arrebató y echó de aquel lugar, y él se
               puso en él. Visto este exceso hecho en el palacio de la congregación, la gente de
               armas, que tenía la salvaguarda de la ciudad, se escandalizó y tentaron de proceder
               contra él y contra los suyos por haber cometido cosa <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022"
                  n="56"/>de hecho, sin esperar determinación de derecho. Y este caballero, guardada
               su autoridad, sin recibir alteración, insistió en su propósito. Y preguntado por el
               caballero presidente de la justicia cómo había osado poner las manos en tan notable
               embajador y de tan gran príncipe como era el <roleName>rey de Inlatierra</roleName>,
               con ánimo no vencido, le respondió: «Dígoos, presidente, que cuando padece defecto la
               razón, no deben faltar manos al corazón». Y con su gran osadía, junto con su buena
               razón, fue guardada la preeminencia del rey y la honra del reino y fue amansado aquel
               escándalo. Después de largo tiempo, concluidas las cosas, volvió al reino con fama de
               hombre magnífico, porque fue muy franco en el distribuir; y de caballero esforzado,
               porque mostró valentía en el osar; y de varón discreto, porque gobernó aquel cargo
               con gran sagacidad y prudencia. </p>
            <p>Venido al reino de <placeName>Castilla</placeName> y tornado al logar que tenía en el
               Consejo del rey, entendió muchas veces -y con grandes trabajos del cuerpo y del
               espíritu- en concordar al <persName>príncipe don Enrique</persName> con el rey, su
               padre, y en excusar las grandes roturas que se esperaban sobre algunas diferencias
               que entre ellos había. Y este sopo tratar con gran prudencia, persuadiendo la
               obediencia que el hijo debía tener al padre y mitigando la indignación que el padre
               tenía contra el hijo; y desviando las siniestras intenciones que había de la una
               parte y de la otra. </p>
            <p>Entendió asimismo en otros grandes y muy arduos negocios, en los cuales el rey,
               conocidos sus muy grandes servicios, le hizo merced de las villas de
                  <placeName>Cifuentes y Montemayor</placeName> y de otros lugares y bienes y rentas
               en cantidad mucho mayor de la que heredó de su padre. Y como vemos alcanzar riquezas
               por caso y conservarlas <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="57"/>por seso, puédese creer
               de este caballero que cumplidamente hobo lo uno y lo otro; porque si tovo fortuna
               para alcanzar bienes, tovo asimismo prudencia para los conservar. </p>
            <p>Después de la muerte del <persName>rey don Juan</persName>, el <persName>rey don
                  Enrique</persName> le dio título de <roleName>conde de la villa de
                  Cifuentes</roleName> y le hizo otras mercedes. Y como vemos por experiencia que
               los hombres vanos e incapaces, cuando les acaece haber oficios y riquezas temporales
               se alteran con ellos y, queriéndose mostrar magnánimos, hacen cosas fuera de lo que
               su medida requiere, puédese bien creer que así asentó en este caballero el nuevo
               estado y dignidad; y tan poca alteración hizo en su persona la abundancia de los
               bienes, como si de sus abuelos, por grande antigüedad, los hobiera habido. </p>
            <p>Al fin, entrado ya en los días de la vejez, en los cuales suele más reinar la
               avaricia de los bienes, cosa fue por cierto singular y digna de ejemplo el fin que
               este caballero puso a su codicia: porque dado que fue llamado por el rey para que
               entendiese en grandes cosas do pudiera haber grandes intereses, todo lo pospuso, y se
               retrojo a su casa, donde hizo loable fin. Y dejados dos mayorazgos de asaz rentas a
               dos hijos, murió en edad de sesenta y cinco años. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_09_hurtado_mendoza">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="58"/>
            <head>El Duque del Infantazgo</head>

            <p>Don <persName>Diego Hurtado de Mendoza, <roleName>duque del Infantazgo</roleName>,
                     <roleName>marqués de Santillana</roleName> y <roleName>conde del Real de
                     Manzanares</roleName></persName>, hijo del
                     <persName><roleName>marqués</roleName> don Íñigo López de Mendoza</persName> y
               nieto del <persName><roleName>almirante</roleName> don Diego Hurtado</persName>, fue
               hombre delgado y alto de cuerpo; tenía los ojos prietos y las facciones del rostro
               hermosas; y bien proporcionado en la compostura de sus miembros. Era de linaje noble
               castellano muy antiguo. </p>

            <p>Seyendo mozo, el marqués, su padre, le envió a la su casa de la
                  <placeName>Vega</placeName> por pacificar la tierra de las
                  <placeName>Asturias</placeName> de Santillana y la librar de algunos tiranos que
               gela ocupaban, con los cuales hobo algunos recuentros y hechos de armas en que usó el
               ejercicio de la caballería e hizo hábito en la disciplina militar. Y porque las
               gentes de aquellas tierras son hombres valientes, esforzados y muy cursados en las
               peleas a pie, que según la disposición de aquellas montañas se requiere hacer, este
               caballero se vido con ellos muchas veces en grandes trabajos y peligros de la guerra
               continua que con ellos tovo. Hasta que, al fin, vencidos sus contrarios por batallas
               en campo, y muerto su principal capitán, alimpió aquellas sus montañas de la tiranía
               en que por largos tiempos habían estado. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="59"/>Era hombre bien instructo en las letras latinas,
               y tenía tan buena memoria, que pocas cosas se le olvidaban de lo que en la Sacra
               Escritura había leído. Era hombre de verdad y aborrecía tanto mentiras y mentirosos,
               que ninguno de los tales hobo jamás logar cerca de él. Heredó la casa de su padre en
               el tiempo del <persName>rey don Enrique</persName> cuarto. Y fue uno de los
               principales señores del reino que entendieron en pacificar las divisiones que hobo
               entre el <persName>rey don Enrique</persName> y el <persName>rey don
                  Alfonso</persName>, su hermano. </p>
            <p>Fue tan perseverante en la virtud de la constancia, que por ningún interese jamás le
               vieron hacer mudanza de aquello que una vez asentaba de hacer. Y esta virtud se
               experimentó en él, porque no dejó de seguir la vía del <persName>rey don
                  Enrique</persName>, aunque en ella hobo algunos sinistres y se vido en grandes
               discrímines y aventuras de perder su persona y casa; porque se tenía por dicho que en
               el infortunio relucía la constancia. Peleó en la batalla que estos <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="60"/>dos reyes hobieron cerca de la villa de
                  <placeName>Olmedo</placeName>. Ante de la cual, veyéndose las haces contrarias,
               unas y otras en el campo, ni el miedo le turbó el seso para consejar, ni el esfuerzo
               se enflaqueció para cometer; ni menos cansó la fuerza del corazón peleando para
               vencer. </p>
            <p>Celaba este caballero tanto la honra, que con dificultad era traído a entender en
               ninguna negociación ni trato que le fuese movido, recelando que las variedades de los
               tiempos le forzasen a hacer mudanza de su palabra por do podiese caer en punto de
               mengua. Era hombre muy llano y tratable con todos; y honrador en los recibimientos de
               los que a él venían; y ajeno de disimulaciones. Tenía ánimo tan noble y las entrañas
               tan claras y tan abiertas, que jamás fue conocido en él pensamiento para muerte y
               destruición ni injuria de ninguno. Y de su natural inclinación no quería entender
               salvo en cosas justas y rectas. Todas las cautelas y ficciones aborrecía como cosa
               contraria a su natural condición. </p>
            <p>No era varón de venganças, y perdonaba tan fácilmente a los que le erraban, que jamás
               había memoria de sus yerros. Acaecióle que, como algunos suyos le errasen de tal
               manera que la graveza del delito les cerrase la puerta de la esperanza para ser
               perdonados, movido este caballero por la piedad natural que tenía, podiendo haber de
               ellos entera venganza, le acaeció llamarlos y perdonarlos, y quedando limpio de todo
               odio, les dio de sus bienes. Porque decía él que ninguna mayor pena podía recibir el
               injuriador, que venir a manos del injuriado; ni mayor gloria el injuriado, que dar
               vida y beneficios al injuriador. </p>
            <p>Tenía la codicia de haber bienes temporales como todos los mortales tienen. Pero en
               esto tovo una tan singular templanza que, <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="61"/>por
               gran utilidad y acrecentamiento que hobiese, no hiciera cosa fea ni deshonesta. Y
               como vemos todos los hombres desear honra y acrecentamiento, especialmente en las
               tierras de su morada, y la necesidad de los tiempos acarrease que el rey en
               remuneración de sus servicios le ofreciese donación perpetua de
                  <placeName>Guadalajara</placeName>, do era su asiento, este caballero no la quiso
               recibir; porque su humanidad no pudo sofrir la pasión y trabajo que otros sentían por
               ser puestos en señorío particular y apartados del señorío real. Decía él que el
               imperio forzoso más se puede dezir cuidado grav, que posesión deleitosa. </p>
            <p>Fue hombre que se deleitaba en labores de casas y edeficios. Este duque fundó de
               principio en la su villa de <placeName>Manzanares</placeName> la fortaleza que está
               en ella edificada; e hizo de nuevo y reparó algunas casas de morada en sus tierras y
               logares. Y en esto, más que en otras cosas, fue liberal. Fue asimismo vencido de
               mujeres e del apetito de los manjares. Y habiendo acrecentado su título y patrimonio
               allende de lo que le dejó el marqués, su padre, murió en toda prosperidad en edad de
                  <date>sesenta y cinco años</date>. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_10_enriquez_liste">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="62"/>
            <head>El Conde de Alba de Liste</head>

            <p>Don <persName>Enrique Enríquez, <roleName>conde de Alba de
                  Liste</roleName></persName>, hijo del <persName><roleName>almirante</roleName> don
                  Alfonso Enríquez</persName> y nieto de don <persName>Fadrique, <roleName>maestre
                     de Santiago</roleName></persName>, fue hombre de mediana estatura, bien
               compuesto en la proporción de sus miembros. La nariz tenía larga; los ojos un poco
               colorados; y los cabellos, llanos. </p>
            <p>Este caballero tovo el juicio muy vivo. Era hombre de buena prudencia y, por la
               experiencia de los grandes hechos que por él pasaron, su parecer en las cosas se
               había por muy cierto. Era hombre palanciano y siempre hablaba cosas breves y
               graciosas. Fue hombre de tan gran esfuerzo, que en algunas afrentas peligrosas donde
               fue experimentado, ninguno otro en sus tienpos se halló tener el ánimo más libre de
               miedo para acometer y defender. Y como quiera que por su linaje, título y estado era
               con gran veneración acatado, pero por respeto de su gran esfuerzo y cierto juicio,
               siempre su persona fue mirada con más honrada estimación que otros que tenían mayores
               estados que el suyo. </p>
            <p>Era hombre de poco sufrimiento. Y en algunas diferencias que hobo en estos reinos,
               siguió la parcialidad del almirante <persName>don Fadrique</persName> y del
               adelantado <persName>Pero Manrique</persName>, sus hermanos, donde se le siguieron
               prisiones y otros infortunios que sufrió con ánimo de varón. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="63"/>Era hombre de verdad. Y sirvió muy bien y
               lealmente al <persName>rey don Fernando</persName> y a la <persName>reina doña
                  Isabel</persName> en las guerras que pasaron con el <persName>rey don Alfonso de
                  Portogal</persName>. Y en la batalla real que estos dos reyes hobieron entre las
               ciudades de <placeName>Toro</placeName> y <placeName>Zamora</placeName>, donde el
                  <roleName>rey de Portogal</roleName> fue vencido, este caballero, aunque en edad
               ya de <date>setenta años</date>, ni la fuerza del corazón se le enflaqueció, ni la de
               los miembros le faltó para pelear. Y peleó con tan gran esfuerzo, que fue siguiendo
               el alcance contra los portogueses hasta cerca de la puente de
                  <placeName>Toro</placeName>, donde, pensando que le guardaban los suyos, se metió
               tanto en los contrarios, que fue preso y llevado a <placeName>Portogal</placeName>.
               Estando en la prisión, conocida la limpieza de su condición, le fue dada libertad
               para venir a <placeName>Castilla</placeName> con algunos partidos de concordia. Y
               cumpliendo su palabra, volvió a la prisión, en la cual estovo hasta que la reina, a
               su gran honra, le hizo libre. </p>
            <p>Y feneció su vida con gran honra y ejemplo de bueno y esforzado caballero en edad de
               setenta y cinco años</p>
         </div>


         <div type="bio" xml:id="cvc_11_estuniga_plasencia">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="64"/>
            <head>El Conde de Plasencia</head>

            <p>Don <persName>Pedro de Estúñiga, <roleName>conde de Plasencia</roleName></persName>,
               hijo de <persName>Diego López de Estúñiga, <roleName>justicia mayor del
                     rey</roleName></persName>, fue hombre alto de cuerpo, bien proporcionado en la
               compostura de sus miembros; y el rostro tenía largo y la nariz, afilada. Sus abuelos
               fueron de linaje noble, naturales del reino de <placeName>Navarra</placeName>. </p>
            <p>Era hombre de buen seso y de pocas palabras y de gran ejecución en las cosas que
               quería. En sus tiempos fue tenido en gran estimación por respeto de su persona y de
               su gran casa. Era caballero esforzado y muy perseverante en la opinión que tomaba.
               Placíale tener hombres esforzados y defendíalos de las fazañas que cometían; y por
               esta causa siempre estaba acompañado de hombres de todas suertes. En su tienpo fue
               acrecentada su casa y floreció su fama por la gran copia de gente que de continuo era
               inclinado a mantener. </p>
            <p>Acaeció que como el <persName>rey don Juan el segundo</persName> hobiese necesarias
               algunas gentes de armas para pacificar los escándalos que entonces en sus reinos
               había, este caballero, como quiera que era ya viejo y enfermo y muy gravado de gota,
               pero con celo grande que tovo de servir a su rey, se hizo traer en andas al real, do
               estaba la hueste, y rodeado de gran copia de gente de armas de su casa, vino a le
               servir. Y sirvióle con otros caballeros de tal manera en aquella jornada, que el rey
               recibió de él servicio señalado, y él alcanzó <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="65"
               />fama de leal súbdito y fue ejemplo de lealtad a otros que se movieron a servir su
               rey, veyendo venir como vino este caballero en andas a le servir. </p>
            <p>Murió con gran honra de edad de <date>setenta años</date>. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_12_cerda_medinaceli">
            <head>El Conde de Medinaceli</head>

            <p>Don <persName>Gastón de la Cerda</persName>, <roleName>conde de
               Medinaceli</roleName>, hijo de don <persName>Luis de la Cerda</persName>, fue hombre
               delgado de cuerpo, de muy hermoso gesto, y de mediana estatura y bien compuesto en la
               proporción de los miembros. Ceceaba un poco. Su padre y abuelos fueron de linaje de
               los <roleName>>reyes de Castilla</roleName> decendientes por legítima línea y
               asimismo de los <roleName>reyes de Francia</roleName>, y todos, sucesivamente, fueron
               condes de aquel condado de <placeName>Medina</placeName>. El cual condado, con otras
               villas y <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="66"/>logares y tierras, fue dado a su
               trasbisabuelo, que era nieto del <persName>rey don Alfonso de Castilla</persName>,
               por el derecho que había a estos reinos. </p>
            <p>Este conde fue muy franco y procuraba estar acompañado de hombres fijosdalgo. Y
               seyendo en edad de <date>veinte y cinco años</date>, veyendo que el conde, su padre,
               seguía algunas parcialidades de caballeros contra la voluntad del <persName>rey don
                  Juan</persName>, y puesto en pensamiento trabajoso, porque si la opinión de su
               padre siguiese, creía errar a la lealtad que debía al rey, y si obedecía al rey,
               pensaba errar a la obediencia paternal, pospuestos los daños que del apartamiento de
               su padre se le siguieron, deliberó obedecer los mandamientos reales. Y sirvió a su
               rey todo el tiempo de su vida con tanta obediencia, que la perseverancia que tovo en
               su servicio fue a otros ejemplo de lealtad. </p>
            <p>Y después que heredó la casa de su padre, siempre vivió haciendo guerra a los
               contrarios del rey. Y fue preso en su servicio en una batalla que hobo con los
               aragoneses, en la cual prisión estovo algún tiempo. Y recibió daños en su persona y
               hacienda, que sufrió como varón fuerte, reputándolos a prosperidad por ser en
               servicio de su rey. Este conde conoció bien cuánto reluce la lealtad y la costancia
               en el caballero y cuánto es fea la mácula del yerro cometido contra los reyes. Fue
               hombre vencido del amor de las mujeres, y él fue amado de ellas. </p>
            <p>Murió con gran honra, después que salió de la prisión, en edad de cuarenta años. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_13_manrique_paredes">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="67"/>
            <head>El Maestre don Rodrigo Manrique, Conde de Paredes</head>

            <p>Don <persName>Rodrigo Manrique, <roleName>conde de Paredes</roleName> y
                     <roleName>maestre de Santiago</roleName></persName>, hijo segundo de
                  <persName>Pedro Manrique, <roleName>adelantado mayor del reino de
                  León</roleName></persName>, fue hombre de mediana estatura, bien proporcionado en
               la compostura de sus miembros. Los cabellos tenía rojos y la naríz un poco larga. Era
               de linaje noble castellano.</p>
            <p>En los actos que hacía en su menor edad pareció ser inclinado al oficio de la
               caballería. Tomó hábito y orden de Santiago y fue comendador de
                  <placeName>Segura</placeName>, que es cercana a la tierra de los moros. Y estando
               por frontero en aquella su encomienda, hizo muchas entradas en la tierra de los
               moros, donde hobo fama de tan buen caballero, que el adelantado, su padre, por la
               estimación grande en que este su hijo era tenido, apartó de su mayorazgo la villa de
                  <placeName>Paredes</placeName> y le hizo donación de ella. Y el <persName>rey don
                  Juan</persName> le dio título de conde de aquella villa. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="68"/>Este varón gozó de dos singulares virtudes: de la
               prudencia, conociendo los tiempos, los logares, las personas y las otras cosas que en
               la guerra conviene que sepa el buen capitán. Fue asimismo dotado de la virtud de la
               fortaleza, no por aquellas vías en que se muestran fuertes los que fingida y no
               verdaderamente lo son, más así por su buena composición natural, como por los muchos
               actos que hizo en el ejercicio de las armas, asentó tan perfectamente en su ánimo el
               hábito de la fortaleza, que se deleitana cuando le ocurría logar en que la debiese
               ejercitar. Esperaba con buen esfuerzo los peligros, acometía las hazañas con grande
               osadía y ningún trabajo de guerra a él, ni a los suyos, era nuevo. </p>
            <p>Preciábase mucho que sus criados fuesen dispuestos para las armas. Su plática con
               ellos era la manera del defender y del ofender el enemigo; y ni se decía ni hacía en
               su casa acto ninguno de molleza, enemiga del oficcio de las armas. Quería que todos
               los de su compañía fuesen escogidos para aquel ejercicio. Y no convenía a ninguno
               durar en su casa si en él fuese conocido punto de cobardía. Y si alguno venía a ella
               que no fuese dispuesto para el uso de las armas, el gran ejercicio que había y veía
               en los otros le hacía hábile y diestro en ellas. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="69"/>En las batallas y muchos recuentros que hobo con
               moros y con cristianos, este caballero fue el que, mostrando gran esfuerzo a los
               suyos, hería primero en los contrarios. Y las gentes de su compañía, visto el
               esfuerzo de su capitán, todos le seguían y cobraban osadía de pelear. Tenía tan gran
               conocimiento de las cosas del campo y proveíalas en tal manera, que, donde él fue
               principal capitán, nunca puso su gente en logar do se hobiese de retraer; porque
               volver las espaldas al enemigo era tan ajeno de su ánimo, que elegía antes recebir la
               muerte peleando, que salvar la vida huyendo.</p>
            <p>Este caballero osó acometer grandes hazañas. Especialmente, escaló una noche la
               ciudad de <placeName>Huesca</placeName>, que es del reino de
                  <placeName>Granada</placeName>. Y como quier que, subiendo el escala, los suyos
               fueron sentidos de los moros, y fueron algunos derribados del adarve y heridos en la
               subida, pero el esfuerzo de este capitán se imprimió a la hora tanto en los suyos,
               que, pospuesta la vida y propuesta la gloria, subieron el muro peleando, y no
               fallecieron de sus fuerzas defendiéndolo, aunque veían los unos derramar su sangre,
               los otros caer de la cerca. Y en esta manera, matando de los moros y muriendo de los
               suyos, este capitán, herido en el brazo de una saeta, peleando entró la ciudad y
               retrojo los moros hasta que los cercó en la fortaleza: y esperando el socorro que le
               harían los cristianos, no temió el socorro que venía a los moros. En aquella hora,
               los suyos, vencidos de miedo, vista la multitud que sobre ellos venía por todas
               partes a socorrer los moros y tardar el socorro que esperaban de los cristianos, le
               amonestaron que desamparase la ciudad y no encomendase a la fortuna de una hora la
               vida suya y de aquellas gentes, juntamente con la honra ganada en su edad pasada. Y
               requeríanle que, pues tenía tiempo para se proveer, no esperase hora en que tomase el
               consejo necesario, y no el que agora tenía voluntario. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="70"/>Visto por este caballero el temor que los suyos
               mostraban. «No -dijo él- suele vencer la muchedumbre de los moros al esfuerzo de los
               cristianos cuando son buenos, aunque no sean tantos. La buena fortuna del caballero
               crece creciendo su esfuerzo. Y si a estos moros que vienen cumple socorrer a su
               infortunio, a nosotros conviene permanecer en nuestra victoria hasta la acabar o
               morir. Porque si el miedo de los moros nos hiciese desamparar esta ciudad ganada ya
               con tanta sangre, justa culpa nos pornían los cristianos por no haber esperado su
               socorro. Y es mejor que sean ellos culpados por no venir que nosotros por no
               esperar». «De una cosa -dijo él- sed ciertos: que entre tanto que Dios me diere vida,
               nunca el moro me porná miedo, porque tengo tal confianza en Dios y en vuestras
               fuerzas, que no fallecerán peleando veyendo vuestro capitán pelear». </p>
            <p>Este caballero duró e hizo durar a los suyos, combatiendo los moros que tenía
               cercados y resistiendo a los moros que le tenían cercado, por espacio de dos días,
               hasta que vino el socorro que esperaba y hobo el fruto que suelen haber aquellos que
               permanecen en la virtud de la fortaleza. Ganada aquella ciudad y dejado en ella por
               capitán a un su hermano llamado <persName>Gómez Manrique</persName>, ganó otras
               fortalezas en la comarca; socorrió muchas veces algunas ciudades y villas y capitanes
               cristianos en tiempo de extrema necesidad; e hizo tanta guerra en aquellas tierras,
               que en el reino de <placeName>Granada</placeName> el nombre de <persName>Rodrigo
                  Manrique</persName> fue mucho tiempo a los moros gran terror. Cercó asimismo este
               caballero la <placeName>fortaleza de Alcaráz</placeName> por la reducir a la corona
               real. Cercó la <placeName>fortaleza de Uclés</placeName>
               <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="71"/>por la reducir a la su <roleName>orden de
                  Santiago</roleName>. Esperó en estos dos sitios las gentes que contra él vinieron
               a socorrer estas fortalezas. Y como quier que la gente contraria vido ser en mucho
               mayor número que la suya, mostró tal esfuerzo, que los contrarios no le osaron
               acometer y él consiguió con gran honra el fin de aquellas empresas que tomó; do se
               puede bien creer que venció, más con el esfuerzo de su ánimo, que con el número de su
               gente.</p>
            <p>Hobo asimismo este caballero otras batallas y hechos de armas con cristianos y con
               moros que requerían gran esptria si de cada una por extenso se hobiese de hacer
               minción, porque toda la mayor parte de su vida trabajó en guerras y en hechos de
               armas. </p>
            <p>Hablaba muy bien y deleitábase en recontar los casos que le acaescían en las guerras.
               Usaba de tanta liberalidad, que no bastaba su renta a sus gastos; ni le bastara si
               muy grandes rentas y tesoros toviera, según la continuación que tovo en las guerras.
               Era varón de altos pensamientos e inclinado a cometer grandes y peligrosas hazañas, y
               no podía sofrir cosa que le pareciese no sofridera. Y de esta condición se le
               siguieron grandes peligros y molestias. Y ciertamente por experiencia vemos pasar por
               grandes infortunios a muchos que presumen forzar la fuerza del tienpo, los cuales,
               por no sofrir una sola cosa, les acaece sofrir muchas y a muchos, <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="72"/>a quien de fuerza han de tener contentos para
               conseguir su poco sofrimiento. </p>
            <p>Era amado por los caballeros de la <roleName>orden de Santiago</roleName>, los
               cuales, visto que concurrían en él todas las cosas dignas de aquella dignidad, le
               eligieron por maestre en la <placeName>provincia de Castilla</placeName> por fin del
                     <persName><roleName>maestre</roleName> don Juan Pacheco</persName>.</p>
            <p>Murió con gran honra en edad de <date>setenta años</date>.</p>
         </div>

         <div type="razonamiento" xml:id="cvc_13-14_razonamiento">
            <head>Razonamiento hecho a la Reina Nuestra Señora</head>

            <p>Otros muchos claros varones naturales de vuestros reinos hobo que hicieron cosas
               dignas de memoria, las cuales, si, como dije, se escribiesen particularmente, sin
               ddda sería mayor libro y de mayores y más claras hazañas que el que hizo
                  <persName>Valerio</persName> y los otros que escribieron los hechos de los griegos
               y de los romanos. Entre los cuales, hacen gran memoria de <persName>Mucio
                  Cévola</persName>, que ascondidamente salió de la ciudad de
                  <placeName>Roma</placeName> y fue a matar al <persName>rey Persena</persName>, que
               la tenía cercada, y exaltando mucho en haber quemado su brazo, porque no acertó de
               matar al rey que pensaba y mató a otro que parecía ser el rey. ¡Ved qué culpa tovo su
               brazo por el yerro <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="73"/>que hobo su pensamiento! Y,
               por cierto, si la pena que este dio a su brazo toviese logar de loor, loaríamos al
               espada que hace buen golpe y no al que la menea.</p>
            <p>Y pues de este caso se hace gran estima por los estoriadores romanos, razón es que
               haga aquí memoria de lo que sope y es notorio en <placeName>Francia</placeName> que
               hizo un fijodalgo vuestro natural, que se llamó <persName>Pedro Fajardo</persName>,
               mozo de veinte años. El cual, como sirviese en la cámara del <persName>rey Carlos de
                  Francia</persName>, y le pidiese merced de un caballo y un arnés para le servir en
               la batalla que tenía aplazada con el <persName>rey de Inglaterra</persName>, y el
               rey, habido respeto que su edad era aún tierna para entrar en batalla, no gelo
               quisiese dar y le mandase quedar en su cámara, este <persName>Pedro
                  Fajardo</persName> respondió al rey: «No suelen los fijosdalgo de
                  <placeName>Castilla</placeName> que son de mi edad quedar en la cámara yendo su
               señor a la guerra. Yo vos certifico, señor -dijo él- que si no me fornecés de armas y
               de caballo, que yo iré a pie delante las escuadras de vuestra gente, a morir peleando
               en la batalla». El rey, conocida la animosidad de este fijodalgo, le dio un caballo y
               un arnés. Y como se vido armado, un día antes de la batalla, en presencia del rey,
               hizo voto solemne de matar al <roleName>rey de Inglaterra</roleName> o derribar su
               estandarte real o morir en la demanda. El corazón de este mozo, conocido por algunos
               mancebos franceses, despertó sus ánimos y prometieron de le ayudar a complir su voto.
               Otro día, las haces tendidas y hecha señal de las trompetas para se juntar las haces,
               este fijodalgo castellano se adelantó de las otras gentes y, dando golpes en los
               enemigos y recibiéndoles en todo su cuerpo, entró por fuerza en la batalla del
                  <roleName>rey inglés</roleName>, y abraçóse con su <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022"
                  n="74"/>estandarte real y vino con él al suelo. Y allí recibió tan grandes heridas
               en la cabeza, que perdió las fuerzas y el sentido, y fue preso por los ingleses, pero
               consiguió el fin de su voto, por donde su parte fue vencedora.</p>
            <p>Este <persName>Pero Fajardo</persName> castellano y el otro
                  <persName>Cévola</persName> romano iguales me parece que fueron en los propósitos,
               pues que ambos iban con deliberación de recebir muerte por ayudar a su parte. Pero el
               castellano se mostró claro enemigo, porque, guerreando los contrarios, fue como
               caballero a complir su voto; el romano, como hombre encubierto, con simulación
               fengida, fue a complir el propósito que no consiguió, porque mató a otro y no al rey
               que pensó matar.</p>
            <p>Notorio es asimismo en toda la cristiandad el paso que <persName>Suero de Quiñones,
                     <roleName>caballero fijodalgo</roleName></persName>, sostovo un año en la
               puente de <placeName>Órbigo</placeName>, que es camino de
                  <placeName>Santiago</placeName>. Y como este caballero envió publicar con sus
               harautes por las cortes de los reyes y señores de la cristiandad que cualquier
               gentilhombre que por aquella puente pasase había de hacer armas con él, concurrieron
               a esta recuesta muchos caballeros y gentileshombres de diversas tierras que en el
               paso de aquella puente de <placeName>Órbigo</placeName> hicieron armas con este
               caballero. En las cuales, y en todo otro ato de caballería que allí intervino, ningún
               extranjero se esmeró ni hobo igual victoria de la que por las armas este fijodalgo
               castellano hobo.</p>
            <p>¿Cuál de los capitanes romanos pudo pujar al esfuerzo de don <persName>Juan Ramírez,
                     <roleName>comendador mayor de Calatrava</roleName></persName>, de linaje noble
               de <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="75"/><name>Guzmán</name>? El cual mostraba tan gran
               ardideza en las batallas y tenía tanta destreza en el gobernar las armas, que, el
               brazo desnudo, el espada en la mano, esforzando los suyos, hiriendo los enemigos,
               venció muchas batallas de moros. Y con tanto esfuerzo acometía y con tal
               perseverancia duraba en los peligros, que, como ajeno de todo miedo, lo imprimía en
               los enemigos.</p>
            <p><persName>Garcilaso de la Vega</persName>, caballero de noble sangre y antiguo,
               criado desde su menor edad en el oficio de las armas, en la mayor priesa de las
               batallas tenía mejor tiento para hacer golpe cierto en el enemigo. Y ni la multitud
               de las saetas, ni los tiros de las lanzas, ni los otros golpes de los contrarios que
               le rodeaban alteraron su continencia para hacer desconcierto en la manera de su
               pelear.</p>
            <p>De loar es por cierto, <persName>Horacio Teocles</persName>, romano, que peleó en la
                  <placeName>puente <!--Suplicia-->Supicia del Tíberi</placeName> con los
                  <name>toscanos</name> y los detovo peleando entre tanto que se derribaba el un
               arco de aquella puente, porque los romanos fuesen salvos. Pero no es menos de estimar
               el esfuerzo de este <persName>Garcilasso</persName>, el cual, como viese que su gente
               estaba en punto de se perder, huyendo de la multitud de los caballeros moros que los
               seguían, este caballero, ofreciendo su vida por la salud de los suyos, tornó con gran
               esfuerzo a los enemigos, y tomado un paso, los impidió peleando con ellos tanto
               espacio, que su gente se pudo salvar, que no pereciese. </p>
            <p>Este caballero era hombre callado, sofrido, esencial, amigo de efectos y enemigo de
               palabras. Y tovo tal gracia, que todos los caballeros de su tiempo desearon remidar
               sus costumbres.</p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="76"/><persName>Juan de Saavedra, <roleName>caballero
                     fijodalgo</roleName></persName>, guerreó los moros muchos tiempos. Y tan osado
               era en las batallas, que con menor número de gente siempre osó acometer los enemigos,
               aunque fuesen mucho más que los suyos; y los venció muchas veces y desbarató.
                  <persName>Gonzalo de Saavedra</persName>, su hermano, en guerras de moros y de
               cristianos, ningún romano pudo tener mayor diligencia, ni mejor conocimiento, para
               ordenar las batallas; ni en saber los logares, ni en poner las guardas y en todas las
               otras cosas que para seguridad de las huestes se requiere saber a todo buen capitán.
               El cual fue tan discreto, y consideraba las cosas y los casos que podían acaecer en
               las guerras y las proveía de tal manera, que nunca se halló que por defecto de su
               provisión los de su parte recibiesen inconveniente.</p>
            <p>¿Quién fue visto ser más industrioso ni más acepto en los actos de la guerra que
                  <persName>Rodrigo de Narváez, <roleName>caballero fijodalgo</roleName></persName>
               a quien por las notables hazañas que contra los moros hizo le fue cometida la ciudad
               de <placeName>Antequera</placeName>? En la guarda de la cual y en los vencimientos
               que hizo a los moros ganó tanta honra y estimación de buen caballero, que ninguno en
               sus tiempos la hobo mayor en aquellas fronteras. </p>
            <p>Y es de considerar que, comoquier que los moros son hombres belicosos, astutos y muy
               engañosos en las artes de la guerra; y varones <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="77"
               />robustos y crueles; y aunque poseen tierra de grandes y altas montañas y de logares
               tanto ásperos y fragosos que la disposición de la misma tierra es la mayor parte de
               su defensa, pero la fuerza y el esfuerzo de estos caballeros y de otros muchos nobles
               y fijosdalgo, vuestros naturales, que continuaron guerra con ellos, siempre los
               oprimieron a que diesen parias a los reyes, vuestros progenitores, y se ofreciesen
               por sus vasallos. </p>
            <p>Y ni estos grandes señores y caballeros y fijosdalgo, de quien aquí con causa
               razonable es hecha memoria, ni los otros pasados que, guerreando, a
                  <placeName>España</placeName> la ganaron del poder de los enemigos, no mataron por
               cierto sus hijos, como hicieron los <roleName>cónsules</roleName>
               <persName>Bruto</persName> y <persName>Torcato</persName>; ni quemaron sus brazos,
               como hizo <persName>Cevola</persName>; ni hicieron en su propia sangre las crueldades
               que repugna la natura y defiende la razón. Mas con fortaleza y perseverancia, con
               prudencia y diligencia, con justicia y con clemencia, ganando el amor de los suyos y
               seyendo terror a los extraños, gobernaron huestes, ordenaron batallas, vencieron los
               enemigos, ganaron tierras ajenas y defendieron las suyas.</p>
            <p>Yo, por cierto, no vi en mis tiempos ni leí que en los pasados viniesen tantos
               caballeros de otros reinos y tierras extrañas a estos vuestros <placeName>reinos de
                  Castilla y de León</placeName> por hacer armas a todo trance como vi que fueron
               caballeros de <placeName>Castilla</placeName> a las buscar por otras partes de la
               cristiandad. Conocí al <persName><roleName>conde</roleName> don Gonzalo de
                  Guzmán</persName>
               <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="78"/>y a <persName>Juan de Merlo</persName>. Conocí a
                  <persName>Juan de Torres</persName> y a <persName>Juan de Polanco</persName>;
                  <persName>Alfarán de Bivero</persName> y a <persName><roleName>mosén</roleName>
                  Pero Vázquez de Sayavedra</persName>; a <persName>Gutierre Quijada</persName> y a
                     <persName><roleName>mosén</roleName> Diego de Valera</persName>. Y oí decir de
               otros castellanos que con ánimo de caballeros fueron por los reinos extraños a hacer
               armas con cualquier caballero que quisiese hacerlas con ellos. Y por ellas ganaron
               honra para sí y fama de valientes y esforzados caballeros para los fijosdalgo de
                  <placeName>Castilla</placeName>. </p>
            <p>Asimismo sope que hobo guerras en <placeName>Francia</placeName> y en
                  <placeName>Nápoles</placeName> y en otras partes, donde concurrieron gentes de
               muchas naciones. Y fui informado que el capitán francés o el italiano estonces tenía
               por muy bien fornecida la escuadra de su gente, cuando podía haber en ella algunos
               caballeros castellanos, porque conocía de ellos tener esfuerzo y constancia en los
               peligros más que los de otras naciones. </p>
            <p>Vi también guerras en <placeName>Castilla</placeName>, y durar algunos tiempos, pero
               no vi que viniesen a ella guerreros de otras partes, porque así <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="79"/>como ninguno piensa llevar hierro a la tierra de
                  <placeName>Vizcaya</placeName>, donde ello nace, bien así los extranjeros reputan
               a mal seso venir a mostrar su valentía a la tierra de
               <placeName>Castilla</placeName>, do saben que hay tanta abundancia de fuerzas y
               esfuerzo en los varones de ella, que la suya será poco estimada.</p>
            <p>Así que, reina muy excelente, estos caballeros y perlados, y otros muchos naturales
               de vuestros reinos de que no hago aquí mención por ocupación de mi persona,
               alcanzaron con sus loables trabajos que hobieron y virtudes que siguieron el nombre
               de varones claros, de que sus descendientes en especial se deben arrear y todos los
               fijosdalgo de vuestros reinos deben tomar ejemplo para limpiamente vevir, porque
               puedan fenecer sus días en toda prosperidad como estos vivieron y fenecieron. Lo
               cual, sin duda, todo hombre podrá hacer sacudiendo de sí malas afecciones y
               pensamientos torpes, que al principio prometen dulzura y a la fin paren tristeza y
               disfamia.</p>

            <p>Ahora razón es hacer aquí memoria de algunos perlados naturales de
                  <placeName>Castilla</placeName> que en mis tiempos, por su ciencia, méritos y
               virtudes, subieron a grandes estados y tovieron grandes dignidades en la Iglesia de
               Dios.</p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_14_torquemada-san-sixto">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="80"/>
            <head>Cardenal de San Sixto</head>

            <p>Don <persName>Juan de Torquemada</persName>, <roleName>cardenal de San
                  Sixto</roleName>, fue hombre alto de cuerpo y delgado y de venerable gesto y
               presencia, natural de la ciudad de <placeName>Burgos</placeName>. Sus abuelos fueron
               de linaje de los judíos convertidos a nuestra santa fe católica. </p>
            <p>Aprendió teología seyendo mooz, porque tenía inclinación a esta ciencia más que a
               otra. Pareció, en el sosiego de su niñez, que la natura le apartó de las cosas
               mundanas y ofreció a la religión. Los días de su adolescencia siguieron las buenas
               costumbres que hobo en su mocedad y los de la joventud, a los de la adolescencia. Y
               así, creciendo en días, siempre crecía en virtudes. Y según pareció en la honestad y
               limpieza de su vida, quier procediese de su complixión o de su buen seso, siempre
               tovo tan fuerte resistencia contra las tentaciones, que no podieron corromper sus
               buenas costumbres. Recibió de su voluntad hábito y orden de <roleName>Santo
                  Domingo</roleName>. Era observantísimo en su religión. Aprendió en el estudio de
                  <placeName>París</placeName>, donde recibió el grado de magisterio. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="81"/>Venido a <placeName>Castilla</placeName> con
               deseo de su naturaleza, conocida la ciencia y honestad de su vida, fue elegido por
               prior del monesterio de <placeName>San Pablo de Valladolid</placeName>. Y después fue
               prior de <placeName>San Pedro Mártir</placeName>, de la ciudad de
                  <placeName>Toledo</placeName>. Estando en aquel monesterio con propósito de hacer
               allí asiento de su vida, los hados, que llevan al que quieren para que vaya, y
               aquellas cosas que la providencia divina tiene ordenadas, rodearon las cosas en tal
               manera, que se levantó contra él tal emulación de persona de su orden, que le forzó
               ir a <placeName>Roma</placeName> cuando fue quitada la cisma que hobo en la iglesia
               entre el <persName>papa Eugenio</persName> y el que se llamó
                  <persName>Félix</persName>. Y llegó a tiempo que se había de hacer congregación de
               letrados en <placeName>Roma</placeName> para determinar algunas dudas que de la cisma
               pasada habían resultado. Para lo cual, el <persName>rey don Juan</persName> acordó
               enviar sus embajadores a <placeName>Roma</placeName>. Entre los cuales, porque era
               necesario enviar grandes letrados, conocida la fama que este religioso tenía de gran
               teólogo, le envió mandar que se juntase con sus embajadores. El cual, obedeciendo al
               rey, lo hizo. En aquella congregación de letrados cosa maravillosa fue cuánto se
               esmeró sobre todos los otros, así en las dudas que aclaró como en la determinación
               que hizo en las cosas que ocurrieron, lo cual hizo crecer la fama que tenía de gran
               letrado. Y porque la honestad de <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="82"/>su vida se
               conformaba con la abundancia de su ciencia, el papa le hizo mucha honra y a
               suplicación del <persName>rey don Juan</persName> le crió cardenal. </p>
            <p>Fue habido en sus tiempos por tan gran teólogo que, cuando acaecía venir de cualquier
               parte de la cristiandad alguna duda o qüistión de teología, todos se referían a la
               determinación que este cardenal, entre todos los otros teólogos, hiciese. Era hombre
               apartado, estudioso, manso y caritativo; y en su buena y honesta vida mostró tener
               gracia singular, con la cual ganó honra para sí y dio ejemplo a otros para usar de
               virtud. </p>
            <p>Deleitábase en las obras del entendimiento. Hizo una glosa del Salterio devotísima y
               otros tratados y declaraciones de la Sacra Escriptura muy provechosas y doctrinables.
               Fundó en <placeName>Roma</placeName> a sus expensas el <placeName>monesterio de la
                  Minerva</placeName>. Reedificó asimismo todo el monesterio de <placeName>San Pablo
                  de Valladolid</placeName> y tornólo en observancia. E hizo otras labores y reparos
               en monesterios y casas de oración. </p>
            <p>Estovo con gran honra en <placeName>Roma</placeName>, después que fue criado
               cardenal, hasta que murió de edad de ochenta años. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_15_carvajal_sant_angelo">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="83"/>
            <head>Cardenal de Sant'Angelo</head>

            <p>Don <persName>Juan de Carvajal, <roleName>cardenal de
                  Sant'Angelo</roleName></persName>, fue hombre alto de cuerpo, el gesto blanco y el
               cabello cano y de muy venerable y hermosa presencia; natural de la ciudad de
                  <placeName>Plasencia</placeName>, de linaje de hombres ciudadanos. </p>
            <p>Desde su menor edad continuó el estudio. Fue gran letrado en derecho canónico y
               cevil. Era hombre muy honesto y gracioso en sus hablas. Cuando propuso de tomar orden
               eclesiástica, fue a <placeName>Roma</placeName>, donde, conocido por gran letrado y
               hombre de honesta vida, el <persName>papa Eugenio</persName> le encargó negocios
               árduos y le envió diversas veces en embajadas de gran importancia, en las cuales
               guardó siempre su honra y su conciencia y dio la razón que hombre letrado y discreto
               debía dar. Fue proveído del obispado de aquella ciudad de
                  <placeName>Plasencia</placeName> do era natural. Y veniendo de una embajada, do
               fue enviado al concilio de <placeName>Basilea</placeName>, conocida su <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="84"/>gran suficiencia en las cosas que allí negoció, le
               fue dado el capelo de cardenal. </p>
            <p>Era hombre esencial, aborrecedor de apariencias y de cirimonias infladas. Cuanto más
               huía de la honra mundana, tanto más le seguía. Nunca en sus votos públicos ni hablas
               privadas fue visto desviar punto de la justicia por afección, ni por interese suyo ni
               ajeno; ni hizo cosa que pareciese fuera de razón, ni demandó que otro la hiciese.</p>
            <p>Después que hobo la renta de aquel obispado de <placeName>Plasencia</placeName>, la
               cual entendió ser necesaria para sostener su estado, no pensó en gastar la vida
               codiciando riquezas, mas propuso vevir obrando virtude. Y puso tales límites a la
               codicia, que se puede bien decir haberla vencido, porque no solamente dejó de
               procurar más renta de la que había de su obispado, mas cerró su deseo y apartó de sí
               la cobdicia, de tal manera que jamás quiso recibir otras rentas y dignidades que
               muchas veces le fueron ofrecidas. Y de muchos y grandes cargos que tovo y comisiones
               que le fueron hechas, donde por alguna razón pudiera haber grandes intereses, nunca
               recibió, ni consentió a sus oficiales recibir interese pequeño ni grande. Y en esta
               manera, señoreando la codicia, señoreaba aquellos a quien señoreaba la codicia, y
               ninguno osaba agraviarse de sus determinaciones, conociendo que carecían de afección
               e interese. </p>
            <p>Reprendía mucho a los hombres que, sobrándoles las rentas allende de lo necesario,
               tenían el deseo de adquerir en infinito. Este varón sopo bien cuánta fuerza suele
               hacer a las veces el oro a la justicia, la cual teme poco el criminoso cuando con
               dinero piensa redemir su crimen. Conocido asimismo cómo todo juez que toma, <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="85"/>luego es tomado, y que no puede huir de ser
               injusto o ingrato: injusto, si por el don que recibe, tuerce el derecho; ingrato, si
               no lo tuerce en favor de aquel que le dio. Y si hace justicia o la abrevia por lo que
               recibió, puédese decir vendedor de la justicia por precio. Conocido por este perlado
               los inconvenientes que del codiciar allende de lo necesario se siguen, ni se
               atormentó codiciando, ni se avergonzó demandando; y teniendo la codicia tan sujeta,
               tenía la honra tan alta. Estaba continuamente alegre porque gozaba de la virtud de la
               templanza, avenidora de la razón con el apetito. Era prudente y de gran
               entendimiento, que son partes esenciales del ánima; y las hobo por arte y experiencia
               de tiempos. </p>
            <p>Estas virtudes conocidas en él, fue legado del papa a la provincia de
                  <placeName>Alemania</placeName> dos veces. Y en estas sus legaciones hizo,
               determinó y declaró grandes hechos, y pacificó los príncipes de aquellas partes y las
               comunidades que estaban en discordia, y castigó la herejía de los bohemios, e hizo
               otras singulares cosas en servicio de Dios y aumentación de la fe cristiana. </p>
            <p>Otrosí por excusar el daño grande que conoció recrecer a todas las gentes que pasaban
               el <placeName>río de Tajo</placeName>, acerca de la ciudad de
                  <placeName>Plasencia</placeName>, movido con ferviente caridad, hizo a sus grandes
               expensas la puente que hoy allí está edificada, que se llama la <placeName>Puente del
                  Cardenal</placeName>, edificio muy notable. </p>
            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="86"/>Puédese creer de este claro varón que su buen
               seso le hizo aprender ciencia; y su ciencia le dio saber; y su saber le dio
               experiencia; y la experiencia le dio conocimiento de las cosas, de las cuales sopo
               con prudencia elegir las que le hicieron hábito de virtud, mediante la cual vivió
               próspero <date>ochenta años</date> sin pasión de codicia y con abundancia de lo
               necesario. Y murió con gran honra en la ciudad de <placeName>Roma</placeName>. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_16_carrillo_toledo">
            <head>Arzobispo de Toledo</head>

            <p>Don <persName>Alfonso Carrillo, <roleName>arzobispo de Toledo</roleName></persName>,
               hijo de <persName>Lope Vázquez de Acuña</persName>, fue hombre alto de cuerpo y de
               buena presencia. Era de los fidalgos, y de limpia sangre, del reino de
                  <placeName>Portugal</placeName>. Su abuelo fue caballero portugués, que vino a
                  <placeName>Castilla</placeName> al servicio del <persName>rey don Juan</persName>,
               el que fue vencido en la batalla de <placeName>Aljubarota</placeName>. </p>
            <p>Fue primero obispo de <placeName>Sigüenza</placeName> y después fue proveído del
                  <roleName>arzobispado de Toledo</roleName> a suplicación del <persName>rey don
                  Juan</persName>. Rezaba bien sus horas; guardaba cumplidamente las cirimonias que
               la iglesia <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="87"/>manda guardar. Fundó el
                  <placeName>monesterio de San Francisco de Alcalá</placeName> y començó a fundar
               otro monesterio en la villa de <placeName>Briyuega</placeName>. </p>
            <p>Era hombre de gran corazón y su principal deseo era hacer grandes cosas y tener gran
               estado por haber fama y gran renombre. Tenía en su casa letrados y caballeros y
               hombres de facción. Recibía muy bien y honraba mucho a los que a él venían; y
               tratábalos con buena gracia; y mandábales dar gran abundancia de manjares de diversas
               maneras, de los cuales hacía siempre tener su casa muy proveída. Y tenía para ello
               los oficiales y ministros necesarios, y deleitábase en ello. Sus pensamientos de este
               perlado eran muy más altos que sus fuerzas y su gran corazón no le dejaba discerner,
               ni consentía medir su facultad con las grandes empresas que tomaba. Y de esto se le
               seguían trabajos y fatigas continuas. </p>
            <p>Era hombre franco y, allende de las dádivas que de su voluntad con gran liberalidad
               hacía, siempre daba algo a cualquier que <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="88"/>le
               demandaba, porque no sofría que ninguno se partiese de él descontento. Y, por cierto,
               la dádiva hecha con deseo de fama y no con pensamiento de razón más se puede decir
               mal hecho que buen pensamiento, porque aquel beneficio es carísimo que carece de
               vanagloria. Verdad es que ni nuestra benignidad se debe tanto cerrar que sea dura la
               comunicación de nuestros bienes, ni tanto abrir que con prodigalidad se derramen,
               porque si del retener se sigue odio, de lo otro procede tal mengua que de necesario
               vienen los pródigos a poner las manos en bienes ajenos. </p>
            <p>Era hombre belicioso y, siguiendo esta su condición, placíale tener continuamente
               gente de armas en guerras y en juntamientos de gente. Insistía mucho en la opinión
               que tomaba y queríala proseguir aunque se le representaban algunos inconvenientes. Y
               como la opinión, sospecha y afección son cosas que muchas veces engañan a los
               hombres, este perlado, traído por algunas de estas, procuraba siempre de sostener
               parcialidades, donde se siguieron en sus tiempos algunas guerras en el reino, en las
               cuales acaecieron batallas campales y otros recuentros y hechos de armas. Era gran
               trabajador en las cosas de la guerr. Y cuanto era amado de algunos por ser franco,
               tanto era desamado de muchos por ser belicoso, seyendo obligado a religión. </p>
            <p>Placíale saber experiencias y propriedades de aguas y de yervas y otros secretos de
               natura. Procuraba siempre haber grandes riquezas, no para tesoro, mas para las dar y
               distribuir. Y este deseo le hizo entender muchos años en el arte del alquimia. Y como
               quier que de ella no veía efecto, pero creyendo siempre alcanzarla <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="89"/>para las grandes hazañas que imaginaba hacer,
               siempre la continuó. En la cual, y en buscar tesoros y mineros, consumió mucho tiempo
               de su vida y gran parte de su renta; y todo cuanto más podía haber de otras partes. Y
               como vemos algunas veces que los hombres, deseando ser ricos, se meten en tales
               necesidades que los hacen pobres, este arzobispo, dando y gastando en el arte del
               alquimia y en buscar mineros y tesoros, pensando alcanzar grandes riquezas para las
               dar y distribuir, siempre estaba en continuas necesidades. Y sin duda se puede creer
               que si lo que deseaba tener este perlado correspondiera al corazón que tenía él en
               él, hiciera grandes cosas. </p>
            <p>Al fin, gastando mucho y deseando gastar más, murió muy pobre y adeudado en la villa
               de <placeName>Alcalá</placeName>, de edad de setenta años, de los cuales fue treinta
               y siete <roleName>arzobispo de Toledo</roleName>. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_17_fonseca_sevilla">
            <head>Arzobispo de Sevilla</head>

            <p>Don <persName>Alfonso de Fonseca</persName>, <roleName>arzobispo de
                  Sevilla</roleName>, fue hombre de mediana estatura, bien proporcionado en las
               facciones de su rostro y en la composición de sus miembros; hijo del doctor
                  <persName>Juan Alfonso de Ulloa</persName>, de linaje de hombres fijosdalgo del
                  <placeName>reino de Galicia</placeName>. Era natural de la ciudad de
                  <placeName>Toro</placeName>. Tomó el apellido de su madre, que era de linaje de
                  <name>Fonseca</name>. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="90"/>Era hombre de muy agudo ingenio y de buen
               entendimiento y bien instructo en lo que requería al hábito y profesión eclesiástica
               que tomó. El sentido de la vista tenía muy ávido y codicioso, más que ninguno de los
               otros sentidos. Y seguiendo esta su inclinación, placíale tener piedras preciosas y
               perlas y joyas de oro y de plata y otras cosas hermosas a la vista. Las cosas
               necesarias para el servicio de su persona y para el arreo de su casa quería que
               fuesen muy primas y toviesen singularidad de perficción sobre todas las otras, y
               deleitábase en ello. Era asimismo muy limpio en su persona y en su vestiduras y
               trajes, y reglado y muy ordenado en sus gastos. </p>
            <p>Comenzando la edad de mancebo, salió del estudio y vino al servicio del <persName>rey
                  don Enrique</persName>, seyendo príncipe, y fue su capellán mayor. Y por su
               intercesión fue proveído del <roleName>obispado de Ávila</roleName> y después fue
               promovido a dignidad de <roleName>arzobispo de Sevilla</roleName>. Hablaba muy bien y
               con buena gracia. Tova gran logar en la gobernación del reino en tiempo del
                  <persName>rey don Juan</persName> y del <persName>rey don Enrique</persName>, su
               hijo. Quería tanto gratificar a los que con él negociaban, que ninguno iba mal
               contento de su respuesta. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="91"/>Era hombre muy astuto y diligente; daba buenos y
               prestos remedios a los casos que acaecían; celava mucho la justicia y la honra de la
               corona real. Era tan agudo, que siempre inventaba grandes cosas. Procuraba mucho la
               honra y siempre quería tener el principal lugar acerca de los reyes y ser único con
               ellos en sus hablas y retraimientos. Y como acaece en las cortes de los reyes ser
               envidiados y odiosos aquellos que más cerca de ellos están, este arzobispo, por esta
               singular acepción que procuraba siempre tener acerca del <persName>rey don
                  Juan</persName> y del <persName>rey don Enrique</persName>, y por la gran
               confianza que en aquellos tiempos hicieron de algunos arduos negocios que ocurrían,
               se le siguieron enemistades peligrosas con algunos grandes del reino. Las cuales, por
               discurso de tiempo y con obras de amistad, sopo con buen juicio satisfacer de tal
               manera que saneó el odio que de él fue concebido. </p>
            <p>Conocidos los grandes trabajos así del espíritu como de la persona que hobo en la
               gobernación del reino, le fue hecha merced por el <persName>rey don Juan</persName>
               de las villas de <placeName>Coca</placeName> y de <placeName>Alaejos</placeName>, y
               otras grandes mercedes de que hizo casa y mayorazgo que dejó a su hermano. </p>
            <p>Tenía la codicia común que todos los hombres tienen de haber bienes temporales, y
               sabíalos muy bien y con gran diligencia adquerir. </p>
            <p>Este arzobispo edeficó de principio en aquella su villa de
                  <placeName>Alaejos</placeName> la fortaleza que en ella está hoy fundada. Y como
               acaece que algunos, procurando las cosas que desean, se reputan mezquinos cuando no
               las alcanzan y serlo hían si las alcanzasen; otros hay que, aborreciendo las que
               piensan serles dañosas, su buena fortuna les fuerza que las reciban por la utilidad
               que de ellas se les ha de seguir; puédese creer de este arzobispo que hobo tan buena
               fortuna <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="92"/>acerca de estas cosas mundanas, que
               siempre se le apartaba aquello que procuraba si al fin le había de ser dañoso y se le
               aparejaba lo que aborrecía si al fin le había de ser próspero. </p>
            <p>Y murió en honra y prosperidad en la su villa de <placeName>Coca</placeName>,
               conociendo a Dios como buen perlado, y con devoción de católico cristiano, en edad de
               cinquenta y cinco años. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_18_santamaria_burgos">
            <head>Obispo de Burgos</head>

            <p>Don <persName>Alonso de Santa María, <roleName>obispo de
               Burgos</roleName></persName>, fue hombre de buen cuerpo, bien compuesto en la
               proporción de sus miembros; tenía cara y persona muy reverenda. Era hijo de don
                  <persName>Pablo, <roleName>obispo que fue de Burgos</roleName></persName>, el cual
               le hobo en su mujer legítima que tovo antes que entrase en la religión eclesiástica.
               Y este <persName><roleName>obispo</roleName> don Pablo</persName> fue de linaje de
               los judíos, y tan gran sabio, que fue alumbrado de la gracia del Espíritu Santo y,
               habido conocimiento de la verdad, se convirtió a la fe católica. </p>
            <p>Este <persName>obispo don Alfonso</persName>, su hijo, desde su mocedad, fue criado
               en la Iglesia y en escuela de ciencia; y fue gran letrado en derecho canónico y
               cevil. Era asimismo gran filósofo moral. Hablaba <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="93"
               />muy bien y con buena gracia; ceceaba un poco. Y su persona era tan reverenda y de
               tanta autoridad, que en su presencia todos se honestaban y ninguno osaba decir ni
               hacer cosa torpe. Era ya tan acostumbrado en los actos de virtud, que se deleitaba en
               los obrar. </p>
            <p>Entre los letrados que fueron escogidos para enviar a un gran concilio que se hizo en
                  <placeName>Basilea</placeName>, este obispo, seyendo <roleName>deán de
                  Santiago</roleName>, fue uno de los nombrados a quien el <persName>rey don
                  Juan</persName> mandó ir en aquella embajada. En la cual, conocida su ciencia y la
               experiencia de sus letras y claras costumbres, ganó tan gran fama que, estando en
                  <placeName>Roma</placeName> el <persName>papa Eugenio</persName>, le proveyó del
                  <placeName>obispado de Burgos</placeName>, que era del <persName>obispo don
                  Pablo</persName>, su padre. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="94"/>Puesto en esta dignidad, guardó tan bien los
               preceptos que según los sacros cánones y decretos debe guardar el perlado, que fue
               ejemplo de vida y doctrina a todos los otros perlados que fueron en su tiempo. Fue
               embajador al <roleName>rey de Portogal</roleName> por mandado del <persName>rey don
                  Juan</persName>. Y con la fuerza de sus razones excusó la guerra y concluyó la paz
               que por entonces hobo entre estos dos reinos. Era observantísimo en la orden y hábito
               que tomó. Predicaba, corregía y usaba en su diócesis de aquellas cosas que perlado es
               obligado a hacer. Era limosnero y ayudó con gran suma a edeficar el
                  <placeName>monesterio de San Pablo de Burgos</placeName> y reedificó otras
               iglesias y monesterios de su obispado. </p>
            <p>Fue varón quito de codicias temporales y nunca se sintió en él punto de invidia.
               Decía él que no podía ser alegre con sus bienes el que se atormenta con bienes
               ajenos. Era de espíritu humilde y, doctrinando con humildad, su doctrina era mejor
               recibida y hacía mejor fruto. </p>
            <p>Tornó de lengua latina en nuestra lengua vulgar ciertas obras de
                  <persName>Séneca</persName>, que el <persName>rey don Juan</persName> le mandó
               reducir. Era muy estudioso y deleitábase en platicar las cosas de ciencia. Hobo una
               gran disputa con un filósofo y orador grande de <placeName>Italia</placeName>, que se
               llamó <persName>Leonardo de Arecio</persName> sobre la nueva traslación que hizo de
               las <title>Éticas</title> de <persName>Aristótiles</persName>, en la cual disputa se
               contienen muchos y muy doctrinables preceptos. Hizo asimismo algunos tratados de
               filosofía moral y de teología, y provechosos a la vida, los cuales están hoy en la
               capilla do está enterrado, en la <placeName>iglesia mayor de Burgos</placeName>. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="95"/>Aborrecía los loores que en presencia le decían,
               «porque si la conciencia acusaba de dentro poco -decía él- ¿qué aprovechaban los
               loores de fuera?». Y si el entendimiento humano es tan alto y generoso que pone sus
               términos cercanos a los del alto Dios, quien bien considerare los actos exteriores de
               este perlado, conocerá, sin duda, que sus pensamientos interiores más participaban
               con las cosas celestiales, que con las terrenales. </p>
            <p>Al fin, seyendo en edad de <date>setenta años</date>, como propusiese ir en romería a
                  <placeName>Santiago</placeName>, aun en este su voto pareció ser bien acepto a
               Dios, porque le dio gracia que fuese en salvo y cumpliese su romería. La cual
               complida, y tornado a su diócesis, finó conociendo a Dios y dejando fama loable y
               claro ejempplo de vida. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_19_francisco_coria">
            <head>Obispo de Coria</head>

            <p>Don <persName>Francisco</persName>, <roleName>obispo de Coria</roleName>, fue hombre
               pequeño de cuerpo y hermoso de gesto; la cabeza tenía grande. Era natural de la
               ciudad de <placeName>Toledo</placeName>. Sus abuelos fueron de linaje de los judíos
               convertidos a la fe católica. Desde su menor edad fue honesto y tovo inclinación a la
               ciencia. Era cuerdo y de muy sotil ingenio. </p>
            <p>Muertos su padre y madre y quedando mozo, la vergüenza que padecía por falta de lo
               necesario le constriñó salir de su tierra e ir al estudio de
                  <placeName>Lérida</placeName>, donde, mostrando gramática a otros <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="96"/>y aprendiendo él filosofía, pobremente pasó algún
               tiempo. Durante el cual hobo noticia de su habilidad la <persName>reina doña María de
                  Aragón</persName>, hermana del <persName>rey don Juan</persName>, y porque le
               placía mucho ver castellanos dados a virtud, le tomó para su capilla. Y a pocos días,
               conocido que tal ingenio no debía ser distraído del estudio, proveyéndole de su
               limosna para cada año, le envió al estudio de <placeName>París</placeName>, donde
               aprendió por espacio de diez años. En los cuales, los rectores de aquel estudio,
               conociendo que su gran ciencia e integridad de vida suplía el defecto de su edad, le
               dieron grado de magisterio, que a otros tan mancebos no se acostumbra dar en aquel
               estudio. </p>
            <p>Fue muy gran pedricador; ceceaba un poco y, comoquier que pequeño de cuerpo, su
               órgano resonaba muy claro; y tenía singular gracia en sermonar, tan bien en lengua
               latina como en la suya materna. Era observantísimo en la orden clerical que tomó.
               Sostuvo muchas veces conclusiones de filosofía y teología en el estudio de
                  <placeName>París</placeName> y en corte romana y en otros estudios generales,
               donde alcanzó honra y fama de gran teólogo. Era de vida honestísima y no fue visto en
               ninguna de sus edades jugar ni jurar. Y como el entendimiento comprende las cosas
               universalmente, y el apetito las sigue y la prudencia las ordena, puédese creer de
               este perlado que ni falleció en el entender, ni erró en el elegir, ni menos desvió
               del verdadero juicio para las discerner. Movíase a la obra virtuosa, no por el bien
               aparente, salvo por el existente. Era hombre justo, no por temor de la pena, mas por
               amor de la justicia. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="97"/>Estando en <placeName>Roma</placeName>, un
               cardenal que se decía de <persName>Fermo</persName>, varón muy notable, le recibió en
               su casa. Y visto por experiencia lo que de este claro varón se decía por fama, le
               hizo su confesor y al tiempo de su fin le estableció albacea de su ánima. Era de vida
               tan clara, que jamás le vieron hacer cosa en secreto que sin reprensión no la pudiera
               hacer en público. No suplicó jamás por beneficio ni dignidad que hobiese, mas su
               ciencia y su vida procuraban su provisión sin procuración. Muerto aquel cardenal, el
                  <persName>papa Nicolás</persName> le recibió por su familiar y le proveyó del
                  <roleName>deanazgo de Toledo</roleName> y de otros beneficios. Y conocida la gran
               fuerza que tenía en el razonar, le envió diversas veces por embajador al
                  <persName>rey don Luis de Francia</persName> y al <persName>rey don Alonso de
                  Aragón</persName>. Fue asimismo uno de los teólogos escogidos que el papa envió
               dos veces a reducir los bohemios herejes, donde trabajó mucho el espíritu y la
               persona en aumentación de la fe católica. </p>
            <p>No tenía en tal estimación las cosas humanas que le impediesen la contemplación de
               las divinas. Ordenó algunos tratados de filosofía y teología y sermones de gran
               doctrina. Y habiendo consideración <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="98"/>del yerro
               grande en que caen aquellos que sin autoridad del <roleName>Sumo Pontífice</roleName>
               presumen quitar reyes y ponerlos, ordenó un libro, fundado por derecho, contra
               aquellos que hacen división en los reinos y presumen por su propia autoridad quitar
               un rey y poner otro. Y nunca fue tan laborioso que no pensase en las cosas de Dios,
               ni tan ocioso que no trabajase en utilidad del prójimo. Estaba ya habituado en vida
               tan recta y tan razonable, que aquella gracia del libre arbitrio que le copo siempre
               la ejercitó en loor de Aquel que gela dio. </p>
            <p>El <persName>rey don Enrique cuarto</persName> le dio cargo de la embajada y
               procuración suya y de sus reinos en corte romana. Y el <roleName>papa
                  Sixto</roleName> le hizo su datario, que es oficio de gran confianza, y le proveyó
               del <placeName>obispado de Coria</placeName>. Y porque en la ciudad de
                  <placeName>Génova</placeName> acaecieron grandes divisiones y escándalos de los
               que suelen acaecer entre los de aquella ciudad, el papa, que era de aquella nación
               genovesa, deseándolos pacificar y conociendo que el honesto vevir de este perlado le
               daba gran autoridad, le envió por su legado a aquella provincia. El cual, conocidos
               los deseos de los principales movedores, y dando a cada uno las razones que entendió
               ser medecinales a su pasión, los retrojo de las vías erradas que llevaban; y puestos
               en las verdaderas que debían llevar, los amansó y pacificó los escándalos que estaban
               aparejados a la destruición de la tierra. </p>
            <p>Puestas en paz las cosas de aquella provincia y vuelto a la ciudad de
                  <placeName>Roma</placeName>, estando para ser criado cardenal en edad de
                  <date>cincuenta y cinco años</date>, feneció sus días, y tornó a la tierra tan
               virgen como salió de ella. </p>
            <p>Y porque las molestias y tentaciones en esta vida vienen a los hombres por diversas
               maneras: a unos, por que sean punidos; a otros, por que sean corregidos o por que,
               tentados con alguna adversidad, conozcan mejor a Dios; o por otros respetos notos a
               Él e ignotos a nos; puédese creer de este perlado que, así como fue amado de <pb
                  edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="99"/>los buenos por ser gran persuasor de virtudes, así
               por ser reprensor de vicios fue aborrecido de algunos malos, de cuyos mordimientos
               hobo molestias que sufrió y venció con verdadera paciencia. </p>
            <p>Ciertamente, quien considerare la vida de este claro varón hallará ser ejemplo y
               doctrina para todo hombre que quisiere bien vevir, porque ni esta opinión que tenemos
               de linaje le sublimó, ni la compostura del cuerpo, ni las riquezas le hicieron claro
               varón; ni menos se puede decir que la fortuna le fuese favorable para alcanzar la
               honra y estimación grande que hobo, mas la perseverancia que tovo en la vida virtuosa
               le abrió puerta para entrar en grandes lugares y le hizo haber acepción acerca de
               grandes señores y para haber la honra que le dio claro nombre. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_20_madrigal_avila">
            <head>Obispo de Ávila</head>

            <p>Don <persName>Alfonso, <roleName>obispo de Ávila</roleName></persName>, fue hombre de
               mediana estatura, el cuerpo espeso, bien proporcionado en la compostura de sus
               miembros. Tenía la cabeza grande, el gesto robusto, el pescuezo un poco corto. Era
               natural de la villa de <placeName>Madrigal</placeName>, de linaje de labradores. </p>
            <p>Desde su niñez tovo inclinación a la ciencia, y creciendo en días, creció más en
               deseo de aprender. Era hombre agudo y de gran memoria. Hobo principios en filosofia y
               teología. Aprendió en el <placeName>estudio <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="100"/> de
                  Salamanca</placeName>, donde recibió hábito clerical. Fue observantísimo en la
               orden que recibió, y de edad de <date>veinte y cinco años</date>, hobo el grado de
               magisterio. Y tanto resplandecía en ciencia y en vida honesta que, como quier que
               había otros de mayor edad y de gran suficiencia, pero por sus méritos fue elegido
               para leer las cátedras de teología y filosofía. Y tovo gran perseveración en el
               estudio, que el tienpo que se pasaba siempre lo tenía presente, porque gozaba en la
               hora presente de lo que en la pasada había aprendido. Tovo muchos discípulos. Y
               después que fue maestro nunca halló mostrador, porque ni se excusó jamás de aprender,
               ni fue acusado de haber mal aprendido. </p>
            <p>El papa, movido por la habilidad interior de este claro varón más que por suplicación
               exterior de otro, le proveyó de maestrescuela de <placeName>Salamanca</placeName>.
               Seyendo gran maestro en artes y teología, se dispuso aprender derecho canónico y
               cevil, y fue en aquellas facultades instructo como el más docto hombre que en ellas
               era principado. Y tan gran era la fama de su saber en todas ciencias, que, estando en
               aquel estudio, duró gran tiempo que venían a le ver hombres doctos, también de los
               reinos de <placeName>España</placeName>. </p>
            <p>Cierto es que ningún hombre, dado que viva largos tiempos, puede saber la perficción
               y profundidad de todas las ciencias, y no quiero decir que este sabio perlado las
               alcanzó todas, pero puédese creer de él que en la ciencia de las artes y teología y
               filosofía natural y moral, ey en las facultades de derecho y asimismo en el arte del
               estrología y astronomía, no se vido en los reinos de <placeName>España</placeName> ni
               en otros extraños se oyó, haber otro en sus tiempos que con él se comparase. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="101"/>Era hombre callado y resplandecía más en él la
               lumbre de la ciencia que el florear de la lengua. Fue a <placeName>Roma</placeName>
               donde sostovo conclusiones de gran ciencia; y alcanzó fama de varón muy sabio; y fue
               mirado por el papa y por todos los cardenales como hombre singular en la Iglesia de
               Dios. Este hizo muchos tratados de filosofía y teología. Y escribió sobre el texto de
               la Sacra Escritura una muy copiosa declaración y de gran doctrina que está hoy en el
                  <placeName>monesterio de Guadalupe</placeName> y en el estudio de
                  <placeName>Salamanca</placeName>, en el cual verá, quien bien la mirare, cuánto
               este perlado abundaba en todas ciencias y cómo es verdad lo que de él aquí se
               predica. </p>
            <p>El <persName>rey don Juan</persName>, que era un príncipe a quien placía oír lecturas
               y saber declaraciones y secretos de la Sacra Escritura, lo tovo cerca de sí y le hizo
               de su Consejo; y suplicó al papa que le proveyese del <placeName>obispado de
                  Ávila</placeName>. Duró perlado en aquel obispado <date>seis años</date>. </p>
            <p>Y murió de edad de <date>cincuenta y cinco</date>, conociendo a Dios y con fama del
               más sabio hombre que en sus tiempos hobo en la Iglesia de Dios. </p>
         </div>

         <div type="bio" xml:id="cvc_21_tello_cordoba">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="102"/>
            <head>Obispo de Córdoba</head>

            <p>Don <persName>Tello, <roleName>obispo de Córdoba</roleName></persName>, fue hombre
               alto de cuerpo, bien proporcionado en la compostura de sus miembros; y el rostro
               tenía honesto. Era natural de una villa que se dice <placeName>Buendía</placeName>,
               de linaje de labradores. </p>
            <p>Desde su menor edad tovo gran deseo a la ciencia. Y como quier que le menguaba lo
               necesario para continuar el estudio, pero la voluntad que tenía de aprender le llevó
               a las escuelas de <placeName>Salamanca</placeName>, confiando más en la providencia
               de Dios, que suele acorrer a los buenos deseos, que en la facultad suya ni de otro
               ninguno que le ayudase. Aprendió en un colegio de <placeName>Salamanca</placeName>
               donde muestran a los pobres por amor de Dios. Fue buen letrado en derecho canónico y
               en aquella facultad le fue dado grado de doctor. Elegió el hábito clerical y guardó
               muy bien aquellas cosas que la Iglesia estatuyó que guardasen los buenos clérigos.
               Por sus méritos fue proveído del <roleName>arcedianazgo de Toledo</roleName> y de
               otros beneficios en la Iglesia de Dios. Y como este claro varón se vido con gran
               renta, y puesto ya en la edad que demanda reposo, retrójose a la <placeName>iglesia
                  de Toledo</placeName> a servir a Dios en aquella dignidad que tenía. </p>
            <p>Era hombre a quien movía más la caridad para distribuir que la codicia para ganar.
               Compadecíase de los miserables y, veces con el consejo, veces con el consuelo y
               también con su limosna, allí do era necesario los consolaba y remediaba: porque creía
               que estos bienes temporales no se dieron más para poseer que para destribuir. Su
               deseo era hacer obras de misericordia y, poniéndolas en obra, sacaba todos los años
               cierto número de cativos cristianos <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="103"/>de tierra de
               moros. Y en esto, y en casar huérfanas y socorrer pobres, gastaba su pensamiento y
               toda la renta que tenía, reputando a pecado si de un año le fincase algo para otro. Y
               esto hizo complidamente y con tanta diligencia que sin duda se puede decir que fue
               leal despensero de sus bienes para los distribuir a voluntad del que gelos dio,
               porque servía tanto en la virtud de la caridad, que de lo necesario a su persona
               propia no curaba tanto cuanto pensaba en socorrer la necesidad ajena. </p>
            <p>Y porque fue informado que por falta de una torre que no había en un término cerca de
               la ciudad de <placeName>Alcalá la Real</placeName> perecían algunos cristianos en las
               guerras que en aquellas partes tienen con los moros, este perlado envió a la edeficar
               a sus propias expensas en el logar y forma que le fue dicho ser necesario al bien y
               defensa de aquella tierra. Otrosí, visto que algunos hombres perecían en el
                  <placeName>río de Guadarrama</placeName>, que pasa por el camino que va desde la
               ciudad de <placeName>Toledo</placeName> a la villa de
               <placeName>Torrijos</placeName>, este claro varón edeficó la puente que hoy allí está
               edificada y excusó los inconvenientes que todos los años por falta de ella en el paso
               de aquel río se recrecían. En la cual obra este perlado usó de tal magnanimidad, que,
               como viese la dificultad que algunas personas particulares ponían en la contribución
               de lo necesario para aquel edeficio, no consintió que ninguno contribuyese cosa
               alguna para él, salvo él solo acordó de lo hacer a sus expensas. Y en esta
               liberalidad nos dio a conocer cuánto más el virtuoso se deleita en el gastar, que el
               avariento pena en el guardar. </p>

            <p><pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="104"/>La <persName>reina doña Isabel</persName>, que
               tenía un singular deseo de proveer a las iglesias de sus reinos de personas notables,
               suplicó al papa que proveyese a este claro varón del <placeName>obispado de
                  Córdoba</placeName>. El cual fue proveído de aquella iglesia y, mediante los
               ruegos y exhortaciones que de parte de la reina le fueron fechas, aceptó la provisión
               que el papa le hizo de aquella dignidad. </p>
            <p>Y dentro del año que fue proveído por perlado de aquella iglesia, feneció en esta
               vida con testimonio cierto de haber ganado la otra, en edad de setenta años. </p>
         </div>

         <div type="razonamiento" xml:id="cvc_21_razonamiento">
            <pb edRef="#FP_CVC_RAE2022" n="105"/>
            <head>Otro razonamiento breve hecho a la reina nuestra señora</head>

            <p>Muy excelente reina y señora, por cierto se debe creer que tan bien se loara un hecho
               castellano como se loa un hecho romano, si hobiera escritores en
                  <placeName>Castilla</placeName> que sopieran ensalzar en escritura los hechos de
               los castellanos, como hobo romanos que supieron sublimar los de su nación romana. Así
               que imputaremos la nigligencia a los escritores que no escribieron, mas no
               imputaremos por cierto a los castellanos que no hicieron actos de virtud en todas las
               cosas donde ella, ejercitada, suele relucir. Y, por tanto, el noble caballero
                  <persName>Fernán Pérez de Guzmán</persName> dijo verdad: que para ser la escritura
               buena y verdadera, los caballeros debían ser castellanos y los escritores de sus
               hechos, romanos.</p>
         </div>
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