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         <titleStmt>
            <title ref="#LVCM"
               ana="https://archbio.miami.edu/works/libro-de-las-claras-e-virtuosas-mugeres">Libro
               de las claras e virtuosas mugereres</title>
            <author ref="#Luna" ana="https://archbio.miami.edu/authors/alvaro-de-luna">Álvaro de
               Luna (1390-1453)</author>
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               <resp>Encoded by: </resp>
               <persName ref="#SAT">Susanna Allés Torrent</persName>
               <persName ref="#XAS">Xènia Adam Solà</persName>
               <!-- añadir colaboradores UNED -->
            </respStmt>
         </titleStmt>

         <publicationStmt>
            <authority>Archive of Biographical Writings in Medieval and Early Modern Iberia
               (ArchBio)</authority>
            <ref>https://archbio.miami.edu/</ref>
            <publisher>University of Miami</publisher>
            <pubPlace>Coral Gables, FL</pubPlace>
            <availability status="free">
               <p>This electronic text is distributed by ArchBio under a <ref
                     target="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/">Creative Commons
                     Attribution NonCommercial-ShareAlike 4.0 International License</ref>.</p>
            </availability>
            <date>2020-2025</date>
         </publicationStmt>

         <sourceDesc>
            <bibl type="print" xml:id="Luna_LP_2008">
               <author>Álvaro de Luna</author>
               <title>Virtuosas e claras mugeres (1446). Edición, introducción y notas de</title>
               <editor xml:id="LP">Lola Pons Rodríguez</editor>
               <publisher>Junta de Castilla y León</publisher>
               <publisher>Instituto de la Lengua Castellano y Leonés</publisher>
               <pubPlace>Segovia</pubPlace>
               <date>2008</date>
            </bibl>

            <bibl type="digital">
               <publisher>Lola Pons. Personal Website</publisher>
               <date>2019</date>
               <ref>http://lolapons.es/wp-content/uploads/2019/12/Pons_Rodriguez_2008_VCM-1.pdf</ref>
            </bibl>
         </sourceDesc>
      </fileDesc>

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         <p>The transcription of this text follows the guidelines outlined in ArchBio's
            transcription criteria. For detailed information on the transcription process,
            conventions used, and editorial decisions, please refer to the transcription guidelines
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               >https://archbio.miami.edu/transcripcion</ref>. </p>
         <p>The encoding of this text adheres to ArchBio's encoding standards, which are detailed in
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               >https://archbio.miami.edu/codificacion</ref>. </p>
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      <revisionDesc>
         <change when="2025-03-22" who="#SAT">All biographies have been merged into one single
            XML-TEI file.</change>
         <change when="2025-03-06" who="#XAS">Text encoding and revision by Xènia Adam Solà
            following Lola Pons' edition (2008). </change>
      </revisionDesc>

   </teiHeader>
   <text xml:id="Luna_LVCM" xml:lang="es">
      <body>
         <!-- SAT: este prólogo no aparece en Pons (2008): -->
         <!--<div type="prol" xml:id="Proemio_Mena">
            <pb edRef="#Luna_MC_1917" n="17"/>
            <head>Proemio de Juan de Mena</head>
            <argument>
               <p>Prohemio de <persName>Johan de Mena</persName> en el qual faze gracias al muy
                  virtuoso e muy magnífico señor maestre de Santiago e Condestable de Castilla, en
                  nombre de las claras mugeres del nuestro tiempo, por aver compuesto tan noble
                  libro en honra dellas.</p>
            </argument>
            <p>Magnífico e muy virtuoso señor: tanto fue grande la onra que distes en la composición
               de aqueste vuestro notable libro al linage de las mugeres, que con grant razón,
               muchas claras e virtuosas señoras del nuestro tiempo, a cuya noticia ha podido venir,
               aunque no el libro, mas solamente la invención e título de aquel, han dado grande
               cuydado a fazer gracias a vuestra virtut e muy loable consideración por un tan grande
               e tan excelente beneficio, mayormente seyendo ocupado de los fechos reales, tantos,
               trabajosos e grandes, el cuydado de los quales, por la mucha excelencia de vuestra
               virtud, fueron e son encargados a vos, más que a ninguna otra persona, por el rey
               nuestro señor, después que el regimiento de los sus regnos ovo rescebido, aviendo
               mucha afectión al vuestro nombre e virtud, por quererse inclinar e reprejender por
               scriptura, siempre duradera, los siniestros dichos de algnuos que contra aquella non
               dubdavan su nombre e fama de manzillar e ofender; por lo qual abeys traído con
               sotiles e ingenyosos acarreos las vidas e obras virtuosas de muchas reynas, duquesas,
               condesas, e otras notables e muy claras dueñas e donzellas, por donde los
               maldizientes fuessen contradichos e las mugeres más loadas. </p>
            <p>Rogaron, pues, a mi, muchas de aquestas, el estado y actoridad de las quales, más
               verdaderament me podía mandar aquestas gracias por ellas fechas a vuestro nombre por
               boca de todas, e confirmadas por los coraçones de cada una. </p>
            <p>Yo las quise poner en scriptura e allegar a los vuestros títulos: pues ¿qué gracias
               podré yo fazer a vos, en nombre de aquellas, muy virtuoso e noble señor, que eguales
               sean a la excelencia de vuestra virtud?</p>
            <p>Como vos las poseáys e tengáys todas, non sé qué otras gracias se puedan fazer
               mayores a la vuestra muy magnífica persona, que declarar las que vos mesmo, señor,
               poséys e tenéys, las quales, contemplando, los a vos sugetos se espantan, e los
               amigos vuestros se deleytan, e los que non vieron se maravillan. </p>
            <p>E si la verdat no vos queremos, señor, negar, qué invención se pudiera fallar para
               escrevir más honesta que la de aqueste vuestro libro, que tan sabiamente defiende la
               honra de las mugeres, e tan templadamente castiga el desenfrenado maldezir de los
               hombres, no fue menos sabia la invención que la materia de aquesta scriptura, en la
               qual, si diligentemente queremos mirar, fallaremos que aquel que avía avido gloria de
               los <!-\-reyes por singular lealtat de servicios, gloria de los-\-> enemigos por
               bienaventurada suerte de vitorias, gloria de los amigos, por dulce e graciosa
               conversación, e de todos los otros, por claro enxemplo de fechos maravillosos, no le
               quedava que rescebiese gloria, si no generalment de todo el linage de las
               mugeres.</p>
            <p>La qual vos, señor, ganastes componiendo a honra de aquellas tan excelente e notable
               libro, por las <pb edRef="#Luna_MC_1917" n="18"/>vigilias e cuydados del qual, yo
               creo que las pasadas, en el cielo vos fazen loores, e las presentes sé que en la
               tierra vos fazen gracias, e las que son por venir, yo non dubdo solepnizen el
               magnífico nombre vuestro, con alabanças devidas, porque en memoria, siempre duradera,
               por fama gloriosa, los vuestros títulos inmortales puedan quedar e permanescer.</p>
            <p>Entonces, muy bienaventurado señor, en mayor grado será loada vuestra virtut, e más
               extendida la gloria de la vuestra fama, ca los enbidiosos adversarios, después de
               vuestro largo número de días, no les quedará materia con que la pasión del invidia
               los pueda atormentar, salvo glorioso enxemplo en vuestras fazañas, para se mejorar e
               corregir, pues ¿qué mayor gloria puede ser la vuestra, bien afortunado señor, que de
               cierto sabor<!-\- saber -\->, que la menor gloria de las que abéys de aber es la que oy
               tenéys? </p>
            <p>E bien se muestra que el vuestro muy claro e sotil engenio presenta las ymágines de
               aquesta gloria, cada día delante los vuestros ojos, por la qual conseguir e merescer,
               los trabajos vos son descanso, los cuydados, reposo, e los peligros seguridat, ¿qué
               más, sino que por aquesta, es de vos la vida, muchas vezes menospreciada e la muerte
               poco temida?</p>
            <p>El deseo de aquesta gloria vos fizo ser animoso en las batallas, reposado en los
               consejos, leal en los servicios, firme en las adversidades, e virtuoso en todas
               cosas. </p>
            <p>Demás de aquesto, vos medistes e composastes así los fechos con el tiempo, e el
               tiempo con los fechos: que nunca vuestro reposo se pudo llamar ocio, nin vuestra
               diligencia inportunidat. </p>
            <p>Por tanto, no nos maravillemos, pues nunca por escrevir perdistes tiempo, ni dexastes
               de fazer fechos grandes que otros escrivan. Pues sean a vos, ínclito señor e
               bienaventurado maestre, en tanto grado aceptables las gracias por mí fechas, en
               quanto a las claras e virtuosas mugeres han seydo vuestros graciosos libros e
               tractados.</p>
         </div>-->

         <div type="prol" xml:id="lvcm_incipit">
            <head>[Incipit]</head>
            <pb n="1r"/>
            <p>Comiença el <title>Libro de las virtuosas e claras mugeres</title>, así santas como
               otras que ovieron espíritu de profecía, e reinas e otras muy enseñadas; el qual fizo
               e conpuso el muy noble magnífico e ínclito, e muy esforçado cavallero e muy virtuoso
               señor, varón sienpre vencedor e de muy claro ingenio don <persName>Álvaro de Luna,
                     <roleName>Maestre de la orden de la cavallería del apóstol Santiago del
                     Espada</roleName>, <roleName>Condestable de Castilla</roleName>,
                     <roleName>Conde de Santestevan e Señor del Infantadgo</roleName></persName>; so
               el señorío e inperio del muy alto e muy excelente soberano príncipe e muy poderoso
               rey e señor don <persName>Juan <roleName>rey de Castilla e de
                  León</roleName></persName> etc, segundo de los reyes que en los sus reinos ovieron
               este nonbre.</p>

            <p>El volumen del qual contiene tres libros o partes principales:</p>

            <p>El primero tracta de las virtudes e excelencias de algunas claras e virtuosas e
               santas mugeres que fueron desde el comienço del mundo e so la ley divinal de
               escritura fasta el avenimiento de Nuestro Señor, en el qual libro se faze especial e
               primera mención de la santíssima <persName>Nuestra Señora santa María</persName>.</p>

            <p>El segundo libro fabla de las claras e virtuosas mugeres así romanas como otras del
               pueblo de los gentiles que fueron e bivieron so la ley de natura e non ovieron
               conoscimiento de la ley de escriptura nin de la ley de gracia. </p>

            <p>El tercero e postrimero libro tracta de algunas muy virtuosas e santas dueñas e
               donzellas del nuestro pueblo católico cristiano que fueron so la nuestra muy santa e
               gloriosa ley <pb n="1v"/> de gracia. </p>
         </div>
         <div type="libro" n="1" xml:id="lvcm_libro_1">
            <div type="prol" xml:id="tabla_1">
               <head>Primer libro</head>
               <list>
                  <desc>Síguese la tabla del primero libro.</desc>

                  <item>Santa María Nuestra Señora.</item>
                  <item>Eva nuestra primera madre.</item>
                  <item>Sarra.</item>
                  <item>María, hermana de Moisén.</item>
                  <item>Judic.</item>
                  <item>Ester.</item>
                  <item>Délbora, que fabló profetizando.</item>
                  <item>La reina de Saba.</item>
                  <item>Séfora.</item>
                  <item>Piana.</item>
                  <item>Ana, madre de Samuel.</item>
                  <item>Oldra, que ovo espíritu de profecía.</item>
                  <item>La dueña que mató a Abimelec defendiendo la cibdat de Siquim.</item>
                  <item>La fija de Jepté.</item>
                  <item>De cinco mugeres bien fabladas las quales se llamaron Abigaíl, e Teanites, e
                     la que morava en Abela que fizo que la descercase al condestable Joab, e
                     Bersabee madre de Salamón, e Sunamites.</item>
                  <item>Susaña, muger de Joaquim.</item>
                  <item>De la madre de los siete fijos que fizo atormentar Antíoco delante
                     d’ella.</item>
                  <item>Santa Elisabet.</item>
                  <item>Ana, fija de Samuel, que ovo espíritu de profecía.</item>
               </list>
            </div>

            <div type="prol" xml:id="I_proemio">
               <head>[Proemio de Álvaro de Luna]</head>
               <!--<argument>
               <p>Prohemio del muy noble e muy virtuoso e magnífico Señor Maestre e Condestable en
                  el libro intitulado, <title>De las claras e virtuosas mugeres</title>, por él
                  gloriosamente hordenado e compuesto.</p>
            </argument>-->
               <p>Comoquier que los muy grandes cuidados, así en las cosas pertenescientes al muy
                  noble e virtuoso oficio de la cavallería como al regimiento de la cosa pública e
                  de la <pb n="2r"/> governación de la casa, nos tenga ocupado en tal manera que
                  muchas cosas que fazemos nos estorvan otras que deseamos fazer, ca el tienpo non
                  puede bastar a tantas, pues han con nos lugar primeramente aquellas que lo deven
                  aver, después las otras que deseamos que lo ayan; et non negado que nos, don
                     <persName>Alvaro de Luna, <roleName>Maestre de la orden de la cavallería del
                        bienaventurado apóstol Santiago del Espada</roleName>, <roleName>Condestable
                        de Castilla</roleName></persName> so el bienaventurado regimiento e señorío
                  del muy esclarescido príncipe e muy alto e muy virtuoso rey e señor el
                     <persName>rey don Juan</persName>, rey de los sobredichos reinos, mi rey e mi
                  señor, non toviésemos grand razón para nos escusar de entrar a conponer tan grand
                  obra, como la condición de aquella demande muy mayor ocio e reposo del que nos
                  solemos nin podemos aver; mas de la otra parte presentáronse ante los ojos de la
                  nuestra consideración las virtudes e obras maravillosas e claras vidas de muchas
                  virtuosas mugeres, así santas como inperiales e reales duquesas e condessas e de
                  muchos otros estados; porque inumana cosa nos pareció de sofrir que tantas obras
                  de virtud y enxenplos de bondad fallados en el linage de las mugeres fuesen
                  callados e enterrados en las escuras tiniebras del olvidança, no poco
                  maravillándonos de tantos prudentes e santos auctores que de los fechos e virtudes
                  de los claros varones ayan fecho estendida e conplida mención, entre los quales
                  fueron el bienaventurado <persName>Gerónimo</persName>
                  <pb n="2v"/> e los dos <name>Isidoros</name>, e <persName>Genadio <roleName>obispo
                        de Costantinopla</roleName></persName>, e <persName>Braulio</persName>, e el
                  sagrado <persName>Alifonso <roleName>arçobispo de la Toledana
                     Silla</roleName></persName> e <persName>Francisco Petrarca</persName> (del qual
                  más es de maravillar porque él olvidó de los otros e fue más cercano a los
                  nuestros tienpos) por qual razón la memoria de las virtuosas mugeres e sus claros
                  fechos ayan así callando traspassado aquestos en los sus libros e tractados, salvo
                  Juan Bocacio que de aquellas algunas cosas tracta; pues estas causas nos fizieron
                  que este trabajo oviese lugar entre nuestros trabajos, y este cuidado fuese uno de
                  nuestros cuidados, pues porque salga en mayor luz la gloria de las virtudes de
                  aquellas daremos obra como todo lo que se fallare derramado en diversos libros e
                  tractados a esta materia tocante, con algunas emiendas e correcciones e otras
                  cosas por nos añadidas, auténticas e verdaderas, en el siguiente libro sea todo
                  juntado e acopilado; e para que la gloria de las virtuosas mugeres resplandesca, e
                  la su honra vaya más cresciendo, non solamente será menester mostrarlo por
                  enxenplos e vidas de las pasadas, mas provarlo por razones así de la Santa
                  Escriptura como naturales que por ellas fagan e contra aquellos que siniestras
                  cosas contra ellas non se avergüençan nin dubdan de dezir, las quales pruevas e
                  autoridades e razones en cinco preánbulos o departimientos que aquí fazemos antes
                  que a las vidas e obras virtuosas suyas <pb n="3r"/> serán demostradas.</p>
            </div>

            <div type="prol" xml:id="preambulo_1">
               <head>[Preámbulo I]</head>
               <argument>
                  <p>Preánbulo primero, donde prueva el autor por sotiles razones que los vicios o
                     menguas non vienen a las mugeres por naturaleza mas por costumbre, a los quales
                     vicios non han más inclinación las mugeres que los ombres</p>
               </argument>

               <p>Queriendo yo seguir la orden de aquellos que estudiosamente escrivieron, mi
                  propósito es demostrar por quáles loanças de virtudes las nobles mugeres ayan
                  esclarescido. Por ende, primeramente desecharé las opiniones non buenas que el
                  pueblo comúnmente tiene contra las mugeres diziendo mal d’ellas, porque, esto
                  fecho, más linpiamente relunbre el resplandor de la gloria d’ellas. En la
                  consideración de las quales yo me pienso ser dicho en el comienço deste libro lo
                  que baste, si las palabras non se desvían de la materia de que fablamos, porque
                  ciertamente en todas las cosas egualmente non se requiere una forma o manera de
                  provar, mas cada una cosa demanda e requiere quanto e aquello que la natura e
                  calidat d’esa mesma cosa demanda, e que es pertenesciente para la rescibir. Pues
                  que así es, asaz será primeramente mostrar por obra e brevemente lo que a este
                  fecho de las mugeres pertenesce, e dende, que se muestre más largamente por
                  enxenplos de las cosas ya acaescidas, por los quales la obra será fecha más
                  abierta e clara a todos, e así el comienço <pb n="3v"/> desto sea este.</p>
               <p>Digo que los vicios, que quiere dezir errores o menguas, por los quales el pueblo
                  movible presume querer amenguar las mugeres, o diremos que ellas los han por
                  costunbre o por natura. Esto es cosa non conveniente, porque ninguna de las cosas
                  que por natura son non acostumbra natura de las fazer en otra manera de como son
                  segund natura. E si fuese verdad que las mugeres oviesen estas menguas
                  naturalmente de sí mesmas, seguirse ýa que ninguna santidat, ninguna religión,
                  ninguna linpieza, ninguna virtud singular non avría florescido en muger alguna, lo
                  contrario de lo qual es la verdat, porque todas estas cosas que son virtuosas
                  aunque mayormente sean de atribuir a la virgen sin manzilla <persName>Nuestra
                     Señora santa María</persName> por la su muy grand excelencia, enpero otras
                  muchas mugeres han resplandescido en ellas e las han avido segund que adelante
                  será dicho.</p>

               <p>Pues que así es, paresce claramente que las menguas o errores non sean en las
                  mugeres por natura mas por costunbre, porque los onbres tractando los unos con los
                  otros son fechos justos o injustos, como la justicia sea dar su derecho a cada
                  uno; asimesmo usando aquellas cosas en que corre peligro segund que en las
                  batallas nos acostunbramos de las fazer, o con temor o teniendo firmemente que las
                  acabaremos, et por esta costunbre e exercicio o uso somos fechos fuertes o
                  temerosos; otrosí usando aquellas cosas que son en las delectaciones del cuerpo
                  somos fechos por ellas <pb n="4r"/> tenprados o destenprados; et por esta mesma
                  manera de las otras cosas semejantes. Por lo qual, si por la costunbre las
                  virtudes e las menguas son cosas propias a nos por la inclinación natural que a
                  ellas avemos, como las virtudes nin las menguas non sean apetitos o deseos nin
                  poderíos virtuales, mas son virtudes que avemos e ganamos por las costunbrar a
                  fazer muchas vezes, et así por los apetitos que naturalmente avemos de nuestro,
                  non devemos ser loados nin vituperados, porque estas cosas non son en nuestro
                  poder, mas avémoslas por la inclinación natural, comoquier que por las virtudes,
                  las quales ganamos usando e obrando de virtud merescemos loança, e por las menguas
                  o errores que son contrarias a las virtudes usando e obrando de las tales menguas
                  merescemos vituperio, ca usando las virtudes fazemos lo que es bueno, e usando las
                  menguas e errores fazemos lo que es malo. E todo esto fazemos de nuestro libre
                  alvedrío e voluntad, lo que non es así en los apetitos o deseos o voluntades, ca
                  muchas vezes deseamos e queremos lo que es malo aunque nos pesa dello, e el juizio
                  de la razón nos dize que lo non devemos obrar nin fazer. E eso mesmo es en los
                  poderíos naturales, porque ser el onbre a natura fuerte o flaco o sanguino o
                  colórico o de buena e sana conplisión o enferma, esto non lo faze ser bueno nin
                  malo nin por ello deve ser loado nin vituperado, pues lo él non faze nin obra de
                  su voluntad mas es por natura; <pb n="4v"/> así que segund esto, se sigue de
                  nescesario ser libre entrada egual e parejamente así a las mugeres como a los
                  onbres, quier a las menguas e errores, quier a las virtudes, e que non es el
                  contrario desto como non derechamente lo piensan algunos. De lo qual faze
                  testimonio de todo en el segundo libro de las <title>Éticas</title> muy claramente
                  aquel varón filósofo <persName>Aristótiles</persName>, el qual con muy grand cura
                  movido por la gloria del grand filósofo <persName>Sócrates</persName> ayuntó a la
                  prudencia o cordura el bueno e polido razonar e fablar.</p>

            </div>

            <div type="prol" xml:id="preambulo_2">

               <head>[Preámbulo II]</head>
               <argument>
                  <p>Preánbulo segundo, donde se declara qué cosa sea bienaventurança e quántas
                     opiniones ovo entre los antiguos fablando d’ella e cómo es dada igual entrada a
                     los onbres e a las mugeres a la bienaventurança e que así pueden ellas ser
                     virtuosas como ellos.</p>
               </argument>
               <p>Así esto suso dicho yo piense que baste asaz para conveniblemente poder confirmar
                  las cosas por mí dichas si tractásemos solamente con onbres letrados; mas enpero
                  como eso mesmo ayamos de tractar acerca del pueblo común e rudo, los quales muchas
                  vezes non por derecho juizio de razón, mas por desviado error de opinión son
                  guiados, yo judgo esto de refirmar más largamente.</p>
               <p>Porque la bienaventurança, la qual todos deseamos, paresce que ella sea en dos
                  maneras: la una aquella bienaventurança que aquel varón romano muy bien fablante
                  llamado por nonbre <persName>Torcato Boecio</persName> determina e difine <pb
                     n="5r"/> en el su libro tercero llamado <title>De la Consolación de la
                     Filosofia</title>, la qual bienaventurança él dize ser <quote>"un estado
                     perfecto e conplido en que están ayuntados todos los bienes, de la qual
                     bienaventurança usan las ánimas de los bienaventurados en veer e contenplar a
                     Dios"</quote>. E quien negase aquesta ser bienaventurança verdadera, a tal avés
                  yo pensaría él ser de sano entendimiento.</p>

               <p>La otra manera de bienaventurança es aquella de que fablan los muy claros
                  filósofos llamados e nonbrados estoicos e peripatéticos, porque los otros
                  filósofos llamados epicuros acerca de mí non han lugar nin fago mención d’ellos,
                  porque aquellos filósofos llamados epicuros ponían la bienaventurança en las
                  delectaciones del cuerpo, mas, tornando a los filósofos llamados estoicos e
                  peripatéticos, digo que las opiniones de aquestos filósofos son entre sí non
                  concordables, porque algunos dizen ser la bienaventurança en la sola virtud, como
                  ellos digan segund que plaze a aquel varón muy bien razonado llamado
                     <persName>Tulio Cícero</persName> en el su <bibl>primero libro que se escrive
                        <title>De la Natura de los Dioses</title></bibl>, que quiere dezir los
                  ángeles, ninguno non poder ser bienaventurado sin la virtud de sí mesma, non solo
                  para bien bevir, mas aun para bienaventuradamente bevir. Otros filósofos dizen la
                  obra contenplativa que es contenplar en Dios ser aquella la bienaventurança, así
                  como el filósofo <persName>Aristótiles</persName>, varón doctado de celestial
                  engenio, <pb n="5v"/> escrive en el <bibl>décimo libro llamado <title>De las
                        Éticas</title></bibl>, que quiere dezir ‘de las costunbres’, por aquello que
                  él allí afirma que los ángeles son bienaventurados por ellos contenplar en Dios
                  que es causa primera e comienço e medio e fin de todas las cosas. E dize que non
                  son bienaventurados por otra causa salvo por esta contenplación; por lo qual las
                  obras de los onbres que a esta contenplación son muy cercanas serán ciertamente
                  muy bienaventuradas.</p>

               <p>Et como la natura madre de todas las cosas qualquier cosa que aya traído e criado
                  la aya fecho perfecta e conplida, non solamente de las cosas que tienen ánima que
                  siente o entienden, mas aun aquellas que así son nascidas de la tierra que por las
                  sus raízes se esfuerçan en su governación así como los árboles e plantas, por
                  ende, non es dubda que la natura aya otrosí dado a las mugeres aquella excelencia
                  o sobrepujança de conplimiento o perfección, la qual entonce dezimos cada uno
                  tener dentro de sí si alcança el fin al qual la natura lo aya engendrado.</p>
               <p>Pues como la bienaventurança sea aquel fin que la entención de todos los mortales
                  con toda diligencia trabaja por lo alcançar, non enbargante si el apetito o deseo
                  o voluntad d’ellos así aya seído e sea perezoso que por las blanduras o engaños de
                  la fortuna sea enbargado e traído a falsas cosas, síguese que en las voluntades de
                  las mugeres sea de dentro engendrado el apetito o deseo desta bienaventurança e
                  que la ellas deseen e quieran <pb n="6r"/> así como los omes.</p>

               <p>E quier sea aquella manera de bienaventurança de la qual ay contienda acerca de
                  los teólogos e de los filósofos, diziendo los unos que es una e los otros que es
                  otra, quier sea otra manera de bienaventurança, asaz paresce que sin medianería de
                  las virtudes non se puede aver entrada a esa bienaventurança qualquier que ella
                  sea. Por lo qual finca de nescesario non ser a las mugeres cerrada la vía e puerta
                  e camino para las virtudes, segund que non es cerrada a los onbres, mas ser igual
                  entrada a ella así a las mugeres como a los onbres. Et esto porque tal deseo como
                  suso es dicho non quede vazío e sin obra, como natura non acostunbra fazer cosa
                  vana nin en balde.</p>
            </div>

            <div type="prol" xml:id="preambulo_3">
               <head>[Preámbulo III]</head>
               <argument>
                  <p>Preánbulo III, donde por razones de Santa Escriptura se muestra que por el
                     pecado original non deven ser más culpadas las mugeres que los onbres</p>
               </argument>

               <p>Demostrado por natural razón que sea posible así a las mugeres como a los onbres
                  poder usar de las virtudes e de los fechos loables, de aquí adelante queda que con
                  provadas autoridades de la Sacra Escriptura yo escuse a las mugeres e muestre non
                  ser de tachar nin culpar más que los onbres. Para lo qual es de tomar por
                  fundamento el criamiento del onbre e de la muger; ca, según la Sacra Escriptura
                  dello faze verdadero testimonio, ciertamente el fazedor así del onbre como de la
                  muger fue uno e ese mesmo Dios Nuestro Señor, el <pb n="6v"/> qual los fizo e crio
                  a la su imagen e semejança quanto al juizio e a la razón segund se muestra
                  abiertamente por la autoridat del <bibl>primero libro de la ley de Dios llamado
                        <title>Génesi</title></bibl>, e amos a dos ovieron de Dios una e esa mesma
                  bendición egualmente, sin alguna diferencia nin departimiento.</p>

               <p>Segund lo qual claramente paresce ser una e esa mesma razón de los onbres que de
                  las mugeres, e así lo determina el apóstol <persName>sant Pablo</persName> en la
                        <bibl><title>Epístola primera enbiada a los de una cibdat llamada por nonbre
                        Corintio</title> en el capítulo XI</bibl>, do dize que <quote>"comoquier que
                     el varón non sea de la muger, mas la muger es del varón"</quote> –que quiere
                  tanto dezir que <persName>Adam</persName> el primero onbre non fue nascido de
                  muger, mas la muger fue fecha de la costilla de <persName>Adam</persName>, e así
                  dize que non es criado el varón por la muger, mas la muger por el varón– pero que
                  el varón es imagen e gloria de Dios, e la muger es gloria del varón, el qual non
                  es sin la muger nin la muger sin él, porque así como la muger es del varón, así el
                  varón es por la muger, e que el varón e la muger todos son por Dios e en Dios
                  etc.</p>

               <p>De lo qual se concluye que comoquier que el varón aya mayor excelencia que la
                  muger e él sea cabeça de la muger segund lo dize el dicho apóstol, pero quanto a
                  la virtud e al fin por que son criados así el varón como la muger amos a dos son
                  iguales.</p>

               <p>Otrosí paresce más esto por tanto que, segund la Sacra Escriptura, a la muger non
                  fue principalmente defendido <pb n="7r"/> el comer del árbol del saber bien e mal
                  de donde descendió el pecado e culpa original, por el qual
                     <persName>Adam</persName>, que fue el primero onbre, fue echado de paraíso, e
                  todos los que d’él vinieron sacada la <persName>virgen María</persName> fueron
                  condepnados por aquel pecado fasta que <persName>Nuestro Señor
                     Jesucristo</persName> verdadero Dios e verdadero onbre tomó carne en el vientre
                  virginal e nos redimió por su santa pasión e preciosa sangre, mas principalmente
                  paresce ser fecho este defendimiento a <persName>Adam</persName>. Lo qual se
                  muestra así por el <bibl>segundo capítulo del <title>Génesi</title></bibl>, e así,
                  pues que a <persName>Adam</persName> fue fecho el defendimiento principalmente, e
                  él era cabeça, a él principalmente pertenescía la guarda d’él. E esto mesmo
                  paresce así por las palabras de Dios quando dio pena a <persName>Adam</persName> e
                  a <persName>Eva</persName> su muger por el traspasamiento de su mandamiento en
                  este caso, ca non dize ende que Dios oviese defendido a la muger que non comiese
                  de aquel árbol nin que ella oviese traspasado su mandamiento, mas solamente que le
                  dio pena por el solo comer penando a ella tan solamente e non a otra cosa por
                  causa d’ella segund paresce por el <bibl>tercero capítulo del dicho <title>Libro
                        del Génesi</title></bibl>. Mas en la sentencia que Dios dio contra
                     <persName>Adam</persName> por este traspasamiento, non solo fue penado
                     <persName>Adam</persName>, mas aun la tierra que es fuera d’él, et por esto,
                  por el pecado d’él, segund lo qual bien paresce que en caso que Eva nuestra madre
                  aya comido del árbol vedado por engaño del diablo por cuya invidia la muerte entró
                  en <pb n="7v"/> el mundo segund la autoridad del sabio en el su <title>Libro de la
                     Sabidoría</title>, que principalmente el pecado fue contado a
                     <persName>Adam</persName> como él fuese varón e cabeça e a él avía fecho Dios
                  el vedamiento e a él pertenescía principalmente guardar el mandamiento e vedar el
                  pecado. E así paresce por la diversidat e departimiento de la pena de cada uno
                  d’ellos como suso es declarado, pues <persName>Adam</persName> fue penado en mayor
                  grado que <persName>Eva</persName>. Et aun quando la Sacra Escriptura faze mención
                  deste pecado principalmente fabla de <persName>Adam</persName> segund el profeta
                     <persName>Isaías</persName> en el <bibl>capítulo XLIII</bibl> cerca del fin, do
                  dize: <quote>"El tu padre primero pecó"</quote> etc, pero, quier se deva atribuir
                  este pecado a <persName>Adam</persName> quier a <persName>Eva</persName>, fue
                  lavado e absuelto e quitado por la venida del rey de los reyes <persName>Nuestro
                     Señor Jesucristo</persName> quando le plogo rescibir muerte e pasión en quanto
                  onbre en la cruz por redención e salvación del linage de los onbres.</p>

               <p>E si la nuestra madre <persName>Eva</persName> seyendo ella engañada por las
                  arterías del diablo como suso es dicho incurrió en alguna culpa, aquella fue
                  restaurada e quitada por causa de la virgen sin manzilla <persName>Nuestra Señora
                     santa María</persName>. Et con esto concuerda bien lo que el apóstol
                     <persName>sant Pablo</persName> escrive en el <bibl><title>Epístola enbiada a
                        los romanos</title> en el capítulo V</bibl>, e asimesmo en el <bibl>capítulo
                     XV de la <title>Epístola que enbió a los de Corintio</title></bibl>, do dize
                  que como fuésemos enemigos somos reconciliados a Dios por la muerte del su fijo
                  etc, segund lo qual después del avenimiento e pasión de Nuestro Señor <pb n="8r"/>
                  todos los fieles somos por el santo bautismo lavados del pecado original e de la
                  culpa e pena d’él así los onbres como las mugeres. De lo qual se sigue que por el
                  pecado original non son nin deven ser más culpadas las mugeres que los onbres.</p>
            </div>

            <div type="prol" xml:id="preambulo_4">
               <head>[Preámbulo IV]</head>
               <argument>
                  <p>Preánbulo IIII, donde se prueva por razones de la Santa Escriptura que los
                     sabios que dixieron mal de las mugeres, que lo entendieron por las desordenadas
                     mas non por todas.</p>
               </argument>

               <p>Porque aquellos que han querido escrivir diziendo mal contra las mugeres paresce
                  que se ayan movido por autoridades del rey e sabio <persName>Salamón</persName> e
                  de otros, pero bien entendidas las dichas autoridades aquellas solamente fablan e
                  se entienden de las desordenadas mugeres ajenas de virtudes, mas non de las
                  virtuosas. Lo qual muestran las palabras del dicho rey e sabio
                     <persName>Salamón</persName> e de los otros autores en los lugares donde
                  d’ellas fablan, ca non solamente escrivieron contra las mugeres desordenadas, mas
                  aun eso mesmo e más grave escrivieron contra los onbres desordenados e menguados
                  de virtudes; esto non a fin de afear las mugeres como algunos han querido pensar,
                  mas por dar doctrina así a los onbres como a las mugeres que se quitasen de los
                  errores o menguas e se llegasen a las virtudes, segund que esto claramente paresce
                  por el su libro llamado de los <bibl><title>Proverbios</title> en el primero
                     capítulo e en otros siguientes</bibl>, <pb n="8v"/>los quales yo dexo por
                  abreviar. E quanto en esto, él non faze diferencia del onbre a la muger nin de la
                  muger al onbre, ca de la muger virtuosa e buena escrive el dicho sabio e rey
                     <persName>Salamón</persName> muchas loanças en el <bibl>quinto capítulo del
                     dicho libro e en otros capítulos siguientes</bibl>, et eso mesmo faze el sabio
                  en el su libro llamado <title>Eclesiástico</title>, e después que el dicho rey e
                  sabio <persName>Salamón</persName> ha tractado en el dicho su libro largamente los
                  vicios de la desordenada e non virtuosa muger, faze e acaba el postrimero capítulo
                  del dicho <title>Libro de los Proverbios</title> en las loanças de la virtuosa
                  muger diziendo entre las otras cosas que el su precio e valor es muy grande e vale
                  mucho, e síguese adelante que los fijos de aquesta la predicaron por muy
                  bienaventurada e por su marido es ella muy loada.</p>

               <p>De lo qual se concluye que las autoridades por donde algunos paresce que quisieron
                  o por ventura entendieron afear las mugeres solamente fablan e se entienden de las
                  desordenadas, mas non de las buenas e virtuosas, así como las autoridades que
                  fablan de los malos onbres non se pueden nin deven entender de los buenos e
                  virtuosos mas de los otros que lo non son.</p>

               <p>Porque el sabio <persName>Salamón</persName> en algunas de las sobredichas
                  autoridades fabla generalmente contra las mugeres, por ventura pensarán algunos
                  que por esto él aya fablado contra todas non sacando nin apartando las unas de las
                  otras, lo qual non es así, porque esto <pb n="9r"/> mesmo han fecho él e los otros
                  sabios fablando de los onbres a los quales generalmente paresce condenar en
                  algunos lugares, non sacando alguno de ellos, segund que lo faze el salmista
                     <persName>David</persName> que fue rey e profeta especialmente en el
                     <bibl>Salmo IIII e V</bibl> e muy más claro en el <bibl>Salmo XIII</bibl> que
                  comiença: <quote>"Dixo el insipiente en su coraçón non ay Dios etc"</quote>, en el
                  tercero verso que dize así: <quote>"El Señor acató desde el cielo sobre los fijos
                     de los onbres por ver si avría en ellos quien entendiese o requiriese al Señor,
                     todos se arredraron del camino de la verdad, todos en uno son fechos onbres sin
                     provecho, non ay en ellos quien faga bien nin aun uno"</quote> etc, e en otros
                  muchos salmos. Otrosí eso mesmo por lo que se escrive en el <bibl>sesto capítulo
                     del <title>Génesis</title></bibl> do dize: <quote>"Vido Dios que mucha era la
                     malicia de los onbres en la tierra e todos los pensamientos de su coraçón
                     tendían en mal en todo tienpo e pesole porque avía fecho al onbre en la
                     tierra"</quote> etc., e en el octavo capítulo del dicho libro quasi en fin do
                  dize: <quote>"El seso e el pensamiento del coraçón del onbre prestos son para mal
                     de su mocedad"</quote> etc.</p>

               <p>Las quales autoridades e otras muchas de la Sacra Escriptura que dexo por non
                  alongar paresce a primera vista que fablan generalmente de todos los onbres non
                  faziendo departimiento de los buenos a los malos. Comoquier que ello bien
                  entendido, la verdad es en otra manera porque aquellas autoridades solamente
                  fablan e se entienden contra los malos <pb n="9v"/> e non contra los buenos e
                  virtuosos, lo qual muestra el sobredicho salmista en el <bibl>primero Salmo</bibl>
                  allí do dize: <quote>"Bienaventurado es el varón que non andudo en el consejo de
                     los malos e en la vía de los pecadores non estovo"</quote> etc, et en el
                     <bibl>Salmo Octavo</bibl> do dize: <quote>"Feziste al onbre poco menor que los
                     ángeles, coronástelo por gloria e honra e establecístelo sobre la obra de las
                     tus manos, todas las cosas sojudgaste so los sus pies"</quote> etc.</p>

               <p>De las quales autoridades e de otras muchas de la Sacra Escriptura así del Viejo
                  como del Nuevo Testamento paresce claro que non todos los onbres mas solamente los
                  malos serán dañados, e que los onbres virtuosos e justos serán salvos, así que las
                  autoridades que generalmente parecen condepnar los onbres solamente se entienden e
                  fablan de los malos, e las que parescen ser por los onbres solamente fablan e se
                  entienden de los buenos e non de otros. Et por esta mesma vía las autoridades que
                  parescen ser contra las mugeres ciertamente fablan de las desordenadas, e las que
                  son por ellas fablan e se entienden de las buenas e virtuosas e non de las otras,
                  et, quanto en esto, non paresce ser apartamiento alguno de los onbres a las
                  mugeres.</p>
            </div>

            <div type="prol" xml:id="preambulo_5">
               <head>[Preámbulo V]</head>
               <argument>
                  <p>Preánbulo V e postrimero donde da razones por que deve començar en Nuestra
                     Señora.</p>
               </argument>

               <p>De aquí adelante queda que con autoridades <pb n="10r"/> de grand excelencia así
                  de la Sacra Escriptura como de los grandes filósofos e sabios yo ensalce e
                  magnifique la gloria de las muy santas e claras e nobles e virtuosas mugeres. E
                  como muy noblemente aquel varón romano llamado <persName>Tulio</persName> escrive
                  en aquel dezir que él fizo al noble <persName>César</persName>
                  <roleName>enperador de <placeName>Roma</placeName></roleName> en ayuda de un
                  cavallero romano llamado <persName>Marco Marcelo</persName> loando la clemencia e
                  piadat d’él: <quote>"Esta gloria non es otra cosa salvo muy noble fama de grandes
                     merescimientos"</quote>, ciertamente esta gloria asaz dignamente avrá comienço
                  de una fuente de virtudes muy grandes si la virgen bienaventurada
                     <persName>Nuestra Señora Santa María</persName> poseyere el primero lugar en
                  esta obra. E esto no judgo yo que se deva así fazer porque ella por ser puesta en
                  el primero lugar pueda conseguir por esto algund resplandor de gloria allende de
                  la que de sí mesma tiene, ca la su gloria que dura para sienpre tanto es muy
                  esclarescida e muy excelente que ninguna edat de tienpo, quantoquier que sea
                  luenga, podrá escurescer el su resplandor que ella ha de Dios, ca ciertamente esto
                  acaesce a las cosas de los onbres, porque qualquier cosa mortal comoquier que sea
                  muy clara e magnífica por tienpo viene a perescer de su fama si non es ayudada con
                  beneficios de escriptura; mas así como esta virgen gloriosa por su maravillosa
                  mansedunbre de la qual se escrive en el <bibl>primero capítulo del
                        <title>Evangelio de sant Lucas</title></bibl> 
                  <quote>"Aquí es la sierva <pb n="10v"/> del Señor, sea fecho a mí segund la tu
                     palabra"</quote>, ella meresció ser ensalçada por Dios sobre todas las
                  excelencias de las mugeres e aun sobre la natura angélica en la silla de su
                  magestad, como faze desto testimonio la ledanía de los santos en la qual por
                  ordenança de toda la iglesia fecha por el Espíritu Santo la dicha señora gloriosa
                  abogada nuestra es primera e principalmente puesta e asentada non solo ante que
                  los apóstoles e patriarcas e profetas e los otros santos mas aun ante89 que las
                  órdenes de los ángeles, e como se aquí faga mención de las mugeres muy honestas yo
                  juzgo ser cosa muy digna que esta bienaventurada Nuestra Señora posea en esta obra
                  el primero lugar porque ella como gloria e onor de aquellas esclarezca esta obra
                  con su lunbre, e por ruego suyo sea esta obra defendida e librada del inbidia de
                  los malos con el grand favor de su muy clara magestad.</p>
            </div>



            <div type="bio" xml:id="I_1_maria">

               <head>Capítulo primero. Santa María Nuestra Señora</head>

               <p>¡O virgen bienaventurada e gloriosa!, si en el tu vientre virginal traxiste aquel
                  el qual non solamente con excelente e divinal razón rige, mas crio tantos
                  movimientos del cielo, tantas maravillosas órdenes de estrellas, tantas costantes
                  revoluciones del sol, el qual sol, quier acercándose a nos, quier apartándose,
                  produze tanta diversidat de tienpo, es a saber: estío, otoño, verano <pb n="11r"/>
                  e invierno; si tú traxiste a aquel el qual posee todo el principado de la natura,
                  e al qual rescibir non podían los cielos, ¿quién será aquel que pueda dignamente
                  contar tus loores? Ciertamente ninguno, aunque fablase por boca de ángel.</p>

               <p>Tú, gloriosa virgen, eres espejo de honestad, grand tenplo de santidad, onorable
                  vaso de verdad, blanco lilio de virginidad, rosa suave de paraíso
                  resplandesciente, corona de las santas vírgines, inperatriz de los ángeles, boz
                  magnífica de los profetas, doctrina de los apóstoles, enxienplo glorioso de los
                  mártires, maravillosa regla de los confesores. Tú eres piadosa, tú umil, tú
                  devota, nascida de ínclita prosapia de reyes e de santíssimos profetas, patriarcas
                  e sacerdotes, pues de razón es escripto de ti en el <bibl>quarto capítulo de los
                        <title>Cánticos</title></bibl>: <quote>"Toda fermosa eres e manzilla en ti
                     non se falla; tú de fija fecha madre"</quote>, así como escrive
                     <persName>Isaías</persName> en el seteno capítulo: <quote>"Catad que la virgen
                     concibrá e parirá fijo, el nonbre del qual será llamado
                        <persName>Hemanuel</persName>, es a saber, Dios fuerte o Dios con
                     nos"</quote>. Abriste con una maravillosa mansedunbre la puerta de la eternal
                  vida, la qual por el pecado del primero onbre muchos siglos fue cerrada, e así,
                  maravillosa virgen gloriosa, obraste que el linage de los onbres pudiese venir a
                  aquella alta bienaventurança de paraíso para la qual fue por Dios criado.</p>

               <p>Mas, ¿para qué, virgen gloriosa yo deva tractar contando tus loores, así como si
                  la gloria d’ellos oviese menester agena ayuda? Ciertamente <pb n="11v"/> a ellos
                  non es nescessaria alabança agena porque non tan solamente son magnificados por
                  boca de los fieles mas aun de los infieles, la qual non callará jamás por ningund
                  tienpo quantoquier que sea muy luengo nin cesará de recontar aquellos. Et por
                  ende, yo delibré callar todos los otros loores que a mí fuera posible de dezir, e
                  por esto una sola cosa queda, es a saber: umilmente suplicaré que seas presente en
                  esta obra e quieras deñar de la guardar de los engaños e enbidias de los malos,
                  porque yo te pueda dezir aquello que dize el profeta <persName>David</persName>:
                     <quote>"Non a mí, virgen gloriosa, non a mí, mas a tu santo nonbre sea
                     gloria"</quote>.</p>
            </div>


            <div type="bio" xml:id="I_2_eva" xml:lang="es">
               <head>Capítulo II. Eva, nuestra primera madre</head>

               <p>Cosa conveniente es después de la Virgen gloriosa ser fecha mención de la muy
                  vieja madre de todos, es a saber, <persName>Eva</persName>, por la su maravillosa
                  excelencia, como por mano del muy alto Dios obrador e criador de todas las cosas
                  ella mereció ser fabricada non de lodo nin polvo mas de la costilla e carne propia
                  del varón.</p>
               <p>El qual, segund la autoridad del salmista <persName>David</persName>, es poco
                  menor que los ángeles, coronado por Dios de gloria e de honor, e la más excelente
                  e noble criatura que Dios en lo terrenal aya fecho, e non en aqueste valle de
                  lágrimas e mar de amargura lleno de trabajos e tristezas, mas en el paraíso
                  terrenal que es lleno de todas cosas delectables segund que por el <bibl>segundo
                        <pb n="12r"/> capítulo del libro de la ley llamado el
                     <title>Génesi</title></bibl> claramente paresce. El suelo del qual lugar se
                  amuestra ser muy plazible por ser cubierto de muy alegre verdura e departido por
                  flores de muchos e fermosos colores do riegan los canpos olientes de toda suavidad
                  aquellos quatro ríos muy linpios do aquel dicho segundo capítulo faze mención, los
                  quales corren por sueno suave, onde juegan aves pintadas con canto de fermosa
                  melodía en los ramos que se umillan abaxo, e las fojas suenan por movimiento del
                  manso aire, onde los árboles estienden sus sonbras relunbrantes por verdura espesa
                  muy agradable.</p>
               <p>¡O bienaventurada madre, a la qual tan singular, tan alto, tan maravilloso
                  previlegio es otorgado! E, ¿quál excelencia?, ¿quál gloria pudo ser mayor que
                  aquella, es a saber: ella ser fecha e criada en lugar muy delectable e plazentero
                  de los deleites por mano de aquel Dios que bive e reina para sienpre jamás, e non
                  ser fecha nin criada del limo de la tierra, así como <persName>Adam</persName> e
                  todas las otras cosas que tienen ánima, mas de la más noble materia? Ciertamente
                  podemos dezir que ninguna gloria non fue mayor que esta.</p>

               <p>E si los estoriadores e los muy polidos en la manera artificiosa del fablar se
                  suelen maravillar de la bienaventurança de aquel noble varón romano llamado por
                  nonbre <persName>Quinto Metelo</persName>, mayormente porque entre los otros
                  beneficios que la fortuna le otorgó ella quiso aquel ser nascido en la casa de la
                  gloria inperial e que descendiese de los enperadores <pb n="12v"/> de
                     <placeName>Roma</placeName>, e asimesmo le dio muy claros dones de fuerça e
                  fermosura corporal, enpero, ¿quién non puede considerar o quien non vee aver seído
                  mucho mayor la gloria de la sobredicha nuestra primera madre?, como sea
                  magnifiesto ella ser criada en lugar muy más excelente por el príncipe muy más
                  alto de todos, es a saber, Nuestro Señor Dios, el criamiento de la qual non fue
                  menor que el criamiento de <persName>Adam</persName>.</p>
               <p>Porque así <persName>Eva</persName> como <persName>Adam</persName>, cada uno
                  d’ellos, segund se escrive abiertamente por el <bibl>primero capítulo del
                        <title>Libro del Génesi</title></bibl> fueron criados a la imagen de Dios, e
                  a cada uno d’ellos fue dado igual inperio de usar de todas las cosas del mundo, e
                  de ser antepuestos a todas las animalias que se mueven e sienten. E si
                  bastantemente queremos considerar de quánta gloria e excelencia fue el su
                  nascimiento o fundamento desta nuestra madre <persName>Eva</persName>, ninguno non
                  puede negar la generación de las mugeres ser muy bienaventurada por quanto aquel
                  criador del mundo, el qual non solo muchas cosas aparejó, mas tan departidas e tan
                  plazibles todas las crió para el uso e servicio de los onbres, porque non solo en
                  un tienpo del año, mas sienpre por novedad e abastamiento d’ellas ayamos
                  delectación, él fizo pura de toda manzilla a <persName>Eva</persName>, primera
                  madre nuestra, la qual donde es llamada <foreign>"virago"</foreign> que quiere
                  dezir "varonil", así como <persName>Adam</persName> que es llamado en la Sacra
                  Escriptura varón, lo qual paresce así por aquella autoridad de la ley <pb n="13r"
                  /> divinal que dize: <quote>"Vido Dios todas las cosas que fizo, e eran muy
                     buenas"</quote>, la qual nuestra primera e muy antigua madre Dios arreó por muy
                  claro ingenio e por muy loable onestidad e por maravillosos dones del cuerpo e del
                  alma porque la fechura correspondiese a su fazedor, la excelencia de la qual e
                  quánta aya seído non se podría declarar por ninguna razón aunque aquella fuese muy
                  alta e muy bastante, nin aun ciertamente se podría bastantemente entender por el
                  coraçón.</p>

               <p>Porque si la natura que ninguna cosa non faze sin razón se esfuerça e entiende en
                  crear e sacar las cosas muy buenas, ¿quién deve dubdar que aquel muy conplido
                  maestro de las cosas e muy más aventajado sobre toda natura, es a saber, Nuestro
                  Señor Dios, aya criado e fabricado la obra de sus manos que fue nuestra madre
                     <persName>Eva</persName> tan noble e tan maravillosamente como fazerse podiese?
                  Et si por aventura alguno quiera pensar esto non ser así, dezimos que él es sin
                  seso o que non entiende que la divinal sabiduría non es mendiga nin avarienta nin
                  en ningunas de las cosas enbidiosa, antes suele dar e comunicar el tesoro de la su
                  bondad granadamente e sin ninguna mengua. E mayormente a aquellos la figura de los
                  quales él figuró con su ferramienta o escoplo. ¡Con quánta perfección e con quánta
                  orden él aya fecho todo el mundo que las partes d’él así son <pb n="13v"/>
                  establecidas que para uso nin para fermosura non podieron ser mejores nin más
                  fermosas!</p>

               <p>Por lo qual conviene concluir o que el poderoso Dios por invidia non aya querido o
                  por non poder o por otra cosa que lo enbargase aya dexado de apostar e honrar de
                  todos los dones del cuerpo e del ánima a la muy antigua madre nuestra, es a saber,
                  del ánima que dura para sienpre, la qual non tenga cosa alguna de las hezes de la
                  tierra, otrosí ser fecha participante a las cosas de Dios porque contenple e acate
                  el cielo. Las quales cosas, es a saber: invidia o mengua de poder u otro enbargo,
                  non caen en Dios, e ser pensadas contra él sería muy grande maldad. Lo primero non
                  podía ser, como Dios sea muy altamente bueno, nin tanpoco lo segundo, como el su
                  poderío sea muy infinito, nin otrosí lo tercero, como aquel que es sobre la
                  naturaleza e señor de todas las cosas non puede ser enbargado por ninguna cosa, ca
                  él contiene todas las naturalezas de las cosas e ellas son so su poderío e
                  mandamiento, por lo qual fue nescesario que todas las cosas obedesciesen a su
                  voluntad.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="I_3_sara" xml:lang="es">
               <head>Capítulo III. Sarra</head>
               <p>Después de la primera e más antigua de todas <persName>Eva</persName> madre
                  nuestra, en escrivir las loanças de la qual algund tanto del tienpo paréscenos
                  aver pasado, razonable cosa es dever ser aplicada alguna <pb n="14r"/> parte del
                  nuestro trabajo a la nuestra madre <persName>Saray</persName>, que después, mudado
                  el nonbre, fue llamada <persName>Sarra</persName>, muger del grande patriarca
                  padre nuestro <persName>Abrahán</persName>, la qual non olvidó el profeta
                     <persName>Isaías</persName> en el <bibl>cinqüenta capítulo de su libro</bibl>
                  donde amonestando al pueblo de <placeName>Israel</placeName> dize así:
                     <quote>"Parad mientes a <persName>Abrahán</persName> vuestro padre e a
                        <persName>Sarra</persName> vuestra madre etc"</quote>.</p>
               <p>Esta santa <persName>Sarra</persName> madre nuestra segund que muy notablemente
                  paresce por su istoria sienpre resplandeció en muchas e altas virtudes, ca ella
                  morando con su marido en su propia tierra de los caldeos, por mandado del dicho
                  patriarca marido suyo dexó aquella tierra e su padre e madre e parientes e
                  naturaleza e lo siguió e se fue con él para tierra de
                     <placeName>Canaán</placeName>. E dende por fanbre que allí avía ovieron marido
                  e muger de se descender en <placeName>Egipto</placeName>, e así andovieron en
                  grande e luenga peregrinación pasando muchos afanes e peligros e trabajos,
                  guardando ella sienpre su honestad e castidad con grande fe e esperança e caridad
                  e mucha firmeza e prudencia aviéndose en todos sus actos e fechos muy religiosa e
                  virtuosamente, ca, en especial, como ella fuese muy fermosa, algunos reyes de
                  aquella tierra la quisieron aver para sí, enpero Dios non permitió nin dio lugar a
                  ello. E ella guardó muy conplidamente su castidad en tal manera que ella fue libre
                  d’ellos.</p>
               <p>Los merescimientos e virtudes de la qual fueron tantos e de <pb n="14v"/> tanto
                  valor que ella fue digna que Dios le enbiase un ángel, el qual le dixiese de su
                  parte seyendo ella de edad de noventa años que a Dios plazía que oviese el dicho
                  patriarca su marido un fijo en ella, el qual sería llamado
                     <persName>Isaque</persName>. Este fue uno de los tres principales patriarcas
                  que Dios ha puesto en el su dictado por muy grande e singular cosa, segund paresce
                  por muchos lugares de la <title>Sacra Escriptura</title> allí donde dize:
                     <quote>"El Dios de Abrahán e de Isaque e de Jacob"</quote>.</p>
               <p>¡O muger santa e de muy grandes virtudes!, con la qual Dios fizo tan grandes
                  miraglos: lo primero, librándola de poderío de aquellos reyes tiranos porque su
                  castidad fuese guardada; lo segundo, queriendo que ella concibiese en tan grande
                  edad de noventa años, que fue una cosa tan señalada e tan maravillosa e contra
                  toda costunbre natural, por lo qual paresce ésta ser una grand cosa e muy notable
                  por especial gracia de Dios; lo tercero, que pues esta santa muger meresció serle
                  enviado el ángel por Dios, por el qual le enbió anunciar e dezir que en su tan
                  grand vejez avía de concebir e parir aquel fijo que después ovo, e en este tan
                  grande mensage acatado así el que lo enbiava que era Dios como el mensagero que
                  era ángel, paresce ser ella muy aventajada más que algunas otras mugeres, sacada
                  sienpre sobre todas la <persName>virgen Nuestra Señora santa María</persName>, a
                  la qual non se pueden nin deven conparar ningunas otras mugeres quantoquier que
                     <pb n="15r"/> sean santas e virtuosas, nin aun todas; lo quarto, por quanto non
                  enbargante que el dicho patriarca <persName>Abrahán</persName> sea cabeça de los
                  otros patriarcas e el que primeramente conosció a Nuestro Señor Dios, el qual aún
                  entonce non era conoscido por las gentes e lo él predicó, e por su mandado e
                  servicio dexó su tierra e nación e posesiones e bienes e andovo peregrinando por
                  el mundo pasando muchos trabajos e afanes segund más largamente su istoria
                  recuenta –el qual era tan santo e tan excelente que Dios en la <title>Sacra
                     Escriptura</title> lo llamó amigo suyo– ese mesmo Nuestro Señor Dios mandó al
                  dicho patriarca <persName>Abrahán</persName> que siguiese en todas las cosas los
                  consejos e ordenança desta tan santa e tan virtuosa muger suya
                     <persName>Sarra</persName>, segund todo esto paresce muy notablemente por el
                  Libro del <bibl><title>Génesi</title> desde el onzeno capítulo fasta el XXI</bibl>
                  del dicho libro donde más largamente su istoria lo recuenta.</p>

               <p>De lo qual podemos dezir e concluir que esta santa e muy virtuosa dueña allende de
                  la su muy grand fermosura corporal e asimesmo del espíritu profético, pues los
                  ángeles por Dios a ella eran enbiados, avía en sí muchas e grandes gracias e
                  virtudes e excelencias muy especiales, otrosí porque en señal de mayor grado ella
                  meresció que Dios le mudase el primero nonbre que ella avía, es a saber:
                     <persName>Saray</persName>, e fuese llamada <persName>Sarra</persName>, que es
                  nonbre que muestra grande excelencia. E segund se lee en el <bibl>capítulo XVII
                     del <title>Génesi</title></bibl>, asimesmo porque ella fue tan virtuosa e santa
                     <pb n="15v"/> e digna ante Dios que meresció ser bendicha por Dios segund más
                  largamente se lee en el dicho capítulo, e allende de todas las sobredichas gracias
                  esta muy santa madre nuestra deve ser muy singularmente loada e encomendada de la
                  virtud de obediencia que es mayor que el sacrificio, segund faze dello testimonio
                  la <title>Sacra Escriptura</title> en muchos lugares, especialmente en el
                     <bibl>libro primero de los Reyes en el capítulo XV</bibl> allí donde dize:
                     <quote>"Mejor cosa es obedescer que sacrificar"</quote>, la qual obediencia se
                  falla largamente por su istoria e entre las otras cosas paresce por aquello que
                  ella sienpre llamava señor a su marido e que lo non nonbrava por otro vocábulo, e
                  porque por lo librar de muerte en aquella tierra, la qual era llena de tiranos e
                  malos onbres, obedesciendo mandamiento de su marido se dixo ser hermana suya
                  porque gelo él así avía mandado, teniendo que si se llamase su muger lo matarían
                  aquellos reyes tiranos de aquella tierra por la grand fermosura e apostura
                  d’ella.</p>

               <p>E vistas aquestas cosas, tienpo es de pensar con mucha diligencia la grande
                  dignidad de las cosas e fechos desta santa madre nuestra, de donde podemos juzgar,
                  bien acatada su istoria, ella sienpre aver seído muy cobdiciosa e deseosa de la
                  virtud de honestad, la fuerça de la qual es tanta que si en qualquier persona
                  fuere vista alguna lunbre d’ella juzgaremos la tal ser muy noble e digna de todo
                  honor. Pues agora pensemos quánta fue la su piedad muy noble, la qual sin grand
                  maravilla non se puede <pb n="16r"/> contenplar en tanto que con muy ardiente e
                  loable deseo e voluntad, dexada su tierra e parientes, poniéndose a infinidos
                  trabajos e peligros, siguió a su marido, porque en las regiones peregrinas con
                  grand amor lo sirviese, e aquel servicio de Nuestro Señor Dios, al qual segund los
                  filósofos estoicos dizen son ayuntadas la virtud de la justicia e las otras
                  virtudes, muy grande e noblemente ella lo cunpliese.</p>

               <p>E por esta sola virtud de obediencia paresce muy claramente esta santa e muy
                  honrada madre nuestra aver resplandescido en todas las sabidorías muy derechas, e
                  si es loado aquel cavallero romano llamado <persName>Coriliano</persName>, varón
                  de grand coraçón e doctado de muy alto consejo por la piadad que en sí ovo, la
                  qual non negó a su propia madre; e asimesmo son ensalçados por maravillosa piadad
                  los <name>dos hermanos griegos</name> que traxieron a la su madre propia al
                     <placeName>tenplo de Genu</placeName> a sacrificar seyendo ella muy vieja e
                  doliente; otrosí son ensalçados los <name>dos secilianos</name> que troxieron a
                  sus padres en los sus onbros por medio de los fuegos de
                     <placeName>Ethena</placeName> que son llamados de
                     <placeName>Mongibel</placeName>, por manera que non rescibieron dapño; otrosí
                  son ensalçados los <name>dos españones</name> el coraçón de los quales fue muy
                  noble de su nascimiento, los quales por el mantenimiento de sus padres dieron sus
                  vidas e morieron, por lo qual esclarescieron por gloria salidos desta vida, enpero
                  esta muy singular virtud de piedad non fizo de menor gloria a la muy noble
                     <persName>Sarra</persName> madre <pb n="16v"/> nuestra, la qual con muy grand
                  amor siguió su marido doquier que él fuese e se puso a tan grandes trabajos.</p>

               <p>¡O virtud muy grande, alta e maravillosa!, la qual es de anteponer a las otras
                  virtudes que por ningund roido, por ningunos mandamientos, por ningunos
                  establescimientos de filosofía, por las fuerças propias que callan e non fablan,
                  maravilloso amor pone en los coraçones de los onbres, en tanto que muchas vezes
                  desnudándose alguno de su propio amor e caridad de sí mesmo se ha vestido de amor
                  e caridad de sus padres e de sus fijos e de los otros e la muger del amor de su
                  marido; pues que así es, asaz razonablemente podemos dezir
                     <persName>Sarra</persName> madre nuestra muy tenprada deve ser enxalçada por
                  muy altas loanças, pues que acerca d’ella tan abastadamente floreció esta virtud
                  muy honrada de honestad, por las quales loanças ella por la su vida dio singular
                  demostramiento que ella non acostunbrava demandar nin desear otra cosa salvo
                  aquello que era muy santo bueno e honesto e virtuoso, e que ella aborrescía todo
                  juego e toda manera de loçanía.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="I_4_maria-moises" xml:lang="es">
               <head>Capítulo quarto. María ermana de Moisén, hermano de Aarón</head>

               <p>Pues que de suso avemos fablado segund nuestra industria e estudio de la muy
                  tenprada <persName>Sarra</persName> madre nuestra, la orden de nuestra escriptura
                  demandaría que la muy cuerda <persName>Rebeca</persName>, muger del grand
                  patriarca <persName>Isaque</persName>, e asimesmo las muy sabias e virtuosas <pb
                     n="17r"/>
                  <persName>Raquel</persName> e <persName>Lía</persName>, mugeres del grand
                  patriarca <persName>Jacob</persName> florescientes por maravillosos dotes de sus
                  coraçones, nos las ensalçásemos por ayuntamiento de muchas loanças, si
                     <persName>María</persName>, profetiza hermana del grand profeta
                     <persName>Moisén</persName> e de <persName>Arón</persName>, primero sacerdote
                  del <name>pueblo de Israel</name>, por la grandeza de las sus muy nobles virtudes
                  non nos troxiese a que d’ella devamos fablar.</p>

               <p>La qual, como muy amadora de todos los muy nobles enseñamientos e abastada de
                  espíritu de Dios, se lee que ella teniendo en su mano un instrumento músico por
                  cántico celestial de grande suavidad e dulcedunbre más que las otras mugeres del
                     <name>pueblo de Israel</name>, que la siguían e ivan en pos d’ella en el tienpo
                  qu’el dicho pueblo iva por medio del <placeName>Mar Bermejo</placeName> librado de
                  la cruel servidunbre de los <name>egipcianos</name>, aver ensalçado la gloria non
                  mortal de aquel muy alto príncipe que toda la natura manda e contiene, es a saber,
                  Nuestro Señor Dios, segund paresce por el libro de la ley de Dios llamado
                        <bibl><title>Éxodo</title> en el quinto décimo capítulo</bibl>; onde se
                  muestra que esta santa profetiza <persName>María</persName> aya seído guiadora en
                  la liberación de su gente e pueblo, la qual liberación non se podía fazer por
                  ninguna avisación de onbre mortal, e aver seído igualada a
                     <persName>Moisén</persName> e <persName>Arón</persName> sus hermanos varones
                  muy santos, segund paresce por el profeta <persName>Miquea</persName> en el
                     <bibl>capítulo VI de su libro</bibl>, donde se escrive que Nuestro Señor Dios,
                  por la sabidoría del qual todo el mundo se rige, retrayendo al <pb n="17v"/>
                  <name>pueblo de Israel</name> porque bivían mal e recontando los beneficios que
                  les avía fecho, dizía aquestas palabras: <quote>"Pueblo mío, yo te traxe de tierra
                     de <placeName>Egipto</placeName> e te saqué de la casa de servidunbre e enbié
                     ante ti a <persName>Moisén</persName> e a <persName>Arón</persName> e a
                        <persName>María</persName>"</quote> etc.</p>

               <p>La qual <persName>María</persName> era avida e tenida en el <name>pueblo de
                     Israel</name> en tan grande e tan alta reputación, e se fazía d’ella tan grand
                  cuenta que segund se lee por su istoria, andando el dicho pueblo por el yermo por
                  entrar a tierra de promissión, ella fue ocupada por siete días que non pudo partir
                  del lugar onde el dicho pueblo estava, e todas las huestes de los doze tribus del
                  dicho pueblo, de los quales cada un tribu traía su estandarte, se detovieron en
                  aquel lugar onde primeramente estavan e non partieron de allí aquellos siete días
                  fasta tanto que la dicha <persName>María</persName> fue libre e se partieron todos
                  en una conpañía. Eso mesmo paresce por la grande honra e solepnidad que el dicho
                  pueblo le fizo al tienpo de su muerte.</p>

               <p>Pues agora, ¿quién es de tan poco sentido que non piense aquesta dueña
                     <persName>María</persName> ser adelantada a muchos e grandes varones, así en
                  toda gloria de las cosas que pertenescen al servicio de Dios como en virtud e
                  grandeza de consejo, e en sofrimiento e paciencia de todas las cosas que
                  pertenescen a los onbres, como eso mesmo en menospreciamiento de la fortuna, e
                  dende en toda otra virtud que es conveniente e firme deseo del ánima, la qual faze
                  loable a aquellos que la <pb n="18r"/> han?, si por la boca de Dios veemos la
                  dicha santa muger ser igualada a estos tan santos e tan notables varones, a los
                  quales nin aun <persName>Jecobete</persName> madre d’ellos muy guardadora de todas
                  las muy claras virtudes non leemos que aya seído conparada, non enbargante que
                  esta <persName>Jecobete</persName> aya resplandecido por señalada cordura e
                  avisación en tanto que tan sabiamente tovo ascondido a <persName>Moisén</persName>
                  su fijo luego que nasció, que ella le procuró la vida e que non peresciese porque
                  el <name>rey Faraón</name> avía mandado matar todos los fijos machos que nasciesen
                  del <name>pueblo de Israel</name> segund que se lee en su istoria en el
                     <bibl>sesto capítulo del <title>Libro del Éxodo</title></bibl>. </p>

               <p>Mas, ¿para qué me deterné yo en recontar las loanças desta muy noble
                     <persName>María</persName>? Ca paresce ella dever ser puesta adelante de los
                  varones romanos muy triunfantes de los quales acerca de los muy polidos
                  escriptores de las istorias se dizen d’ellos pocas cosas, pues que non fallamos
                  escripto que ninguno de los romanos llamados del linage de los
                     <name>Metolos</name>, ninguno de los <name>Catones</name>, ninguno de los
                     <name>Curcios</name>, ninguno de los <name>Cepiones</name>, nin alguno de los
                  otros ser encomendado por la boca de Dios por muy altos e grandes loores, segund
                  que lo fue esta muy bienaventurada dueña. Ca ciertamente diría yo que faría
                  injuria a ella si la conparase a <persName>Sócrates</persName>, vaso de la
                  sabidoría de los onbres, non enbargante qu’el dicho <persName>Sócrates</persName>
                  fue adelantado e sobrepujado en tanta firmeza de coraçón, <pb n="18v"/> tanto que,
                  en el tienpo que falsamente él fue acusado de muerte ante aquellos malos juezes,
                  non demandó abogado que por él razonase ante los juezes, mas ante teniendo en la
                  mano el vaso de la ponçoña dixo palabras tan santas por las quales non parescía
                  que él era traído a la muerte, mas que se iva para el cielo.</p>
               <p>Pues que así es, abasta fasta aquí nos aver trabajado la péndola, porque razonable
                  cosa es rendir las armas e dar lugar a la sentencia del muy alto Dios que desta
                  santa dueña dize tantas loores e tornaremos a fablar de las otras.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="I_5_judith" xml:lang="es">
               <head>Capítulo quinto Judith</head>

               <p><persName>Judic</persName> ebrea dueña biuda fija de <persName>Mararí</persName>
                  fijo de <persName>Ador</persName> fue de los mayores de la cibdad de
                     <placeName>Betulia</placeName>, esta ovo por marido a
                     <persName>Manasés</persName>. La qual yo non sé por quáles dignas loanças sea
                  enxalçada, ca por grandeza de coraçón non vencible alcançó palma de victoria del
                  muy poderoso príncipe <persName>Oloferne</persName>. E comoquier que aquel noble
                  varón romano llamado <persName>Bruto</persName> paresce aver conseguido muy grande
                  gloria e fortaleza quando libró la tierra del poderío real, así como
                     <persName>Titus Livius</persName> muy claramente faze dello testimonio en aquel
                  su <bibl>libro primero llamado <title>Del Fundamento de la cibdad de
                     Roma</title></bibl>, e asimesmo qu’el glorioso varón <persName>Quinto
                     Nuncio</persName> paresce aver conseguido grand gloria, el qual por amor de la
                  cosa pública sin alguna esperança de su salud se puso a matar al rey llamado
                     <persName>Porsena</persName> que era enemigo de los romanos e les fazía guerra;
                  otrosí aquel noble varón romano llamado <persName>Oracio Cloeclem</persName>, el
                  qual contra <pb n="19r"/> todas las muchedunbres de los enemigos se puso solo en
                  una puente en tanto que los otros romanos ronpían la dicha puente porque por ella
                  los sus enemigos non oviesen paso nin entrada a la cibdad de
                     <placeName>Roma</placeName> como ese mesmo <persName>Titus Livius</persName> en
                  el <bibl>segundo libro <title>Del Fundamento de la cibdad de Roma</title></bibl>
                  escrive, enpero mucho paresce aver alcançado <persName>Judic</persName> muy grande
                  gloria segund que claramente se lee en su estoria en el libro intitulado <title>De
                     Judic</title>, el qual es encorporado en la <title>Biblia de la Santa
                     Escriptura</title> actorizado e rescibido por el <name>Concilio Miceno</name>
                  contándolo entre las otras santas escripturas, segund faze dello testimonio el
                  bienaventurado <persName>sant Gerónimo</persName> en el prólogo deste libro.</p>

               <p>E la istoria es aquesta: paresce que el muy poderoso e grande príncipe
                     <persName>Nabucodonosor <roleName>rey de Bavilonia</roleName></persName>,
                  después que venció en el canpo llamado <placeName>Gerioc</placeName> al grand rey
                     <persName>Arafaxat <roleName>rey de los medos</roleName></persName>, el qual
                  era rey muy poderoso e avía sojuzgado muchas gentes, creció tanto en sobervia e
                  orgullo de su coraçón por causa desta victoria que él quiso ser enperador de todo
                  el mundo, e aun non solo esto, mas aun quiso ser adorado en Dios por todas las
                  gentes. E porque muchos non le quisieron rescibir nin esto consentir, él mandó a
                  un grand príncipe de la su cavallería llamado <persName>Olofernes</persName> que
                  fuese contra todos los reinos de poniente, e especialmente contra aquellos que
                  avían menospreciado el su inperio, non perdonando a ninguno, e que los sujuzgase
                  todos so el su <pb n="19v"/> señorío.</p>

               <p>Estonce el dicho príncipe <persName>Olofernes</persName>, llamados los duques e
                  condes e otros grandes onbres de la cavallería de <placeName>Siria</placeName>,
                  escogió de todos ellos grand número de onbres d’armas e vallesteros e peones, los
                  quales mandó ir delante sí con cavallos e viandas e mantenimientos sin cuento. E
                  discurrió por muchos regnos e tierras e cibdades e fortalezas e las tomó e
                  sojuzgó, e destruyó muchas cibdades e mató muchas gentes e derribó muchos tenplos
                  siguiendo el mandamiento que el rey <persName>Nabucodonosor</persName> le avía
                  fecho queriendo que él solo fuese llamado Dios de todas las nasciones que el dicho
                  príncipe <persName>Olofernes</persName> sojuzgase.</p>

               <p>E como esto oyesen el <name>pueblo de Israel</name> que moravan en tierra de
                     <placeName>Judea</placeName> ovieron dello grand temor, teniendo
                  <!-- temiendo? -->que lo mesmo que avía fecho a los otros regnos e cibdades e
                  tenplos eso mesmo faría a la cibdat de <placeName>Gerusalem</placeName> e al
                  tenplo de Dios que en ella era e a todo aquel regno. Para lo qual començaron de se
                  aprecebir fortalesciendo sus cibdades e villas e lugares en quanto podían, e
                  poniendo gentes que guardasen los caminos e los lugares estrechos porque la hueste
                  del príncipe <persName>Olofernes</persName> non podiese pasar a ellos. Pero esto
                  non les prestó cosa alguna, ca <persName>Olofernes</persName> con todas sus gentes
                  e con los príncipes que con él venían pasó adelante por aquel reino e asentó real
                  sobre una cibdad de <placeName>Judea</placeName> llamada
                     <placeName>Bitulia</placeName> e la puso en tanto estrecho tomándoles el agua
                  fasta que el príncipe <persName>Osías</persName> que era en aquella cibdad
                  prometió de le <pb n="20r"/> dar al dicho príncipe <persName>Olofernes</persName>
                  dentro de cinco días, si Dios por otra vía non les enbiase algund socorro.</p>

               <p>En esta cibdad era una dueña biuda llamada <persName>Judic</persName>, la qual,
                  segund cuenta su istoria, comoquier que fuese muy noble e de alto linage e de las
                  muy mayores de su pueblo e fermosa e muy rica –ca su marido le avía dexado grandes
                  heredamientos e posesiones e ganados e bienes– ella era muy honesta e virtuosa, ca
                  después que su marido morió aunque quedó muy moça ella se encerró en un
                  apartamiento de su casa en lo más alto d’ella, en el qual estava secreta e
                  apartadamente con sus donzellas trayendo cilicio a carona del cuerpo e faziendo
                  vida muy áspera, ca ayunava todos los días de su vida, sacando las fiestas, e
                  sobre todo ella avía muy buena fama e temía mucho a Dios, e non era quien d’ella
                  dixiese mal ninguno. E como esta oyese que el príncipe <persName>Osías</persName>
                  avía otorgado de entregar la cibdad a los enemigos como suso es dicho, ovo dello
                  grand sentimiento e fizo ayuntar los sacerdotes de aquella cibdad e díxoles muchas
                  cosas reprehendiendo aquella promesa. E en conclusión aviendo grand fiuza e
                  esperança en Dios, dixo que ella entendía poner en obra un fecho que avía pensado,
                  por donde la cibdad, mediante la ayuda de Dios, sería librada.</p>

               <p>Para lo qual ella se vistió muy ricamente e en grand aparato e salió de la cibdad
                  sola con una sirvienta llamada <persName>Abra</persName> como su istoria
                  largamente recuenta, e se fue para el dicho príncipe
                     <persName>Olofernes</persName> dándole a <pb n="20v"/> entender que se pasava e
                  iva para él porque a ella era revelado que él avía de tomar e ganar aquella cibdad
                  e aquel regno. El qual dicho príncipe la rescibió muy bien, e vista su grand
                  fermosura e graciosidad, luego fue preso del su amor. E finalmente él trabajó de
                  la aver para sí. E comoquier que ella repondiese que era presta de fazer su
                  mandado, pero su voluntad d’ella non era esta, antes todavía ella perseverava
                  orando a Dios por la deliberación de su cibdad e pueblo, e sienpre guardó su
                  castidad con grand prudencia e honestad, en tal manera que el dicho príncipe
                     <persName>Olofernes</persName> non ovo que ver con ella, antes aquella noche
                  que él entendía poner en obra su pensamiento, él fue así lleno de vino e privado
                  de todo su entendimiento que, él dormiendo, ella le cortó la cabeça con un
                  cuchillo que cerca de su cama estava.</p>

               <p>E ante del día se pasó a la dicha cibdad de <placeName>Betulia</placeName> ella e
                  la dicha sirvienta suya con la cabeça del dicho príncipe
                     <persName>Olofernes</persName>, la qual mostró al príncipe
                     <persName>Osías</persName> de aquella cibdad e a todo el pueblo dando muchas
                  gracias a Dios porque tan grand fecho le plogo acabar por industria de la dicha
                     <persName>Judic</persName>. Lo qual visto, todo el pueblo que era en aquella
                  cibdad se posieron en armas e salieron por mandado e ordenança de
                     <persName>Judic</persName> contra los <name>asirianos</name>, los quales
                  sentida la muerte de su príncipe fuyeron e desanpararon su real. E así estos como
                  los otros de aquel <placeName>regno de Judea</placeName>, a los quales el dicho
                  príncipe <persName>Osías</persName> enbió sus mensageros avisándoles desto,
                  persiguieron los <name>sirianos</name> e mataron <pb n="21r"/> muchos d’ellos. E
                  todos los de <placeName>Betulia</placeName> salieron e robaron el canpo; así que
                  la cibdad e todo aquel regno por el consejo e obra desta sabia dueña fincaron
                  libres e en paz, e ella perseveró sienpre en su castidad e onestad biviendo muy
                  santa e religiosamente fasta que morió, e en tanto que bivió sienpre fue avida en
                  grand reverencia e reputación, e todo el pueblo la honraron e sirvieron aviéndola
                  por señora e mayor sobre sí. E después de su muerte le fizieron sus honras e
                  exequias muy honrada e solepnemente, non solo un día mas siete días continuos
                  segund la costunbre d’ese tienpo.</p>

               <p>E comoquier que las sus loanças e virtudes muy excelentes largamente son
                  recontadas por su estoria, el bienaventurado <persName>sant Gerónimo</persName>
                  las escrive breve e sumariamente en el prólogo del dicho libro diziendo así:
                     <quote>"Tomad a Judic la biuda que es enxenplo de castidad, la qual para
                     sienpre pregonad por loores de victoria, porque esta non solo a las fenbras mas
                     aun a los varones es dada por enxienplo e doctrina e enseñança para que todos
                     deseen fazer lo que ella fizo, ca el galardonador de la su castidad que es
                     Nuestro Señor Dios le dio tal virtud que venciese al que de todos non podía ser
                     vencido e sobrepujase al que de todos non podía ser sobrepujado, es a saber, el
                     príncipe Olofernes etc"</quote>.</p>

               <p>Pues que así es, digo que mucho es de enxalçar por infinitas e inmortales loanças
                  esta dueña <persName>Judic</persName>, la qual con coraçón fuerte e grande
                  prudentemente ordenó ella querer librar la tierra <pb n="21v"/> e quiso ella ante
                  padescer por muchos que con muchos perescer. ¡O grandeza de coraçón de aquesta
                  muger!, la qual non fue de menor maravilla que de gloria, porque ella non juzgó
                  ser pensado por cosa grave ningund daño que ella padesciese por la salud de su
                  tierra, porque con muy grand virtud pagase a la cosa pública aquel honor que le
                  devía. Por lo qual, dexadas las vestiduras luctuosas que ella como muger biuda e
                  honesta acostunbrava traer, ungió su cuerpo con mirra muy buena e apostose con
                  aparato muy precioso, non por causa de desonestidad mas de virtud, porque ella por
                  excelencia e prudencia e consejo del su ingenio floresciente muy bien entendió lo
                  que avía de ser. E tomada consigo la dicha su servienta llamada
                     <persName>Abra</persName> sallió de la cibdad, e yendo con grand firmeza de
                  coraçón a la muchedunbre de los enemigos sin número, creo que ella fablava consigo
                  segund que a las de vezes lo suelen fazer los otros sabios estas palabras:</p>

               <p>
                  <q who="#judith">-Yo non soy nascida para mí sola, mas aun para los parientes e
                     para los amigos e mucho más para la mi tierra, en la qual lo uno e lo otro muy
                     santo es contenido, pues que así es, la vida que al fado es devida, a la salud
                     de la tierra mayormente sea pagada, porque esta me crió e acostunbró por muy
                     buenas costunbres e muy honestos enseñamientos. Pues, ¿quál cosa por mí
                     abastadamente le puede ser pagada?</q>
               </p>

               <p>¡O muger muy notable e de grand coraçón!, la qual razonablemente es de conparar a
                  los varones muy buenos e mucho más excelentes <pb n="22r"/> que los otros, porque
                  ¿quál onbre de tan grande e tan fuerte e tan excelente coraçón nunca fizo cosa más
                  clara? Podemos dezir que ninguno, nin aun ciertamente ese noble varón romano
                  llamado <persName>Decio</persName>, el qual por salud de su hueste fizo voto e en
                  medio de sus enemigos se lançó, así como noblemente lo testifica <persName>Titus
                     Livio</persName> en el <bibl>libro octavo que <title>Del Fundamento de
                        Roma</title></bibl> se escrive; nin aun el otro cavallero llamado
                     <persName>Decio</persName> fijo deste <persName>Decio</persName>, el qual
                  siguiendo la gloria del padre por salud de la cosa pública dexó la vida aunque la
                  non perdió, así como en ese <bibl>libro décimo <title>Del Fundamento de
                        Roma</title></bibl> se escrive eso mesmo. Porque esta virtuosa dueña por
                  cosa muy flaca e muy pequeña que es la presente vida redimió la cierta e muy
                  grande vida que es la de todo el pueblo e la su tierra e gloria e fama. Ella
                  ofreció la vida, tomó la tierra; puso a peligro el cuerpo, ganó la gloria. La qual
                  con muy grand loança por manifiesta verdad non será obscurescida. Nin fizo cosa
                  más clara aquel cavallero llamado <persName>Cipión el Africano</persName>, el
                  qual, destroída por él la cibdad de <placeName>Cartago</placeName>, mucho guardó
                  la cosa pública.</p>

               <p>Mas quánta fue su justicia desta dueña, todos lo pueden bien ver, porque a los
                  peligros e a los trabajos por la salud común de grado se dio, ciertamente aquella
                  grandeza de coraçón que es acatada en los peligros, ca el que pelea por salud de
                  la cosa pública e non por sus provechos non diremos que non faze la virtud de
                  justicia, porque ninguna justicia non <pb n="22v"/> es mayor que cada uno ponerse
                  a muerte por la salud de su tierra si en alguna manera él sepa poder aprovechar a
                  ella. Mas, quánta fue la prudencia desta dueña la salida e fin del negocio lo
                  declaró, porque muy discreta e onorablemente entendió lo que era por venir e para
                  lo conplir aparejó estudio e diligencia. Ciertamente aquesto es lo propio desta
                  virtud: que cada uno mayormente acate en cada cosa lo que se deva fazer. Mas,
                  quánta fue la su tenprança maravillosa cosa es de dezir, porque sienpre ella
                  usando por pensamientos de cosas muy nobles, así como el dicho libro que de su
                  triunfal loança se escrive abiertamente lo dize, fizo obediente el apetito o
                  voluntad a la razón, de lo qual non ay cosa más noble para guardar los oficios de
                  la ordenada manera. Ella estudió dar tal orden en sus fechos porque en fabla e en
                  vida todos fuesen entre sí muy concertados e convinientes. Pues, ¿qué recontaré de
                  lo que tañe al servicio de aquel muy alto Dios?, el qual sienpre como yo pienso
                  por pura e entera e non corronpida voluntad e boz ella ha honrado e servido, ¿qué
                  diré de la singular castidad, piedad, mansedunbre, bondad e de todas las otras sus
                  virtudes muy claras?</p>

               <p>Ciertamente mejor es callar que pocas cosas desta muy noble dueña fablar, porque
                  muy largo sermón sería menester para esto, e porque las otras virtuosas mugeres
                  non sean amenguadas por las loanças desta, parésceme <pb n="23r"/> ser conviniente
                  dexar de escrivir más d’ella e dende pasar la péndola a la muy noble e virtuosa
                     <persName>Ester</persName>.</p>
            </div>


            <div type="bio" xml:id="I_6_ester">
               <head>Capítulo seis</head>

               <p><persName>Ester</persName> la reina muger ebrea fija del hermano de aquel noble e
                  prudente cavallero <persName>Mardoqueo</persName>, comoquier que por fortuna e
                  gloria e fermosura corporal aquesta reina fue muy más noble que todas las otras
                  mugeres del su tiempo, enpero mucho fue esclarescida por grandeza de excelente
                  ingenio e de señalada sabidoría e de loable firmeza.</p>

               <p>Esta reyna, segund cuenta la estoria de su libro llamado <title>Ester</title>, el
                  qual es encorporado en la <title>Biblia</title> e contado e rescibido entre las
                  otras escripturas santas d'ella, fue muger del muy poderoso rey llamado
                     <persName>Asuero</persName>, el qual reinó desde las
                     <placeName>Indias</placeName> fasta <placeName>Etiopía</placeName> en que avía
                  ciento e veinte e siete provincias. En la casa e corte del qual <persName>rey
                     Asuero</persName> eran entre otros muchos dos cavalleros: el uno ebreo llamado
                     <persName>Mardoqueo</persName> e el otro gentil llamado
                     <persName>Amán</persName> del linage de <name>Agag</name>. Estos se tractavan
                  siempre muy mal, tanto que el dicho <persName>Amán</persName>, el qual era muy
                  poderoso e más acepto al rey que el otro, queriendo destroir al dicho
                     <persName>Mardoqueo</persName> e a todo el pueblo de los judíos de donde el
                  dicho <persName>Mardoqueo</persName> era, suplicó al dicho rey que le quisiese
                  vender todo el dicho pueblo que en su señorío e tierra bivía para que los él
                  podiese matar e destroir e robar, e fiziese d'ellos lo que quisiese, atrayéndole a
                  esto diziendo que <pb n="23v"/>aquel pueblo tenían leyes apartadas e non tenían
                  nin guardavan la ley del rey. E el dicho rey dando fee a las palabras de
                     <persName>Amán</persName> plogóle de lo mandar así.</p>

               <p>Lo qual venido a noticia de la dicha <persName>reyna Ester</persName> ella se puso
                  en grand ayuno e oración, e comoquier que segund la ley e costunbre de aquel reyno
                  de <placeName>Persia</placeName> e <placeName>Media</placeName>, ninguna presona
                  de ningund estado nin condición non era osada de llegar al rey sin su especial
                  mandado, e el que lo contrario fazía era digno de muerte salvo si el rey en señal
                  de clemencia e piadad enderesçase contra el que así a él venía un verdugo de oro
                  que él siempre acostumbrava traer en la su mano, la dicha <persName>reyna
                     Ester</persName> poniéndose a peligro de muerte por salvar su pueblo, pasados
                  primeramente tres días que ella e sus donzellas e los otros de aquel pueblo que
                  moravan en la cibdad de <placeName>Susis</placeName>, cabeça de aquel regno donde
                  el rey continuadamente fazía su morada, avían estado en ayuno e oración rogando a
                  Dios que librase la reina de aquel peligro, ella se vistió e puso en aparato real,
                  e se fue para el palacio del rey donde él estaba asentado en consejo en la su
                  silla imperial. El rey, como la vido, tendió contra ella en señal de clemencia e
                  piadad el verdugo de oro que en la su mano tenía, el cabo del qual ella besó con
                  grand reverencia e umildad fincados los inojos ante el rey, e fizo su suplicación
                  muy prudente apuesta e sabiamente, e continuó e prosiguió el negocio adelante <pb
                     n="24r"/>tan ordenadamente e con tan grande virtud e osadía e firmeza de
                  coraçón segund muy notable e largamente su estoria recuenta, que ella libró de
                  muerte e de todo mal e dapño el su pueblo, e el rey revocó todo quanto contra
                  ellos avía mandado fazer e mandó aforcar al dicho cavallero
                     <persName>Amán</persName> que lo sobredicho avía procurado contra ellos e a
                  diez fijos suyos en una forca muy alta que el dicho cavallero
                     <persName>Amán</persName> avía fecho pensando ganar del rey que mandaría
                  aforcar en ella al dicho cavallero <persName>Mardoqueo</persName>, e le mandó
                  tomar todos sus bienes e posesiones e heredamientos, de los quales fizo merced a
                  la dicha <persName>reina Ester</persName>. E proveyó del oficio de chanciller
                  mayor que el dicho <persName>Amán</persName> d'él tenía al dicho cavallero
                     <persName>Mardoqueo</persName> que primeramente era guarda de su cuerpo. En
                  señal de la qual deliberación la dicha reina constituyó ciertos días de fiesta en
                  cada año los quales mandó ser guardados para sienpre por todo aquel pueblo, porque
                  diesen gracias a Dios por tan grande e señalado beneficio como d'él avían
                  rescibido.</p>

               <p>¡O muy clara sabidoría de muger!, la qual guardó tiempo e con tanta orden e
                  diligencia para que librase su gente de la destruición muy aparejada, lo qual non
                  fizo sin peligro de su persona, porque ella pensó de curar mucho más de la salud
                  de todos que non de la suya. E de aquí mostró la excelencia e sobrepujança de su
                  coraçón, porque non se contentava de aquellas cosas que la fortuna nos otorgó, mas
                  siempre por amor de virtud trabajava <pb n="24v"/>pensando cómo e por quál cosa
                  digna de loanças ella ganaría la gloria, non aquella que es breve e se pasa luego,
                  mas aquella que por todos los tienpos esforçase de ser honrada, la qual gloria
                  criase la postrimería de los que eran por venir e durase por todo el tiempo
                  avenidero. </p>

               <p>Ca ¿por quál cosa mas excelente esta notable reina podiera seguir mayor gloria?
                  Ciertamente non por ninguna, porque ella por sabidoría non mortal reduxo en vida
                  el su pueblo que sin causa era subjuzgado a la muerte sangrienta, e por la su
                  graciosa e apuesta fabla, falagando con bienquerencia el coraçón del rey, lo puso
                  en ira contra aquel cavallero llamado <persName>Amán</persName>, tanto que el
                  dicho rey lo mandó matar, e que fuese puesto en la forca como suso es dicho, e que
                  moriesen a cuchillo todos los otros que la destruición de los judíos deseavan
                  segund más largamente lo cuenta la dicha su istoria en el dicho libro llamado
                     <title>Ester</title>.</p>

               <p>E comoquier que se lee <persName>Publio Scipión Africano</persName> mayor e menor
                  (e entre las edades destos, poniendo el sabio <persName>Catón</persName>) ellos
                  ser dignos de loanças para siempre, porque con todo cuidado la cosa pública
                  enxalçaron e en la guarda d'ella de todo en todo fueron ocupados e non pensaron
                  que ellos deviesen pedir nin aver cosa en esta vida salvo aquello que paresciese
                  loable e muy claro, enpero esta notable <persName>reina Ester</persName> non fue
                  menor que estos en justicia, en fee, en sabidoría, en grandeza e en todas las
                  otras <pb n="25r"/>virtudes que pertenescen a la verdadera gloria; nin aun fue
                  menor que los dos cavalleros romanos llamdos <name>Decios</name>, nin que los dos
                     <name>Catones</name>, nin que los llamados <name>Cipiones</name>, nin que esos
                  siete que cerca de los griegos son avidos e nombrados por sabios, nin aun aquel
                  que segund los gentiles es juzgado ser muy sabio por sentencia de
                     <persName>Apolo</persName> que ellos avían por Dios.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="I_7_debora">
               <head>Capítulo siete. Délbora</head>

               <p><persName>Délbora</persName>, profetisa muger ebrea, esta fue muger de un onbre
                  llamado <persName>Lapidoc</persName>, la qual non dubdo que sea de anteponer a los
                  varones muy nobles de la sabidoría casi divinal, de los quales e de la justicia
                  muy clara nos solemos maravillar tanto que como yo comigo lo pienso quánto
                  resplandor de las muy excelentes virtudes en ella aya seído porque tanto
                  esclareció en su tienpo más que los otros por grandeza de consejo e por justicia,
                  la qual es una virtud señora de todas e reina de las virtudes, que acerca del
                     <name>pueblo de Israel</name> con razón tovo la alteza del juzgado, ca esta
                  profetisa, según cuenta la istoria del <bibl>libro de los <title>Juezes</title> en
                     el quarto capítulo</bibl>, fue en el tienpo del <persName>rey Jabín</persName>
                  que entonces reinava en el <placeName>reyno de Asor</placeName>. Este rey sojuzgó
                  el dicho <name>pueblo de Israel</name> después de la muerte de
                     <persName>Aiot</persName>, juez d'ellos, ca el dicho pueblo aún entonce non
                  avían rey, mas governávanse por juezes. Este <persName>rey Jabín</persName> avía
                  un príncipe de la su cavallería llamado <persName>Sísera</persName>, del qual
                  dicho rey e de los suyos el dicho pueblo eran muy atormentados e trabajados, tanto
                     <pb n="25v"/>que con la grand cuita en que eran non les quedava otro remedio
                  salvo clamar cada día a Dios suplicándole que los librase de poderío de aquel
                  rey.</p>

               <p>En aquel tiempo, la dicha <persName><roleName>profetisa</roleName>
                     Délbora</persName> juzgava el dicho <name>pueblo de Israel</name>, e fazía su
                  morada so una palma entre dos lugares llamados <placeName>Ramá</placeName> e
                     <placeName>Betel</placeName> en el <placeName>monte de Efraín</placeName>.
                  Queriendo Dios socorrer al dicho pueblo e lo librar de poderío del dicho rey,
                  mandó a la dicha profetisa que ella de su parte dixiese e mandase a un cavallero
                  de aquel pueblo llamado por nombre <persName>Barac</persName>, que morava en
                     <placeName>tierra de Naptalín</placeName>, que tomasse consigo diez mill
                  combatientes de las compañas de <placeName>Naptalín</placeName> e de
                     <placeName>Sabulón</placeName>, e se fuese con ellos al monte llamado
                     <placeName>Tabor</placeName> acerca del río llamado
                     <placeName>Cisón</placeName> e pelease con el dicho <persName>Sisera</persName>
                  príncipe de la cavallería del <persName>rey Jabín</persName> e con la su hueste,
                  non embargante que los del dicho príncipe <persName>Sisera</persName> fuesen
                  muchos más e muy armados, ca Dios le avía prometido victoria contra ellos.</p>

               <p>Lo qual la dicha <persName><roleName>profetisa</roleName> Délbora</persName> mandó
                  e dixo así de parte de Dios al dicho cavallero <persName>Barac</persName>. El qual
                  le respondió que en alguna manera lo non faría, salvo si la dicha
                     <persName>Délbora <roleName>profetisa</roleName></persName> fuese con él en su
                  compañía. Por lo qual <persName>Délbora</persName> lo acompañó e fue con él. El
                  qual <persName>Barac</persName>, escogidos diez mill conbatientes de aquella su
                  gente, e llevando en su conpañía a la dicha profetisa
                  <persName>Délbora</persName>, se fue con ellos al dicho <placeName>monte de
                     Tabor</placeName>. E como la fama desto viniese al dicho
                        <persName><roleName>príncipe</roleName> Sisera</persName>, él ayuntó luego
                  mucha <pb n="26r"/>gente de armas e nuevecientos carros armados, e fuese para él
                  con toda su hueste al lugar llamado <persName>Arozet</persName> de los
                  gentiles.</p>

               <p>Entonce la dicha <persName><roleName>profetisa</roleName> Délbora</persName> dixo
                  al cavallero <persName>Barac</persName> que se moviese contra el dicho
                        <persName><roleName>príncipe</roleName> Sísera</persName>, ca Dios era el su
                  guiador e aquel era el día en que Dios gelo pornía en su poder, lo qual el dicho
                     <persName>Barac</persName> fizo así. E descendió del dicho <placeName>monte
                     Tabor</placeName> con los diez mill conbatientes que consigo traía, e peleó con
                  el dicho <persName><roleName>príncipe</roleName> Sísera</persName> e con sus
                  carros e huestes. E entonce el Señor Dios, el que sólo abaxa las cabeças de los
                  sobervios e alça a los que esperan en él, firió de temor el coraçón de aquel
                        <persName><roleName>príncipe</roleName> Sísera</persName> e de toda la
                  muchedumbre de su hueste, tanto qu'él descendió del carro e ovo de foir a pie, e
                  todos los suyos perescieron por muerte sangrienta.</p>

               <p>Et este príncipe pensando escapar se vino a una tienda de una dueña llamada
                     <persName>Jael</persName>, muger de <persName>Aber el Cineo</persName>, la qual
                  lo rescibió. Él le pidió del agua por quanto avía muy gran sed, la qual en lugar
                  de agua le dio a bever leche, e él se dormió e ella le mató con el estaca de
                  fierro de la dicha tienda, la qual le puso por la cabeça dando golpes en ella con
                  un martillo. E en tanto <persName>Barac</persName> andando buscando con gran
                  diligencia al dicho <persName><roleName>príncipe</roleName> Sísera</persName> por
                  lo tomar e matar, la dicha dueña <persName>Jael</persName> salió a él al camino e
                  le recontó e mostró cómo lo ella avía muerto.</p>

               <p>E así por esta victoria fue librado aquel pueblo del dicho <persName>rey
                     Jabín</persName>, la qual victoria <pb n="26v"/>plogo a Dios que oviese el
                  dicho pueblo por mano e ordenança de la dicha profetisa
                     <persName>Délbora</persName>, la qual por sus excelentes virtudes e grande
                  dignidad de su sabidoría e espíritu de profecía que en ella avía mereció aver tan
                  grande gloria de esta victoria de la qual ella fizo e ordenó muy notables
                  cantinelas a loor de Dios Señor de las Batallas, segund se lee en el <bibl>quinto
                     capítulo del dicho libro de los <title> Juezes</title></bibl>, las quales por
                  abreviar yo aquí dexo de recontar.</p>

               <p>E comoquier que acerca del pueblo romano e de los otros gentiles los adevinos eran
                  muy grandes en todo honor, tanto que ninguno tentava de fazer algo si primeramente
                  lo ellos non mandasen e oordenasen, e si los adevinos del sol que más que los
                  otros dizían las cosas ante que acaesciesen, e mayormente acerca de los griegos
                  mucho eran honrados, ¿por quál razón non diremos nos <persName>Délbora</persName>
                  ser muy digna de toda honra e gloriosa loança, la qual non sólo resplandesció por
                  espíritu de profecía, que es el mayor grado que el ombre alcançar puede, mas
                  resplandeció por grandeza de consejo e por muy clara justicia e por avançamiento
                  de coraçón? Ciertamente diremos que sí. Pues agora, ¿quién es aquel tanto non
                  conosciente asimesmo que pensar pueda esta muger ser antepuesta en oficio de
                  juzgado por el <name>pueblo de Israel</name>, acerca del qual toda verdadera
                  sapiencia florescía, si ella non fuese esclarescida por muy singulares e quasi
                  divinales <pb n="27v"/>virtudes? Bien pienso yo que ninguno non sea que lo
                  contrario diga, e que este pueblo aya seído alunbrado por verdadera lumbre de
                  sabidoría, pienso que ligeramente esto puede ser visto: cómo a este pueblo más que
                  a los otros en el tiempo primero fue dado aqueste singular previlejo para que
                  justamente conosciese al muy alto Dios e derechamente lo serviese. Porque aquella
                  luz de la verdad eternal vestida de la carne pasible, es a saber,
                     <persName>Nuestro Señor Jesucristo</persName>, aún non avía conversado en las
                  tierras. E comoquier que paresce los primeros philósophos ser doctados de
                  maravillosa sabidoría, enpero non consiguieron aquella sabidoría que es antepuesta
                  más que las otras por conoscimiento linpio de la divinal bondad, mas de aquesta
                  algund conoscimiento alcançaron, o por esta causa o por la muy grand igualdad del
                  movimiento e retorno del cielo por la fermosura e departimiento e orden de la luna
                  e del sol e de todas las estrellas. E como ellos contenplasen el acatamiento de
                  aquestas cosas, por él se mostrava asaz non ser aquellas cosas por acaecimiento de
                  fortuna mas entendían ser alguna cosa la qual fuese antepuesta e más alta, e a la
                  qual obedescen tantos movimientos e tantos rodeos e las ordenes de tantas e tan
                  muchas cosas en las quales la vejez sin medida nunca ha mentido.</p>

               <p>Por lo qual se concluye ser cosa necessaria ser governados tantos movimientos de
                  natura por alguna cosa muy perfecta e conplida, el qual es Dios. Por ende, si por
                  tan altas auctoridades <pb n="27v"/>paresce las mugeres aver seído muy
                  sobrepujantes e muy más largamente parescerá, las quales por la muy singular
                  excelencia de virtudes merescen gloría de verdadera alabança e ser algunas en
                  nuestro tiempo muy claras, non sólo por nobleza de linage mas por costumbres muy
                  loables e por muy onestos enseñamientos, mucho me maravillo con quál fruente la
                  locura de los malos presume querer afear toda la generación de las mugeres. E si
                  por ventura, por tachas de algunas como pienso, estos maldizientes quieran
                  inculpar toda la generación de las mugeres, non paran mientes el gran error que en
                  esto fazen, porque muchos de los varones muy claros igualmente caerían en señal de
                  infamia, ca non es de dubdar la generación de los onbres ser aparejada de su
                  nascimiento a toda caída e deleznamiento segund suso al començamiento desta obra
                  claramente por auctoridades es provado. E la espirencia lo muestra de cada día, e
                  esto non solamente ha lugar en las mugeres, mas eso mesmo en los varones e non
                  sólo en los sinples mas en los sabios e non sólo en los menores mas en los
                  mayores. Lo qual non ha menester provança, porque de suyo está provado.</p>

               <p>E, ¿quién es tan loco que piense dever ser deleznada por la non continencia de
                  algunos la singular continencia de <persName>Cipión</persName>?, el qual, entrada
                  y tomada la nueva cibdad <placeName>Cartago</placeName>, como entre los otros que
                  ý fueron captivos fallasse una donzella virgen e de fermoso gesto e de edad
                  razonable e él <pb n="28r"/>fuese mancebo e polido e vencedor, sabiendo que ella
                  fuese desposada con un mancebo muy noble, llamados los parientes e el esposo ge la
                  fizo tornar sin ser forçada. Nin por la culpa de algunos si mal usan deve ser
                  manzillada la continencia del postrimero <persName>Catón</persName>, el qual como
                  oviese ido por rescebir el tesoro devido al inperio romano ovo el coraçón tan
                  fuerte contra la luxuria e contra su propio provecho e interese que, entremetido
                  en la muy grand materia de poder caer en el uno e en el otro error, dio muy cierto
                  argumento del vientre de la mesma materia ser amos nascidos, es a saber, la
                  continencia e ese mesmo <persName>Catón</persName>.</p>

               <p>E así los que quieren culpar las mugeres más que a los ombres mucho yerran, pues
                  que los yerros e vicios son comunes así a los onbres como a las mugeres segund que
                  las virtudes son comunes a ellos e a ellas.</p>
            </div>

            <div xml:id="I_8_reina_saba">
               <head>Capítulo ocho de la reina de Saba</head>

               <p>Muchas vezes pensé comigo mesmo quál yo deviese escrivir después de la profetisa
                     <persName>Délbora</persName> e en tanto que por el coraçón e por la razón
                  pasase por las otras mugeres, la memoria de las quales en el <title>Viejo
                     Testamento</title> es escripta, vino a mi voluntad la <persName>reina de
                     Saba</persName> ser a mí antepuesta a todas las otras. E non sin razón, por
                  quanto los varones florescientes por nobleza de ingenio non menos florescen por
                  grandeza de su coraçón, porque cada una de las otras virtudes suelen ser
                  maravillosas. Esta <persName>reina de Saba</persName> como oyese la fama de la
                  sabidoría ante non oída quasi duradera para sienpre del <persName>rey
                     Salamón</persName> por muy <pb n="28v"/> grande e soberana virtud, sin la qual
                  ninguno non puede conseguir en la vida qualquier cosa muy noble, aviendo grand
                  deseo de aprender sabidoría, con grand fortaleza de coraçón poniéndose a los
                  grandes peligros e a los trabajos e luengos caminos, dexó su tierra e su regno e
                  señorío e vino de tierra muy lueñe al dicho <persName>rey Salamón</persName> a la
                  cibdad de <placeName>Jerusalem</placeName> muy aconpañada e con muy grandes
                  riquezas e con grand aparato. La qual traxo camellos cargados de cosas muy
                  olientes e mucho oro fino e piedras preciosas, e non sin razón se movió querer
                  visitar al dicho rey e aprender algunas cosas del su grand saber, como este rey
                  fuese el más sabio de todos los onbres que entonce eran en el mundo e el más
                  glorioso e rico rey que todos los otros reyes, tanto que por la fama de la su
                  sabidoría e nobleza todos los <name>reyes de Arabia</name> e los duques e grandes
                  señores de la tierra le enbiavan muy ricos presentes e parias de oro fino, e tanto
                  era el oro que él avía que segund recuenta su estoria él fizo dozientos escudos de
                  oro muy fino, e toda su baxilla e las cosas de su casa eran de oro puro. E así
                  sobrepujava la abundancia del oro en su casa e regno que la plata en su tienpo non
                  era contada en cosa alguna. Del qual en conclusión dize el testo en el
                  <bibl>libro de los <title>Reyes</title> en el décimo capítulo</bibl> estas
                  palabras: <quote>"Fue fecho magnífico el <persName>rey Salamón</persName> sobre
                     todos los reyes de la tierra en riqueza e en sabidoría e todos los del mundo
                     deseavan ver la presencia de <persName>Salamón</persName> por oír la <pb
                        n="29r"/> sabidoría que Dios le avía dado en su coraçón, e le enbiavan en
                     cada año presentes e servicios, baxillas de oro e de plata, vestiduras e armas
                     e cosas bien olientes e cavallos e otras cosas etc"</quote>.</p>

               <p>E venida la dicha reina, ella fabló con el <persName>rey Salamón</persName> todas
                  las cosas que en su coraçón tenía, e por algunas figuras tentó manera porque
                  prudentemente muchas respuestas e muy excelentemente muchos dichos e sabidorías
                  del dicho rey aprendiese e a su memoria los encomendase. E veyendo la dicha
                     <persName>reina de Saba</persName> la grand sabidoría del dicho <persName>rey
                     Salamón</persName>, e la casa que avía edificado e los manjares que
                  continuamente se ponían a la su tabla, e las casas de sus servidores, e la orden
                  de aquellos que le servían e las vestiduras d’ellos, asimesmo la grande orden de
                  la su copa e de las ofrendas que el dicho rey ofrescía en la casa e tenplo de
                  Dios, fincó dello muy maravillada e dixo así al <persName>rey
                  Salamón</persName>:</p>

               <p>
                  <q who="#reina_saba">-Rey, verdadera es la palabra que yo de ti e de tus cosas e
                     de tu sabidoría ove oído en la mi tierra, lo qual yo non creía a los que me lo
                     dizían fasta que yo por mi persona vine e lo vi por mis ojos. E he fallado que
                     me non fue dicho aún la meitad de lo que era, ca ciertamente mayor es la tu
                     sabidoría e las tus obras que la fama que yo de ti avía oído. Bienaventurados
                     son los tus varones e los tus servidores que están delante ti continuamente e
                     oyen la tu sabidoría, sea bendito el Señor Dios tuyo al qual tú has conplazido
                     e él te puso en la silla e trono del <name>pueblo <pb n="29v"/> de
                        Israel</name> porque amó la <name>casa de Israel</name> para sienpre e
                     fízote rey para que fagas juizio e justicia.</q>
               </p>

               <p>E aquesto así dicho, la dicha <persName>reina de Saba</persName> ofreció al rey
                  muchos presentes e grand cantidad de oro e muchas cosas bien olientes e piedras
                  preciosas, e el rey dio eso mesmo a ella muchas joyas e cosas preciosas e allende
                  destas otras cosas señaladas que ella le pidió que le diese de las de aquella
                  tierra. E así esta reina muy virtuosamente e con grand excelencia se espidió del
                     <persName>rey Salamón</persName> e se tornó en la su tierra e reinó con sus
                  servidores, las loanças de la qual son muy grandes así por su grand sabidoría como
                  por su alta prudencia e fortaleza e grandeza de coraçón e su grand tenprança, e
                  por otras muchas virtudes que de sus magníficos fechos se pueden entender.
                  Ciertamente grande e singular fue la sobrepujança del coraçón desta reina pasar
                  las provincias, ver los nuevos pueblos por amor de la sabidoría, la qual sabidoría
                  con muy grand loança paresce los varones muy claros andando peregrinando por el
                  mundo aver demandado e alcançado. Así como se lee que
                     <persName>Pitágoras</persName>, el qual es llamado muy conplida obra de virtud,
                  fue en <placeName>Egipto</placeName> por aprender la sabiduría e dende se fue a
                  aquellas gentes llamados <name>persas</name> por ser enseñado de la muy grand
                  prudencia de los sabios (acerca de los quales con coraçón aparejado para aprender
                  él escrivió en su coraçón el movimiento e curso de las estrellas e la fuerça e
                  propiedad e obra de cada una d’ellas) e navegó en las tierras e provincias de <pb
                     n="30r"/>
                  <placeName>Creta</placeName> e en <placeName>Lacedemonia</placeName>, las leyes e
                  costunbres de los quales acatadas vino a la cibdad de
                     <placeName>Atenas</placeName> e después vino en <placeName>Italia</placeName> e
                  en las cibdades muy grandes e muy poderosas de <placeName>Grecia</placeName> que
                  es dicha "la Grande" en el tienpo que <persName>Bruto</persName> libró la tierra,
                  allí <persName>Pitágoras</persName> paresce aver florecido por maravillosa
                  sabidoría; así ciertamente <persName>Platón</persName>, onbre quasi de toda
                  deceplina muy enseñado en tanto que ninguno non era pensado en la cibdad de
                     <placeName>Atenas</placeName> ser más claro por gloria, nin más honrado por
                  auctoridad, nin más aventajado por ingenio e prudencia, nin más florescido en la
                  manera de bien fablar, así que las cosas que eran de dezir las podiese dezir
                  fermosa bastante devisadamente, este siguiendo la costunbre de
                     <persName>Pitágoras</persName> paresce que fue en <placeName>Egipto</placeName>
                  e dende aprendió los muchos cuentos de la geumetría e la guarda e la razón de los
                  cielos, e dende se fue para aquellos dos cónsules llamados <persName>Lucio
                     Camilo</persName> e <persName>Público Claudio</persName> por oír aquel noble
                  varón llamado <persName>Arquita Tarentino</persName> en
                     <placeName>Italia</placeName>, e otrosí porque era grand fama del filósofo
                     <persName>Anaxágoras</persName> se fue para él con muy grande ardiente amor de
                  sabidoría, el qual después que por luenga peregrinación se quiso tornar a su
                  tierra e viese sus heredades desiertas dixo así: <q who="#pitagoras">"Yo non
                     alcançara la sabidoría salvo si estas cosas non oviesen seído perdidas"</q>. ¡O
                  boz muy digna de varón muy grande e sabidor!, por la qual mostró él aver dexado
                  perder aquellas cosas así como enemigas de los muy altos saberes.</p>

               <p>Mas porque esta nuestra fabla poniendo muchos enxienplos non se aluengue, digo <pb
                     n="30v"/> que ¿quál cosa recontaré yo de la magnificencia e de la grandeza
                  desta <persName>reina de Saba</persName>?, las quales virtudes más que todas las
                  otras de todo en todo nos llaman, e así obran en nos para que amemos aquel Dios,
                  al qual ellas parescen ser juntas. Yo non pienso ser de dezir otra cosa salvo que
                  tal ella fuese qual pertenescía para tanta dignidad real, lo qual se puede asaz
                  juzgar de la su venida al <persName>rey Salamón</persName> con tan grande e
                  magnífico aparato trayendo consigo muy muchos e muy preciosos dones. ¿Qué diré de
                  la justicia d’ella?, ¿qué diré de la tenprança?, si estas maravillosas virtudes
                  lugar non oviesen donde tan maravilloso ingenio, tan singular sobrepujança de
                  coraçón florescía, la qual non contenta de su propia casa e regno e señorío, quiso
                  aver espirencia de la divinal sabidoría de <persName>Salamón</persName> por la
                  prudencia e estudio del qual ella podiese ser fecha más enseñada.</p>
            </div>

            <div xml:id="I_9_sephora">
               <head>Capítulo nueve. Séfora</head>

               <p>Non son aquí de olvidar aquellas muy piadosas e sabias mugeres llamadas por
                  nonbres la una <persName>Séfora</persName> e la otra <persName>Fuá</persName>
                  parteras del <name>pueblo de Israel</name>, a las quales <name>Fararón rey de los
                     egipcianos</name> queriendo destruir el dicho pueblo que en aquel tienpo era en
                     <placeName>Egipto</placeName> porque sus adevinos le avían dicho que de aquel
                  pueblo avía de nascer quien les fiziese algund daño, él por eso pensándose proveer
                  con tienpo e quitar el daño que de allí le podía venir, mandó a las dichas
                  parteras que cada que las mugeres ebreas pariesen fijos machos que los echasen en
                     <pb n="31r"/> el río del <placeName>grand Nilo</placeName> que era cerca de
                  aquella cibdat de <placeName>Egipto</placeName>, que allí moriesen, e que
                  solamente dexasen bivir las fenbras. Paresce que estas dueñas con grand piedad e
                  aviendo temor de Dios non quisieron conplir el mandamiento de aquel rey, ante
                  aviéndose muy piadosa e virtuosamente fizieron todo lo contrario, non matando los
                  niños mas guardándolos, de lo qual ellas reprehendidas por el dicho rey se
                  escusaron muy cuerda e avisadamente, diziendo que las mugeres ebreas en esta parte
                  non eran segund que las egipcianas, ca las ebreas eran muy sabias e non avían
                  menester parteras. </p>

               <p>E así paresce que estas parteras ovieron en sí non solo la virtud de la cordura
                  que es endereçadora de todos los fechos de los onbres, escusándose tan sabiamente
                  del dicho rey non queriendo fazer nin cometer tan grande e aborrescible pecado, es
                  a saber, matar los niños que eran sin pecado, mas que ellas ovieron en sí la
                  virtud de la justicia que es bivir onestamente e non fazer daño a otro, e dar su
                  derecho a cada uno, e que especialmente ovieron la virtud de la fortaleza
                  poniéndose a tan grand peligro traspasando mandamiento de tan grand rey por non
                  pecar nin errar a Dios. E pues esto se movieron ellas a fazer por amor e temor de
                  Dios, puédese bien dezir que demás destas virtudes suso dichas ovieron en sí mucha
                  fee e esperança e amor de Dios, la santa obra de las quales bien paresce ser
                  rescibida por Dios, segund lo muestra la <title>Santa Escriptura</title> en el
                     <bibl>primero capítulo del segundo libro <pb n="31v"/> de la ley de Dios
                     llamado <title>Éxodo</title></bibl> donde conplidamente se recuenta la estoria
                  d’ellas. E allí dize que porque estas parteras temieron a Dios e guardaron de non
                  matar los niños, el pueblo creció muy mucho e fue muy confortado, en galardón de
                  lo qual Dios fizo muchos beneficios a estas dueñas parteras e les dio grandes
                  casas, que segund <persName>sant Gerónimo</persName> e los otros santos doctores
                  se entienden que les fizo muchas gracias espirituales e tenporales. </p>


            </div>

            <div xml:id="I_10_ana">
               <head>Capítulo diez. De Ana</head>

               <p><persName>Ana</persName>, madre del profeta <persName>Samuel</persName>, fue muger
                  de un onbre llamado por nonbre <persName>Elcana</persName>, del <placeName>monte
                     de Estrayún</placeName>. Esta dueña <persName>Ana</persName>, segund cuenta su
                  estoria en el <bibl>primero libro de los <title>Reyes</title> en el primero e
                     segundo capítulos</bibl>, era mañera que non avía fijos, por causa de lo qual
                  ella muy triste bivía. E acaeció que un día en tienpo del grande sacerdote
                     <persName>Helí</persName>, seyendo a la sazon el tenplo de Dios en el lugar
                  llamado <placeName>Silo</placeName>, este buen varón <persName>Elcana</persName> e
                  la dicha <persName>Ana</persName> su muger fueron en romería al dicho
                     <placeName>tenplo de Silo</placeName> por adorar e sacrificar a Dios, segund
                  que el <name>pueblo de Israel</name> lo avían de buena costunbre en aquel tienpo.
                  E como la dicha <persName>Ana</persName> entrase en el tenplo ella començó de
                  fazer su oración a Dios con grande lloro, suplicándole muy devotamente que le
                  diese generación, al qual fizo voto diziendo así: <q who="#ana">"Señor Dios de las
                     virtudes, si tú acatares la aflicción de la tu sierva e te menbrares de mí
                     dándome fijo varón, yo lo daré para servicio tuyo todos los <pb n="32r"/>días
                     de la su vida"</q>. </p>

               <p> E como ella se detoviese mucho orando a Dios, meneando los labrios e fablando
                  consigo e entre sí mesma de manera que ninguno non la oía, el profeta e grand
                  sacerdote <persName>Helí</persName> que a esa sazón estava asentado en su silla
                  cerca de la entrada del tenplo, pensando que con tardança de tan luenga oración e
                  por aver estado tanto espacio fablando entre sí ella estoviese fuera de su sano
                  sentido con algund vino que oviese bevido, díxole que quitase de sí el vino, a lo
                  qual ella le respondió con grand umildad diziéndole así: </p>

               <p><q who="#ana">-Señor mío, yo te soplico que tú non quieras contar por beuda nin
                     desordenada a esta su sirvienta, ca yo so muger desaventurada e non beví vino
                     nin otra cosa que pueda enbeudar, mas reconté ante Dios mi grand dolor e
                     amargura.</q>
               </p>

               <p>Entonce le dixo el profeta e sacerdote <persName>Helí</persName> que se fuese en
                  paz ca Dios conplirá las sus peticiones, ella respondió: </p>

               <p><q who="#ana">-Plega a Dios que ello sea así.</q></p>


               <p> E otro día por la mañana el buen onbre <persName>Alcana</persName> e la dicha
                     <persName>Ana</persName> su muger se fueron al tenplo e adoraron a Dios e
                  partiéronse para su tierra, e desque y fueron la dicha santa muger
                     <persName>Ana</persName> concibió del dicho su marido
                     <persName>Alcana</persName> un fijo varón, que después fue llamado
                     <persName>Samuel</persName>, uno de los mayores profetas de Dios. E desque el
                  niño fue destetado, <persName>Ana</persName> e su marido lo llevaron al tenplo, e
                  ella lo apresentó e ofreció al dicho profeta e sacerdote <persName>Helí</persName>
                  para que sirviese a Dios todos los días de la su vida como lo ella avía
                  prometido.</p>

               <p>Entonce esta dueña <persName>Ana</persName> fizo e conpuso una muy solepne oración
                  e cántica de grandes <pb n="32v"/>loores a Dios, la qual es escripta en el
                     <bibl>capítulo segundo del dicho libro</bibl>, dando infinitas gracias a Dios
                  por tanto beneficio. Esta oración e cántica es muy notable e santa e contiene en
                  sí grandes secretos e muy altas cosas, e es de tanta excelencia como otra
                  cualquier de la <title>Santa Escriptura</title>. E así <persName>Samuel</persName>
                  quedó allí en el tenplo sirviendo a Dios con el dicho <persName>Helí</persName>
                  sacerdote, segund largamente cuenta su estoria en el dicho <bibl>primero libro de
                     los <title>Reyes</title></bibl>.</p>

               <p>Non es sin razón de ser mucho loada esta santa dueña, pues que mereció seyendo
                  mañera e non aviendo fijos ser oída e rescebida por Dios su petición, e que oviese
                  tan santo e excelente fijo como la <title>Escriptura Santa</title> da fee que fue
                  el dicho profeta <persName>Samuel</persName>. Lo qual ella procuró e suplicó a
                  Dios con tanta oración e con tan buen deseo e propósito muy santo, e después gelo
                  ofreció e dio para que todos los días de su vida lo sirviese; e asimesmo porque
                  tanta paciencia e tenprança ovo en sí, ca non enbargante qu’el dicho grande
                  sacerdote <persName>Helí</persName> le dixo tan agras palabras e la maltraxo
                  tanto, diziéndole que estava beuda, con todo eso ella non se turbó, mas ante
                  aviendo grand esperança en Dios lo sufrió todo con buena paciencia e continuó su
                  oración a Dios suplicando lo suso dicho. En lo qual razonablemente podemos dezir
                  que ella fue muy virtuosa así en paciencia como en grande fee e esperança e amor
                  de Dios.</p>

               <p>E, ¿quién es aquel que puede dubdar, segund la estoria desta santa muger, que ella
                  con muy entera e buena voluntad sirviese a Dios e que sienpre se oviese en todos
                  sus fechos <pb n="33r"/>muy onesta e virtuosamente?, pues que ella mereció ser
                  oída por Dios e con grand fee e fortaleza de coraçón non se turbó de las palabras
                  de tan grand sacerdote nin se partió de la razón, mas con loable paciencia lo
                  sufrió todo aviendo grande esperança en Dios que conpliría sus peticiones, por
                  donde paresce que non sin razón se puede bien dezir que non solamente las
                  virtudes, mas aun las profecías e revelaciones son comunes así a las mugeres como
                  a los onbres.</p>
               <!-- [Las mujeres del tabernáculo] -->
               <p>Otrosí mucho son de loar en común las mugeres del <title>Viejo Testamento</title>
                  por aquello que muy notable e francamente e con muy grande sabidoría e diligencia
                  ellas trabajaron en la obra del tabernáculo que el profeta
                     <persName>Moisén</persName> fizo por mandado de Dios andando el <name>pueblo de
                     Israel</name> en el yermo, e non menos por aquello que usando de la virtud de
                  la franqueza e magnificencia ofrecieron e dieron muy franca e abondosamente muchas
                  notables joyas de oro e plata e seda e piedras muy preciosas e otras cosas de muy
                  grand valor para la dicha obra, segund largamente se lee en el <bibl>XXXV capítulo
                     del libro de la ley llamado <title>Éxodo</title></bibl> donde iguala las
                  mugeres a los onbres sin otro departimiento en todas las cosas que fueron menester
                  para la obra del dicho tabernáculo, las quales segund faze fee la <title>Santa
                     Escriptura</title> ellas dieron e ofrecieron con voluntad muy presta e
                  entención muy devota. E si algunos fablando de voluntad ayan dicho las mugeres ser
                  escassas naturalmente, por estas podemos dezir e afirmar lo contrario,
                  especialmente <pb n="33v"/>en las cosas tocantes al servicio de Dios, el qual es
                  de poner delante a todas las otras cosas. </p>
            </div>

            <div xml:id="I_11_oldra" xml:lang="es">
               <head>Capítulo onzeno. De Oldra, que ovo espíritu de profecía</head>

               <p>E si por la maravillosa excelencia de virtudes, el fin de las quales es grave de
                  fallar, por esta presente obra non sea dada tanta loor a las santas mugeres e
                  profetisas e reinas e otras nobles dueñas suso escriptas quanta la honrada gloria
                  suya e la verdad demanda, con todo eso me paresce razonable de aplicar la péndola
                  a <persName>Oldra</persName> muger profetisa, porque muger tan virtuosa llena de
                  espíritu de Dios digna de grande maravilla non deve pasar sin fablar d’ella. A la
                  qual como oviesen enbiado preguntar e pedir consejo de sus fechos el rey
                     <persName>Josías</persName> muy justo e santo del <name>pueblo de
                  Israel</name>, espantado de las palabras escriptas en el libro de la ley de Dios
                  que fabla de las penas muy grandes que averían los que non guardasen los
                  mandamientos de Dios, el qual libro aquel varón llamado
                     <persName>Elquías</persName> sacerdote avía fallado en el tenplo del Señor,
                  como se lee abiertamente en el <bibl>quarto libro de los
                     <title>Reyes</title></bibl>, la dicha profetisa declaró a los mensajeros del
                  rey las justas culpas que Nuestro Señor Dios avía de demandar a toda la gente de
                  los onbres de aquella cibdad por los pecados por ellos fechos e cometidos, las
                  quales culpas por la maravillosa bondad suya, muchas vezes él disimula e las tarde
                  demanda, aunque algunas vezes el mucho tardar conpensa con justicia agravando <pb
                     n="34r"/>la pena.</p>

               <p>Onde el dicho rey <persName>Josías</persName> requerido por esta profetisa mandó
                  alinpiar el tenplo de Dios de algunas cosas non convenibles que allí eran puestas,
                  e quitó de tierra de <placeName>Judea</placeName> e de
                     <placeName>Jerusalem</placeName> los adevinos que llaman fitonisos e a los
                  encantadores e a las figuras de los ídolos e todas las otras cosas de idolatría
                  aborrescibles a Dios porque cunpliese las palabras de la ley que en aquel libro
                  eran escriptas como en el segundo capítulo del dicho libro abiertamente paresce. </p>

               <p>En lo qual esta muger profetisa non es menos, mas ante mucho más de loar, que los
                  adevinos de los gentiles, ca segund los sus estoriadores notablemente escrivieron,
                  los romanos con mucha religión e santidad buscaron las respuestas de aquel sabio
                     <persName>Apolo</persName> que ellos llamavan Dios, e dende por singular
                  diligencia los acostunbraron alcançar como paresce ellos averlo fecho así quando
                  trabajados del agra e continua guerra de la cibdad de
                     <placeName>Vejenta</placeName>, desque vieron el lago que era llamado por
                  nonbre <placeName>Albano</placeName> sallir de su común curso non acrescentando
                  por aguas del cielo nin por otro qualquier allegamiento de agua, guardaron con
                  mucha diligencia los mandamientos de los intérpetres que eran los que declaravan
                  la voluntad de los sus dioses, e estos otro tienpo eran tenidos en grande honra.
                  Asimesmo paresce por el servicio de <persName>Lucio Sila</persName> cónsul que
                  como trabajase en sacrificios en el canpo llamado <placeName>Nolano</placeName> e
                  de la parte del ara viese correr el agua, apartó luego su hueste por consejo <pb
                     n="34v"/> de un sabio llamado por nonbre <persName>Póstumo</persName>, e fuese
                  a las fuertes batallas de las gentes llamadas samitas, de los quales ovo
                  fundamiento de su victoria. Así que ciertamente creían non por fortuna nin
                  acaescimiento mas por providencia de Dios venir todas las cosas. Et esto paresce
                  asimesmo por la auctoridad del <name>Senado de Roma</name>, el qual, dexada ya la
                  cibdad de los franceses, por oír la boz de <persName>Centurio</persName> dexó
                  luego el consejo de pasar a las gentes llamadas vejos. Aquesto mesmo paresce por
                     <persName>Lucio Paulo, <roleName>cónsul de Roma</roleName></persName>, al qual
                  como viese en suerte que fiziese guerra al <name>rey de Persia</name>, por la
                  respuesta de su fija concibió en su coraçón cierta esperança de clara victoria, la
                  qual ovo dende gloriosamente. Paresce asimesmo por salvación de aquel cavallero
                  romano llamado <persName>Galio Marcio</persName> que fue juzgado enemigo por los
                  padres, e como fuese traído en guarda a la casa de <persName>Favia</persName>,
                  amonestado que se fuese a lugar donde podría escapar, recusó de rescibir el
                  consejo, e fuese para la mar e luego subió en una nao en la qual vino a
                     <placeName>África</placeName> e retráxose de rescibir las armas vencedoras de
                     <persName>Lucio Sila</persName>. </p>

               <p>Tornando agora a nuestro propósito, ¿quál onbre de sano entendimiento se deve
                  maravillar que el rey <persName>Josías</persName> por respuesta de aquesta
                  profetisa se aya movido en tan grande aparato con cerimonias tan solepnes de
                  alinpiar el santuario del Señor Dios, que era la tierra de
                     <placeName>Judea</placeName> e <placeName>Jerusalén</placeName>, si ella non
                  oviese seído muy santa e virtuosa e de muy grand auctoridad e tenida en grande <pb
                     n="35r"/>cuenta? E pues que los antiguos romanos, que fueron señores de todo el
                  mundo, estudiaron e trabajaron de guardar con mucha diligencia las respuestas del
                  su dios <persName>Apolo</persName> e la predicación de los sus adevinos, ¿qué
                  diremos nos de los mandamientos de aquesta profetisa?, que tantas fueron sus
                  virtudes que, aunque ella aya seído doctada en grande honra de espíritu de
                  profecía, pero demás desto ella floreció en santidad, en sabidoría, en honestad de
                  vida, en firmeza, en piedad, en todas las otras loables costunbres, que es de
                  creer que todo su pensamiento fuese sienpre en contenplación del muy alto e
                  soberano bien que es Nuestro Señor Dios, e que ella se tractase muchas vezes en
                  imaginar notables consejos para aprovechar a sí mesma e a otros, e asimesmo en
                  cosas altas pertenescientes a bevir bienaventuradamente. </p>

               <p>E si por aventura alguno crea que de aquesta profetisa es dicho asaz, piense en sí
                  mesmo si aquella sabiduría soberana que todas las cosas vee en un acatamiento le
                  diera tan singular don otorgado a tan pocos como es el espíritu de profecía si
                  ella non fuera un sagrario de cosas muy buenas e altas, lo qual bien acatado,
                  luego abiertamente él entenderá aquesta averse trabajado de guardar toda pureza e
                  toda dignidad e conplimiento de vida, e así, que deve ser igualada a los profetas
                  e antepuesta a muchos notables varones que non ovieron espíritu de profecía aunque
                  fueron virtuosos, lo qual se muestra muy claro ser así, pues tan alto e tan santo
                     <pb n="35v"/>e tan religioso rey e tantos sacerdotes e pueblo tan grande e
                  donde avía tantos sabios demandaron su consejo e obedecieron e conplieron su
                  mandamiento con tan grand umildad e reverencia, donde bien paresce la soberana
                  auctoridad en que acerca de todos esta santa profetisa era tenida e avida. </p>

            </div>

            <div xml:id="I_12_abimelec">
               <head>Capítulo dozeno. De la dueña que mató a Abimelec</head>

               <p>Non sin razón se deve fazer aquí mención de aquella virtuosa e noble dueña que la
                  estoria recuenta en el libro de los <title>Juezes</title>, do dize que
                     <persName>Abimelec</persName>, fijo de <persName>Graroboal</persName>, movido
                  con grande malicia e muy desordenada cobdicia mató setenta hermanos suyos, e
                  tiranamente les tomó el regno e el señorío que tenían e se fizo rey, non aviendo
                  derecho alguno al regno.</p>

               <p>Este tirano <persName>Abimelec</persName> que se llamava rey, continuando su
                  tiranía, teniendo cercada una cibdad de aquel regno llamada
                     <placeName>Siquín</placeName> e començando a poner fuego a las puertas d’ella,
                  paresce que una noble dueña que estava encima de la puerta queriendo socorrer la
                  cibdad e librar el pueblo de poder de aquel rey, tomó un grande pedaço de piedra
                  de una muela e derribolo sobre el dicho rey, con el qual le dio un grande golpe en
                  la cabeça de que luego morió allí. E así por mano de aquella dueña fueron librados
                  aquella cibdad e aquel regno de poder de aquel cruel tirano. </p>

               <p>¡O grande fortaleza de coraçón desta noble muger!, que, tomado <pb n="36r"/>el
                  oficio de las armas que es propio de los varones, deseando librar de muerte e
                  cruel servidunbre la su tierra e pueblo, con tan grande e virtuosa fortaleza de
                  coraçón mató aquel tirano que tan malamente avía deseredado sus hermanos, e los
                  avía muerto injustamente, e se avía apoderado por tiranía de aquel regno; así que
                  ella fue causa de lo tornar e poner en su primera libertad, en lo qual esta muy
                  noble e virtuosa dueña es de igualar a los nobles romanos e a los otros virtuosos
                  varones que por salud de la cosa pública se posieron a muchos peligros e trabajos
                  e la libraron de servidunbre e la posieron en libertad. E, ¿quál cosa puede ser
                  más onesta que matar el tirano por la libertad de la tierra?, la qual libertad es
                  a nos muy amada, tanto que el buen varón non dubda de anteponer el provecho de su
                  tierra a su propio interese. </p>

               <p>Lo qual fizo así aquel noble varón llamado <persName>Marco Régulo</persName>,
                  cavallero romano, el qual, como fuese preso en poder de los de
                     <placeName>Cartago</placeName> e lo ellos enbiasen a
                     <placeName>Roma</placeName> para que tractase que por rendición del mesmo
                  fuesen dados algunos cavalleros de <placeName>Cartago</placeName> que en
                     <placeName>Roma</placeName> eran presos, el dicho <persName>Marco
                     Régulo</persName>, veyendo que esto non era cosa conplidera a los romanos, e
                  curando más de la cosa pública que de su interese propio acordó de estorvar aquel
                  destroque, aunque el Senado condescendía a ello, porque el dicho <persName>Marco
                     Régulo</persName> fuese librado <pb n="36v"/>de aquella prisión, e él quiso
                  ante tornar en Cartago e morir en prisión que ser libre d’ella con daño de los
                  romanos. </p>

               <p>E así esta dueña quiso ante ponerse a peligro de muerte, por la qual oviera de
                  pasar si ella non matara aquel tirano e él oviera conquistada la cibdad, que non
                  consentir que aquel mal tirano salliese con su non justa entención e tomase la
                  dicha cibdad. </p>

            </div>

            <div xml:id="I_13_jefte">
               <head>Capítulo trezeno. La fija de Jepté</head>

               <p>Razonable cosa es de non olvidar la grande e soberana obediencia de virtud de
                  aquella noble donzella, fija del noble cavallero <persName>Gepté</persName>, del
                  qual faze mención el dicho libro de los <title>Juezes</title> en el capítulo donde
                  paresce que este cavallero <persName>Gepté</persName> era natural de tierra de
                     <placeName>Galaad</placeName>. El qual fue varón muy fuerte e batallador, e sus
                  hermanos le avían desterrado de allí para una tierra llamada
                     <placeName>Top</placeName> diziendo él non ser legítimo, e, por ende, que non
                  devía heredar con ellos en los bienes de su padre. E paresce que, estando este
                  cavallero <persName>Jepté</persName> en aquella tierra donde era desterrado, se
                  llegaron a él muchos onbres pobres e ladrones, e siguíanlo como a su príncipe e
                  caudillo.</p>

               <p>En aquel tienpo paresce que el rey de aquellas gentes llamados amonitas
                  conquistava e sojuzgava muy agramente el <name>pueblo de Israel</name>, e ellos
                  veyéndose muy aquexados d’él, los mayores de aquella cibdad de
                     <placeName>Galaad</placeName> se fueron para el dicho cavallero
                     <persName>Jepté</persName> a aquella tierra onde él bivía rogándole que le
                  pluguiese de se venir para ellos <pb n="37r"/>e ser su príncipe e caudillo, e
                  pelear contra los amonitas que tan malamente le apremiavan. Él les respondió
                  escusándose, diziendo que bien sabían que ellos lo avían echado de su tierra e de
                  casa de su padre, e que este llamamiento que le agora fazían non era por amor mas
                  por nescesidad. Finalmente, mucho rogado, dixo que le plazía de condescender a sus
                  rogarias, e rescibido por ellos por duque e príncipe suyo, él enbió luego sus
                  mensageros al dicho rey de los amonitas mandándoles que de su parte le preguntasen
                  por quál razón él avía venido contra su tierra por gela destruir. El dicho rey
                  respondió que la razón e causa era esta, es a saber: que al tienpo que el dicho
                     <name>pueblo de Israel</name> saliera de tierra de
                     <placeName>Egipto</placeName> le avían tomado e ocupado cierta tierra suya, e,
                  por ende, que seyéndole tornada pacíficamente, a él plazía de se partir de aquella
                  conquista. A lo qual el dicho príncipe e duque <persName>Jepté</persName> le enbió
                  replicar diziendo que aquellas tierras eran del dicho <name>pueblo de
                     Israel</name> e Nuestro Señor Dios gelas diera, e avía trezientos años que las
                  poseían en los quales nunca cosa desto les avía demandado, e, por ende, que la su
                  demanda non era buena, antes la guerra que por ende les quería fazer era injusta e
                  el dicho rey errava en ello al dicho príncipe e duque <persName>Jepté</persName>,
                  e que tomava a Dios por medianero entre ellos. De lo qual el dicho rey de los
                  amonitas non se curó en cosa alguna. </p>

               <p>Por lo qual amas partes se aparejaron para pelear en el canpo, e el dicho duque
                     <pb n="37v"/> e príncipe <persName>Jepté</persName> fizo voto a Dios que si le
                  diese victoria contra aquel rey e sus gentes, que desde allí ofrecía de le
                  sacrificar qualquier que primeramente salliese de las puertas de su casa a lo
                  rescibir quando él tornase en paz e con victoria de aquella batalla. E fecho este
                  voto, él se pasó contra aquellas gentes para pelear con ellos e plogo a Nuestro
                  Señor que los venció en el canpo e mató muchos d’ellos, e así fueron por él
                  abaxados e sojuzgados so mano e poderío del <name>pueblo de Israel</name>. </p>

               <p>E avida esta victoria, el tornándose para su casa, acaeció que en aquella ora
                  sallió a lo rescibir con grandes danças e instrumentos de música la donzella fija
                  suya, ca él non avía otro fijo nin fija, la qual vista por el dicho duque, él
                  mostrando dello grand pesar, ronpió sus vestiduras propias e díxole: </p>


               <p><q who="#Jefte">-Fija mía, tú has engañado a ti e a mí, ca yo non puedo negar nin
                     quebrantar el juramento e voto que fize a Dios.</q>
               </p>


               <p>Al qual ella con grande obediencia e usando de la virtud de la fortaleza le
                  respondió:</p>

               <p><q who="#fija_Jefte">-Padre mío, lo que tú de mí propmetiste a Dios sea fecho,
                     pues a él plogo de te dar vengança e victoria de tus enemigos; pero una cosa te
                     suplico: que me dexes andar con las mis donzellas dos meses cercando los montes
                     faziendo llanto por la mi virginidat.</q>
               </p>


               <p>El padre le respondió que le plazía e que se fiziese así. E conplidos los dos
                  meses ella se tornó para su padre, de la qual él fizo e cunplió lo que avía
                  votado, e de allí se puso por costunbre e se guardó en el <name>pueblo de
                     Israel</name> que en cada un <pb n="38r"/>año en aquel mesmo tienpo se juntavan
                  todas las donzellas e fazían llanto por aquesta noble donzella fija del dicho
                  duque e príncipe <persName>Jepté</persName>, que así quiso ser sacrificada por
                  conplir el voto de su padre.</p>

               <p> Mucho son de loar las grandes virtudes de obediencia e fortaleza desta donzella,
                  la qual, seyendo fija de tan grande príncipe e él non aviendo otro fijo nin fija
                  sinon a ella solamente, e seyendo moça virgen e muy fermosa e pudiendo bevir
                  muchos años e aver tan grande casamiento como a fija de tan grande príncipe
                  pertenescía, quiso dexar todo esto e la vida presente porque el voto que su padre
                  avía fecho a Dios non fuese quebrantado. E sin otra turbación, con gesto alegre e
                  buena voluntad quiso obedescer tan agra e cruel sentencia, diziendo a su padre <q
                     who="#fija_Jefte">"Sea fecho e conplido lo que de mí prometiste"</q>. En lo
                  qual se quiso igualar a la obediencia del patriarca <persName>Isac</persName>,
                  quando el grande patriarca <persName>Abraham</persName>, padre suyo, lo quiso
                  sacrificar a Dios, segund cuenta su istoria en el <title>Génesi</title> que es el
                  primero libro de la ley. </p>

               <p>¡O grandeza de coraçón muy clara!, la qual se puede igualar a los muy fuertes e
                  muy firmes varones; ca ¿quál mayor cosa nin más fuerte nin más maravillosa fizo
                  aquel sabio <persName>Catón</persName> quando, con su propio cuchillo, se mató por
                  la perdición de la libertad de <placeName>Roma</placeName>? Ca le dexó la vida
                  veyendo que ya él non podía bevir en libertad en <placeName>Roma</placeName>. E
                  esta donzella, por ser obediente a su padre, de voluntad se ofreció a la muerte
                  podiendo bevir en grande estado. Mas, <pb n="38v"/>¿para qué yo alargaré
                  recontando las loanças d’ella? Ca tanta es la su dignidad, tanta es la su puxança
                  de virtud, que por muchos loores non se podrían recontar. Por lo qual yo determiné
                  de pasar adelante a fablar de las otras. </p>

            </div>

            <div xml:id="I_14_abigail_et_al">
               <head>Capítulo catorzeno. De cinco mugeres bien fabladas las quales se llamaron
                  Abigaíl e Teanites, la que morava en Abela que fizo que la descercase el
                  condestable Joaf e Bersabeé madre de Salomón</head>

               <p>Muchos sabios, así griegos como latinos e especialmente aquel grande sabio e muy
                  bien fablado romano <persName>Tulio Cícero</persName>, han conpuesto e fecho
                  muchos libros en la eloqüencia, que quiere dezir la buena e graciosa e apuesta
                  manera de fablar ante los enperadores e reyes e príncipes, e ante los otros
                  grandes señores para mejor e más aína poder alcançar los onbres aquellas cosas que
                  quieren demandar e suplicar, e generalmente de la manera que a todos pertenesce
                  tener en sus fablas e dichos con todos aquellos con quien han de participar porque
                  mejor puedan fazer sus fechos, segund muy largamente se contiene en los sus libros
                  que desta materia fablan. E asimesmo algunos d’ellos son loados por las buenas e
                  graciosas maneras de fablar que han fecho e tenido ante algunos enperadores e
                  reyes, por donde han librado de muerte e de otros peligros a muchos reyes e otras
                  notables personas, como segund ellos non ay cosa más loada que la buena fabla si
                  con ella se ayunta <pb n="39r"/>tener cerca d’ella aquel modo que para lo tal es
                  conplidero, es a saber: considerar quién es aquel que fabla, e a quién e cómo e en
                  qué lugar e tienpo, e la materia o cosa de la qual es aquella fabla. </p>

               <p>Las quales cosas acatadas e guardadas, quando la fabla non peca en ninguna destas
                  cosas puédese dezir d’ella que non ay cosa más suave nin más dulce nin que más de
                  buena voluntad los onbres quieran que oír la tal fabla. Esta es esperança de los
                  que están en nescesidad, e defensa de los que son en trabajo. Ca ¿quál cosa ay más
                  maravillosa nin de mayor precio que la tal eloqüencia o fabla? Pues ella es
                  poderosa de atraer las voluntades de los onbres e fazer mansos e pagados a los que
                  están sañosos e fuertes; levantar los afligidos e caídos; dar salud a los
                  enfermos; librar de los peligros a los que son en prosecución; fazer de los
                  enemigos amigos, e finalmente aquello que el sabio <persName>Salamón</persName>
                  dize en los sus <title>Proverbios</title>: <quote>"La muerte e la vida es en
                     poderío de la lengua"</quote> etc. E porque esto non solo fue dado a los onbres
                  mas aun a las mugeres, por ende pareciome ser cosa razonable de fazer aquí mención
                  especialmente de cinco mugeres bien fablantes e muy avisadas e sabias, de las
                  quales entre otras muchas faze mención la <title>Sacra Escriptura</title>, pues
                  que ellas merescieron ser puestas e asentadas en el libro de los
                     <title>Reyes</title> e príncipes. La estoria de la qual es auténtica e provada
                  entre las otras sacras escripturas, e rescibida por toda la <pb n="39v"/>iglesia
                  de Dios.</p>

               <p> La una de las quales fue aquella muger llamada <persName>Abigaíl</persName>,
                  muger de aquel onbre muy rico llamado <persName>Nabal Carmeli</persName>, la qual,
                  segund largamente recuenta su istoria en el <bibl>primero libro de los
                        <title>Reyes</title></bibl>, que por su buena avisación e graciosa e
                  conpuesta fabla, yendo <persName>David</persName> muy irado con quatrocientos
                  onbres d’armas ante que fuese rey con propósito de matar al dicho
                     <persName>Nabal</persName> marido desta muger e a todos los suyos, e le
                  destruir todo lo que avía por enojo que d’él oviera, desque lo ella sopo, sallió a
                  él al camino con cierto presente de viandas que delante de sí le enbió, e le dixo
                  e propuso tales e tan apuestas e notables razones que amansó la su ira e le fizo
                  bolver del camino donde venía por manera que escusó de muerte al dicho
                     <persName>Nabal</persName> su marido e a los suyos e de les ser destruido todo
                  lo suyo. </p>

               <p>E la otra muger es aquella sabia muger llamada <persName>Teanites</persName>, de
                  la qual faze mención el <bibl>segundo libro de los <title>Reyes</title></bibl>,
                  onde se lee que aviendo desterrado el rey <persName>David</persName> al infante
                     <persName>Absalón</persName> su fijo por la muerte de
                     <persName>Amnón</persName> su hermano, esta sabia muger con grande avisación e
                  buen entendimiento tomó ábito de muger biuda e se fue para el rey diziendo que
                  ella oviera dos fijos, e que el uno matara al otro en el canpo, e que los
                  parientes procuravan que fuese muerto el que quedava bivo, e que si esto así
                  pasase ella perdería amos los fijos. Finalmente ella fizo la suplicación al rey
                  tan sabia e cuerda e graciosamente que el dicho rey se convertió a sus rogarias, e
                  ovo por bien de perdonar e perdonó <pb n="40r"/> e aseguró de muerte e de lisión
                  al otro su fijo que ella dizía que le quedava bivo. </p>

               <p>E esto así ganado del rey, la dicha sabia muger le dixo tales razones e tan bien
                  apuestas cerca del destierro del infante <persName>Absalón</persName> dándole a
                  entender que la suplicación que ella le avía fecho non era por fijo suyo propio
                  que oviese muerto a otro su hermano mas por el dicho infante
                     <persName>Absalón</persName> que así avía muerto al dicho infante su hermano
                     <persName>Amnón</persName>, e por tal manera ella se ovo ordenadamente con el
                  dicho rey que non enbargante que él fuese profeta e rey e muy sabio varón, segund
                  que d’él faze fee la <title>Santa Escriptura</title> en muchos lugares, él ovo por
                  bien, mediante la buena fabla e suplicación de la dicha sabia muger, de
                  condescender a lo que ella le pidía e suplicava, e de perdonar al dicho infante
                     <persName>Absalón</persName> su fijo e le restituir e tornar en su regno e
                  tierra, e lo que muchos grandes de su regno non podieron con él alcançar lo
                  alcançó esta sabia muger por su buena e avisada fabla. </p>

               <p>E la otra es aquella sabia <name>muger que morava en la cibdad de
                        <placeName>Abela</placeName></name> de tierra de
                     <placeName>Judea</placeName>, de la qual faze mención la istoria del
                     <bibl>segundo libro de los <title>Reyes</title> en el capítulo XX</bibl>, donde
                  se recuenta que el condestable <persName>Joab</persName> teniendo cercada la dicha
                  cibdad de <placeName>Abela</placeName> por causa que se avía encerrado en ella un
                  cavallero de aquel regno llamado por nonbre <persName>Siba</persName>, el qual se
                  avía rebelado contra el rey <persName>David</persName>, e queriendo el dicho
                  condestable con grande poderío de gente que consigo traía conbatir la <pb n="40v"
                  /> dicha cibdad e destruir los muros d’ella e la entrar por fuerça e matar e
                  destruir los que en ella eran, entonce aquella muger sabia usando de grande
                  cordura e de muy apuesta e ordenada manera de fablar llamado de su parte a fabla
                  el dicho condestable <persName>Joab</persName>, le dixo tales razones e enxienplos
                  por donde le convenció a que decercase la cibdad e la dexase segund que la decercó
                  e dexó.</p>

               <p>E la otra muger es <persName>Bersabé</persName> madre del rey e sabio
                     <persName>Salamón</persName>, del qual faze testimonio la <title>Sacra
                     Escriptura</title> que fue más sabio que otro alguno ante nin después d’él.
                  Desta <persName>Bersabé</persName> se lee en el <bibl>tercero libro de los
                        <title>Reyes</title> en el primero capítulo</bibl> que seyendo viejo el rey
                     <persName>David</persName> e cercano a la muerte, e sabido por ella que el
                  infante <persName>Adonías</persName> fijo del rey <persName>David</persName>
                  tractava e tenía maneras de se apoderar del <placeName>reino de Judea</placeName>
                  e tomar título de rey en lugar del dicho rey <persName>David</persName> su padre,
                  ella con muy grande avisación e sabidoría se fue para el dicho rey
                     <persName>David</persName> e recontole aquesto, e asimesmo de cómo el dicho rey
                     <persName>David</persName> le avía jurado de dexar por rey en su lugar a
                     <persName>Salamón</persName> su fijo. Le fizo suplicación tan apuesta e
                  ordenada e sabiamente que el dicho rey <persName>David</persName> ovo por bien de
                  condescender a su ruego e suplicación e fizo luego tomar e alçar por rey en su
                  vida e en su lugar al dicho rey <persName>Salamón</persName> su fijo, e fue
                  rescibido por rey por todos los lugares del reino e por todo el pueblo con grande
                  solepnidad. </p>

               <p>E la quinta muger es aquella grande muger llamada <persName>Sunamites</persName>,
                  de la qual faze mención el <bibl>quarto <title>Libro <pb n="41r"/>de los
                        Reyes</title></bibl> onde se lee que esta muger era muy franca e piadosa e
                  limosnera, e usando destas virtudes rescibía en su casa al santo varón profeta
                     <persName>Eliseo</persName> cada que él venía a una cibdad de
                     <placeName>Judea</placeName> llamada <placeName>Sunam</placeName>, en la qual
                  esta dueña e su marido bivían e avían ende muchas posesiones ca eran muy ricos e
                  honrados e generosos e enparentados. E esta noble dueña con grande devoción cada
                  que el profeta <persName>Eliseo</persName> por ý pasava le mandava muy
                  conplidamente servir e administrar e onrar, e allende desto ella era tan honesta e
                  bien fablada e cortés e avisada que por su buena e apuesta fabla e por la muy umil
                  suplicación que ella fizo al dicho profeta <persName>Eliseo</persName>, él seyendo
                  tan grande e señalado e especial profeta de Dios, se inclinó a venir con ella
                  desde el <placeName>monte Carmel</placeName> donde él estava fasta la dicha cibdat
                  de <placeName>Sunam</placeName> onde él bivía, e seyendo muerto un fijo que Dios
                  le avía dado, a ruego del dicho profeta <persName>Eliseo</persName> quasi por
                  miraglo, ca ella primeramente nunca de ante oviera fijos e su marido era ya muy
                  viejo, el dicho profeta a suplicación desta noble e bien fablante dueña fizo su
                  oración e suplicación a Dios que resucitase el fijo de aquella dueña, e Nuestro
                  Señor Dios a su suplicación lo resucitó, segund que largamente lo recuenta su
                  istoria en el dicho libro de los <title>Reyes</title>.</p>

               <p>¡O mugeres virtuosas e de grand valor que, mediantes sus buenas e graciosas e
                  apuestas fablas, merescieron alcançar e acabar tan grandes e tan notables fechos!
                  Quiero yo agora preguntar <pb n="41v"/>quáles fueron los más sabios e más bien
                  fablantes e más notables entre los varones que por su buena e apuesta fabla tan
                  grandes nin mayores fechos alcançasen, mayormente acerca de los grandes reyes e
                  profetas e cavalleros, segund que por sus suplicaciones éstas lo alcançaron,
                  aunque por las istorias de los gentiles se falla que algunos notables e sabios e
                  bien fablantes varones ayan en esta manera alcançado grandes fechos por sus buenas
                  fablas. E podemos dezir que nin aun ese <persName>Pueblo Valerio</persName>, el
                  qual, veyendo que el pueblo romano se partía de sus mayores e cabdillos, quando
                  eran cerca de la ribera del <placeName>río de Amenis</placeName> con sus blandas e
                  corteses palabras los tornó a obediencia de sus mayores; nin aun ese varón
                     <persName>Cícero</persName> muy loado, al qual entre los latinos es dado el
                  principado de la manera del bien fablar, quando por su angélica fabla libró de
                  muerte aquel varón llamado <persName>Ponpilio</persName> e asimesmo quando a su
                  suplicación el grande <persName>César</persName> enperador e señor de todo el
                  mundo libró de muerte algunos reyes e otras personas que le avían errado; nin aun
                     <persName>Marco Antonio</persName>, por la buena fabla del qual libró a sí
                  mesmo de los cavalleros que lo venían matar, tanto que oída su graciosa fabla los
                  dichos cavalleros tornaron sus espadas en sus vainas sin le fazer enojo alguno;
                  nin aun <persName>Ipérides</persName> nin <persName>Demóstenes</persName> que
                  fueron perfectos onbres e muy polidos en la manera del bien fablar, ninguno destos
                  non paresce aver sobrepujado a estas nobles dueñas en la muy graciosa e <pb
                     n="42r"/>polida manera que tovieron en sus buenas fablas que fizieron cerca de
                  los sobredichos reyes e profetas e señores. </p>

               <p>¡O quánto gracioso es aqueste don de la buena fabla dado por el Dios inmortal!, la
                  virtud del qual está en las voluntades de los onbres, ca este les faze perder saña
                  e malquerencia e dolor, o los revoca e trae a misericordia e piedad. Pues que
                  tanta es la fuerça de la eloqüencia e buena e fabla como suso es dicho, e tanto es
                  el su resplandor que los onbres que la ovieron alcançaron por ella grandes
                  loanças, bien paresce cosa consonante a la razón que aquestas nobles señoras devan
                  ser magnificadas por loanças e títulos muy nobles por el su bueno e polido
                  razonar. </p>

            </div>

            <div xml:id="I_15_susana">
               <head>Capítulo quinzeno. De Susaña</head>

               <p>Con grande razón deve ser fecha aquí mención de la noble
                     <persName>Susaña</persName> muger de <persName>Joaquim</persName> del
                     <name>pueblo de Israel</name> por la su grand virtud de castidad, pues que aun
                  el temor de la muerte que es la postrimera cosa de las cosas espantosas e
                  terribles non la pudo corronper. E desta noble dueña faze mención la istoria del
                  profeta <persName>Daniel</persName> en su libro, onde paresce que en la cibdad de
                     <placeName>Bavilonia</placeName> morava un onbre llamado por nonbre
                     <persName>Joaquín</persName> que avía por su muger a la dicha
                     <persName>Susaña</persName>, la qual era muy fermosa e fija d’algo e bien
                  criada. Este <persName>Joaquín</persName> su marido era tan honrado e rico que
                  todos los que bivían en aquella cibdad lo aconpañavan.</p>

               <p>E acaeció que en aquel año fueron puestos por juezes del <name>pueblo de
                     Israel</name> dos viejos, de los quales segund recuenta la istoria se puede
                  bien dezir <pb n="42v"/>aquella palabra que Dios ha dicho, que la maldad sallió de
                     <placeName>Bavilonia</placeName> de viejos juezes d’ella, por quanto estos, non
                  enbargante que de fuera se mostravan ser buenos e que rigían el pueblo, pero ello
                  non era así verdaderamente segund sus malas obras. Estos dos viejos juezes
                  acostunbravan continuamente venir a la casa deste <persName>Joaquín</persName>, e
                  allí oían e libravan los pleitos. E paresce que ellos fueron enamorados desta
                     <persName>Susaña</persName> sin sabidoría nin consentimiento d’ella e
                  concordaron entre sí de catar lugar e tienpo porque la pudiesen aver sola e sin
                  conpañía por conplir su mala entención.</p>

               <p>E como ellos estoviesen esto aguardando, avino que un día la dicha
                     <persName>Susaña</persName> segund que lo avía acostunbrado se fue con dos
                  donzellas suyas para ver su vergel que tenía cerca de sus casas por se vañar en
                  una fuente que en él estava por quanto era tienpo del estío, e en el vergel non
                  era ý otra persona salvo los dos dichos viejos juezes que ende se avían ascondido
                  e estavan mirando a <persName>Susaña</persName>, ella non los veyendo. Estonces
                  ella mandó a las donzellas que con ella ivan que se fuesen para la posada e le
                  truxiesen dende algunas cosas bien olientes e cerrasen en pos de sí la puerta del
                  vergel en tanto que ella se vañava en aquella fuente, las quales lo fizieron así e
                  salliéronse fuera del vergel por un postigo e cerraron la puerta d’él en pos de sí
                  e fueron traer lo que <persName>Susaña</persName> su señora les avía mandado, ca
                  non sabían que los viejos estoviesen ende escondidos. E como las dichas dos
                  donzellas salieron del vergel luego <pb n="43r"/>se mostraron los dichos dos
                  viejos e viniéronse para <persName>Susaña</persName> e le dixieron así: </p>

               <p><q who="#dos_viejos">-Las puertas del vergel están cerradas e non nos vee ninguno
                     e nosotros somos enamorados de ti, por ende, conviene que fagas lo que a nos
                     plazerá, ca si lo non quisieres fazer faremos testimonio contra ti que has
                     dormido con un mancebo e que por esta causa enbiaste las donzellas de
                  ti.</q></p>


               <p>Entonce la muy casta <persName>Susaña</persName> con grande gemido dixo: </p>

               <p><q who="#susana">-Yo so muy angustiada e tribulada de todas partes, ca si yo fago
                     lo que estos demandan, esto es a mí muerte, e si lo non fago non puedo fuir de
                     sus manos, pero mucho es a mí mejor que ellos fagan falso testimonio contra mí
                     yo seyendo sin culpa que non aver yo de pecar a Dios.</q>
               </p>


               <p>E estonce <persName>Susaña</persName> començó de dar grandes bozes, e los viejos
                  desque esto vieron dieron asimesmo grandes bozes contra ella. E el uno d’ellos
                  corrió e abrió la puerta del vergel, e como las bozes sonasen en el vergel
                  entraron por el postigo muchos servidores de la casa de
                     <persName>Susaña</persName> queriendo ver qué cosa era aquella. E los viejos
                  fablaron e dixieron contra <persName>Susaña</persName> diziendo que la avían
                  fallado faziendo maldat con un mancebo. E considerada la grande auctoridad
                  d’ellos, ca eran viejos e juezes e los mayores e más honrados del pueblo, fue dada
                  fee a sus palabras e quedaron los servidores muy avergonçados, pero maravillávanse
                  mucho de lo que dezían contra <persName>Susaña</persName>, por quanto ella era de
                  muy buena fama e nunca avían oído contra ella mal ninguno. </p>

               <p>E dende a otro día ayuntando todo el pueblo aquellos dos viejos fizieron
                  testimonio <pb n="43v"/>falso contra <persName>Susaña</persName>, diziendo que la
                  avían visto fazer adulterio con un mancebo dentro de aquel vergel, el qual mancebo
                  ellos non avían conoscido quién era, e dixieron que non enbargante que ellos
                  cometían de lo prender, que lo non pudieran acabar e que se les avía ido por
                  fuerça.</p>

               <p>E por este falso testimonio la dicha <persName>Susaña </persName>fue condepnada a
                  muerte, e todos los que ý eran avían muy grand dolor e fazían por ello grande
                  llanto conosciendo que sienpre ella era muy casta e de buena fama, pero acatada la
                  auctoridad de aquellos viejos e juezes dieron fee a sus palabras. Estonce
                     <persName>Susaña</persName>, veyéndose condepnada a tan grande tuerto ella
                  seyendo inocente e sin culpa alguna de aquello que falsamente le oponían, alçó sus
                  ojos al cielo e dixo a grandes bozes: </p>


               <p><q who="#susana">-¡O Señor Dios que duras por sienpre e conosces todo lo ascondido
                     e sabes las cosas ante que sean fechas! ¡Tú vees bien que el testimonio que
                     estos fazen contra mí es falso, e yo muero non aviendo fecho cosa alguna de
                     aquestas que estos maliciosamente contra mí han dicho! ¡Ave piedad de mí e
                     líbrame!</q>
               </p>


               <p>El Señor Dios oyó la su boz, e como ella fuese traída a la muerte, plogo a Dios
                  que estonce se acaeció ende el profeta <persName>Daniel</persName>, al qual Dios
                  puso en coraçón que tomase la reqüesta deste fecho. El dicho profeta
                     <persName>Daniel</persName> a grandes bozes dixo que aquella muerte se fazía
                  contra justicia e que él non era en ella. Estonce el pueblo le preguntaron qué
                  cosa era aquella que dizía, él les dixo: <q who="#daniel">"Esta muger es
                     condepnada a muerte falsamente contra toda verdad"</q>. Finalmente <pb n="44r"
                  />fizo detener que se non conpliese la sentencia contra ella dada, e mandó traer
                  ante sí a aquellos dos viejos juezes que avían testiguado contra ella, e apartó a
                  cada uno d’ellos por sí e preguntoles a cada uno d’ellos por si apartado el uno
                  del otro que pues ellos dezían que en aquel vergel <persName>Susaña</persName>
                  avía acometido aquella maldad de adulterio que declarasen e dixiesen so quál árbol
                  fuera fecho. E como su dicho era falso ellos desvariaron, diziendo el uno que so
                  un árbol e el otro so otro árbol, así que fueron avidos por falsos e mentirosos, e
                  la dueña quedó por libre. </p>

               <p>Entonce todo el pueblo a una boz dieron muchos loores a Dios que salva los que en
                  él han esperança, e levantáronse contra aquellos dos viejos a los quales
                     <persName>Daniel</persName> avía convencido por su propia boca d’ellos e les
                  fizo confesar que el testimonio que fizieron contra <persName>Susaña</persName>
                  era falso e non verdadero. E fizieron d’ellos la mesma justicia a que
                     <persName>Susaña</persName> fuera condepnada. E luego fueron allí muertos. E
                  así quedó salva <persName>Susaña</persName>, de lo qual ovieron muy grand gozo
                  todo el pueblo e especialmente el marido e padre e madre e parientes de
                     <persName>Susaña</persName>.</p>

               <p>¡O muger de muy grande e alta castidad e de muy grande e noble e fuerte coraçón!
                  ¿Quál muro o quál castillo podiera ser más fuerte e firme que el grande e non
                  vencible coraçón desta noble señora?, la qual tragó el miedo de la muerte sin
                  algund temor d’ella porque su grande castidad non fuese corronpida. ¡Quánto es de
                  loar esta santa muger que quiso ante ponerse a peligro de rescibir muerte seyendo
                  sin culpa que non bevir <pb n="44v"/> en esta vida corronpiendo su castidad! En lo
                  qual dio de sí muy grande enxienplo non solo a las mugeres para que sienpre
                  guarden castidad e osen antes rescibir muerte que la corronper, mas aun dio
                  enxienplo a los virtuosos varones para que resciban la muerte ante que cometer
                  cosa torpe.</p>

               <p>¿Quál virtuoso varón pudo más fazer que esta santa dueña fizo?, ¿nin qué mayor
                  fortaleza de coraçón podía aver que veyendo la muerte al ojo ofrecerse a ella e la
                  querer rescibir con tanta paciencia por non fazer lo que non devía? E comoquier
                  que se fallan algunos notables cavalleros varones que ayan rescibido muerte por la
                  virtud, non menos es de loar <persName>Susaña</persName> que ellos. E en caso que
                  yo fallo muchos varones excelentes que ayan usado desta virtud, non veo ninguno
                  que sobrepuje a esta santa dueña, pues que por guardar su castidat mostró tan
                  grande fortaleza de coraçón que por ruego nin por amenazas de aquellos dos viejos
                  que tanto poder tenían e de tanta actoridat eran acerca del <name>pueblo de
                     Israel</name> ella non mudó su santo propósito, ante escogió rescibir muerte
                  que consentir que su castidad fuese corronpida.</p>

               <p>¡O fenbra!, la qual es de magnificar por títulos muy señalados, la qual como ella
                  bien sopiese quánta nobleza sea en la natura umana, quánta dignidad, a la qual
                  Dios aya dado coraçón divinal, en el qual caben las cosas muy buenas e muy
                  honradas para que con grande diligencia aya cura mayormente de las cosas que
                  pertenescen a su servicio así como de la virtud de la linpieza, de la virtud de la
                  concordia, de la virtud de la amistad, de la virtud de la igualdad, de la virtud
                  de la tenprança, de la grandeza del coraçón e de todas las otras governaciones de
                  virtud, ella quiso más morir que non pecar e caer en luxuria. En el regimiento de
                  la qual non es dubda que virtud alguna non puede estar nin ay ende ningund lugar
                  para la tenprança. </p>

               <p>De lo qual podemos entender que los varones muy virtuosos que dieron todos sus
                  pensamientos e todas sus curas para bienaventuradamente bevir non fueron deseosos
                  de las cosas onestas nin las guardaron más que esta santa e muy casta dueña, en la
                  qual es asentada toda fermosura de vida en tanto grado que aquel en el qual veemos
                  que aya alguna lunbre de onestad, aquel tan solamente juzgamos ser digno de
                  loores. Pues que así es, con grand razón esta Susaña muger muy grande en las
                  primeras e muy casta es de tener en muy grande onor, pues que ella ante quiso
                  padescer ser juzgada a muerte que fazer cosa fea nin luxuriosa. </p>

            </div>

            <div xml:id="I_16_madre">
               <head>Capítulo diez e seis. De los siete fijos que fizo atormentar Antíoco</head>

               <p>Porque las cosas que se fazen por zelo de la fee e por la ley de Dios son mucho de
                  loar e encomendar así como aquellas que son religiosas e santas e traen al onbre a
                  devoción e al servicio de Nuestro Señor Dios, por ende, cosa muy conveniente me
                  pareció ser aquí nonbrada entre las otras virtuosas mugeres del <title>Testamento
                     Viejo</title> aquella muger muy devota madre de los siete fijos, de la qual
                  faze mención la estoria de los macabeos en el segundo libro, donde paresce que el
                  rey <persName>Antíoco</persName> en el tienpo que sojuzgó a tierra de
                     <placeName>Judea</placeName> determinó de apremiar a los judíos que eran en su
                  tierra que dexasen la ley de Dios que ellos avían e adorasen e sirviesen los
                  ídolos. E entre los otros fue presa una dueña con siete fijos suyos, e, requeridos
                  por el dicho rey que fiziesen algunas cosas contra ley de Dios, non quisieron
                  obedescer nin conplir su mandamiento, por lo qual el dicho rey movido con grande
                  ira e saña mandó atormentar e matar muy cruelmente presente la dicha muger a los
                  dichos siete fijos suyos e les fueron dados muy grandes e crueles tormentos,
                  coziéndolos en calderas e faziéndoles otras crueldades fasta que morieron los seis
                  d’ellos.</p>

               <p>Esta dueña, veyendo todos estos tormentos e dolores de sus fijos, por la grande
                  esperança que en Dios avía lo sufrió todo con grande paciencia rogando e
                  amonestando todavía a cada uno de sus fijos, segund largamente lo recuenta su
                  estoria, que non dexasen la ley de Dios, non mostrando flaqueza de coraçón segund
                  que las mugeres suelen mostrar mayormente en las cosas peligrosas e espantosas,
                  mas con grande fortaleza de coraçón dizía e amonestava a aquellos sus fijos que
                  así padescían en aquellos tormentos estas palabras: <q who="#madre">"¡O fijos
                     míos!, yo non vos di el espíritu e el alma nin la vida nin yo formé los
                     mienbros que en vosotros son, mas aquel Señor Dios que formó el nascimiento del
                     onbre, él vos ha formado e criado e vos ha de tornar otra vez el ánima e el
                     espíritu e la vida, lo qual agora vosotros <pb n="46r"/>dades por la su
                     ley"</q>.</p>

               <p>Entonce el dicho rey <persName>Antíoco</persName> veyendo que los seis fijos avían
                  pasado todos aquellos tormentos e muertes e se non avían convertido a lo qu’él
                  mandava, e que solamente quedava el fijo más pequeño d’ellos, començó de rogar e
                  requerir a la dicha muger que fablase con aquel su fijo menor que non quisiese
                  morir, mas que cunpliese su mandamiento. E después que el dicho rey sobre esto la
                  ovo mucho rogado, ella le respondió que le plazía de le fablar e rogar. Entonce
                  ella se llegó a aquel su fijo menor e le dixo estas palabras: </p>


               <p><q who="#madre">-Fijo mío, ave piadad de mí que te traxe nueve meses en mi vientre
                     e te di leche tres años e te crie e puse en esta edad en que al presente eres.
                     Ruégote, fijo mío, que mires el cielo e la tierra e todas las cosas que en
                     ellos son, e entiendas que Dios los ha fecho e criado de nada, e non quieras
                     temer a este carnicero, mas que quieras rescibir la muerte seyendo conpañero de
                     tus hermanos porque con ellos seas rescibido por Dios.</q>
               </p>


               <p>E ella diziendo estas palabras, dixo el moço a aquellos que estavan allí
                  aparejados de los atormentar e matar: </p>

               <p><q who="#madre">-¿Qué esperades? Ca yo non quiero fazer el mandado del rey, mas
                     obedesco el mandamiento de Dios, ca nos por nuestros pecados padescemos
                     aquestas cosas e esperamos ser reconciliados por Dios.</q>
               </p>


               <p>E dixo otras cosas muy notables e devotas. Entonce el rey muy irado e indinado
                  contra este fijo menor lo fizo tormentar e matar más cruelmente que a los otros
                  seis sus hermanos. E después de todos mandó matar a la dicha madre d’ellos, la
                  qual muerte <pb n="46v"/>ella rescibió con grande firmeza e paciencia segund
                  largamente recuenta su istoria.</p>

               <p>¡O muger muy santa e virtuosa e de grande fee e religión, digna de memoria para
                  sienpre!, ¡quant grande fortaleza de coraçón ovo en sí esta notable dueña e quánta
                  esperança tovo en Dios!, que por amor d’él, con grande cordura e paciencia e con
                  grande tenprança e usando de toda virtud de justicia, pagando al muy alto Dios
                  aquella debda que le es devida por toda criatura, mayormente razonable, non
                  curando de los induzimientos e ruegos e falagos e promesas e amenazas de tan
                  grande e tan poderoso e cruel rey como era este rey Antíoco quiso padescer e
                  sofrir que sus siete fijos, ella veyéndolo e estando presente a ello, fuesen así
                  tan cruelmente tormentados e muertos, e ella después d’ellos rescibiese muerte
                  segund que la rescibió antes que dexar la ley de Dios e bivir en esta vida
                  honrados e prosperados segund que el dicho rey les prometía de lo fazer.</p>

               <p>Pregunto yo agora: ¿quál de los varones fuertes e virtuosos que fasta oy han seído
                  aunque ayan fecho muchas cosas virtuosas e notables fechos pudo sobrepujar a esta
                  santa dueña en ninguna de las virtudes, así en cordura como en justicia e
                  fortaleza de coraçón e tenprança nin en fee nin esperança e caridad que es el amor
                  de Dios, nin en otra alguna virtud? E en caso que algunos ayan ofrescido a muerte
                  a sí mesmos por la virtud, pero non ofrecieron los fijos, e esto por el grand amor
                  que los padres comúnmente han a los fijos. E si los fijos ofrecieron a la muerte
                  non tantos nin todos, e <pb n="47r"/>si todos, non han ofrescido con ellos a sí
                  mesmos. Porque segund dize el apóstol <persName>sant Pablo</persName>, cada uno
                  ama a sí mesmo más que a otra cosa alguna, e así lo quiere la razón naturalmente.
                  Pero esta santa dueña, la qual es mucho de loar e de aver su fecho por cosa muy
                  maravillosa, con grande fee e esperança dexó de amar a sí mesma e a sus fijos, e
                  quiso padecer la muerte ella e ellos por amor e servicio del muy alto Dios que
                  bive e reina por sienpre jamás. En lo qual bien quiso semejar a los apóstoles e
                  mártires de <persName>Nuestro Señor Jesucristo</persName> que por su amor
                  quisieron rescibir muchos tormentos e después muertes crueles confesando la su
                  santa fee ante los grandes enperadores e príncipes e señores del mundo; e non
                  enbargante que leemos aquel varón romano llamado <persName>Pulvilo</persName>
                  estando sacrificando a <persName>Júpiter</persName> oída la muerte de su fijo por
                  eso non dexó de fazer e acabar su sacrificio nin quitó la mano que tenía puesta en
                  el poste de <persName>Júpiter</persName> do el dicho sacrificio se fazía, e
                  asimesmo el otro varón romano llamado <persName>Paulo Emilio</persName>, el qual
                  como toviese muchos fijos, vista la muerte de todos ellos, lo sufrió con grande
                  coraçón e por eso non dexó de continuar la oración e buena fabla que al pueblo
                  romano fazía de las cosas maravillosas por él fechas; otrosí aquel noble príncipe
                  de los de <placeName>Atenas</placeName> llamado <persName>Pelíclem</persName>
                  muertos dos fijos niños que tenía non dexó por eso de traer la corona real en su
                  cabeça segund que primeramente lo avía acostunbrado; e asimesmo aquel varón
                  llamado <persName>Sinofontes</persName> que estando faziendo su solepne sacrificio
                     <pb n="47v"/> ovo nuevas de la muerte de dos fijos suyos que eran grandes
                  onbres e puestos en grande dignidad, por eso non dexó de conplir el servicio de
                  los dioses, mas solamente fue contento con quitar la corona que en su cabeça
                  tenía; otrosí aquel grande sabio varón llamado <persName>Anaxágoras</persName>
                  oída la muerte de su fijo dixo con grande firmeza al mensagero que traxo las
                  nuevas: <q who="#anaxagoras">"Non me dizes cosa nueva nin que yo non aya
                     esperado"</q>. E aunque sea verdad que estos varones en sus adversidades e
                  muertes de sus fijos ayan mostrado muy grande constancia e firmeza usando de sus
                  virtudes, pero mucho más e en mayor grado la ha mostrado esta gloriosa dueña por
                  las cosas suso dichas, como ella aya seído doctada por tan singular firmeza, por
                  tan alto e grande coraçón, e asimesmo por tan muy clara justicia. Ca las amenazas
                  del tirano nin los crueles tormentos e muertes de sus siete fijos, nin la muerte
                  de sí mesma non la podieron quitar de su santo propósito nin de la ley divinal,
                  así que padeciendo e moriendo ella ovo victoria gloriosa de aquel tirano. Pues
                  consideren agora los porfiosos menospreciadores de las mugeres quánto fue
                  maravillosa la virtud desta gloriosa dueña para sostener fuertemente tantos
                  trabajos e después para morir tanbién, e verán si esta non tan solamente deve ser
                  loada mas aun ella ser muy digna de loanças inmortales, e así verán que este tan
                  grande don non sólo fue dado a los varones mas aun a las mugeres. </p>
            </div>

            <div xml:id="I_17_elisabet">
               <head>Capítulo diez e siete. De Santa Elisabet</head>

               <p>Non es de olvidar entre las otras santas mugeres <pb n="48r"/>la <persName>santa
                     Elisabet</persName> tía de <persName>Nuestro Señor Jesucristo</persName> e
                  madre del bienaventurado <persName>sant Johan Bautista</persName>, del qual
                     <persName>Nuestro Señor Jesucristo</persName> dixo que era profeta e más que
                  profeta, e que entre los fijos de las mugeres non se levantará ninguno que mayor
                  fuese que él. E comoquier que esta <persName>santa Elisabet</persName> alcançó
                  algund tanto de la ley de gracia pero non es dubda que ella aya seído en el tienpo
                  del <title>Testamento Viejo</title>, por lo qual es puesta aquí en fin. </p>

               <p>La istoria de la qual es muy auténtica e provada, ca la escrive e da fee d’ella el
                  evangelista <persName>sant Lucas</persName> en el <bibl>primero e segundo capítulo
                     de su Evangelio</bibl>, donde paresce que esta <persName>santa
                     Elisabet</persName> fue muger del sacerdote <persName>Zacarías</persName>, e
                  ella era mañera que non paría e ellos e amos a dos marido e muger eran muy viejos,
                  de tal guisa que ya él non era para fazer fijos nin ella para concebir. E Nuestro
                  Señor Dios queriendo se aver miraglosamente con ellos enbió al <persName>ángel
                     Grabiel</persName> al dicho <persName>Zacarías</persName> sacerdote que estava
                  ministrando e faziendo su oficio en el tenplo de Dios notificándole que comoquier
                  que el dicho <persName>Zacarías</persName> e su muger eran muy viejos e ella era
                  mañera que nunca avía concebido, que a él plazía de les dar un fijo el qual oviese
                  por nonbre <persName>Johan</persName>. E así fue fecho e conplido, e aviendo
                  concebido la dicha <persName>santa Elisabet</persName> del dicho
                     <persName>Zacarías</persName> su marido, ella tovo encubierta su preñez cinco
                  meses.</p>

               <p>En ese tienpo Nuestro Señor Dios enbió al <persName>ángel Graviel</persName> a la
                     <persName>virgen María</persName> faziéndole saber como plazía a Dios que
                  concibiese de Espíritu Santo, e que por la virtud de Dios avría un fijo el qual
                  sería llamado <persName>Jesús</persName> e salvaría el pueblo de los sus pecados
                     <pb n="48v"/>e sería llamado fijo de Dios, e que a Dios avía plazido que la
                  dicha <persName>santa Elisabet</persName> concibiese otro fijo en su vejez, non
                  enbargante que era mañera e que aquel era el sesto mes que lo avía concebido, ca
                  acerca de Dios todas las cosas eran posibles. E entonce la <persName>virgen
                     María</persName> respondió e dixo al ángel: <q who="#maria">"Ahé aquí la sierva
                     del Señor, sea fecho a mí segund que tú lo dizes"</q>. </p>

               <p>En aquel tienpo la <persName>virgen María</persName> se partió para la cibdat
                  donde era <persName>Zacarías</persName> e <persName>Elisabet</persName> su muger
                  por visitar a la dicha <persName>santa Elisabet</persName>, la qual el ángel le
                  avía dicho que era preñada e estava ya en los seis meses. E entrando por la puerta
                  de su casa la virgen gloriosa salvó a la dicha <persName>santa
                  Elisabet</persName>, e como la así salvase el niño <persName>sant Johan</persName>
                  que la dicha <persName>santa Elisabet</persName> tenía en el vientre se alegró. E
                  entonce la dicha <persName>santa Elisabet</persName> llena de Espíritu Santo con
                  boz muy alta dixo a la <persName>virgen María</persName>:</p>


               <p><q who="elisabet">-Bendita eres tú entre las mugeres e bendito es el fruto del tu
                     vientre. E, ¿dónde me vino esto que la madre del mi Señor venga a mí? Ca oída
                     la boz de la salutación que me feziste en entrando por la puerta se alegró con
                     gozo el niño en el mi vientre. Tú eres bienaventurada que creíste, ca conplirse
                     han todas las cosas que a ti son dichas por el Señor.</q>
               </p>


               <p> E entonce la <persName>virgen María</persName> dixo: </p>

               <p><q who="#maria">-La mi ánima magnificará al Señor e el mi espíritu se alegró en el
                     Dios mi salvador que acató la umildad de la su sierva, e por esto me dirán
                     bienaventurada todas las naciones. Ca aquel Dios poderoso fizo comigo grandes
                     cosas e santo es el su nonbre e la su misericordia es de generación en
                     generación en aquellos <pb n="49r"/> que lo temen.</q>
               </p>


               <p>E así fue procediendo dando muy grandes loores a Dios, e la <persName>virgen
                     María</persName> quedó en conpañía de la dicha <persName>santa
                     Elisabet</persName> cerca de tres meses. E conplidos los nueve meses que la
                  dicha <persName>santa Elisabet</persName> avía concebido, parió a <persName>sant
                     Johan Bautista</persName>, e todo el pueblo fue muy maravillado por ella ser
                  muger mañera e el su marido e ella ser muy viejos. </p>

               <p>¡O muger digna de grandes loanças que por su muy alta e buena vida e grandes
                  virtudes mereció aver espíritu de profecía e concebir miraglosamente seyendo
                  mañera e ella e su marido viejos e que este concebimiento fuese anunciado por el
                  ángel de Dios e que ella oviese tan santo e tan noble fijo!, el qual, segund suso
                  es dicho e la <title>Santa Escriptura</title> dello da testimonio, fue profeta e
                  más que profeta, e ninguno otro non fue mayor que él sacando <persName>Nuestro
                     Señor Jesucristo</persName> verdadero Dios e verdadero onbre. El qual
                     <persName>sant Johan</persName> por su santidad e merescimientos por ordenança
                  de toda la iglesia de Dios fecha por Espíritu Santo es antepuesto en la ledanía de
                  los santos a todos los patriarcas e profetas del <title>Viejo Testamento</title>,
                  e asimesmo a los apóstoles e evangelistas e mártires e confesores e a todos los
                  santos e santas del <title>Nuevo Testamento</title>. </p>

               <p> E non sin razón es de ensalçar por grandes loanças esta <persName>santa
                     Elisabet</persName>, pues por sus grandes virtudes e merescimientos mereció ser
                  visitada de la Virgen sin manzilla <persName>Nuestra Señora santa
                  María</persName>, ella trayendo en el su vientre virginal a <persName>Nuestro
                     Señor Jesucristo</persName>, el qual rige e govierna el cielo e la tierra e
                  bive para sienpre; e asimesmo esta <persName>santa Elisabet</persName> fue digna
                  de reconoscer por espíritu profético <pb n="49v"/> a su Señor e criador que la
                  dicha Virgen gloriosa traía en su vientre en quanto onbre, e que ella bendixiese a
                  la dicha Virgen e recontase sus loores segund largamente lo recuenta el dicho
                  evangelista <persName>sant Lucas</persName>. E comoquier que esto fuese
                  profetizado por los santos profetas muchos tienpos antepasados, e asimesmo
                  anunciado por el <persName>ángel Graviel</persName> a la dicha <persName>virgen
                     María</persName>, non leemos que a otra persona alguna fuese esto revelado
                  salvo a la dicha <persName>santa Elisabet</persName>, así que en esto ella alcançó
                  gracia e don muy singular de Dios más que otra presona alguna onbre nin muger.</p>

            </div>

            <div xml:id="I_18_ana-fanuel">
               <head>Capítulo diez e ocho. De Ana fija de Samuel profeta</head>

               <p> Así de suso avemos escripto de las loores de las mugeres del <title>Viejo
                     Testamento</title>, non ciertamente tanto quanto ellas por sus grandes virtudes
                  merescen, mas pasando así la péndola brevemente por las istorias d’ellas. Agora
                  convenible cosa será enderesçar algund tanto el oficio de la péñola a
                     <persName>Ana</persName>, fija de <persName>Samuel</persName>. La qual
                  comoquier que aya seído en el <title>Viejo Testamento</title>, pero ella muy
                  bienaventuradamente ha alcançado asimesmo algund tanto el <title>Nuevo
                     Testamento</title>; la qual <persName>Ana</persName> comoquier que alunbrada
                  del espíritu de Dios dizía muchas vezes las cosas por venir, mas con mucha
                  diligencia guardó la verdadera e derecha manera de bevir, la qual derraiga los
                  vicios de raíz e apareja los coraçones al fin de todos los bienes e sienbra en
                  ellos aquello que después trae frutos abondosos. Aquesta santa e bienaventurada
                  muger, pues que el evangelista <persName>sant Lucas</persName> es estoriador
                  d’ella en el su <title>Evangelio</title>, escusado es por otro <pb n="50r"/>
                  estilo fazer mención de su istoria, mas solamente es de seguir el dicho
                  evangelista e trasladar sus palabras en esta parte, las quales son estas: dize el
                  dicho evangelista en su Evangelio que al tienpo que Nuestro Señor Jesucristo fue
                  traído al tenplo por la virgen gloriosa Nuestra Señora madre suya, era un ome
                  santo en la cibdat santa de <placeName>Jerusalem</placeName>, el qual avía nonbre
                     <persName>Simeón</persName> ome justo e temeroso de Dios, el qual esperava a la
                  consolación del <name>pueblo de Israel</name> e el Espíritu Santo era con él. Este
                  santo varón ovo respuesta del Espíritu Santo que ante de su muerte vería el ungido
                  del Señor que es <persName>Nuestro Señor Jesucristo</persName>. E el Espíritu
                  Santo le traxo un día al tenplo, e en aquel mesmo día <persName>Nuestro Señor
                     Jesucristo</persName> era presentado por la <persName>virgen Nuestra Señora
                     santa María</persName> en el tenplo segund la costunbre e cirimonia de la ley
                  vieja, e el dicho <persName>santo Simeón</persName>, visto <persName>Nuestro Señor
                     Jesucristo</persName>, tomolo en sus braços, e loando a Dios dixo: <q
                     who="#simeon">"Señor, agora dexas al siervo tuyo en paz segund la tu palabra,
                     porque ya vieron mis ojos la tu salud, la qual aparejaste ant’el acatamiento de
                     todos los pueblos que es luz para revelación de las gentes e gloria para el tu
                        <name>pueblo de Israel</name>"</q>.</p>

               <p>E recuenta que en aquella sazón era allí la dicha profetisa
                     <persName>Ana</persName> fija de <persName>Samuel</persName> del <name>tribu de
                     Aser</name>, la qual era muy vieja e avía seído casada, pero su marido non
                  biviera más de siete años casado con ella. E esta santa muger biuda avía ya bien
                  ochenta e quatro años que continuava en el tenplo de Dios e non se partía de allí,
                  antes sienpre perseverava e sirvía a Dios día e noche ayunando e orando. La qual
                  sobrevino al tenplo aquella mesma ora que <pb n="50v"/>
                  <persName>Nuestro Señor Jesucristo</persName> fue presentado e rescibido por el
                     <persName>santo Simeón</persName>, el qual visto, luego ella por el Espíritu
                  Santo començó de fablar d’él a todos los que esperavan la redención del
                     <name>pueblo de Israel</name>, mostrando e predicando cómo aquel era el
                  salvador e rey Mesías esperado por el pueblo e prometido por la ley e por los
                  profetas.</p>

               <p>¡O propósito santo loable desta santa profetisa!, la qual ciertamente con grande
                  sabidoría acordó non semejar a aquellos que siguiendo las costunbres de las
                  bestias su final bien ponen en los deleites del cuerpo, de los quales non cosa
                  alta nin cosa grande nin virtuosa algund tienpo se puede fazer, ca posieron sus
                  pensamientos en cosa tan baxa e tan menospreciada, mas su pensar de aquesta
                  sienpre fue en santidad, la qual es de tanta excelencia como sea honra que se dé
                  al muy alto Dios, que ya acaeció por solo un fecho muchos aver alcançado grande
                  gloria. </p>

               <p>Ca, ¿cómo fuera conoscido aquel cavallero romano llamado <persName>Lucio Albano
                     Plebeo</persName> sinon por aquello que, tomada por los franceses la cibdad de
                     <placeName>Roma</placeName>, el dicho <persName>Lucio Albano Plebeo</persName>
                  curó más del bien común de todos que de la su propia salud? El qual, usando de
                  grand virtud de las cosas pertenescientes al servicio de los dioses que entonces
                  eran adorados por los gentiles, mandó a los suyos que descendiesen del carro en
                  que ivan e dexado su camino para donde iva, él levó en aquel su carro un sacerdote
                  del tenplo, e otrosí a las vírgines que llevavan las cosas sagradas a un castillo
                  llamado <placeName>Ceretes</placeName>. </p>

               <p>¿Cómo fuera eso mesmo conoscido aquel cavallero romano llamado <persName>Galio
                     Fabio</persName>, sinon <pb n="51r"/>por el noble enxienplo que de sí mesmo dio
                  con grand virtud de santidad que guardó? El qual, como los franceses toviesen
                  cercado el capitolio de <placeName>Roma</placeName>, porque non cesase el
                  sacrificio que los romanos fazían a sus dioses, traxo en sus manos e onbros por
                  miedo de los enemigos al <placeName>monte Querinal</placeName> los aparejos e
                  cosas que eran menester para fazer los dichos sacrificios. Los quales acabados,
                  segund su solepne costunbre, se bolvió al <placeName>Capitolio</placeName> a
                  pelear contra los enemigos, e fue vencedor de las armas d’ellos.</p>

               <p>Ciertamente non ay alguno que sea de tanta virtud de santidad qu’él non aya
                  guardado toda abstinancia, toda inocencia. La qual inocencia, puesto que non tiene
                  nonbre acerca de los griegos, puédese llamar afección o deseo del coraçón de non
                  dañar a ninguno aunque en sí mesmo contenga todas las cosas que son dignas de
                  loor. Ca el que la religión e santidad honra, non es dubda que honre a cada una de
                  las virtudes, e asimesmo guarde tenprança, de la qual es propio de regir e amansar
                  los movimientos del coraçón.</p>

               <p>Mas ciertamente pienso que esta profetisa <persName>Ana</persName> tan gloriosa
                  deva ser digna de grande maravilla que los loores a ella devidos non se puedan
                  conplidamente recontar, porque qualesquier loores, aunque muy grandes e asimesmo
                  especiales e abondosos, non se podrían igualar a los merescimientos de aquesta,
                  pues que mereció ser presente a tan maravilloso acto e a tan excelente fiesta e
                  solepnidad, es a saber: a la sobredicha apresentación de <persName>Nuestro Señor
                     Jesucristo</persName>, e con mucha firmeza tanto e tan derechamente se dio al
                  servicio de Dios e tan maravillosa fue la sabidoría d’ella <pb n="51v"/>que ella
                  juzgó e conoció verdaderamente aquel soberano fin de los bienes que es
                     <persName>Nuestro Señor Jesucristo</persName>, allende del qual cosa alguna non
                  se puede desear. En el qual bien soberano los antiguos filósofos erraron e d’él
                  acerca d’ellos fueron muchas sentencias: ca unos dixieron que non avía otro bien
                  sinon lo que era onesto, estos fueron unos filósofos llamados estoicos; otros
                  dixieron que non avía otro bien sinon el deleite del cuerpo, e estos fueron otros
                  filósofos llamados epicuros; otros dixieron que non avía bien sinon usar de los
                  primeros bienes de la natura de todos o de los mayores d’ellos, e esto dizía un
                  filósofo llamado <persName>Carníades</persName>, el qual afirmava esto contra los
                  filósofos llamados estoicos. Otros dixieron que non avía bien sinon la
                  contenplación de la virtud, e esto dixo <persName>Aristótiles</persName> que fue
                  príncipe de los filósofos llamados peripatéticos.</p>

               <p>E esta profetisa <persName>Anna</persName> conosció sin alguna dubda nin error al
                  muy alto e soberano bien rey de los reyes e Señor de los señores, fin e
                  conplimiento de todos los bienes que es Nuestro Señor Dios, e lo adoró e sirvió. E
                  non sin razón fue ella digna de aquesto, pues segund que el dicho evangelista
                     <persName>sant Lucas</persName> da d’ello testimonio, ella era tan casta e
                  virtuosa e de tan perfecta e acabada vida que non se trabajava continuamente en ál
                  salvo en servir a Dios con toda firmeza e fee e esperança e amor d’él, ayunando e
                  orando. Por lo qual fablando desta santa muger dize <persName>sant
                     Gerónimo</persName> en el libro que fizo contra <persName>Joviniano</persName>
                  que ella fue tan virtuosa e concurrían en ella tantas perfecciones que non <pb
                     n="52r"/> le falleció salvo la sola virginidat para ella poder merescer ser
                  madre de Nuestro Señor. </p>

               <p>E así se faze aquí fin del primero libro desta obra, el qual fabla de las santas e
                  virtuosas mugeres del <title>Viejo Testamento</title>, aunque algunas d’ellas ayan
                  alcançado algund tanto del <title>Nuevo Testamento</title>. E de aquí adelante
                  començaremos a fablar en el segundo libro de las virtuosas mugeres del pueblo de
                  los gentiles, las quales sin influencia de gracia espiritual, mas por don natural,
                  fueron muy virtuosas. E acabada la istoria d’ellas se dirá en el tercero e
                  postrimero libro por fin e perfección e sello desta obra de las santíssimas e de
                  las otras muy excelentes e virtuosas e perfectas mugeres que por don e influencia
                  de la gracia de Dios fueron en la nuestra santa ley de gracia después qu’el
                     <title>Santo Evangelio</title> fue públicado por el mundo. Ca desde allí
                  cesaron del todo las cirimonias de la ley de escriptura, e cesó la sinagoga, e
                  començó la muy santa madre nuestra, es a saber, la iglesia de Dios, la qual es el
                  ayuntamiento de los santos e de los otros varones perfectos del pueblo cristiano.
                  A la qual el apóstol <persName>sant Pablo</persName> en las sus epístolas llama
                     <quote>"perfecta e sin tacha nin ruga"</quote>. E desta mesma escrive el
                     <persName>sabio Salamón</persName> en el libro de las sus cánticas entre las
                  otras loanças diziendo así: <quote>"Una es la mi paloma, la mi perfecta vieron las
                     mugeres –que quiere dezir las conpañas sabias– e predicaron ella ser muy
                     bienaventurada, e asimesmo la vieron las reinas –que quiere dezir las personas
                     santas e virtuosas– e otrosí la vieron las otras personas que non son de tanta
                     perfección e todas en común la loaron"</quote>. </p>

               <p>Aquí se acaba el primero libro desta <pb n="52v"/>obra, el qual trata de las
                  virtudes e excelencias de algunas claras e virtuosas e profetissas e sanctas
                  mugeres que fueron desde el comienço del mundo acá so la ley divinal de escriptura
                  fasta el advenimiento de <persName>Nuestro Señor Jesucristo</persName>. En el qual
                  libro se faze mención de la santíssima e sacratíssima virgen gloriosa nuestra
                  madre e señora <persName>sancta María</persName> reigna de los cielos e madre del
                  sobredicho rey de los ángeles <persName>Nuestro Señor Jesucristo</persName>,
                  verdadero Dios e omne. </p>

            </div>
         </div>

         <div type="libro" n="2" xml:id="lvcm_libro_2">

            <div type="prol" xml:id="tabla_2">
               <head>Segundo libro</head>
               <list>
                  <item>Lucrecia.</item>
                  <item>Coclia.</item>
                  <item>Venturia.</item>
                  <item>Tanaquil reina.</item>
                  <item>Porcia, fija de Catón.</item>
                  <item>Senpronia.</item>
                  <item>Antonia, muger de Drusio.</item>
                  <item>Bilia, muger de Diulio.</item>
                  <item>Marcia, fija menor de Catón.</item>
                  <item>Avia.</item>
                  <item>Valeria romana.</item>
                  <item>Virginea, fija de Virgíneo.</item>
                  <item>Virginea, fija de Aulio Publio.</item>
                  <item>Marcia, fija de Varro.</item>
                  <item>Cornelia, fija de Cepión.</item>
                  <item>Claudia vestales.</item>
                  <item>De la fija que mantenía en la cárcel a su madre con la leche de sus
                     tetas.</item>
                  <item>De otra fija que mantovo con la leche de sus tetas a su padre.</item>
                  <item>Emilia virgen.</item>
                  <item>Tucia.</item>
                  <item>Quinta Claudia vestal.</item>
                  <item>Tercia Emilia, muger del grand Africano.</item>
                  <item>Truria, muger de Quinto Lucrecio.</item>
                  <item>Sulpicia, muger de Léntulo.</item>
                  <item>Nicol, fija de Saúl.</item>
                  <item>La muger de Isias cavallero romano.</item>
                  <item>Anfronia.</item>
                  <item>Amesia, Ortensia.</item>
                  <item>Julia, fija de Julio César.</item>
                  <item>Terencia, muger de Cicerón.</item>
                  <item>Paulina, muger de Boecio Torcato.</item>
                  <item>De algunas virtudes falladas en las mugeres romanas.</item>
                  <item>Sulpicia, fija de Servio Patróculo.</item>
                  <item>Minerva.</item>
                  <item>Dido reina.</item>
                  <item>Ceres, fija de Saturnio.</item>
                  <item>Diana, fija de Júpiter.</item>
                  <item>Minerva Belona, fija del segundo Júpiter.</item>
                  <item>Nicóstrata, fija de Yonio.</item>
                  <item>Casandra, fija de Príamo.</item>
                  <item>Artemisa, reina de Caria.</item>
                  <item>Ifisuratra, muger del rey Mitrídato.</item>
                  <item>La muger de Sirantes.</item>
                  <item>Pantia, muger de Abaradorón.</item>
                  <item>La fija de Darío.</item>
                  <item>La virgen de Mocón, príncipe de los aripagitas.</item>
                  <item>De las cinqüenta vírgines de los de Laçademonia.</item>
                  <item>De la virgen de Antioca.</item>
                  <item>Bursa.</item>
                  <item>De la muger griega e de lo que ovo con el rey Filipo.</item>
                  <item>De la vieja de Çaragoça de Secilia que rogava a los dioses por Dionisio
                     tirano.</item>
                  <item>De la vieja de Yúlide que se mató ante Ponpeo con la ponçoña.</item>
                  <item>De las mugeres de los indianos, cómo algunas d'ellas se lançavan en los
                     fuegos en que quemavan los cuerpos de los maridos muertos.</item>
                  <item>De la muger de Asdrúbal.</item>
                  <item>De las dos moças: Armiona e otra; de Hipo griega.</item>
                  <item>De la muger de Forgiagonte.</item>
                  <item>De las mugeres de los flamencos.</item>
                  <item>De la dueña Lucena llamada; Ipermestra fija del rey Dánao.</item>
                  <item>Herquia, fija de Marpesia, con su hermana Antíope, reinas de las
                     amazonas.</item>
                  <item>Argia griega.</item>
                  <item>Policena, fija de Príamo.</item>
                  <item>Camila, fija de Metabo rey de los volscos.</item>
                  <item>Tamaris, reina de los citas.</item>
                  <item>Penólope, fija del rey Ícaro muger de Aulixes.</item>
                  <item>Sofonisba, fija de Asdrúbal.</item>
                  <item>Cornificia romana.</item>
                  <item>Proba.</item>
                  <item>Tamaris, fija de Micón pintor.</item>
                  <item>Prene, fija de Tratino pintor.</item>
                  <item>Eronice de Ponto, por otro nombre llamada Loacides.</item>
                  <item>Mariane, muger de Erodes.</item>
                  <item>Zenobia, reina de los palmirentos.</item>
                  <item>Erutea, una de las sibilas.</item>
                  <item>De la virgen Almatea.</item>
                  <item>Fanbiles, denbra griega.</item>
               </list>
            </div>



            <div type="prol" xml:id="II_proemio">
               <head>[Proemio]</head>
               <p>Fecho avemos mención en este sobredicho primero libro de algunas mugeres del
                     <title>Viejo Testamento</title>, las quales fueron muy claras por señalada
                  gloria, e muy grandes loanças de virtudes de que ellas han obrado, en caso que non
                  ayamos fablado tan conplidamente como la dignidad de los merescimientos d’ellas
                  demandava, mas tractamos de algunas d’ellas e non de todas, e solamente de
                  aquellas que por nuestro estudio se pudo dezir, ca de todas ayuntadamente non se
                  pudiera tractar sin grand dificultad. E en esto seguimos al bienaventurado
                     <persName>sant Gerónimo</persName> que en la Epístola enbiada a la virgo
                  llamada <persName>Principia de la Esplanación</persName> del quarenta e quatro
                  Salmo del Salterio, breve e muy notablemente recuenta las loanças de algunas
                  profetisas e reinas e otras notables e virtuosas mugeres que fueron en el tienpo
                  del <title>Viejo Testamento</title>, así del pueblo de
                     <placeName>Israel</placeName> como de los gentiles, pero non de todas nin de
                  todos sus fechos e loanças, mas sumariamente pasando faze comemoración de algunas
                  d’ellas e de sus muy notables e señaladas virtudes. Por ende, queremos dezir en
                  aqueste <pb n="55v"/>segundo libro de las muy nobles romanas e de las otras dueñas
                  e donzellas del pueblo de los gentiles non de todas, mas solamente de aquellas que
                  a nuestro pensamiento se han representado, ca, ¿quál varón, aunque sea de presto
                  ingenio e memoria bastante ay en nuestros tienpos que las pueda todas en uno
                  ayuntar?, de las quales los muy excelentes varones bien fablantes han tractado con
                  muy grand cura e muy fermosa manera de fablar, mas de todo en todo con estudio e
                  diligencia daremos obra porque non sean dexadas por la torpe pereza aquellas que
                  son dignas de muy altas loanças.</p>

               <p>Ciertamente segund que ya diximos la excelencia e sobrepujança de las romanas e
                  otras virtuosas del pueblo de los gentiles, la qual quasi sienpre bive, terná el
                  primero lugar en aqueste segundo libro, por quanto non enbargante que las romanas
                  ayan seído bienaventuradas por ser nascidas en la cibdat de
                     <placeName>Roma</placeName>, cabeça e princesa de las otras provincias, e
                  asimesmo ayan seído muy generosas e muy fermosas e muy ricas e poderosas e ayan
                  avido todos los otros dotes que la fortuna acostunbra dar, aunque segund verdad
                  estas cosas non ayan en sí verdadera loança porque aquesta solamente determinamos
                  a la virtud ser devida, enpero muy más bienaventuradas e apostadas de todo arreo
                  de honor han fecho a estas nobles señoras las virtudes, es a saber: la grandeza de
                  su coraçón, la dignidat de su virtuoso bevir, el uso de las muy virtuosas cosas,
                  la su grand firmeza e usar de las cosas con grand tiento, las quales cosas son muy
                  nobles porque solamente<pb n="56r"/> la virtud segund que plaze a los filósofos e
                  mayormente a aquellos llamados estoicos nos faze dignos e bastantes de toda
                  reverencia.</p>

               <p>Ca nunca aquella dueña romana muy noble e excelente llamada
                     <persName>Lucrecia</persName>, la qual es resplandor de la alta castidat de los
                  romanos, de quien se comiença este segundo libro, avría alcançado gloria de
                  verdadera loança si tan solamente<pb/> ella oviese esclarescido por los dones de
                  la fortuna mudable, mas aun ella resplandesció así por grand sabidoría como por
                  nobleza de ingenio e por firmeza de coraçón non vencido, de la qual firmeza non
                  sin razón nos solemos maravillar, e asimesmo resplandeció por la su excelente
                  castidad e por todas las otras muy nobles virtudes suyas, de la qual luego
                  queremos fablar porque en este lugar se concluya el començamiento deste libro.</p>
            </div>


            <div type="bio" xml:id="II_1_lucrecia">
               <pb/>
               <head>Lucrecia</head>

               <p>Queriendo yo inclinar mi voluntad para escrivir de la noble
                     <persName>Lucrecia</persName>, la qual es muy fermoso enxenplo de las muy
                  castas fenbras, fallé tan largos e tan abondosos merescimientos de las virtudes
                  d’ella que non me pienso conplidamente poder bastar de las recontar; la estoria de
                  la qual escrive aquel varón romano llamado <persName>Titu Livio</persName> en el
                  primero libro suyo del Fundamento de <placeName>Roma</placeName>. El qual
                     <persName>Titu Livio</persName> es de tanta auctoridad en sus estorias e tan
                  maravilloso en la polida e apuesta manera de fablar que <persName>sant
                     Gerónimo</persName> en el prohemio o comienço de la trasladación de la Brivia
                  enbiado a <persName>Paulino</persName>, dize d’él estas palabras: <quote>"Leemos
                     algunos nobles aver venido de los postrimeros fines de
                        <placeName>Ispania</placeName> e de <placeName>Francia</placeName> a
                        <persName>Titu Luvio</persName>, el qual era fuente manantial de la<pb
                        n="56v"/> dulce e fermosa fabla, e aquellos que tan famosa cibdat como era
                        <placeName>Roma</placeName> por su contenplación non traxo, así la fama de
                     un onbre solo, es a saber, deste varón <persName>Titu Luvio</persName>, los
                     traxo a ella".</quote></p>


               <p>E tornando a la istoria desta noble e muy loada <persName>Lucrecia</persName>,
                  paresce que el <persName>rey Tarquino de Roma</persName> tenía cercada la cibdat
                  de <placeName>Ardea</placeName> que pertenecía al pueblo de los rótulos, la qual
                  gente estava en aquel tienpo muy abondante de riquezas, e por tomar aquestas el
                  rey Tarquino les movió guerra, veyendo que él non avía tesoro para la
                  magnificencia e las obras que él avía fechas en <placeName>Roma</placeName>. Mas
                  como muchas vezes acaesce en las guerras que en los lugares que se cercan es más
                  el detenimiento del tienpo que el peligro<pb/> de la batalla, por esta razón
                  aquellos de la hueste avían asaz espacio e lugar de ir a sus casas e tornar a la
                  hueste, especialmente los caudillos e ricos onbres más que los cavalleros que
                  guerreavan.</p>

               <p>Donde acaeció así: que los onbres mancebos de casa del rey algunas vezes por pasar
                  su trabajo fazían sus conbites los unos a los otros, e estando un día en la tienda
                  de <persName>Sesto Tarquino</persName> era ý con él entre los otros un noble
                  cavallero de <placeName>Roma</placeName> llamado por nonbre
                     <persName>Colatino</persName>, e estando así cenando otro cavallero de aquellos
                  romanos llamado <persName>Tarquino</persName> fijo de <persName>Egecio</persName>
                  acaeció que fizo ý mención de las mugeres de los que ý estavan, diziendo quál
                  d’ellas era más noble en costunbres. E cada uno d’ellos alabava la suya
                  maravillosamente. <persName>Colatino</persName> dixo que desto non avían por qué
                  fablar mucho, porque aína lo podían saber e veer por espirencia, ca cierto era que
                     <persName>Lucrecia</persName> su muger<pb n="57r"/> era mejor que ninguna de
                  las otras, e para esto dixo: </p>


               <p><q who="#colatino">-Nos podemos luego esto provar, que somos mancebos, cavalguemos
                     e vamos a <placeName>Roma</placeName> así súbitamente por veer qué fazen
                     nuestras mugeres que están agora sin sospecha de nuestra ida. E así sabremos de
                     cada una en qué estado la fallaremos.</q>
               </p>


               <p>El consejo de <persName>Colatino</persName> plogo a cada uno d’ellos e les pareció
                  bien, por quanto lo dixo así sin grand deliberación. E por ende, los mancebos que
                  estavan escalentados del vino de su conbite cavalgaron en sus cavallos e se fueron
                  para <placeName>Roma</placeName>. E llegaron ý a la ora del primero sueño, quando
                  la noche començava a cerrarse. E dende fueron a <placeName>Colatina</placeName>
                  donde era la posada de <persName>Colatino</persName>, do fallaron a
                     <persName>Lucrecia</persName> su muger en <pb/>otro estado que avían fallado
                  las nueras del rey, las quales fallaron jugando, e tomando plazer e pasando así su
                  tienpo con otras conpañeras en conbites e solazes. E a
                     <persName>Lucrecia</persName> fallaron faziendo su oficio de obras de casa
                  pertenescientes a dueña e asentada entre sus mugeres e velando la noche, así que
                     <persName>Lucrecia</persName> ovo entr’ellos el loor e la ventaja de las
                  dueñas, e fue juzgada por la mejor.</p>

               <p>E por ende, su marido <persName>Colatino</persName>, como aquel que ovo la
                  victoria desto, conbidó a los otros por plazer que avía; e los parientes del rey
                  mancebos que ý eran fueron acogidos e rescebidos por <persName>Lucrecia</persName>
                  muy graciosamente. Mas por cierto en aquel conbite <persName>Sesto
                     Tarquino</persName> fue encendido de grande ardor por amores de
                     <persName>Lucrecia</persName>, e luego pensó de la aver o por fuerça o por otra
                  manera, a la qual cosa mucho le enamorava la fermosura e honestad de
                     <persName>Lucrecia</persName>. Quando los mancebos fijos del rey se partieron
                  de aquel solaz e conbite que <persName>Colatino</persName> les fiziera aquella
                  noche se tornaron <pb n="57v"/> a la hueste como primeramente estavan, después
                  desto dende a pocos días <persName>Sesto Tarquino</persName> sin lo saber
                     <persName>Colatino</persName> se fue con un solo conpañero para aquel lugar do
                  estava <persName>Lucrecia</persName>. E fue muy bien e cortésmente rescibido de
                  las gentes de <persName>Colatino</persName> como de aquellos que non sabían cosa
                  de su venida nin de su mal propósito. E así fue que después que ovo allí cenado,
                  leváronlo a una cámara do tenía fecha su cama, e quando él vio que todos eran
                  adormidos e él estava todo enflamado del amor de <persName>Lucrecia</persName>
                  fuese a la cámara donde ella dormía e levava en su mano derecha un cuchillo
                  desnudo, e la mano siniestra puso sobre el pie de <persName>Lucrecia</persName> e
                  le dixo estas palabras: <q who="#sesto_tarquino">"Cállate, –dixo–
                        <persName>Lucrecia</persName>, yo so <persName>Sesto Tarquino</persName>:
                     vees aquí el cuchillo con que yo te mataré si una palabra fablas
                  solamente"</q>. Como <persName>Lucrecia</persName> oviese miedo e quasi adormida
                  veía la muerte así aparejada e sin persona alguna que la podiese valer nin ayudar,
                  e <persName>Tarquino</persName> de la otra parte la requiría de su amor e la
                  rogava e amenazava que se esforçase en todas guisas de inclinar el su coraçón a
                  aquello que le dezía, finalmente él la falló así tan fuerte en su castidad e así
                  dura e porfiada que por amenazas nin espantos de muerte non la podía inclinar.
                  Entonce él ayuntó al miedo que le ponía la verguença de la desonra, e díxole que
                  si ella non conpliese su voluntad, que él non la mataría así solamente mas que
                  mataría un siervo que allí estava e a ella e los ayuntaría en uno desnudos, e que
                  diría que los avía muerto por quanto los fallara en adulterio. E el temor de la
                  verguença desta desonra espantó mucho a <persName>Lucrecia</persName> e venció <pb
                     n="58r"/> la su castidad porfiada. <persName>Tarquino</persName> fizo d’ella su
                  voluntad, el qual muy alegre e pagado por quanto avía engañado la fermosura de
                     <persName>Lucrecia</persName> se tornó a la hueste. </p>

               <p>E <persName>Lucrecia</persName>, muy triste deste tan grand mal a ella fecho,
                  luego enbió a <placeName>Roma</placeName> un mensagero a su padre e otro a
                     <placeName>Ardea</placeName> donde estava su marido en la hueste, e enbioles
                  dezir que cada uno d’ellos con un solo conpañero viniesen a ella muy
                  apresuradamente que así era menester, ca una espantable cosa le avía acaescido. E
                  su padre de <persName>Lucrecia</persName> que avía nonbre <persName>Espurio
                     Lucrecio</persName>, con otro llamado <persName>Publio Valerio</persName> fijo
                  de <persName>Valerio</persName> e su marido <persName>Colatino</persName>, e con
                  él <persName>Lavino Bruto</persName>, visto el mensagero de
                     <persName>Lucrecia</persName>, se vinieron para ella, la qual fallaron asentada
                  en su cámara muy triste, e en veyéndolos le salieron las lágrimas de los ojos. El
                  marido le preguntó si era sana, ella le respondió: </p>


               <p><q who="#lucrecia">–Non por cierto, ca ¿quál cosa puede estar bien a la dueña
                     quando ha perdido su castidad? ¡O <persName>Colatino</persName>! –dixo ella– en
                     tu cama son pisadas de onbre estraño, mi cuerpo solamente ha seído forçado e
                     desonrado, mas el mi coraçón es inocente e la muerte me será dello testimonio.
                     Mas por Dios vosotros me dad vuestras manos derechas, e me jurad vuestra fee
                     que el adulterador non quede sin pena. Este –dixo ella– es <persName>Sesto
                        Tarquino</persName>, que es venido a mí como enemigo en lugar de huésped; ca
                     esta noche que pasó vino a mí armado, e por fuerça ovo de aquí gozo que será
                     mortal a mí e a él si vos sois varones.</q>
               </p>


               <p>Los que allí eran todos por orden le prometieron su fee e confortavan su coraçón
                  diziéndole que ella non avía culpa mas el que la forçara, e que la voluntad fazía
                     <pb n="58v"/> el pecado e non el cuerpo, e que donde non oviera consentimiento
                  non avía culpa. </p>


               <p><q who="#lucrecia">–Entonce –dixo <persName>Lucrecia</persName>– vos veredes aína
                     lo que deve ome al cuerpo; ca del pecado yo me asuelvo, mas de la pena non
                     quiero yo ser libre, e yo non seré en enxienplo que ninguna muger que casta non
                     sea biva después de mí.</q>
               </p>


               <p>Entonce <persName>Lucrecia</persName> sacó un cuchillo que tenía de yuso de sus
                  ropas ascondido e lo puso por su coraçón e cayó muerta sobre la ferida, de la qual
                  bien podemos dezir que manó más gloria que sangre. El marido e el padre començaron
                  a dar grandes bozes e fazer grande llanto. En quanto ellos así estavan,
                     <persName>Bruto</persName> quitó a <persName>Lucrecia</persName> el cuchillo de
                  la llaga, que lo tenía lleno de sangre que corría. E luego allí fizo un juramento
                  atal diziendo así: </p>


               <p><q who="#bruto">–Por aquesta muy casta sangre –dixo él– yo juro e prometo a vos
                     los dioses e vos llamo en testimonio que por qualquier fuerça que yo podré
                     executaré e destruiré por fierro e por fuego a <persName>Tarquino</persName> el
                     argulloso con su mala muger e con todo el linage d’ellos e de sus fijos, e non
                     consentiré que ninguno d’ellos nin otros regnen más de aquí adelante en
                        <placeName>Roma</placeName>.</q>
               </p>


               <p>E ese mesmo juramento fizieron los otros que ý estavan, e tornada la tristeza en
                  ira todos siguieron a <persName>Bruto</persName> así como a duque para destroir e
                  perder aquel regno de <persName>Tarquino</persName>. Entonces sacaron el cuerpo de
                     <persName>Lucrecia</persName> de su casa e lo levaron al mercado, e allí se
                  ayuntaron todas las gentes, e el pueblo fue movido contra el rey e echáronlo e
                  desterráronlo de <placeName>Roma</placeName> a él e a sus fijos.</p>

               <p>E esta fue la causa por que fueron echados los reyes de
                     <placeName>Roma</placeName> e criados cónsules para governar la cibdad, de lo
                  qual faze mención <pb n="59r"/> el noble enperador <persName>Justiniano</persName>
                  en la conpilación que fizo de las leyes en aquel libro llamado <title>Digesto
                     Viejo</title> en el título o rúbrica <title>Del nascimiento o fundamiento del
                     derecho e de todos los magistrados</title>, en la Ley Segunda, en el párrafo
                  que comiença "Echados o sacados dende los reyes" etc. </p>

               <p>Mas, ¿qué diremos desta noble <persName>Lucrecia</persName>?, ¿es de llamar casta
                  o non? Ciertamente sin dubda casta, porque, segund dize <persName>Sant
                     Agustín</persName> en el libro primero de <title>La Cibdad de Dios</title>, dos
                  fueron en aquel acto, es a saber: <persName>Sesto Tarquino</persName> e
                     <persName>Lucrecia</persName>. Mas el uno d’ellos solamente, es a saber,
                     <persName>Sesto Tarquino</persName>, cometió el adulterio, porque en este
                  ayuntamiento de dos cuerpos fue departimiento de coraçones e voluntades, ca en el
                  uno, es a saber, el coraçón de <persName>Lucrecia</persName>, fue la muy casta
                  voluntad. Porque como la castidad sea virtud del coraçón, ésta non se pierde por
                  la fuerça fecha al cuerpo, mas ciertamente la causa por que
                     <persName>Lucrecia</persName> se mató fue aquesta: que ella así como muger
                  romana por deseo de loança temió que, si quedara biva, por aventura algunos
                  creyeran que ella oviese fecho de su voluntad lo que por fuerça ovo de sofrir. </p>

               <p>De lo qual dize <persName>sant Agustín</persName> que ella mostró la pena a los
                  ojos de los onbres por testimonio de aquello que a ellos por conciencia mostrar
                  non pudo. Asimesmo dize <persName>sant Gerónimo</persName> en el su libro primero
                  contra <persName>Joveniano</persName> que la noble <persName>Lucrecia</persName>
                  non queriendo bivir después de ser forçada su castidad quitó la manzilla del
                  cuerpo por el derramamiento de su propia sangre. </p>

               <p>¡O castidad muy digna de loança!, la qual seyendo forçada aunqu’el su coraçón
                  quedase <pb n="59v"/> sin culpa, ella juzgó dever ante tomar la honesta muerte que
                  quedar biva, seyendo ella en la flor de su fermosura e edat, nin quiso morir ante
                  que ganase de su padre e de su marido e de todos los otros sobredichos que con
                  ellos eran que la su injuria fuese vengada. ¡O muerte fecha e rescibida con muy
                  grande coraçón!, la qual deve ser honrada e nonbrada por todos los tienpos, ca por
                  ella ésta muy casta dueña en ese ayuntamiento de dos cuerpos mostró aver seído muy
                  desonesta e fea luxuria en <persName>Tarquino</persName>, e muy casta voluntad en
                     <persName>Lucrecia</persName>, la firmeza quasi non mortal de la qual non pudo
                  por amenazas nin por temor de muerte ser vencida nin conbatida en tan muy turbado
                  e arrebatado caso. </p>

               <p>E así tan maravillosa fue la su castidad que yo pienso que a ella non se pueda
                  conparar aquello que se recuenta en las istorias romanas que ha fecho el padre de
                  una virgen que fue corrupta por fuerça, a la qual el padre mató porque la su casa
                  non fuese inficionada por denuesto, e quiso más ser matador de la casta fija que
                  padre de la corrupta, nin pienso que se le pueda conparar aquello que fizo
                     <persName>Poncio Anfidiano</persName> cavallero romano, el qual, después que
                  sopo la virginidad de una fija suya ser corronpida, non contento que avía muerto
                  por ello a un siervo que la avía corronpido, mas aun mató a su fija mesma, enpero
                  non es de juzgar ser menor que la castidad la grandeza del coraçón de
                     <persName>Lucrecia</persName>, que así firmemente e sin temor se echó sobre el
                  cuchillo, que quasi non es de creer que ninguno de los muy fuertes varones con
                  pecho muy osado así osase tomar la muerte, ca ciertamente podemos dezir que pues
                  ella <pb n="60r"/> fue de tan fuerte e grand coraçón e de tan señalada castidad
                  que por todas las generaciones de las virtudes aya florescido como entre todos los
                  filósofos sea cosa cierta, e por <persName>Tulio Cícero</persName>, varón muy
                  enseñado príncipe de toda la alta manera romana del bien fablar, muchas vezes sea
                  disputado que aquel que una virtud ha conplidamente las ha todas, e esto porque
                  las virtudes son así en uno todas ayuntadas que se non pueden departir una de
                  otra, en manera que aquel que conplidamente ha una las ha todas, e como esto sea
                  así, ¿quién puede pensar si non fuere onbre salvage <persName>Lucrecia</persName>
                  non aver merescido muy largas e muy conplidas loanças? Ciertamente ninguno,
                  mayormente que es a juzgar que ella non dezía nin fazía nin pensava salvo cosa
                  virtuosa e honesta, a la qual era considerada e ante vista la vía del bien bevir,
                  e ella seguía las cosas muy nobles non por miedo de pena, mas por amor de virtud,
                  nin era cosa que más cerca d’ella floresciese que usar de razón. </p>

               <p>Nin podemos dezir que ayan fecho mayor cosa que <persName>Lucrecia</persName> el
                  patriarca <persName>Josep</persName>, el qual por guardar su castidad se puso a
                  peligro de muerte e estudo en prisión grand tienpo segund que largamente lo
                  recuenta la istoria de la Sacra Escriptura en el primero libro de la ley llamado
                     <title>Génesi</title>. E comoquier que el dicho patriarca aya pasado muchos
                  tormentos e trabajos por guardar su castidad, bien podemos dezir que
                     <persName>Lucrecia</persName> en quanto en ella fue non ovo menos trabajo por
                  guardar la suya. E si ella podiera foir a <persName>Sesto Tarquino</persName>,
                  segund la estoria recuenta que fuyó el dicho patriarca <persName>Josep</persName>
                  porque su <pb n="60v"/> castidad non fuese corronpida, cierta cosa es que ella
                  fuyera, mas ella así fue forçada, de guisa que non pudo resistir. E comoquier que
                  el dicho patriarca <persName>Josep</persName> se posiese a peligro de muerte como
                  suso es dicho, pero más fizo <persName>Lucrecia</persName> que él, pues ella de su
                  voluntad con grand virtud se mató, non súbitamente, mas con deliberación, todo
                  esto por mostrar e dar testimonio de la su muy señalada castidad, de la qual se
                  puede bien dezir aquello que se escrive en el <title>Libro de la Sabidoría</title>
                  allí do dize: <quote>"¡O quant fermosa es la casta generación!, la memoria de la
                     qual non muere, porque es muy conoscida non solo acerca de Dios, mas eso mesmo
                     acerca de los onbres. Esta es coronada e ha victoria para sienpre"</quote>,
                  etc, de la qual fablando las leyes ceviles inperiales e reales dizen así: <quote>
                     "Castidad es una virtud la qual Dios ama, e tan noble e tan poderosa es la su
                     bondad que ella sola abasta para presentar las ánimas de los onbres e de las
                     mugeres castas ante Dios"</quote>.</p>


               <p>E por esto dize <persName>Valerio</persName> fablando desta dueña
                     <persName>Lucrecia</persName> en el su sesto libro de la castidad romana:
                     <quote>"El coraçón de la qual dueña segund el grande e notable fecho que ella
                     fizo como de suso se reza en su istoria más era de varón que de muger".</quote>
                  E loando la su castidad dize d’ella el dicho <persName>Valerio</persName> estas
                  palabras: <quote>"¡O fermosa e pura castidad!, la qual es principal fundamento de
                     la bondad de las dueñas e de los onbres, ¿dónde te llamaré?, tú desde la
                     primera religión acá moras en los fuegos de los sacrificios que son consagrados
                     a la deesa vestal, tú fuelgas e reposas sobre los estrados de la deesa
                        <persName>Juno</persName> que son e están en el
                        <placeName>Capitolio</placeName>, tú eres cierta seguridad del palacio de
                     justicia, tú conservas los tenplos e los oratorios donde los <pb n="61r"/>
                     santos son colocados, tú mantienes e arreas con continuada generación de fijos
                     e fijas el casto lecho de la gente llamada <persName>Julia</persName> por el tu
                     defendimiento e ayuda, la edad de la mocedad es arreada de joya de onestidad
                     por el tu acatamiento, la flor de la mancebía romana es pura e linpia por la tu
                     guarda e defensión, la castidad de las dueñas e señoras madres es muy honrada,
                     e así por tu presencia conosces los fechos loables e virtuosos los quales tú
                     has querido seer obrados"</quote>.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_2_coclia">
               <head>Coclia</head>

               <p>Tanto e tan grande es el merescimiento de <persName>Lucrecia</persName> que bien
                  podiera yo alargar la escriptura e ocupar todo este libro recontando la grandeza
                  de sus loanças, pero queriendo abreviar quiero aquí dexar de escrivir más d’ella e
                  tornaré la péñola a la noble romana llamada por nonbre
                  <persName>Coclia</persName>, donzella virgen e de muy grand coraçón. La istoria de
                  la qual escrive <persName>Titu Luvio</persName> en el segundo libro de la
                     <title>Primera Década de los fechos de Roma</title>, donde dize que durante la
                  guerra entre los romanos e el rey de <placeName>Tusia</placeName>, que es llamada
                     <placeName>Lonbardía</placeName>, el qual rey avía por nonbre
                     <persName>Porsena</persName>, fue tractada paz entre el dicho rey e los
                  romanos, en las condiciones de la qual, a bueltas de otras cosas, por el grande
                  menester e cuita en que los romanos entonce eran, fue ý puesto que los romanos
                  deviesen dar rehenes al rey <persName>Porsena</persName>, e ellos así dados, que
                  el dicho rey alçase la guarnición de sus gentes de armas que avía puesto contra
                     <placeName>Roma</placeName> especialmente en <placeName>Janícule</placeName>
                  que es del tenplo de <persName>Janus</persName>. La qual cosa fecha e las
                  condiciones de la paz firmadas, el rey <persName>Porsena</persName> levantó su
                  hueste e se partió de la cerca de <placeName>Roma</placeName>.</p>

               <p>E así fue que entre los rehenes <pb n="61v"/> que fueron dados al rey
                     <persName>Porsena</persName>, era ý esta virgen suso nonbrada llamada
                     <persName>Coclia</persName>, la qual estando en las tiendas de la gentes de los
                  estruques que estavan estonces asentados allende del río de Tibero con otras
                  muchas vírgines de los romanos que estavan ý en rehenes, ella engañó a las guardas
                  e fízose guiadora de las otras vírgines romanas e con grande esfuerço de coraçón
                  queriendo librar de prisión a sí mesma e a las otras vírgines, ella pasó el río a
                  nado e fizo eso mesmo pasar a las otras sus conpañeras e las traxo e entregó sanas
                  e salvas a sus parientes.</p>

               <p>La qual cosa luego que fue sabida por el rey <persName>Porsena</persName>, él fue
                  dello muy irado, e maravillándose mucho del grande e alto coraçón de aquella
                  virgen que tan grande fecho avía osado cometer, enbió sus mensageros a
                     <placeName>Roma</placeName> por demandar la virgen <persName>Coclia</persName>
                  que era su arrehén, ca de las otras non se fazía fuerça. Les mandó dezir que estas
                  cosas él non las podría sofrir, e que si non le diesen la dicha virgen, que él
                  avría por ronpidas las treguas e alianças, pero si gela diesen que él la ternía
                  guardada sin ninguna desonra para la tornar a sus amigos e parientes.</p>

               <p>E así fue que la una cosa e la otra se fizo muy bien, ca los romanos por guardar
                  sus treguas enbiaron la virgen <persName>Coclia</persName> al rey
                     <persName>Porsena</persName> de los estruques, e el rey
                     <persName>Porsena</persName> non solamente mandó que fuese guardada quanto
                  tañía a la honra de su cuerpo, mas aun fue muy preciada e loada e muy honrada
                  d’él, e la él libró e quitó, e aun por honra d’ella le plogo de dar e dio una
                  partida de los rehenes de los romanos que él tenía quales ella escogiese, para lo
                  qual fueron traídos ant’ella por mandado del rey todos los rehenes, e ella escogió
                     <pb n="62r"/> los moços que non avían cada catorze años, lo qual fizo ella por
                  quanto aquella edad era más agradable a la su virginidad, e esto fizo de
                  consentimiento de los otros rehenes que allí estavan. E entonce la paz así
                  reformada, el rey <persName>Porsena</persName> dio a los romanos todas las
                  vituallas que él tenía en sus tiendas, las quales avían bien menester la cibdad de
                     <placeName>Roma</placeName> porque estonce estavan muy pobres e menguados, ca
                  luengo tienpo avían estado cercados.</p>

               <p>E así los romanos considerando esta grande proeza que con tanta virtud la virgen
                     <persName>Coclia</persName> avía fecho, la gualardonaron de una manera nueva de
                  honra, es a saber: que en memoria de su virtud, la qual durase para sienpre e non
                  fuese puesta en olvidança, fizieron una estatua o imagen de piedra en que estava
                  figurada una virgen asentada cavalgando sobre un cavallo, la qual imagen mandaron
                  poner en un lugar muy alto que era en la carrera pública de donde dize
                     <persName>Valerio</persName> en el su tercero libro, loando a esta virgen, que
                  ella non solamente libró la tierra de aquella cerca o sitio que el rey
                     <persName>Porsena</persName> sobre ella tenía, mas aun la libró del temor del
                  dicho rey. E <persName>Oracio</persName> poeta dize en el su segundo libro que
                  ciertamente los romanos fueran vencidos o cativos del rey
                     <persName>Porsena</persName> si non los oviese socorrido la dicha virgen
                     <persName>Coclia</persName> pasando a nado el grande río de Tibero con la su
                  maravillosa osadía entre sus enemigos.</p>

               <p>¡O virtud non mortal e muy agradable don de Dios dado a esta fenbra!, la fuerça de
                  la qual virtud es tanta que aunque nunca ayamos visto nin conoscido a la persona
                  virtuosa, e aunque sea enemigo nuestro, que es más grave de dezir, en oyendo <pb
                     n="62v"/> de su virtud e maravillándonos d’ella luego la amamos. Pues que así
                  es, ¿quién será aquel que maravillándose con amor non quisiese tomar para sí la
                  memoria desta virgen?, ¿quién dirá ella non aver conseguido muy grand gloria por
                  aquel fecho tan maravilloso que fizo?, tanto que non podemos pensar que ninguno de
                  los muy fuertes varones quanto a esto le sea de anteponer: nin aun ese rey
                     <persName>David</persName>, el qual, segund recuenta la istoria en el primero
                  libro de los Reyes, como <persName>Saúl</persName> rey primero del pueblo de
                     <placeName>Israel</placeName> oviese guerra con el rey de los filisteos e
                  d’ellos viniese un cavallero muy fuerte, el qual fiziese pregonar por el real si
                  avía alguno del pueblo de <placeName>Israel</placeName> que con él se quisiese
                  conbatir que saliese e pelearía con él, e si el filisteo venciese que los del
                  pueblo de <placeName>Israel</placeName> fuesen vencidos de los filisteos, e si él
                  fuese vencido que los filisteos fuesen vencidos del pueblo de
                     <placeName>Israel</placeName>, e comoquier que esto fizo pregonar muchas vezes,
                  en todo el pueblo de <placeName>Israel</placeName> non se fallava alguno que con
                  él se osase conbatir, ca por él ser muy fuerte e valiente ninguno non se entendía
                  poder librar de sus manos. Entonce <persName>David</persName> aunque era moço e de
                  poca edad, movido con grand nobleza de coraçón, posponiendo su vida por el bien de
                  su gente e queriéndolos librar de aquel peligro e de tan grand desonra non curando
                  del peligro de la muerte que razonablemente devía e podía temer, se fue contra
                  aquel filesteo e peleó con él e lo mató. E así libró su pueblo. E si bien fuere
                  acatado, non cometió menor osadía esta virgen, la qual con tanta virtud de coraçón
                  osó tomar tan grande enpresa, e yendo entre los <pb n="64r"/> enemigos con las
                  otras vírgenes, e poniéndose al peligro de la muerte por las librar segund que las
                  libró pasó a nado con ellas por el dicho río. Nin es de anteponer a esta virgen
                  aquel noble cavallero <persName>Cipión Emiliano</persName>, el qual como en
                     <placeName>España</placeName> andoviese conquistando so governación de aquel
                  duque de los romanos llamado <persName>Lóculo</persName>, este
                     <persName>Cipión</persName> se adelantó ante de todos e sobió primero en el
                  muro de un lugar muy fuerte que tenían cercado, a lo qual él se puso, non
                  enbargante que fuese muy generoso e considerada su tierna edad deviese guardar su
                  persona de tan grand peligro. Nin tanpoco es de anteponer a esta virgen aquel
                  príncipe romano llamado por nonbre <persName>Marco Purpirio</persName>, uno de los
                  senadores de <placeName>Roma</placeName>, el qual segund que recuenta
                     <persName>Titu Luvio</persName> en el libro quinto del <title>Fundamento de
                     Roma</title>, quando los franceses entraron a <placeName>Roma</placeName> e la
                  robaron e destruyeron, veyendo los padres senadores e viejos d’ella que se non
                  podían defender de los franceses se posieron asentados en medio de sus casas con
                  vestiduras muy honradas e tendidas e en sus sillas de marfil, e entre los otros
                  estando en su casa este sobredicho senador <persName>Marco Purpirio</persName>
                  asentado en su silla, llegó a él uno de los franceses e púsole la mano en su barva
                  aplanándogela, la qual era muy luenga. El príncipe romano teniendo que el francés
                  en esto le fazía desonra e non queriendo sofrir aquella, e entendiendo que era
                  mejor ofrescerse a la muerte que rescibir injuria, dio un golpe en la cabeça al
                  francés con una berga de marfil que en su mano tenía, de lo qual el francés muy
                  irado e quexoso mató luego al dicho príncipe senador.</p>

               <p>Pues non fizo <pb n="64v"/> menos esta virgen que por non ser cativa e librar a sí
                  e a sus conpañeras de servidunbre se puso a peligro de muerte como suso es dicho.
                  ¡O cosa tan maravillosa e muy notable desta virgen!, la qual non solo con
                  sobrepujante grandeza de coraçón libró la tierra del sitio e cerca en que el rey
                     <persName>Porsena</persName> la tenía, mas dio noble enxienplo a los varones
                  para non temer de se poner por bien de la cosa pública a qualquier peligro aunque
                  sea de muerte, pues con grande merescimiento los romanos, que todas las cosas
                  ordenadamente e con razón acatavan, considerando este tan grande e tan señalado
                  fecho que con tan grande virtud e grandeza de coraçón esta virgen osó cometer e
                  fazer, la honraron con la sobredicha nueva manera de honor representándola encima
                  de un cavallo, e poniendo su imagen en lo más alto de la carrera por donde todos
                  pasavan porque su memoria quedase para sienpre e tanta grandeza de coraçón non
                  fuese ascondida a los que después d’ella veniesen e otros tomasen enxienplo de
                  cometer e fazer por el bien público cosas e fechos señalados e virtuosos.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_3_venturia">
               <head>Venturia</head>

               <p>Fecha breve mención de las virtudes de la noble e muy prudente e virtuosa muger
                     <persName>Coclia</persName> virgen e de floresciente edat e grandeza de
                  coraçón, se ofreció a mí de escrivir de la noble romana llamada
                     <persName>Venturia</persName>, las maravillosas loanças de la qual segund que a
                  mí sea posible serán bastantemente declaradas. E la estoria es esta: la sobredicha
                  noble dueña <persName>Venturia</persName> fue madre del noble romano llamado
                     <persName>Marco Coriliano</persName>, de los quales faze muy largamente <pb
                     n="65r"/> mención aquel varón romano muy polido en la manera de fablar, es a
                  saber, <persName>Titu Livio</persName>, en la Primera Década de la su istoria
                  romana en el segundo libro en el capítulo que comiença "Spiritus Maurius", e
                  asimesmo <persName>Valerio Máximo</persName> en el libro primero de los miraglos
                  en el capítulo que comiença "De fortuna", e en el libro quinto "De los onbres
                  gradescidos" en el capítulo segundo, e en ese mesmo libro en el título "De la
                  piedad acerca de los padres" en el capítulo primero; e <persName>Johan
                     Vocacio</persName> en el <title>Libro de las claras mugeres</title> en el
                  capítulo cinqüenta e cinco.</p>

               <p>E la su istoria es esta: paresce que el dicho cavallero romano llamado
                     <persName>Marco Coriliano</persName>, el qual era muy generoso ca venía del
                  linage de <persName>Anco</persName> rey de los romanos, e asimesmo era varón de
                  muy grand coraçón e de alto consejo e muy esmerado en armas, el qual avía mucho
                  trabajado por la cosa pública romana, este fue condenado e desterrado de
                     <placeName>Roma</placeName> malamente por enbidia de algunos sus contrarios. E
                  la causa de su condepnación fue esta: paresce que en <placeName>Roma</placeName>
                  avía grand mengua de pan, por lo qual los romanos fizieron traer ende de
                     <persName>Cecilia</persName> grand copia de pan para mantenimiento de la dicha
                  cibdat, e tractándose en el Senado quánta quantía deste pan sería repartido por
                  los del pueblo, el dicho <persName>Coreliano</persName> muy fuertemente vedó e
                  defendió que se non repartiese cosa alguna del dicho pan por los del pueblo fasta
                  tanto que primeramente fuese fecho repartimiento por los mayores e padres de la
                  cibdat de aquello que devían aver segund que antiguamente les era devido de
                  derecho. Lo qual oído por los del pueblo, fueron dello mucho irados en tanto 65v
                  grado que quisieron poner las manos en el dicho <persName>Coreliano</persName> por
                  lo matar, salvo que los oficiales de la cibdad que eran llamados tribunos se
                  posieron en medio e lo defendieron del pueblo diziendo que le devían señalar
                  cierto día para que dixiese la causa para que se avía movido a fazer el dicho
                  vedamiento e defendimiento. E porque al dicho término que para esto le fue
                  asignado non pareciole, fueron d’él muy malamente irados e indignados e
                  desterráronlo de <placeName>Roma</placeName>.</p>

               <p>Fecho este destierro, este cavallero considerando que los romanos injustamente e
                  con mala intención lo avían condepnado e desterrado, se fue e pasó para la gente
                  de los volscos, los quales entonces eran rebeldes e enemigos a los romanos. E la
                  dicha gente de los dichos volscos, non acatando que este cavallero era romano e
                  les avía fecho muchos daños, mas aviendo consideración e acatamiento que él era
                  muy notable cavallero e digno de toda virtud de honor, lo rescibieron por tal e lo
                  establecieron e ordenaron por su enperador e mayor, conosciendo su grand virtud. E
                  por esto dize aquí <persName>Valerio</persName> que la virtud doquier e en
                  qualquier lugar que ella está es tenida e avida en grande precio, e que este
                  cavallero, el qual los romanos non quisieron aver para sí por saludable e
                  provechoso enperador, la esperiencia les mostró e fizo conoscer aquel ser contra
                  ellos duque e enemigo muy cruel e dañoso, ca muy agramente se ovo contra ellos,
                  tanto que muchas vezes desbarató los romanos fasta los poner por los muros de la
                  cibdad de <placeName>Roma</placeName>; así que el pueblo romano <pb n="66r"/>
                  sobervio, que non quiso perdonar al cavallero que segund la opinión falsa d’ellos
                  era avido por culpado, después aquel mesmo pueblo apremiado por nescesidat le ovo
                  de suplicar, segund que adelante dirá, seyendo él desterrado d’ellos. E así
                  paresce que el pueblo romano teniéndolos el dicho <persName>Marco
                     Coriliano</persName> cercados en la cibdat de <placeName>Roma</placeName> e
                  puesto sito sobre ella muy acerca de la dicha cibdat, ellos veyéndose en grande
                  aprieto e trabajo e peligro e seyendo todos en común muy trabajados desto, así los
                  mayores como los menores varones e mugeres, entonce los padres del Senado e
                  consejo de <placeName>Roma</placeName> acordaron de enbiar sus notables,
                  mensageros e enbaxadores al dicho <persName>Marco Coriliano</persName> por tractar
                  e aver paz con él e con la gente de los volscos. Los quales enbaxadores se
                  tornaron con muy brava e trabajosa respuesta que por él les fue dada, diziendo que
                  si los romanos querían tornar a los volscos sus términos, es a saber, la tierra
                  que los romanos en otro tienpo les avían tomado por guerra, que faziendo esto se
                  podía tractar entre ellos la paz e non en otra manera, e que si los romanos
                  querían gozar de aquella tierra que les avían tomado que los volscos se entendían
                  entregar e aver emienda de la injuria que los romanos les avían fecho e continuar
                  contra ellos la guerra que tenían començada.</p>

               <p>Los romanos veyendo esto acordaron de enbiar otra vez sus enbaxadores e mensageros
                  al dicho <persName>Marco Coriliano</persName> rogándole e suplicándole que se
                  quisiese alçar del sito que tenía sobre <placeName>Roma</placeName>, mas ellos non
                  fueron por él bien rescibidos, nin aun quiso que entrasen <pb n="66v"/> dentro de
                  sus tiendas. Los romanos veyendo esto e por muy grand temor que avían del dicho
                     <persName>Marco Coriliano</persName>, temiendo de ser vencidos e destruidos por
                  él, acordaron de enbiar sus obispos e perlados e sacerdotes revestidos e cubiertos
                  de sus apostamientos e ornamentos pertenescientes a perlados e sacerdotes
                  suplicando la dicha paz, los quales se tornaron sin recabdo segund que los
                  primeros e segundos mensageros e enbaxadores. </p>

               <p>E así los romanos desesperados de todo otro remedio e ayuda, las señoras madres e
                  dueñas generosas de <placeName>Roma</placeName> se ayuntaron e vinieron a la
                  sobredicha madre de <persName>Coriliano</persName>, es a saber,
                     <persName>Venturia</persName>, e a <persName>Beluma</persName> su muger, e les
                  rogaron e suplicaron que se disposiesen a ir e fuesen al dicho
                     <placeName>Marco</placeName>, e le rogasen e recabdasen d’él que quisiese
                  decercar a <placeName>Roma</placeName> e alçar el sito que sobr’ella tenía puesto,
                  e lo que los romanos non podían defensar por fuerça nin por armas nin por
                  suplicaciones e ruegos e enbaxadas e ofrescimientos, ellas lo oviesen e alcançasen
                  por sus lágrimas e rogarias. E estas dos dueñas movidas por los grandes ruegos e
                  suplicaciones de las señoras de <placeName>Roma</placeName> se fueron para el real
                  e hueste que <persName>Marco Coriliano</persName> tenía asentado sobre la cibdad
                  de <placeName>Roma</placeName> e llevaron consigo dos fijos de pequeña edat que el
                  sobredicho <persName>Marco Coriliano</persName> avía avido de la sobredicha su
                  muger <persName>Boluna</persName>. E después que las dueñas sobredichas en
                  conpañía de otras dueñas e señoras romanas vinieron en las tiendas del dicho
                     <persName>Marco Coriliano</persName> enperador de los dichos volscos, le fue
                  fecho saber que muy grand conpaña de dueñas <pb n="67r"/> romanas estavan allí,
                  mas el dicho <persName>Marco</persName> enperador que por todo el pueblo romano
                  nin por sus enbaxadores e mensageros nin por la devoción e religión e reverencia
                  tan grande de los perlados e obispos e sacerdotes que entre los gentiles eran
                  avidos por santos e religiosos non se quiso inclinar nin condescender a dar paz a
                     <placeName>Roma</placeName> nin aun por los lloros e lágrimas de las dueñas que
                  ante sus ojos veía, quando uno de sus servidores ovo reconoscido a
                     <persName>Venturia</persName> su madre como más honrada de las otras que con
                  lloro e tristeza estava entre su nuera e sus nietos, muger e fijos del dicho
                  enperador <persName>Marco</persName>, dixo estas palabras al dicho enperador:</p>


               <p><q who="#servidor">–Ciertamente si mis ojos non me engañan, tu madre e tus fijos e
                     tu muger son estos que aquí están e vienen aquí a ti.</q>
               </p>

               <p>E quando <persName>Marco</persName> enperador oyó estas palabras fuertemente fue
                  espantado e poco menos como sin sentido se levantó de su silla e sallió de sus
                  tiendas apresuradamente por fazer reverencia a su madre queriéndola abraçar. Mas
                  quando la madre lo vio venir así ella movida muy virtuosamente e con grand coraçón
                  mostrándose encendida en ira por el grand dolor e piadad que avía de su tierra,
                  comoquier que salliera muy umilde de la cibdad, pero llegando al real de los
                  enemigos se fizo muy orgullosa e peleadora contra el dicho enperador fijo suyo, e
                  despertadas e abivadas las fuerças en el su coraçón, comoquier que ella era vieja
                  e flaca, tornó las rogarias en saña e díxole estas palabras: </p>

               <p><q who="madre_marco">–¡O mancebo contrario e enemigo de
                        <placeName>Roma</placeName>!, ¡detente allá e non te muevas a me abra çar!,
                     ca <pb n="67v"/> primero quiero yo saber si vienes a me rescebir como a madre o
                     como a cativa e enemiga, e si yo soy venida a fijo o a enemigo, ca ciertamente
                     yo cuitada desaventurada me pienso que tú vienes a mí así como a enemiga, e la
                     luenga vida e vejez cobdiciada de los mortales, aunque a mí ha seído por causa
                     tuya muy desaventurada, me ha traído e llegado para que primeramente yo te
                     viese desterrado e banido e después público enemigo de
                        <placeName>Roma</placeName>. Ruégote que pienses en quál suelo estás armado
                     como enemigo. ¿Por ventura non conosces tu tierra, que tienes delante tus ojos?
                     Ciertamente tú la conosces, e si la non conosces sepas que esta es la tierra en
                     la qual fueste engendrado e nascido, e en ella con mi trabajo fueste criado.
                     Pues dime tú agora: ¿con quál coraçón, con quál voluntad, con quál movimiento
                     podiste traer armas de enemigo contra <placeName>Roma</placeName>? ¿Cómo pudo
                     ser que tú ayas seído osado de robar la tierra que te engendró e crio? ¿Cómo
                     pudo ser que aunque tú vinieses con coraçón sañudo e turbado, que quando
                        <placeName>Roma</placeName> fue ante ti e viste e miraste los muros d’ella
                     non ayan cesado e amansado toda tu ira e ayas dicho "De dentro de aquellos
                     muros son los palacios e posadas e casas de mis padres e mías, e allí es la
                     madre mía, muy triste por desaventura suya e por causa mía, otrosí allí son mi
                     muger e mis fijos"? Devieras considerar e catar la honra devida a la tu madre e
                     el amor dulce de la tu muger e la piedad de tus fijos e la reverencia de la
                     tierra do naciste, ca todos estos son fechos oy tus enemigos e contrarios:
                     vinieron los obispos e todas estas cosas non podieron <pb n="68r"/> mover nin
                     quebrantar el tu coraçón duro como piedra. En caso que tú justamente fueses
                     irado e ensañado, ¿por quál razón seyendo tú rogado non has querido fazer
                     aquello que de tu voluntad fazer devieras? Dígote que me siento muy
                     desaventurada porque aquello que nació de mí lo yo vea contrario de mi tierra e
                     de mí, e donde yo me pensava que avía parido fijo e cibdadano de
                        <placeName>Roma</placeName> yo veo e fallo aver parido enemigo muy
                     contrario. Pluguiera a los dioses que yo non oviera concebido nin parido, ca la
                     cibdad de <placeName>Roma</placeName> non fuera conquistada si yo non oviera
                     fijos, e yo entonces vieja pobre moriera libre e franca e en tierra libre, mas
                     estas cosas non las digo por mí, ca non puedo estar mucho cativa nin mi trabajo
                     puede durar mucho pues soy llegada a tan grand edat, nin yo puedo sofrir cosa
                     ninguna de mal nin cuita nin desonra que a ti non sea muy torpe e fea e de
                     grand lazeria. Mas guárdate desto, es a saber: que si tú non te dexas desta
                     conquista conviene que tu muger e fijos ayan a sofrir muerte ante de tienpo o
                     bevir en luenga servidunbre.</q></p>


               <p>E así le dixo otras muchas palabras muy notables e muy bien conpuestas, e acabada
                     <persName>Venturia</persName> su arenga luego así ella como la muger e fijos
                  del dicho <persName>Marco Coriliano</persName> e las otras dueñas que ende estavan
                  derramaron muchas lágrimas faziendo grand llanto con grandes gemidos e rogarias e
                  abraçándolo la muger e los fijos e él a ellos. De lo qual se siguió que aquello
                  que la magestad de los mensageros e enbaxadores e la reverencia de los obispos de
                     <placeName>Roma</placeName> non avían podido alcançar fue <pb n="68v"/> acabado
                  e alcançado por esta noble <persName>Venturia</persName>, la qual quebrantó e
                  amansó la ira del dicho duque e enperador muy cruel fijo suyo e le fizo mudar su
                  propósito, ca luego él dixo a la dicha <persName>Venturia</persName> su madre: <q
                     who="#coriolano">"Conbatiste e venciste la mi ira"</q>.</p>


               <p>E quebrantado e inclinado por los dichos ruegos de la dicha
                     <persName>Venturia</persName> madre suya mandó luego alçar los sitos e reales
                  que tenía puestos e asentados contra <placeName>Roma</placeName>, e así fue e
                  quedó libre de sus enemigos la dicha cibdad de <placeName>Roma</placeName> por
                  causa destas dos dueñas, la qual cibdat estava en muy grand estrecho e a punto de
                  ser sojuzgada e tomada por el dicho enperador <persName>Marco</persName> segund el
                  grand afincamiento en que la él avía puesto e la mengua de mantenimientos que los
                  de dentro tenían.</p>

               <p>Por lo qual los romanos que todas las cosas consideravan con grand seso, acatando
                  que la cibdat de <placeName>Roma</placeName> fuera librada por estas dos señoras,
                  es a saber, madre e muger del dicho enperador <persName>Marco</persName> que la
                  así tenía cercada, las quales se movieron a ello por consejo e buena avisación de
                  todas las otras señoras e dueñas de <placeName>Roma</placeName>, queriendo dar
                  gualardón que durase para sienpre a todas las mugeres por causa destas dos señoras
                  que tan virtuosamente se ovieron en librar la dicha cibdad, establecieron que
                  dende en adelante los onbres que estoviesen asentados se levantasen de sus lugares
                  por honra e reverencia de las mugeres cada que ellas viniesen doquier que ellos
                  estoviesen. E así mismo viniendo por las calles e otros lugares les fuese dado
                  lugar por los varones para que ellas pasasen e fuesen delante, e aun que las
                  aconpañasen e fuesen con ellas <pb n="69r"/> fasta las dexar en sus posadas o a
                  los lugares donde ellas fuesen, lo que ante desto non avían nin les era fecha por
                  los varones ninguna honra destas. E otrosí en señal de dignidat e honra de madres
                  e señoras, les otorgaron que podiesen traer vestimentas de purpura e oro e plata e
                  otros arreos preciosos, demás e allende de los que primeramente tenían, e en
                  especial una estola la qual después acostunbraron traer en la cabeça e cobría del
                  lado derecho fasta el lado isquierdo.</p>

               <p>E esto fizieron porque en aquel tienpo más avía aprovechado a la cibdat de
                     <placeName>Roma</placeName> la buena avisación de las mugeres que las armas de
                  los cavalleros, ca lo que los cavalleros non podieron acabar por sus armas, es a
                  saber: poder fazer alçar el sito e cerca que estava sobre
                     <placeName>Roma</placeName>, lo ganaron e acabaron estas nobles señoras por sus
                  onestos ruegos e preces aviéndose muy discreta e maravillosamente en su bueno e
                  onesto dezir e rogar fasta que acabaron su demanda. Otrosí allende desto fizieron
                  e acabaron un tenplo muy honrado en aquel lugar donde el enperador
                     <persName>Coriliano</persName> fue rogado e condecendió a se alçar de la cerca
                  e sito de <placeName>Roma</placeName>, el qual tenplo consagraron a la deesa
                  llamada <persName>Ventura</persName> e fortuna de las mugeres.</p>

               <p>E desto fabla conplidamente el señor <persName>santo Agustín</persName> en el su
                  libro llamado de <title>La Cibdat de Dios</title> en el quarto libro: <quote>"¡O
                     mugeres muy virtuosas dignas de grandes honores e loanças!, la memoria de las
                     quales deve durar para sienpre pues que por su sabidoría e grand consejo e
                     avisación e muy onesto e ordenado razonar e bien fablar merecieron e podieron
                     alcançar cosa tan alta <pb n="69v"/> e de tan grand valor, es a saber: librar
                     de captividad e destruición e finalmente de muerte e perdición tan noble e
                     inperial cibdad mayor e más alta e excelente que todas las otras e cabeça e
                     princesa de todas las provincias del mundo, conviene a saber: la muy noble
                     cibdat de <placeName>Roma</placeName>, común patria e tierra de todo el mundo,
                     e redimir e librar de muerte tantos padres e tan grandes señores e tan nobles
                     cavalleros e tan honrados cibdadanos, e finalmente tan virtuoso pueblo como
                     eran los romanos, de donde descendieron los muy grandes e notables enperadores
                     que fueron señores de todo el mundo, lo que non podieron alcançar nin fazer los
                     muy altos senadores, nin los muy nobles señores cavalleros nin los muy honrados
                     perlados e sacerdotes. E finalmente aquello que por seso nin por ciencia nin
                     por armas nin por devoción de religión e santidat nin en otra manera el grande
                     e notable pueblo romano alcançar non pudo, estas dos notables dueñas por su
                     grand prudencia e cordura e muy virtuosa manera lo ovieron e
                     alcançaron"</quote>.</p>


               <p>Por lo qual non sin razón los romanos, gente muy avisada así en fecho de armas
                  como en ciencia e en todos los otros fechos virtuosos, segund que dello fazen
                  testimonio las auténticas estorias en muchos lugares e especialmente el
                     <title>Libro de los Macabeos</title> en el libro primero, conosciendo los
                  dichos romanos el muy grande e señalado beneficio que destas dos muy virtuosas e
                  muy notables señoras rescibieron, por el grand merescimiento d’ellas doctaron e
                  honraron a todas las mugeres de <pb n="70r"/> las sobredichas señaladas e
                  especiales honras e perrogativas. E así, non enbargante que mucho sean de loar
                     <persName>Gedeón</persName> e <persName>Sansón</persName> e
                     <persName>Baraque</persName>, que quando el pueblo de
                     <placeName>Israel</placeName> se regía por los juezes libraron el dicho pueblo
                  de mano de sus enemigos, e asimesmo el noble infante <persName>Jonatás</persName>
                  fijo del rey <persName>Saúl</persName>, que fue el primero rey de los ebreos, e el
                  rey e profeta <persName>David</persName> que seyendo cavallero ante que fuese rey
                  mató al filisteo, e los otros reyes e grandes señores e notables cavalleros, que
                  segund se lee por la <title>Brivia</title> especialmente en el libro de los
                  <title>Juezes</title> e en el libro de los <title>Reyes</title> e en otras estorias
                  aprovadas así del pueblo de los ebreos como del pueblo de los gentiles e después
                  de los católicos e fieles cristianos, se falla que con grand coraçón e avisación
                  muy virtuosamente libraron de muerte e prisión a algunas cibdades e regnos e
                  pueblos, con grand razón son de loar estas sobredichas dueñas por la su prudencia
                  e virtud. E aunque la manera de las armas sea propia de los onbres e non de las
                  mugeres, pero Nuestro Señor Dios conplidamente ha proveído de sus gracias a las
                  mugeres dándoles lugar i manera por que ellas podiesen fazer e alcançar muy
                  grandes fechos por sus buenas e onestas e virtuosas e sabias avisaciones e polido
                  e sabio razonar segund que lo fizieron estas virtuosas dueñas.</p>

               <p>Con lo qual bien concuerda lo que se escrive por el sabio en el <title>Libro de la
                     Sabidoría</title> donde dize: "Venció las conpañas non en virtud nin en
                  fortaleza del cuerpo nin por poderío de armas, mas sojuzgó por palabra a aquel que
                  lo ponía en tormento e trabajo" etc. E así como es <pb n="70v"/> de loar el grand
                  poeta e orador <persName>Tulio</persName>, muy aventajado e polido en la manera
                  del bien fablar que por su buena e graciosa fabla e polido razonar libró a muchas
                  personas de grandes peligros, bien así es de loar la sobredicha noble
                     <persName>Venturia</persName>, pues por la su graciosa e muy animosa
                  propusición libró a <placeName>Roma</placeName> de tan grand mal e trabajo. E así
                  lo tal, segund la sentencia del glorioso rey e sabio <persName>Salomón</persName>
                  en el su libro llamado <title>Eclesiastés</title>, es mucho de loar e preciar por
                  aquello donde dize: <quote>"Mejor es la sabidoría que la fortaleza"
                  etc.</quote></p>


               <p>E así podemos dezir e concluir que conplidamente se ovo Nuestro Señor Dios con las
                  mugeres en toda generación de virtud, e esto es lo que se escrive por el sabio en
                  el libro llamado <title>Eclesiástico</title> donde dize: <quote>"El amor de Dios
                     es honrada sabidoría, e el comienço de la sabidoría es el temor del Señor, el
                     qual anda con las escogidas fenbras e con los justos e fieles es
                     nascido".</quote> E así segund esto el temor de Dios que es comienço e
                  fundamiento de la sabidoría, del qual dize el salmista que la su loor dura para
                  siempre, es dado por Dios así a las mugeres como a los onbres.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_4_tanquil">
               <head>Tanaquil reina</head>

               <p>Después de <persName>Venturia</persName>, madre de <persName>Coriliano</persName>,
                  a <persName>Tanaquil</persName> muger de grand linage me conviene pasar, la qual,
                  esi de los tarquinos viniese a <placeName>Roma</placeName> enpero ella en uno con
                  su marido ovieron el inperio de <placeName>Roma</placeName>, por lo qual me plogo
                  de la poner entre las romanas. La istoria de la qual es esta, segund lo recuenta
                     <persName>Valerio</persName> en el primero libro de las señales de las cosas
                  maravillosas e <persName>Titu Livio</persName> en la Primera Década en el primero
                     <pb n="71r"/> libro del <title>Fundamiento de la cibdat de Roma</title>:
                  paresce que en el tienpo que el rey <persName>Anco</persName> reinava en
                     <placeName>Roma</placeName> acaeció que un onbre llamado <persName>Lucomón
                     Tarquino</persName>, sabio e rico e acucioso, fue venido en
                     <placeName>Roma</placeName> por cobdicia e por esperança de ganar alguna honra,
                  ca en la cibdad de <placeName>Tarquina</placeName> donde él era nascido le pareció
                  bien que él non podía aver allí mucho honor, esto por quanto Daramacos su padre
                  era allí venido pobre onbre de la tierra de <persName>Corintio</persName>, e este
                     <persName>Daramacos</persName> avía ganado en <persName>Tarquina</persName>
                  grandes riquezas, e ovo allí dos fijos: el uno el sobredicho
                     <persName>Lucomón</persName>, que era el primero e mayor, e el otro llamado
                     <persName>Artines</persName>, que era el segundo e menor, el qual morió antes
                  que su padre.</p>

               <p>E el sobredicho <persName>Lucomón Tarquino</persName> su fijo mayor ovo todos sus
                  bienes, con los quales por ser muchos le creció el coraçón e casó con una muger de
                  muy alto lugar llamada <placeName>Tanaquil</placeName>, que es la que de suso faze
                  mención, la qual así como era de grand linage así era de grand coraçón, ca ella
                  non podía sofrir nin sostener más la umildat que el su nascimiento requiría. E por
                  quanto ella veía que los estruques e los tarquinos, gentes de aquella tierra,
                  menospreciavan a su señor e marido e le fazían algunos enojos por él ser de
                  estraña nación, ella non pudo sofrir el enojo e menosprecio d’ellos, antes
                  olvidado el amor natural que cada uno ha a su tierra e non faziendo fuerça d’él,
                  tanto que ella viese su marido e su señor en estado de honra, por ende, dio
                  consejo a su marido que salliese de la cibdat de <placeName>Tarquina</placeName> e
                  se fuese morar en <placeName>Roma</placeName>, ca le parescía que aquel era el
                  lugar más aparejado del <pb n="71v"/> mundo donde los onbres podían bevir honrados
                  e aventajados como en pueblo nuevo, e porque todas noblezas eran allí, las quales
                  de poco tienpo eran allí engendradas por virtud, e así era lugar propio de bivir
                  especialmente para onbre fuerte e precioso e virtuoso. </p>
               <p>E para mejor traer a su marido a esto, le recontó en cómo
                     <persName>Tacius</persName> seyendo estrangero fuera llamado para reinar e
                  reinara en <placeName>Roma</placeName>, e asimesmo cómo <persName>Numa</persName>
                  era nascido de <persName>Cures</persName>, e <persName>Ancus</persName> era de la
                  gente de los sabinos de partes de su madre, así que solamente era noble por una
                  sola imaginación e non enbargante esto, que aquellos fueran reyes e señores de
                     <placeName>Roma</placeName> por sus virtudes, asaz ligeramente e sin grand
                  dificultad. </p>
               <p>Finalmente la dicha dueña <persName>Tanaquil</persName> traxo a
                     <persName>Lucomón</persName> su marido a lo que ella dizía e a se partir de
                  aquella tierra de <placeName>Tarquina</placeName>, así que él e su muger tomaron
                  sus bienes e se fueron a Roma e moraron en aquella parte de la cibdat llamada
                     <placeName>Genícula</placeName>, e allí do eran asentados en sus carros vino un
                  águila de alto e espandió sus alas mansamente sobre <persName>Lucomón</persName>,
                  e le levó el sonbrero que tenía sobre su cabeça dando grandes bozes bolando sobre
                  el carro así como si ella oviese fecho aquello porque le oviese seído mandado. E
                  después de cabo le puso el sonbrero sobre su cabeça muy mansamente e lo dexó allí.
                  E entonces ella fue bolando en alto sin más tardança, e la dueña
                     <persName>Tanaquil</persName> fue muy alegre desta señal maravillosa, como
                  muger que sabía mucho de la ciencia de los agüeros e adevinanças, segund la
                  costunbre de la gente de los estruques de los quales ella era nascida. E dixo a su
                  marido <pb n="72r"/> que fuese cierto que él avía de aver grand alteza, ca la
                  dicha águila era venida de la partida del cielo e que era mensagero de aquel grand
                  dios <persName>Júpiter</persName> que le avía mostrado esta señal de soberanía e
                  alteza en tanto como le avía tirado de la cabeça la honra umanal e gela avía
                  tornado divinalmente.</p>

               <p>E estas esperanças e estos pensamientos trayendo consigo marido e muger, venidos
                  amos a dos en la cibdat de <placeName>Roma</placeName>, conpraron allí una casa.
                  Entonce el dicho <persName>Lucomón</persName> se llamó e nonbró <persName>Prisco
                     Tarquino</persName>, al qual su venida allí nueva e sus riquezas le fazían
                  maravilloso varón, e la su fortuna le ayudava mucho. Él era cortés e bien
                  fablante, e allegava así a todos aquellos que él podía faziéndoles muchas ayudas e
                  gracias. E fizo tanto fasta que la su fama llegó en casa del rey, así que en poco
                  tienpo él ovo oficios e grand conoscimiento con el rey, e fue en los consejos
                  públicos e secretos. E él era así apercibido e sabio e entendido que el rey
                     <persName>Ancius</persName> lo dexó por tutor de sus fijos en su testamento, e
                  después que los fijos del rey <persName>Ancius</persName> fueron en edat que la
                  tutela devía cessar, entonces este <persName>Lucomón</persName> su tutor llamado
                     <persName>Tarquino</persName> traxo maneras con los romanos como él fue alçado
                  por rey d’ellos. </p>
               <p>En aquel tienpo en la casa del dicho rey <persName>Tarquino</persName> acaeció una
                  cosa maravillosa, es a saber: un moço estava dormiendo, e resplandecíale una llama
                  de fuego en la cabeça en manera que a todas las gentes que allí estavan en el
                  palacio del rey donde el moço dormía les parescía que salía llama de fuego de la
                  cabeça del moço. E algunos y ́ovo que le quisieron <pb n="72v"/> echar del agua en
                  la cabeça, diziendo que con ella matarían el fuego, mas la reina
                     <persName>Tanaquil</persName>, así como aquella que era muy sabia e entendida
                  en tales cosas, defendió que se non fiziese, e fizo callar a los onbres del rey
                  que davan bozes. E así quando el clamor de las gentes fue sosegado, la dicha reina
                     <persName>Tanaquil</persName> defendió que ninguno non despertase el moço fasta
                  que él se despertase por sí. E a la fin el moço despertó e la llama se fue con el
                  dormir en manera que non pareció más. E la reina <persName>Tanaquil</persName>
                  llamó luego al rey a una cámara secreta e díxole así: </p>


               <p><q who="#tanaquil">–Señor, vedes este moço que avemos criado en tan poco estado
                     faziendo poca mención d’él, sabed por verdad que este será un espejo nuestro en
                     nuestras cosas dubdosas, e será defendedor de la nuestra silla real que será
                     ator- mentada e tribulada. E por ende, yo soy en consejo que nos lo criemos de
                     aquí adelante así en plaça como en secreto con toda diligencia así como materia
                     de nuestra grand honra.</q>
               </p>


               <p>Entonce el rey e la reina tomaron luego aquel moço en lugar de fijo e fiziéronle
                  enseñar las artes liberales e otros saberes, por los quales muchas vezes acaesce
                  que los coraçones de los onbres se mueven e despiertan a alcançar grandes fechos.
                  El moço creció por la industria real, así que andando el tienpo, como fuese
                  buscado por la cibdat de <placeName>Roma</placeName> marido pertenesciente para la
                  fija del rey, non fue fallado y ́ninguno de los mancebos romanos que por ninguna
                  arte de cavallería nin de otros saberes podiese ser igualado a este moço. Por la
                  qual razón el rey otorgó a éste su fija por muger, e dizen algunos que quando la
                  villa de <placeName>Canícula</placeName> fue tomada <pb n="73r"/> por los romanos,
                  el príncipe de aquella tierra que avía por nonbre <persName>Servius
                     Tulius</persName> fue muerto en aquella tierra e su muger fincó encinta, la
                  qual levada con los cativos a <placeName>Roma</placeName>, así que la reina
                     <persName>Tanaquil</persName> conoció e entendió que la dueña era noble muger e
                  non quiso que ella fuese sierva, antes la mandó venir a su palacio e allí encaeció
                  e parió a este moço. E por este bien que la reina le fizo e por la conoscencia de
                  las dueñas de la casa de la reina e de su buena voluntad que le sopo ganar, ovo
                  grand conoscimiento en casa del rey, lo qual fue causa por que el dicho moço vino
                  a este estado que es dicho.</p>

               <p>Los fijos del rey <persName>Ancus</persName> que de primero avía seído rey, muy
                  quexados porque fueran privados del regno de su padre por su tutor el rey
                     <persName>Tarquino</persName>, e porque veían regnar en
                     <placeName>Roma</placeName> onbre que non era de linage romano nin de su
                  vezindat, por esto ordenaron finalmente de matar al rey, e posieron en obra de se
                  apercibir dello en esta manera: escogieron dos pastores muy orgullosos e crueles
                  para fazer este fecho, los quales avían acostunbrado usar de ferramientas
                  rústricas. Estos fingieron que ellos avían peleado entre sí, e viniéronse fasta el
                  palacio de la silla real dando bozes con grand roido el uno contra el otro, en
                  manera que toda la corte se tornó a mirarlos. E así fue que amos a dos llamaron al
                  rey diziendo que apelavan para ant’él. El rey oyendo las bozes d’ellos los mandó
                  llamar, e quando fueron delante el rey, el uno començó a querellar del otro e
                  amenazávanse allí, mas los sergentes de armas mandaron que estoviesen quedos e que
                  dixiese cada uno su razón. <pb n="73v"/> Finalmente ellos se sufrieron de dar
                  bozes, e el uno d’ellos començando a fablar al rey, ordenando sus palabras e
                  trayéndolas a propósito, el rey escuchándolo con grand diligencia, en tanto el
                  otro firió al rey con una facha de fierro que tenía en la mano por medio de la
                  cabeça, e dexole aquel fierro dentro de la cabeça. </p>
               <p>E las guardas del rey que allí estavan prendieron luego a aquellos dos pastores, e
                  las bozes fueron muy grandes, ca todo el pueblo se juntó allí. Entonces la reina
                     <persName>Tanaquil</persName> como dueña muy entendida e avisada en toda manera
                  de virtud fizo luego cerrar el palacio e echar fuera dende todas aquellas gentes,
                  e mandó buscar todas las cosas nescesarias para guarescer aquella llaga, así como
                  si ella oviese esperança que el rey non era ferido de muerte, mas ella lo fizo por
                  se apercibir de ayuda de socorro. Entonces la reina <persName>Tanaquil</persName>
                  fizo llamar a grand priesa al mancebo yerno suyo, al qual seyendo moço e estando
                  dormiendo apareció la llama de fuego en su cabeça como suso es dicho. Este avía
                  por nonbre <persName>Servio</persName> así como el príncipe su padre. La reina le
                  mostró cómo yazía el rey muerto, rogándole que non quisiese dexar la muerte de su
                  señor sin vengança nin quisiese consentir que este fecho quedase en escarnio e en
                  desprecio de sus enemigos. E díxole estas palabras:</p>


               <p><q who="#tanaquil">-¡O tú <persName>Servilio</persName>!, a ti pertenesce tomar
                     este regno e non a aquellos que con manos agenas fizieron cruel muerte.
                     Aderéçate e suplica a los dioses guiadores e recebtores e regidores, los quales
                     en otro tienpo significaron que en la tu cabeça avría una claridat <pb n="74r"
                     /> real por el fuego reluziente que enderredor d’ella se asentó, e sea así que
                     esta flama celestial te faga agora despertar e bien considerar que nos somos
                     venidos de otra tierra, e seyendo pelegrinos avemos regnado. E piensa quién
                     eres e non de dónde eres, e si tú eres espantado de aquesta cosa que así es
                     desbaratada, porque los tus consejos serían tardíos, yo te ruego que de
                     presente tú tomes el mi consejo.</q>
               </p>

               <p>El pueblo estava de partes de fuera lleno de grand temor, en manera que las bozes
                  de la muchedunbre de las gentes non podían ser por eso sostenidas, e la reina
                     <persName>Tanaquil</persName> subió en lo más alto del palacio a unas
                  finiestras en manera que la podían bien veer los que estavan de fuera. Entonces la
                  reina <persName>Tanaquil</persName> desque vio al pueblo les dixo que non
                  desmayasen, ca el rey estava sin peligro, pero que estava adormido del golpe que
                  le avía seído dado arrebatadamente, mas que el fierro non avía entrado mucho, e
                  que ellos podían bien veer el fondo de la llaga quando la sangre fuese restañada: </p>

               <p><q who="#tanaquil">–Aved –dixo ella– buena esperança que todas las cosas son
                     salvas, e en breve tienpo veredes sano al rey.</q>
               </p>

               <p>Entre tanto ella mandó llamar a <persName>Servilio</persName>, e mandó e encomendó
                  al pueblo que ellos le obedesciesen e a él encomendó que quisiese mantener los
                  derechos en lugar del rey fasta tanto que el rey fuese sano e fiziese los oficios
                  que a él pertenescían, e desta manera sallió <persName>Servilio</persName> del
                  palacio vestido de los ornamentos reales e con él guardas e onbres de armas, e
                  asentose en la silla real e determinava algunos juizios que venían ant’él, e otros
                  dexava diziendo <pb n="74v"/> que los viese el rey, e disimulava diziendo que se
                  quería aconsejar con él. </p>
               <p>En esta manera después que el rey <persName>Tarquino</persName> fue muerto estovo
                     <persName>Servilio</persName> por consejo de la reina
                     <persName>Tanaquil</persName> algunos días fortalescido, buscando sus ayudas e
                  allegando sus riquezas, dando a entender que usava de oficio de otro. Mas después
                  que se descubrió la muerte del rey, començaron el pueblo de fazer grandes llantos,
                  e <persName>Servilio</persName> estava ya apercibido de buenas ayudas e de firme e
                  fuerte conpaña de gente del pueblo por la sabia avisación de la reina
                     <persName>Tanaquil</persName>; así que por el encomendamiento del pueblo e con
                  consejo de los padres él reinó en <placeName>Roma</placeName> e fincó por rey
                  d’ella. </p>
               <p>Los fijos del rey <persName>Ancus</persName> quando oyeron dezir a la reina
                     <persName>Tanaquil</persName> que el rey <persName>Tarquino</persName> era
                  bivo, otrosí vieron que los pastores que fizieron aquel maleficio eran presos e
                  que las ayudas de <persName>Servilio</persName> eran muy grandes, ellos se fueron
                  en una villa llamada <placeName>Ponice</placeName> por morar allí así como
                  desterrados. E <persName>Servilio</persName> se guarnició de buenas ayudas así por
                  consejos públicos como secretos siguiendo los buenos consejos e avisaciones de la
                  dicha reina <persName>Tanaquil</persName>, por cuya causa e avisación él fue rey
                  de los romanos.</p>

               <p>¡O muger muy noble!, la grandeza del coraçón de la qual o quasi su divinal
                  sabidoría si con el coraçón fuere acatada non sin grand maravilla la su memoria
                  será tomada, porque, ¿quién será aquel que de la grandeza del su coraçón non se
                  maravillará? La qual, como viese sin honra a su marido
                     <persName>Tarquino</persName>, por su propia virtud olvidado el amor de su
                  tierra non pudo sofrir tal cosa, mas tomado <pb n="75r"/> consejo se fue para
                     <placeName>Roma</placeName>, donde por los sus merescimientos esperava él ser
                  traído en grandes onores. ¿Quién non se maravillará de la su prudencia? Porque
                  quier sea por ciencia de adevinar, quier por sabidoría de su ingenio, dixo ante lo
                  que avía de acaescer a su marido por acatamiento de aquella señal. ¿Quién non se
                  maravillará de la su sabidoría? La qual amonestada por el acatamiento de las
                  flamas del fuego que vido sobre la cabeça de <persName>Servio Tulio</persName> lo
                  crio como si fuera su fijo e lo traxo a tan grand dignidat. </p>
               <p>Pues non sin razón digo la sabidoría d’ella non aver seído en menor grado que la
                  de algunos claros varones, e pues los patriarcas <persName>Jacob</persName> e
                     <persName>Josep</persName> su fijo, e el profeta <persName>Daniel</persName> e
                  otros profetas e santos, e aun otros prudentes varones son mucho loados en la
                  Sacra Escriptura e en otras escripturas e istorias auténticas, porque Dios les
                  quiso mostrar en sueños e en diversas revelaciones las cosas que eran por venir, e
                  asimesmo porque les dio ciencia para poder soltar e declarar las semejantes
                  señales quando acaescían, bien podemos loar la grand dignidat del alto ingenio
                  desta noble reina <persName>Tanaquil</persName> e su grand sabidoría, prudencia e
                  avisación en las cosas suso dichas. Donde paresce que en toda manera, quier de
                  revelación quier de sabidoría, e en todos los otros saberes e cosas virtuosas han
                  lugar e entrada así las mugeres como los onbres, e non solamente las mugeres
                  bivientes so la ley de Dios, mas aun las del pueblo de los gentiles, las quales
                  non ovieron conoscimiento de la ley <pb n="75v"/> de escriptura nin de la ley de
                  gracia, e con todo eso se disponían a toda obra de virtud e sabidoría.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_5_porcia">
               <head type="title_bio">Porcia, fija menor de Catón</head>

               <p>Acabada brevemente la istoria singular desta muy virtuosa reina, non sin razón
                  devemos fablar de la muy noble dueña romana llamada por nonbre
                     <persName>Porcia</persName>, fija del muy virtuoso <persName>Catón</persName>.
                  La istoria de la qual muy notablemente recuenta <persName>Valerio</persName> en el
                  segundo capítulo del su libro tercio, donde fabla de la virtud de la fortaleza.
                  Segund la qual paresce que esta muy virtuosa dueña, como oyese que
                     <persName>Bruto</persName> marido suyo avía determinado en su consejo de matar
                  al enperador <persName>Julio César</persName>, dubdando que aquel consejo non
                  vernía en obra e que lo sabría el dicho enperador, e así sabido mandaría matar por
                  ello al dicho <persName>Bruto</persName> su marido, ella demandó un cañivete
                  pequeño diziendo que lo quería para cortar las uñas.</p>

               <p>E queriendo tentar de mostrar por esperiencia el grande amor que a su marido avía
                  e que si él moriese ella non quería más bevir después d’él, se firió con aquel
                  cuchillo de que fue muy mal llagada, aunque non morió de aquella ferida.</p>

               <p>Donde paresce que ella quiso semejar por gloria en la virtud e grandeza de coraçón
                  al sabio e muy virtuoso <persName>Catón</persName> padre suyo, el qual veyendo ser
                  perdida la libertad de <placeName>Roma</placeName> e non podiendo sofrir aquello,
                  se mató. E comoquier que de aquella ferida esta muy noble e generosa dueña non
                  moriese, pero al fin ella rescibió muerte muy osada e virtuosamente, ca segund
                     <persName>Valerio</persName> recuenta en el sobredicho <pb n="76r"/> libro e
                  capítulo, e asimesmo en el libro quarto del amor que han entre sí el marido e la
                  muger, como esta noble dueña oyese que el dicho <persName>Bruto</persName> su
                  marido era vencido e muerto por los príncipes <persName>Antonio</persName> e
                     <persName>Otaviano</persName> en los canpos llamados
                     <placeName>Felipos</placeName>, ella non podiendo aver fierro para se matar con
                  él, tomó las brasas ardientes del fuego e echóselas en la boca, e así morió
                  mostrando el grande amor que a su marido avía, aviendo por bien de non bevir más
                  después d’él.</p>

               <p>¡O muger muy virtuosa e de grand coraçón e muy amiga de su marido!, la qual ovo
                  por cosa muy aguisada e razonable de non quedar en esta vida nin usar de las
                  delectaciones d’ella después de la muerte de su buen marido, e osó con grand
                  fortaleza e grandeza de coraçón rescibir la muerte, e non solo cometió de se matar
                  una vez, quando tan cruelmente e con tanta firmeza de coraçón se mató lançando las
                  brasas de fuego en su boca como es dicho, mas aun como suso se recuenta de ante
                  avía cometido de se matar con un cuchillo.</p>

               <p>¡O, quand pocos serían tan fuertes e de tan grande coraçón que así osasen rescibir
                  la muerte de sí mesmos como paresce que esta noble dueña la osó rescibir! E, ¿por
                  quál cosa ella deve ser más loada e digna de mayor maravilla: o por ser de tan
                  grande e alto e fuerte coraçón segund se mostró por sus fechos osando se matar, o
                  por tener encerrado en su pecho tan muy ardiente e virtuoso amor de su marido
                  segund que lo mostró por la obra non queriendo bevir después de la vida d’él?
                  Fablando verdad, lo uno e lo otro resplandesce en ella muy maravillosamente, tanto
                     <pb n="76v"/> que nos non podemos pensar que a ella sea de anteponer la
                  grandeza de coraçón del sabio <persName>Catón</persName> su padre, porque él tomó
                  muerte por la manera acostunbrada por otros muchos, e ella quiso morir por nueva
                  manera, nin fizo más que esta muy noble dueña aquel varón romano llamado
                     <persName>Graco</persName>, el qual aviendo fallado en su propia casa dos
                  serpientes macho e fenbra, e entendiendo que esto significava alguna cosa que le
                  avía de acaescer, lo fue dezir a los adevinos, e les preguntó que le dixiesen lo
                  que aquello demostrava. E ellos le dixieron que si de aquellas dos serpientes
                  dexase el macho e matase la fenbra, que su muger del dicho
                     <persName>Graco</persName> sería muerta; e por el contrario si matase el macho
                  e dexase la fenbra, que el dicho <persName>Graco</persName> rescibiría muerte e su
                  muger quedaría biva; e si amos matase que amos serían muertos; e si amas las
                  serpientes quedasen bivas, que amos marido e muger morirían, e así, que era
                  nescesario matar qualquier de las serpientes el macho o la fenbra para que
                  qualquier de los dichos marido e muger quedasen bivos. E el dicho
                     <persName>Graco</persName> por el grande amor que avía a su muger quiso matar
                  el macho de las dichas dos serpientes e dexó biva la fenbra queriendo él morir e
                  que su muger non moriese.</p>

               <p>Nin es de anteponer a esta virtuosa dueña aquel conpañero de armas del rey
                     <persName>Saúl</persName> de que fabla el primero <title>Libro de los
                     Reyes</title>, el qual veyendo que el rey <persName>Saúl</persName> era ferido
                  e muerto en la batalla que los filisteos avían contra él, mostrando dello grand
                  dolor, con mucho amor e lealtad se mató por sus propias manos, él non queriendo
                  más quedar en aquesta vida después de <pb n="77r"/> la muerte de su señor.</p>
            </div>


            <div type="bio" xml:id="II_6_sempronia">
               <head>Senpronia</head>

               <p>La muy noble <persName>Porcia</persName> fija de <persName>Marco Catón</persName>,
                  de las virtudes de la qual suso avemos fecho mención, me ayuda que yo me pase
                  adelante a recontar la istoria de la loable firmeza de aquella muy noble romana
                  llamada <persName>Senpronia</persName> hermana de los nobles e muy de alto linage
                     <persName>Gracos</persName> e muger del noble cavallero romano llamado
                     <persName>Cipión Emiliano</persName>, de la qual fabla muy altamente el muy
                  grande <persName>Valerio</persName> en el su tercero libro onde tracta de la
                  virtud de la costancia que es llamada firmeza de coraçón.</p>

               <p>E así paresce que esta dueña después de la muerte de su marido e de sus hermanos,
                  estando biuda esclareció muy virtuosamente manteniendo castidat e toda onestad e
                  bondad, mostrando bien por su vida e obras la memoria del alto e generoso e
                  virtuoso linage de donde ella descendía, e asimesmo del marido con quien ella
                  fuera casada. E fue así que ella biviendo en <placeName>Roma</placeName>, acaeció
                  que vino ende un onbre de pequeño estado llamado <persName>Equicio</persName>, el
                  qual se fingió ser fijo de <persName>Tiberio Graco</persName>, hermano de aquesta
                  dueña. Este <persName>Equicio</persName> era así semejable en gesto e figura al
                  dicho <persName>Tiberio Graco</persName> cuyo fijo él se dezía, tanto que por esto
                  él ovo por sí el favor del pueblo romano e el consentimiento de los tribunos e
                  juezes para ser avido por fijo de <persName>Tiberio Graco</persName> e de su casa
                  e linage. Para lo qual esta noble dueña fue llamada a juizio por parte de aquel
                  onbre que se llamava su sobrino, la qual traída a juizio, ella non queriendo
                  rescibir por sobrino aquel onbre ue sabía que lo non era, usando de la virtud de
                  grande costancia e fortaleza de coraçón, e mostrándola <pb n="77v"/> por obra, non
                  enbargantes las amenazas e bozes e ruido del pueblo e el gesto de los juezes muy
                  irado que contra ella se mostrava e el grande favor que todos davan a aquel su
                  contrario, ella lo resistió todo tan fuertemente que non solo se defendió de la
                  demanda de aquel onbre, mas aunque mucho fue afincada por el pueblo e por aquellos
                  tribunos que en señal de conoscimiento de debdo quisiese dar paz a aquel que se
                  llamava sobrino suyo, segund que era la costunbre en <placeName>Roma</placeName>
                  de la dar las tías a sus sobrinos, ella nunca quiso a ello condescender.</p>

               <p>E por esto <persName>Valerio</persName> contenplando la grand constancia e firmeza
                  de aquella noble dueña, dize d’ella en el dicho capítulo estas palabras:
                     <quote>"¡O <persName>Senpronia</persName>, hermana de los <persName>Gracos
                        Quinto Tiberio e Gayón</persName>, muger de <persName>Cipión
                        Emiliano</persName>!, quiero yo agora por breves palabras fazer conplida
                     relación de las tus virtuosas obras de las quales meresce ser fecha istoria, es
                     a saber: cómo seyendo tú tan onesta e generosa fueste traída en grande
                     vergüença ant’el pueblo romano por aquel juez suyo contra la costunbre antigua
                     de <placeName>Roma</placeName> que non consentía que las mugeres fuesen traídas
                     al ayuntamiento de los onbres e a las plaças do se juzgan los pleitos, lo qual
                     oviste de fazer así por el fecho ser notable e muy señalado. Por lo qual con
                     razón ovo de ser dexada en esto la autoridat de la primera e antigua costunbre,
                     porque mayor poderío tiene la fuerça que lo que manda e amonesta la vergüença.
                     E comoquier que así ayas seído traída a tan grande plaça e con tanta vergüença
                     todavía retoviste e defendiste con grande virtud e firmeza la grandeza <pb
                        n="78r"/> del tu claro linage".</quote></p>

               <p>E dize más, ya sea que esto abasta para digna relación de tus virtudes, pero yo lo
                  quiero proseguir más largamente porque quede dello honrada memoria. ¡O
                     <persName>Senpronia</persName>!, apremiada fueste de estar en el lugar donde la
                  fruente de los príncipes de la cibdat se suele avergonçar e turbar, es a saber, en
                  el ayuntamiento de tanto e tan grand pueblo e de tan grand cibdat como era
                     <placeName>Roma</placeName>, en el qual ayuntamiento los excelentes onbres non
                  parescían estar seguros, mayormente las mugeres, e allí fueste muy aquexada del
                  grande e cruel poderío del juez, mostrándote gesto muy sañudo e diziéndote
                  amenazas, e el pueblo dando grandes bozes e clamores contra ti faziendo grande
                  roido en la plaça e con grande diligencia porque dieses paz como a sobrino aquel
                  mal onbre llamado <persName>Equicio</persName>, el qual falsamente se llamava fijo
                  de <persName>Tiberio</persName> tu hermano. Pero tú con grande firmeza resististe
                  e desechaste a aquel que con tan mala osadía quería usurpar e tomar para sí non
                  verdaderamente la fidalguía de la tu generosa casa.</p>


               <p>E aquí acaba <persName>Valerio</persName> de fablar d’ella. Pues segund esto,
                  ¿quién es aquel que pueda dezir que persona alguna aya seído más virtuosa que esta
                  noble dueña?, especialmente en la su constancia, la qual yo non sé si la llame
                  constancia o fablando mejor e más propio diga d’ella que este fecho suyo aya seído
                  alguna cosa divinal. </p>

               <p>¡O <persName>Senpronia</persName>!, si Dios tanto bien te quisiera fazer que
                  ovieras conoscimiento de la fee de Nuestro Señor Jesucristo e la grande virtud de
                  constancia que por defender tu fidalguía en esto mostraste la ovieras mostrado
                  padesciendo por la verdat de nuestra santa fee, non dubdo que podieras <pb n="78v"
                  /> ser en algo conparada non solo a los nobles e virtuosos varones católicos que
                  con grande constancia e firmeza de coraçón faziendo muy grandes fechos padecieron
                  muy grandes peligros e trabajos por Dios, mas aun a los profetas e a los santos
                  apóstoles, los quales por servir a Dios e seguir su ley e santa dotrina pasaron en
                  esta vida muchos trabajos e verguenças ante los enperadores e reyes e otros
                  príncipes e ante los grandes pueblos, así como se lee de
                     <persName>Moisén</persName> e <persName>Arón</persName> e de
                     <persName>Isaías</persName> e <persName>Geremías</persName> e del apóstol
                     <persName>sant Pablo</persName> e de otros muchos santos e siervos de Dios en
                  muchos e diversos logares de la Santa Escriptura, e especialmente en aquel famoso
                  e notable libro divinal de los <title>Fechos e istorias de los apóstoles</title>,
                  la qual istoria conpuso e escrivió el evangelista <persName>sant Lucas</persName>,
                  allí do dize que los apóstoles eran traídos a los grandes ayuntamientos de los
                  príncipes e pueblos e allí eran injuriados e maltraídos e pasavan grandes trabajos
                  por defender la verdat e la santa dotrina de Nuestro Señor Jesucristo, e con todo
                  esto ellos con grande virtud de constancia se gozavan e davan gracias a Dios
                  porque ellos eran dignos de padescer aquellos trabajos e verguenças por Nuestro
                  Señor Jesucristo, el qual es vía e verdad e vida e bive e regna por sienpre jamás. </p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_7_antonia">
               <head>Antonia, muger de Drusio</head>

               <p>Después de la istoria de la noble <persName>Senpronia</persName> que de suso es
                  fecha mención, se ofreció a mí de escrivir la muy grande e señalada continencia de
                  castidad de la muy fija d’algo romana llamada por nonbre
                     <persName>Antonia</persName>, muger <pb n="79r"/> de un grande señor romano
                  llamado <persName>Drusio</persName>, la qual por maravillosa virtud ha sobrepujado
                  la nobleza de los sus antepasados, ca segund recuenta <persName>Valerio</persName>
                  en el su libro quarto de la abstinencia e continencia, esta dueña
                     <persName>Antonia</persName> aviendo quedado muy moça después de la muerte del
                  dicho <persName>Drusio</persName> su marido e en la flor de la su muy grande
                  fermosura, considerando que el dicho <persName>Drusio</persName> marido suyo en
                  quanto con ella fue casado nunca conoció otra muger, e queriéndole ella semejar en
                  esta virtud de castidat por noble fee e lealtad, e dando a entender por obra el
                  onesto amor e bienquerencia que al dicho su marido avía, pensó de guardar muy
                  noblemente para en toda su vida después de la muerte d’él la fee que le devía en
                  el tienpo que era bivo e era ella casada con él.</p>

               <p>Ca esta noble dueña queriendo ser guardada e libre de toda mala sospecha, e
                  mostrando por esperiencia la su grande abstinencia e continencia de castidat,
                  nunca se quiso acostar nin dormir en otro lecho nin cama después que el dicho su
                  marido morió sinon en el lecho e cama de su suegra madre del dicho
                     <persName>Drusio</persName> marido suyo, e sienpre en quanto bivió continuó de
                  dormir con ella de consuno aviendo aquel por lecho o cama propia de su marido. E
                  después que por el casamiento ovo dexada la flor de su virginidat, ovo por bien de
                  non casar otra vez nin conoscer otro varón, por quanto los antiguos avían por
                  señal de destenpramiento si la muger después de muerte de su marido casase otra
                  vez. E así dize <persName>Valerio</persName> desta noble dueña que en ese mesmo
                  lecho o cama donde se acabó la flor de la mocedad de aquel su marido, en aquel <pb
                     n="79v"/> mesmo ella se envegeció por esperiencia e provança de su onesta
                  bibdedat. </p>

               <p>¡O propósito santo e loable desta noble dueña!, la qual sin dubda non se olvidó
                  los establescimientos de los padres primeros, e seyendo ella asaz contenta de aver
                  seído casada una vez, quiso después de la muerte de su marido ser enoblescida por
                  corona de castidat. </p>

               <p>E por ende, queriendo más un poco alargar acerca desto, digo que quien será aquel
                  salvo si fuere menguado de seso que pueda dezir que esta noble dueña non aya seído
                  en esta virtud par e igual del dicho <persName>Drusio</persName> su noble marido,
                  el qual comoquier que fuese muy glorioso por las batallas que muy
                  bienaventuradamente fizo en <placeName>Germania</placeName>, e asimesmo por él ser
                  muy generoso, es a saber, del linage de los muy nobles Claudios, el enperador
                     <persName>Otaviano</persName> se ovo por bien contento de aver por muger la
                  madre deste <persName>Drusio</persName> e ser casado con ella, e asimesmo este
                     <persName>Drusio</persName> ovo por hermano al enperador
                     <persName>Tiberio</persName>, los quales dos enperadores fueron dos luzes muy
                  resplandecientes de la cosa pública, segund recuenta <persName>Valerio</persName>
                  en el dicho quarto libro de la abstinencia e continencia, e el dicho
                     <persName>Drusio</persName> seyendo onbre tan generoso e poderoso fizo cosa muy
                  notable e virtuosa en non conoscer otra muger salvo a la suya propia quier ella
                  fuese presente o absente, pero non fizo ella cosa menos notable e virtuosa que él
                  en esta parte, mas mucho mayor en non conoscer otro varón después que él morió
                  continuando sienpre por señal de su mayor guarda el lecho o cama de su suegra non
                  se queriendo acostar en otro alguno.</p>

               <p>Esto por <pb n="80r"/> tanto que segund dizen los naturales cosa muy grave e
                  trabajosa es a las mugeres que después de la muerte de sus maridos así quedan
                  moças guardar la abstinencia e continencia, e otrosí porque el dicho
                     <persName>Drusio</persName> solamente se dize aver guardado aquella fee de
                  castidat a su muger durante el casamiento, e esta noble señora non solamente
                  guardó esto mesmo en tanto que con él fue casada, mas aun todos tienpos después
                  fasta que ella morió.</p>

               <p>Ciertamente muy grande fue la continencia de aquesta loable dueña, e si con razón
                  fuere muy acatado, fállase ella aver fecho vida muy guardada e onesta después de
                  la muerte de su marido fasta el postrimero día de su fin, e nunca se aver partido
                  de las cosas onestas, tanto que ella por la su virtud nos trae que en todo e por
                  la mayor parte non por otra cosa, mas por la dignidad e grado d’esa mesma virtud
                  nos mucho deseemos semejar a ella. La qual con razón yo puedo dezir que aya pasado
                  en la dicha virtud a muchos notables varones que después del primero casamiento,
                  pasadas de la presente vida sus mugeres, se casaron e llegaron a otras mugeres non
                  guardando esta continencia de castidat, e non solo a los virtuosos mas aun a
                  algunos de los santos patriarcas, especialmente al grande patriarca
                     <persName>Abraham</persName>, el qual comoquier que él fuese muy grande profeta
                  e patriarca e amigo de Dios, pero después de la muerte de
                     <persName>Sarra</persName> su legítima muger tomó otra muger segund se lee en
                  el libro del <title>Génesi</title>, aunque los fechos de los santos patriarcas e
                  profetas non ligeramente se devan traer a conseqüencia, porque devemos entender
                  que por mandado e <pb n="80v"/> otorgamiento de Dios aya fecho las cosas que
                  d’ellos se lee, non enbargante que algunos parezcan algund tanto reprehensibles
                  quanto al seso umano, pero sienpre las devemos aver por buenas.</p>

               <p>Mas con todo esto con grande razón es de loar la abstinencia e continencia desta
                  noble dueña <persName>Antonia</persName> que en esta tan señalada virtud de
                  castidat e abstinencia paresce pasar al dicho patriarca
                     <persName>Abraham</persName> e a otros muy nobles varones segund se falla por
                  la Sacra Escriptura e por otras istorias auténticas, mayormente seyendo ella del
                  pueblo de los gentiles, los quales de Dios e de su santa fee non avían el
                  conoscimiento que devían nin eran nin bivían so la su dotrina e santa ley, e con
                  todo esto guiados por la razón natural usavan de tanta e tan maravillosa virtud. </p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_8_bilia">
               <head>Bilia muger de Diulio</head>
               <p>A la tenprança destas sobredichas virtuosas dueñas queremos ayuntar la maravillosa
                  castidat de <persName>Bilia</persName>, muger de aquel capitán romano llamado
                     <persName>Diulio</persName>, el qual segund los antiguos escrivieron fue el
                  primero romano que de vencimiento por mar alcançó corona por la batalla que ende
                  ovo. Aquesta dueña tanto sobrepujó en maravillosa onestad que en aquel tienpo fue
                  avida por luz e enxienplo de la castidat romana, en el qual tienpo en
                     <placeName>Roma</placeName> florescía mucho la linpieza de la castidat, segund
                  escrive <persName>sant Gerónimo</persName> en el libro que fizo contra
                     <persName>Jubiniano</persName>. De lo qual podemos entender que esta es cosa de
                  grand maravilla, aquesta dueña pasar allende de todas las romanas en linpieza de
                  castidat quando la <pb n="81r"/> castidat se honrava con tanta diligencia e
                  estudio, a la qual es juntar la tenprança, sin la qual la castidat non puede
                  estar, ca el casto conviene que tenga el coraçón apartado de toda suziedat de
                  luxuria, nin puede ser cosa tenprada que sea contraria de la virtud de la justicia
                  e de la fortaleza e de la prudencia.</p>
               <p>Por lo qual es de dezir que aquesta noble fenbra, que fue tan clara en la linpieza
                  del cuerpo e de la voluntad, que fue muy conpuesta de todas las virtudes e que
                  domó todos los vicios e pecados, los quales los filósofos llamaron enfermedades de
                  la voluntad. E así esta ovo victoria de sí mesma, lo qual non le es de contar a
                  poca gloria suya. E por aquesto non es solo de igualar esta dueña a los grandes
                  enperadores que muchas vezes merescieron aver la corona de la victoria en el
                  capitolio de <placeName>Roma</placeName>, mas antes es de dezir que fue más
                  sobrepujante que ellos, como sea de mayor gloria vencer a sí mesmo que someter a
                  otros a su señorío. Ca muchos ovo que vencieron a otros en el canpo e a sí mesmos
                  non podieron vencer.</p>
               <p>E comoquier que mucho sean de loar <persName>Éctor</persName> el troyano e
                     <persName>Arquiles</persName> el griego e el grande <persName>Josué</persName>
                  e el fuerte <persName>Sansón</persName>, e el religioso cavallero
                     <persName>Judas</persName> macabeo e el conde don <persName>Fernand
                     Gonçález</persName> e el <persName>Cid Ruy Díaz</persName> e otros muchos
                  cavalleros que fueron muy valientes e esforçados e esmerados en el fecho de las
                  armas, así en el pueblo de los gentiles como en el pueblo de
                     <placeName>Israel</placeName>, como después d’ellos en el pueblo católico e
                  cristiano, por los muy grandes e notables fechos que cada uno d’ellos en su tienpo
                  loable e bienaventuradamente fizo e cometió en el muy grande e alto fecho de la
                  cavallería <pb n="81v"/> e armas, segund se falla por la Sacra Escriptura e por
                  diversas corónicas e istorias auténticas e aprovadas en muchos e diversos lugares
                  por donde paresce que ellos ayan pasado e sobrepujado en toda virtud de cavallería
                  a todos los otros de su tienpo, pero mucho es de loar esta virtuosa e muy noble
                  dueña que en tantas e en tan buenas virtudes sobrepujó e pasó allende a todas las
                  otras virtuosas romanas. E por tal manera sojuzgó los apetitos e deseos e
                  cobdicias de la sensualidat, es a saber, de la carne, al su noble e alto ingenio e
                  virtuoso entendimiento, que ella mereció alcançar tan soberano e maravilloso grado
                  de virtud. La qual cosa como suso es dicho non es menos que vencer los enemigos e
                  conbatir e tomar e sojuzgar las cibdades por fuerça de armas, segund la sentencia
                  del glorioso rey e muy sabio <persName>Salamón</persName> en el <title>Libro de
                     los sus Proverbios</title>, donde dize: <quote>"Mejor es aver la virtud de la
                     paciencia que la virtud de la fortaleza, e mejor cosa es ser señor de sí mesmo
                     que conquistar e tomar la cibdat"</quote>. E esto mesmo tracta el grande sabio
                     <persName>Séneca</persName> en el tercero libro de las <title>Naturales
                     Quistiones</title> donde pregunta: <quote>"¿Quál es la mayor cosa que los
                     onbres pueden fazer?, e ¿quál es la mayor vitoria que pueden aver?"</quote>,
                  responde e determina que la mayor cosa es vencer los vicios, porque muchos son los
                  que vencieron e tomaron las cibdades e inperaron e sojuzgaron los pueblos so su
                  poderío e mandamiento, e muy pocos son los que son señores de sí mesmos e se
                  pueden sojuzgar. Ca ese es libre: el que fuye la servidunbre de sí mesmo, la qual
                  continuamente <pb n="82r"/> le apremia e costriñe día e noche sin intervalo alguno
                  etc. E así con grand razón deven ser muy loadas las maravillosas virtudes desta
                  noble dueña, pues sobrepujó en ellas a todas las otras virtuosas de su tienpo
                  seyendo señora de sí mesma e domando e sojuzgando los apetitos e vicios e
                  abraçando las virtudes, pues segund común determinación de todos los sabios esto
                  es mayor cosa que vencer las batallas nin conquistar e tomar las cibdades e
                  señorear los regnos, provincias e gentes e pueblos d’ellos. </p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_9_marcia">
               <head>Marcia fija menor de Catón</head>

               <p>Después desta sobredicha muy noble e virtuosa dueña de que suso avemos fecho
                  mención queremos aquí añader la tenprança de la noble e virtuosa
                     <persName>Marcia</persName> fija menor del sabio <persName>Catón</persName>, de
                  la qual faze señalada mención <persName>sant Gerónimo</persName> en el dicho libro
                  contra <persName>Joveniano</persName> donde recuenta que después de ser muerto el
                  marido desta sobredicha <persName>Marcia</persName>, a ella fue movido casamiento
                  para que casase segunda vez, e ella queriendo guardar su onestad e castidat como
                  dueña romana muy notable e virtuosa, se escusó muy fermosa e maravillosamente,
                  diziendo que ella non entendía casar nin casaría segunda vez porque non fallava
                  marido que la quisiese en casamiento más por su amor que por causa de aver lo que
                  ella tenía.</p>

               <p>E dize aquí <persName>sant Gerónimo</persName> que por este dicho mostró la noble
                  e sabia dueña que comúnmente los onbres más quieren casar con las mugeres bibdas
                  por la fazienda e heredamientos <pb n="82v"/> e bienes que ellas tienen que non
                  por la castidad e onestad d’ellas, porque en casando segunda vez se muestran
                  algund tanto por non muy tenpladas, e por tales eran avidas por los romanos. E
                  dize más <persName>sant Gerónimo</persName> fablando desta noble dueña
                     <persName>Marcia</persName>, que ella después de la muerte del dicho su marido
                  sienpre traxo por él continuamente ábito de luto, mostrando todavía grand
                  sentimiento por la su muerte, e que le fue preguntado por las señoras de
                     <placeName>Roma</placeName> fasta quánto tienpo avía de durar aquel sentimiento
                  e ábito de luto e dolor que por el dicho su marido mostrava e traía. La noble
                  dueña respondió muy prudente e sabiamente diziendo que esto duraría fasta el
                  postrimero día de la su vida. E así la noble dueña guardó su castidad fasta que
                  morió e non quiso aver nin conoscer otro marido después del primero.</p>

               <p>¡O dueña muy casta e virtuosa e digna de toda loança!, ¡quánta onestad!, ¡quánta
                  castidad!, ¡quánta fortaleza e grandeza de coraçón mostraste después del primero,
                  trayendo continuamente luto por él, e faziendo vida muy apurada e onesta!, en lo
                  qual eres mucho de loar e ensalçar más que otros muy notables varones que por non
                  poder guardar su continencia ovieron de casar muchas vezes. E en esta virtud de
                  castidad e continencia bien quisiste semejar a lo que se escrive por los naturales
                  de aquella ave llamada tórtola, la qual después que ha perdido su marido sienpre
                  anda muy apartada e solitaria e non se ayunta a otro e continúa en las alturas e
                  non se asienta en <pb n="83r"/> ramo verde, e fuye todas las otras delectaciones
                  mostrando naturalmente grand dolor por aver perdido su marido. De la qual fabla
                     <persName>sant Gerónimo</persName> en el dicho libro primero contra
                     <persName>Joviniano</persName>, e asimesmo <persName>sant Bernaldo</persName>
                  en el sermón cinqüenta e nueve sobre el libro del rey e sabio
                     <persName>Salamón</persName> llamado <title>Cantica Canticorum</title>, e se
                  escrive en el <title>Libro de las Propiedades de las cosas</title> en el dozeno
                  libro, en el capítulo que fabla desta dicha ave.</p>

               <p>E comoquier que segund el apóstol <persName>sant Pablo</persName>, la muger
                  después de muerto el marido es libre de la ley del matrimonio e puede casar con
                  quien quisiere tanto que case segund Dios, pero esto se entiende de aquella que
                  non puede guardar continencia e castidat, la qual es mejor que case que non que se
                  queme en el fuego de la luxuria segund lo dize el dicho apóstol <persName>sant
                     Pablo</persName>. E así mucho es de loar la dueña casta que virtuosamente vence
                  los apetitos e deseos de la luxuria e quiere ser contenta de aver seído casada una
                  vez, pues que por enxenplo de la dicha tórtola muy casta ave lo deve fazer
                  seguiendo aquella palabra del <persName>santo Job</persName> que dize que Dios nos
                  ha enseñado e doctrinado para que aprendamos de las bestias de la tierra e de las
                  aves del cielo. E esto mesmo dize el rey e sabio <persName>Salamón</persName> en
                  los sus <title>Proverbios</title> redarguyendo al onbre negligente e perezoso,
                  diziéndole que aprenda e tome doctrina e enseñança de la formiga, la qual de sí
                  mesma con grand prudencia coge e guarda su mantenimiento para el tienpo de la
                  nescesidat, e así con muy grand razón todas las dueñas e mayormente las nobles
                  deven aprender e tomar doctrina e enxenplo de las cosas sobredichas para guardar
                  su <pb n="83v"/> honestad e castidad.</p>

               <p>E si naturalmente los animales tan pequeños han tanto sentimiento, quanto más lo
                  deven aver las criaturas razonables e mayormente las católicas. E así mucho es de
                  loar e ensalçar esta noble dueña pues tan virtuosamente sopo guardar su onesta
                  castidat que es cosa tan loada e preciada.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_10_avia">
               <head>Avia</head>
               <p>A la continencia desta sobredicha noble dueña <persName>Marcia</persName> son de
                  ayuntar tres enxenplos de loança asaz muy claros e abiertos: el uno de los quales
                  es de la muy virtuosa e casta romana llamada por nonbre <persName>Avia</persName>,
                  de la qual faze especial mención <persName>sant Gerónimo</persName> en el dicho
                  libro contra <persName>Joviniano</persName>, donde recuenta que esta noble dueña,
                  muerto su primero marido, fue muy aquexada por los parientes d’ella que quisiese
                  tomar otro marido, ca era moça e muy apuesta e fermosa. E ella queriendo guardar
                  su castidad e onestad como muger notable romana dixo así: </p>


               <p><q who="#avia">-Ciertamente yo esto non lo faré en alguna manera, ca si el segundo
                     marido fuere bueno segund que ove el primero, non quiero yo estar nin bevir con
                     temor de lo poder perder cada día segund que perdí el primero marido que avía,
                     e si acaeciere que este segundo sea malo, pregunto yo –dizía ella– ¿qué
                     nescesidat es después de bueno e virtuoso marido sofrir e sostener mal
                     marido?</q>
               </p>


               <p>E con esto se escusó la noble e virtuosa dueña romana de casar segunda vez, e así
                  guardó e continuó muy notablemente su castidad.</p>

               <p>¡O dueña muy sabia prudente e virtuosa! ¡Con quánta avisación e sabidoría
                  defendiste la tu castidad e onestad e te escusaste de casar segunda <pb n="84r"/>
                  vez guiada por el tu claro e alto ingenio!, aunque non avías avido noticia de
                  aquello que el apóstol <persName>sant Pablo</persName> muy notablemente escrive en
                  la su primera <title>Epístola enbiada a los corintios</title> en el capítulo
                  siete, donde dize: <quote>"La muger después que muere el marido más bienaventurada
                     será si non casare e guardare castidad que non si casare, porque la bibda
                     piensa en aquellas cosas que son de Dios"</quote> etc. E así paresce que esta
                  dueña era muy virtuosa, pues por amor de virtud e de onestad e castidad dexó de
                  casar segunda vez aunque lo bien podiera fazer.</p>
               <p>E si las nobles romanas por mayor guarda de su honestad e castidad tan altamente
                  la guardavan, mucho más lo deven fazer las católicas e mayormente las grandes e
                  generosas señoras siguiendo el consejo del dicho santo apóstol que es conplimiento
                  de toda perfección e virtud. E con esto concuerda bien aquello que escrive
                     <persName>sant Gerónimo</persName> en el dicho libro contra
                     <persName>Joveniano</persName>, que la muy noble e generosa llamada
                     <persName>Porcia</persName> la menor, seyendo loada en su presencia por otras
                  señoras una dueña que avía casado dos vezes diziendo aquella ser bien condicionada
                  e acostunbrada, ella respondió muy sabia e prudentemente diziendo así: <q
                     who="#porcia">"La dueña casta onesta e bienaventurada non casa mas una
                  vez"</q>.¡O dicho muy noble e de muy casta e onesta e prudente e sabia dueña! ¡En
                  quand breves palabras puso tan grand sentencia, por la qual bien paresce e se
                  muestra en quand grand precio era avida e tenida entre las nobles e virtuosas
                  romanas la muy alta virtud de la castidad e onestad!, por la qual las castas e
                  onestas mugeres reluzen en el mundo <pb n="84v"/> así como las estrellas en el
                  cielo biviendo virtuosamente e dando doctrina e enxienplo a todos los otros cómo
                  bivan. E si los onbres castos e onestos por esta virtud son loados, non lo deven
                  ser menos las castas e onestas mugeres.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_11_valeria">
               <head>Valeria romana</head>

               <p>Vengo agora a otro enxienplo de continencia, el qual segund yo me pienso es digno
                  de non menos memoria que el sobredicho, el qual es de la generosa
                     <persName>Valeria</persName> romana hermana de <persName>Mesalario</persName> e
                  muger del noble cavallero romano llamado <persName>Servio</persName>, pues d’ella
                  faze especial mención <persName>sant Gerónimo</persName> en el dicho libro contra
                     <persName>Joveniano</persName> donde dize que esta noble dueña guardó muy
                  notablemente su castidad después de la muerte de su marido e nunca quiso casar con
                  otro. E seyendo preguntada quál era la razón por que non quería casar segunda vez,
                  ella queriéndose escusar muy virtuosa e sabiamente e con grand onestad e bondad,
                  respondió e dixo que ella sienpre tenía quanto a su pensamiento el su marido
                     <persName>Servio</persName> bevir e non ser muerto, e por ende, que a ninguna
                  dueña non era onesto casar otra vez seyendo bivo su marido. E así con esto se
                  escusava sienpre la noble dueña de casar otra vez cada que le era movido algund
                  casamiento. </p>

               <p>¡O dueña muy notable e de grand fee acerca de su primero buen marido!, pues aquel
                  sienpre avía ella por bivo como si visiblemente lo toviese ante sus ojos. E la que
                  después de la muerte d’él tan noblemente le guardava non queriendo aver otro
                  después d’él, cierto es que con muy grand fee e amor e dilección le guardó en su
                  vida toda verdad e fieldad e castidad, <pb n="85r"/> segund que a toda buena e
                  onesta dueña pertenesce de lo así fazer e guardar. </p>

               <p>E desta tal e de las semejantes d’ella se puede bien dizir aquello que se escrive
                  por el rey e sabio <persName>Salamón</persName> en los sus
                     <title>Proverbios</title>: <quote>"La muger virtuosa es corona de su
                     marido"</quote> e estas tales son mucho de amar e honrar, de las quales fabla
                  el apóstol <persName>sant Pablo</persName> en sus epístolas donde dize:
                     <quote>"Varones, amad vuestras mugeres así como Nuestro Señor
                        <persName>Jesucristo</persName> amó a la su iglesia".</quote></p>



            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_12_virginea">
               <head>Virgínea, fija de Virgíneo</head>
               <p>Agora tractaremos del tercero enxenplo, e puesto que non sea mayor en loor será
                  mas claro por la fazaña del padre: <persName>Virgínea</persName> fue virgen romana
                  fija de <persName>Virgíneo</persName>, cavallero de grand virtud así en la
                  sabidoría de la cavallería como en las cosas pertenescientes al regimiento de la
                  casa e de la familia. Este cavallero desposó a la dicha su fija con
                     <persName>Lucio Icilio</persName> varón de grand estado e dignidad. </p>

               <p>Aquesta, como fuese fermosa de gesto, fue amada sin medida de <persName>Apio
                     Claudio</persName>, el qual començó de la reqüestar con ruegos e dones, e
                  después que vio e sintió ella ser muy casta, e que por ruegos nin por falagos nin
                  dones nin en otra manera ella non quería condescender a corronper su castidad e
                  virginidad, él encendido de fuego de luxuria bolvió su coraçón en un pecado
                  malvado, e encomendó a <persName>Marco Claudio</persName> su liberto que cada que
                  tienpo viese tomase a <persName>Virgínea</persName> diziéndola ser su sierva. E
                  dende a pocos días, como la virgen viniese al mercado con otras muchas donzellas a
                  mirar los juegos, el ministro e servidor de la luxuria, es a saber, el sobredicho
                     <persName>Apio Claudio</persName>, puso mano en ella diziéndola ser su sierva
                     <pb n="85v"/> fija de una sierva suya, e mandávale que se fuese en pos d’él. E
                  maravillándose la donzella de aquesto dio grandes bozes ella e una su ama que con
                  ella venía, e llamando la fe de los cavalleros romanos juntose grand parte del
                  pueblo, por lo qual la virgen era segura que non le sería fecha fuerça ninguna.
                  Estonce el dicho <persName>Apio Claudio</persName> onbre de grand osadía dixo que
                  non era menester tanto bollicio de gente, ca él por derecho entendía demandar la
                  donzella non por fuerça, dende llamó a la dicha donzella a juizio, e como vinieron
                  a la audiencia de <persName>Apio Claudio</persName>, el demandador contó al juez
                  la fabla que entre ellos avía seído concertada, e dixo cómo aquella donzella era
                  nascida en su casa de una sierva suya, e furtiblemente fuera traída en casa de
                     <persName>Virgíneo</persName>, lo qual quería provar con el mesmo
                     <persName>Virgíneo</persName>, e, en tanto, que era justo e razonable que la
                  sierva siguiese a su señor. </p>

               <p>¡O osadía sin verguença!, que non aviendo provado cosa de su entención, por tal
                  manera demandava poderosamente ant’el juez que parescía verdaderamente que tenía
                  derecho en lo que demandava. Los abogados de la donzella, como alegasen que el
                  padre suyo era absente por causa de la cosa pública, es a saber, en la guerra, e
                  estava con los otros cavalleros en aquel logar llamado
                     <placeName>Aligido</placeName>, pidieron que le fuese dado espacio de dos días
                  para que el padre podiese venir, diziendo ser cosa sin razón tractar en juizio, él
                  absente, de la libertad de los fijos. Por lo qual demandaron que la causa se devía
                  dilatar fasta que el padre viniese, lo qual plogo a <persName>Apio
                     Claudio</persName>. Mas porque en tanto non se fiziese injuria al <pb n="86r"/>
                  demandador dio por sentencia que él levase la moça consigo. E como a la sentencia
                  de <persName>Apio</persName> non osase alguno contrastar, <persName>Publio
                     Munitorio</persName>, avuelo de la moça, e <persName>Icilio</persName>, su
                  esposo, intervinieron, e fecho grand bollicio de gente porque non se levase la
                  moça fuera de la casa del padre dixo <persName>Apio</persName> que si
                     <persName>Virginio</persName> en el siguiente día non viniese, que él daría
                  sentencia e consentiría que la moça fuese adjudicada a <persName>Marco
                     Claudio</persName>, en el qual día el padre de la moça vino vestido de viles
                  vestiduras aconpañado de grand gente traxo consigo su fija en el mercado; e como
                     <persName>Apio Claudio</persName> adjudicase e troxiese la moça a
                     <persName>Marco Claudio</persName> sin oír a <persName>Virginia</persName>, e
                  él, <persName>Marco Claudio</persName>, la quisiese arrebatar, encendido de ira,
                  el padre rogó que le fuese dada licencia de fablar un poco delante la moça con su
                  aya, e que por aventura mostrado el error como la moça non era su fija él la daría
                  con mejor voluntad. E como diese a entender que quería fablar con ella, sacó un
                  cuchillo e dixo:</p>


               <p><q who="#padre_virginea">-Fija, por la mejor manera que puedo yo quiero guardar tu
                     libertad.</q></p>


               <p>E después que dixo aquesto abrió con el cuchillo el tierno pecho de la moça lleno
                  de maravillosa castidad, e así la virgen sin ventura vertió su sangre junta con la
                  linpia voluntad, segund cuenta <persName>Titu Livio</persName> en el tercero libro
                  de la <title>Fundación de Roma</title>.</p>

               <p>¡O varón lleno de generoso espírito que quiso más ensuziar sus manos en la casta
                  sangre que non que biviese su fija después que fuese corronpida su virginidad!, ¡o
                  muerte más de llorar con piadosas lágrimas que non de escrivir con qualesquier
                  loores! ¿Quién es tan cruel que si en algund tienpo es vencido a piadad <pb
                     n="86v"/> non se mueva a llorar contenplando aquesta muerte desaventurada? Non
                  ay ciertamente cosa más dina de misericordia que contenplar el padre armado con
                  ira contra la casta fija, e mirar la fija que acatava al padre irado con piadosos
                  ojos llena su cara de onesta castidad, e segund creo rogando que por el pecado de
                  otro non mudase la piadad de padre en tan grand crueldad. Sólo por una cosa esta
                  muerte se puede dezir bienaventurada, ca puesto que se acabó la flor de su edad,
                  mas puso su nonbre en luz para sienpre, defendiendo muy onestamente su castidad
                  con toda resistencia. </p>

               <p>E si los tres mancebos del pueblo de <placeName>Israel</placeName> son mucho de
                  loar porque ante quisieron ser lançados en el forno del fuego ardiente que non
                  adorar los ídolos por mandado del rey <persName>Nabucodonosor</persName> de
                     <placeName>Babilonia</placeName>, segund lo recuenta el profeta
                     <persName>Daniel</persName> en el su libro; e asimesmo si el patriarca
                     <persName>Josep</persName> regidor e governador en el regno de
                     <placeName>Egipto</placeName> es mucho de loar porque muy virtuosamente
                  registió a la señora egipciana que d’él estava enamorada e guardó su castidad e la
                  non quiso corronper, segund se lee en el segundo libro de la ley llamado
                     <title>Éxodo</title>, mucho es de ensalçar por grandes loanças esta noble
                  donzella, la qual muy virtuosamente resistió al dicho <persName>Apio
                     Claudio</persName>, menospreciando sus rogarias e falagos e dones e amenazas, e
                  guardando sobre todo su castidad, e en fin, rescibiendo muerte por ella con
                  virtuosa paciencia. </p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_13_virginea">
               <head>Virgínea, fija de Aulio Publio</head>

               <p>Queriendo tractar de otras vírgines acordamos de non dexar a
                     <persName>Virgínea</persName>, otra que la que es dicha de suso, la qual <pb
                     n="87r"/> es digna de muchos loores porque mi fablar non desvíe de la castidad
                  apuesta con preciosa fermosura de las señoras romanas. Esta
                     <persName>Virgínea</persName>, segund los antiguos escriven, fue clara señora
                  acerca de los romanos, fija de <persName>Aulio Publio</persName>, más honrada que
                  todas las de su tienpo en virtud de castidad; de la qual puesto que nos podamos
                  dezir muchas cosas dignas de loores, mas por el presente pensamos especialmente
                  dezir una non solo onesta mas muy clara cerca de la fermosura de su vida:
                  escrívese por los antiguos que en la cibdad de <placeName>Roma</placeName> avía
                  cerca de la casa redonda de <persName>Ércoles</persName> un tenplo de castidad
                  servido muy santamente de las claras e honradas fenbras, en el qual tenplo como
                  las señoras del linage de los patricios fiziesen fiesta e sacrificio para alinpiar
                  los males que podían venir segund la antigua costunbre, donde
                     <persName>Virgínea</persName> con las otras fenbras vino a fazer sacrificio,
                  fue alançada de allí por las otras señoras con sobervia, por quanto en aquel año
                  avía seído casada con <persName>Vuluminio</persName>, onbre que non era de linage. </p>

               <p>E como <persName>Virgínea</persName> se dixiese ser casta e del linage de los
                  patricios, por lo qual non devía ser echada del tenplo, bolviose a su casa e
                  añadió a sus palabras noble enxenplo de obra. Ca como ella toviese grandes casas
                  en las quales morava con su marido, cercó un breve espacio quanto entendió que
                  abastava e edificó un pequeño tenplo donde ordenó una ara, e llamó las dueñas que
                  non eran de linage e descubrioles la sobervia de las del linage de los patricios,
                  donde dixo: </p>


               <p><q who="#virginea">-¡O castas mugeres!, ¡non solo vos ruego, antes vos amonesto
                     que así como vedes que los varones <pb n="87v"/> de nuestra cibdad trabajan por
                     pujar en castidad, así vosotras trabajedes por pujar en castidad que pertenesce
                     a mugeres casadas! Aquesta ara, la qual yo juzgo en vuestra presencia
                     pertenescer a la castidad de las mugeres que non son de linage, si por alguna
                     manera puede más divinalmente ser honrada de las más castas, en vuestro obrar
                     paresca non solamente las mugeres del linage de los patricios deverse gloriar
                     de la linpieza de la voluntad, mas vosotras eso mesmo.</q>
               </p>


               <p>¡O palabras muy santas, castas e linpias, dignas de muger virtuosa! ¿Qué cosa más
                  clara, más santa dixieran los dos Cipiones si fueran presentes por acrescentar la
                  castidad?, ¿qué podiera más dizir <persName>Metelo</persName>, al qual mató
                     <persName>Aníbal</persName>?, ¿qué más dixiera <persName>Paulo</persName>, el
                  qual morió en la batalla de <placeName>Canas</placeName>?, ¿qué más dixiera
                     <persName>Africano</persName>, al qual mataron las paredes de su casa?, ¿qué
                  más podiera dezir <persName>Rutilio</persName> muy inocente varón e muy enseñado,
                  el qual fue desterrado?</p>

               <p>Mas, ¿para qué alargaremos tanto en fablar? Ciertamente paresce esta señora ser
                  muy bienaventurada, de la boca de la qual salieron palabras tan divinas e tan
                  claras, tener su santo pecho guarnescido de toda castidad de linpieza, en lo qual
                  se mostró por muy virtuosa así en onesta paciencia como en grandeza de coraçón non
                  menos que algunos virtuosos varones de quien avemos enxenplo que ayan fecho muchas
                  virtuosas obras así del pueblo de <placeName>Israel</placeName> como del pueblo
                  gentil e después finalmente del pueblo fiel cristiano e católico.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_14_marcia">
               <head>Marcia, fija de Varro</head>

               <p>A aquesta maravillosa castidad juntaremos <pb n="88r"/> la singular linpieza de
                     <persName>Marcia</persName> fija de <persName>Varro</persName>, mas como sea
                  cierto que ayan seído muchos varones e muchos onbres llamados
                     <persName>Varro</persName>, de quál <persName>Varro</persName> aya seído
                  aquesta fija, non me acuerdo averlo leído.</p>

               <p>Aquesta, segund escriven los antiguos, clareció en <placeName>Roma</placeName> en
                  perpetua virginidad, la qual tanto pienso ser digna de mayor loor quanto por su
                  voluntad guardó sin corronpimiento la virginidad, ca non se vistió de vestiduras
                  sacerdotales nin lo fizo por voto que fiziese a la deesa Diana nin a otra
                  qualquier deesa, mas por su sola linpieza de voluntad escogió de fazer vida casta
                  desechados los deleites mundanos a los quales es cierto muchos de los grandes
                  onbres averse dado. E así linpia de toda manzilla de onbre acabó su vida, e puesto
                  que sea mucho de loar por tan loable castidad, mas non menos es de loar por la
                  bivez de su juizio e la obra de sus manos. Ca aquesta, de su juizio o aya
                  aprendido so disciplina de maestro o lo aya avido por istinto natural,
                  menospreciados los oficios de las mugeres nunca se dio a ociosidad, mas algunas
                  vezes se dava a pintar, otras a labrar imágines en piedras, e tan sabia e
                  polidamente pintava e fazía imágenes de marfil que sobrepujava a aquellos maestros
                  llamados <persName>Sopilis</persName> e <persName>Dionisio</persName>, los quales
                  eran en su tienpo maravillosos pintores. Lo qual paresce magnifiestamente, ca las
                  tablas que esta pintó fueron más preciosas que otras, e lo que más era de
                  maravillar en ella, que non solo pintava maravillosamente, lo qual muchos fazen,
                  mas en el pintar traía las manos tan ligeras más que otro ningund pintor.
                  Escrívese asimesmo por los antiguos que grand tienpo duraron <pb n="88v"/> las
                  muestras de su obra. E entre las otras cosas pintó su figura, la qual puso en una
                  tabla en la qual puso sus junturas e color e figura de su boca mirando a un
                  espejo, así propiamente que non avía alguno que la viese que dubdase ser figura de
                  aquella. </p>

               <p>E escriviendo algo de sus onestas costunbres dízese que sienpre pintó figuras de
                  mugeres e nunca figuras de onbres, e desto creemos que fuese causa la casta
                  verguença. Ca como los antiguos sienpre fiziesen las imágenes desnudas o medio
                  desnudas, pareciole que si oviese de pintar onbres o que faría sus imágines
                  inperfectas o si las fiziese perfectas que non guardaría la verguença virginal, la
                  qual porque non cayese en el un error, guardose de amos a dos prudentemente. </p>

               <p>Aquesta muger fue ciertamente digna de todo loor, la qual tanto tovo el coraçón
                  ageno de toda suziedad que aun usando su oficio non perdió su onestad e así non
                  sin razón deve ser contada entre las personas virtuosas. </p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_15_cornelia">
               <head>Cornelia, fija de Cepión</head>

               <p>Porque cosa cierta e determinada es por los muy grandes sabios e muy conplidos en
                  la manera del bien fablar la proveza voluntaria ser fundamento de la verdadera
                  continencia, e fablando propiamente aquella ser muy alta e verdadera riqueza,
                  –porque non es pobre el que poco tiene si con ello es contento, nin es rico el que
                  mucho posee si se ha por pobre e se non contenta con lo que tiene, así que la
                  riqueza o pobreza toda está en la voluntad del onbre– por esto después de
                     <persName>Antonia</persName> muger de <persName>Drusio</persName> que fue muy
                  guardada e continente, de la qual de suso fecho <pb n="89r"/> avemos mención,
                  tornaremos a fablar de la pobreza voluntaria de la noble
                     <persName>Cornelia</persName> fija del noble <persName>Cipión</persName> e
                  muger de <persName>Tiberio Graco</persName> e madre de los generosos Gracos. </p>

               <p>Ca segund recuenta <persName>Valerio Máximo</persName> en el su libro quarto donde
                  tracta de la pobreza tomada por voluntad, una generosa dueña natural de la cibdad
                  de <placeName>Canpania</placeName>, como fuese aposentada en casa desta noble
                     <persName>Cornelia</persName>, la sobredicha dueña de
                     <placeName>Canpania</placeName> queriéndose mostrar abondada en riquezas
                  tenporales mostró a la dicha <persName>Cornelia</persName> los sus arreos e joyas
                  muy preciosas que en aquel tienpo se usavan e ella traía para apostura de su
                  persona; la qual noble <persName>Cornelia</persName>, queriendo mostrar a la dicha
                  dueña de <placeName>Canpania</placeName> su huéspeda que la loor e bienaventurança
                  non es propiamente en las semejantes riquezas e joyas e arreos, aunque estas
                  riquezas sean causa de la bienaventurança, como suso es mostrado, la detovo en
                  razones fablando con ella fasta tanto que los fijos desta dueña
                     <persName>Cornelia</persName> vinieron de las escuelas donde aprendían los
                  saberes e artes liberales, ca en aquel tienpo los fijos de los grandes señores e
                  nobles aunque principalmente su oficio era el uso de las armas e de la cavallería
                  para virtuosamente defender e anparar la tierra e conquistar los sus contrarios,
                  pero con todo esto ellos aprendían los saberes en tanto que eran moços porque
                  fuesen fechos más virtuosos e entendidos en todas cosas. E así venidos de las
                  escuelas los fijos desta <persName>Cornelia</persName>, ella queriendo mostrar a
                  la dicha dueña de <placeName>Canpania</placeName> que avía otras riquezas mayores
                  e más principales que las riquezas de oro e plata e joyas e otras cosas preciosas,
                  le mostró e fizo traer delante d’ella aquellos <pb n="89v"/> sus fijos, diziéndole
                  que aquellos eran las sus joyas e ornamentos, e non le quiso mostrar cosa alguna
                  de las otras riquezas tenporales e joyas que ella tenía. </p>

               <p>E esto dándole a entender que la verdadera riqueza es en las virtudes e non en
                  otras riquezas e ornamentos e joyas, en lo qual bien concuerda con el rey e
                  profeta <persName>David</persName> en el salmo donde dize: <quote>"Si las riquezas
                     sobrepujaren non querades poner vuestro coraçón a ellas"</quote>,e así loando
                  la prudencia desta noble <persName>Cornelia</persName> dize d’ella
                     <persName>Valerio</persName> que todas las cosas tiene e posee aquel que non ha
                  cobdicia, e que mayor virtud es non cobdiciar cosa alguna que aver e poseer todas
                  las cosas. E esto por ser cosa más cierta e segura non aver muchas cosas que non
                  averlas e poseerlas, por quanto el señorío de las cosas se suele perder, mas la
                  virtud sienpre queda, la qual non se pierde por ninguna cosa triste de fortuna que
                  acaezca. E comoquier que el acatamiento de las riquezas quanto a lo de fuera
                  parezca alegre, pero de dentro es lleno de mucha tristeza e trabajo, porque con
                  trabajo se ganan e con temor se poseen e con dolor se pierden. E así dize que la
                  cara o faz de la riqueza es contraria a la de la pobreza, e la de la pobreza a la
                  de la riqueza, porque la cara de la riqueza es alegre de fuera e de dentro muy
                  aborrescible e espantable, e la cara de la pobreza es triste de fuera e alegre de
                  dentro. Porque los pobres non han de qué se duelan de dentro, ca non tienen qué
                  perder, e por ende, mayor e más seguro estado es el de la pobreza que el de la
                  riqueza. E todo esto entiende el actor de la pobreza virtuosa tomada por voluntad,
                  o en caso que non sea de voluntad, de aquella que se sufre <pb n="90r"/> con
                  paciencia e sin pasión, porque cada una destas es virtuosa. E así tanto que el
                  pobre sea contento o aya paciencia de su pobreza es avido por rico, e el rico que
                  non es contento con lo que tiene es avido por pobre aunque posea muchas cosas.</p>

               <p>Por lo qual, virtuosa e muy noblemente se ovo en su respuesta esta noble
                     <persName>Cornelia</persName> mostrando que ella non avía cobdicia de las
                  riquezas tenporales nin se preciava d’ellas. ¡O dicho digno de grande e noble e
                  virtuosa muger!, por el qual mostró ella non ser ocupada por cobdicia de riquezas
                  de bienes tenporales, e que ella tenía e poseía todas las cosas que fortuna usando
                  de su acostunbrada condición así como las da así se las lieva. En lo qual bien
                  concuerda con el dicho del apóstol sant <persName>Pablo</persName> en la epístola
                  enbiada a los de <persName>Corintio</persName> do dize amonestando a todo el
                  pueblo cristiano en qué manera se deven aver cerca de las riquezas, e manda que
                  solamente ayan cuidado de lo nescesario para la vida presente, e que sean así como
                  aquellos que non tienen cosa alguna e poseen todas las cosas, porque asaz las
                  posee aquel que non ha cura d’ellas, e el que grand cura ha de las cosas es
                  poseído e sojuzgado d’ellas.</p>

               <p>¡O bienaventurada tal pobreza voluntaria e virtuosa desta generosa dueña!, pues
                  que tanto e en tal manera su coraçón era ajeno e alongado de toda la cobdicia de
                  las riquezas tenporales, ca non ay cosa tan bienaventurada nin de tanta grandeza
                  de coraçón, nin tan sobrepujante más que las otras como poder menospreciar las
                  riquezas tenporales, las quales traen consigo grandes cuidados sin número e se
                  pierden con muy grand aflicción e dolor, e fablando d’ellas los autores dizen que
                  sienpre se deleznan e se <pb n="90v"/> van de las manos así como faze el anguila,
                  que quando onbre piensa que la tiene en las manos es fuera d’ellas, e así se van e
                  parten como si se fuesen por el aire, mas la pobreza tomada de voluntad o sofrida
                  con paciencia sienpre es segura de sí mesma, non padesce verguença por ningund
                  miedo nin es fecha fea por manzilla de ninguna cosa torpe, ca doquier que ella
                  regna es nescesario que las virtudes de la tenprança, de la fortaleza e todas las
                  otras muy claras virtudes ayan y logar.</p>

               <p>E comoquier que en otro tienpo oída la boz del grande e muy poderoso enperador
                     <persName>Julio César</persName> los soberviosos reyes ovieron d’él muy grand
                  temor e miedo, pero segund recuenta el poeta <persName>Lucano</persName>, estando
                  una noche riberas del mar aquel pobre marinero llamado por nonbre
                     <persName>Amicras</persName> vino el <persName>César</persName> e llamó a la
                  puerta de aquel pobre marinero, el qual non ovo temor deste tan grande enperador,
                  mas con grand reposo oyó los golpes e bozes qu’el <persName>César</persName> dava
                  a su puerta. E, ¿para qué alargaremos en fablar de aquesto?, pues que por
                  respuesta de <persName>Apolo</persName>, el qual los gentiles avían por dios, se
                  falla la pobreza ser antepuesta a las riquezas. Ca preguntado este
                     <persName>Apolo</persName> por el rey de <placeName>Lidia</placeName> llamado
                     <persName>Giges</persName> –el qual era muy glorioso en armas e abondado en
                  muchas riquezas e poderío– si avía otro que fuese más bienaventurado que él, fuele
                  respondido por el dicho <persName>Apolo</persName> que otro avía más
                  bienaventurado que él, conviene a saber: un onbre pobre de tierra de
                     <placeName>Arcadia</placeName> llamado por nonbre <persName>Áglao
                     Sofidio</persName>, el qual non avía sinon un canpo pequeño, los términos del
                  qual nunca pasara, con el fruto del qual era contento e non curava de más. De la
                  qual respuesta <pb n="91r"/> el rey fue muy turbado, maravillándose porque onbre
                  tan pobre e de tan pequeño estado era antepuesto a él, que era tan grand rey e tan
                  rico e poderoso e glorioso. A lo qual el dicho <persName>Apolo</persName> le
                  respondió diziendo que a él era más plazible la casa pequeñuela de aquel pobre,
                  pues que con toda seguridad se gozava e era alegre e contento con ella, que el
                  palacio real triste e lleno de trabajos e de cuidados; e que mejores eran los
                  pocos terrones, es a saber, pequeño pedaço de tierra, que aquel pobre tenía, pues
                  con él era contento e alegre e seguro, que los muy abondosos prados e tierras del
                  regno de <placeName>Lidia</placeName>, los quales eran llenos de temores e miedos;
                  e que más bienaventurada cosa era aver una yunta de bueyes, la qual era ligera de
                  guardar, que aver grand hueste e armas e cavallerías con carga de grandes gastos e
                  espensas; e que mejor era aver una casa muy pequeña para el uso desta vida, la
                  qual non fuese deseada por ninguno, que aver muchos tesoros cobdiciados de todos e
                  aparejados a muchas celadas e asechanças. E así dize <persName>Valerio</persName>
                  que allí aprendió aquel rey dónde sea e more la linpia e muy fundada
                  bienaventurança, segund todo esto se reza por el dicho
                     <persName>Valerio</persName> en el su libro do tracta de la
                  bienaventurança.</p>

               <p>E así paresce que la pobreza voluntaria e alegre o tomada con paciencia sienpre
                  fue antepuesta a las riquezas, e así lo fizieron los nobles romanos llamados
                     <persName>Camilios e Quincios e Cars cios e Cipiones e Catones</persName>, los
                  quales en otro tienpo, deseando gloria de grandes fechos e non curando de ser
                  ricos de oro, se honraron e anteposieron en el inperio del mundo por maravillosos
                  triunfos e vencimientos, non temiendo de traer <pb n="91v"/> ante sí las señales
                  del inperio aunque ellos pobres de las riquezas tenporales. Pues que así es, que
                  la gloria de la pobreza es tanta que en otro tienpo los muy nobles enperadores muy
                  mucho la honraron, e los onbres virtuosos por usar de virtud dexaron las riquezas
                  e non curaron d’ellas, e ella es de tanta excelencia que faze muy nobles de toda
                  virtud a aquellos en quien regnan, con rarazón podemos concluir que esta señora
                     <persName>Cornelia</persName>, en la qual tan maravillosamente floreció la
                  pobreza de voluntad, non solamente ella aya seído gloriosa, mas en todas las muy
                  nobles virtudes muy señalada, la qual bien concuerda con la Sacra Escriptura en
                  muchos e diversos lugares, donde la pobreza voluntaria o sofrida con buena
                  paciencia es mucho loada segund de yuso está provado conplidamente en el tractado
                  de las riquezas.</p>

               <p>E así paresce que aunque esta noble <persName>Cornelia</persName> fuese del pueblo
                  de los gentiles que non avían tanto conoscimiento de Dios, pero por su natural e
                  alto e buen ingenio ella alcançó conoscer e honrar esta tan grande e muy solepne
                  virtud de la voluntaria pobreza, por la qual los profetas e apóstoles e otros
                  muchos santos e muy notables varones fueron mucho loados. E así, quanto en esto,
                  es de igualar a ellos como dueña muy sabia e virtuosa, pero por esto non se niega
                  que las riquezas bien ganadas e en fechos virtuosos despendidas sean buenas e
                  provechosas e sean causa e instrumento para ganar las virtudes, segund que en
                  muchos lugares es provado así por el filósofo como por la Sacra Escriptura, ca por
                  usar virtuosamente <pb n="92r"/> de las tales riquezas muchos merecieron en esta
                  vida alcançar muy grand fama e en la otra vida la gloria perdurable.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_16_claudia">
               <head>Claudia vestales</head>
               <p>La pobreza loable de <persName>Cornelia</persName> por la dulce e suave
                  delectación suya me avría traído a fablar d’ella más largamente, si la noble
                  donzella llamada por nonbre <persName>Claudia Vestales</persName> algund tanto non
                  me oviese detenido para que yo fable d’ella por la maravillosa piadad que la dicha
                  donzella con fuerte e grand coraçón mostró acerca de su padre.</p>
               <p>La istoria de la qual, segund recuenta el grand <persName>Valerio</persName> en el
                  quarto libro do fabla de la piadad acerca de los padres, es esta: paresce que un
                  noble cavallero padre desta donzella llamado por nonbre
                     <persName>Claudio</persName>, aviendo muy bien peleado por mandado de los
                  romanos contra la gente de los parcos, e avida victoria d’ellos, fue acordado por
                  el Senado de <placeName>Roma</placeName> que en memoria e galardón de la victoria
                  e triunfo que él así oviera contra los dichos parcos, él entrase e fuese rescibido
                  en la cibdad de <placeName>Roma</placeName> encima de un carro, el qual era guiado
                  por quatro cavallos e muy maravillosamente apostado. E esta era una honra señalada
                  que los romanos acostunbravan fazer a los enperadores e a los otros grandes
                  señores quando avían algunas victorias e fazían algunos fechos señalados en honor
                  e acrescentamiento de la cibdad de <placeName>Roma</placeName>, ca los fazían
                  entrar e rescibir en ella magníficamente en tales carros.</p>
               <p>E así paresce que el dicho cavallero <persName>Claudio</persName> yendo en aquel
                  carro, que un tribuno del pueblo de <placeName>Roma</placeName> que era enemigo
                  suyo cometió de travar d’él con sus <pb n="92v"/> manos, e quísolo descender por
                  fuerça del carro queriéndolo desonrar e amenguar e le privar de aquel triunfo e
                  honor. E como esta virgen <persName>Claudia</persName> fija del dicho
                     <persName>Claudio</persName> que iva acerca del dicho su padre viese aquesto,
                  ella movida con toda grand fortaleza de coraçón non aviendo temor de la muerte muy
                  maravillosa e ligeramente se puso en medio de la gente e de las armas que allí
                  eran e fizo arredrar de allí al tribuno, e así lo enbargó que él non pudo usar de
                  su voluntad nin conplir su propósito aunque tan grande poderío tenía. Por manera
                  que, mediante la buena avisación e animosidad de la dicha virgen
                     <persName>Claudia</persName>, el dicho cavallero <persName>Claudio</persName>
                  padre suyo fue librado de la injuria e desonra que aquel tribuno con su grande
                  poderío lleno de inimistad le quería fazer.</p>
               <p>E así concluye e dize el dicho <persName>Valerio</persName> que aquí fueron dos
                  triunfos o honras: la una fecha en el Capitolio al dicho cavallero
                     <persName>Claudio</persName> porque avía vencido aquella gente de los parcos, e
                  la otra desta donzella su fija que seyendo ella religiosa e trayendo la vestidura
                  o ábito de la deesa llamada por nonbre <persName>Vesta</persName> cometió e fizo
                  este tan notable fecho, e que se non pudo determinar a quién deviese ser dado más
                  loor: o al dicho cavallero <persName>Claudio</persName> por la victoria que avía
                  avido contra la gente de los parcos o a la dicha donzella
                     <persName>Claudia</persName> su fija, que aconpañada de tan grande piadad tomó
                  oficio de varón e con grande ardideza e esfuerço de coraçón se puso entre su padre
                  e el dicho tribuno, e, menospreciada la muerte e non aviendo temor d’ella nin de
                  las armas que allí eran, libró al dicho su padre de tan grand injuria <pb n="93r"
                  /> quitando e arredrando de allí por fuerça al dicho tribuno.</p>
               <p>E aviendo por muy virtuosa a aquesta virgo, el bienaventurado <persName>sant
                     Gerónimo</persName> la loó mucho en el su libro que fizo contra
                     <persName>Joveniano</persName> donde dize entre las otras cosas que ella
                  seyendo religiosa le fue levantado que non avía guardado su virginidad, e
                  queriendo ella provar su inocencia e que aquel levantamiento contra ella fecho non
                  era verdadero, traxo e movió una grand nao con su cinta, la qual nao muchos
                  millares de onbres non podían mover nin traer segund que los gentiles esto d’ella
                  afirman.</p>
               <p>¡O fecho muy notable e muy de loar esta virgo!, ¡o fuerça de naturaleza mucho de
                  maravillar!, la qual naturaleza, aunque suele traer e sacar de sí maravillosas
                  cosas, pero entre las otras non ha cosa tanto de maravillar como la piadad, la
                  qual es una virtud que nos espierta e mueve para que de buen grado e voluntad nos
                  pongamos a todo peligro e trabajo por librar de muerte aquellos que amamos. Lo
                  qual aun así paresce que el grand <persName>Cipión Africano</persName> con grand
                  peligro suyo e que todos lo ovieron a grand maravilla lo bien ha mostrado por
                  espirencia, quando él seyendo niño libró de muerte e guardó con su virtud a su
                  padre que estava llagado e muy cercano a la muerte en el río llamado Ticino
                  peleando con <persName>Aníbal</persName>.</p>
               <p>¡O virtud digna non menos de maravilla que de gloria!, la qual tanta caridad
                  derrama e pone dentro de los pechos de los onbres que los faze ser osados de
                  rescibir e sofrir los graves peligros con muy grande estudio e buena voluntad por
                  la salud de aquellos a quien aman, en tal manera que ellos non han <pb n="93v"/>
                  espanto del poderío de la cavallería nin de la desaventura que suele acaescer en
                  la batalla, de lo qual aun mucho suelen temer los cavalleros muy usados de las
                  guerras e fechos de armas, nin dexan de fazer su dever aunque por ser en pequeña
                  edad podrían ser bien escusados. Mas, ¿para qué recontaré más desta virtud de
                  piadad? Salvo tanto que ella con sus fuerças muy grandes faze buenos e virtuosos
                  los onbres salvages, que siguiendo las costunbres de las bestias han acostunbrado
                  de andar baldíos por los canpos. Lo qual paresce así por la respuesta que aquella
                  gente de los escitas enbiaron al rey <persName>Alixandre</persName>, e lo que es
                  más grave de dezir, que esta virtud de la piadad faze fablar a los mudos, así como
                  se falla por los istoriadores que el fijo de <persName>Cresio</persName> era mudo
                  que non fablava. E seyendo la gente de los sardos sojuzgados e ocupados del rey
                     <persName>Ciro</persName>, uno de los cavalleros de
                     <placeName>Persia</placeName> cometió de ferir e matar con un cuchillo al dicho
                     <persName>Cresio</persName>, e alçando la mano para le dar el golpe vídolo
                  aquel su fijo mudo que y estava, e tanta fue la piadad que ovo de su padre que
                  fabló e dio grandes bozes, tanto e por tal manera que el cavallero fue por él así
                  enbargado que por aquello alçó la mano e non dio con el cuchillo al dicho
                     <persName>Cresio</persName>. E así tan grande e tan poderosa fue la fuerça e
                  virtud de la piadad del fijo que seyendo mudo lo fizo fablar e librar de muerte a
                  su padre.</p>
               <p>E a esta virtud de piadad, la qual los filósofos llamados estoicos dizen ser
                  nascida del conoscimiento que avemos de los ángeles, es ayuntada la virtud de la
                  justicia e todas las otras virtudes, por las quales segund la sentencia de los
                  dichos <pb n="94r"/> filósofos se alcança la bienaventurança, e por ella son dados
                  a las cosas celestiales los que bienaventuradamente biven e igualados por ellos a
                  los ángeles en todas cosas, salvo que dizen estos filósofos que los que
                  bienaventuradamente biven non son inmortales como los ángeles, e nos segund
                  nuestra santa fe católica dezimos e afirmamos que estos son inmortales, pues,
                  apartado el cuerpo del ánima, las ánimas de los buenos biven para sienpre en la
                  vida eternal e nunca mueren. E así lo dize Nuestro Señor
                     <persName>Jesucristo</persName> por el evangelista <persName>sant
                     Lucas</persName> en el su Evangelio, onde dize que los buenos e justos desque
                  pasaren desta vida las sus ánimas non pueden morir, e que son fijos de Dios e
                  iguales de los ángeles. Otrosí se lee en el <title>Libro de la Sabidoría</title>:
                  que las ánimas de los justos son en las manos de Dios e non les toca tormento de
                  muerte, e aunque mueren los cuerpos las ánimas sienpre quedan en paz, e aunque en
                  esta vida pasan algunos tormentos, pero esperança conplida tienen de nunca morir
                  en la otra vida.</p>
               <p>Pues que así es, tanta es la excelencia e sobrepujança desta virtud de piadad que
                  aquel que la ha conviene que florezca en todas las otras muy resplandecientes
                  virtudes, de las quales segund sentencia de los filósofos nasce la bienaventurança
                  de los onbres, e non ay quien diga que, pues esta virgo por tan maravillosa piadad
                  esclareció, ella non aya seído bienaventurada, e asimesmo espejo e fermosura
                  acatada de la romana gloria. La excelencia e sobrepujança desta virtud de piadad
                  es de tanto grado que Nuestro Señor Dios así en el Viejo como en el Nuevo
                  Testamento dixo <pb n="94v"/> que esta le era más plazible que el sacrificio,
                  diziendo así: <quote>"Yo quiero la misericordia e piadad más que el
                     sacrificio"</quote>, e queriendo mostrar a los onbres de quánto grado es la
                  piadad dize en el Santo Evangelio: <quote>"Sed misericordiosos –quiere tanto dezir
                     como piadosos– así como el vuestro padre celestial es piadoso e
                     misericordioso"</quote>. E dize tanbién otrosí: <quote>"Bienaventurados son los
                     misericordiosos e piadosos"</quote>, e desta grand virtud de piadad se loa Dios
                  en muchos lugares de la Sacra Escriptura que dexo de dezir aquí por non
                  alongar.</p>

               <p>E comoquier que por la Sacra Escriptura se falla en muchos lugares que algunos
                  varones usando de piadad se ayan puesto a muchos peligros por sus padres e madres
                  e hermanos e parientes e amigos e por la tierra de donde son naturales, así como
                  aquel varón <persName>Judas</persName> fijo del patriarca
                     <persName>Jacob</persName> que, segund se recuenta en el <title>Génesi</title>
                  que es el primero libro del Viejo Testamento, quando el patriarca
                     <persName>Josep</persName> governador e regidor del regno de
                     <placeName>Egipto</placeName> por el rey <persName>Farón</persName> fizo
                  prender e detener a <persName>Benjamín</persName> su hermano, el dicho
                     <persName>Judas</persName> mostrando la grand piadad que avía acerca del dicho
                  patriarca <persName>Jacob</persName> su padre, e porque, sabida por el dicho su
                  padre la prisión del dicho <persName>Benjamín</persName> su fijo menor e a él muy
                  querido e amado, él avría d’ella grande enojo e tristeza, se ofreció por siervo e
                  prisionero del dicho patriarca <persName>Josep</persName>, tanto que él librase de
                  prisión al dicho <persName>Benjamín</persName> su hermano para que se fuese libre
                  a su padre, e comoquier que en esto mostrase este varón e patriarca
                     <persName>Judas</persName> grand piadad a su padre, queriendo ser preso e
                  siervo en lugar de aquel su hermano porque el dicho su padre non padesciese tan
                  grande enojo <pb n="95r"/> por la singular afección e amor que él avía al dicho
                     <persName>Benjamin</persName> fijo menor suyo, al qual dize la Sacra Escriptura
                  que él mucho amava, pero non menos mostró e puso por obra esta noble virgo
                     <persName>Claudia</persName> quando por la singular piadad que ovo de su padre
                  porque non rescibiese tan grand desonra se puso a tan señalado peligro e tomó tan
                  grand enpresa por lo librar. E así paresce que en toda generación de virtud las
                  mugeres han lugar segund que los onbres.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_17_hija-madre">
               <head>De la fija que mantenía en la cárcel a su madre con la leche de sus
                  tetas</head>
               <p>El fecho tan señalado e tan notable de la virgen <persName>Claudia</persName> de
                  que de suso avemos fecho mención me traxo a considerar e parar mientes la manera
                  de piadad muy grande de otras dos mugeres porque nos podamos más maravillosamente
                  contenplar la grande suavidad e fuerça de aquesta virtud de piadad, de las quales
                  fabla <persName>Valerio Máximo</persName> en ese mesmo quinto libro. E queriéndose
                  escusar porque fablando de cosas grandes e religiosas, es a saber, del grand fecho
                  desta religiosa <persName>Claudia</persName> de que suso he fecho mención,
                  comiença a fablar de cosas acaescidas en la cárcel que es lugar triste e de fechos
                  de personas baxas e que se abaxaron a fazer cosas umildes e non de armas nin de
                  otros fechos grandes, dize así: <quote>"¡O vosotros los muy ancianos e eternales
                     luzes e fuegos que para sienpre alunbrades los tenplos de los dioses!, perdonad
                     e aved paciencia si fablando de los vuestros fechos e del vuestro muy santo
                     tenplo ayamos a descender e fablar de aquel lugar de la cibdad de
                        <persName>Roma</persName> que más fue costituido por nescesidad que por
                     fermosura <pb n="95v"/> nin onestad, es a saber: del lugar de la cárcel pública
                     donde son presos los malfechores. E este perdón devedes dar con razón porque el
                     precio de la muy cara e muy amada virtud de piadad non se faze vil por ninguna
                     cosa aunque ella sea menospreciada e baxa nin por ninguna crueldad de fortuna,
                     mas ante quando nos usamos de la virtud e piadad en las tales cosas entonce
                     mostramos por espirencia ella ser más cierta e más piadosa".</quote> E por esto
                  la llama <persName>Valerio</persName> "espirencia más piadosa", porque cada una de
                  las virtudes tiene propia materia, cerca de la qual participa así como la osadía
                  cerca de los temores e la tenplança cerca de las pasiones e así de las otras
                  virtudes. E pues que así es, la virtud de la piadad es acerca de los padres como
                  una parte de la muy alta virtud de la justicia, ca somos tenudos a nuestros padres
                  por derecho de natura pues que nos engendraron e criaron, e quanto más ellos de
                  nos han menester e los nos servimos e socorremos, tanto más reluze la nuestra
                  piadad natural. E por eso dixo el dicho <persName>Valerio</persName> que quanto
                  más usamos de la piadad acerca de nuestros padres abaxándonos e trabajando en los
                  ministrar e servir e conplazer en cosas más baxas e trabajosas, tanto más se
                  muestra nuestra piadad ser más cierta e piadosa.</p>

               <p>E así, tornando a la istoria de la piadad destas dos mugeres segund lo recuenta el
                  dicho <persName>Valerio</persName> en el dicho libro e capítulo, paresce que,
                  seyendo acusada de maleficio una muger, ella fue presa e metida en la cárcel e
                  condenada a pena de muerte. E movido a piadad el que la tenía presa non quiso
                  luego executar en ella la sentencia, <pb n="96r"/> mas ante la mandó detener en la
                  cárcel pensando que allí perescería de fanbre e que aquello era mejor que non ser
                  muerta e fecha d’ella justicia públicamente por aquel maleficio de que era
                  acusada; la qual muger avía una fija e esta su fija suplicó mucho al que la así
                  tenía presa que la dexase entrar a visitar la dicha su madre cada día en tanto que
                  ella durava biva. De lo qual a él plogo tanto que cada vez que la dicha su fija
                  venía a visitar la dicha su madre en aquel lugar apartado do ella yazía en la
                  cárcel ella era bien catada con grand diligencia por el carcelero, por manera que
                  ella non podiese traer mantenimiento alguno a la dicha su madre. E como esto
                  durase muchos días, el alguazil se maravillava mucho qué cosa podía ser aquello e
                  cómo era biva aquella muger pues non le era dado cosa alguna de que se podiese
                  sostener e mantener. Para lo qual puso grand guarda cada que aquella su fija así
                  la venía a visitar. E fallose que la dicha su fija la mantenía de la leche de sus
                  tetas que le dava a mamar quando allí venía.</p>

               <p>E el alguazil que la así tenía presa, veyendo cosa tan nueva e tan maravillosa,
                  fízolo saber al juez que la avía condenado, e aquel juez fizo dello relación al
                  alcalde de <placeName>Roma</placeName>, e este alcalde lo notificó a los cónsules
                  del Senado, los quales, considerada esta tan grand piadad que aquella muger avía
                  fecho acerca de su madre e por ser invención de cosa tan notable e de muy buen
                  enxenplo, mandaron librar la madre de aquella prisión e diéronla por quita.</p>

               <p>E sobre esto <persName>Valerio</persName>, encomendando mucho la virtud de la
                  piadad, dize aquestas palabras: <quote>"¿Quál <pb n="96v"/> es aquella cosa que la
                     piadad non pasa e penetra o que por ella non pueda ser pensada e sacada? Pues
                     que falló nueva razón e manera para mantener la madre puesta en las cárceles,
                     ¿ay en el mundo cosa tan non oída nin usada como ser mantenida la madre de las
                     tetas de su fija?, ¿por ventura piensa alguno esto ser contra natura?
                     Ciertamente esto non es contra natura, ca la primera virtud de natura es amar
                     los padres, ca cosa muy provechosa es la piadad mayormente acerca de los
                     padres"</quote>. A los quales, segund fabla el filósofo
                     <persName>Aristótiles</persName> en el nono libro de las <title>Éticas</title>
                  devemos mantener más abastadamente que a nos mesmos, e por los grandes beneficios
                  que d’ellos rescibimos los devemos honrar así como a Dios.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_18_hija-padre">
               <head>De otra fija que mantovo con la leche de sus tetas a su padre</head>
               <p>De la piadad de la otra muger dize el dicho <persName>Valerio</persName> en aquel
                  mesmo libro e capítulo recontando otro semejante fecho e enxenplo, es a saber, que
                  seyendo acusado e preso e condenado a muerte e tenido en la prisión un onbre padre
                  de una muger, e aviéndolo dexado en la cárcel porque allí moriese de fanbre e él
                  seyendo muy viejo, aquella su fija movida con grand piadad lo mantovo a la leche
                  de sus tetas así como si fuera niño. Por la memoria de la qual, los romanos,
                  aviendo esto por muy señalado fecho e cosa muy nueva e non acostunbrada, mandaron
                  fazer en el Capitolio una estatua o imagen de una muger que dava a mamar a su
                  padre teniéndolo puesto a sus pechos e lo mantenía con la leche de sus tetas.</p>

               <p>E dize aquí <persName>Valerio</persName> que los romanos <pb n="97r"/>
                  acostunbravan fazer estas estatuas o imágines porque quedase memoria de los
                  grandes e maravillosos fechos, ca los ojos de los onbres quando veen alguna imagen
                  pintada que representa algund fecho señalado luego se llegan a la vez, e
                  maravillándose por aquel presente acatamiento renuevan la condición de las cosas
                  antiguas creyendo considerar e veer los cuerpos que fueron bivos en aquellas
                  imágines e figuras muertas. Por lo qual es nescesario que ellos tomando
                  amonestación e doctrina desto se ayan de recordar e traer a su coraçón algund
                  tanto por aquella pintura de las letras las cosas antiguas e pasadas, que por
                  aquellas figuras o imágines se representan e muestran. Pues agora, ¿quál onbre es
                  sinple –así lo digo– que cosa tan alta non la quiera leer con grand delectación, e
                  leyéndola non se maraville de tan engeniosa e tan especial caridad –que en la
                  cárcel, por librar de muerte a sus padres, falló nueva invención e razón– e
                  maravillándose dello non quiera para sí con grand bienquerencia la memoria de
                  aquestas mugeres e juzgue que a ellas non sea devida menor gloria que al noble
                  cavallero romano llamado <persName>Coriliano</persName>, el qual seyendo fuera de
                     <placeName>Roma</placeName> e faziendo guerra a los romanos, vista la madre
                  suya, dexó las armas e se quitó de aquella guerra, o que por aventura le sea
                  devida menor gloria que aquellos que con muy grande estudio honraron la santa
                  religión?, ca la honrosa autoridad de los padres sienpre fue igualada a la
                  santidad de los ángeles.</p>

               <p>¡O cosa digna de grand maravilla!, la qual yo non me pienso aver podido ser fecha
                  salvo <pb n="97v"/> si la primera ley de natura sea amar a los padres, e por esto
                  Nuestro Señor Dios en el Viejo Testamento mandó muy mucho honrar e servir los
                  padres, e asimesmo Nuestro Señor Jesucristo en el Nuevo Testamento respondiendo a
                  la pregunta que un mancebo le fizo demandándole qué cosa de bien él faría para
                  aver la vida eternal, respondiole: <quote>"Guarda los mandamientos de Dios, entre
                     los quales se contiene honra a tu padre e a tu madre"</quote>, segund se lee
                  por <persName>sant Mateo</persName> en el su Evangelio. E este mandamiento de
                  honrar e servir los padres dize el apóstol <persName>sant Pablo</persName> en la
                  Epístola enbiada a los felipenses que es en el primero mandamiento en que Dios
                  promete gualardón a los que lo bien fizieren, lo qual muestran aquellas palabras
                  do dize: <quote>"Honra a tu padre e a tu madre porque ayas bien e bivas
                     luengamente sobre la tierra".</quote></p>


               <p>E por ser cosa tant religiosa e tan grande, la virtud de la piadad es mucho
                  encomendada por el dicho apóstol <persName>sant Pablo</persName> en la su primera
                  Epístola enbiada al obispo <persName>Timoteo</persName>, allí do dize:
                     <quote>"Manifiestamente es grande el misterio, ¡o secreto santo de la virtud de
                     la piadad!, el qual es manifiesto en la carne e justificado en el espíritu,
                     apareció a los ángeles e es predicado a las gentes e dado al mundo e rescibido
                     en gloria"</quote> etc. E dize más la dicha Epístola: <quote>"La piadad es
                     mucho provechosa para todas las cosas, la qual vos promete la vida deste mundo
                     e del otro"</quote> etc. E sobr’esto dize <persName>sant Anbrosion</persName>
                  en la glosa de la dicha epístola que toda la alteza de la disciplina cristiana
                  está en la misericordia e piadad, lo qual se entiende quanto a las obras de fuera,
                  porque la virtud de la caridad por la qual somos ayuntados a Dios es de mayor peso
                  que la piadad <pb n="98r"/> e misericordia, las quales han lugar en los próximos.
                  E porque estas palabras, misericordia e piadad e clemencia e mansedunbre, se
                  tractan en muchos lugares e algunos piensan ser todas una cosa e otros juzgan ser
                  diversas cosas, queremos aquí poner lo que <persName>santo Tomas
                     d’Aquino</persName> dize de cada una d’ellas en la segunda parte del segundo
                  libro de su <title>Suma</title>, en la questión de la clemencia e mansedunbre,
                  donde determina que la misericordia e la piadad concurren en esa mesma obra con la
                  mansedunbre e clemencia, en quanto viedan los males de los próximos, pero es
                  departimiento entre ellas quanto al movimiento, porque la piadad remueve e quita
                  los males de los próximos por reverencia que ha a algund soberano, así como a Dios
                  o a sus padres; mas la misericordia remueve e quita los males de los próximos por
                  esto que se contrista con ellos, en quanto piensa aquellos males ser a él mismo
                  fechos, lo qual viene de la amistad que faze a los amigos que se gozen de los
                  bienes de sus amigos e se contristen de los males d’ellos; mas la mansedunbre faze
                  esto: que quita e remueve el daño de la cibdad, tirada de sí toda ira e vengança;
                  pero la clemencia faze esto: que con piadad de coraçón juzga ser cosa igual que
                  aquel que padesce non sea más pugnido.</p>

               <p>E tan grande es la fuerça de la piadad que el dicho apóstol <persName>sant
                     Pablo</persName> la puso e asentó en uno con las otras muy grandes virtudes
                  segund que se lee en la dicha su epistola allí do dize: <quote>"Tú, varón amigo de
                     Dios, seguirás justicia, piadad, fee, caridad, paciencia e mansedunbre"</quote>
                  etc. E aun el dicho apóstol la antepone a la castidad segund se lee por la dicha
                  Epístola enbiada a Timoteo donde dize: <pb n="98v"/>
                  <quote>"Para que fagamos vida sosegada e sin roido en toda piadad e
                     castidad"</quote> etc, e en otros muchos lugares de la Sacra Escriptura es
                  mucho loada la virtud de la piadad, e de tan alto grado es que Dios se llama en la
                  Sacra Escriptura piadoso e misericordioso, segund se lee en el
                     <title>Paralipómenon</title> en el segundo libro e en otros muchos e diversos
                  lugares que dexo por abreviar, pues que por esta mesma piadad él usando d’ella,
                  aviendo piadad de la generación umanal porque sus ánimas non se perdiesen nin las
                  levase el diablo, le plogo de decender a tomar carne umanal e padescer muerte e
                  pasión en la cruz en quanto onbre por la redención de nuestra salud, la qual
                  conpró por su preciosa sangre. E así con grand razón e justicia loa el apóstol
                     <persName>sant Pablo</persName> en tan alto grado el misterio e sacramento de
                  la piadad.</p>

               <p>Por lo qual concluyo que estas mugeres que de tanta piadad usaron acerca de sus
                  padres non solo son de loar de la dicha grand virtud de piadad, mas aun de grand
                  ingenio e fortaleza de coraçón, pues que cosa tan nueva e en tienpos pasados non
                  oída sopieron fallar e la osaron acometer e fazer e continuar por salvar la vida
                  de sus padres, e yo non puedo fallar onbres que en la dicha virtud de piadad ayan
                  pasado a aquestas mugeres.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_19_emilia">
               <head>Emilia virgen</head>
               <p>A aquesta noble piadad juntaremos el fecho de <persName>Emilia</persName> virgen,
                  la qual, segund escriven los antiguos, fue de la casa de los Emileos donde
                  dependio <persName>Paulo Emileo</persName>, el qual morió en la batalla de
                     <placeName>Canas</placeName>, al fijo del qual llamaron
                     <persName>Paulo</persName> así como a su padre, el qual dizen que derramó de
                     <pb n="99r"/> sus ojos piadosas lágrimas por la desaventura del rey
                     <persName>Perso</persName>, el qual él avía preso.</p>

               <p>Desta noble <persName>Emilia</persName>, virgo muy fermosa e virtuosa e de muy
                  onesta vida, faze mención <persName>Valerio Máximo</persName> en el su primero
                  libro de la religión e servicio de los dioses, donde paresce que en
                     <placeName>Roma</placeName> avía un tenplo, el qual era llamado de la deesa
                     <persName>Vesta</persName>, a la qual los gentiles atribuían e davan la guarda
                  de los árboles e frutas e plantas e de las otras yervas de la tierra. E en este
                  tenplo entravan las vírgines generosas e de grandes e altos linages e non otras,
                  las quales fazían voto de guardar su virginidad todos tienpos. E en sinificación o
                  señal desto sienpre avían e tenían en el dicho tenplo continuamente fuego
                  encendido, queriendo semejar a lo que Nuestro Señor Dios, por significación del
                  grand amor e caridad que le devemos aver, mandó e ordenó en el Viejo Testamento:
                  que todos tienpos día e noche fuese encendido fuego en el tenplo, el qual nunca
                  fuese apagado nin amatado. E así en el tenplo de la dicha deesa aquel fuego era
                  muy mucho guardado e con grand diligencia por las religiosas vírgines que en el
                  dicho tenplo de la dicha deesa estavan, teniendo carga de la guarda dello cada una
                  su noche porque se non apagase nin amatase.</p>

               <p>E segund dizen algunos auctores e especialmente <persName>Dionisio</persName> en
                  la su glosa sobre el <persName>Valerio</persName>, la significación desto era que
                  así como el fuego encendido guarda e conserva el su calor enteramente sin boltura
                  nin mezcla nin corrupción de ninguna friura, así la virginidad tiene e guarda e
                  conserva la castidad sin boltura nin mezcla <pb n="99v"/> de ninguna corrupción
                  nin daño. Porque por la friura se significa el vicio o pecado o malicia de la
                  corrupción de la castidad e de las buenas costunbres segund lo escrive el profeta
                     <persName>Geremías</persName> en su profecía, non enbargante que a las vegadas
                  se toma eso mesmo el fuego por la corrupción e desordença de la incontinencia e
                  luxuria, segund aquello que pone el apóstol <persName>sant Pablo</persName> en la
                  su Epístola enbiada a los Corintios donde dize que la virgen que non puede sofrir
                  de guardar su virginidad mejor es que se case que non que se queme.</p>

               <p>E tornando a la istoria de la dicha virgen vestales, paresce que acaeció así: que
                  guardando e velando una noche aquel fuego en el dicho tenplo, una virgen religiosa
                  de las que allí bivían, ella se dormió o non puso tanta guarda quanta conplía para
                  que se non apagase nin amatase el dicho fuego, e así el fuego fue muerto. Por lo
                  qual el obispo de aquel tenplo privó de aquella religión e de la administración e
                  servicio d’ella a la dicha virgo por cuya negligencia el fuego se avía
                  amatado.</p>

               <p>E segund paresce en aquel mesmo tenplo era la sobredicha noble virgo llamada
                     <persName>Emilia</persName>, donzella muy fermosa e muy virtuosa e apurada en
                  su religión e de muy notable vida, la qual, veyendo que por negligencia de su
                  conpañera se avía amatado el fuego en el tenplo, se puso en oración, e acabadas
                  sus plegarias tomó un velo muy noble que tenía en su cabeça, el qual era de lino
                  muy blanco e muy delgado, e púsolo en aquel fogar o brasero do primeramente estava
                  el fuego, el qual era <pb n="100r"/> quasi muerto del todo ca quedavan ende muy
                  pocas reliquias d’él, tanto que non avía esperança de poderse encender d’ellas
                  fuego. E así, puesto allí aquel velo, se encendió en él una llama de fuego, por lo
                  qual fue avida aquella virgo <persName>Emilia</persName> por santa e religiosa
                  entre todas las otras que en aquel tenplo eran, porque por su oración e
                  merescimiento el fuego fue restaurado e encendido en el dicho tenplo.</p>

               <p>La qual cosa fue avida por muy señalada e maravillosa entre los gentiles, tanto
                  que los auctores d’ellos ovieron por cosa muy razonable que ella fuese puesta e
                  asentada por perpetua memoria entre los otros grandes fechos e cosas maravillosas
                  que acaecieron en el pueblo de los gentiles así a los varones como a las
                  mugeres.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_20_tucia">
               <head>Tucia</head>
               <p>Despues de la sobredicha <persName>Emilia</persName> plázeme de contar la mucha
                  fiuza e de grand maravilla de <persName>Tucia</persName>, asimesmo consagrada a la
                  deesa <persName>Vesta</persName>, la qual, como fuese acusada que avía dormido con
                  un pariente suyo, e algunos creían ella ser culpable en el pecado, por el qual
                  segund la costunbre de los romanos ella avía de ser por ello enterrada biva, o
                  segund quiere <persName>Séneca</persName> la avían de despeñar de alguna peña,
                  ella, que se sabía ser linpia del pecado, tomó un harnero e llamó a la deesa
                     <persName>Vesta</persName> diziendo: <q who="#tucia">"¡O
                        <persName>Vesta</persName>!, si a tus sacrificios yo puse castas manos,
                     ruégote que fagas que en aqueste harnero yo saque agua del río Tibero e lo
                     pueda traer en tu tenplo"</q>. El qual voto así fecho, ella finchió el harnero
                  de agua e tráxolo fasta el tenplo de <persName>Vesta</persName> donde non se
                  sallió gota alguna, segund cuenta <persName>Valerio</persName>.</p>

               <p>E comoquier que <pb n="100v"/> nos non damos fee a los miraglos que los gentiles
                  dizen e afirman que entre ellos ayan acaescido, porque aunque parezcan ser cosas
                  maravillosas e Dios aya dado lugar que fuesen fechas, ciertamente muchas de
                  aquellas eran procuradas por los diablos, mediantes los ídolos de los gentiles,
                  segund es declarado por los santos doctores en algunos lugares –e especialmente
                  por <persName>sant Agustín</persName> en el su quarto libro de <title>La Cibdad de
                     Dios</title> e se muestra por el libro llamado <title>Éxodo</title>, que es el
                  segundo libro de la ley de Dios, por aquellas cosas que parescen que los magos e
                  sabios del rey <persName>Farón</persName> de <placeName>Egipto</placeName>
                  fizieron quando Dios enbió a <persName>Moisén</persName> que sacase de captividad
                  de aquel regno de Egipto el pueblo de <placeName>Israel</placeName> que ende
                  estava– pero por esto non es de dexar de fazer mención de las grandes cosas e
                  fechos que ayan acaescido a las notables romanas por su buena e apurada vida e
                  virtudes que naturalmente en ellas avía. Lo primero, porque <persName>sant
                     Gerónimo</persName> en el libro que fizo contra <persName>Joveniano</persName>
                  faze grand mención destas cosas e las trae por enxenplo, non enbargante que ayan
                  acaescido a las mugeres del pueblo de los gentiles, lo qual faze a fin que pues
                  las mugeres del pueblo de los gentiles que solamente bivían so la ley natural e
                  non avían conoscimiento de nuestra santa fee fueron tan virtuosas e fizieron tan
                  grandes fechos que las católicas tomen d’ellas enxenplo e se esfuercen a bevir muy
                  santa e virtuosa e religiosamente, pues que tienen más cargo e han mayor razón de
                  lo fazer por la santa e verdadera fee que rescibieron e en que son e biven. Lo
                  segundo, porque pues <pb n="101r"/> Nuestro Señor Dios, veyendo la buena entención
                  que las gentiles solamente movidas por ser criaturas razonables avían al bien
                  bevir e el grand deseo que tenían a la virtud, les administrava e dava lugar que
                  ellas fuesen de tan apurada vida e fiziesen cosas maravillosas, la memoria de las
                  quales por sus grandes merescimientos ha durado e dura para sienpre, con grand
                  razón devemos tener e creer que mucho más serán administradas por Dios las
                  católicas, el qual les dará esfuerço e ayuda para bien e virtuosamente bevir, e
                  especialmente las religiosas que verdaderamente son esposas de Nuestro Señor
                  Jesucristo por la fee católica e santo baptismo e otros sacramentos que d’él
                  rescibieron e por los votos solepnes que a él fazen a la entrada de la religión,
                  las quales con grand fiuzia se deven esforçar a bevir muy casta e apurada e
                  virtuosamente, non solo seyendo senblantes en toda virtud e onestad e bondad a las
                  dueñas e donzellas religiosas del pueblo de los gentiles, mas aun pasando e
                  sobrepujando allende d’ellas en tanta perfección e santidad como ya muchas santas
                  católicas lo han fecho e alcançado, segund largamente se fará mención en el
                  postrimero libro desta obra donde tracta de las santas e virtuosas mugeres del
                  pueblo cristiano. Lo tercero, porque <persName>sant Isidrio</persName> en el su
                  libro de las <title>Etimologías</title> faze grand mención de muchas cosas
                  maravillosas que han acaescido en el pueblo de los gentiles segund paresce por el
                  libro doze de las dichas <title>Etimologías</title>, e así, pues estos santos
                  fizieron tan grand mención destas cosas, non es sin razón que nos siguiendo
                  aquellos <pb n="101v"/> escrivamos algunas cosas maravillosas que ayan acaescido a
                  las mugeres virtuosas del dicho pueblo de los gentiles, pues nuestra entención es
                  de escrivir las loanças d’ellas.</p>

               <p>E por ende, tornando a nuestro propósito, segund recuenta el dicho
                     <persName>Valerio</persName> en el su libro ocho de aquellos que fueron
                  librados de las infamias que les eran opuestas e levantadas, la dicha virgen
                  romana llamada <persName>Tucia</persName>, la qual avía fecho profesión a la deesa
                  llamada entre los gentiles <persName>Vesta</persName> en el tenplo de la qual
                  solamente eran rescibidas las vírgines, ella fue acusada como ronpiera la su
                  virginidad yendo contra el voto que avía fecho de la guardar para en toda su vida,
                  de la qual acusación ella era inocente e sin culpa alguna. Por lo qual, ella
                  confiando de su inocencia e queriendo ser purgada de aquella infamia e mostrar
                  ante todos aquello ser levantado mala e falsamente contra ella, e aviendo grand
                  esfuerço e fiuzia en su verdad e inocencia, tomó en la mano el dicho instrumento
                  llamado harnero o criva, e fecha primeramente su oración e plegaria suplicando
                  que, así como ella era libre de aquel pecado que le oponían, así le fuese otorgado
                  por Dios que ella fuese al río de Tibero e finchiese de agua aquel farnero o criva
                  e sin se derramar nin salir d’él cosa alguna lo traxiese entero e lleno de agua al
                  tenplo de la dicha deesa, segund dize el dicho <persName>Valerio</persName>,
                  acatada por Dios la inocencia desta virgen, le plogo e dio lugar que lo fiziese e
                  cunpliese así, e ella traxo el harnero o criva lleno de agua a la dicha casa de la
                  dicha deesa sin se derramar nin sallir dello cosa alguna. Por lo qual todo el
                  pueblo la <pb n="102r"/> ovo por inocente de aquel pecado que así malamente le era
                  levantado.</p>

               <p>¡O bienaventurada virgen digna de ser ensalçada en honrados loores!, la qual,
                  cierta de su linpieza, con grand fiuzia vino por alcançar salud, la qual alcançó
                  miraglosamente. ¡O cosa mucho maravillosa digna de grand memoria!, agora aya
                  acaescido por benignidad de Dios, o virtud muy preciosa, la qual es de tanta
                  dignidad que non solo a los fieles mas aun a los infieles faga ser Dios cercano e
                  presto. Ca non enbargante que parezca ser duro de creer atrae aquellos los quales
                  ponen su bevir en maldad de pecado que esperen en su deidad así como en un grand
                  beneficio celestial, e así como una ara religiosa e santo tenplo lo adoren.</p>

               <p>Lo qual leemos de <persName>Cipión Africano</persName>, el qual, como viniesen
                  unos ladrones e lo adorasen con grand cobdicia, tomaron su mano diestra e
                  aviéndola besado por grand espacio, después que dexaron delante su casa aquellos
                  dones que se acostunbran dar a los dioses inmortales, bolviéronse alegres a sus
                  propias casas porque avían visto a <persName>Cipión</persName>.</p>

               <p>Por lo qual, si así es que cerca de los malos onbres la virtud sea de tanta
                  maravilla que aunque non bivan segund ella la honran por cosa divinal, pues
                  aquesta nos faze seguros de los peligros e por participación nos faze divinos,
                  digna cosa paresce que aquesta virgen que se provó ser entera de ánima e de
                  cuerpo, por miraglo sea loa da de maravillosos loores e sea honrada de grand
                  memoria, e por el enxienplo de aquesta todas las vírgines bivan onesta e
                  santamente, mayormente aquellas que son claras por nobleza <pb n="102v"/> de
                  sangre porque dende consigan gloria de castidad e virginidad.</p>

               <p>E como por la Sacra Escriptura se falla que Nuestro Señor Dios aya fecho e obrado
                  grandes miraglos, bien podemos dezir que este sobredicho miraglo que el dicho
                  autor dize e afirma ser fecho en <placeName>Roma</placeName>, mediante la
                  sobredicha virgo <persName>Tucia</persName>, ser muy grande e maravilloso e digno
                  de memoria perpetua, lo qual non es de aver por inposible quanto al poderío de
                  Dios que es sin medida alguna, mayormente que ya se falla en la Sacra Escriptura
                  Dios aver rescibido e aceptado las rogarias e suplicaciones e sacrificios de los
                  gentiles, así como se lee del rey de los moabitas en el quarto libro de los Reyes.
                  E así paresce que non solo los varones mas eso mesmo las mugeres ovieron e
                  alcançaron esta gracia, es a saber, que Nuestro Señor Dios fiziese e obrase por
                  ellas cosas maravillosas así como por los onbres.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_21_claudia">
               <head>Quinta Claudia, vestal</head>
               <p>Después de <persName>Tucia</persName> virgen de la deesa
                     <persName>Vesta</persName> queremos aquí tractar de <persName>Quinta Claudia
                     Vestales</persName>, la qual non es cierto de quáles parientes sea nascida, mas
                  por un noble acaescimiento que le acaeció mereció aver perpetua claridad.</p>

               <p>Aquesta virgen <persName>Claudia Vestal</persName>, como acostunbrase cada día de
                  afeitarse de diversos afeites e andoviese bien apuesta, dizíase contra ella por
                  las señoras honradas de <placeName>Roma</placeName> non solo ella ser desonesta,
                  mas ante creían ella non ser casta. E acaeció que <persName>Marco Cornelio e Pulio
                     Senpronio</persName> cónsules de <placeName>Roma</placeName> ordenaron que se
                  troxiese del monte de <placeName>Pesimonte a Roma</placeName> una estatua llamada
                  por <pb n="103r"/> los romanos, segund sus errores en que a la sazón eran, "madre
                  de los dioses", la qual fue traída acerca de la ribera del río Tibero; al
                  rescebimiento de la qual –como segund el mandado de aquel que los gentiles
                  llamavan el dios <persName>Febo</persName>– <persName>Cipio Nasica</persName>,
                  varón muy bueno, fue juzgado por todo el Senado que viniese con todas las señoras
                  romanas. El qual vino fasta tanto que fue cerca de la nao, la qual, queriendo los
                  marineros traer a la ribera, dixeron que non podía sallir del vado. E como
                  trabajasen muchos onbres por sacarla e non podiesen, vino y la sobredicha
                     <persName>Quinta Claudia</persName> que estava entre las otras romanas, e
                  confiando de su castidad fincó las rodillas e adoró a la deesa con grand umildad,
                  suplicándole que si creía que ella era casta, que se dexase traer con su cinta.
                  Dende levantose con grand fiuzia esperando que se avía de fazer lo que avía
                  suplicado, e mandó que atasen a la nao su cinta e que se apartasen de la nao todos
                  los mancebos. E en diziendo esto ligeramente sacó la nao del vado a donde quiso,
                  maravillándose todos los que estavan ende. Del qual fecho maravilloso luego avino
                  que se bolviese en contrario con grand loor de castidad la opinión que tenían de
                     <persName>Claudia</persName>, que non avía guardado castidad como devía. E así,
                  la que llegó a la ribera dañada su fama, bolvió en la cibdad clara de maravilloso
                  resplandor de castidad.</p>

               <p>Ciertamente maravillosa es la condición de la virtud, que non solo a los dioses
                  inmortales faze <pb n="103v"/> que sean benignos a nos, mas antes muchas vezes
                  pone su fuerça que nuestras plegarias sean oídas piadosamente. Por lo qual devemos
                  bevir onesta e santamente, aunque cerca de la gente non seamos tenidos en
                  reputación de buenos, ca seyendo testigo Dios de nuestra inocencia nos abasta
                  asaz, e puesto que nuestra vida non la loe alguno, bivamos bien e
                  bienaventuradamente.</p>

               <p>Otros dizen que esta muy generosa e noble virgo llamada <persName>Claudia
                     Vestales</persName>, acusada que seyendo religiosa corronpiera su virginidad,
                  ella queriendo mostrar ser sin culpa e provar su inocencia, movió e traxo por sí
                  sola la dicha nao con una cinta suya, la qual nao por grand muchedunbre de onbres
                  non podía ser movida, segund que desto faze mención <persName>sant
                     Gerónimo</persName> en el su libro que fizo contra
                     <persName>Joveniano</persName>, e asimesmo lo dize
                     <persName>Dionisio</persName> en la glosa del <persName>Valerio
                     Máximo</persName> en el ocho libro que fabla de aquellos que fueron absueltos
                  de las infamias que les eran levantadas.</p>

               <p>E pues que los santos onbres, mediantes los quales Nuestro Señor Dios obró e fizo
                  muchos miraglos son por ello muy loados e ensalçados entre los otros onbres,
                  razonable cosa es de ser loadas las mugeres, pues, segund se escrive por los
                  sobredichos, han obrado e fecho cosas maravillosas segund se falla en esta
                  sobredicha virgen.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_22_emilia">
               <head>Tercia Emilia, muger del grand Africano</head>
               <p>Como de la maravillosa piadad de las dos <pb n="104r"/> mugeres, que la una acerca
                  de su madre e la otra acerca de su padre ovieron, por nos de suso sea dicho en
                  este libro por ventura asaz conplidamente, pero porque en este nuestro tractado la
                  virtud de la fe que algunas notables mugeres han mostrado acerca de sus maridos
                  non sea olvidada, en el resplandescimiento de la qual, como nos pensamos, en las
                  cosas antiguas fallamos, entre las otras, tres mugeres del pueblo gentil, e con
                  ellas una del pueblo de <placeName>Israel</placeName>, que más singularmente que
                  otras han esclarescido guardando muy conplidamente la fe que devían a sus maridos,
                  las quales son estas:</p>

               <p><persName>Tercia Emilia</persName> muger del grand <persName>Africano</persName>,
                  de la qual recuenta <persName>Valerio</persName> en el VI libro, do fabla de la fe
                  que las mugeres deven aver a sus maridos, diziendo así: <persName>Tercia
                     Emilia</persName>, muger del soberano <persName>Africano</persName>, madre de
                     <persName>Cornelia</persName>, la qual <persName>Cornelia</persName> fue madre
                  de los nobles e generosos cavalleros llamados Gracos, tanto se ovo muy cortés e
                  suavemente acerca del dicho grand <persName>Africano</persName> su marido e con
                  tan grande paciencia, que como ella sopiese que el dicho su marido era enamorado
                  de una de sus esclavas, porque tan grand varón domador del mundo como era este
                     <persName>Africano</persName> non fuese difamado e avido por culpado por la
                  poca paciencia desta su muger, ella con grand bondad e nobleza disimuló aquella
                  incontinencia e destenprança del dicho <persName>Africano</persName> su marido, e
                  dio lugar a que él podiese conplir con aquella esclava su voluntad non murmurando
                  el fecho nin descubriendo <pb n="104v"/> a su marido. E aun non solo guardó esto
                  en vida de su marido, mas aun después de muerte d’él, mostrando su grand virtud de
                  paciencia. Tanto fue su coraçón arredrado de vengança e quitado de todo enojo e
                  malenconía que fizo librar a la dicha esclava, e asimesmo a un siervo propio suyo
                  e los casó en uno.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_23_turia">
               <head>Truria, muger de Quinto Lucrecio</head>
               <p>E la segunda de las quatro es <persName>Turia</persName>, muger de
                     <persName>Quinto Lucrecio</persName>, de la qual fabla el dicho
                     <persName>Valerio</persName> en el dicho libro e capítulo, donde dize que el
                  dicho <persName>Quinto Lucrecio</persName> seyendo condepnado por sentencia de los
                  juezes a muy grand pena, la dicha <persName>Turia</persName> su muger por la grand
                  fe que le avía lo tovo escondido en una cama entre la cámara e el tejado,
                  sabiéndolo una de sus esclavas solamente, lo qual fizo con muy grand peligro suyo,
                  e allí lo tovo seguro; e esto ella fizo con muy grand fe e por tal manera, que los
                  otros semejantes condepnados e desterrados, que en los regnos agenos e de sus
                  enemigos les convenía de andar padeciendo muy grandes penas e trabajos de sus
                  cuerpos e ánimas, tan abés podían ser librados, e este
                     <persName>Lucrecio</persName> en la cámara e seno desta noble su muger fue
                  libre e seguro.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_24_sulpicia">
               <head>Sulpicia, muger de Léntulo</head>
               <p>La tercera de las quatro es <persName>Suplicia</persName>, muger de un cavallero
                  llamado <persName>Léntulo Quincelión</persName>, de la qual faze mención el dicho
                     <persName>Valerio</persName> en ese mesmo libro e capítulo donde dize que,
                  seyendo condepnado <pb n="105r"/> a destierro para el regno de
                     <persName>Secilia</persName> este cavallero <persName>Léntulo</persName> por
                  sentencia de ciertos juezes, esta <persName>Suplicia</persName> su muger, non
                  enbargante que <persName>Julia</persName> su madre mandara poner grand guarda e
                  con mucha diligencia en ella porque se non fuese con el dicho su marido nin lo
                  siguiese, ella mostrando por obra la grand fe que al dicho su marido avía, tomó
                  una vestidura de una su sirvienta e poniéndose en desemejable ábito muy encubierta
                  e secretamente con dos esclavas e otros tantos siervos se fue fuyendo para su
                  marido e se vino para él, e non rehusó nin se quiso escusar de ser puesta en
                  destierro por mostrar a su marido así desterrado la fe que ella le devía.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_25_micol">
               <head>Micol, fija de Saúl</head>
               <p>E la quarta es la infante <persName>Micol</persName>, fija del rey
                     <persName>Saúl</persName>, de la qual se faze mención en el primero libro de
                  los Reyes donde dize que seyendo el dicho rey muy indignado de
                     <persName>David</persName> su yerno que después fue rey, enbió ciertos onbres
                  d’armas para lo guardar e matar en su casa. Lo qual sabido por la dicha infante
                     <persName>Micol</persName> su muger, ella guardando la fe que le devía, lo
                  reveló e descubrió al dicho <persName>David</persName> su marido, al qual ella
                  salvó de la muerte en esta guisa: ella lo puso de noche por una finiestra de su
                  casa e ayudándole que descendiese por ella abaxo por manera que él pudo fuir e se
                  ir libremente e ser salvo. E porque los que lo guardavan non sopiesen que era ido
                  e cuidasen que estava en aquella casa, la dicha infante <persName>Micol</persName>
                  tomó una estatua <pb n="105v"/> e la puso sobre la cama donde acostunbrava dormir
                     <persName>David</persName> e puso a la cabecera de la cama una piel pelosa de
                  cabras e cubriola con ropa.</p>

               <p>El rey <persName>Saúl</persName> enbió ciertos onbres d’armas que por fuerça lo
                  tomasen e sacasen de la casa e lo troxiesen ant’él, fuele respondido que él estava
                  enfermo, por lo qual el dicho rey enbió otra vez sus mensageros mandándoles que
                  viesen a David e que lo troxiesen ant’él en la cama en que estava doliente para
                  que lo él mandase matar. E como estos vinieron non lo fallaron, ca era ya ido e la
                  dicha su muger lo avía librado ayudándolo que descendiese e se fuese por aquella
                  ventana de la cámara, segund que de suso es dicho, e fallaron en su lugar la
                  estatua sobre el lecho e el pellejo de las cabras a la cabeça.</p>

               <p>E así fue libre <persName>David</persName> por la industria de la dicha infante
                     <persName>Micol</persName> su muger. Ciertamente grande e muy singular es la
                  gloria destas quatro señoras que tan noblemente e con tan firme fe reluzieron,
                  para que ligeramente podamos creer que la memoria d’ellas por ninguna longura de
                  tienpo non pueda perescer. De lo qual ellas alcançaron la muy clara justicia sin
                  la qual ninguna cosa non puede ser loable, porque aquel que esclaresce por fe
                  conviene que sea relunbrante por justicia, como sin la fe non puede estar la
                  justicia, la excelencia, dignidad e mayoría de la qual es tanta que si fuere
                  tirada de medio non solo la conpañía del umanal linage, mas aun la salud d’él
                  sería nescesario ser quitada. Ca ciertamente non <pb n="106r"/> veemos ser
                  guardada por otra cosa la salud de los onbres salvo por la fe, porque, ¿quál cosa
                  pública aunque sea muy poderosa e muy abondosa puede luengamente estar seyendo
                  quitada e apartada la fe d’ella?, ante luego es trastornada e perdida de suelo; la
                  qual fe con todo estudio e con toda diligencia es de honrar e guardar e retener,
                  así por ella mesma como por la guarda de la salud de los onbres, pues los que la
                  guardan con razón ganan la verdadera gracia e gloria, la santidad de la qual tan
                  honrosa fue acerca de los antiguos para que aun a los enemigos fuese e deviese ser
                  guardada sin corronpimiento ninguno. Ca leemos ser venida cerca de
                     <placeName>Secilia</placeName> grand armada de la gente de los de
                     <placeName>Cartago</placeName>, e como los duques d’ellos, quebrantados sus
                  coraçones, tractasen sus consejos para demandar paz, e buscando entre sí a quién
                  enbiarían por mensagero, un duque d’ellos llamado <persName>Amólcar</persName>
                  dixo que él non osaría ir con esta enbaxada a los cónsules romanos, temiendo ser
                  preso por ellos segund que fuera por los de <placeName>Cartago</placeName> aquel
                  cavallero romano llamado <persName>Cornelio</persName> que a ellos fuera enbiado
                  por enbaxador de los romanos, mas otro duque de los de
                     <placeName>Cartago</placeName> llamado <persName>Hanuo</persName> entendiendo
                  que los romanos eran onbres que guardavan mucho su fe, e por ende, que non devía
                  temer de ir a ellos, aceptó la enbaxada e con grand fiuza e esfuerço de coraçón se
                  fue para los cónsules de los romanos e tractó con ellos su paz. La qual tractada,
                  entonce el tribuno de los cavalleros <pb n="106v"/> de <placeName>Roma</placeName>
                  dixo al dicho duque <persName>Hanuo</persName> que con razón podría a él acaescer
                  lo mesmo que al dicho cavallero <persName>Cornelio</persName> avía acaescido en
                     <placeName>Cartago</placeName>, es a saber, de ser allí detenido segund que
                  allá avía seído el dicho <persName>Cornelio</persName>. Entonce los cónsules de
                     <placeName>Roma</placeName> mandaron al tribuno que callase, e dixieron al
                  dicho duque <persName>Hauno</persName>: <q who="#consules_roma">"Deste miedo te
                     libra la fe de la cibdad de <placeName>Roma</placeName>"</q>. E por esto dize
                     <persName>Valerio</persName> que claros e nobles fiziera estos cónsules ellos
                  aver podido prender e encarcelar a tan grand duque como era
                     <persName>Hanuo</persName> e de tan valientes e poderosos enemigos como eran
                  los de <placeName>Cartago</placeName>, mas que muy más claros los fizo non lo aver
                  querido prender nin encarcelar por guardar su fe e el derecho de la seguridad que
                  es devido a los enbaxadores.</p>

               <p>E así podemos concluir que pues la virtud de la fe es de tan grand fuerça que non
                  solo a los amigos, mas a los enemigos se deve guardar, que estas quatro mugeres
                  suso escriptas son mucho de loar desta virtud, pues tan bien la guardaron a sus
                  maridos poniéndose a todos peligros e trabajos por ellos, e que en esto deven ser
                  iguales a los virtuosos varones que así por la Sacra Escriptura como por las
                  istorias auténticas se falla que ayan bien e virtuosamente guardado su fe así a la
                  cosa pública como a sus amigos e señores e a los otros a quien la ayan prometido e
                  dado aunque sean sus enemigos.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_26_isaias">
               <head>La muger de Isias cavallero romano</head>
               <p>Después de la muy noble fe destas sobredichas mugeres, <pb n="107r"/> la qual ha
                  muy grand fuerça de largueza de resplandor e gloria, determinamos con grand razón
                  dever ser aquí fecha mención de la grand paciencia e onestad de la noble e
                  virtuosa muger de un cavallero romano llamado <persName>Isias</persName>, pues que
                     <persName>sant Gerónimo</persName> faze d’ella especial mención en el dicho
                  libro contra <persName>Joveniano</persName> donde dize que, como el dicho
                  cavallero <persName>Isias</persName> fuese viejo e le tremiesen los mienbros e
                  padesciese otras pasiones e enfermedades, acaeció que un día, aviendo razones con
                  otro cavallero romano, le fue dicho por aquel con quien contendía que le olía mal
                  la boca al dicho cavallero Isias. El qual, oído esto, ovo muy grand desplazer
                  dello, e como le viniese de nuevo, ca nunca primeramente lo avía oído nin sentido,
                  fuese triste para su casa e quexose a la dicha su muger, diziéndole que por quál
                  razón él non fuera por ella avisado e apercebido de aquella pasión que ella d’él
                  sofriera e padescía, ca si lo oviera sabido él trabajara por se curar e ser
                  guardado de la dicha pasión. E la dicha noble e virtuosa muger suya, así como
                  onesta e prudente e muy guardada e casta dueña, le respondió con toda onestad e
                  umildat diziéndole así: <q who="#mujer_de_isias">"En verdad, señor, yo de buena
                     voluntad oviera fecho esto que tú dizes, salvo que yo me pensava que todos los
                     onbres comúnmente avían esta pasión, es a saber, que les olía mal la
                  boca"</q>.</p>


               <p>E dize aquí <persName>sant Gerónimo</persName> que si esta dueña sabía que aquel
                  cavallero su marido padescía aquel vicio e pasión e con buena paciencia <pb
                     n="107v"/> lo tolerava e sofría, non mostrando dello enojo nin sentimiento, o
                  si era verdad que ella entendiendo que aquel vicio e pasión era común a todos los
                  onbres e con todo esto ella con bondad lo non avía nin rescibía por enojo nin
                  pasión e lo padescía e callava, que en lo uno e en lo otro es mucho de loar esta
                  noble e muy paciente e casta e muy vergonçosa fenbra. E comoquier que
                  verdaderamente todo ello sea cosa muy notable e virtuosa en la sobredicha noble
                  dueña, pero, como dize <persName>sant Gerónimo</persName>, muy mayor virtud es si
                  lo ella sabía e sentía segund que razonablemente es de tener que lo sabía, e con
                  mucha bondad e paciencia lo sufría e padescía e callava, ca tanta era su nobleza e
                  bondad e onestad que non enbargante que ella continuamente padesciese tan grande
                  enojo e trabajo de aquella enfermedad que su marido avía e por tan grand tienpo,
                  pero el dicho su marido nunca lo sintió nin le fue mostrado nin dado a entender de
                  parte d’ella fasta que el su enemigo con quien contendía gelo dixo por
                  denuesto.</p>

               <p>¡O muger romana muy notable e virtuosa!, ¡quánta fe!, ¡quánta paciencia!, ¡quánta
                  bondat!, ¡quánta lealtad!, ¡quánta nobleza!, ¡quánta grandeza e fortaleza de
                  coraçón ovo en ti!, que fueste poderosa de sojudgar el sentido del olor que es
                  naturalmente tan delicado e tan sentible que quando onbre huele las buenas cosas
                  todo el cuerpo ha grande alegría e plazer e consolación, e con <pb n="108r"/> los
                  malos olores ha grande enojo e tristeza, e con todo esto tu bondad e virtudes e
                  fortaleza e grandeza de coraçón, la grand fe e verdadero amor que avías a tu
                  marido fue tan bastante e sobrepujante que todo esto podiste tolerar e sofrir tan
                  luengamente queriendo con tan grande onestad e nobleza guardar a tu marido aquella
                  fe e buena conpañía e amistad que le devías. E comoquier que tú non ovieses
                  conoscimiento de la ley de escriptura nin de la ley de gracia por las quales
                  Nuestro Señor Dios ordenó e mandó que el marido e la muger sean avidos por una e
                  esa mesma carne e se non puedan partir nin partan aunque qualquier d’ellos sea
                  fecho gafo o contrecho o padezca otra qualquier enfermedad o desaventura que le
                  venga, e así lo ordenaron los Santos Padres de la iglesia de Dios en los santos
                  cánones, con todo esto tú, movida virtuosamente por la sola ley natural en que
                  eras por el tu claro e alto ingenio e por ser tan bien criada e acostunbrada,
                  mostrándote ser muy onesta e vergonçosa, aunque de la ley de Dios nin del Santo
                  Evangelio nin de los establescimientos de los Santos Padres non avías noticia nin
                  sabidoría alguna, judgaste ser cosa muy onesta e razonable padescer e sofrir
                  continuamente tan grand pasión e trabajo de aquella enfermedad que tu marido avía
                  sin le ser por ti mostrado ningund sentimiento nin enojo dello.</p>

               <p>E comoquier que las grandes señoras e cibdadanas e otras mugeres <pb n="108v"/>
                  católicas cristianas sean de loar quando usaren de semejantes virtudes, pero mucho
                  más eres tú de loar en esta parte que ellas, porque tú feziste esto de tu voluntad
                  usando solamente de virtud, non seyendo costreñida nin obligada a ello por la ley
                  natural en que bivías nin aviendo conoscimiento nin noticia de los mandamientos
                  que la ley de Dios cerca desto ha fecho, lo qual las católicas cristianas son
                  tenudas e obligadas de guardar segund la ley e verdadera fe en que biven.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_27_anfronia">
               <head>Anfronia</head>
               <p>Después de la fe noble destas mugeres, la qual tiene grand fiança en largueza de
                  resplandor e gloria, como yo muchas vezes comigo mesmo pensase qué cosa deviese
                  escrivir después d’ellas, vino a mi pensamiento la singular paciencia de aquella
                  dueña romana llamada <persName>Anfronia</persName>, la qual fue de muy grande
                  onestad e tenprança segund muy noblemente e con grand diligencia recuenta
                     <persName>Valerio</persName> en el capítulo ocho del libro siete, donde dize
                  que la madre de aquesta dueña <persName>Anfronia</persName>, movida más por
                  voluntad que por razón, deseredó de su herencia e bienes en su testamento a esta
                     <persName>Anfronia</persName>, e estableció por heredera en todo ello a
                  Pretonia, otra fija suya hermana desta <persName>Anfronia</persName>, non
                  enbargante que amas a dos fuesen buenas e onestas, e non oviese razón por que ser
                  deseredada por su madre la dicha <persName>Anfronia</persName> de la su herencia e
                  bienes nin le oviese fecho injuria nin enojo <pb n="109r"/> por que con razón la
                  podiese nin deviese deseredar nin privar de su legítima parte de la erencia.</p>

               <p>E comoquier que la dicha <persName>Anfronia</persName> en esto fuese muy agraviada
                  e injuriada de su madre por la así querer deseredar a tan grande sinrazón, ca los
                  padres, segund el derecho de las leyes ceviles, non pueden deseredar a sus fijos
                  salvo quando ellos cometen alguna cosa contra su rey, o contra su tierra, o contra
                  sus padres, o fazen otras cosas señaladas por las quales quieren los derechos que
                  los padres los puedan deseredar, pero con todo esto esta
                     <persName>Anfronia</persName> fue de tan grand paciencia e onestad que non
                  quiso contender en pleito con su hermana, dando a entender que era cosa mejor e
                  más onesta encargar el testamento de la madre con su paciencia non yendo contra
                  él, que non si lo fiziese revocar e delatar por juizio. Por lo qual ella tanto más
                  se mostrava non ser merescedora de aquella injuria que le fue fecha en ser así
                  deseredada quanto más con buena voluntad ella avía paciencia e consintía que el
                  testamento de su madre quedase firme, porque tanto quanto más ella padescía non
                  reclamando el testamento de la madre podiéndolo fazer, pues contra razón e
                  justicia ella era deseredada, tanto más ella se mostrava ser virtuosa e de grand
                  paciencia e onestad e bondad e el deseredo ser fecho sin culpa d’ella.</p>

               <p>¡O maravillosa paciencia desta noble dueña!, la qual aunque sea llena de
                  franqueza, como non sea pequeña franqueza <pb n="109v"/> querer dexar su derecho,
                  pero aun ningund onbre de seso non dubdará ella ser onesta e muy clara por
                  grandeza de coraçón, la qual así es avida e se muestra por menospreciar e tener en
                  poco las cosas de fuera, que quiere dezir los bienes e riquezas tenporales. Ca
                  ciertamente esta dueña fue onesta e magnífica si este su fecho con diligencia
                  fuere bien considerado, porque quiso ante caer de su derecho que fazer por pleito
                  culpada de justicia a la madre suya, porque non ay ninguna mayor injusticia que
                  quitar a alguno su derecho e ser dado a otro que non ha por qué lo aver, lo qual
                  paresce aver fecho la madre destas, privándola de la herencia a esta su fija e
                  dándola a la otra. Ca non ay cosa más onesta nin más loable que ser pagada a la
                  madre la honra que le es devida, aunque la madre non guarde a la fija lo que
                  segund el amor maternal e natural le deve, nin ay cosa más magnífica nin más
                  adelantada que menospreciar las riquezas por fazer e guardar onestad, aunque de
                  derecho sean devidas e las aya de aver.</p>

               <p>Por lo qual digo que non ay ninguno tan sinple que si él ha delectación en
                  contenplar las virtudes algunas vezes él non tome grand delectación en la
                  contenplación de tan fermosas virtudes en las quales esta muger paresce aver
                  sobrepujado, e non juzgue ella ser muy digna de maravillosas loanças. E comoquier
                  que esta muger fuese del pueblo de los gentiles, los quales non <pb n="110r"/>
                  avían noticia de la ley de Dios así de escriptura como de gracia, por la qual Dios
                  manda que honremos e ayamos en reverencia a nuestros padres e asimesmo usemos de
                  la virtud de la paciencia, la qual es mucho loada en las Sacras Escripturas, tanto
                  que Nuestro Señor dixo en el Santo Evangelio segund se lee por <persName>sant
                     Lucas</persName> que con la virtud de la paciencia podíamos poseer e ser
                  señores de nos mesmos para mejor conoscer e servir a Dios, con todo esto paresce
                  que esta dueña alunbrada por la razón natural honró e ovo en reverencia a su madre
                  pues que non quiso reclamar nin contradezir lo por ella ordenado en su testamento
                  aunque lo bien podiera fazer si quisiera, e con grand paciencia lo quiso sofrir e
                  dexar pasar.</p>

               <p>En lo qual podemos bien dezir que non fue menor quanto a estas virtudes que muchos
                  grandes varones e virtuosos que por su onestad toleraron e dexaron perder algunas
                  cosas que con derecho podieran demandar e aver de que se fallan diversos enxenplos
                  en la Sacra Escriptura e istorias aprovadas, los quales aquí se dexan por non
                  alongar.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_28_amesia_ortensia">
               <head>Amesia. Ortensia</head>
               <p>Después de la dueña <persName>Anfronia</persName> de que suso fezimos mención, yo,
                  traído por la grand novedad e excelencia de lo acaescido a dos dueñas, la una
                  llamada <persName>Amesia</persName> e la otra <persName>Ortensia</persName>, fija
                  del grand orador <persName>Quinto Ortensio</persName>, quiero recontar las nobles
                  e <pb n="110v"/> singulares loanças destas dos dueñas. Ca segund recuenta
                     <persName>Valerio</persName> en el VIII libro do fabla de las mugeres que por
                  sí o por otros defendieron algunas causas e razones en los juizios, esta
                     <persName>Amesia</persName> fue condepnada por sentencia del alcalde de
                     <placeName>Roma</placeName> llamado <persName>Lucio Ticio</persName>, e dada
                  por culpada de un maleficio de que era acusada; la qual seyendo apremiada por
                  aquel juez que pareciese ant’él en juizio sobre aquella causa, así prudentemente
                  sostovo su razón ante aquel juez, seyendo allí ayuntados muy grand parte del
                  pueblo de <placeName>Roma</placeName>, que non solo diligentemente mas fuerte e
                  varoniblemente se defendió poniendo por sí sus razones e escusaciones, fasta tanto
                  que fue dada por libre e quita de la sentencia que aquel juez contra ella avía
                  dado, e de todas las otras demandas que le fueron fechas, e tan bien se ovo en su
                  razón defendiendo su derecho que non semejava que ella oviese coraçón de muger mas
                  aun de varón. E por esta razón el pueblo romano la llamaron dende en adelante
                  "varonil", e comoquier que generalmente sea defendido a las mugeres de estar en
                  los juizios, pero para defender sus pleitos mayormente criminales son rescebidas
                  en ellos.</p>

               <p>E así esta dueña por su prudencia e diligencia con grand animosidad e fortaleza de
                  coraçón defendiendo su justicia fue libre de aquella sentencia e de los pleitos
                  maliciosos que le eran movidos, en lo qual se mostró muy virtuosa e tener coraçón
                  e esfuerço de varón en tal manera que <pb n="111r"/> non podiera en esto más fazer
                  qualquier onbre discreto, esforçado e virtuoso. Segund lo qual paresce que aunque
                  estar en los juizios e pleitos es vedado a las mugeres por les non ser onesto
                  estar en tales lugares de buelta de los onbres, pero quando son costreñidas por
                  nescesidad para defender sus pleitos e causas non las fizo más menguadas natura
                  que a los onbres para lo poder e saber bien fazer segund que ellos lo fazen.</p>

               <p>E de la otra dueña sobredicha llamada <persName>Ortensia</persName> fabla el dicho
                     <persName>Valerio</persName> en el dicho libro e capítulo donde dize que el
                  cabildo o cofradía de las señoras e matronas de <placeName>Roma</placeName> fueron
                  condepnadas en grand suma de tributo por ciertos juezes de la dicha cibdad, los
                  quales tenían un oficio de judgado que se llamava de los tres varones, e, dada la
                  sentencia contra ellas, non fue osado ninguno de los varones de
                     <placeName>Roma</placeName> de abogar por ellas nin las ayudar delante aquellos
                  juezes, por lo qual esta <persName>Ortensia</persName> así costante e polidamente
                  se puso a las defender, que, mediante su razón muy suave en la qual bien
                  representava el muy alto e polido fablar del dicho <persName>Quinto
                     Ortensio</persName> grand orador padre suyo, e así era onesto su gesto e los
                  movimientos de su cuerpo en razonando e defendiendo aquella causa de las dichas
                  señoras e matronas ante los dichos juezes, e así respondían a su gesto e
                  acatamiento las palabras muy dulces e polidas de su bueno e fermoso razonar, e el
                  su gesto e onesto acatamiento a las palabras que ella fablava e razonava en <pb
                     n="111v"/> defensión de aquellas dueñas e matronas, que non se podía onbre
                  determinar quál cosa le más pluguiese, es a saber: o aver grand sabor de oír sus
                  palabras o de mirar la onestad de su gesto e acatamiento. E así tan prudente e
                  polida e onesta e dulce e suavemente se avía e ovo en su dezir que, mediante su
                  muy polida e discreta e cortés e muy ordenada eloqüencia e buena fabla, las dichas
                  señoras e matronas de Roma fueron libradas por aquellos juezes e les fue fecha
                  remisión e quita de la mayor parte de aquella pecunia que les era inpuesta que
                  pagasen. En lo qual dize <persName>Valerio</persName> que esta dueña
                     <persName>Ortensia</persName> bien mostró que el dicho orador su padre tornava
                  a bevir e era resucitado. E muerta esta <persName>Ortensia</persName>, por non
                  quedar fijos d’ella, fue perecida e acabada de su linage la herencia de la buena
                  fabla e polida deste orador <persName>Ortensio</persName> su padre, pero fue
                  traspasada al enperador <persName>Julio César</persName>, el qual después fue
                  fallado ser heredero desta eloqüencia e fabla ortensiana, quiere tanto dezir que
                  este enperador siguió en la eloqüencia e fabla a aquel orador <persName>Quinto
                     Ortensio</persName>, e tanto le semejava en el bueno e polido fablar que
                  parescía ser heredero suyo quanto a la dicha eloqüencia e fabla.</p>

               <p>¡O fenbras ciertamente muy dignas e de que mucho nos devemos maravillar!, las
                  quales sobrepujaron en tanta grandeza de coraçón e maravillosa manera de fablar
                  que tan abés yo pensaría la gloria d’ellas ser menor que la gloria de
                     <persName>Cícero</persName> varón muy bien fablante <pb n="112r"/> el qual non
                  menos magnífica que divinamente libró a <persName>Gayo Ponpilio</persName> de la
                  acusación que le era fecha; nin que la gloria de <persName>Gayo César</persName>
                  quando libró a <persName>Sestilio</persName> del grave crimen de que era acusado;
                  o la gloria de <persName>Torcato</persName> quando libró a
                     <persName>Paulino</persName> varón del consejo de <placeName>Roma</placeName>,
                  las riquezas del qual por cobdicia desordenada avían ya tragado quanto en ellos
                  era los del palacio e gelas él tiró de las manos; o que la gloria de aquel varón
                  esforçado llamado <persName>Judas</persName> fijo del patriarca
                     <persName>Jacob</persName>, quando por la su suave e dulce eloqüencia e fabla e
                  suplicación que fizo al patriarca <persName>Josep</persName> hermano suyo, que
                  entonce regía e governava el regno de <placeName>Egipto</placeName>, le fizo que
                  se descubriese e manifestase en cómo era hermano suyo, lo qual el dicho patriarca
                     <persName>Josep</persName> se esforçava de encobrir e lo non manifestar, e así
                  mismo fizo que fuese libre de la prisión en que tenía preso a
                     <persName>Benjamín</persName> su hermano, segund se lee en el libro del
                     <title>Génesi</title>; o que la gloria del muy excelente profeta
                     <persName>Daniel</persName> quando, mediante su muy alta e polida fabla e
                  eloqüencia, libró de muerte a Susania, que malamente era condepnada contra toda
                  justicia a pena de muerte por ciertos juezes, segund se lee en el <title>Libro de
                     Daniel</title>; o que la gloria de otros muy virtuosos varones que se falla por
                  la Sacra Escriptura o por las istorias auténticas que, mediante su polida razón e
                  buena fabla, libraron de muerte e de otros males e daños a muchas personas e
                  acabaron muy grandes fechos los quales por abreviar dexo <pb n="112v"/> de aquí
                  recontar, pues con razón los nobles oradores a los quales sienpre fue grand cura
                  de escrivir las costunbres e fechos de las gentes se esforçaron de ensalçar con
                  grandes loanças la fortaleza e polida fabla destas dos mugeres que tan polida e
                  suavemente se ovieron como suso dicho es.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_29_julia">
               <head>Julia, fija de Julio César</head>
               <p>Agora me plaze de fablar de <persName>Julia</persName> fija del noble enperador
                     <persName>Julio César</persName>, la qual, puesto que en su tienpo fue más
                  clara en linage e en casamiento que las otras mugeres, mas muy más clara fue por
                  el onesto amor que avía e mostró a su marido e por la muerte súbita de que murió.
                  Esta noble <persName>Julia</persName>, como fuese casada con el grand
                     <persName>Ponpeyo</persName> muy claro varón, el qual muy fuertemente reqüestó
                  las tierras segund su istoria largamente lo recuenta, como viese por una ventana
                  la vestidura de su marido cubierta de sangre, ella, espantada pensando que le
                  oviese acaescido algund mal, cayó amortecida en tierra e con la súbita alteración
                  de su coraçón abortó, e así con destruición quasi de todo el umanal linage espiró,
                  segund muy altamente lo recuenta d’ella el grand poeta <persName>Lucano</persName>
                  e asimesmo el grand <persName>Valerio</persName> en sus libros donde muy
                  largamente fazen mención de las notables virtudes desta grand señora, e asimesmo
                  que, si ella biviera, por ventura se escusaran tantas muertes e destruiciones del
                  linage umanal como acaescieron entre el enperador <persName>Julio César</persName>
                  e el grand <persName>Ponpeyo</persName>, los quales <pb n="113r"/> eran yerno e
                  suegro.</p>

               <p>¡O amor muy santo digno de contenplar, de una parte de grand admiración, de otra
                  de grand dolor!, el qual, puesto que fiziese honorable a esta señora en todo
                  tienpo por singular fama, mas la malvada licencia de las batallas que entre sí los
                  cibdadanos ovieron conturbó la paz de todo el mundo. Nunca ciertamente los pechos
                  de <persName>César e Ponpeyo</persName> se encendieran en tanta ira si quedara la
                  concordia entre ellos junta con común debdo de sangre, es a saber, si esta señora
                  por la causa de suso recontada non abortara e moriera.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_30_terencia">
               <head>Terencia, muger de Cicerón</head>
               <p>Por quanto de suso es escripto del onesto amor de <persName>Julia</persName> fija
                  de <persName>César</persName>, acordé de escrivir de
                  <persName>Terencia</persName>, muger del claro orador <persName>Cicerón</persName>
                  digna de muchos loores. La qual es cierto que entre los grandes dolores de que por
                  el destierro del dicho su marido era fatigada, mostró tanta virtud e esfuerço de
                  coraçón que mereció ser loada por letras de muchos e por común fabla del pueblo,
                  segund escrive <persName>Cícero</persName> en sus epístolas, por lo qual
                  razonándose con ella dize así: <quote>"¡O mesquino, que por mí eres venida en
                     tantos trabajos con tanta virtud e fe e bondad e misericordia!"</quote>.</p>


               <p>Ciertamente yo creo aquesta noble dueña bienaventurada ser digna de tal marido,
                  aunque más la tenga por bienaventurada por ser dotada de tantas virtudes, e
                  ciertamente para loar la dignidad de aquesta razonablemente non fallo alguno que
                  la podiese loar sinon otro que fuese tan sabio como <persName>Cícero</persName>.
                     <pb n="113v"/> La vida de aquesta fue muy tenprada en tanto que se cree aver
                  bevido ciento e tres años.</p>

               <p>¡O muger bienaventurada!, que fue clara de onestas costunbres e maravillosas
                  virtudes que mereciese non solo ser amada, mas muy querida de tal marido. Léese
                  que <persName>Cícero</persName> príncipe de la eloqüencia romana e varón muy sabio
                  llamava aquella su muger "luz e deseo e vida", tanto que le escrevía: <quote>"Si
                     amas a mí non te quieras tanto doler de mí, ca de día e de noche eres presente
                     delante mis ojos; pensando en ti olvido todos mis trabajos, temo que non puedas
                     soportar los trabajos que tienes"</quote>. E como este escriviese a
                     <persName>Publio Valerio</persName>, onbre de mucha piadad, del trabajo desta
                  su muger, non ovo verguença de confesar aver leído las letras derramando lágrimas
                  de sus ojos, segund aquesto paresce que non sea poco de dubdar si es de creer
                  aquellos que dizen <persName>Cícero</persName> aver desechado muger tanto amada
                  así por alguna cosa non onesta, pues que en los braços de aquella él deseava más
                  que todas las cosas venir del su destierro donde estava.</p>

               <p>A mí paresce con reverencia que si quisiéremos acatar la conplida sabidoría de
                     <persName>Cícero</persName> e la dignidad de su muger, la qual es aprovada por
                  testimonio d’él e por su actoridad, e si quisiéremos acatar el grand amor con que
                  uno a otro se amavan, non diremos que lo fizo este varón muy sabio salvo porque
                  más libremente podiese entender en la filosofía, en el estudio de la qual él se
                  mucho deleitava segund que demuestra en sus obras divinales.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_31_paulina">
               <head>Paulina, muger de Boecio Torcato</head>
               <p>Non son aquí de olvidar las virtudes muy altas de la noble romana llamada
                     <persName>Paulina</persName> muger del virtuoso romano llamado <persName>Boecio
                     Torquato</persName>, el qual, seyendo gentil e muy sabio e virtuoso, se
                  convertió a nuestra santa fe católica e fue muy católico cristiano e de tan alta e
                  tan buena e apurada vida que plogo a Dios que él fuese santo: e este es el que fue
                  llamado <persName>sant Senermo</persName>, segund que lo reza así
                     <persName>Trebeto</persName> e otros algunos auctores en las glosas que
                  fizieron sobre el notable libro que el dicho <persName>Boecio</persName> fizo
                  llamado de la <title>Consolación de la Filosofía</title>. Este
                     <persName>Boecio</persName> que después ovo nonbre <persName>sant
                     Senermo</persName> fizo e conpuso muy notables libros, e especialmente un libro
                  muy profundo de la santa Trinidad e otras muy excelentes e provechosas obras,
                  segund que dello fazen mención algunos solepnes auctores.</p>

               <p>E tornando a las loanças de la dicha noble dueña, dize d’ella el dicho
                     <persName>Boecio</persName>, así como si la Filosofia lo fablase con él
                  consolándole, que, comoquier que el dicho <persName>Boecio</persName> en su
                  desaventura e destierro que le era acaescido quando fue echado de
                     <placeName>Roma</placeName> avía perdido sus cosas, pero que non las avía
                  perdido todas, antes le avían quedado algunas muy preciosas, especialmente la
                  dicha noble e virtuosa muger suya. Esta dize la Filosofía que era onesta e de muy
                  noble condición e de ingenio muy sosegado e discreta e virtuosa en todos sus
                  fechos; en tal manera que non sobrava nin <pb n="114v"/> menguava en lo que avía
                  de fazer nin se indignava nin tomava ira nin saña en alguna cosa, allende de lo
                  que razonablemente deviese. E era muy sobrepujante en toda virtud de castidad e de
                  vergüença e onestad, la qual solamente bivía non porque ella desease bivir, pues
                  su marido padescía tantos daños, mas solamente deseava bivir por servir a su buen
                  marido, e para esto solo guardava su espíritu, aunque tenía aborrida su vida por
                  los daños e desaventuras acaescidas al noble varón <persName>Boecio</persName>
                  marido suyo, por los quales ella dava grandes gemidos e padescía muchos dolores e
                  fazía terribles llantos e sofría continuamente diversos tormentos en su coraçón de
                  cada día.</p>

               <p>E finalmente la Filosofía, queriendo mostrar por breves palabras todas las
                  virtudes desta muy loable dueña, concluye e dize así: que ella era tan virtuosa
                  que bien parescía en sus virtudes al noble e virtuoso padre suyo llamado
                     <persName>Símacus</persName>, del qual la Filosofía fablando en el segundo
                  libro de su <title>Consolación</title> a <persName>Boecio</persName> donde eso
                  mesmo faze mención de la dicha noble dueña muger del dicho
                     <persName>Boecio</persName>, dize así: <quote>"Aún bive e es bien sano aquel
                     varón <persName>Símacus</persName> suegro tuyo, el qual es joya preciosa en el
                     linage de los onbres, e él es tan noble e tan precioso e virtuoso que, si él
                     conprar se podiese sin alguna tardanca, darías por él la vida"</quote>.</p>


               <p>Ves aquí cómo la Filosofía iguala e pone en uno e ese mesmo grado esta noble e
                  virtuosa dueña con <pb n="115r"/> el dicho padre suyo que era tan virtuoso e tan
                  precioso e de tan grande sabidoría e auctoridad. ¡O dueña muy bienaventurada!
                  ¿Quál de los varones virtuosos podrá dezir con razón tú non ser virtuosa, pues que
                  en ti concurrían tan nobles e excelentes e sobrepujantes virtudes?, ca segund la
                  Filosofía da fe e testimonio de ti, a la qual razonablemente es de estar así como
                  aquella por cuya doctrina se rige e govierna el mundo, todas las virtudes que en
                  el generoso e virtuoso e sabio padre tuyo eran, esas mesmas avías tú
                  conplidamente. E así podemos dezir que abondava en ti la prudencia la justicia, la
                  fortaleza, la tenprança, la fe que a tu buen marido devías, e la piadad que le
                  avías, e non menos la muy alta castidad e verguença e onestad. Las quales cosas
                  son muy propias e loables cerca de todas dueñas en común, e mayormente de las
                  nobles e de altos linages. Pues podemos bien dezir que el sabio e prudente
                     <persName>Símacus</persName> padre tuyo fue asaz bienaventurado allende de los
                  dones de virtudes que avía e de que fue dotado en aver fija tan virtuosa e tan
                  excelente e sobrepujante en toda virtud. E comoquier que el noble e sabio
                     <persName>Boecio</persName> marido tuyo ovo asaz desaventura en caer del grand
                  lugar e honores e oficios que en <placeName>Roma</placeName> tenía e ser
                  desterrado d’ella como suso es dicho, pero aún le quedava grand consolación en
                  aver a ti por muger, pues con tanta onestad e virtud te dolías de sus males e
                  gemías por ellos. <pb n="115v"/></p>

               <p>E comoquier que por la Sacra Escriptura e por las istorias auténticas de los
                  gentiles leemos e se falla muchos ser virtuosos en muchas generaciones de virtudes
                  razonablemente paresce esta dueña segund sus magníficas e preciosas virtudes non
                  solamente dever ser puesta e contada entre ellos, mas aun dever ser igualada a
                  ellos.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_32_virtudes">
               <head>De algunas virtudes falladas en las mugeres romanas</head>
               <p>Cosa razonable nos paresce ser ayuntado a esto aquello que las nobles romanas como
                  mugeres muy polidas e onestas e acabadas en toda linpieza muy notablemente
                  acostunbraron, es a saber: comer seyendo asentadas onestamente a sus mesas, non
                  queriendo en esto seguir la costunbre que los romanos algund tienpo tovieron. Ca
                  ellos comían e bevían estando echados en sus camas, lo qual las romanas ovieron
                  por cosa muy grosera e desapuesta e que se non devía fazer nin usar. E así los
                  varones romanos, dexada aquella mala costunbre e tomando en esta parte lo que las
                  mugeres acostunbravan, es a saber, asentarse a sus mesas e comer onesta e moderada
                  e linpiamente aviendo aquello por mejor e más onesto, dende en adelante
                  acostunbraron ellos a lo así fazer, segund que por la mayor parte se faze oy, non
                  solo en el inperio romano mas en todo el mundo.</p>

               <p>E así podemos bien dezir que esta buena e onesta e linpia e loable costunbre fue
                  fallada e començada e después continuada en el pueblo <pb n="116r"/> romano por
                  las nobles e virtuosas romanas, de la qual non solo los varones romanos que eran
                  tan virtuosos e magníficos así en fechos de armas como en otras virtudes tomaron
                  doctrina e enxienplo e enseñança como de cosa muy onesta e apuesta e conviniente,
                  mas aun todas las otras naciones e gentes del mundo, lo qual muy notablemente
                  recuenta <persName>Valerio</persName> en el segundo libro de los establescimientos
                  antiguos, e asimesmo el grand poeta <persName>Varro</persName> en el libro que
                  fizo de la vida del pueblo romano. Ca ciertamente non era cosa convenible a
                  ninguna persona e mayormente a los grandes príncipes e señores e señaladamente a
                  los cavalleros e virtuosos romanos comer nin bever estando echados en sus camas,
                  salvo si por causa de enfermedad de que fuesen enbargados lo oviesen de fazer.</p>

               <p>E si los varones muy notables que nuevamente fallaron algunas buenas cosas
                  pertenescientes a las buenas costunbres del linage umanal son por ello muy loados
                  e ensalçados, non lo deven ser menos las nobles romanas, las quales usando de
                  grand prudencia e linpieza e onestad fallaron nuevamente e començaron e usaron
                  esta noble costunbre por la qual desecharon e quitaron la torpe e non linpia
                  costunbre que los romanos primeramente en esto tenían.</p>

               <p>Asimesmo generalmente son de loar las nobles romanas por una buena costunbre que
                  comúnmente era guardada por todas ellas, es a saber, ser contentas de <pb n="116v"
                  /> ser solamente casadas una vez e non querer ninguna d’ellas conoscer segundo
                  marido. Por lo qual, segund dize <persName>Valerio</persName> en el dicho libro de
                  los establescimientos antiguos de <placeName>Roma</placeName>, ellas eran honradas
                  por corona de castidad, así como dueñas muy tenpladas e vergonçosas. E esto porque
                  las madres romanas tenían por cosa muy cierta ser vergonçoso e tenplado por pura e
                  linpia fe que avía a su primero marido el coraçón de la dueña que non casava más
                  de una vez, e tenían que era señal e esperiencia de destenplança en la dueña
                  quando ella casava segunda vez. E pues segund la ley natural las nobles romanas
                  usando de tanta castidad e onestad e tenplança, que son tan altas e tan nobles
                  virtudes, guardavan tan conplidamente a sus maridos la fe que les devían, non
                  solamente en vida d’ellos mas aun después de su muerte, más con razón lo deven
                  guardar las católicas cristianas por la ley divinal e celestial en que somos e
                  bivimos.</p>

               <p>Otrosí razonablemente nos pareció que aquí devía ser fecha especial mención de la
                  grand franqueza e largueza de las nobles romanas, las quales segund recuenta
                     <persName>Valerio</persName> en el su libro quinto en el título de la piedad
                  que los romanos ovieron a su tierra propia, paresce que estando la cibdad de
                     <placeName>Roma</placeName> puesta en grand estrecho e nescesidad de dinero por
                  las guerras que entonces les ocurrían, tanto que a la cosa pública fallescía lo
                  que avían de conplir de cada día para el servicio <pb n="117r"/> de sus dioses,
                  las nobles romanas usando de la magnífica e muy loable virtud de franqueza e non
                  menos de la notable virtud de la prudencia, considerada e acatada la grande e
                  estrema nescesidad en que la cibdad de <placeName>Roma</placeName> entonces era
                  venida, non enbargante que comúnmente las mugeres acostunbran mucho guardar lo que
                  tienen, pero ellas usando de juizio e razón e menospreciada e dexada toda avaricia
                  e escaseza e cobdicia con alegre voluntad ofrecieron e dieron todo el oro e plata
                  que tenían para socorro de la dicha cibdad de <placeName>Roma</placeName> porque
                  los romanos podiesen continuar la guerra contra sus enemigos e aver victoria
                  d’ellos. E así mucho son de loar pues en tal tienpo e con tan buena voluntad
                  socorrieron e ayudaron su cibdad e pueblo.</p>

               <p>¡O dueñas e donzellas romanas!, pues que fuestes tan notables, tan generosas, tan
                  religiosas, tan sabias, tan prudentes, tan discretas, tan virtuosas en toda manera
                  e generación de virtud segund que vuestros magníficos fechos dan de vos testimonio
                  verdadero e paresce claramente por la primera parte deste segundo libro que de
                  vosotras fabla, con grand razón vos pueden e deven ser aplicadas, atribuidas e
                  contadas, non solamente las virtudes de prudencia e justicia e fortaleza e
                  tenplança e las otras virtudes que destas dependen, mas aun si licencia oviésemos
                  para ello se podría dezir que segund vuestras grandes virtudes e merescimientos
                  non fuestes del todo ajenas de las otras mayores virtudes. De las <pb n="117v"/>
                  quales, en caso que non oviésedes conplido conoscimiento, pero razonablemente se
                  puede entender pues obrastes tan virtuosas cosas e de tan buena doctrina e
                  enxienplo que algund acatamiento avíades a aquel que todas las cosas govierna por
                  maravilloso regimiento, en el qual bivimos e por él nos movemos e en él somos e
                  estamos. E si alguna esperança non oviésedes avido de cosa muy alta e de grand
                  galardón e remuneración non avríades sofrido por la virtud tan grandes trabajos e
                  afanes, e si algund amor non oviésedes avido al Señor de las virtudes que es
                  Nuestro Señor Dios, non es de presumir que tan maravillosa e virtuosamente
                  oviésedes obrado e perseverado e continuado tan grandes fechos e cosas e con tanta
                  paciencia e continencia segund que lo fezistes, las quales cosas el grand profeta
                  e rey <persName>David</persName> nin el sabio e rey <persName>Salamón</persName>
                  nin otros muchos prudentes varones, e asimesmo algunos enperadores e reyes así de
                  la ley natural como de la ley de escriptura, e algunos aunque eran so la ley de
                  gracia paresce por sus istorias que ellos non podieron guardar nin continuar.</p>

               <p>Por lo qual razonable e verdaderamente se puede dezir e concluir que a vosotras
                  non fueron cerradas las puertas de las virtudes más que a los onbres, e por esto
                  con grand razón los santos doctores de la iglesia de Dios loando muy altamente
                  vuestras generosas virtudes e poniéndovos por espejo e enxenplo de virtud vos
                  posieron e asentaron <pb n="118r"/> en los sus libros, non sólo en uno con las
                  católicas e santas e fieles mugeres, mas aun a bueltas de los santos e virtuosos
                  varones así del Viejo como del Nuevo Testamento.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_33_sulpicia">
               <head>Sulpicia, fija de Servio Patróculo</head>
               <p>Pues que fecho avemos suso mención de la noble romana
                     <persName>Lucrecia</persName>, la qual usando de la virtud e fortaleza de
                  coraçón queriendo dar testimonio de su grand castidad se mató, segund que su
                  istoria largamente recuenta, queremos aquí fazer fin e acabamiento deste tractado
                  de las muy nobles romanas en aquella virtuosa noble e muy casta dueña llamada por
                  nonbre <persName>Suplicia</persName> fija de <persName>Servio Patróculo</persName>
                  e muger de <persName>Quinto Fluvio Flacio</persName>, los quales todos eran de los
                  nobles de <placeName>Roma</placeName>, porque esta <persName>Suplicia</persName>
                  eso mesmo es digna de loable memoria por la su grand virtud de castidad, segund
                  que adelante se fará mención. Ca segund dizen algunos doctores, especialmente
                     <persName>Johan Vocacio</persName>, varón muy polido en la manera de fablar e
                  muy enseñado en poética en el su notable libro llamado <title>De las nobles e
                     claras mugeres</title>, el qual fue por él enbiado a la muy noble condesa
                  llamada de <persName>Alta Villa</persName>, esta generosa
                     <persName>Suplicia</persName> que biviendo virtuosa e muy maravillosamente fue
                  fallada e aprovada ella sobrepujar en la virtud de la muy alta castidad a todas
                  las otras dueñas romanas de su tienpo, non es menos de loar que la noble Lucrecia
                  que por su muerte mostró e dio testimonio ella ser muy casta. E desta dueña
                     <persName>Suplicia</persName>
                  <pb n="118v"/> fabla <persName>Valerio Máximo</persName> en el octavo libro donde
                  tracta de las cosas grandes que acaescieron en <placeName>Roma</placeName>.</p>

               <p>E la istoria es esta: paresce que en un tienpo la gente de los romanos era muy
                  entremetida en fechos de luxuria soltando mucho las riendas contra toda virtud de
                  castidad e dando grand lugar a las cosas mugeriles; por lo qual los que governavan
                  e regían el pueblo romano, queriendo proveer con remedio convenible a cosa tan
                  peligrosa, de la qual muchos daños e males e inconvinientes se siguían e podían
                  seguir más adelante si en ello non fuese proveído, seyendo enseñados por los
                  libros de la grand sabia <persName>Sibilia</persName> que los romanos tenían en
                  grand actoridad e honor, ovieron su acuerdo de edificar e fazer un tenplo en
                     <placeName>Roma</placeName> llamado de la Castidad el qual fuese fecho a honor
                  de la deesa de <persName>Amor</persName>, e así que, mediante aquel tenplo e los
                  sacrificios e ofrendas que se ende fiziesen, los coraçones e voluntades así de las
                  dueñas como de las vírgines romanas non solamente fuesen convertidas e tornadas de
                  aquel mal camino que levavan, mas aun porque más ligeramente se tornasen a
                  entender en la loable virtud de castidad e la honrasen e usasen d’ella.</p>

               <p>E porque aquel tenplo era principalmente para la guarda de la castidad de las
                  mugeres e adonde ellas devían convenir a orar e fazer sus plegarias e ofrendas,
                  fue establecido por los diez varones que por el pueblo romano para esto eran
                  escogidos que la cura e guarda e administración deste <pb n="119r"/> tenplo fuese
                  dada e encomendada a la dueña más casta que en toda la cibdad de
                     <placeName>Roma</placeName> fuese fallada e escogida, a la qual fuese entregada
                  la imagen de aquella deesa para que la ella consagrase e guardase en aquel
                  tenplo.</p>

               <p>E para fazer esta elección fueron ayuntadas todas las nobles mugeres del pueblo de
                     <placeName>Roma</placeName>, las quales por mandado de todo el Senado de
                     <placeName>Roma</placeName> escogieron de entre sí ciento de cada linage,
                  aquellas que les parescieron ser más castas. E estas eligieron tan solamente diez
                  de todas ellas por ser aquellas las más apuradas en castidad. E como el Senado
                  mandase que destas diez fuese escogida la más casta, por esto todas en concordia
                  eligieron e nonbraron por la más casta de todas las mugeres de Roma a la dicha
                  dueña <persName>Suplicia</persName>. Por lo qual todo el Senado le dio la
                  administración e cura del dicho tenplo e la guarda de la imagen de aquella deesa
                  de amor a cuyo honor aquel tenplo era edificado.</p>

               <p>¡O muger muy bienaventurada e digna de grandes loanças! ¿Quál inperio?, ¿quáles
                  regnos?, ¿quáles tierras e señoríos?, ¿quáles riquezas?, ¿quál fermosura?, ¿quál
                  generosidad o fidalguía de parientes te podieran fazer tan noble e tan clara e tan
                  famosa e que la tu memoria durase para sienpre, como meresciste ser fecha e loada
                  por la tu grand castidad?, seyendo escogida como fuiste en tan grand número de
                  tantas enperatrizes, tantas reinas, tantas duquesas, tantas condesas, tantas
                  señoras, tantas madres, tantas <pb n="119v"/> nobles, tantas fijas dalgo, tantas
                  cibdadanas e otras muchas mugeres que en <placeName>Roma</placeName> eran, la qual
                  entonce señoreava todo el mundo e era señora e cabeça d’él, e de consentimiento e
                  elección de todas estas, e asimesmo de todo el Senado e pueblo romano fueste
                  escogida sobre todas por la más virtuosa e casta que otra alguna de todas
                  ellas.</p>

               <p>Por lo qual con razón dize <persName>Valerio</persName> en el dicho libro e
                  capítulo que con grand merescimiento deviste ser ayuntada a las loanças de los
                  grandes e muy señalados e virtuosos varones romanos, de que él faze especial
                  mención en el sobredicho capítulo do él fabla de las cosas e fechos grandes que
                  acaescieron a los romanos, e en especial nonbra allí a <persName>Cipión
                     Nasica</persName> que los romanos avían por muy virtuoso e de grand santidad.
                  Lo qual paresce por tanto que como los romanos oviesen de costunbre de trabajar
                  muy mucho por traer a <placeName>Roma</placeName> en grand honor e reverencia e
                  con toda diligencia las imágenes de los dioses que las gentes de otras partes e
                  tierras e señoríos tenían e adoravan, entendiendo que teniendo en
                     <placeName>Roma</placeName> todos aquellos dioses e adorándolos e
                  sacrificándolos sojuzgarían todo el mundo, e el inperio de
                     <placeName>Roma</placeName> duraría para sienpre siguiendo aquesto, ellos
                  fueron amonestados por aquel <persName>Apolo</persName> que entre ellos era avido
                  por dios que fiziesen traer a <placeName>Roma</placeName> con grandes honores la
                  imagen de una llamada <persName>Cibela</persName> que ellos avían por deesa, la
                  qual segund sus errores era por ellos llamada <pb n="120r"/> madre de los dioses.
                  E queriendo los romanos traer la dicha imagen desta deesa de un lugar de
                     <placeName>Grecia</placeName> llamado <placeName>Pesimunte</placeName>, dize
                     <persName>Valerio</persName> que aquel dios <persName>Apolo</persName> mandó a
                  los del Senado que non consintiesen que otra persona alguna tanxiese esta imagen
                  de aquella deesa nin llegase a ella nin la posiese en su casa, salvo solamente el
                  sobredicho <persName>Cipión Nasica</persName>, aunque entonces el dicho
                     <persName>Cipión Nasica</persName> era mancebo e non tenía dignidad nin oficio
                  público alguno, pero era onbre muy virtuoso e avido por santo entre los romanos. E
                  dize <persName>Valerio</persName> que esto fizo aquel dios
                     <persName>Apolo</persName> queriendo mostrar que tan grand misterio más
                  pertenescía de ser fecho por mano de aquel onbre santo <persName>Cipión
                     Nasica</persName>, non enbargante que él non toviese oficios nin dignidades que
                  non por otro que las toviese e non fuese tan virtuoso como él por dar a entender
                  que Dios más acata a la virtud de la persona que non al oficio nin dignidad que
                  tiene.</p>

               <p>E asimesmo nonbra <persName>Valerio</persName> en el dicho capítulo otros varones
                  romanos virtuosos que fizieron grandes fechos, es a saber:
                     <persName>Ércoles</persName> e <persName>Rómulo</persName> fundador de la
                  cibdad de <placeName>Roma</placeName>, con la memoria de los quales dize e
                  concluye que es de ayuntar la dicha dueña <persName>Suplicia</persName> por ser
                  tan casta e aprovada por todos e sobrepujar en esta virtud a todas las otras
                  mugeres romanas.</p>

               <p>E si alguno quisiere dezir que <persName>Valerio Máximo</persName> non fiziera
                  bien en ayuntar e igualar en loança esta dueña <persName>Suplicia</persName> al
                  sobredicho <persName>Cipión Nasica</persName>, <pb n="120v"/> el qual por
                  sentencia del dios <persName>Apolo</persName> fue escogido para aquel misterio, e
                  que mayor cosa es ser escogido por dios segund que los gentiles dizen que lo fue
                  aquel <persName>Cipión Nasica</persName> que non ser escogida esta dueña
                     <persName>Suplicia</persName> segund que lo fue por los onbres, porque lo que
                  Dios faze es sin error nin mengua alguna, e los fechos de los onbres muchas vezes
                  son errados e menguados, puédese responder que <persName>Valerio</persName> se
                  movió con grand razón a poner esta virtuosa dueña en cuenta e igualança de los
                  virtuosos varones, porque asaz se puede dizir que fue escogida por voluntad de
                  Dios por más casta que las otras romanas pues todo el pueblo a una concordia la
                  ovieron e escogieron por tal.</p>

               <p>E con esto concuerda bien lo que se escrive por los Santos Padres en los derechos
                  canónicos: que por el Espíritu Santo que es verdadero Dios es escogida e elegida
                  la persona quando aquellos que han de fazer la elección para qualquier oficio e
                  dignidad todos concuerdan en aquella persona e ninguno non contradize, como los
                  coraçones e voluntades de los onbres sean departidos e por la mayor parte non
                  concuerdan en uno, salvo quando a Dios plaze que todos sean en una concordia. E
                  así quando son todos de un acuerdo es de entender que aquello viene de Dios e non
                  de los onbres, segund que paresce que fue fecho en la elección desta dueña
                  Suplicia.</p>

               <p>E comoquier que en este lugar e en otras partes deste libro nos recontamos e
                  loamos las virtudes de las loables mugeres así romanas <pb n="121r"/> como otras
                  del pueblo de los gentiles, por eso non es nuestra entención de aprovar sus ídolos
                  nin las otras cosas que ellos fazían contrarias a nuestra santa fe, ca todo
                  aquello es reprobado e lo usavan los gentiles ante que oviesen conoscimiento de
                  Nuestro Señor Dios, mas fazemos dello recontamiento queriendo mostrar que non
                  solamente en la ley de escriptura e en la ley de gracia mas aun en la ley natural,
                  so la qual era el pueblo gentil, sienpre ovo mugeres muy virtuosas e magníficas, e
                  se ovo con ellas conplidamente Nuestro Señor Dios, mediante todo beneficio de
                  natura. E pues las mugeres del pueblo gentil que non avían conoscimiento de la
                  verdadera fe trabajavan tanto por las virtudes e especialmente por la castidad
                  segund se prueva por esta dueña <persName>Suplicia</persName> que tan aventajada e
                  esmerada fue en la dicha virtud, de aquí pueden e deven tomar doctrina e enseñança
                  las dueñas e donzellas cristianas que biven so la verdadera fe de Nuestro Señor
                  Jesucristo. E si las romanas entendían que la deesa de amor que ellas así llamavan
                  las avía de ayudar a guardar su castidad, mucho más deven entender e tener
                  firmemente las fieles cristianas que ellas dándose a virtud de castidad e a las
                  otras virtudes ellas serán ayudadas a guardar su castidad e a todas las otras
                  buenas virtudes por Nuestro Señor Jesucristo que es Dios de todo amor e caridad e
                  perfección de toda alteza de virtud e padre de toda consolación, mediantes las
                  preces e rogarias de la virgen sin manzilla reina de <pb n="121v"/> los cielos
                  Nuestra Señora e abogada <persName>santa María</persName>, pues que él sienpre
                  acostunbra dar e da a sus fieles buenas e perfectas e virtuosas cosas.</p>

               <p>E por ende, tornando al propósito, digo que la dicha noble e virtuosa
                     <persName>Suplicia</persName> muy casta es de ensalçar e loar por muchas e
                  grandes loanças, pues fue tan especial que sobrepujó en la dicha virtud de
                  castidad a todas las mugeres de su tienpo. E los actores por sus grandes
                  merescimientos acordaron de la igualar e poner en cuento e en memoria e conpañía
                  de tan grandes varones romanos que eran avidos por más santos e virtuosos que
                  todos los otros, e así meresce que la su gloria dure para sienpre. Pero como
                  escrive el dicho <persName>Johan Bocacio</persName> en el dicho su libro llamado
                     <title>De las mugeres nobles e claras</title>, alguno podría dezir:
                     <quote>"Pues <persName>Valerio Máximo</persName> e los otros actores afirman
                     que para este misterio para el qual fue escogida esta noble
                        <persName>Suplicia</persName> fueron eso mesmo escogidas cient mugeres
                     castas, ¿por quál razón esta <persName>Suplicia</persName> fue avida por más
                     casta que las otras?, ca pues todas eran castas qualquier d’ellas era
                     suficiente e bastante para este misterio"</quote>. A lo qual muy notablemente
                  responde el dicho <persName>Johan Vocacio</persName> diziendo que es verdad que
                  todas ellas eran castas quanto tañía a guardar la fe que devían a sus maridos non
                  les faziendo follía, pero que esta noble <persName>Suplicia</persName> non solo
                  guardava a su marido en esto suso dicho segund que las otras, mas aun allende
                  desto guardava su grand castidad así cerca del acatamiento de sus ojos, non
                  mirando los cavalleros <pb n="122r"/> nin onbres de que algund escándalo o mal
                  deseo se podiese seguir, mas teniendo todavía sus ojos inclinados al suelo e non
                  mirando las caras e gestos de los onbres, e eso mesmo fablando non solo cosas
                  onestas mas muy pocas e con grand tiento e seso, e fuyendo el ocio, es a saber:
                  estar de balde non trabajando nin faziendo cosa alguna, porque el tal ocio es
                  enemigo de la castidad; e otrosí dándose todavía continuamente a trabajos onestos
                  de cosas en que dueñas deven trabajar dentro de su casa e para aprovechamiento e
                  apostura e arreo d’ella; e fuyendo los conbites e las grandes cenas e yantares e
                  las delectaciones de las huertas e vergeles e las otras cosas semejantes, porque
                  donde non ay vino nin manjares deleitosos la luxuria fuye; asimesmo dexándose de
                  cantares e de danças e de cadahalsos e de mirar otros juegos, porque estas cosas
                  son los dardos que la luxuria suele de sí lançar para engañar las mugeres; e
                  asimesmo entendiendo cerca de toda buena virtud e onestad, e poniendo buen recabdo
                  en las cosas de la casa, e cerrando sus orejas quando se fablan las cosas torpes o
                  vellacas o desonestas, e escusándose de andar de una parte a otra e de acá allá
                  fuera de su casa, e arredrando de sí los olores demasiados, e desechando los
                  afeites superfluos e pisando e refollando con todas sus fuerças los pensamientos e
                  apetitos dañosos, e continuando e velando en santas e virtuosas cosas, e
                  finalmente amando con muy grand amor solamente a su marido porque esta es la
                  entera <pb n="122v"/> castidad e non curar de amar a otros algunos salvo por amor
                  de caridad que naturalmente deve aver una persona a otra deseando que le venga
                  bien e non lo contrario, e aun non se llegando a su marido, non enbargante que sea
                  con entención de aver generación, sin aver verguença d’él así en la cara como en
                  el coraçón.</p>

               <p>E dize el dicho <persName>Johan Vocacio</persName> que por quanto todas estas
                  cosas e otras muchas tocantes a la entera castidad fueron falladas muy
                  conplidamente en la dicha noble <persName>Suplicia</persName>, las quales non
                  concurrían todas en alguna de las otras ciento romanas que fueron escogidas por
                  castas, ante fallescían algunas d’ellas que por esta razón fue dada la corona de
                  la castidad por todos a una boz a la dicha noble <persName>Suplicia</persName>, e
                  ella fue así antepuesta a todas las otras, la qual cosa quánto sea gloriosa e de
                  muy grande e señalada virtud a todos se puede bien entender.</p>

               <p>E comoquier que leemos de <persName>Moisén</persName> fiel siervo e profeta de
                  Dios e duque del pueblo de <placeName>Israel</placeName>, e asimesmo del rey e
                  profeta <placeName>David</placeName>, que ovieron conplidamente la virtud de la
                  mansedunbre, e del patriarca <persName>Jacob</persName> que fue muy casto, e
                  asimesmo del patriarca e profeta Job que fue muy paciente, e así de otros santos e
                  santas del Viejo e Nuevo Testamento que ovieron muy grandes gracias e fueron muy
                  virtuosos señaladamente cada uno en cierta manera de virtud, pero fablando todavía
                  sin perjuizio de la grand santidad d’ellos bien podemos dezir que esta noble e muy
                     <pb n="123r"/> esmerada e casta <persName>Suplicia</persName> fue muy señalada
                  en esta virtud de la castidad, e que ella fue así acabada e conplida en toda
                  manera de virtud segund que el apóstol <persName>sant Pablo</persName> dize que
                  deve ser la buena e onesta e católica dueña en la su Epístola enbiada a un obispo
                  llamado <persName>Tito</persName> discípulo suyo.</p>

               <p>E así paresce e se concluye que libre e pareja e igual entrada es a toda virtud
                  así a las mugeres como a los onbres, e non es de maravillar que Nuestro Señor Dios
                  por su infinita bondad e franqueza se oviese largamente en las virtudes con el
                  pueblo de los gentiles e mayormente con los nobles romanos así cerca de los onbres
                  como de las mugeres. Pues que en la Santa Escriptura segund paresce en muchos
                  lugares d’ella Nuestro Señor Dios se llama dios de los gentiles, e otrosí pues
                  que, segund notablemente dize <persName>sant Grigorio</persName> en los sus
                  Morales, el bienaventurado <persName>Job</persName> aunque era gentil fue grand
                  profeta e santo, e el su libro es aprovado e rescibido por la iglesia de Dios
                  entre las otras santas escripturas, e asimesmo porque la cibdad de
                     <placeName>Roma</placeName> donde estas cosas acaescían era cabeça e señora de
                  todo el mundo, la qual desque ovo conoscimiento de nuestra santa fe sienpre la
                  honró e guardó. Por lo qual la iglesia d’ella es cabeça de todas las iglesias del
                  mundo de la qual es obispo el apostólico vicario de Nuestro Señor, e así non era
                  sin razón que aun estando en la gentilidad fuesen muy virtuosas segund que lo
                  fueron los romanos e romanas que <pb n="123v"/> bivían en tan noble cibdad e de
                  quien decendieron los bienaventurados <persName>sant Grigorio</persName> e
                     <persName>sant Anbrosio</persName> e las onze mill vírgines que en un día
                  rescibieron muerte e pasión por nuestra santa fe e otros muchos santos e santas
                  segund se fará mención en la postrimera parte deste libro, e que maravillosamente
                  sobrepujasen en virtudes segund que sobrepujaron a otros muchos.</p>

               <p>E comoquier que en el pueblo romano aya avido otras muchas virtuosas mugeres yo
                  fago aquí fin de la istoria d’ellas por non fazer luengo proceso, e quiero
                  començar a escrivir de las virtudes e loanças de algunas otras muy notables
                  mugeres del pueblo de los gentiles que non eran romanas, en las quales se acabará
                  este segundo libro que comiença de las loanças de las mugeres romanas e acaba en
                  las loanças de las otras mugeres de los gentiles que non eran romanas. E en el
                  tercero libro fablaremos e faremos fin de las loanças de las santas que fueron de
                  la ley de gracia, porque parezca claramente que en todos tres tienpos, es a saber:
                  así en la ley de natura como en la ley de escriptura como eso mesmo en la ley de
                  gracia, Nuestro Señor Dios sienpre se ovo franca e largamente con las mugeres
                  doctándolas de muy altas e maravillosas e excelentes virtudes segund que a los
                  onbres.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_34_minerva">
               <head>Minerva</head>
               <p>Después que escrivimos de las virtuosas romanas que se nos presentaron a la
                  memoria, a las quales nos podiéramos <pb n="124r"/> añader a
                     <persName>Marcia</persName> fija de <persName>Catón</persName> e a
                     <persName>Paulina</persName> fija de <persName>Séneca</persName>, mas la orden
                  ante puesta demanda que tractemos de las otras virtuosas gentiles que son
                  ennoblescidas de grandes loores, e primero diremos de
                  <persName>Minerba</persName>, la generación de la qual non se sabe dónde venga,
                  segund dize <persName>Eusebio</persName> en el <title>Libro de los
                  tienpos</title>. Ca, regnante <persName>Foroneo</persName> a la gente arginos
                  apareció cerca de una laguna de <placeName>África</placeName> llamada
                     <placeName>Tritonia</placeName>, donde en los versos de los poetas
                     <persName>Minerba</persName> fue llamada <placeName>Tritonia</placeName>, non
                  sabiendo los moradores de aquella tierra de quáles partes viniese. La qual fue tan
                  clara e biva de ingenio que ella fue la primera que sacó e falló cómo se devía
                  filar la lana e el texer e otras muchas obras artificiales, por lo qual cerca de
                  los antiguos fue avida por deesa honrada, a la qual asimesmo fizieron tenplos. E
                  por quanto todas sus obras procedieron de bivo juizio e de grand sabidoría
                  dixieron los antiguos en sus fablas que era nascida del celebro de
                     <persName>Júpiter</persName> que ellos llamavan Dios, e así lo escrive d’ella
                  el poeta <persName>Lucano</persName>.</p>

               <p>¡O noble virgen!, la qual dignamente fue creída traer nascimiento celestial. Por
                  quanto tanta fue la nobleza de su juizio e la bivez de su naturaleza que
                  escrivieron grandes onbres aquesta aver fallado los cuentos e las figuras. Ca de
                  primero los antiguos solamente usavan señales de cuentos e non de arte de cuenta,
                  e así por su alto ingenio e virtudes e grand sabidoría con razón deve ser fecha
                  mención especial d’ella <pb n="124v"/> pues sacó e falló lo que muchos altos
                  varones non podieron sacar nin fallar.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_35_dido">
               <head>Dido reina</head>
               <p>Después de aver escripto de <persName>Minerba</persName> virgen clara por noble
                  ingenio, plázeme escrivir de la reina <persName>Dido</persName> que fue grand
                  honra de la castidad de las señoras fijas del rey <persName>Belo</persName>, la
                  qual como fuese noble e de grand fermosura, muerto su padre
                     <persName>Siqueo</persName>, dizen que fue casada con un sacerdote del dios
                     <persName>Ércoles</persName>, el qual fue muerto por avaricia de
                     <persName>Piatualión</persName> hermano de <persName>Dido</persName>.</p>

               <p>Aquesta, después que el hermano le dixo muchas palabras non verdaderas, fue
                  desengañada de su marido en sueños, e como oviese muchos en aquella tierra que
                  quisiesen mal a <persName>Pid</persName> malión, tróxolos a su propósito con
                  fermosas razones; dende con fuerte coraçón e grande tomó consigo su tesoro e fuyó
                  en naos, e como viniese a la ribera de <placeName>África</placeName>, ella conpró
                  de los moradores de allí tanta tierra quanta podiese ocupar el cuero del espinazo
                  de un toro, el qual ella partió en muchos pedaços los quales ocuparon grand
                  espacio de tierra, e mostró sus tesoros a los que con ella venían e atráxolos a
                  que edificasen una cibdad, la qual ella después llamó
                     <placeName>Cartagena</placeName>.</p>

               <p>E como el rey de una gente llamada los musitanos, segund escrive
                     <persName>Justino</persName> estoriador, la demandase por muger diziendo que si
                  non gela davan que les faría guerra, o como otros dizen otro rey de los gertulos
                  la demandava por muger, desto ella fue muy triste aunque <pb n="125r"/> primero se
                  oviese ofrescido a todo peligro por la salud de la tierra, por tanto demandó
                  espacio para ir a su marido, la qual se puso en la más alta torre de la cibdad e
                  puso y grand fuego, diziendo que quería fazer sacrificio por el ánima de su
                  marido, e subió encima del fuego e mirando todos los cibdadanos qué faría, sacó un
                  cuchillo que avía subido consigo secretamente e dixo:</p>
               <p><q who="#justino">-¡O buenos cibdadanos! ¡A mi marido vo así como querés!</q></p>

               <p>E como aquesto dixo matose con el cuchillo.</p>

               <p>¡O boz muy magnífica digna de muy clara e casta muger!, la qual mostró que antes
                  era de escoger la muerte que corronper la castidad, la qual non ay cosa que más
                  convenga aguardar la honor de la onestad; así que aquesta cosa que trae miedo a
                  todos que es la muerte aquella abraçó con coraçón fuerte e alto, la qual dio
                  enxenplo de grand memoria non solamente a las mugeres mas antes a los onbres que
                  non se retraxiesen de qualquier cosa onesta por grand trabajo o grand peligro. Por
                  lo qual si aquestas dos nobles virtudes que en aquesta resplandecieron, conviene a
                  saber, castidad e fortaleza, quisieres acatar, en tu coraçón e entendimiento
                  podrás considerar si aquesta será tan pujante en fortaleza de coraçón como
                     <persName>Catón</persName> que se mató por la libertad de
                     <placeName>Roma</placeName>, o tan casta como <persName>Fabio Máximo
                     Serviliano</persName>.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_36_pantasilea">
               <head>Pantasilea</head>
               <p>E si la muy noble e sabia reina de <placeName>Saba</placeName> con grand razón
                  deve ser loada <pb n="125v"/> especialmente en la prudencia de la virtud e
                  sabidoría mayormente, pues Nuestro Señor Jesucristo en el su Santo Evangelio faze
                  d’ella especial mención por ella averse movido con alto e muy loable deseo a venir
                  segund que vino a los fines de la tierra al regno del
                     <placeName>Israel</placeName> e tierra de promisión por visitar al grand rey e
                  sabio <persName>Salamón</persName> e oír la su sabidoría, cosa es muy razonable
                  que eso mesmo devamos aquí fazer mención de la esclarescida reina llamada
                     <persName>Pantasilea</persName> loando sus virtudes e especialmente la virtud
                  de la fortaleza en el grand fecho de las armas e cavallería.</p>

               <p>Ca segund los actores e señaladamente los istoriadores de la conquista troyana
                  fazen mención, esta reina <persName>Pantasilea</persName> mucho floreció en la
                  sobredicha virtud de fortaleza ayuntando con ella la virtud de la prudencia e
                  otras muchas virtudes. Lo qual se muestra ser así por quanto los troyanos cercados
                  non osando sallir de su cibdad nin dar batalla a los griegos, la dicha reina
                     <persName>Pantasilea</persName> seyendo señora de las amazonas e muy poderosa e
                  de grand seso e de muy alto linage e muy apuesta e excelente en fermosura e tan
                  orgullosa e muy valiente e de tan grand prez que era una grand maravilla, e con
                  grand sabor e deseo que ovo de ver al buen cavallero don
                     <persName>Éctor</persName>, la fama del qual corría por grandes partidas del
                  mundo, e asimesmo movida con grand coraçón e virtud de magnanimidad, ella ayuntó
                  sus conpañas e vino a <pb n="126r"/>
                  <placeName>Troya</placeName> por socorrer al rey <persName>Príamo</persName>, con
                  la qual venían dos mill donzellas de las amazonas bien armadas e arreadas en
                  buenos cavallos cavalgando de <placeName>Arabia</placeName> ligeros e
                  valientes.</p>

               <p>E ellas eran muy esforçadas e pasaron por muchas tierras fasta que llegaron a
                     <placeName>Troya</placeName> e antes que y llegasen sopo la reina
                     <persName>Pantasilea</persName> la muerte de don <persName>Éctor</persName>, e
                  ya avía dos meses que los griegos tenían cercada a <placeName>Troya</placeName> e
                  estavan muy cerca de las puertas d’ella, e los troyanos non salían como solían a
                  las barreras a pelear con ellos nin abrían puerta alguna de la cibdad. E el rey
                     <persName>Príamo</persName> atendía a la dicha reina
                     <persName>Pantasilea</persName>, de la venida de la qual él ya avía nuevas e
                  non quería que abriesen las puertas para pelear fasta que ella viniese. E quando
                  los troyanos sopieron que ella era llegada a <placeName>Troya</placeName>,
                  salliéronla a rescibir muy honradamente e el rey e todas sus conpañas le fizieron
                  grande honra e fueron muy alegres con su venida. Finalmente ella fabló con el rey
                     <persName>Príamo</persName> e lo esforçó para que salliesen a pelear contra los
                  griegos, para lo qual ella vistió sus armas muy notables e asimesmo fizo armar
                  bien sus donzellas e se fue con ellas cavalgando en sus cavallos contra las
                  puertas de la cibdad, e sallieron e pelearon contra los griegos
                  maravillosamente.</p>

               <p>En especial recuentan los istoriadores que la dicha reina fizo cosas maravillosas
                  por sus manos, ca jamás non dava golpe de espada que non matase o llagase
                  mortalmente a aquel a quien dava. E porque las istorias recuentan por menudo <pb
                     n="126v"/> los grandes fechos e cavallerías e maravillosas fazañas de la dicha
                  reina, remitímonos a ellas por non fazer luenga escriptura, pero dezimos en
                  conclusión que ella se ovo en el fecho de las armas tan esforçada e virtuosa e
                  varoniblemente que non solo es de igualar a grandes e esforçados cavalleros, mas
                  aun que pasó a algunos d’ellos.</p>

               <p>Por donde paresce que en toda generación de virtud las mugeres florescieron así
                  como los onbres, e que non les es cerrada la entrada a las virtudes segund que
                  algunos voluntariosamente han querido dezir, pues por la esperiencia que es
                  maestra de las cosas se ha mostrado e muestra lo por nos suso dicho ser así.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_37_ceres">
               <head>Ceres, fija de Saturnio</head>
               <p>Como yo en mí pensase fasta dónde se estendería mi fablar, ocurriome la antigua
                     <persName>Ceres</persName> fija de <persName>Saturno</persName> e muger de
                     <persName>Sicanio</persName> rey de <placeName>Secilia</placeName>. Aquesta,
                  segund escrive <persName>Teodoricio</persName>, fue de tan claro ingenio e
                  sabidoría singular que como viesen que andavan los onbres por las ínsolas a manera
                  de bestias, los quales se mantenían de manjares bestiales e que cerca d’ellos non
                  avía razón de cosa que pertenesciese a la honra de Dios nin al tractar virtuoso de
                  los onbres, pensó cómo se podría labrar la tierra e falló por su discrición los
                  instrumentos con que se podía labrar la tierra. E esta fue la primera que juntó
                  los bueyes para arar, e mostró senbrar en los surcos que el arado fazía. E dende
                  los onbres movidos con la buena razón de aquesta escomençaron <pb n="127r"/> a
                  partir los canpos entre sí e juntarse a bevir en uno a manera de onbres.</p>

               <p>Por tanto escrive <persName>Virgilio</persName> en sus <title>Bocólicas</title>:
                        <quote>"<persName>Ceres</persName> fue la primera que puso surco a la tierra
                     con el arado, ésta fue la primera que dio las mieses e los manjares blandos a
                     las tierras, ésta fue la primera que dio las leyes, todo aquesto fue donadío de
                        <persName>Ceres</persName>".</quote></p>


               <p>¡O reina muy clara digna de ser honrada por grandes tienpos!, ca puesto que fue de
                  ingenio maravilloso porque fue la primera que mostró a los de
                     <placeName>Secilia</placeName> labrar la tierra, mas non ay ninguno que dubde
                  que fuese más maravilloso su saber e fablar, por quanto sienpre es de creer que
                  esto non podiera ser sin saber de Dios e sin grand polido e maravilloso fablar,
                  juntar los onbres que andavan derramados por los canpos e metidos en las cuevas
                  para que fiziesen vida provechosa e onesta e dexasen la manera del bevir de las
                  bestias. E por ende, con grand razón los poetas en su dezir la loaron de muchos e
                  grandes loores, pues se puede igualar por la su sabidoría e virtudes a muy altos e
                  sabios varones.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_38_diana">
               <head>Diana, fija de Júpiter</head>
               <p>Después de la antigua <persName>Ceres</persName> reina de
                     <placeName>Secilia</placeName> quiero fablar de <persName>Diana</persName> fija
                  de <persName>Júpiter</persName> e de <placeName>Latona</placeName>. Aquesta
                  seyendo donzella muy fermosa tanto ovo el coraçón apartado de toda luxuria e
                  destenprança que los antiguos escrivieron d’ella aver sienpre resplandescido en
                  perpetua virginidad. Aquesta se apartó de la conpañía de los <pb n="127v"/> onbres
                  e fazía su vida en el canpo, e dávase a andar a caça. Por lo qual los antiguos la
                  pintaron con arco e carcax e la llamaron deesa de los montes.</p>

               <p>¿Qué cosa puede ser más fermosa, más excelente, más bienaventurada que guardar en
                  la vida tan maravillosa tenprança loable a toda edad, mayormente a la mocedad que
                  acostunbra ser luxuriosa e destenprada?, porque con esta guarda virginal alcançase
                  la vida de los dioses, mas la virginidad guardada de toda corrupción ha victoria
                  en la carne, e aviendo victoria sobrepuja a la naturaleza umana e así nos faze
                  iguales a los dioses inmortales. Non ay cosa ninguna ciertamente que más nos faga
                  iguales a los dioses, que quiere dezir a los ángeles, que bivir en la carne e non
                  carnalmente. ¡O vida bienaventurada conpuesta de todas virtudes!, la qual si bien
                  la quieres contenplar non fallesce en ella justicia nin fortaleza nin prudencia;
                  ca el que es tenprado conviene que sea fuerte, el que es fuerte conviene que sea
                  justo, el que es justo conviene que sea prudente, el que es prudente que sea
                  manso, el que es manso que sea apartado de toda turbación. Conviene, pues así es,
                  de dezir que aquesta virgen fue bienaventurada, la qual, quitada la cobdicia de la
                  carne, pujó con maravillosa castidad en aquello para que la natura la crio.</p>

               <p>De aquí adelante quiero escrivir de <persName>Minerba</persName>, pero non de
                  aquella que ha por sobrenonbre <persName>Tritonia</persName>. <pb n="128r"/></p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_39_minerva">
               <head>Minerva Belona fija del segundo Júpiter</head>
               <p><persName>Minerba</persName> non fue menos clara de ingenio que de grand coraçón,
                  la qual fue fija del segundo <persName>Júpiter</persName>, e dizen que ella fue
                  falladora de las batallas e de la orden d’ellas, segund escrive
                     <persName>Cícero</persName> en el tercero libro de la <title>Natura de los
                     dioses</title>, por tanto algunos la llaman <persName>Belona</persName>, que
                  quiere dezir batalladora, hermana del dios <persName>Mares</persName> que es
                  llamado por los gentiles dios de las batallas. E segund dize
                     <persName>Estacio</persName>, la sangrienta <persName>Belona</persName> rige
                  las armas e con larga mano esgrime la lança, dende dize que es armada de nobles
                  armas e tiene los ojos espantables e una larga lança en la mano e un escudo de
                  cristal. Aquesto fingieron los antiguos o por demostrar que aquesta avía seído la
                  primera que falló el batallar o por declarar las propiedades que conviene al
                  discreto onbre.</p>

               <p>E si acostunbramos de nos maravillar de los claros ingenios de los onbres sabios
                  por quanto fueron falladores de las nobles cosas, así como
                     <persName>Esculapio</persName>, el qual adoran los de Arcadia, que fue el
                  primero que falló el espejo, fue asimesmo el primero que mostró atar las llagas, e
                  por ende, non es sin razón que nos maravillemos del ingenio de aquesta muger e de
                  la grandeza de su coraçón, non es sin razón que la loemos con grandes loores e con
                  una singular bienquerencia. Honremos su memoria, la qual falló arte tan virtuosa e
                  engeniosa en el seno de la qual está e consiste el defendimiento e la execución de
                  la justicia.</p>

               <p>E si devidamente se faze <pb n="128v"/> non solamente reposará por ella el estado
                  pacífico e sereno de la bienaventurada paz, mas reposará la casa del inperio. Solo
                  por aquesta el pueblo romano sojuzgó todo el mundo, ca, ¿qué valiera la poquedad
                  de gente de los romanos contra la muchedunbre de los franceses?, ¿qué podiera usar
                  la pequeñez de cuerpos de los romanos contra la altura de los alemanes? E cierto
                  es que los españoles pujaran a los romanos non solo en número mas en fuerças,
                  otrosí nunca fueron iguales los romanos a los engaños e riquezas de los africanos,
                  non dubda ninguno que los romanos podieran ser vencidos por las artes e discreción
                  de los griegos, mas contra todo lo sobredicho aprovechó a los romanos la sabidoría
                  de la cavallería, en la qual fueron más puxantes que todas las otras gentes, ca su
                  pensar principal fue sienpre usar las armas, escoger el cavallero entendido e
                  conoscer primero por las batallas que entre sí en los canpos fazían todas las
                  cosas que podían venir en la hueste o en la guerra contra los enemigos.</p>

               <p>Por lo qual los que escrivieron las istorias dixieron que los romanos sienpre
                  acostunbraron poner las manos en la batalla con victorioso coraçón, la sabidoría
                  de la cavallería da ciertamente osadía de batallar. Ca non dubda ninguno fazer lo
                  que confia que aprendió bien. De aquí veemos que en todas las batallas están
                  prestos para vencer los pocos que son usados a las armas, <pb n="129r"/> e los
                  muchos que nunca las usaron son dispuestos a muerte.</p>

               <p>Mas porque tornemos a la razón donde dexamos, diziemos que dignamente fizieron los
                  grandes maestros que con todo estudio trabajaron poniendo aquesta señora en cuento
                  de las deesas, pues fue inventora e falladora de tan alta sabidoría e tan
                  provechosa quando d’ella usan las gentes, como e quando e donde e contra quien
                  deva ser usada e exercitada.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_40_nicostrata">
               <head>Nicóstrata, fija de Yonio</head>
               <p>Pensando tractar de las otras virtuosas mugeres ofreciósenos a escrevir de
                     <persName>Nicóstrata</persName>, fija de <persName>Yonio</persName> rey de los
                  de Arcadia, la qual, como fuese muy sabia en la letra griega, tanto fue biva de
                  juizio que ovo de alcançar a ser adevina. E tanto fue sabia famosa que a muchos
                  que le preguntavan las cosas de por venir les respondié en cantares e metros, e
                  por esto mudado el nonbre la llamaron <persName>Carmenta</persName>, que quiere
                  dezir cantadora. E como aquesta viniese en <placeName>Italia</placeName> con
                     <persName>Enadro</persName>, su fijo, aportó al puerto de
                     <placeName>Tribi</placeName>, e dize que moró en el monte
                     <placeName>Palatino</placeName> donde falló muchos onbres bestiales a los
                  quales mostró nuevas figuras de letras, e cómo se devían juntar e cómo se devían
                  de pronunciar, las quales letras fueron diez e seis e duran fasta oy con las otras
                  que fueron añadidas, de la qual cosa aquellos onbres fueron mucho maravillados e
                  creyeron que aquella más era deesa que non muger. E aun en vida la honraron de
                  honores divinales.</p>

               <p>De la qual faze testimonio <persName>sant Isidro</persName> en las sus
                     <title>Etimologías</title>
                  <pb n="129v"/>; después de la muerte de aquesta fizieron un tenplo a su nonbre
                  para perpetuidad de su memoria al fin del monte <placeName>Capitu</placeName>
                  lino, el qual <placeName>Roma</placeName> quiso que sienpre durase. E la puerta de
                  la cibdad que ende los cibdadanos fizieron la llamaron "la puerta carmental", por
                  lo qual se cree que por grandes tienpos honraron los antiguos aquesta de las
                  honras que ellos fazían a sus dioses.</p>

               <p>Ciertamente grande es la gloria de aquesta muger, pues leemos que por sus méritos
                  fue contada en número de los dioses de los gentiles, e aun en vida fue honrada de
                  divinos honores. Pues conviene dexar aquesta porque escrivamos alguna cosa
                  brevemente de <persName>Casandra</persName>.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_41_casandra">
               <head>Casandra</head>
               <p><persName>Casandra</persName>, especiosa e fermosa virgen, fue fija del rey
                     <persName>Príamo</persName> e de la reina <persName>Écuba</persName>. La qual
                  fue muy biva de ingenio, e tanto se trabajó en saber adevinar que los poetas
                  dixieron en sus fablas que era muy amada de <persName>Apolo</persName> que ellos
                  llamavan dios de las adevinanças, e por quanto non fue creída en lo que dixo a los
                  de <placeName>Troya</placeName>, es a saber, de la destruición que les avía de
                  venir por el robo de <persName>Elena</persName>, los antiguos fingieron que ella
                  avía burlado al dios <persName>Apolo</persName>, e porque non le podieran quitar
                  el don que le avía otorgado, que la maldixiera que ninguno non diese fe a lo que
                  dixiese.</p>

               <p>Diríamos ciertamente aquesta virgen nascida de sangre tan clara doctada de tan
                  bivo juizio aver seído bienaventurada si non viniera en tanta desaventura que
                  después de <pb n="130r"/> la destruición de <placeName>Troya</placeName> copiera
                  en parte del robo al rey <persName>Agamenón</persName>. ¡O singular doctrina de la
                  miseria umana, que demuestra que ninguno en aquesta vida non se deve dezir
                  bienaventurado!, porque fasta la muerte él puede venir en grandes e desastrados
                  trabajos de la fortuna. E por esto la iglesia de Dios non celebra las fiestas a
                  los santos el día que nacieron, mas el día que morieron, porque después de la
                  muerte ninguno non puede pecar, mas en tanto que dura la vida muchas cosas pueden
                  acaescer.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_42_artemisa">
               <head>Artemisa, reina de Caria</head>
               <p><persName>Artemisa</persName> reina de la gente caria puesto que fue excelente en
                  ser de grand coraçón, mas fue enxienplo muy precioso de santo amor e de
                  enteramente guardar su viduidad, la qual tanto amó a su marido llamado
                     <persName>Mascolo</persName> después de su muerte que non abastaría a lo dezir.
                  Ca como le fiziese las esequias con mucha honor pensó de le fazer segund la
                  antigua costunbre un mucho maravilloso e noble munimento que fuese conforme a su
                  amor; aquesta non se contentó de un maestro nin de maestro que fuese poco
                  entendido, ca fizo venir para edificar el munimento a <persName>Escopa e Briaxe e
                     Timoteo e Leocaro</persName>, los quales en su tienpo eran los más famosos
                  maestros que bivían, e mandoles que segund su grand juizio fiziesen un sepulcro de
                  mármoles porque la memoria de su amado marido non se perdiese en algund tienpo, el
                  qual sepulcro fue una de las cosas más maravillosas que ovo en el mundo.</p>

               <p>Asimesmo mandó <pb n="130v"/> llamar carpenteros muy famosos, e cerca de
                     <placeName>Alicarnazo</placeName>, noble cibdad del reino de
                     <placeName>Caria</placeName>, por mandado de la reina fizieron una figura
                  quadrada, e el bulto que mirava a la parte del mediodía era de sesenta e tres pies
                  e todos los otros más pequeños, e en alto tenía ciento e quarenta pies e estava
                  cercado de toda parte de treinta e seis colupnas de mármol; e el bulto que mirava
                  a la parte setentrional figurolo <persName>Escopa</persName>, e el bulto que
                  mirava a la parte del mediodía figurolo <persName>Briaxe</persName>, e el bulto
                  que mirava a la parte ocidental figurolo <persName>Leocaro</persName>, e el bulto
                  que mirava a la parte de oriente figurolo <persName>Timoteo</persName>. Los quales
                  maestros gastaron todo su juizio en cavar las imagenes e conponer las istorias
                  cobdiciando cada uno d’ellos pujar en su obra al otro que parescía a los que
                  miravan que de mármol avían fecho bultos de onbres bivos. E non solo por estonces,
                  mas ante después muchos días quedó aquella obra por gloria, e non plogo a los
                  dioses que <persName>Artemisia</persName> viese en su vida acabada tan maravillosa
                  obra. Mas por la tenprana muerte suya non quisieron los maestros cesar de obrar,
                  antes creyendo cada uno de alcançar por aquella obra fama de su ingenio posieron
                  fin a la obra.</p>

               <p>E así de aquí tomen enxenplo las dueñas con quánta diligencia deven fazer las
                  exequias e honras de sus maridos después de la muerte d’ellos, mostrando el grande
                  e casto linpio amor que en sus vidas les ovieron. Mas, ¿qué fablaremos más de
                  aqueste noble <pb n="131r"/> monimento? Aquesta amó tanto a su marido que le deseó
                  fazer aquel sepulcro en que paresciese que estava bivo e espirava, e en aquel
                  lugar trabajó de guardar los huesos de su marido con ungüentes creyendo que ende
                  se guardava su amor, segund escrive <persName>Valerio</persName> en el libro
                  quarto.</p>

               <p>¡O muy clara fenbra digna de ser loada, non solo de umanos loores mas de otros
                  mayores!, la qual non solo resplandeció en el grand amor de su marido, mas en
                  grand coraçón e en ciencia de cavallería. De la qual se lee que muchas vezes,
                  dexado el ábito de duelo que tenía por su marido, se armava por librar su tierra
                  de peligro e por guardar la fe de la amistança, ca como oviesen desplazer los de
                  Rodas que ella poseyese el regno de <placeName>Caria</placeName> pensaron de la
                  venir conbatir con grand flota e echarse sobre una cibdad llamada
                     <placeName>Alicarnazo</placeName> que es cerca de la mar, lugar de sí mesmo
                  fuerte, ca tiene dos puertos: el uno menor que entra por un angosto espacio a la
                  cibdad, e está ascondido por tal manera que se puedan poner ende los que quisieren
                  e que ninguno non los vea, e está otro puerto cerca de las torres de la cibdad
                  donde entra un grand braço de mar, en el qual, como sopiese
                     <persName>Artemisia</persName> que los de Rodas avían de venir, mandó a los
                  suyos que se armasen, e escogió de los marineros aquellos que entendió que eran
                  pertenescientes para fazer una grand fazaña. E mandó a los cibdadanos que como
                  viesen venir a los de Rodas, que les fiziesen señal desde los muros e les posiesen
                  esperança que tomarían la <pb n="131v"/> cibdad si podiesen, e con aquesta
                  esperança los levasen fasta en medio de la cibdad. Después que aquesto ovo
                  ordenado fizo que pasase el mar del puerto menor al puerto mayor non sabiéndolo
                  ninguno de los de Rodas. E como los viesen venir e los llamasen los cibdadanos
                  para que viniesen a tomar la cibdad, ellos dexaron las naos así como si ovieran
                  avido victoria, e sin pereza aquexávase de entrar a la plaça de la cibdad. E así
                  ella ocupó la flota de los de Rodas que avía quedado vazía de marineros. Dende
                  fecho clamor contra los de Rodas, los cibdadanos de la cibdad vinieron contra
                  ellos, e como non toviesen lugar de fuir fueron todos muertos de los de la cibdad
                  de <placeName>Alicarnazo</placeName>.</p>

               <p>E así la reina vitoriosa, tomada la flota de los de Rodas, fuese para
                     <placeName>Rodas</placeName>, e mirando los de Rodas desde las atalayas cómo la
                  flota venía cubierta de laureles, creyendo que los suyos ivan con victoria
                  abrieron el puerto e las puertas de la cibdad e rescibieron al enemigo en lugar
                  del cibdadano. E así <persName>Artemisia</persName> se apoderó de la cibdad de
                  aquellos e fizo fazer en meitad de la cibdad dos estatuas: una que toviese figura
                  de vencedora, otra que toviese figura de cómo aquella cibdad avía seído vencida,
                  en las quales fizo cavar letras en que se contenía cómo aquel fecho avía pasado, e
                  dende bolviose en su regno.</p>

               <p>Después como viniese <persName>Xierces</persName>, poderoso rey de los perssas,
                  contra los de <placeName>Lacemonia</placeName> con grandes conpañas de gentes por
                  tierra e por <pb n="132r"/> mar, non solamente para sojuzgar a
                     <placeName>Grecia</placeName> mas para destruilla del todo,
                     <persName>Artemisia</persName> armó su flota contra
                     <placeName>Xierces</placeName>. E como fuesen vencidos los de
                     <placeName>Xierces</placeName> que venían por tierra, como se juntase la flota
                  real e la de los <placeName>Atenas</placeName> a conbatirse, en la qual era duque
                     <persName>Temístodes</persName>, e creyéndose ya ser seguro
                     <persName>Xierces</persName>, sobrevino la reina buelta con sus cavalleros e
                  travó cruel guerra con él en tanto que paresciese a <persName>Xierces</persName>
                  que ella avía mudado su naturaleza. E ciertamente si <persName>Xierces</persName>
                  fuera de tan grand coraçón como aquesta non fuyera tan aína su flota como
                  fuyó.</p>

               <p>Algunos quieren que aquesta non la llamaron <persName>Artemisia</persName> mas
                     <persName>Artemidora</persName>, e estos han prueva de la diversidad de los
                  tienpos, mas, qualquier que ella fuese, bien paresce que fue fenbra digna de loor,
                  tanto que yo non dubdo poco si ella fuese digna de tanta gloria como
                     <persName>Julio</persName>, el qual después que fue fecho cónsul peleó contra
                  la flota de los africanos e fue el primero que ovo victoria d’ellos en la batalla
                  del mar.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_43_yfisuratea">
               <head>Ifisuratra, muger del rey Mitrídato</head>
               <p>Después de <persName>Artemisia</persName> reina de la gente caria conviene contar
                  los dignos loores de <persName>Ifisuratra</persName>, la qual, puesto que non se
                  sepa cúya fija aya seído, mas cierto es que fue muger del rey
                     <persName>Mitrídato</persName>, e tanto amó al marido que deseó su graciosa
                  fermosura mudar en ábito de onbre, ca cortó sus cabellos que parescían oro e dexó
                  las vestiduras reales de muger e tomó armas e cavallo porque más ligeramente
                  podiese soportar <pb n="132v"/> los continuos trabajos de la guerra, la qual fazía
                     <persName>Mitridato</persName> contra los romanos puesto que aquel toviese
                  segund la costunbre de su gente otras muchas mugeres.</p>

               <p>E escrívese que después que él fue vencido por <persName>Gayo Ponpeyo</persName>
                  fue ella fuyendo con su marido sin cansar el cuerpo e el coraçón entre muchas e
                  ásperas gentes, la fe de la qual fue grand consolación e alegre reposo de los
                  trabajos ásperos de <persName>Mitrídato</persName>. Ca él se tenía por cierto que
                  con toda su casa estava, pues iva con él en destierro su muger, segund cuenta
                  Valerio en el quarto libro.</p>

               <p>¡O claro amor de muger, que non pudo ser desechado por trabajo áspero de la
                  fortuna! E quiso aver parte con su marido de los grandes trabajos que le vinieron,
                  porque seyendo parcionera de aquellos fuesen a su marido más ligeros. ¡O
                  maravillosa fortaleza, que desechados todos los deleites quiso sofrir los trabajos
                  e peligros!, andando por los montes e por las sierras e por los valles,
                  padesciendo grandes fríos e calores, la desnuda tierra e las cuevas de las bestias
                  fieras le eran en lugar de tálamo. ¿Para qué alargaré más en fablar d’ella?, pues
                  que muchas vezes vio feridas e muertes e aun miró sin temor la su sangre que era
                  derramada en tierra. Segund lo qual yo non sé por quál razón más me maraville del
                  noble espíritu de <persName>Alixandre</persName>, el qual osó reqüestar todo el
                  mundo con conpaña de cavalleros, mas que de aquesta reina noble la qual batallando
                  con muy osado pecho osó a tentar todas las cosas que <pb n="133r"/> en las guerras
                  acostunbran acaescer.</p>

               <p>Después de <persName>Ifisuratra</persName>, muger de
                     <persName>Mitrídato</persName> rey de los lacedemonios, singular enxienplo de
                  la fe de las mugeres casadas, ocúrreme de juntar a esta una cosa de muchos e
                  grandes loores de su tierra, e aunque por la grand dignidad suya non pueda yo
                  contar conplida nin polidamente sus loores, mas por la mejor manera que podré yo
                  las contaré porque non parezca dexarlo por pereza: escriven los antiguos que los
                  mimas, los quales ovieron nascimiento de la noble conpaña de
                     <persName>Jasón</persName> en la ínsola de <placeName>Lepnos</placeName> donde
                  por algunos tienpos estovieron echados de su tierra por los griegos, subiéronse a
                  los altos montes de los tajetas, a los quales la cibdad de los espartonos rescibió
                  beninamente por contenplación de <persName>Tíndaro</persName> que iva en aquel
                  noble navío, el qual resplandeció igualmente con las estrellas de los hermanos.
                  Mas aquestos el singular beneficio bolvieron en injuria e quisieron ocupar el
                  regimiento de la cibdad que les fizo tanto bien, por lo qual los posieron en la
                  cárcel pública e condepnáronlos a pena de muerte. E como segund la costunbre
                  antigua de los lacedemonios la noche antes que algunos oviesen de padescer
                  consentían a las mugeres de linage que entrasen en la cárcel a fablar a sus
                  maridos, e aquestas, avida licencia de los carceleros, entraron en la cárcel, e
                  los maridos tomaron la vestidura de las mugeres, e como que traían cubiertas las
                  cabeças con el dolor se fueron de la cárcel, segund <pb n="133v"/> dize
                     <persName>Valerio</persName> en el quarto libro. En lo qual estas nobles dueñas
                  mostraron el grand amor que a sus maridos avían queriéndose poner e poniéndose a
                  muerte por ellos. A lo qual non es nescesario de otra cosa añader, puesto que se
                  puedan dezir muchas cosas, por agora abasta que se diga desto: que aquestas con
                  grand amor fueron de grand coraçón e sabidoría singular que son dignas e
                  merescedoras de grandes loores.</p>

               <p>Agora fablaremos de la castidad noble de una dueña.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_44_sirantes">
               <head>La muger de Sirantes</head>
               <p>Non dexaré de escrevir la noble castidad de una clara señora, ca esta, como
                     <persName>Sirantes</persName> su marido se matase con un cuchillo, porque non
                  fiziesen escarnio d’ella los de <placeName>Persia</placeName> que eran vencedores,
                  la amistança de los quales ella avía menospreciado por la confederación que tenía
                  de los egipcianos, con fuerte pecho se fizo soterrar debaxo del pecho de su
                  marido, porque non fuese corronpida de otro después de su marido.</p>

               <p>¡O noble fenbra!, la alteza del coraçón de la qual con linpieza de voluntad non
                  con pequeña maravilla la puedo contenplar, que quiso morir mas sin corronper su
                  castidad que non bevir después del su marido porque en alguna manera non podiese
                  ser corronpida su castidad. Non sé por quál razón yo non igualaré aquesta en su
                  castidad a <persName>Pluvio Medio</persName> o en fortaleza a
                     <persName>Decio</persName>, el uno de los quales mató a un liberto suyo mucho
                  amado por quanto besó a su fija que era ya en <pb n="134r"/> edad de casar, e el
                  otro que fizo voto de meterse en medio de los enemigos por bien de la cosa pública
                  mostrando su grand fortaleza.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_45_pantia">
               <head>Pantia, muger de Abaradorón</head>
               <p>E faré asimesmo memoria de <persName>Pantia</persName>, la qual, muerto
                     <persName>Avaradón</persName> su marido al qual mucho amava, se asentó cerca
                  del cuerpo de su marido que estava ferido de muchas llagas. E abrió su pecho e
                  derramó su sangre en las llagas del marido.</p>

               <p>¡O piadoso amor de muger!, que dio de sí tamaña señal que non menos amó al marido
                  en la muerte que en la vida, e non solo non quiso bevir después de su marido, mas
                  quiso morir por aquella manera que morió el marido, las llagas del qual lavó
                  piadosamente con su sangre.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_46_dario">
               <head>La fija de Darío</head>
               <p>Por quanto me agrada fazer memoria de las claras señoras, plázeme de juntar a
                  estas a la fija del rey <persName>Darío</persName>, la qual pujó en tanta castidad
                  e de tanto amor amó a su marido que porque una su aya le rogava que después de
                  muerte del primero marido quisiese casar, la mató.</p>

               <p>¿Qué otra cosa diré, sinon que aquesta que así mató a su aya por le dezir que
                  casase segunda vez, e quiso quedar en el mundo? Non fue ál sinon que fue muy
                  entera en su voluntad, e quiso guardar la memoria del marido fasta la muerte.</p>

               <p>A aqueste casto e linpio pecho juntaré otra dueña llamada
                     <persName>Lacedemonia</persName> digna non de menor loor que la de suso
                  escripta: aquesta <pb n="134v"/> tanto amó a su marido
                     <persName>Protezelao</persName> que como oyó su muerte aborreció su vida por
                  manera que non quiso más bevir; por lo qual yo creo que <persName>Gayo
                     Planto</persName> non se mató con más fuerte diestra por la muerte de su muger
                  o que a ella non amó con mayor amor.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_47_mocon">
               <head>La virgen de Mocón príncipe de los aripagitas</head>
               <p>Faré memoria de una virgen fija de <persName>Mocón</persName>, príncipe de los
                  ariopagitas, la qual como oyó la muerte de su esposo <persName>Lecista</persName>,
                  el qual avía movido la guerra de los lamiacos, matose con un cuchillo diziendo que
                  aunque su esposo non la oviese tocado mas que si con otro se casase que parescería
                  que tomava segundo marido, por quanto con el primero ya avía bivido siquiera por
                  voluntad.</p>

               <p>¡O virtuosa virgen!, el coraçón de la qual fue de tanta linpieza e de tanta
                  fortaleza que bien paresce que era regla e enxenplo de castidad e fortaleza. De la
                  castidad de aquesta virgen e fortaleza de coraçón paresce que quisieron aver
                  enbidia las fijas de <persName>Sinodis</persName>, las quales como las troxiesen
                  en casamiento treinta tiranos de <placeName>Atenas</placeName> después que ovieron
                  degollado a su padre, e las fiziesen desnudar segund costunbre de los sacacos e
                  jugar en un palacio sobre la sangre del padre con desonestos gestos, disimulando
                  su dolor salliéronse dende todas abraçadas unas con otras por guardar sin
                  corrupción alguna su tesoro de virginidad.</p>

               <p>¡O vírgines dignas de grandes loores!, que quisieron <pb n="135r"/> más morir que
                  perder su flor de virginidad, la qual non se puede reparar después de perdida,
                  caso que Dios todas las cosas pueda.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_48_lacedemonias">
               <head>De las cinqüenta vírgines de los de Laçademonia</head>
               <p>Semejante voluntad de guardar virginidad acordé de escrivir, e fue así que los de
                     <placeName>Lacedemonia</placeName> e los mesenos eran tanto amigos que unos a
                  otros se enbiavan sagradas vírgines. Acaesció que los mesenos quisieron corronper
                  cinqüenta vírgines de las de <placeName>Lacedemonia</placeName>, e por aquesto
                  ninguna d’ellas non perdió su flor de virginidad, ca non consintieron ser
                  corronpidas, antes por guardar su virginidad todas se dexaron morir. Por lo qual
                  duró grand tienpo la guerra entre ellos e fue destruida la cibdad menestina.</p>

               <p>E si nos maravillamos que la natura posiese tan fuerte e casto espíritu en el
                  pecho de <persName>Catón</persName>, non menos nos maravillaremos aver firmado los
                  tiernos pechos de aquestas vírgines en aquellas virtudes, e como
                     <persName>Catón</persName> non quiso bevir después que perdió la libertad, así
                  aquestas acordaron de morir más que bevir porque su virginidad non fuese
                  perdida.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_49_antioquia">
               <head>De la virgen de Antioca</head>
               <p>Por quanto avemos escripto de suso de algunas sagradas vírgines, razonable cosa es
                  de contar los loores de una virgen, el nonbre de la qual non se nos acuerda aver
                  leído, aunque, segund escrive <persName>sant Anbrosio</persName> en el segundo
                  libro que fizo de la virginidad, se cree aver seído natural <pb n="135v"/> de
                     <placeName>Antioca</placeName>.</p>

               <p>Aquesta, como fuese muy fermosa e de entera edad, fuese cobdiciosa de muchos, fue
                  traída al burdel e amenazada que non partiese dende so pena que la matasen. E como
                  entrase en aquel feo lugar regó sus ojos de lágrimas, e faziendo su oración
                  dixo:</p>

               <p><q who="#virgen_de_Antioca">-¡O Señor! ¡Tú que diste maravillosa fortaleza a la
                     virgen, e domas las bestias fieras e los leones, e puedes domar las fieras
                     voluntades de los onbres! ¡Tú que vees conbatir el tenplo sagrado a tu nonbre!
                     Ruégote que non consientas que me sea fecha fuerça alguna.</q></p>


               <p>Aun ella non avía acabado de fazer aquestas plegarias entró un cavallero a ella,
                  el qual, como sintiese que ella avía temor, díxole:</p>

               <p><q who="#cavallero">-Non temas, ca non vengo a ti así como fornicador, mas por
                     salud de tu ánima soy venido: si quisieres, yo saldré mártir de aquí. Mudemos
                     las vestiduras, e tu vestidura fará a mí verdadero cavallero e la mía fará a ti
                     verdadera virgen. Toma mi manto, con el qual cubre tu cabeça e cabellos porque
                     non seas conoscida, ca acostunbran los que entran en el burdel aver verguença
                     quando salen.</q></p>


               <p>E mudadas las vestiduras la virgen escapó del lazo en que estava, e como uno
                  entrase a ella pensando que fallaría la virgen fallase el cavallero, dizen que dio
                  bozes diziendo como la moça se era dende ida. Por lo qual el cavallero fue
                  condepnado por la virgen, lo qual, como ella oyese, vino muy apriesa al logar
                  donde al otro avían de matar, e con alto coraçón e grande, contendía <pb n="136r"
                  /> con el cavallero por el martirio, e como aquel dixiese "la sentencia que a mí
                  condepna a ti asuelve", dizen que respondió ella:</p>


               <p><q who="#virgen_de_antioca">-Yo non escogí fuir la muerte, mas solamente deseé
                     guardar el tesoro de mi virginidad; si la sangre demandan, non quiero fiador
                     ninguno, que bien tengo de que pague la sentencia dada por mí contra ti. Non
                     condepnan a ti sinon a mí a pena de muerte: el fiador es libre quando el debdor
                     tiene de qué pagar. O yo levaré sobre mí tu sangre, o, lo que es razón, yo non
                     te otorgue a ti el mérito de mi martirio mas mi vestidura.</q></p>


               <p>E así peleando uno con otro alcançaron victoria.</p>

               <p>¿Qué diré de <persName>Sócrates</persName> o de <persName>Teramines</persName>,
                  varones virtuosos e salvos?, ¿qué diré de <persName>Marco Régulo</persName>, el
                  qual fue enbiado a <placeName>Roma</placeName> para trocar los cativos e más quiso
                  bolverse a los enemigos que quebrantar la fe?, quando aquesta virgen contendía tan
                  gloriosamente con el cavallero por la muerte e deseava el martirio con tan
                  esforçado pecho que ya non parescía ser martirio mas victoria.</p>

               <p>A aquestas vírgenes se puede juntar dos otras vírgenes, a las quales non se sabe
                  nonbre. La una de aquellas así como se escrive en un libro que se llama <title>De
                     Paradiso</title>, como su señor la firiese gravemente porque non le quería dar
                  su cuerpo, dizen que respondió que ante se dexaría echar en pez ferviente que su
                  virginidad fuese corronpida. La otra virgen, segund se lee en aquel libro, estovo
                  encerrada en un sepulcro diez años fasta que acabase su vida por guardar su <pb
                     n="136v"/> virginidad.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_50_bursa">
               <head>Bursa</head>
               <p>Fue una moça llamada por nonbre <persName>Bursa</persName> poderosa en riquezas,
                  la qual usó de grand magnificencia contra los romanos en aquel triste tienpo que
                     <persName>Varro</persName> peleó con los de <placeName>Cartagena</placeName>
                  acerca de <placeName>Canas</placeName>. E tanta fue su magnificencia e alteza de
                  coraçón que a los que quedaron de aquella triste batalla, los quales fueron cerca
                  de diez mill fatigados pobres despojados sin armas llagados de muchas llagas,
                  acorrió con trigo, con vestiduras e con viandas. Por el qual beneficio, después de
                  acabada la batalla, el Senado le fizo muchas honras, segund escrive <persName>Titu
                     Livio</persName> en el segundo libro donde escrive de la segunda batalla de
                     <placeName>África</placeName>.</p>

               <p>¡O clara largueza!, la qual dignamente non se puede contar con loores algunos, ca
                  non solo fizo bien a <placeName>Roma</placeName> en su prosperidad, mas en tienpo
                  de su adversidad; ya sea que non fue de menor gloria de largueza de que
                     <persName>Hermonio</persName>, rey de los de <placeName>Caragoça</placeName>,
                  usó con los romanos, el qual como oyó la desaventura que los romanos ovieron cerca
                  de la laguna <placeName>Transimena</placeName>, les enbió trezientos mill moyos de
                  trigo, e dozientos de cevada e dozientos marcos de oro.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_51_filipo">
               <head>De la mujer griega e de lo que ovo con el rey Filipo</head>
               <p>Después de tan resplandesciente largueza es de notar la libertad de una muger
                  griega que seyendo condepnada sin merescer por el rey <persName>Felipo</persName>
                  estando bebdo, dixo apelaría <pb n="137r"/> para <persName>Felipo</persName> mas
                  estando sin vino. Con estas palabras tan libremente dichas sacó la beudez del que
                  estava bostezando e ella diligentemente acatada forçó al que estava bebdo a dar
                  más justa sentencia, segund <persName>Valerio</persName> en el su libro sesto muy
                  notablemente recuenta.</p>

               <p>En verdad mucho es de loar semejante libertad de coraçón si saludablemente se
                  contenplare, la qual muchas vezes es visto alcançar la justicia que la inocencia
                  ganar non puede.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_52_siracusa">
               <head>De la vieja de Çaragoça de Secilia que rogava a los dioses por Dionisio
                  tirano</head>
               <p>De poner es después desta aquella non solamente fuerte mas de cortés libertad, es
                  a saber: una vieja de postrimera edad que pidiendo con deseo todas las de
                     <placeName>Caragoça</placeName> la muerte de <persName>Dionisio</persName>
                  tirano por su grand crueldad de costunbres e cargas non soportables, ella sola
                  cada día al tienpo de los maitines rogava a los dioses inmortales que guardasen a
                     <persName>Dionisio</persName> sano e salvo e bivo; lo qual como él sopo,
                  maravillándose de la bienquerencia a él non devida, mandola llamar, e ella llamada
                  viniendo, <persName>Dionisio</persName> le dixo:</p>


               <p><q who="#dionisio">-¿Qué es esto o por quál merescimiento mío fazes esto?</q></p>


               <p>Entonces ella dixo:</p>


               <p><q who="#vieja_de_çaragoça">-Cierta es la razón de mi deseo, ca seyendo moça
                     teníamos un grave tirano, cobdiciava ser sin él, el qual muerto, otro algund
                     tanto peor ocupó la cibdad e tenía por mucho si se fenesciese su señorío. E
                     agora començamos a tener a ti por tercero regidor más cruel que los de antes;
                     así que <pb n="137v"/> temiendo que si tú morieres subceda otro peor en tu
                     logar, ofrezco mi cabeça por tu salud.</q></p>



               <p>¡Mira agora quand seguro es de sí el libre coraçón, que nin aun al acatamiento del
                  tirano non ovo temor para que sin miedo le non mostrase lo que traía en la
                  voluntad! E puesto que tanta era su crueldad e sospecha que dexando de recontar
                  todas las otras cosas calladas, como él un día quisiese jugar a la pelota, lo qual
                  él estudiosamente usava fazer, poniendo la ropa diese su cuchillo a un moço que
                  amava e un su criado le dixiese burlando: <q who="#criado">"¿A este encomiendas tu
                     vida?"</q>, porque el moço se rio mandó matar a amos a dos. E aunque él era tan
                  malo, con todo esto él ovo verguença de tomar pena de tan fuerte e cortés osadía
                  como esta muger fizo en le dezir estas cosas.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_53_yulide">
               <head>De la vieja de Yúlide que se mató ante Ponpeo con la ponçoña</head>
               <p>Queriendo escrivir de la maravillosa firmeza e grandeza de coraçón de algunas
                  mugeres que fuertemente sofrieron muerte o suya o de aquellos que tenían por
                  amados, determiné de dar escriptura en lo primero a aquella muy fuerte firmeza de
                  coraçón con que una fenbra griega de muy grand dignidad pero de postrimera vejez
                  acometió a la muerte. Ca ésta, aviendo dado razón a los cibdadanos segund era
                  costunbre por que devía partirse de la vida, determinava de matarse con ponçoña, e
                  entendió que su muerte sería fecha más clara con la presencia de <pb n="138r"/>
                  <persName>Ponpeo</persName>, el qual, como en aquel tienpo viniese a
                     <placeName>Asia</placeName>, entró en la fortaleza de
                     <placeName>Yúlide</placeName>. E ella enbió a él sus mensageros, cuyos ruegos
                  aquel varón muy apuesto así de loores de piadad como de todas otras virtudes non
                  sufrió de los menospreciar. E vino a ella e con muy buena palabra que de su boca
                  como de una fuente de leche de fablar apuestamente manava, non curando mucho nin
                  poco de la desviar del consejo començado, finalmente la dexó executar su
                  propósito.</p>

               <p>Ella aviendo pasado de los noventa años con grand linpieza de coraçón e cuerpo
                  estando echada en cama, mas honradamente aderesçada que non era su cotidiana
                  costunbre quanto d’ella se podía conoscer, echada sobre el codo dixo:</p>


               <p><q who="#vieja_de_yulide">-A ti <persName>Sesto Ponpeo</persName>, los dioses que
                     dexo te fagan gracias más que los que espero, porque non curaste de ser
                     amonestador de mi vida nin desechaste de mirar mi muerte.</q></p>


               <p>E ella sienpre mostrando ledo gesto a la fortuna dixo:</p>


               <p><q who="#vieja_de_yulide">-Porque non sea forçada de mirar con triste deseo la
                     luz, dexo lo que queda de mi espíritu por mi bienandante sallida dos fijas e
                     una manada de nietos.</q></p>


               <p>E dende amonestándolos a concordia e repartido a los suyos su patrimonio e su
                  arreo e sus santos de casa dexados a la fija mayor, tomó sin miedo el bebraje
                  mezclado con ponçoña. Entonces, enbiando sacrificios a
                     <persName>Mercurio</persName> e llamado su nonbre para que por plazible camino
                  la llevase a la mejor parte de la silla infernal, con cobdicioso trago tomó el
                  bebrage mortal, e mostrando <pb n="138v"/> por su palabra por quáles partes del
                  cuerpo le iva el rigor de la ponçoña, como dixiese que ya la ponçoña le llegava a
                  las entrañas e al coraçón, llamó las manos de sus fijas al postrimero oficio del
                  cerrar de los ojos. E a los romanos puesto que estavan pasmados de cosa a ellos
                  tan nuevamente vista, pero dexolos derramados de lágrimas, segund
                     <persName>Valerio</persName> que a esta vista fue presente asaz polidamente da
                  testimonio en el segundo libro.</p>

               <p>E agora si la noble muerte desta muger bien contenplares con coraçón, e dende
                  posieres ante tus ojos las muertes de los muy fuertes varones, por ventura
                  fallarás que ninguno non pasó desta vida tan costante nin tan bienaventuradamente.
                  La dulçura de la qual vida, puesto que fuerça quasi a todos a fazer e sofrir
                  feamente muchas cosas, enpero non pudo a esta detener en la luz. E comoquier que
                  segund nuestra santa fe esto non sea bien fecho nin meritorio, antes sea avido por
                  cosa muy dañada, pero negar non se puede segund los gentiles esta dueña con grand
                  firmeza de alto coraçón aver osado rescibir su muerte, la qual si oviera noticia
                  de la santa fe nuestra es de creer que muy plaziblemente se dexara morir por amor
                  e devoción d’ella.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_54_indias">
               <head>De las mugeres de los indianos. Cómo algunas d’ellas se lançavan en los fuegos
                  en que quemavan los cuerpos de los maridos muertos</head>
               <p>Porque non entendamos ser dignos sinon solos los varones en esta manera de loor,
                  pienso de poner tras este acatamiento <pb n="139r"/> de fortaleza otro que nin
                  pensar nin encomendar a escriptura non puedo sin mucho me maravillar.</p>

               <p>Cierto es que las mugeres de los indios como segund la costunbre de la tierra
                  suelen ser casadas muchas mugeres con uno, muerto el marido vienen a juizio e
                  contienden a quál d’ellas ovo amado más ardientemente, a fin que la que vencía
                  alegrándose con gozo e sus parientes levando alegre gesto se ponía en los fuegos
                  de su marido, e con él como muy bienandante era quemada, e las que eran vencidas,
                  porque a ellas non avía acaescido tal gloria, con lloro quedavan en la vida,
                  segund da testimonio <persName>Cicerón</persName> en el libro quinto que es
                  escripto de las <title>Questiones tusculanas</title>.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_55_asdrubal">
               <head type="title_bio">De la muger de Asdrúbal</head>
               <p>Añadiré a los suso dichos el enxenplo de la muger de
                  <persName>Asdrúbal</persName>, porque la excelente fortaleza de las mugeres más
                  claramente parezca. La qual, tomada la cibdad de <placeName>Cartago</placeName> de
                  los romanos, denostando la crueldad del marido porque non podía ganar de
                     <persName>Cipión</persName> vida sinon para sí solo, llevando con sus manos al
                  fuego los fijos comunes que non rehusavan la muerte, lançose en las llamas de su
                  tierra que ardía, segund muy noblemente lo escrive <persName>Valerio</persName> en
                  el libro tercero.</p>

               <p>¡O virtud, don agradable de los dioses inmortales!, la qual es de tanta libertad
                  que non puede ser cativada, e ha por cosa más triste que todos los fados ser
                  derrocada por la fortuna, e por tanto <pb n="139v"/> busca nuevas e fermosas
                  maneras de muerte, porque biva libremente e dé a los onbres grand enseñança quanto
                  mayor deve ser para ellos la dignidad sin vida que la vida sin dignidad.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_56_Armiona">
               <head>De las dos moças Armiona e otra</head>
               <p>Agora otrosí proseguiré maravillándome non poco del espíritu non vencible de dos
                  moças. Como por la contienda pestilencial de los çaragoçanos todo el linage del
                  rey <persName>Nerón</persName> gastado por muy manifiestas muertes fuese traído a
                  una sola fija virgen llamada <persName>Armiona</persName>, e unos en pos de otros
                  viniesen los enemigos contra ella, su ama puso a los enemigables cuchillos otra
                  moça semejante d’ella aderesçada en aparato real, la qual porque nin aun quando
                  era despedaçada por fierro non dixo nin proclamó de qué condición era.</p>

               <p>Maravillándose <persName>Armiona</persName> del su coraçón, non quiso quedar
                  después de tanta fe e llamados los matadores, certificándoles quién ella era les
                  tornó en su muerte, segund <persName>Valerio</persName> en el segundo libro asaz
                  noblemente escrive. E así a la una la mentira que encubrió, a la otra la verdad
                  que fizo fue fin de la vida. ¡O Dios muy bueno!, ¡quánto vale la verdad para muy
                  fuertemente sofrir e aun para alcançar resplandor de loança eternal!</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_57_hipo">
               <head>De Hipo griega</head>
               <p>A este coraçón non vencido quatro enxienplos de fortaleza enxeriré, ca es cierto
                  que una fenbra griega que <pb n="140r"/> avía por nonbre <persName>Hipo</persName>
                  fuese tomada por la flota de los enemigos, se ovo lançado en la meitad de los
                  ondas de la mar porque con la muerte defendiese la castidad, cuyo cuerpo, seyendo
                  echado por las ondas de la mar en la ribera, la tierra que estava cercana al agua
                  lo cubre encomendándolo a sepoltura. E <placeName>Grecia</placeName> fizo a esta
                  más floresciente de cada día por la gloria de su santidad dada a eternal memoria
                  celebrándola con cantares muy altos de poetas.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_58_forgiagonte">
               <head>De la muger de Forgiagonte</head>
               <p>E por lo que fizo consideremos el segundo enxienplo de fortaleza: cómo
                     <persName>Gayo Mavilio</persName> en el monte <placeName>Olipo</placeName>
                  peleando en parte matase e en parte troxiese en servidunbre la hueste e gentes de
                  los galogriegos, la muger del rey <persName>Forgiagonte</persName> muy fermosa fue
                  forçada a sofrir corronpimiento de un cavallero a cuya guarda era dada.</p>

               <p>Después que vinieron donde por mandamiento del cónsul el cavallero avía mandado
                  por su mensagero, que enbió a los parientes de la muger traer el precio por que la
                  avían de rescatar, él pidiendo el oro e teniendo el coraçón e los ojos en el peso
                  d’él, ella mandó por lenguage de su gente a los galogriegos que lo matasen. E
                  dende llevando en las manos cortada la cabeça del muerto vino al marido e
                  echándogela ante sus pies contole la orden de su injuria e de su verguença. ¡O
                  fenbra muy digna de todo loor!, cuyo cuerpo, aunque fue visto venir en poder de
                  los enemigos, <pb n="140v"/> pero su coraçón non pudo ser vencido nin tomado por
                  luxuria.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_59_flamencas">
               <head>De las mugeres de los flamencos</head>
               <p>Agora conplidero es que pasemos al tercero: las mugeres de los flamencos rogaron a
                     <persName>Mario</persName> vencedor que fuesen enbiadas en don a las vírgines
                  vestales, afirmando que ellas así como las otras non avían de aver parte en
                  ayuntamientos de onbres. Mas antes que esto pidiesen, el su canpo cercado de
                  carros, segund que a algunos plaze, agramente pelearon, e esta cosa non la
                  podiendo ganar d’ellos, ellas se mataron la noche más cercana, segund
                     <persName>Valerio</persName> asaz noblemente da testimonio en el capítulo ya
                  allegado. Asaz begninamente se ovieron sienpre los dioses inmortales con el
                  inperio romano, ca si este coraçón dieran a los onbres en la pelea, por ventura
                  los vencidos ovieran triunfo e vencimiento de los vencedores.</p>

               <p>Agora me queda de contar algo brevemente de la maravillosa confiança de
                     <persName>Lucena</persName>.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_60_lucena">
               <head>De la dueña Lucena llamada</head>
               <p>Esta, aviendo enbiado su fijo a la pelea e oyendo que lo avían muerto, dixo: <q
                     who="#Lucena">"Por eso lo avía engendrado, porque oviese quien por la tierra
                     non dubdase caer en muerte"</q>, testigo <persName>Cicerón</persName> en el
                  primero de las <title>Quistiones tusculanas</title>. ¡O muy grand boz e digna de
                  clara muger!, que mostró la muerte deseada por la república non solamente ser
                  gloriosa, mas aun ser usada de parescer gloriosa. <pb n="141r"/></p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_61_hipermestra">
               <head>Ipermesta fija del rey Dánao</head>
               <p>Nuestra razón después de <persName>Lucena</persName> se torna a
                     <persName>Ipermestra</persName>, fija de <persName>Dánao</persName> rey de los
                  arginos e muger de <persName>Livo</persName>, non menos clara por piadad que por
                  nobleza de linage; la qual, como las otras hermanas por mandado del padre cada una
                  a su marido con vino e con viandas los oviesen ocupados e en grave sueño
                  sepultados les matasen con fierro, sola esta <persName>Ipermestra</persName> se
                  detovo de la muerte de su marido e le aconsejó que fuyese, por la qual fuida fue
                  libre de la muerte. E como a la mañana el cruel padre apluguiese a las otras por
                  la maldad cometida, a la sola <persName>Ipermestra</persName> denostada ató en
                  cadenas, e dizen que ovo llorado por algund tienpo la piadosa obra. E dende el
                  desvariado viejo, quier echado, quier fuido, quier llamado, ovo pasado en
                     <placeName>Grecia</placeName> e ocupado el reino de los arginos, quier por
                  maestría o por fuerça. E al fin, comoquier que fue fecho, lo mató uno llamado
                     <persName>Lino</persName>, acordándose de tanta crueldad, el qual lo sucedió en
                  el regno. E a <persName>Ipermestra</persName> sacada de la cárcel la ayuntó
                  asimesmo en casamiento, e fizola conpañera en el regno, la qual, non solamente
                  reina e sacerdotisa de <persName>Juno</persName> reluzió por doble resplandor, mas
                  aun dexó noble su nonbre por singular piadad digno de loor fasta en perpetuo. E
                  por ende, pasemos a <persName>Oriquia</persName>. <pb n="141v"/></p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_62_amazonas">
               <head>Herquia fija de Marpesia con su hermana Antíope reinas de las amazonas</head>
               <p>Es avido por actoridad de los antiguos que <persName>Oriquia</persName> fija de
                     <persName>Marpesia</persName>, en uno con <persName>Antío</persName> pe, la
                  qual algunos piensan ser su hermana, después de la muerte de la madre fue reina de
                  las amazonas e noble por perpetua virginidad. La qual tanto pudo por guerra e por
                  armas que ennobleció el reino de las amazonas de grandes honores, e tanto ensalçó
                  su nonbre por sabidoría de cavallería que se cree que <persName>Evaquio</persName>
                  rey de <placeName>Difila</placeName> entendió que se podía ganar por guerra aquel
                  regno, e por tanto dizen que encomendó esto a <persName>Ércoles</persName> como
                  cosa muy grande. Ciertamente non pudo a esta reina ser cosa más noble para la
                  resplandeciente gloria de las armas e nin cosa más digna de loar nin cosa más
                  notable que serle echado <persName>Ércules</persName> que todas las cosas vencía,
                  el qual, como entrase en el fecho e oviese ocupado la ribera de las amazonas con
                  nueve naos, absente <persName>Oriquia</persName> ovo victoria, e tomadas
                     <persName>Menalipe</persName> e <persName>Ipólita</persName> sus hermanas, e
                  seyéndole dado el cinto de la reina, a la una, es a saber, a
                     <persName>Menalipe</persName>, la restituyó. E <persName>Oriquia</persName>,
                  como oyese que <persName>Teseo</persName> avía seído conpañero en el fecho,
                  llamadas sus ayudas contra toda <placeName>Grecia</placeName> osó levantar guerra,
                  mas ella desanparada de las ayudas por desacuerdo, seyendo vencida de los de
                     <placeName>Atenas</placeName> tornose al regno. E porque non me acuerdo aver
                  leído qué más fiziese adelante, entiendo poner fin a las palabras e dar mi palabra
                  agora a <persName>Argia</persName>. <pb n="142r"/></p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_63_argia">
               <head>Argia griega</head>
               <p>Después de <persName>Oriquia</persName> determinamos de pasar a
                     <persName>Argia</persName> muger griega, la qual por los antiguos nos es
                  demostrado que ovo nascimiento de los antiguos reyes de los argines e que fue fija
                  del rey <persName>Adrastro</persName>. Ésta así como a los onbres de aquel tienpo
                  dio a mirar la muy grand fermosura suya, así dexó a los que después vinieron
                  singular e muy entera enseñança del amor de los casados, e non sin grand
                  resplandor de su nonbre, ésta, seyendo casada con <persName>Polinices</persName>
                  fijo de <persName>Edipo</persName> rey de <placeName>Tebas</placeName>, como oyese
                  que yazía el cuerpo de su marido sin sepoltura entre los otros cuerpos muertos de
                  los onbres baxos del pueblo, luego echando el resplandor real e quitado el
                  deleitoso arreo de casa, dizen que tomó el camino para el real aconpañándola
                  pocos, e que non ovo pavor de las crueles manos nin de las fieras bestias nin de
                  las aves que comían los cuerpos de los muertos, nin, lo que más paresce de
                  espantar, de la ordenança de <persName>Creón</persName>, por la qual se contenía
                  pena de la cabeça para que a ninguno de los muertos non le fuese fecho oficio de
                  mortuorio. E con todo esto ella con coraçón ardiente e non vencido a la media
                  noche rebolvió los cuerpos de los muertos malolientes, oras los unos oras los
                  otros, porque conosciese con beneficio de pequeña lunbre el marchito rostro de su
                  muy amado marido, e non se dello dexó fasta que falló el cuerpo d’él.</p>

               <p>¡O maravilloso amor de muger, a quien la cara ya por el orín del <pb n="142v"/>
                  fierro, por la suziedad del polvo desfecho e con escuro arrugamiento derramada e a
                  ninguno ya non conoscible non se pudo esconder a su muger que lo tanto amava! E
                  nin el mandamiento de <persName>Creón</persName> apremió las piadosas bozes nin
                  las lágrimas, nin le fue ascorosa la cara ensuziada con manzillas para que le non
                  diese besos. Ca como muchas vegadas retornados los besos le buscase el espíritu
                  vital e regase los mienbros podridos con largo río de lágrimas e muchas vezes
                  tornase a tomar con besos e con abraços cuerpo maloliente, porque non fuese
                  olvidada cosa de oficio piadoso diolo al fuego, el qual gastado, ella guardó el
                  polvo d’él en una caxa.</p>

               <p>Pues agora, ¿quién ay si con coraçón e razón mirare que non afirme esta noble
                  fenbra aver seído muy amadora de su marido de verdadero amor e de muy entera fe e
                  muy guardadora de non corronpida castidad? Por las quales cosas por merescimiento
                  suyo es de loar e de honrar e con solepnes loores ensalçar.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_64_policena">
               <head>Policena fija de Príamo</head>
               <p>A este maravilloso amor allegaré la non vencida fortaleza del coraçón de
                     <persName>Policena</persName> virgen, la qual aunque los cantares de los poetas
                  dan testimonio que fue fija de <persName>Príamo</persName> rey de los troyanos e
                  de <persName>Écuba</persName>, pero allende desto se dize que por tanta fermosura
                  de su cuerpo floreció que al cruel coraçón de <persName>Aquiles</persName> puso
                  llamas de cobdicia, e como por engaño de su madre lo troxiese solo de noche <pb
                     n="143r"/> fasta en el tenplo del tínbreo <persName>Apolo</persName>, fue
                  muerto de <persName>Paris</persName> con saetas, por lo qual, el
                     <persName>Ilbión</persName> destruido, segund es testigo
                     <persName>Séneca</persName> trágico en aquella tragedia cuyo título es
                     <title>Troas</title>, es sabido que fue traída por Pirro a la sepoltura de su
                  padre para la ofrescer a los infernales. E allí, si de creer es a los antiguos,
                  viendo al cruel mancebo sacar la reluziente espada, llorando todos los otros que
                  estavan alderredor, con tan grand coraçón e alçado e non temeroso gesto ofreció la
                  garganta que non menos movió los coraçones de todos por su confiança en maravilla
                  que por piadad de la manzillosa muerte en lágrimas.</p>

               <p>¡O grandeza de coraçón de ensalçar con divinales loanças e muy digna de toda
                  memoria!, a la qual nin la tierna edad nin la real delicadez nin la fortuna
                  mudada, e lo que más maravilla es de dezir, nin el cuchillo del muy cruel enemigo
                  pudo apremiar nin sacarla de su gesto, so el qual algunas vezes leemos aver gemido
                  los esforçados coraçones de los nobles varones. Mas non tengo ál que crea salvo
                  que esto fue obra de natura que ayudava porque mostrase que tanta grandeza de
                  coraçón reluzía en la fenbra generosa por tan maravilloso menosprecio de la
                  muerte, por ende, determino de pasar a <persName>Camila</persName>.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_65_camila">
               <head>Camila, fija de Metabo rey de los volscos</head>
               <p>Muy público es por actoridad de los nuestros mayores que la noble virgen
                     <persName>Camila</persName> fue fija de <persName>Metabo</persName>, rey de los
                  volscos muy viejo, e <pb n="143v"/> de <persName>Casmila</persName> su muger, la
                  qual dizen que quando nació fue causa que su madre morió, e que el padre sacando
                  del nonbre de su madre una sola letra que la llamó <persName>Camila</persName> por
                  consolación suya. E que la fortuna le fue triste desde el día de su nascimiento,
                  ca poco después de la muerte de su madre, el padre echado por arrebatada contienda
                  de sus cibdadanos fuyó e non llevó otra cosa en el destierro salvo a ella seyendo
                  pequeña, enpero era a él mucho más amada que todas las otras cosas. E como él solo
                  cuitado e a pie fuyese, e levando la fija en los braços vino al río Mazeno que
                  avía crescido con las aguas del día de antes, e él non podiendo pasar a nado por
                  estar enpachado con la carga de la niña, falló sano consejo por obra de Dios que
                  curó de guardar del non buen fado la virgen que avía de ser honrada, es a saber:
                  que la puso sin daño so una corteza e la ató a una lança que acaeció que él traía,
                  e prometiola a <persName>Diana</persName> si la guardase salva. E lançando con
                  todas sus fuerças la lança con la fija echola en la ribera de la otra parte, a la
                  qual siguiendo luego fallola sin daño. Dende dizen que se fue a los lugares
                  ascondidos de las montañas e non sin grand trabajo crio la niña con leche de
                  bestias fieras; como viniese en más rezia edad usava de los despojos de las
                  bestias fieras, lançava dardos con los braços e fondas e arcos tendía e traía
                  carcaje e seguía a <pb n="144r"/> los vencidos corriendo e vencíalos. Todos los
                  trabajos de las fenbras desechó e guardó la flor de la virginidad sin
                  corronpimiento más que las otras, e burlava del amor de los mancebos e despreciava
                  los casamientos de los nobles que la pidían. E diose toda al servicio de
                     <persName>Diana</persName>, a quien el padre la avía ofrescido, por los quales
                  trabajos la virgen endurescida e seyendo retornada en el regno del padre el su
                  loable propósito con grande costancia guardó.</p>

               <p>E después quando <persName>Eneas</persName> después de los grandes trabajos vino
                  en <placeName>Lacio</placeName> e tomó por muger a <persName>Lavina</persName>
                  fija del rey <persName>Latino</persName>, e por ello segund es escripto por el
                  grand poeta <persName>Virgilio</persName> nasciendo guerra entre él e
                     <persName>Turruo</persName> rey de los rótulos, <persName>Camila</persName>
                  favoresciendo a <persName>Turruo</persName> vino con grand hueste de volsos, e
                  como muchas vezes resplandeciendo por las armas avía ido contra los durdanos, e un
                  día peleando agramente oviese echado muchos dardos e siguiese a Corebo sacerdote
                  de la deesa <persName>Cibel</persName> cobdiciando sus armas, ferida mortalmente
                  so la tetilla cayó ya como muerta entre las esquadras de los onbres d’armas con
                  muy grand daño de los rótulos.</p>

               <p>¡O generosa virgen non solamente de contar entre los nobles más aun entre los muy
                  fuertes e muy guerreros varones por su merescimiento!, la qual, despreciados todos
                  los deleites de las ufanas, se dio a cosas muy dignas de loança porque viniese en
                  tan grand resplandor de gloria que ningund olvido non la pueda escurescer <pb
                     n="144v"/> en algund tienpo.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_66_tamaris">
               <head>Tamaris, reina de los citas</head>
               <p>La orden de sus cosas mostrava que deve ser añadida la noble
                     <persName>Taramis</persName> reina de los citas luego a
                     <persName>Camila</persName>, non solamente noble por armas e por caça, mas aun
                  por virginidad devisada. La qual <persName>Taramis</persName>, aunque quier por la
                  antigüedad o por la pereza de los escriptores non se falla de qué parientes fuese
                  nascida nin con quién fuese casada, enpero fállase que sobre fieros e mal domados
                  pueblos inperó teniendo <persName>Ciro</persName> los regnos de
                     <placeName>Asia</placeName>. El qual, incitado por acaescimiento en cobdicia
                  del regno de los citas más por ensalçar el resplandor de su gloria que por alargar
                  los fines de su inperio, ca avía oído que estos escitas eran onbres pobres e
                  fazían vida a costunbre de bestias fieras, pero que de muy poderosos reyes non
                  avían podido ser vencidos, e él levantado con esta cobdicia se falla que traxo
                  grand pieça de gentes de armas contra <persName>Taramis</persName> reina biuda,
                  cuya venida como la oviese sabido <persName>Taramis</persName> aunque a toda
                     <placeName>Asia</placeName> e aun quasi al mundo era temeroso por la grandeza
                  de sus fechos, pero ella non fue espantada a se asconder nin le demandó amistança
                  de paz, antes cogidas sus fuerças e fecha capitanía de guerra aunque le podiera
                  contrariar, dexole pasar con toda su hueste el río Araxes e entrar en sus términos
                  entendiendo que mucho mejor podría domar su saña dentro de sus términos.</p>

               <p>E desque <pb n="145r"/> fue certificada que era venido a lo más adentro del regno,
                  a un moço fijo suyo solo otorgada la tercia parte de sus gentes mandó que fuese al
                  encuentro a <persName>Ciro</persName> a pelear con él. E
                  <persName>Ciro</persName>, acatado así la calidad de los lugares como pensadas las
                  costunbres de las gentes, acordó de vencer antes por engaño que por armas al
                  mancebo que venía con la hueste. Onde desanparado el real e con farto vino, lo
                  qual aun non sabían aquella gente montañés qué cosa era, e viandas e otros
                  deleites, mostró que fuía, en el qual real él entrando como vencedor alegre porque
                  avía fecho fuir al enemigo llamado non a pelea mas a las viandas començó a tragar
                  e fenchir mucho de las viandas e de los non conoscidos beveres, por lo qual,
                  dexada la disciplina de la cavallería, todos en uno se dieron al sueño, e
                     <persName>Ciro</persName> sobreviniendo destruyolos por miserable muerte
                  fallándolos sepultados en sueño e en vino.</p>

               <p>Dizen que <persName>Taramis</persName>, como oyó la muerte de los suyos, aunque
                  mucho fue movida por la muerte de su un solo fijo, diz que non mojó con lágrimas
                  derramadas las quixadas segund se suele fazer, antes cobdiciosa de vengança pensó
                  que con lo que quedava de sus gentes por la misma arte que vio que era tomado su
                  fijo podría ser tomado el mesmo enemigo aunque era muy artero. E diz que ella
                  sabiendo los lugares e mostrando que fuía traxo por luengo apartamiento de caminos
                  al cobdicioso seguidor entre los secos montes e espantables por nieve e por yelo,
                  e allí <pb n="145v"/> lo encerró. E veyéndolo menguado de todas las cosas que avía
                  menester entre las asperuras e sierras de los montes, ella tornando quasi con toda
                  la hueste lo derribó, e nin el mesmo <persName>Ciro</persName> escapó que por
                  sangrienta muerte non fartase la saña de <persName>Taramis</persName>. E ella
                  mandó con encendido coraçón ser buscado el cuerpo de <persName>Ciro</persName>
                  entre los cuerpos de los muertos, e, él fallado, serle cortada la cabeça e ser
                  metido en un cuero lleno de la sangre de los suyos, e así dándole sepultura como
                  digna para rey tan sobervio dixo: <q who="#taramis">"¡Fártate de la sangre de que
                     oviste sed!"</q>.</p>


               <p>¡O muy noble fenbra!, non diré solamente de ensalçar por alteza de coraçón con los
                  muy triunfantes varones, mas por sabidoría, sin la qual poco valen las armas de
                  fuera; que non solamente non temió a <persName>Ciro</persName>, quasi a todo el
                  mundo temeroso, mas aun folló con maravillosa prudencia la su raviosa saña, cuya
                  victoria tanto fue más clara quanto fue más claro el inperio de
                     <persName>Ciro</persName>.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_67_penelope">
               <head>Penélope, fija del rey Ícaro muger de Aulixes</head>
               <p>Después de <persName>Taramis</persName> apenas daría lugar a
                     <persName>Penólope</persName> fija del rey <persName>Ícaro</persName>, salvo
                  que la su singular continencia me costriñe a que lo faga, la qual aver seído de
                  fermosura guardada e enxenplo muy santo de noble castidad a todas las dueñas se
                  puede asaz noblemente entender de las palabras de <persName>Ovidio</persName> en
                  el su libro de las <title>Epístolas</title>, e el su coraçón mucho de preciar ser
                  meneado por la fortuna, pero en vano: ca esta, seyendo moçuela virgen, segund <pb
                     n="146r"/> que el dicho <persName>Ovidio</persName> notablemente escrive, e
                  mucho de amar por la lindeza de su fermosura, la casó su padre con
                     <persName>Ulixes</persName>, e parió d’él a <persName>Telámanco</persName>. E
                  seyendo <persName>Ulixes</persName> como por fuerça costreñido para ir al fecho de
                  la guerra dexola con <persName>Literte</persName> ya viejo e con
                     <persName>Antica</persName> e con su pequeño fijo, e en quanto los griegos
                  entendían en la destruición de <placeName>Troya</placeName> es sabido que sufrió
                  biudez de diez años. Enpero seyendo el <placeName>Ilión</placeName> quemado, los
                  grandes de <placeName>Grecia</placeName> que allí eran viniendo a buscar sus
                  casas, aunque mostraron la fama que d’ellos eran echados en las peñas con las
                  tormentas d’ellos en las estrañas riberas, d’ellos tragava la mar, e algunos pocos
                  d’ellos eran tornados en sus tierras, del solo <persName>Ulixes</persName> era
                  dubda adónde oviesen corrido sus naos. Por lo qual porque seyendo luengo tienpo
                  esperado non tornó nin pareció quien d’él dixiese nuevas algunas, casi por todos
                  fue creído que él era muerto.</p>

               <p>Por la qual creencia <persName>Antulia</persName>, su cuitada madre, por aliviar
                  el dolor enforcándose quitó a sí mesma la vida, e <persName>Penólope</persName>
                  aunque con grand dolor sofría la absencia del marido, pero dizen que con mucho
                  mayor sostovo la dura sospecha de su muerte. E al fin, después de muchas lágrimas
                  llamando en vano a <persName>Ulixes</persName>, muchas vezes determinó de fazer
                  vida entre el viejo <persName>Laerte</persName> e el moço
                     <persName>Talámanco</persName> en muy casta e perpetua biudez, mas porque la su
                  grand fermosura e loables costunbres e noble linage avían levantado los coraçones
                  de algunos <pb n="146v"/> fidalgos a la amar e cobdiciar, ella fue con las
                  reqüestas d’ellos mucho atormentada.</p>

               <p>E porque la esperança de la vida de <persName>Ulixes</persName> o de su tornada de
                  cada día menguava, dizen que <persName>Laerte</persName> se fue al aldea e que
                  malos afincadores tomaron la casa real de <persName>Ulixes</persName> e que
                  tentaron a <persName>Penólope</persName> por muy muchas vezes con ruegos e
                  amonestamientos que errase casando con ellos. E la muy costante muger, temiendo
                  que non fuese corronpido el propósito del su santo pecho, pensó de los burlar
                  siquier por algund tienpo a estos: afincolos con sabidoría muy sotil e por tanto
                  pidió a los que la afincavan que oviese lugar de esperar a su marido por tanto
                  tienpo fasta que se acabase una tela que avía començado a la guisa de las mugeres
                  reales, lo qual, como ligeramente gelo otorgasen, ella con maravillosa avisación
                  todo lo que de día parescía que con diligente estudio texiendo acrescentava en la
                  obra, desatando los filos de noche lo amenguava. E por esta arte burlando por
                  algund tienpo destos que gastavan los reales bienes de <persName>Ulixes</persName>
                  con conbites de cada día, como ya non paresciese poderse dar más lugar a engaño,
                  fízose por la piadad de Dios que <persName>Ulixes</persName> navegando del reino
                  de los feicos después del veinteno año de su partida solo e desconoscido llegó a
                     <placeName>Itaquia</placeName>, e yendo por preguntar la manera de sus cosas a
                  sus pastores con avisación en la qual él mucho valía, andava en vil ábito. E
                  rescibiéndolo en conpañía <pb n="147r"/>
                  <persName>Siloco</persName> ya viejo su porquero por su relación oyó ya dezir
                  quasi toda la aventura de sus cosas, e vio a su fijo que tornava de
                     <placeName>Menalito</placeName>, e encubiertamente se le dio a conoscer. E
                  quando vino desconoscido a su tierra e vio por qué manera traían su fazienda e a
                  la casta <persName>Penálope</persName>, encendido en saña mató a los malos
                  afincadores pidiéndole ellos perdón, mas en vano gelo pidieron. E así libró a su
                     <persName>Penólope</persName> de las asechanças aparejadas, la qual, como
                  apenas lo podiese conoscer, salliendo en grande alegría abraçó al por luengo
                  tienpo deseado.</p>

               <p>¡O muy santa castidad!, que de tantos reqüestadores afincada e de tantos
                  corronpedores reqüestada quedó non corronpida nin tocada, cuya firmeza tanto está
                  más clara e más loable quanto más pocas tales fueron falladas en semejante caso. E
                  por ende, acuerdo de pasar a <persName>Sofonisba</persName>.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_68_sofonisba">
               <head>Sofonisba, fija de Asdrúbal</head>
               <p>Por los que escrivieron las cosas pasadas es asaz notablemente dicho e en especial
                  por <persName>Tito Livio</persName>, segund escrive <persName>Lucio
                     Floro</persName> su abreviador, que <persName>Sofonisba</persName> fue fija de
                     <persName>Asdrúbal</persName> fijo de <persName>Gisgón</persName> príncipe muy
                  grande de <placeName>Cartago</placeName>. La qual, seyendo floresciente en gesto e
                  en edad, es sabido que el padre la ayuntó en casamiento a
                     <persName>Sifas</persName>, rey muy poderoso de los numidanos en aquel tienpo
                  que <persName>Aníbal</persName> mancebo fiero destruía a
                     <placeName>Italia</placeName>. E esto non solamente por cobdicia del <pb
                     n="147v"/> real parentesco, mas deseava el sabio varón desviar con los muy
                  suaves falagos de la fija el coraçón del rey bárbaro del inperio de los romanos, a
                  quien era ayuntado en fe de amistança, e convertirlo a la parte de los de
                     <placeName>Cartago</placeName>. E su pensamiento non lo engañó, ca, las bodas
                  fechas, dello por las blanduras de <persName>Sofonisba</persName>, dello por la su
                  paresciente fermosura, <persName>Sifas</persName> fue traído en tan grande ardor
                  de amar a que non entendía que avía para sí cosa alegre nin amada sinon ella. E
                  así quemándose el desaventurado en fuego de amor, e diziéndose por fama que
                     <persName>Cipión</persName> avía de pasar a <placeName>Secilia</placeName> en
                     <placeName>África</placeName> con muy grandes gentes de armas, por
                  amonestamientos del padre, <persName>Sofonisba</persName> con sus blandas palabras
                  e ruegos tanto inclinó el coraçón del marido a su deseo, a que non solamente
                  desmanparase a los romanos –a quien avía dado fe de amistança– e se allegase a los
                  de <placeName>Cartago</placeName>, mas aun a que él de suyo tomase la carga de la
                  agena guerra. Por la qual se falla que, desechada la fe, que defendió el pasage
                  por sus cartas a <persName>Cipión</persName>, e aún non era pasado en
                     <placeName>África</placeName>; e <persName>Cipión</persName>, varón noble e de
                  grand coraçón, en lo primero condepnando la maldad del rey bárbaro puesta su
                  hueste cerca de <placeName>Cartago</placeName> ordenó de lo conquistar por
                     <persName>Masinisa</persName> e por <persName>Lelio</persName> legado suyo, de
                  los quales cativado e preso cerca de la cibdad de <placeName>Numidia</placeName>
                  diz que fue traído. E veyéndolo los cibdadanos cargado de cadenas, luego se dieron
                  a <persName>Masinisa</persName>, e este <persName>Masinisa</persName>, non seyendo
                     <pb n="148r"/> aún llegado <persName>Lelio</persName>, como entrase en la
                  cibdad así armado como estava, estando todos con temor por el arrebatado
                  movimiento de las cosas, ovo en encuentro a <persName>Sofonisba</persName>, la
                  qual dan testimonio los antiguos que sabía ya bien su acaescimiento, e como lo
                  viese al entrar de la casa señalado en las armas más que los otros, entendió él
                  ser como lo era el rey, e ella umillada a sus rodillas teniéndose en el coraçón
                  que de antes dixo así:</p>


               <p><q who="#sofonisba">-Rey noble, a los dioses inmortales es otorgado e a la tu
                     bienandança que puedas fazer todo lo que quisieres en mí, que de antes reluzía
                     por real resplandor, pero si a cativa es otorgado de fablar delante del
                     vencedor para que le pueda rogar e llegar a los sus inojos e vencedora diestra,
                     yo umillada te pido por la señalada honra de tu cabeça e por el tu linage real
                     e por el común nonbre de los numidianos, e si mejor señal cabe en ti, que si
                     Sifas se fuere que fagas cosa que parezca piadosa contra mí, a quien la cruel
                     fortuna fizo ser del tu señorío, en tal que non sea yo dada biva a los
                     sobervios romanos e enojosos señaladamente para los africanos; e si otra manera
                     non se puede dar para esto, que pido que por tu mano saques esta ánima; e ruego
                     e pídote que lo fagas antes que aya de venir biva en las manos de los
                     enemigos.</q></p>


               <p>E <persName>Masinisa</persName>, el qual era tanbién numidiano e inclinado a
                  luxuria como lo son todos, mirando la maravillosa fermosura de su cara, ca le avía
                  añadido la desaventura <pb n="148v"/> una piadosa e non acostunbrada fermosura,
                  movido con umilde piedad e traído con ardor de luxuria, non seyendo aún venido
                     <persName>Lelio</persName> así como estava en las armas estendiendo la diestra,
                  levantó esta rogadura de entre los querellosos llantos de las fenbras e de entre
                  el ruido de los onbres de armas que andavan de cada cabo. E luego se la ayuntó por
                  muger faziendo bodas en tan grand trabajo de las cosas. Es de creer que
                     <persName>Masinisa</persName> pensó aver fallado manera así para su luxuria
                  como para los ruegos de <persName>Sofonisba</persName>.</p>

               <p>E después otro día con todo el robo e con la nueva muger, en uno con
                     <persName>Lelio</persName> se tornó al real, el qual luego en la primera fue
                  rescibido e aconpañado por <persName>Cipión</persName> por el fecho que avía
                  bienaventuradamente acabado. E después entre ellos aparte fue reprehendido por
                  razón del casamiento, e dizen que después desta reprehensión que se apartó a su
                  cámara e que lloró agramente mojando sus ojos con lágrimas, e que mandó llamar un
                  su siervo al qual avía dado a guardar ponçoña para los dubdosos acaescimientos de
                  la fortuna. E que después que seyendo llamado vino a él, le mandó que llevase
                  aquella ponçoña a <persName>Sofonisba</persName> e le dixiese que de grado le él
                  guardaría si podiese la fe que le avía dado, pero que como non fuese en su poderío
                  non sin muy grand lloro quería guardar aquella fe que podiese agora, pero que con
                  todo esto ella acordándose de su padre e de su tierra e de dos reyes con quien
                  poco antes avía seído casada, <pb n="149r"/> ordenase quál destos consejos quería
                  tomar para sí: o si quería bever la ponçoña o como cativa sofrir el señorío de los
                  romanos. Lo qual oído, <persName>Sofonisba</persName> con firme coraçón e gesto
                  sin temor dixo al mensagero:</p>


               <p><q who="#sofonisba">-Rescibo las donas de la boda, e si non avía otra cosa que
                     marido podiese dar a su muger yo lo he en grado, pero dile que, pues avía de
                     perescer, mejor me fuera non aver fecho bodas.</q></p>


               <p>E tan agramente como dixo las palabras, así tan agramente tomó el bebrajo, e non
                  mostrando señal de temor cobdiciosamente lo bevió. E non fincando mucho la cuitada
                  cayó en la muerte que ella avía escogido, segund fermosamente paresce por
                     <persName>Tito Livio</persName> e lo escrive <persName>Lucio Floro</persName>
                  su abreviador.</p>

               <p>Señalada fue por cierto esta grandeza de coraçón e muy digna de toda loança, la
                  qual en la fermosa flor de su edad, quando es muy dulce el bevir, tan sin temor
                  sallió a la cuitosa muerte –de que muy muchas vezes leemos que los muy fuertes
                  varones ovieron pavor– a que guardada la dignidad de su gesto tanbién pareció que
                  guardava e ascondía el miedo de la muerte.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_69_cornificia">
               <head>Cornificia romana</head>
               <p>Después de tan grand fortaleza de coraçón acordé de pasar a
                     <persName>Cornificia</persName> muger notable, la qual avemos por auctoridad de
                  los antiguos que valió mucho por su entendimiento e ciencia. E dizen más: que
                  seyendo enperador <persName>César Agusto</persName>, que esta fue tanto
                  esclarescida por tan señalada manera de ser sabia en las <pb n="149v"/> poetrías
                  que non parescía ser criada con leche de <placeName>Italia</placeName>, mas con el
                  agua de la fuente <placeName>Castalia</placeName> que se toma por la sabidoría. E
                  que non fue contenta de valer en las palabras desta tan resplandesciente ciencia,
                  que aun ella muy entremetida en la dulçor de los versos muchas vezes usava la
                  fuerça del su entendimiento en el versificar, onde es cierto que escrivió muchos
                  petafios que resplandescieron fasta los tienpos de <persName>Gerónimo</persName>
                  muy santo varón. E si vinieron a los tienpos de después o non, non ay certidunbre
                  dello.</p>

               <p>¿Qué ál diré agora para pasar a <persName>Proba</persName> clara por singular
                  entendimiento, sinon que el coraçón desta muger fue mucho valioso?, ca dexados los
                  deleites que suelen desviar los coraçones non solamente de las fenbras mas aun de
                  los varones de las disciplinas de las artes, curó de se llegar a los estudios de
                  los muy grandes poetas.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_70_proba">
               <head>Proba</head>
               <p>Aprovado está por auctoridad de onbres sabios que <persName>Proba</persName> fue
                  muger muy clara por valioso entendimiento e singular doctrina, mas de quáles
                  parientes fuese nascida, non ay certidunbre. Enpero paresce que fue maravillosa en
                  todas las muy grandes artes e que ovo por muy allegados aquellos notables libros
                  de <persName>Virgilio</persName>, tanto que todas las cosas que en ellos ay buenas
                  sienpre paresce que las tovo en la memoria. E como por algund tienpo con afincoso
                  estudio se trabajase d’ellos <pb n="150r"/> segund se suele fazer, cayó por
                  ventura en la verdadera opinión en considerar que se podría d’ellos escrivir e
                  sacar por verso muy dulce toda la istoria del Viejo e Nuevo Testamento e de
                  maravillar es ella venir en tan alta consideración, mas mucho más fue de
                  maravillar poder acabar lo que así avía pensado.</p>

               <p>¡O maravillosa capacidad de entendimiento!, andando por los versos oras bucólicos
                  oras geógicos oras eneidos, e oras de la una parte tomando verso entero, oras
                  alguna partezilla d’él, con maravilloso arteficio los tornó en el fin que avía
                  pensado. E tan polidamente asentó los versos entremetiendo pedaços d’ellos
                  guardando la medida de los pies que non lo puede bien mirar sinon onbre en ello
                  mucho entendido, en los quales faziendo escomienço desde el comienço del mundo
                  escrivió tan noblemente todo lo que en la vieja e nueva ley es contenido fasta la
                  enbiada del Espíritu Santo, a que el onbre que esta obra sabe creería que
                     <persName>Virgilio</persName> fue evangelista e profeta. Cuyo comienço es:
                     <quote>"Digo que he escripto de cómo ya en otro tienpo los desaventurados
                     cabdillos que tovieron cobdicia de regnar corronpieron las piadosas amistanças
                     de la paz, e tanbién escreví eso mesmo diversas maneras de reyes e crueles
                     batallas, e tanbién las parientas ensuziadas por la muerte de los padres, e
                     otrosí las victorias enbueltas en sangre con escudos devisados, a los quales
                     fazía fiesta la fama <pb n="150v"/> non aviendo vencimiento de ningund enemigo;
                     e asimesmo de infinitas cibdades que tantas vezes fueron biudas de sus
                     cibdadanos, asaz he fecho memoria de los males"</quote>.</p>

               <p>De lo qual asaz se muestra que ella ovo quasi entera sabidoría e noticia de las
                  santas letras, lo qual se torna non en poca gloria de su nonbre. E si agora
                  queremos vencer a nos por alguna bondad de naturaleza, ¿quién dirá que esta non
                  fue maravillosa e noble fenbra, mayormente cerca de aquellos que pedrican e
                  afirman que las solas virtudes son de honrar e de buscar? Por cierto non ay
                  ninguno que otra cosa diga con razón.</p>

               <p>Quiero tornar a fablar de <persName>Tamires</persName>.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_71_tamaris">
               <head>Tamaris, fija de Micón pintor</head>
               <p><persName>Tamires</persName> en su tienpo dan testimonio asaz notablemente los muy
                  polidos escriptores de las istorias que fue una noble fenbra sabidora de la arte
                  del pintar, cuyas virtudes aunque por ventura en parte la grand antigüedad las han
                  fecho olvidar, enpero non pudo quitar el su señalado nonbre nin su arteficio.</p>

               <p>Esta dizen que fue fija de <persName>Micón</persName> pintor, mas porque es sabido
                  que florescieron en <placeName>Atenas</placeName> en un mesmo tienpo dos Micones
                  anbos pintores, non es bien cierto de quál destos dizen que fue fija, aunque
                  algunos quieren que era de aquel a quien era añadido por sobrenonbre
                     <persName>Minón</persName>. E quier sea del uno o del otro, claro es que era
                  tan valiente por su singular entendimiento a que semejava al arte del padre non
                  sin grand resplandor <pb n="151r"/> de su nonbre. E por tanto, regnando en
                     <placeName>Macedonia</placeName>
                  <persName>Arquelao</persName>, tanto ésta alcançó grand gloria en el pintar que en
                  la tierra de <placeName>Éfeso</placeName> donde era honrada
                     <persName>Diana</persName> fue guardada en muy grand honor e como cosa de grand
                  fiesta la imagen de la dicha <persName>Diana</persName> fecha de mano desta dicha
                     <persName>Tamires</persName> con mucha obra pintada en una tabla, la qual, como
                  la guardasen en muy luenga edad, dio tan magnífico testimonio deste su arteficio a
                  que fasta oy paresce digno de memoria.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_72_prene">
               <head>Prene, fija de Tratino pintor</head>
               <p>Después de <persName>Tamires</persName> pintora noble, asaz convenible paresce
                  tornar luego nuestro sermón a <persName>Prene</persName> clara por resplandor del
                  mismo artificio. La qual si fue griega o en qué tienpo floreció, non ay
                  certidunbre, pero muéstrase por auctoridad de los antiguos que fue fija e
                  discípula de uno llamado <persName>Tractino</persName> pintor. La qual entiendo
                  que tanto es digna de mayor loança quanto por fama e por arte se cree que pujava a
                  su maestro, el nonbre del qual maestro por ventura sería ya olvidado salvo que
                  ella con su resplandor la ennobleció. Non sé si fue éste aquel que fue sabido que
                  pintó las fojas de las yervas todas e las raízes por dar conoscimiento d’ellas,
                  puesto que algunos dizen que a este non llamavan <persName>Tractino</persName> mas
                  Tractinas, pero qualquier nonbre que le llamasen, claro es que esta fenbra tanto
                  fue esclarescida de honrado entendimiento e de artificio <pb n="151v"/> memorable
                  que fasta en nuestra edad ovo de venir su fama. Por cierto maravillosas obras son
                  las de la naturaleza que nunca tan maravillosa virtud dio a varón por grande e
                  claro que fuese que otro tanto non diese a las mugeres por la mayor parte.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_73_eronice">
               <head>Eronice, fija de Ponto por otro nonbre llamada Loacides</head>
               <p><persName>Eronice</persName> pontica, e que tanbién fue llamada por nonbre
                     <persName>Laódices</persName>, aunque fue clara por el grand resplandor de su
                  alta sangre e fidalguía de linage, pero es sabido que mucho más esclarescida fue
                  por una singular e señalada travesura. Esta segund dizen fue fija de
                     <persName>Mitrídates</persName> rey de <placeName>Ponto</placeName>, aquel que
                  en <placeName>Aristonio</placeName> ovo guerra con los romanos, e casó la primera
                  vez con <persName>Ariacto</persName> rey de <placeName>Capadocia</placeName>. El
                  qual, seyendo muerto por asechanças de <persName>Mitrídates</persName> hermano
                  d’ella que le llamavan como a su padre, quedaron d’él dos fijos, e como en aquel
                  tienpo <persName>Nicomedes</persName> rey de <placeName>Bitunia</placeName> oviese
                  ocupado el regno de <placeName>Capadocia</placeName>, el dicho hermano d’ella
                  aviendo cobdicia del regno tomó armas contra <persName>Nicomedes</persName>
                  faziendo muestra a los sobrinos que quería recobrar el regno para ellos. E después
                  que falló que la hermana suya bibda era casada con él, dexando la muestra que
                  fazía a los sobrinos echolo del regno de <placeName>Capadocia</placeName> por
                  armas e restituyó al fijo mayor de <persName>Ariates</persName> el regno de su
                  padre. E después arrepintiéndose de lo fecho mató a este su sobrino, poniéndole
                     <pb n="152r"/> asechanças. E los que bivían con el segundo fijo, al qual
                  llamavan <persName>Ariactes</persName> como a su padre, enbiáronlo a llamar a
                     <placeName>Asia</placeName>, e començó a regnar, e segund dizen algunos por
                  obra del mesmo fue muerto.</p>

               <p>E la desaventurada madre, oyendo la muerte, encendida en saña tomó armas e
                  ayuntando cavallos sobió en un carro e non cesó de perseguir a
                     <persName>Ceneo</persName> executor de la triste muerte que fuía, fasta que le
                  fincó una lança e lo derrocó ferido de una pedrada e traían con saña el carro
                  sobre el cuerpo del que yazía muerto. E entre las enemigas lanças del hermano, sin
                  pavor llegó fasta la casa donde entendía que estava el cuerpo del moço muerto, e
                  le fizo oficio de mortuorio e le dio lágrimas de conpasión.</p>

               <p>¡O cosa de maravillar! ¡O maravillosa fortaleza de coraçón non vencido! ¿Qué cosa
                  más clara, qué más maravillosa, qué más digna de memoria esta muy valiosa muger
                  pudo fazer que pasar con alto coraçón las huestes ante quien toda
                     <placeName>Asia</placeName> e por ventura toda <placeName>Italia</placeName>
                  tremía? E, despreciadas las fuerças del temeroso rey, ovo seso e osadía para matar
                  al que la gracia del rey guardava, aunque muchos dizen que el moço enojado de
                  dolencia pagó la debda de la naturaleza.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_74_mariane">
               <head>Mariane, muger de Erodes</head>
               <p>Apenas me puedo partir de <persName>Eronice</persName> póntica pero he plazer de
                  venir a <persName>Mariane</persName>, la qual aunque es sabido por auctoridad de
                  los antiguos que fue fija de <persName>Aristóbolo</persName> rey de los <pb
                     n="152v"/> judíos e de <placeName>Alixandra</placeName>, e que floreció por tan
                  nueva fermosura que non solamente en aquel tienpo pareció más excelente en gesto
                  que todas las otras mugeres, mas aun era creída más celestial que mortal, con todo
                  esto por tanta grandeza de coraçón fue excelente especialmente en sofrir la su
                  muerte, que con razón se puede poner en la cuenta de los muy fuertes varones.</p>

               <p>Esta seyendo de madura edad, segund lo reza el antiguo estoriador
                     <persName>Josefo</persName>, varón de grand auctoridad, del qual el
                  bienaventurado <persName>sant Gerónimo</persName> faze grand cuenta, especialmente
                  en el su libro llamado <title>De los esclarescidos varones</title> en el capítulo
                  do tracta del nascimiento e vida de Nuestro Señor Jesucristo, e asimesmo faze d’él
                  mención en muchos e diversos lugares el grand maestro de las istorias escolásticas
                  e otros muchos prudentes e católicos auctorizados en la Santa Madre Iglesia, esta
                  reina, la qual descendía del linage de los grandes macabeos cavalleros e
                  religiosos de que la iglesia de Dios faze mención singular e especial, el libro de
                  los quales es encorporado en el canon de la <title>Biblia</title> rescibido e
                  auctorizado por toda la iglesia de Dios, fue casada con <persName>Erodes
                     Antepater</persName> rey de los judíos, e por la su señalada fermosura qu’él
                  amó muy mucho, el qual se solía mucho glorificar por la grand fermosura e onesta
                  desta reina, diziendo que poseía él solo en todo el mundo fenbra que su fermosura
                  era tanta que más 153r parescía ser cosa celestial que de los onbres.</p>

               <p>E por causa desto ovo de caer en tan grand cuidado que ya avía miedo que otro
                  alguno se le podría en esto igualar para la qual quitar, quando la primera vez fue
                  llamado e avía de ir a <placeName>Egipto</placeName> a <persName>Marco
                     Antonio</persName> sobre la muerte del hermano de su muger qu’él avía muerto, e
                  después muerto <persName>Antonio</persName> porque lo demandaron así los fechos,
                  aviendo de ir a <persName>Octaviano César</persName>, mandó a
                     <persName>Ciprina</persName> su madre e a los otros sus parientes que si
                  acaesciese que allá oviese de padescer pena de muerte por algund acaescimiento,
                  que luego ellos matasen a <persName>Mariane</persName>, de lo qual escriven los
                  auctores que se siguieron muchos trabajos entre <persName>Mariane</persName> e su
                  marido, tanto que por algunas infamias que falsamente le fueron levantadas, ella
                  seyendo sin culpa ovo de padescer muerte, la qual ella rescibió con tanta
                  constancia e firmeza sin temor alguno, segund afirman los estoriadores e actores,
                  que bien parescía florescer en ella, aunque muger, la virtud de la fortaleza de
                  los fuertes e virtuosos macabeos donde ella venía.</p>

               <p>¡O maravillosa grandeza del generoso coraçón!, que, menospreciada la muerte e
                  guardada su fermosura, mirava con sus mexillas enxutas a los otros que lloravan,
                  nin puso ruegos algunos por su salud. Por lo qual yo non sé en qué manera se deva
                  dar el principado a los varones en esta manera de alabança, pues que por los muy
                  provados escriptores de las istorias se falla <pb n="153v"/> que tan grande
                  esfuerço de coraçón resplandeció en las mugeres.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_75_zenobia">
               <head>Zenobia, reina de los palmirentos </head>
               <p>Tras <persName>Mariane</persName>, muger de <persName>Erodes</persName>, viéneme a
                  la memoria <persName>Zenobia</persName>, reina de los palmirentos, la qual se
                  falla por auctoridad de los antiguos que fue fenbra de tan valiente virtud que a
                  todas las gentiles con razón sea antepuesta por claro nonbre e grand fama. Esta
                  ante de todas cosas es cierto que fue clara en linage, ca dizen que ovo
                  nascimiento noble de los reyes tolomeos de <placeName>Egipto</placeName>, aunque
                  non ay memoria de sus padre e madre, pero dizen que desde la niñez, desechados en
                  su coraçón los oficios de las mugeres, quando començó a aver fuerça en su pequeño
                  cuerpo, curó mucho de los montes e selvas e, ceñido su carcax, que por su correr e
                  por sus saetas fue mucho dañosa a los ciervos e a las cabras monteses. E dende
                  después que vino a aver mayor fuerça, osava abraçar los osos e esperar que
                  viniesen contra ella los leones pardos, e tomarlos e matarlos e traerlos por robo
                  suyo, e que sin pavor andava de unas sierras e roturas de montes en otras, e
                  buscava los pasages de las bestias fieras. E que acostunbrava dormir de día e de
                  noche en lo abierto fuera de techado, e que soportava las aguas e calores e fríos
                  con maravilloso sofrir, e que despreciava los loçanos amores e plazeres de los
                  onbres, e que guardava la virginidad a Dios muy agradable. <pb n="154r"/> Con las
                  quales cosas arredrando la folgança dizen que tanto fue endurescida en fuerça
                  varonil que podía más que todos los otros mancebos de su edad en luchas e en otros
                  juegos de palenque.</p>

               <p>E dizen que después, viniendo la edad de casar, por consejo de los suyos casó con
                     <persName>Odenado</persName>, mancebo que era dado a los mesmos trabajos, e era
                  príncipe muy más noble que ella de los palmirentos. E era ésta mucho fermosa de
                  cuerpo aunque era algund poco baça de color, que así son todos los moradores de
                  aquella partida por el encendimiento del sol; e demás era fermosa por los ojos que
                  avía negros, e los dientes que avía como leche. La qual veyendo a su marido que
                  entendía en ocupar el oriental inperio, porque era preso <persName>Valeriano
                     Agusto</persName> por <persName>Sabor</persName>, rey de los de
                     <placeName>Persia</placeName>, e condepnado a feo servicio, e
                     <persName>Galieno</persName> su fijo a manera de muger floxo, ella, non
                  olvidando la dureza que de antes avía, acordó de seguir so el marido disciplina de
                  cavallería, e tomando con él arreo e nonbre real, e con
                     <persName>Herodes</persName> su antenado, recogidas sus gentes, fue
                  esforçadamente contra el rey que ocupava ya a <placeName>Mesopotania</placeName>,
                  e non mostrando pasión de trabajos algunos, usando oras oficio de capitán, oras de
                  cavallero, non solamente venció por armas al rey muy fuerte e sabidor de guerra,
                  mas en uno con su marido sojuzgó a toda oriente que pertenescía a los romanos. E
                  teniéndolo en paz acaeció que a <persName>Odenato</persName> e a
                     <persName>Herodes</persName> su fijo con él matolos
                  <persName>Meonio</persName>, su sobrino <pb n="154v"/> d’él. E segund dizen
                  algunos e piensan que por malquerencia que le avía diz que
                     <persName>Zenobia</persName> dio su consentimiento en la muerte de
                     <persName>Herodes</persName>, lo uno porque muchas vezes le dizía mal por su
                  floxedad e lo otro porqu’el regno viniese a los fijos que ella avía avido del
                  marido.</p>

               <p>E inperando <persName>Meonio</persName> estovo algund tienpo queda, e a poco
                  después aviéndolo sus cavalleros muerto, la muger de fidalgo coraçón quedando
                  desanparada, tomó el inperio que grand tienpo avía deseado como posesión vazía, e
                  en nonbre de sus fijos que por la pequeña edad aún non eran para reinar, mucho más
                  que non convenía a muger governó el inperio en tal manera que nin
                     <persName>Galieno</persName> nin después d’él el enperador
                     <persName>Claudio</persName> non osaron provar cosa contra ella, nin tanpoco
                  los orientales de <placeName>Egipto</placeName> nin los alarbes nin los moros nin
                  los pueblos de <placeName>Armenia</placeName>. Ca antes se ovieron por contentos
                  aviendo temor de su poderío en poder guardar sus términos.</p>

               <p>E fue ella tan grande maestra en guerra e tan fuerte en la disciplina de la
                  cavallería que sus huestes, así como la tenían en mucho, así avían temor d’ella,
                  con los quales nunca fablava sinon la cabeça armada, e en las guerras muy pocas
                  vezes usava de andar en carro de carpentero, antes lo más andava en cavallo. E
                  algunas vezes la veían que iva delante de la seña e de los cavalleros tres o
                  quatro mill pasos, e non aborrescía de bever algunas vezes con sus cabdillos
                  aunque era de vida muy <pb n="155r"/> reglada. E así usó con los príncipes de
                     <placeName>Persia</placeName> e de <placeName>Armenia</placeName> que de
                  cortesía los vencía o de palabras buenas. Enpero tan reziamente guardó la castidad
                  que nin aun a su marido quando era bivo non se dava salvo para aver fijos. ¡O
                  santo e loable juizio de muger! Ella entendía e muy con razón que la naturaleza
                  non consintió el ayuntamiento de los onbres e de las mugeres, salvo porqu’el
                  linage umanal sea conservado por el continuo engendrar de los fijos, e que lo
                  demás non se puede fazer sin manzilla de pecado.</p>

               <p>E en caso que muchas otras cosas por ventura nobles e dignas de memoria dizen
                  d’ella los antiguos, las quales agora como aquellas que non traen nescesidad,
                  entiendo de pasar, pero fállase que sopo las letras de
                     <placeName>Egipto</placeName>, e que aprendió las griegas por enseñança de
                     <persName>Longino</persName> varón filósofo, por ayuda de las quales fazen
                  memoria que vio todas las istorias latinas e griegas e bárbaras, e que con grand
                  decoro las estudió. E non solamente esto, mas aun se falla que las reduxo e tornó
                  a un breve tractado, así que allende de ser muy valiente en las fuerças del
                  cuerpo, fue muy sabia en la disciplina de la cavallería, e alcançó muy mucho en
                  los otros saberes e ciencias, las quales cosas pocas vezes suelen acaescer e
                  concurrir en uno aun en los altos e famosos varones.</p>

               <p>¡O honorable fenbra e muy digna de toda loança!, que tanta fue la valentía del su
                  coraçón que non dexava perder ningund <pb n="155v"/> tienpo, que o entendía en las
                  duras caças o ponía obra en los fechos de guerra o se dava a los muy onestos
                  estudios de las letras.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_76_eritea">
               <head>Erutea, una de las sibilas</head>
               <p><persName>Eritea o Erifila</persName> es cierto que fue una de las sibilas mucho
                  noble, en especial se falla por <persName>Lactancio</persName> en el libro primero
                  de la <title>Falsa Religión</title> de los dioses de los gentiles, las quales este
                  mesmo entiende que fueron diez e las nonbra por sus nonbres, e llámalas sibilas
                  porque valieron mucho en la adevinança. Ca lo que los griegos dizen "syos", nos
                  los latinos llamámosle "dios", e cierto es que por "yles" dezimos "voluntad", e
                  así sibilas querría dezir "divinales por voluntad" o "interpetran lo que trae a
                  Dios en la voluntad". Segund las quales cosas todas dignas de alabança, dizen que
                  esta fue mucho honorable, e dizen que su nascimiento fue en
                     <placeName>Babilonia</placeName> algund tanto antes de la guerra de
                     <placeName>Troya</placeName> en caso que algunos otros dizen que adevinó en
                  tienpo de <persName>Rómulo</persName> primero rey de los romanos e que ovo nonbre
                     <persName>Erifila</persName> segund que a otros plaze, e diz que por tanto la
                  llamaron <persName>Eritea</persName>, porque moró mucho tienpo en la isla
                     <persName>Eritea</persName> donde fueron fallados muchos cantares suyos.</p>

               <p>E fue tan grande la fuerça del entender desta, que dizen que preguntándogelo los
                  griegos tan claramente les declaró por trobas los trabajos d’ellos e el
                  destruimiento del <placeName>Ilión</placeName>
                  <pb n="156r"/> que non acaesció ende después cosa que non se fallase que de antes
                  lo avía ella dicho, e asimesmo conprehendió en pocas e verdaderas palabras el
                  inperio de los romanos e sus diversos acaescimientos mucho antes del su comienço,
                  e lo que mucho más es de maravillar es esto: que ella como si rezase una istoria
                  recontó el secreto de la intención divinal anunciado non sinon por figuras e por
                  encubiertos dichos de los profetas o antes por las palabras del Espíritu Santo, es
                  a saber, el misterio del fijo de Dios que avía de ser encarnado e la vida d’él
                  después de nascido e las obras e cómo lo vendieron e su prisión e muerte desonesta
                  e el triunfo de la su resurrección e la ascensión e la su tornada al final juizio.
                  E todos estos actos dixo de antes non como que avían aún de ser, mas como si
                  ovieran acaescido.</p>

               <p>Por los quales merescimientos, ¿quién avría si non fuese menguado de seso que non
                  entendiese que fue a Dios mucho amada e muy digna de honor más que otras gentes? E
                  ay otrosí otros que afirman que floreció por perpetua virginidad, lo qual non
                  solamente es razonable de creer, mas aun de afirmar, ca non podieran sinon en
                  coraçón tan linpio e virtuoso tan grand luz de las cosas advenideras
                  resplandescer. E non se falla en qué tienpo nin en qué partida morió.</p>

               <p>Desta fabla muy maravillosamente el señor <persName>sant Agustín</persName> en el
                  libro de <title>La Cibdad de Dios</title>, diziendo e afirmando <pb n="156v"/>
                  que ella dixo e profetizó el avenimiento de Nuestro Señor Jesucristo muchos
                  tienpos ante que acaesciese; aunque esto non plaze a <persName>sant
                     Gerónimo</persName> porqu’él non quiere qu’el misterio de la fe sea profetizado
                  por los gentiles, mas solamente por los profetas e siervos de Dios, pero, quequier
                  que ello sea, non se puede negar que ella fue fenbra muy sabia e virtuosa e de
                  grand valor.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_77_almatea">
               <head>De la virgen Almatea</head>
               <p>Porque de suso es fecha mención de <persName>Eritea o Erifila</persName>, agora
                  paresce asaz digno, dexadas las otras sibilas porque sería luenga escriptura,
                  contar de cada una, ca basta que los actores especialmente
                     <persName>Lactancio</persName> en el sobredicho su libro, e <persName>sant
                     Isidro</persName> en el su libro de las <title>Etimologías</title> e otros
                  muchos sabios varones dizen e afirman d’ellas muy altas e notables cosas,
                  especialmente por ellas aver seído muy sabias e aver alcançado las ciencias e
                  saberes de las cosas, en lo qual non solamente se igualaron con muchos sabios
                  varones, mas aun les sobrepujaron e pasaron adelante. Porque así como en el pueblo
                  de <placeName>Israel</placeName> los profetas que profetizavan las cosas por venir
                  eran avidos por más excelentes e en mayor reputación que los otros que non eran
                  profetas, aunque fuesen sabios e entendidos, así estas sibilas eran avidas entre
                  los gentiles por profetisas e muy sabias, e que dizían las cosas que eran por
                  venir, e así eran tenidas <pb n="157r"/> en grand reputación entre ellos e en
                  mayor grado que otros muchos sabios varones, segund fueron reputadas e avidas en
                  el pueblo de Israel algunas mugeres que fueron profetisas, así como
                     <persName>María</persName> hermana del profeta <persName>Moisén</persName> e
                  del grand sacerdote <persName>Aarón</persName>, e <persName>Délbora</persName> e
                  otras de que faze mención en el primero libro desta obra.</p>

               <p>E por ende, non curando de recontar más de las loanças d’ellas en general, en
                  especial queremos dezir de las notables loanças de la virgen llamada
                     <persName>Almaquea</persName>, a la qual algunos llaman
                     <persName>Deyfefe</persName> fija de <persName>Glao</persName>. Esta se cree
                  que nació en <placeName>Cumas</placeName>, una muy antigua fortaleza de
                     <placeName>Canpania</placeName>, e fue una de las sibilas, e que esclareció en
                  tienpo de la destruición de <placeName>Troya</placeName>, e que bivió tan luengos
                  tienpos que alcançó fasta la edad de <persName>Prisco Tarquino</persName> el
                  postrimero rey de los romanos. La qual segund testimonio de los antiguos dizen que
                  por tanta virginidad floreció que en tan grandes rebolvimientos de tienpos nunca
                  consintió que varón llegase a ella, aunque las cantigas de los muy eloqüentes
                  varones poetas dizen que fue muy amada de <persName>Febo</persName>, que quiere
                  dezir el sol, e que por su don alcançó tan luengos años e dignidad, pero más
                  razonablemente es de entender, fablando sin perjuizio de nuestra santa fe
                  católica, e allegándonos a los dichos de <persName>sant Agustín</persName> e de
                  otros santos doctores que ensalçan las sibilas por grandes loanças como suso es
                  dicho, que la virginidad e la lunbre de la profecía que <pb n="157v"/> gela otorgó
                  el muy alto príncipe de todas las cosas e verdadero sol de justicia que alunbra a
                  qualquier onbre que viene en este mundo, por onde dixo de antes muchas cosas de
                  las que avían de ser. A esta dizen que dio <persName>Apolo</persName> un señalado
                  dezir en la ribera luyana cerca del lago del Infierno, e que dio guía a
                     <persName>Eneas</persName> andando fuyendo para los infernales, lo qual algunos
                  non osan afirmar.</p>

               <p>Mas esto que quede que examinen los grandes maestros e teólogos que sobr’esto han
                  fecho e fazen muchas glosas e declaraciones, e los que dizen que vio muchas edades
                  afirman que vino a <placeName>Roma</placeName> e que traxo a <persName>Prisco
                     Tarquino</persName> nueve libros, de los quales porque
                     <persName>Tarquino</persName> dizía que le non daría el precio que le demandava
                  quemó tres d’ellos veyéndolo él; e porque otro día siguiente demandava por los
                  otros seis que quedavan el mesmo precio que de antes pidía por los nueve e dixo
                  que, si gelo non diesen luego, que quemaría los otros tres e dende los otros, ovo
                  de darle <persName>Tarquino</persName> el precio que demandava, los quales porque
                  los él guardó, los que después vinieron fallaron que contenían todos los fechos de
                  los romanos, e por tanto los romanos curaron de los guardar con grand diligencia.
                  E quando los tienpos lo requirían si avían de consultar sobre cosas advenideras a
                  ellos se recorrían como a profecía.</p>

               <p>La qual si fue ella <persName>Deifebe</persName> una misma, duro es de creer, <pb
                     n="158r"/> pero qualquier que fue es manifiesto que fue esclarescida non
                  solamente por valiente ingenio, mas por muy grand estudio, tanto que non solamente
                  determinamos de la conparar a los muy altos varones, mas aun de anteponer a
                  ellos.</p>

               <p>Pues segund esto, enmudezcan los que dizen mal de las muy nobles e virtuosas
                  mugeres, e piensen entre sí quánto grande fue sienpre el resplandor de la gloria
                  d’ellas, pues que es sabido que esta non solamente por entendimiento e sabidoría
                  valió mucho, mas seyendo enseñada en disciplina de todas las grandes artes alcançó
                  muy buena manera de bevir.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="II_78_panfiles">
               <head>Fanbiles, fenbra griega</head>
               <p>Agora me queda <persName>Panfiles</persName> para fazer fin a este segundo libro,
                  la qual fallo que avía seído fenbra griega e fija de una llamada
                     <persName>Platea</persName>, la qual aunque non puede ser adelantada por loores
                  muy grandes non acordé de la pasar, porque es visto que valió mucho por su sotil
                  ingenio e entendimiento, e es sabido por auctoridad de los antiguos, a quien es de
                  dar fe aún, que d’ella leí ésta ser la primera de todas que cogió el algodón que
                  bolava de los árboles pequeños e que lo alinpió con peine, e alinpiado se lo echó
                  al cuello e lo tornó al filo, e que así enseñó a otros el uso d’él que de antes
                  non era conoscido. La razón de la qual cosa acatada, asaz demuestra que ella valió
                  mucho en las otras faziendas, e si los onbres que <pb n="158v"/> fallaron de nuevo
                  qualesquier cosas son por ello loados, non es sin razón que esta sea loada por
                  esta su invención.</p>

               <p>Aquí se acaba el segundo libro desta obra en que se tracta de las claras e
                  virtuosas mugeres así romanas como otras del pueblo de los gentiles que fueron e
                  bivieron so la ley de natura e non ovieron cognoscimiento de la ley de escriptura
                  nin de la ley de gracia.</p>

            </div>
         </div>

         <div type="libro" n="3" xml:id="lvcm_libro_3">
            <div type="prol" xml:id="tabla_3">
               <head>Libro tercero</head>
               <list>
                  <desc>Síguense los capítulos del tercero et postrimero libro:</desc>
                  <item>Sant’Ana.</item>
                  <item>Santa Inés.</item>
                  <item>Santa Anastasia.</item>
                  <item>Paula.</item>
                  <item>Hágata.</item>
                  <item>Lucía.</item>
                  <item>Juliana virgen.</item>
                  <item>María Egipciana.</item>
                  <item>Petronila, fija de sant Pedro.</item>
                  <item>Julia.</item>
                  <item>Marina virgen.</item>
                  <item>Teodora.</item>
                  <item>Margarita.</item>
                  <item>María Magdalena.</item>
                  <item>Crispina.</item>
                  <item>Marta.</item>
                  <item>Eugenia.</item>
                  <item>Eufemia.</item>
                  <item>Justina e Margarita.</item>
                  <item>Secilia.</item>
                  <item>De Elisabet madre de sant Johan Bautista, e de Pelaya, e de Cassia e de
                     santa Caterina.</item>

               </list>
               <p>Fenescen los capítulos del tercero e postrimero libro.</p>
            </div>

            <div type="prol" xml:id="III_proemio">
               <head>Prohemio del tercero libro.</head>

               <p>Ordenando de recontar en este tercero libro las loores que merescieron algunas
                  santas mugeres, cuya memoria e procesión se celebra en las fiestas de cada año por
                  los fieles cristianos, e de algunas otras que en nuestro tienpo fueron
                  esclarescidas por singular virtud e valiente sabidoría, vínome a la memoria que
                  era cosa muy alta encargarme de tan grand fecho que non solamente es grave de lo
                  alcançar con el entendimiento, mas aun de tomarlo con el pensamiento. ¿Quién ay
                  tan entendido, <pb n="160v"/> o tan escogido, o tan sabio en las disciplinas de
                  las muy grandes artes e saberes que pueda de los loores d’ellas bien conplidamente
                  dezir, las quales, segund testimonio de la <title>Sacra Escriptura</title>, es
                  sabido que fueron mucho de acatar por toda onestidad e por toda santidad?
                  Dubdaríamos si ay alguno que lo pueda fazer, mas aunque floresciese por la
                  verdadera e suelta manera de fablar, que fallamos que en qualquier de los mundos
                  fue alcançada, e nin <persName>Xenofonte</persName> varón muy bien fablante, cuya
                  palabra dizen qu’es más dulce que la miel, aunque era muy quito de negocios de
                  cibdad, nin <persName>Tuquírides</persName> que segund dizen escrivió los fechos e
                  guerras pasadas apuestamente e bien, nin <persName>Demóstenes</persName>, que diz
                  que ovo la prudencia muy alta e muy grande fuerça de fablar, tanto que se non
                  fallava otro más grave nin más bastante qu’él, nin <persName>Cícero</persName>,
                  príncipe de la eloqüencia de los romanos, pero, pues acordamos de cometer fecho
                  tan grande, esforçarnos hemos para poner en ello el trabajo estudiosamente, porque
                  como mejor podremos claramente e sacando la verdad sean esclarescidas las
                  señaladas loores d’ellas, porque non parezca que quedamos menguados por ignorancia
                  o que con pereza fuimos del trabajo, pues la una destas es fea e de poco bien, la
                  otra es baxa e de desechar.</p>

               <p>Mas porque parezca en la primera entrada deste libro que podrían con razón llegar
                  muchas santas fenbras, ordenamos de asentar en el primero <pb n="161r"/> logar a
                     <persName>santa Ana</persName>, dello por reverencia de la sin manzilla virgen
                  con pura entera e non ronpida intención e voluntad, dello por singular previlegio,
                  que mereció parir a la madre de Dios inmortal, por cuya providencia es cierto que
                  fue establescido el mundo e todas sus partes desde comienço, e que es administrado
                  en todo tienpo.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_1_ana">
               <head>Sant’Ana</head>

               <p><persName>Ana</persName> muger muy santa que fue de <placeName>Belem</placeName>,
                  casada con <persName>Joaquín</persName>, varón muy bueno e onbre muy justo de la
                  cibdad de <placeName>Nazaret</placeName>, lo primero fue valiente por tan
                  maravillosa virtud e santidad que en uno con su marido derechamente e bien guardó
                  los mandamientos de Dios, e partía todo lo suyo en tres maneras, es a saber: que
                  la una parte dava al servicio de Dios e a los ministros suyos, e la otra dava a
                  los pobres e pelegrinos, e la tercera guardava para sí e para su gente. E así,
                  faziendo vida como bienaventurada, ambos pasaron veinte años sin aver fijos, e
                  votaron que si Dios les otorgase generación, que la darían a su servicio.</p>
               <p>E por esta causa acostunbrava <persName>Johaquín</persName> ir en cada año a
                     <placeName>Jerusalem</placeName> a ver las solepnidades, e en la fiesta del
                  cabo de año fue a <placeName>Jerusalem</placeName> con sus parientes, e queriendo
                  entre los otros ofrescer su ofrenda, el sacerdote desecholo e díxole mal porque él
                  seyendo mañero osava llegar al altar entre los que avían generación. E por esto
                  con la muy <pb n="161v"/> grand vergüença que ovo non quiso tornar a su casa,
                  porque los que allí estavan aquella ora non lo dixiesen por ventura otra vez
                  denuesto. E por tanto se apartó a sus pastores e aviendo estado allí algunos días
                  aparesciole el <name>ángel</name> con grand resplandor, e viendo que se turbava
                  con su vista díxole que non oviese temor, mostrándole muchos enxienplos de cómo
                  los concibimientos que se alongavan largo tienpo e los partos de las mañeras eran
                  más de maravillar. E díxole que <persName>Ana</persName> su muger le avía de parir
                  una fija, a la qual llamarían por nonbre <persName>María</persName>, e que d’ella
                  nascería divinalmente el fijo del muy alto, e diole ende señal que en la puerta
                  dorada le saliría su muger al encuentro.</p>
               <p>Desapareció el <name>ángel</name> e <persName>Joaquín</persName> contó todo esto a
                     <persName>Ana</persName> que con tristeza estava llorando. E desque se vieron
                  en uno, segund qu’el <name>ángel</name> de antes les avía dicho, seyendo
                  certificados de la generación que avían de aver, tornáronse a su casa. E
                     <persName>Ana</persName> fecha preñada parió una fija a que llamó por nonbre
                     <persName>María</persName>. E aviendo conplidos tres años, el padre e la madre
                  la ofrecieron al tenplo, e al fin seyendo desposada con <persName>Josep</persName>
                  e concibiendo de Espíritu Santo sin algund corronpimiento nin conoscimiento de
                  varón dio al mundo a <persName>Cristo Jesús</persName> que con el derramamiento de
                  su sangre nos lavó. Lo qual todo en la istoria del nascimiento de <persName>santa
                     María</persName> es asaz noblemente escripto. </p>
               <p>Ora, ¿qué cosa más <pb n="162r"/> excelente o más digna de maravillar se puede
                  concebir en el coraçón que ésta aver parido por divinal ordenación la madre e fija
                  de Nuestro Salvador, e aver valido tanto por santidad a que, seyendo desfecha por
                  ley de natura, boló a aquel lugar de muy soberana bienandança arredrándose desta
                  conpañía umanal?</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_2_ines">
               <head>Santa Inés</head>
               <p>Agrádame de pasar de <persName>Ana</persName> a <persName>Inés</persName>, virgen
                  muy sabia, que segund es testigo <persName>sant Anbrosio</persName>, el qual
                  escrivió su pasión, a los treze años de su edad fuyendo de la muerte alcançó la
                  vida bienaventurada, cuyo tierno pecho fue aventajado por tanta sabidoría que,
                  aunque florescía por la verde niñez, pero parescía que era llena de días. </p>
               <p>Esta virgen muy fermosa de gesto e más de fe, tornando de las escuelas a su casa,
                  veyéndola el <name>fijo del adelantado</name> de aquella provincia fue d’ella
                  mucho enamorado, e prometiola muy grandes dádivas si consintiese en casamiento
                  suyo con él. E <persName>Inés</persName>, encendida en el amor de Dios, le dixo: </p>
               <p><q who="#ines">-Vete de aquí, manjar de muerte, que otro amador me vino antes más
                     claro en nobleza de sangre que tú, e más abastado de riqueza e más fermoso de
                     catadura, e por dulce suavidad más agradable, e por todo poderío e señorío mas
                     valiente; el qual ennoblesciéndome con preciosos arreos me pintó en la cara una
                     señal para que non amase a otro sinon a él. E apretándome <pb n="162v"/> con
                     estos abraçados me prometió de dar grand pieça de oro si me non partiese deste
                     consejo de salud.</q>
               </p>
               <p>Oyendo esto el desvariado mancebo, encendido en el ardor de la cobdicia d’ella,
                  cayó en cama, e viniendo los físicos a visitarlo, conoscida la causa de su
                  dolencia dixieron que era grande la enfermedad de que adolescía. E después otra
                  vez entendiendo él de engañar el coraçón de la virgen con grandes dádivas, ella le
                  dixo que non podría quebrantar la amistança del primero esposo. Entonces el
                  adelantado fizo inquirir quién era este esposo en cuyo amor la veían glorificar, e
                  uno de los que ý estavan le dixo que ella llamava esposo a
                     <persName>Jesucristo</persName>. Esto oyendo quísola desviar, primero con
                  palabras blandas e después con ásperas amenazas, de aquella opinión que en el
                  coraçón tenía fincada, e desque non pudo díxole: </p>
               <p><q who="#fijo_adelantado">-O ofresce con las otras vírgines sacrificios a los
                     dioses, o si por ventura non quisieres sin dubda serás desfollada.</q>
               </p>
               <p>Ella le dixo con grand coraçón e esforçado: </p>
               <p><q who="ines">-Nin sacrificaré a los aborrescibles dioses, nin me enmanzillaré con
                     las agenas suziedades.</q></p>
               <p>De lo qual el <name>adelantado</name> mucho encendido mandola despojar e llevar
                  despojada al feo e desonesto lugar donde son las malaventuradas que mal usan la
                  clemencia de Dios, de la qual se non puede conplidamente fablar, a quien todas las
                  naturas: tierra, <pb n="163r"/> mar e aire, cielo e fuego han por fuerça de
                  obedescer; le dio tan grand espesura de cabellos que le cobrían más apuestamente
                  que vestiduras porque non rescibiese tan feo baldón. </p>
               <p>¡O maravillosa begninidad de Dios, que nin por el juizio se puede conplidamente
                  entender nin por palabra se puede explicar qué tal es! Entrando en el lugar
                  desonesto falló un ángel que con grand resplandor alunbrava aquel lugar, e el
                  mancebo enamorado, yendo en uno con otros allá, mandoles que entrasen primero a
                  ella, los quales espantados del miraglo se sallieron luego fuera. Por lo qual,
                  aviéndoles dicho mal, entró a ella, e en queriendo llegar a ella cayó amortescido.
                  En oyéndolo el padre, el rostro lleno de lágrimas, vino a
                     <persName>Inés</persName> a saber d’ella con mucho estudio la causa de la
                  muerte de su fijo, e, la causa sabida, dizen que le dixo: </p>
               <p><q who="#padre">-Si fizieres que mi fijo sea sucitado, entonce será avido por
                     magnifiesto que esto non lo feziste por arte mágica.</q>
               </p>
               <p>Por lo qual, en adorando <persName>Inés</persName> fue retornado el mancebo a
                  vida. </p>
               <p>¡O cosa indigna! ¡O mala fazaña!, donde merescía serle dadas tantas alabancas
                  rescibió pena. Ca los obispos o sacerdotes de los gentiles levantaron alboroço en
                  el pueblo, e tornados en maldad dieron bozes: <q who="#obispos">"¡Llevad la maga,
                     llevad la fechizera que trastorna las voluntades e enagena los coraçones!"</q>,
                  e el <name>adelantado</name> aunque cobdiciava <pb n="163v"/> librarla, pero
                  aviendo miedo que procederían contra él, dexó otro oficial en su lugar partiéndose
                  con grand tristeza pero que non podía absolver a <persName>Inés</persName> como
                  tenía en coraçón. Entonce el oficial que avía por nonbre
                     <persName>Pascual</persName> la mandó echar en grand fuego. </p>
               <p>¡O temedera justicia de Dios!, el fuego fue partido luego en dos partes bolando
                  oras acá e oras allá quemava al pueblo malvado que más adelante contaré. El cruel
                  onbre <persName>Pascual</persName> e sin toda piadad nin movido por conpasión nin
                  espantado por tan grand miraglo mandola matar con fierro. E ella, esposa e mártir,
                  desta guisa dizen que se fue bolando para el su luziente e fermoso esposo. E los
                  fieles de Jesucristo dando el su cuerpo a sepoltura tan abés se dize que escaparon
                  de los paganos. </p>
               <p>E <persName>Emerenciana</persName> virgen muy santa, aunque entonces non era
                  babtizada, pero creía la fe, estando asentada cabe la sepultura d’ella e diziendo
                  mal a los gentiles con grand costancia, dizen que morió apedreada. Por lo qual
                  fazen comemoración que le fizieron terremotos e truenos e relánpagos, de los
                  quales diz que perescieron muchos paganos. E más: los parientes de <persName>santa
                     Inés</persName> faziendo llanto cabo su sepultura diz que les apareció una
                     <name>conpaña de vírgines</name> que resplandescían con vestiduras de oro, e
                  entre ellas <persName>Inés</persName> aderesçada en otro tal arreo e un cordero
                  que estava a la su diestra más blanco <pb n="164r"/>164r que la nieve, a los
                  quales diz que ella amonestó: </p>
               <p><q who="ines">-Non fagades llanto por mí como muerta, ca soy gozosa en estar
                     asentada con estos en las mesmas sillas.</q>
               </p>
               <p>E asimesmo, diz que <persName>Costança</persName> virgen fija de
                     <persName>Costantino</persName>, la qual era trabajada de desaventurada
                  dolencia de lepra, en oyendo esta visión, que fue a su sepoltura, e dando allí
                  obra en sus oraciones, que se adormeció, e que avía visto estando dada al sueño a
                     <persName>Inés</persName> que le dixo: </p>
               <p><q who="#ines">-Si creyeres sin dubda en Jesucristo, avrás salud.</q>
               </p>
               <p>La qual boz oída, diz que la virgen despertó e que se falló sana acabadamente de
                  aquella enojosa enfermedad; e que dende ella rescibiendo baptismo que fizo labrar
                  una iglesia sobre la sepoltura de <persName>Inés</persName>, la qual ofreció a su
                  nonbre; et allí guardando por perpetua virginidad por su enxenplo ayuntó muchas
                  vírgines.</p>

               <p>E puesto que otros algunos miraglos se falla que fizo dignos de grande e excelente
                  contenplación, pero non es menester de los recontar. Porque segund lo que dicho
                  es, claro paresce que ella resplandeció por tan maravillosa santidad que entiendo
                  que apenas bastan las umanales loanças para la ensalçar. </p>
               <p>Agora si todas aquestas cosas bien pensáremos por juizio e con la razón, non ay
                  por qué nos maravillemos de la costancia de <persName>Catón</persName> que tantas
                  vezes en el <placeName>Senado</placeName> amenguado por injurias todavía quedó en
                  un mesmo <pb n="164v"/> estado de coraçón; nin la de <persName>Nuncio</persName>,
                  que vio su mano destellar en el enemigo fuego; nin la de
                     <persName>Sócrates</persName>, que con cobdicioso trago bivió la ciguta; nin la
                  de un <name>lacedemonio</name> cuyo nonbre non es manifestado que fue de tan
                  generoso e firme coraçón que llevándolo a la muerte e estando con gesto alegre e
                  ledo e aviéndole dicho un enemigo: <q who="#enemigo">"Menosprecias las leyes de
                     Ligurgio"</q>, respondió él: <q who="#lacedemonio">"Yo tengo mucha gracia en el
                     que me demanda pena que puedo pagar sin la pedir prestada nin a logro"</q>.
               </p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_3_anastasia">
               <head>Santa Anastasia</head>

               <p>Vengo agora a la muy loable santidad de <persName>Anastasia</persName>, que es
                  noblemente demostrado en su leyenda por el bienaventurado
                     <persName>Gusono</persName> entre los romanos aver seído virgen muy clara, e en
                  lo primero fija de poeta e acto varón e ilustre aunque pagano, e enseñada en la fe
                  de <persName>Jesucristo</persName>. Esta, seyendo casada con
                     <persName>Papilo</persName>, avía propuesto en su voluntad de guardar sin
                  tocamiento tesoro de virginidad, fizo infita luego que estava doliente, e así
                  escarnescía santamente al marido, el qual fazen memoria que oyendo que en vil
                  ábito con una moça suya acostunbrava ir a las carceles de los cristianos, e
                  requerirles de las cosas que avían nescesarias, la mandó aprisionar en estrechas
                  prisiones, e que le denegava el mantenimiento. Entendía aquel onbre de ocupar,
                  ella muerta, <pb n="165r"/> las grandes posesiones d’ella e con ello conplir más
                  libremente su ufana.</p>
               <p>E después, él muerto, fue ella suelta de las prisiones, e teniendo <name>tres
                     moças</name> de noble gesto e de entera edad, todas hermanas cristianas, dizen
                  que el <name>adelantado</name> se enamoró d’ellas mucho además, e que tanto
                  valieron por castidad e por linpieza de voluntad que nin por blandos nin por
                  sobervios amonestamientos aquellos sus santos cuerpos non podieron ser sacados de
                  la excelencia de su dignidad. Por lo qual diz que las mandó meter en una casa
                  donde tenían guardadas las preseas de la cozina, e dende, que entró allá a ellas,
                  e queriéndolas desonrar ardiendo con amor muy encendido, luego fue tornado en
                  locura e besava las calderas e las otras vasijas de latón en lugar d’ellas. E
                  quando dende sallió como farto feo e muy negro, los que lo estavan esperando e
                  aguardando a la puerta, entendiendo que se avía tornado diablo diz que lo
                  lastimaron de muchas feridas, e que dende echando a fuir d’él lo dexaron solo, e
                  demás, él queriendo ir a quexarse al enperador, los unos lo ferían con palos, e
                  los otros lo ensuziavan con polvo e con lodo, e maravillávase mucho el cuitado
                  porque burlava d’él toda la gente. E como non sabía su mal, sospechó que por obra
                  de las moças era fecho, e mandolas despojar porque siquiera desnudas las mirase. </p>
               <p>¿Qué mas contaré de aquel <pb n="165v"/> soberano príncipe de todos que sólo faze
                  maravillas?: obró divinalmente que non padesciesen injuria alguna, ca aquellos a
                  quien era mandado, trabajando con sus fuerças por las despojar non podieron, de
                  tal manera estavan pegados los cuerpos a las vestiduras e las vestiduras a los
                  cuerpos. E dizen qu’el adelantado con el grand pasmo se echó tan gravemente a
                  dormir, mojadas las sienes, que con grandes clamores non lo podían despertar. E al
                  fin diz que las vírgines triunfando por corona de martirio se pasaron a aquel
                  ayuntamiento de los ángeles. </p>
               <p>Otrosí dizen que <persName>Anastasia</persName> que la dio el enperador a un otro
                     <name>adelantado</name> con condición que si fiziese que ofreciese sacrificios
                  a los dioses que la avría por muger. E ella metida en el palacio, queriéndola
                  ensuziar, luego se le cubrieron los ojos de obscuridad, e diz que vino a preguntar
                  a los <name>dioses</name> si podría en qualquier manera recobrar la salud, e diz
                  que le respondieron:</p>
               <p><q who="#dioses">-¿Por qué conturbaste a <persName>Anastasia</persName>, noble por
                     maravillosa santidad? Desque seas dado a nuestro poderío, sienpre en el lago
                     del infierno serás atormentado.</q></p>
               <p>La qual respuesta oída, en tornándose a casa entre las manos de sus moços cayó
                  amortescido. Entonces otro <name>adelantado</name> a cuya guarda fue
                  postrimeramente encomendada, sintiendo que poseía muy grandes heredamientos le
                  dixo: </p>
               <p><q who="#adelantado">-<persName>Anastasia</persName>, <pb n="166r"/> si quisieres
                     seguir la doctrina de Cristo has de dar todo quanto posees, e por tanto dame a
                     mí todo lo que tienes e vete do quisieres, e si lo fizieres serás
                     verdaderamente servidora de Cristo.</q>
               </p>
               <p>A lo qual ella dixo alunbrada del espíritu de Dios: </p>
               <p><q who="#anastasia">-Esto es mandado en la ley de Dios: "Vende todo lo que has e
                     dalo a los pobres", onde si a ti muy rico de fazienda diese lo mío non
                     conpliría la divinal ordenança.</q>
               </p>
               <p>Entonces <persName>Anastasia</persName>, metida en las prisiones porque peresciese
                  de fanbre, fue governada de vianda celestial dos meses por <persName>santa
                     Teodora</persName>, que, ya devisada por corona de martirio, avía bolado a
                  aquella soberana bienandança. E después fue llevada a la isla del palmar e por
                  mandado del adelantado fue gastada en fuego, cuyo cuerpo dizen que
                     <persName>Apolonia</persName> dio asaz honradamente sepultura. E dizen que
                  muchos otros por el nonbre de Jesucristo allí condepnados a destierro por diversas
                  maneras de tormentos dieron las almas.</p>
               <p>¡O virgen muy santa!, cuya sagrada intención tanto ardía en el amor de Dios, e tan
                  bastecida estava de auctoridad, e de fe e de tanta tenprança e firmeza guarnido, e
                  de tanta fortaleza de todas las otras virtudes cercado de todas partes, que por
                  manera alguna non la podieron sacar del estado de su dignidad! Si es encomendado a
                  memoria <persName>Sócrates</persName> varón muy continente e muy sabio, e así <pb
                     n="166v"/> mesmo <persName>Cipión el Africano</persName> que, cunpliendo veinte
                  e quatro años, tomada <placeName>Cartago</placeName> en
                     <placeName>España</placeName>, la virgen de noble gesto e edad entera tornó sin
                  tañimiento a sus parientes, e otrosí <persName>Xenócrates</persName>, non fueron
                  de tanta continencia para que yo agora calle la santidad desta, en que mucho
                  esclareció. E público es que non fueron de tan entero coraçón, aunque es sabido
                  que los muy altos e muy polidos escriptores de las istorias los ensalçaron por
                  grandes pregones de alabanças. </p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_4_paula">
               <head>Paula</head>
               <p>Aviendo algund tanto olvidado la péñola del oficio del escrivir, después de los
                  loores de <persName>Anastasia</persName> entre mí mesmo catava las cosas dignas de
                  memoria, paresciome que devía dar a escriptura a <persName>Paula</persName> dueña
                  esclarescida entre los romanos por muy grandes cuantías de riquezas e fidalguía de
                  linage. E porque es sabido que <persName>Gerónimo</persName> varón muy santo
                  escrivió asaz polidamente su vida, segund paresce en su leyenda, acordé en quanto
                  yo podré de lo seguir; enpero quanto de sus palabras se puede entender sus
                  maravillosas virtudes dignamente non podrían ser explicadas por ningund dezir,
                  quantoquier suelto, quantoquier bastante que fuese. </p>
               <p>¡O cosa maravillosa e de ensalçar con grandes alabanças fasta el cielo!, ca
                  escrive que su coraçón floreció por tanta umildad que así como una piedra que <pb
                     n="167r"/> es mucho preciosa seyendo puesta con otras non tan preciosas como
                  ella las vence con su reluzir, o así como el sol con su lunbre escuresce a las
                  otras estrellas que para afeite del cielo crio desd’el comienço el muy alto
                  fazedor de todas las cosas, así <persName>Paula</persName> venció al peligro deste
                  mundo caedero por su liviandad, cubierto de infinitos aguijones. La qual diz que
                  aviendo avido cinco fijos, el uno muerto, al qual lloró con piadosas lágrimas,
                  dize que con tan grand fervor se dio al servicio de Dios que parescía que deseava
                  la salida de su vida, e ésta aviendo dado muy magníficas casas e muy grandes
                  riquezas a los pobres, es sabido que encendida en el amor de Dios acordó de
                  visitar la tierra santa e dende, que descendió al puerto, yendo con ella su
                  hermano e cuñados e parientes, e lo que más piadoso es, sus fijos, ca non aviendo
                  aún el navío avido viento nin seyendo la barca llevada en lo alto por la guía de
                  los remos, los fijos pequeños, llenas las caras de lágrimas, le tendían las palmas
                  con reverencia a la ribera, mas nin por eso el su coraçón lleno del zelo de Dios
                  se quebró, nin por los ruegos de los fijos nin por la piadad, estando queda en su
                  propósito santo mostró que non sabía ser madre por provar cómo era fiel a
                  Jesucristo.</p>
               <p>¡O fenbra muy bienandante!, que tanto reluzía por lunbre <pb n="167v"/> de fe,
                  que, desechada la piadad de los fijos, anteponía el amor de Dios a todas las
                  cosas, siguiendo la muy suave conpañía de <persName>Eustoquio</persName>, la qual
                  era conpañera de su propósito e navegación. E, en quanto la barca fazía sus sulcos
                  en la sosegada mar, los otros todos mirando a la ribera, ella sola diz que bolvió
                  los ojos por non ver lo que sin tormento por ventura ver non podía. E como
                  navegando llegasen a la tierra santa, e el <name>procónsul</name> de
                     <placeName>Palestina</placeName> que tenía asaz conoscimiento de sus parientes
                  mandase aderesçar palacios, ella escogió una camareta mucho pequeña, e dende diz
                  que visitó todos los santos lugares con mucho ardor desta devoción. E echada
                  delante la cruz, mojando las mexillas con largo río de lágrimas, diz que adoró a
                  Jesucristo como si estoviese colgado en la cruz, e entrando al sepulcro dio muy
                  devotos besos a la piedra que el ángel quitó de la puerta del monumento, e con
                  boca sedienta lamió el mismo lugar donde aquel muy santo cuerpo avía yazido como
                  si fuera agua que manava, e dende pasó a <placeName>Belem</placeName> e entró en
                  la cueva donde el redemptor del umanal linage, Dios e onbre, maravillosamente
                  nació, e que miró aquel santo apartado de la virgen, e, él oyéndolo, dixo con
                  juramento que ella avía visto con los ojos de la fe al niño enbuelto en los <pb
                     n="168r"/> paños en el pesebre llorando, e a los magos que adoravan e al
                  estrella que reluzía, e a la madre virgen, e al estudioso
                     <persName>Josep</persName>, e a los pastores que venían de noche a veer la
                  palabra que era fecha carne, e que oyó razonar <quote>"in principio erad
                     uerbum"</quote> etc, segund que en maravillosa manera lo escrivió
                     <persName>sant Johan</persName>, fasta <quote>"verbum caro factum est"</quote>,
                  e a los niños muertos, e a <persName>Herodes</persName> que fazía la crueldad, e a
                     <persName>Josep</persName> que fuía con la <persName>virgen María</persName>
                  fasta en <placeName>Egipto</placeName>.</p>
               <p>¡O devoción muy ferviente de voluntad! Mezcladas las lágrimas con alegría, dixo
                  estas palabras:</p>
               <p><q who="paula">-Dios te salve, eúfrata región muy abondosa cuyo abasto es Dios.
                        <persName>David</persName> con confiança fabla: <quote>"Entraremos en su
                        morada"</quote> etc. A mí, pecadora puesta en soledad, es dado besar el
                     pesebre donde la verdadera luz del mundo llora, orar en la cueva donde la muy
                     santa Virgen parió a Jesucristo verdadero Dios e onbre, guardada la flor de la
                     virginidad. Esta es mi folgança, pues que mi Señor la escogió por su
                     tierra.</q>
               </p>
               <p>E diz que con tanta umildad lo dizía, que los que la veían e cobdiciavan verla por
                  su mucho honrada fama non creían que era ella, mas la menor de sus siervas. E
                  estando cercada de grand conpañía de vírgines, en la vestidura e en la boz e en el
                  hábito e en el andar parescía la menor de todas ellas.</p>
               <p>E, ¿para qué diré más? Ca diz que de tanta onestidad e continencia fue <pb
                     n="168v"/> que después del finamiento de su marido fasta en el primero día de
                  su vida nunca comió con varón, aunque sopiese que era onbre bueno e santo e
                  costituido en muy alto grado de dignidad, e que nunca fue a baños, salvo
                  costreñida por muy grand nescesidad, nin yogó en cama blanda aunque estoviese
                  trabajada de fiebre muy grande, mas teniendo el suelo por cama e los estrados del
                  cielo pasava el sueño. E tan linpia de toda manzilla reluzió que los muy lieves
                  pecados llorava como fedientes maleficios. E amonestándola por muchas vezes que
                  diese alguna folgança a sus ojos, e non se afligiese con lágrimas continuadas,
                  respondió: <q who="paula">"Afear devo la cara que tantas vezes contra el
                     mandamiento de Dios con cuidado e estudio pinté, e domar devo continuamente e
                     con duros açotes de penitencia el cuerpo que tan viciosa e tan delicadamente
                     tracté, e la loca e vana risa conpensarla devo con lloro perpetuo, e de trocar
                     son los blandos arreos de la cama por el aspereza de cilicio: porque curé de
                     aplazer al mundo, agora curo de conplir la voluntad de Jesucristo"</q>. </p>
               <p>¡O palabras dignas de muger muy santa, que mostravan ella aver coraçón guarnido de
                  toda onestidad e de toda santidad e de toda fortaleza cercado, e ageno de todo
                  brío! Ca es sabido que ella, seyendo aún seglar, era más valiente en
                     <placeName>Roma</placeName> que todas <pb n="169r"/> las otras dueñas de
                  auctoridad por castidad loable, e que todo lo que tenía dio non por gloria del
                  mundo, mas por amor de Dios a los pobres.</p>
               <p>¡O maravillosa grandeza de alto e grande coraçón! E esta fue de tanta tenprança e
                  continencia que apenas sinon en las fiestas guisava con azeite la vianda que avía
                  de comer, e tanto ardió en el fervor de Dios que parescía fuera de seso, e muchas
                  vírgines que tomó de diversas provincias, d’ellas fijas d’algo, e otras non tanto,
                  e otras del pueblo, partidas en tres partes en tres monesterios unos juntos con
                  otros santificó por esta orden que en las obras e en las viandas fuesen apartadas,
                  mas que en las oras que avían de cantar a las oras determinadas fuesen en uno, e
                  que a las que entre sí avían contienda con suaves palabras las retornava en
                  concordia, e con mucha abstinencia de ayuno domava a las moças que veía ser
                  inclinadas a brío. E aunque dava lugar a las otras quando adolescían para que
                  comían carne, a sí mesma por qualquier dolencia que oviese non dava lugar para
                  ello. E cuenta más: que aviendo caído de calentura en las muy calientes siestas de
                  julio, e non aviendo esperança de recobrar salud, e por la misericordia de Dios
                  aviéndose algund tanto aliviado, e aconsejándole los físicos que le era
                  nescessario un poco de vino e bien aguado porque beviendo agua non <pb n="169v"/>
                  se fiziese idrópiga, aquel varón santo que escrivió su istoria encubiertamente
                  suplicó a <persName>Epifanio</persName> papa que la amonestase e aun la apremiase
                  que beviese vino, que como llegó a ella, bien vista su prudencia e conprehendida
                  la maravillosa diligencia de su juizio, que ella sonreyéndose le dixo primero qué
                  era lo que él le avía de dezir. ¿Para qué diré más? Sinon que quando el
                  bienaventurado Papa después de muchos ruegos sallió fuera, e <persName>sant
                     Gerónimo</persName> le preguntó qué avía fecho, respondió: <q who="#epifanio"
                     >"Tanto provecho fizo que por sus santos amonestamientos me es aconsejado que
                     non beva vino"</q>. </p>
               <p>Otrosí da testimonio que tan maravillosamente aprendió la lengua ebraica, que
                     <persName>sant Gerónimo</persName> desde niño con grand trabajo e mucho estudio
                  avía aprendido, que cantava los psalmos en ebraico e que pronunciava las palabras
                  sin propiedad de la lengua latina. E así en tan grand santidad e en tan grand
                  perfección de vida con grand firmeza bienaventuradamente pasó la dicha santa de
                  aquesta vida. </p>
               <p>¡O bienaventurada dueña!, la vida muy santa de la qual, si con el coraçón fuere
                  acatada e conservada, non avemos por qué nos maravillar de la fortaleza de
                     <persName>Oracio Cloco</persName>, de la qual se dize que los ángeles que
                  sienpre biven se marauillavan; nin avremos por qué nos maravillar en respecto <pb
                     n="170r"/> d’ella de la continencia de <persName>Marco Curio</persName>, el
                  qual menospreció las dádivas de la gente llamada de los sanitos; nin por nos
                  maravillaremos de la sabidoría de <persName>Sócrates</persName>, el qual non solo
                  por acuerdo e consentimiento de los onbres mas aun por dicho del <persName>dios
                     Apolo</persName> segund los gentiles fue juzgado ser más sabio que todos; nin
                  tanpoco nos avemos por qué maravillar de la costancia e firmeza de aquel noble
                  varón llamado <persName>Metelo</persName>, el qual porque la su sentencia non
                  fuese quebrantada, non enbargante qu’él tenía en <placeName>Roma</placeName> muy
                  alto grado de dignidad, quiso padescer ser desterrado d’ella por bien de la cosa
                  pública.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_5_agata">
               <head>Hágata</head>
               <p>Después de <persName>Paula</persName> por maravillosa santidad acatable me viene a
                  la voluntad <persName>Ágata Catania</persName>, fermosa de gesto e de edad entera,
                  la qual como con pura intención e voluntad honrase a Dios fue en infinitas maneras
                  tentada por <persName>Quinciniano</persName>, que segund pienso governava a
                     <placeName>Secilia</placeName> por el inperio romano, onbre nascido en baxo
                  linage, luxurioso e idólatra, e encendido en arrebatada avaricia, para poder con
                  ella conplir su voluntad e ocupar sus muy grandes riquezas, e apremiarla que diese
                  sacrificio a los ídolos. E por tanto la mandó traer ante sí, e ella traída e
                  estando ant’él, desque conoció su maravillosa firmeza diola a una mala muger que
                  llamavan <persName>Ofredisia</persName> e a nueve fijas suyas <pb n="170v"/>
                  tocadas de la mesma fealdad para que por treinta días trabajasen si la podrían por
                  ventura mudar de su propósito. E porque nin por promesas nin por amenazas non
                  avían fiuzia de la atraer, <persName>Ofredisia</persName> dixo a
                     <persName>Quinciniano</persName>: </p>
               <p><q who="#ofredisia">-Más ligeramente se podrían las piedras fazer muelles e el
                     fierro ser tornado en natura de plomo qu’el coraçón desta virgen ser quitado de
                     la fe de Jesucristo.</q></p>
               <p>Luego <persName>Quinciniano</persName> la mandó traer delante sí, e ella traída
                  desque vino le dixo:</p>
               <p><q who="#quinciniano">-¿Qué condición es la tuya?</q>
               </p>
               <p>
                  <persName>Ágata</persName> respondió:</p>
               <p><q who="#agata">-Soy clara e de noble linage, segund dizen todos mis
                  mayores.</q></p>
               <p><persName>Quinciniano</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#quinciniano">-Si tú eres noble, ¿por qué tus costunbres muestran que eres
                     sierva?</q></p>
               <p>
                  <persName>Ágata</persName> respondió:</p>
               <p><q who="#agata">-Porque soy esclava de mi <persName>Señor Jesucristo</persName>,
                     por eso me do por sierva.</q></p>
               <p>Dixo <persName>Quinciniano</persName>:</p>
               <p><q who="#quinciniano">-Si de noble linage dizes que eres nascida, ¿por qué afirmas
                     que eres esclava?</q></p>
               <p>Respondió <persName>Ágata</persName>:</p>
               <p><q who="#agata">-Muy alta nobleza es la que bive so el suave yugo de
                     Jesucristo.</q></p>
               <p>Dixo <persName>Quinciniano</persName>:</p>
               <p><q who="#quinciniano">-Escoge destas dos la que mejor te parescerá: o llega tus
                     manos a las santas manos de los dioses, o gemirás so diversas maneras de
                     tormento.</q></p>
               <p>Respondió <persName>Ágata</persName>:</p>
               <p><q who="#agata">-Tal querría yo que fuese tu muger como tu deesa e tu
                        <persName>Júpiter</persName>.</q></p>
               <p>Entonces <persName>Quinciniano</persName> encendido en saña mandola ferir de
                  bofetadas, e díxole:</p>
               <p><q who="#quinciniano">-Non sobervies a Júpiter con tu atrevida boca.</q></p>
               <p>Respondiole <persName>Ágata</persName>:</p>
               <p><q who="#agata">-Maravíllome de ti, varón prudente, venir a tan <pb n="171r"/>
                     poco sentido que dizes que son tus dioses aquellos cuya vida tú nin tu muger
                     non querrías seguir, e dizes que te es injuria si bivieres por la manera
                     d’ellos. Si segund tú dizes son dioses, buena cosa te deseé, e si aborresces
                     sus acostunbres eso mesmo sientes que yo.</q>
               </p>
               <p>Dixo <persName>Quinciniano</persName>:</p>
               <p><q who="#quinciniano">-¿Qué menester me faze a mí tan luenga fabla de palabras?: o
                     da sacrificios a los dioses o por diversos e crueles tormentos te faré sallir
                     el alma.</q></p>
               <p>Respondiole <persName>Ágata</persName>:</p>
               <p><q who="#agata">-Si me amenazas con las fieras animalias sin piadad, en echándolas
                     el nonbre de Cristo desechada la braveza se amansarán; si con fuego, los
                     ángeles me echarán de suso rocío de salud para que non perezca gastada por
                     fuego; si con tristes llagas o crueles tormentos, yo confirmada por la gracia
                     del Espíritu Santo las menospreciaré.</q>
               </p>
               <p>¡O fiuzia grande!, que non espantada por las ásperas amenazas tan sueltamente e
                  tan sin miedo respondió a que non solamente confió desviarse poder de los
                  peligros, mas aun armada con la defensión divinal, con el su postrimero tormento
                  creyó que los vencía. ¡O buen Dios!, ¡quánto es segura de sí la conciencia que
                  entera e castamente se guardó, e a quien non fue ningund mal ayuntamiento con el
                  cuerpo e se desvió continuamente de los pecados!, la qual aunque entre las
                  pestilenciales loçanías de los mortales aya conversado, enpero siguió <pb n="171v"
                  /> la vía de los dioses que más adelante diré. </p>
               <p>Entonces <persName>Quinciniano</persName> viéndose del todo confuso mandola llevar
                  a la cárcel, e quando la llevavan en tal ábito de su cara iva a la cárcel dando
                  fermosura de risa como si fuera a conbite muy bien aparejado. Otro día
                     <persName>Quinciano</persName> le dixo: <q who="#quinciniano">"Deniega a Cristo
                     e adora a los dioses"</q>, e ella non queriendo, mandola atormentar de crueles
                  tormentos. E en quanto la atormentavan dixo: <q who="#agata">"Así se me fuelga el
                     coraçón con estos tormentos como a aquel que vee la cosa que ha grand tienpo
                     que desea, o aquel que falla por acaescimiento grand pieça de oro; ca así como
                     non puede ser el trigo bien guardado en el alfolí si sus granos non son bien
                     trillados, así mi ánima non puede con palma de martirio ir a aquella soberana
                     bienandança si tú usando de la tu crueldad non fizieres este cuerpo ser
                     atormentado cruelmente"</q>.</p>
               <p>¡O cosa muy grande! La virtud non sabe ser presa: si sus mienbros eran
                  atormentados non era atormentada la grandeza de su coraçón, non la pesadunbre, non
                  la firmeza, non el mesmo coraçón que por tanta guarnición de virtudes e por tanta
                  conpañía era cercado. </p>
               <p>Entonces <persName>Quinciniano</persName> encendido en saña la mandó atormentar la
                  teta, e, ella bien atormentada, que gela cortasen. <persName>Ágata</persName> le
                  dixo: </p>
               <p><q who="#agata">-¡O cruel e vano tirano!, ¿non eres confuso de verguença en cortar
                     a la fembra lo que tú, llegado a los pechos <pb n="172r"/> de tu madre, muchas
                     vezes mamaste con la boca? E yo enteras tengo mis tetas con que crío mis
                     sentidos desde la niñez consagradas a Dios inmortal.</q>
               </p>
               <p>Entonces <persName>Quinciniano</persName> la mandó meter en las cárceles e vedó
                  que non entrase a ella físico alguno nin otro que pan o agua le podiese dar, e
                  escrívese que acerca de la medianoche vino a ella un onbre grande, delante del
                  qual iva un moço con grand lunbre que llevava consigo muchas melezinas, e
                  dixo:</p>
               <p><q who="san_pedro">-Aunque este loco cónsul te ha fecho fatigar con tormentos,
                     pero más lo ofensaste tú con tus agras respuestas; e aunque contorció tus
                     tetas, las suyas serán tornadas en amargura. Mas quando te lastimava con los
                     tormentos, caté e vi que tus tetas podían rescibir melezina de salud.</q>
               </p>
               <p><persName>Ágata</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#agata">-Nunca guardé mi cuerpo con melezinas, por ende, entendería ser
                     muy feo si agora perdiese lo que grand tienpo ha que curé de guardar.</q>
               </p>
               <p>Al fin después de muchas cosas dichas de cada cabo, el viejo dixo: </p>
               <p><q who="san_pedro">-Yo soy apóstol de Dios que me enbió a ti, por tanto, sepas que
                     en su nonbre que tú eres curada.</q></p>
               <p>Lo qual dicho, luego <persName>sant Pedro</persName> desapareció de sus ojos.
                  Entonces <persName>Ágata</persName> acostándose fizo gracias a Dios, e falló la
                  teta restituida a su pecho. E como los guardas espantados por la grand lunbre se
                  arredrasen e dexasen la cárcel abierta, algunos <pb n="172v"/> dizen que la
                  rogaron que se fuese, a los quales ella respondió: </p>
               <p><q who="#agata">-Non quiera Dios que yo me vaya e pierda la corona de la paciencia
                     señalada e con ella dé angustias a mis carceleros.</q></p>
               <p>E dende pasados quatro días <persName>Quinciniano</persName> le dixo:</p>
               <p><q who="#quinciniano">-O adora a los dioses o si por ventura non quisieres
                     padescerás más graves tormentos.</q></p>
               <p><persName>Ágata</persName> respondió:</p>
               <p><q who="#agata">-Cuitado, tus palabras son locas e malas, e nin te veo seso nin
                     entendimiento. ¿Por qué manera quieres que adore a las piedras e dexe a Dios
                     del cielo que me crio?</q></p>
               <p><persName>Quinciniano</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#quinciniano">-¿Quién te crio?</q></p>
               <p><persName>Ágata</persName> respondió:</p>
               <p><q who="#agata">-Cristo fijo de Dios.</q></p>
               <p><persName>Quinciniano</persName> otra vez dixo:</p>
               <p><q who="#quinciniano">-Osas nonbrar a <persName>Jesucristo</persName>, cuyo nonbre
                     es mi aborrescido.</q></p>
               <p><persName>Ágata</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#agata">-En quanto biviere, con coraçón e con labrios lo llamaré.</q></p>
               <p><persName>Quinciniano</persName> respondió:</p>
               <p><q who="#quinciniano">-Agora se manifestará si te crio Jesucristo.</q></p>
               <p>E mandó traer cascos quebrados e derramarlos, e so ellos poner brasas ardientes e
                  echarla a ella desnuda encima d’ellas. ¡O maravillosa justicia de Dios! En
                  faziendo esto, luego una parte de la cibdad movida con grand terremotu cayó e dio
                  causa de morir dos consejeros de <persName>Quinciniano</persName>. Entonces toda
                  la gente e todo el pueblo iva apriesa a él, diziendo que por el injusto tormento
                  de <persName>Ágata</persName> sofrían aquello. E <persName>Quinciniano</persName>,
                  aviendo temor de la una parte del terremotu e de la otra del alboroço del pueblo,
                  mandola de cabo tornar <pb n="173r"/> a la cárcel. E estando allí dixo estas
                  palabras: </p>
               <p><q who="#agata">-Señor Jesucristo que me criaste e el mi cuerpo guardaste desde la
                     niñez e quitaste de mí el amor del mundo e me feziste vencer los tormentos e me
                     diste virtud de paciencia, rescibe mi espíritu e mándame ir a la tu
                     misericordia.</q>
               </p>
               <p>E después que oró dizen que con grand boz dio el espíritu, e diz que los fieles de
                     <persName>Jesucristo</persName> con especias ungieron su cuerpo e lo asentaron
                  en monumento, e un mancebo vestido con vestiduras de seda, con otros varones más
                  de quinientos de fermoso gesto e arreados de vestiduras blancas que nunca en otro
                  tienpo fueron vistos, vinieron al cuerpo d’ella e posieron una tabla de mármol a
                  su muy santa cabeça en estas palabras escripta: <quote>"Mentem santam spontaneam
                     honorem deo patri et liberacionem"</quote>, que quiere dezir: <quote>"Voluntad
                     santa de su grado e honor a Dios e escapamiento a la tierra"</quote>; el qual
                  miraglo publicado por los gentiles e aun los judíos començaron a ir con grand
                  honor a la sepultura d’ella. </p>
               <p>E <persName>Quinciniano</persName> queriendo tomar sus riquezas yendo segund se
                  escrive de dos cavallos que peleavan en uno a coces, el uno lo mordió e el otro lo
                  echó ferido de una coce en el río en tal manera qu’el su cuerpo nunca acaesció que
                  podiese ser fallado.</p>
               <p>E dende andando el año cerca de su nascimiento se escrive que <placeName>Ethua
                     <!-- REVISAR --> monte</placeName> de <placeName>Cicilia</placeName> madre de
                  los piéridos, que non está muy lueñe <pb n="173v"/> de la cibdad, ronpiendo bocas
                  echó pedaços de fuego e piedras regaladas e corrían a manera de arroyo con grand
                  arrebatamiento contra la cibdad. Entonces grand muchedunbre de paganos
                  descendiendo del monte fuéronse a su sepoltura e tomaron el velo que era cubierta
                  e posiéronlo contra las piedras que corrían, e después el día de su nascimiento el
                  fuego quedó e non fue más adelante. </p>
               <p>E por tanto con razón dixo <persName>sant Anbrosio</persName> en su profacio en
                  loor desta virgen así: <quote>"¡O bienaventurada e ínclita virgen que meresció por
                     loor del fiel martirio clarificar su sangre al Señor! ¡O ilustre e gloriosa por
                     dos fermosuras alunbrada!, que entre los ásperos tormentos más clara que todos
                     los miraglos e reluziente por la divinal ayuda mereció ser curada por la
                     visitación del apóstol, e así casada con <persName>Jesucristo</persName> la
                     rescibieron los aires; así resplandescen los gloriosos servicios del fecho
                     umanal, en quanto el coro de los ángeles demuestra la bienandança de la
                     voluntad e el escapamiento de la tierra"</quote>.</p>
               <p>Agora, si son vistos dignos de grandes loanças los que derramaron la vida por
                  salud de su tierra, de cuya sabidoría así como divinal nos solemos maravillar,
                  mayormente en las cosas que pertenescen a bien e bienaventuradamente bevir, como
                  los dos <persName>Decios</persName> que se dize que se metieron en meitad <pb
                     n="174r"/> de los enemigos, ¿qué alabanças diremos que meresce
                     <persName>Ágata</persName>, que determinó de llevar tan crueles maneras de
                  tormentos por ir a la tierra celestial? Por cierto nin por palabras se puede
                  explicar, nin por la voluntad se puede bien entender, por tanto determino de pasar
                  a <persName>santa Lucía</persName>.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_6_lucia">
               <head>Lucía</head>

               <p><persName>Lucia</persName>, otrosí virgen çaragocana que es cierto ser nascida de
                  noble linage, igual pregón de alabança apropia a sí mesma. Ca ésta, segund se
                  escrive en su leyenda, oyendo que la fama de <persName>Ágata</persName> bolava por
                  toda la isla de <placeName>Cicilia</placeName>, dizen que fue en uno con su madre
                  que era trabajada con esperança de salud de fluxo de sangre quatro años avía al
                  sepulcro de <placeName>santa Ágata</placeName>, e en quanto celebravan la misa
                  entre las solepnidades, acaesció que se dizía aquel evangelio que da testimonio
                  que <persName>Jesucristo</persName> curó a una muger desta dolencia, entonces dixo
                  a su madre:</p>
               <p><q who="#lucia">-Si esto que se lee crees que es verdad, e creyeres que
                        <persName>Ágata</persName> tiene sienpre presente a aquel por cuyo nonbre
                     determinó de rescibir muerte, si con firme creencia llegares a su sepulcro,
                     luego avrás salud.</q>
               </p>
               <p>E esto dicho, estando todas asentadas cerca de la sepoltura, e la madre e la fija
                  estando en oraciones, <persName>Lucía</persName> se dio a sueño. E en quanto
                  estava dormiendo vio a <persName>Ágata</persName> en medio de los ángeles arreada
                  de <pb n="174v"/> perlas que le dizía: <q who="#agata">"Hermana mía
                        <persName>Lucía</persName>, tomada del inmortal Dios: ¿para qué me pides lo
                     que para tu madre puedes luego ganar? Cata que por la grand fe tuya es ya
                     curada"</q> E dende <persName>Lucía</persName> despertada del sueño, dixo a la
                  madre:</p>
               <p><q who="#lucia">-Cata, madre, que ya eres sana, onde te pido e ruego por aquella
                     que por sus plegarias agora te curó, que de aquí adelante non me quieras
                     nonbrar esposo, mas que quieras dar a los pobres de
                        <persName>Jesucristo</persName> todo aquello que por nonbre de dote me avías
                     a dar.</q></p>

               <p>La madre respondió:</p>
               <p><q who="#madre">-Enantes otorga tus manos a tu madre al postrimero oficio del
                     cerrar de los ojos, e después faz de mi fazienda a tu guisa.</q>
               </p>
               <p><persName>Lucía</persName> le dixo:</p>
               <p><q who="#lucia">-Lo que quando mueres das, por eso lo das, porque después non
                     puedes llevar contigo el fructo dello; por tanto, dalo en quanto puedes mirar
                     el cielo porque merezcas alcançar galardón.</q>
               </p>
               <p>Onde desque se acogieron a la cibdad de <placeName>Çaragoça</placeName>
                  repartiendo cada día sus bienes los davan a los pobres, e en quanto ellas
                  repartían por amor de Dios su patrimonio a los que lo avían menester vino el fecho
                  a noticia de su esposo, el qual queriendo saber deste repartimiento el ama de
                     <persName>Lucía</persName> le respondió sabiamente que
                     <persName>Lucía</persName> avía fallado para mercar en su nonbre otro
                  heredamiento de más provecho qu’el que vendía, e que por tanto vendía algunas
                  cosas; el loco dizen que creyó esta <pb n="175r"/> carnal mercadoría, e por tanto
                  començó a dar favor a las que vendían. E las cosas todas vendidas e dadas a los
                  pobres, sintiendo como era cristiana, el esposo llevó luego a
                     <persName>Lucía</persName> ante <persName>Pascual</persName> cónsul, diziendo
                  que fazía contra las leyes de los enperadores. E ella estando delante d’él e
                  seyendo conbidada a los sacrificios de los ídolos respondió: </p>
               <p><q who="#lucia">-El sacrificio agradable a Dios es visitar a los pobres e
                     acorrerles en el tienpo de su nescesidad, e porque non tengo ál que ofrescer
                     pueda, a mí mesma le do tanbién para ofrescer.</q></p>

               <p><persName>Pascual</persName> le dixo:</p>
               <p><q who="#pascual">-Estas cosas puedes tú contar a qualquier loco cristiano tu
                     igual, mas tales cosas non cunple fablarlas a mí que guardo las ordenanças de
                     los príncipes.</q>
               </p>
               <p><q who="#lucia">-Mas yo curaré de guardar la ley de Dios: tú has temor de los
                     príncipes del mundo, yo temo a Dios inmortal; tú te guardas de los enojar, yo
                     trabajo de me desviar de ofender a Dios; tú piensas cómo fazerles cosa
                     agradable, yo cobdicio sobre todas cosas a plazer a Jesucristo. Pues faz tú lo
                     que entiendas que es tu pro, ca yo faré lo que entendiere que es provecho
                     mío.</q>
               </p>
               <p><persName>Pasqual</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#pascual">-Gastaste tu patrimonio con tus reqüestadores, e por tanto como
                     mala muger fablas sin verguença.</q></p>
               <p>Respondió <persName>Lucía</persName>:</p>
               <p><q who="#lucia">-Mi patrimonio yo lo puse en lugar seguro, e corronpedores de
                     cuerpo nin de voluntad nunca los conoscí.</q></p>
               <p><persName>Pasqual</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#pascual">-¿Quáles dizes <pb n="175v"/> tú que son los corronpedores del
                     cuerpo e de la voluntad?</q></p>
               <p><persName>Lucía</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#lucia">-A vosotros llamo yo corronpedores de la voluntad, que trabajáis
                     por aconsejar al ánima que desampare a su criador, e corronpedores del cuerpo a
                     los que anteponen el deleite a la eternal bienandança.</q>
               </p>
               <p><persName>Pasqual</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#pascual">-Cesarán las palabras quando viniéremos a las feridas.</q></p>
               <p><persName>Lucía</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#lucia">-Cree tú que las palabras de Dios inmortal non se pueden
                     esconder.</q></p>
               <p><persName>Pasqual</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#pascual">-Pues, ¿el Espíritu Santo es en ti e tú de Dios eres?</q></p>
               <p><persName>Lucía</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#lucia">-Confieso que soy sierva de Dios, e los que casta e santamente
                     biven templo del Espíritu Santo son.</q></p>
               <p><persName>Pasqual</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#pascual">-Mandarte he llevar al lugar feo, porque te sean en uno quitados
                     el Espíritu Santo e la flor de la virginidad.</q></p>
               <p><persName>Lucía</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#lucia">-Non es dañado el cuerpo si queda el coraçón non corronpido, ca si
                     contra mi voluntad me fuere quitado el tesoro de la virginidad, serme ha
                     doblada la virtud de la castidad para corona, e nunca me podrás mudar de mi
                     propósito para que consienta en feos deleites. Vees aquí mi cuerpo aparejado
                     para toda manera de tormentos, ¿qué te cunple más tardar, fijo del diablo? Si
                     has gana, comiença a fazer en mí la crueldad de tus tormentos.</q>
               </p>
               <p>Entonces <persName>Pasqual</persName> mandó venir ante sí rufianes, e ellos
                  venidos a su llamado díxoles: </p>
               <p><q who="#pascual">-Conbidad para ella a todo el pueblo, e tanto estad
                     escarnesciéndola fasta que muera.</q></p>
               <p>¡O <pb n="176r"/> buen Dios! ¡Si son maravillosas las obras de tus manos!, es a
                  saber, que de todas las cosas que tú fundaste non ay cosa que yerre en tan largo
                  espacio de tienpo que non guarde sus idas e venidas e los otros sus movimientos
                  firmes e derechos, nin ay cosa arrebatada nin desvariada nin por acaescimiento. E,
                  ¿qué cosa ay más maravillosa que ésta? Las vírgines esclarescidas por la luz de tu
                  bondad nin han temor de los tormentos muy crúos, nin, lo que más fuerte es de
                  dezir, de la muerte, cuyo pavor muchas vezes alcançó a los muy rezios varones. ¡O
                  cosa maravillosa! Estos a quien era mandado queriéndola llevar, con tanto peso la
                  avía fincado el Espíritu Santo que en manera alguna non la podieron arrancar del
                  lugar en que estava. Dende <persName>Pascual</persName> mandó llamar mill onbres e
                  atar pies e manos a <persName>Lucía</persName> e llevarla, mas aunque ellos todos
                  juntos trabajavan, su trabajo non ovo efecto. ¡O onbre de fierro, a quien miraglo
                  de tan grand cosa non pudo arrancar de su desvarío! Entonces añadió a aquellos que
                  avía mandado llamar para llevar a <persName>Lucía</persName> al feo lugar otros
                  mill pares de onbres, e con todo, la virgen estovo queda sin moverse. Entonces
                  fueron llamados los magos si la podrían llevar con sus encantaciones, e quedaron
                  vanos de su propósito. E <persName>Pasqual</persName> encendido en saña dixo:</p>
               <p><q who="#pascual">-¿Qué fechizos son estos?</q></p>
               <p><persName>Lucía</persName> respondió: <pb n="176v"/></p>
               <p><q who="#lucia">-Non son fechizos, mas son bien fechos de
                        <persName>Jesucristo</persName>, ca aunque otros diez mill mandes llamar,
                     bien como de antes en vano trabajarán de usar sus fuerças.</q>
               </p>
               <p>E entendiendo <persName>Pasqual</persName> que estos eran fechizos del espíritu
                  maligno, e los podría quitar con algunas maneras de encantamentos, mandola rociar.
                  E desque tan poco aprovechava así, mandó encender cerca d’ella grand fuego e
                  derramar sobr’ella pez e resina e azeite ferviendo. E en quanto la atormentavan
                  ella con coraçón non quebrantado más alto e grande dixo: </p>
               <p><q who="#lucia">-Gané el plazo de mi martirio por quitar a los creyentes el temor
                     e a los non creyentes boz de alegría.</q>
               </p>
               <p>Los amigos de <persName>Pasqual</persName> veyéndola que se angustiava mucho,
                  metieron cuchillo por la garganta de la virgen, la qual se escrive que nin por eso
                  non perdió la fabla e que dixo estas palabras: </p>
               <p><q who="#lucia">-Iglesias, anúnciovos que vos es dada paz, ca oy es muerto
                        <persName>Maximiano</persName>, e <persName>Diodenario</persName> corrido e
                     echado de su regno. Así como fue dada <persName>Ágata</persName> mi hermana por
                     defensora a la cibdad de <placeName>Catania</placeName>, así so yo rogadora a
                     la cibdad de <placeName>Çaragoça</placeName>.</q>
               </p>
               <p>En quanto esto dizía de la boca, los oficiales de los romanos tomaron preso a
                     <persName>Pasqual</persName> e leváronlo a <name>César</name> porque se dizía
                  que avía robado toda aquella isla. E así llevado fue dello acusado e condepnado a
                  muerte. ¡O bondad infinita de Dios! <persName>Lucía</persName> estovo <pb n="177r"
                  /> queda en el lugar donde fue ferida con el cuchillo fasta que los sacerdotes
                  vinieron para dar aquel santo cuerpo a sepoltura. E allí donde fue sepultada fue
                  fecha una iglesia.</p>
               <p>¡O virgen muy digna de toda maravilla!, cuya firmeza de coraçón fue tanta a que
                  pasando callada la su santidad en que fue mucho esclarescida, non dubdo que es de
                  anteponer a <persName>Sócrates</persName> guarnido de esfuerço non creíble, el
                  qual, toda la cibdad de <placeName>Atenas</placeName> alboroçada por muy mal
                  error, aviendo condepnado a muerte a los diez pretores, que quiere dezir alcaldes
                  o juezes, se puso contra el atrevimiento de la muchedunbre porque non peresciesen.
               </p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_7_juliana">
               <head>Juliana virgen</head>

               <p>Lo que se sigue por la maravilla del fecho en sí non es de contar por nos noble,
                  ca es cierto que <persName>Juliana</persName> virgen muy santa seyendo desposada
                  con <persName>Eulogio Nicomedio</persName> adelantado, e non queriendo en manera
                  alguna ayuntarse con él si non guardase la fe de <persName>Jesucristo</persName>,
                  por mandado del padre fue despojada e ferida muy gravemente e dada al
                     <name>adelantado</name>. Al qual dizen que el <name>adelantado</name> dixo:</p>

               <p><q who="#adelantado">-Muy dulce <persName>Juliana</persName> mía, ¿por qué burlas
                     así de mí?</q></p>
               <p><persName>Juliana</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#juliana">-Si al mi Dios bien e derechamente adorares faré a tu guisa; en
                     otra manera yo non sosegaré contigo.</q></p>
               <p>El <persName>adelantado</persName>:</p>
               <p><q who="#adelantado">-Esto yo non lo puedo fazer, ca, si lo fiziese, el enperador
                        <pb n="177v"/> me castigaría por pena de muerte.</q></p>
               <p><persName>Juliana</persName>:</p>
               <p><q who="#juliana">-Si tanto miedo has del enperador que sabes que es mortal, ¿cómo
                     quieres que yo non aya miedo de Dios inmortal? Por tanto, faz lo que podrás que
                     a mí non podrás engañar.</q></p>

               <p>Entonces <persName>Pasqual</persName> la mandó gravemente ferir con vergas e
                  atarla colgada medio día por los cabellos e echar plomo retido sobre su cabeça, e
                  como non la venciese cosa, atada en cadenas la encerró en la cárcel. A la qual
                  dizen que vino el <name>diablo</name> en manera de ángel e díxole:</p>

               <p><q who="#diablo">-<persName>Juliana</persName>, yo tanbién so ángel del Señor, que
                     me enbió para que te deva amonestar que des obra a los sacrificios de los
                     dioses porque non seas luengamente atormentada e mueras mal.</q></p>

               <p>Entonces <persName>Juliana</persName>, mojada la cara de lágrimas, orando
                  dixo:</p>

               <p><q who="#juliana">-Señor Dios, non me dexes perescer, mas muéstrame quién es este
                     que tales cosas me aconseja.</q></p>

               <p>A la qual, fecha una boz que lo tomase porque le apremiase a confesar quién era,
                  en tomándolo le preguntó quién era, e él manifestó que era <name>diablo</name> que
                  su padre lo avía enbiado a la escarnescer.</p>
               <p><persName>Juliana</persName> le dixho:</p>
               <p><q who="#juliana">-¿Quién es tu padre?</q></p>

               <p>Respondió el <name>diablo</name>:</p>

               <p><q who="#diablo">-<persName>Belzebuc</persName>, que a todos los males nos enbía,
                     e si por ventura non podemos acabar lo que manda pónenos a muy graves muertes,
                     onde non es dubda que en muy mal agüero vine acá, pues non te pude <pb n="178r"
                     /> vencer.</q></p>

               <p>E entre las otras cosas le dixo una grande, que lo más de lo que él fuía era de
                  los cristianos quando el misterio del cuerpo del Señor se celebrava, o quando dan
                  obra en predicaciones e oraciones. Entonces <persName>Juliana</persName> lo ató e
                  derrocó en tierra firiéndolo muy duramente con la cadena con que estava
                  aprisionada. El <name>diablo</name> queriéndola rogar dixo a grandes clamores:</p>

               <p><q who="#diablo">-¡Señora, ave merced de mí!</q></p>

               <p>Entonce sacaron a <persName>Juliana</persName> de la cárcel por mandado del
                     <name>adelantado</name>, e ella llamava en pos de sí al <name>diablo</name>
                  atado, el qual le iva rogando así:</p>

               <p><q who="#diablo">-Señora mía, non quieras mas si a ti plaze fazer de mí escarnio,
                     ca non podría de aquí adelante vencer a ninguno. E sé que dizen que los
                     cristianos son misericordes, e tú non muestras contra mí ninguna
                  caridad.</q></p>

               <p>Así lo traxo atado por el mercado todo, e dende lo echó en una laguna, e desque
                  fue traída delante del adelantado estendiéronla en una rueda tanto fasta que todos
                  sus huesos fueron quebrantados fasta le sallir los tuétanos. ¡O cosa muy digna de
                  toda memoria! El ángel del Señor desmenuzando la rueda la curó luego, el miraglo
                  de la qual cosa viéndolo los que eran presentes creyeron. Por lo qual fueron luego
                  entonces juntos en pena de muerte quinientos e cinqüenta onbres e treinta mugeres.
                  E después posiéronla en una olla llena de plomo <pb n="178v"/> retido, lo qual se
                  tornó como en manera de baño tenplado, e el <name>adelantado</name> maldixo a los
                  dioses que adorava, porque non podía penar una moça que tanta injuria les fazía.
                  ¡O onbre duro como fierro!, ca non atenprado por ninguna piadad nin por ningund
                  miraglo le mandó cortar la cabeça, e quando la llevavan a la muerte, el
                     <name>diablo</name> que ella avía ferido atado en la cadena apareció en
                  semejança de mancebo e clamava diziendo:</p>

               <p><q who="#diablo">-¡Non la querades perdonar!, porque fizo injuria a los dioses, e
                     esta noche me firió agramente, por ende, ¡dalde su galardón por lo que
                     cometió!</q></p>

               <p>E quando <persName>Juliana</persName> levantó un poco los ojos si podría veer al
                  que esto fablava, el <name>diablo</name> fuyendo dio bozes:</p>

               <p><q who="#diablo">-¡Ay de mí mesquino!, prenderme quiere e atar.</q></p>

               <p>Después de degollada santa <persName>Juliana</persName>, el
                     <name>adelantado</name> navegando, levantose tormenta e anegose él con veinte e
                  quatro onbres, cuyos cuerpos seyendo echados por las ondas en la ribera los
                  comieron las bestias bravas e las aves.</p>

            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_8_maria-egipciaca">
               <head>Maria Egipciana</head>

               <p>Recontadas las alabanças de santa <persName>Juliana</persName>, ofrescióseme la
                  maravillosa santidad de santa <persName>María Egipciana</persName> para que la
                  escriviese, la qual es cierto que fizo muy apretada vida treinta e siete años en
                  el yermo, e en quanto enmagreció allí la carne por aparejar el espíritu a
                  penitencia, un abad por nonbre <persName>Gozinias</persName>, <pb n="179r"/>
                  aviendo pasado a <placeName>Jordán</placeName> e andando aderredor del yermo
                  buscando si podría fallar algund santo varón, viola el cuerpo desnudo negro e
                  quemado por el grand encendimiento del sol andar por el yermo, e, él visto, luego
                  echó a fuir, e él començó a correr más de rezio en pos d’ella. Estonces dizen que
                  dixo ella:</p>

               <p><q who="#maria">-Abad <persName>Gozinias</persName>, ¿para qué me persigues? Yo te
                     amonesto e aun ruego que me dexes, ca non puedo bolver mis ojos a ti porque soy
                     muger e desnuda. Mas dame tu manto con que me cubra e te pueda veer sin
                     verguença de la cara.</q></p>

               <p>Él, en oyendo su nonbre, maravillose e diole el manto e echado en tierra rogola
                  que lo bendixiese. Ella dixo:</p>

               <p><q who="#maria">-A ti, padre muy bueno, es sabido que pertenesce el oficio del
                     bendezir, que eres honrado por dignidad sacerdotal.</q></p>

               <p>E después que él vio que el su nonbre e oficio era a ella conoscido, movido por
                  mayor maravilla, rogola afincado que lo bendixiese.</p>
               <p><persName>María</persName>:</p>
               <p><q who="#maria">-Bendígate Dios redemptor de nuestras ánimas.</q></p>

               <p>E en quanto ella orava con las palmas tendidas, vídola cerca de un codo levantada
                  del suelo, e estonces aquel grande abad començó a dubdar que por ventura non fuese
                  espíritu que infinitosamente dava obra a oraciones.</p>
               <p><persName>María</persName>:</p>
               <p><q who="#maria">-Perdónete el muy alto príncipe de todas las cosas si entendiste
                     que yo era espíritu suzio acostunbrada a pecados.</q></p>

               <p>Entonces <persName>Gozinias</persName>
                  <pb n="179v"/> la començó a conjurar por el Señor que le manifestase quién
                  era.</p>
               <p><persName>María</persName>:</p>
               <p><q who="#maria">-Padre, perdona, que si mis costunbres e vida te contare,
                     espantado como de serpiente echarás a fuir, tus orejas se enojarán con mis
                     palabras e el aire se dañará con mis suziedades de pecados.</q></p>
               <p>E afincándola él, dixo:</p>
               <p><q who="#maria">-Yo fui nascida en Egipto, e a los doze años de mi edad fui a
                        <placeName>Alixandría</placeName>, e dime diez e seis años a pública luxuria
                     que non me negué a ninguno.</q></p>

               <p>¡O umildad grande!, aunque prevalescía entonces por mucha santidat, pero non ovo
                  verguença de confesar la fealdad de su floresciente edad. ¡Grand cosa, o santo
                  Dios, de dentro e de fuera bien e santamente bevir, e qué grandes cosas estas!
                  Aviendo onbres de aquella partida acordado de navegar a
                     <placeName>Jerusalén</placeName> por adorar la cruz, dixo que avía rogado a los
                  marineros que la llevasen consigo, e ellos demandándole flete dixo:</p>

               <p><q who="#maria">-Yo non poseo cosa que vos dé por flete sinon mi cuerpo, aquel
                     aved.</q></p>

               <p>E esto dicho rescibiéronme en la nao.</p>
               <p>E desque llegó a <placeName>Jerusalen</placeName> e vino a la puerta de la iglesia
                  en uno con los otros diz que la echaron, e que luego entendió que le denegavan la
                  entrada de la puerta. E como otra vez fuese a la puerta de la iglesia, los otros
                  aviendo libre entrada dixo que a ella era defendida la licencia de entrar.</p>

               <p>¡O maravillosa caridad de Dios, <pb n="180r"/> que muchas vezes enciende las
                  voluntades con fuego de contrición porque llore alguno sus pecados e llorando
                  alcance perdón! E ella examinando su conciencia entendió que esto le venía por la
                  fealdad de sus pecados. Començó a ferir los pechos con las manos, e a derramar
                  lágrimas e a enbiar sospiros de lo entrañable del coraçón. E ella mirando diz que
                  vio la imagen de la bienaventurada virgen e que se fue para ella e echando
                  lágrimas le rogó que le ganase perdón de los pecados e le otorgase entrada para
                  adorar la cruz, ca avía determinado de bevir casta e bienaventuradamente. E desque
                  oró e concibió fiuzia en el nonbre de la virgen, fue otra vez a la puerta de la
                  iglesia e yendo allá entró libremente. ¡O cosa non menos de maravillar que de
                  recontar! Adorando la santa cruz con grand devoción dizen que ovo quien le dio
                  tres dineros, por los quales conpró tres panes, e que oyó una boz que le dizía: <q
                     who="#voz">"Si pasares a <placeName>Jordan</placeName> serás salva"</q>, e así
                  pasando a <placeName>Jordán</placeName> fizo vida en el yermo quarenta e siete
                  años que no vio a ninguno, e que aquellos tres panes que consigo avía llevado se
                  avían fecho como piedra e le avían bastado quarenta e siete años, e que fue
                  atormentada de muchas tentaciones pero que todas las venció por la gracia de
                  Dios.</p>

               <p>E así <pb n="180v"/> ella dixo al santo varón:</p>

               <p><q who="#maria">-Yo te he recontado mis obras, pídote que ruegues al Señor por
                     mí.</q></p>

               <p>Dizen que el viejo echado en tierra bendixo al Señor en su familia, e ella le rogó
                  que el día de la cena viniese a <placeName>Jordán</placeName> e troxiese consigo
                  el cuerpo del Señor porque lo podiese tomar de sus manos. E dende dizen que el
                  viejo se tornó al monesterio e andando el año, seyendo cerca el día de la cena,
                  que fue a la ribera de <placeName>Jordán</placeName> e que vio de la otra parte a
                     <persName>María</persName>, la qual, fecha la señal de la cruz, sobre las aguas
                  vino a él. E él veyéndola diz que se maravilló e que se echó umilmente a sus pies,
                  e ella veyendo al grande abad que se derrocava a tierra le dixo:</p>

               <p><q who="#maria">-Cata non lo fagas, ca traes los sacramentos del Señor e
                     resplandesces por dignidad de sacerdocio, mas ruégote que al año siguiente
                     tornes a mí.</q></p>

               <p>Entonces ella, tomado el cuerpo de <persName>Jesucristo</persName> e fecha la
                  señal de la cruz, pasó e tornose al yermo, e el viejo acabado el año tornó a aquel
                  mesmo lugar do lo avía fallado. El qual después que vio que ella era bolada a la
                  soberana bienandança, mojada la cara de lágrimas non la osando tocar dixo entre
                  sí: <q who="#gozinias">"Yo querría dar este cuerpo a sepoltura, mas he miedo que
                     le non venga en grado"</q>. En quanto esto pasava consigo en su coraçón,
                  abaxando los ojos a tierra leyó en el suelo cerca de su cabeça unas letras que
                  dizían: <pb n="181r"/>
                  <quote>"<persName>Gozinias</persName>, entierra el cuerpo de
                        <persName>María</persName> e da su polvo a la tierra e ruega por mí al Señor
                     por cuyo mandado entré en la carrera de toda carne a dos días de
                  abril"</quote>. E por aquí sopo el viejo que, tomado el sacramento divinal, luego
                  que tornó al desierto feneció la vida.</p>

               <p>Pues, ¿qué diremos allende desto? El desierto que apenas por espacio de treinta
                  años avía pasado, en aquella una ora lo corrió e se fue loando a aquel
                  ayuntamiento de los ángeles, e el viejo queriendo cavar la tierra non podía. Luego
                  apareció un león, al qual el viejo dixo:</p>

               <p><q who="#gozinias">-Esta muy santa muger mandó enterrar su cuerpo e non tengo
                     ferramienta buena, e como soy cansado de vejez non puedo cavar la tierra; por
                     tanto cava tú, porque pueda yo dar su cuerpo a sepultura.</q></p>

               <p>E esto dicho diz que el león començó a cavar e aderesçó sepultura qual conplía, e,
                  el cuerpo enterrado, se fue como cordero manso. E el viejo glorificando a Dios se
                  tornó al monesterio.</p>

               <p>Pues si nos solemos mucho maravillar de la continencia de
                     <persName>Emilio</persName>, que, vencido el <name>rey de Persia</name>, non
                  guardando para sí cosa, poco menos cunplió la pobreza de
                     <placeName>Roma</placeName>; e asimesmo de los tres mensageros que las dádivas
                  que aparte avían rescebido antes las llevaron al tesoro que explicitasen al Senado
                  el mensage de <persName>Tolomeo</persName> entendido que el vencedor non devía
                  aver otra cosa salvo el loor, ¿non nos maravillaremos <pb n="181v"/> mucho más e
                  mucho más ensalçarémos la tenprança non oída desta gloriosa muger?, que non
                  solamente yo juzgo que deve ser antepuesta a estos de que suso dicho es, mas aun a
                  los otros varones de grand valor que noblemente son alabados por los polidos
                  oradores, pues con tanta sequedad de vida bivió en el desierto a que en manera
                  alguna non creas que onbre podiese tan presta e tan santamente bevir.
                  Maravillarnos hemos por cierto e ensalçarla hemos, aunque la su santidad, en que
                  ella una fue excelente entre las otras mugeres, por fe non por umanales mas por
                  divinales loanças es de ensalçar.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_9_petronila">
               <head>Petronila, fija de sant Pedro</head>

               <p>Tras <persName>María Egipciana</persName>, noble por maravillosa santidad, me
                  viene en mientes <persName>Petronila</persName> fija de sant
                     <persName>Pedro</persName> apóstol. La qual, seyendo mucho paresciente de gesto
                  e de voluntad del padre, era trabajada de calenturas encendidas. Estando con él
                  ayuntados los discípulos le dixo:</p>

               <p><q who="#discipulo">-Maravíllome en que a todos curas con la sola palabra, ¿por
                     qué a <persName>Petronila</persName> dexas estar trabajada de fiebre?</q></p>
               <p>Sant <persName>Pedro</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#san_pedro">-Porque así cunple que se faga, mas porque non pienses que la
                     yo non puedo curar ayudándome Dios –dixo– ¡levántate,
                        <persName>Petronila</persName> e sírvenos prestamente!</q></p>

               <p>Lo qual dicho luego se levantó del lecho sana e fizo lo qu’el padre le <pb
                     n="182r"/> mandó. Lo qual fecho dizen que le dixo el padre:</p>

               <p><q who="#san_pedro">-<persName>Petronila</persName>, tórnate a tu cama.</q></p>

               <p>¡O maravillosa obediencia! Los ojos puestos en el suelo con la grand umildad luego
                  se tornó a la cama, e de primero començó a ser trabajada de la calentura
                  encendida.</p>

               <p>¿Para qué más largamente escriviremos d’ella? Salvo que desqu’el padre conosció
                  que todos sus pensamientos tenía ella cerca del servicio de Dios sanola
                  perfectamente, a la qual, recobrada la salud, fue un conde llamado
                     <persName>Flaco</persName> por la su grand fermosura para se la ayuntar en
                  casamiento, al qual <persName>Petronila</persName> dixo:</p>

               <p><q who="#petronila">-Si me quieres aver por muger, manda venir a mí algunas
                     vírgines que me lleven para tu casa.</q></p>

               <p>E en quanto él las aderesçava, <persName>Petronila</persName> començó a estar en
                  ayunos e oraciones, e dende tomando el cuerpo del Señor púsose en la cama, e
                  desque ovo yazido allí tres días con devoción pasose a la conpañía de los
                  ángeles.</p>

               <p>¡O muy santa castidad! Así como era sin corronpimiento en la voluntad, así se
                  quiso ir entera del cuerpo al soberano príncipe de todos. El dicho conde, veyendo
                  ser burlado tornose a <persName>Filícula</persName> e mandole que casase con él o
                  ofresciese sacrificios a los dioses, e porque ella denegó lo uno e lo otro, dizen
                  que fue detenida en cárceles por el adelantado siete días sin comer e sin bever. E
                  dende fue muerta e su cuerpo echado en un albañar, el qual tomando el
                  bienaventurado <persName>Nicodemus</persName>
                  <pb n="182v"/> de aquel inonesto lugar sepultolo devotamente.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_10_julia">
               <head>Julia</head>

               <p>A esta noble virgen acordé de ayuntar la devisa de santidad de
                     <persName>Julia</persName>, la qual, queriendo fuir de la persecución, dizen
                  que se fue a <placeName>Carcoso</placeName>, una fortaleza de
                     <placeName>Cicilia</placeName>, con un su niño <persName>Quinto</persName> que
                  avía ya conplido tres años. E desque llegó allá, dizen que fue llevada ante
                     <persName>Alixandre</persName> adelantado, e desanparada de dos moças suyas por
                  ventura de miedo, e dizen que el adelantado tomó el <name>niño</name> en los
                  braços, e porque la madre denegava ofrescer sacrificios a los ídolos la mandó
                  açotar con fieros açotes. E el niño, veyendo que açotavan a su madre, amargamente
                  llorava e dava grandes querellas al adelantado que tenía el niño en los braços e
                  tentava de lo falagar con besos e con otras blanduras. E el niño, veyendo a la
                  madre puesta en las feridas, aborrescía los besos, e tornando la cabeça con saña
                  le rascava la cara con las vñas.</p>

               <p>E al fin mucho estando que non quería le dio un bocado en las espaldas; estonces
                  el <name>adelantado</name> ensañado e sintiéndose del dolor, dizen que lo echó de
                  lo alto por los escalones en tal manera que el auditorio se ensangrentó con el
                  ternezuelo celebro del <name>niño</name>. E dizen que <persName>Julia</persName>,
                  muger esclarescida, viendo su fijo ir adelante a la conpañía de los ángeles con
                  alegría dio gracias a Dios, e dende la desollaron e la vañaron <pb n="183r"/> en
                  pez bulliente, e al fin cortáronle la cabeça, e pasó a aquel mesmo lugar de
                  bienandança.</p>

               <p>¡O qué paciencia non usada e qué maravillosa grandeza de coraçón! Ca non solo
                  sufrió fuertemente la muy cruel muerte del fijo, mas con alegría dio gracias a
                  Dios por qu’él era ensalçado por corona de martirio, avía bolado tan aína a
                  aquella bienandança que es la gloria del paraíso. ¿Quién entenderá, si bien
                  acatare la grandeza de coraçón desta fenbra, que a aquel príncipe romano llamado
                     <persName>Bruto</persName> sea digno de maravillar por nobleza de razón?, el
                  qual, desque ovo echado e desterrado fuera de <placeName>Roma</placeName> al rey
                     <persName>Tarquino</persName> muy poderoso e a sus fijos, e ellos condepnados a
                  pena de muerte, librada la cibdat del perpetuo señorío la traxo a que en ella non
                  oviese reyes, mas que se regiese por juezes e regidores que fuesen puestos en cada
                  año. Aunque es cierto que este sobredicho <persName>Bruto</persName> fue por esto
                  mucho alabado destas loores por los oradores muy polidos, por cierto ninguno non
                  ay que con todo esto pueda igualar a <persName>Bruto</persName> a la grandeza del
                  coraçón desta santa, e por tanto tórnese mi dezir a <persName>Marina</persName>,
                  virgen gloriosa.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_11_marina">
               <head>Marina, virgen</head>

               <p>Por auctoridad de los muy enseñados varones se falla que
                     <persName>Marina</persName> virgen fue una sola fija a su padre, a la qual el
                  padre queriendo ella entrar en religión <pb n="183v"/> e entrando en el monesterio
                  mudó la vestidura porque non paresciese fenbra mas varón. E dizen que rogó al abad
                  que rescibiese en el monesterio un su solo fijo, el qual es cierto que por ruego
                  suyo fue rescibido por monge, e llamávanle todos frey <persName>Martín</persName>.
                  Este dizen que començó a bien bevir e bienaventuradamente.</p>

               <p>E desque ovo conplidos veinte e siete años, sintiendo el padre que se quería
                  morir, dizen que llamó a la fija, e confirmándola con sabias palabras en su
                  propósito le mandó que en manera alguna nunca a ninguno descubriese como era
                  muger. La qual asaz claramente se vee en su leyenda que guardó bien el mandamiento
                  de su padre, e como solía muchas vezes traer leña al monesterio con un carro e se
                  ospedava en casa de un onbre, acaesció que su fija se enpreñó de un cavallero. E
                  quando le preguntó quién la avía corronpido afirmó que <persName>Martín</persName>
                  monge la avía desonrado, el qual, quando le preguntaron por qué avía fecho tan
                  grand maldad confesó que avía pecado e pidió que le fuese dado perdón. Los monges,
                  creyendo que él avía cometido este maleficio, echáronlo del monesterio. ¡O
                  maravillosa paciencia! Non se fue dende turbada nin se querelló que le fazían
                  injuria, mas con grand umildad moró tres años ante la puerta del monesterio e fizo
                  vida padesciendo grand mengua <pb n="184r"/> de mantenimiento. Non se mantenía con
                  basto de viandas, mas con un solo pedaço de pan.</p>

               <p>En caso que dan testimonio noblemente las letras de los muy altos varones, los
                  quales ovieron cuidado de recontar apuestamente las cosas pasadas, que fue tan
                  maravillosa la pacencia de <persName>Mucio</persName> romano que por salud de
                     <placeName>Roma</placeName> metió su mano en el fuego quando fue con propósito
                  de matar al rey <persName>Porsena</persName> e lo non pudo acabar, el qual rey
                  avía venido a cercar a <placeName>Roma</placeName>, segund más largamente lo
                  recuenta su istoria, e diz que este <persName>Nucio</persName> miró su mano cómo
                  destellava en el enemigo fuego a que los dioses inmortales non se maravillasen con
                  vista de mayor acatamiento por servicio alguno que por onbre les podiese ser fecho
                  que deste, e que el dicho rey <persName>Porsena</persName>, que es miraglo de
                  dezir, olvidando su peligro tornó la vengança en maravilla, enpero diré yo e con
                  razón que es digna de mayor maravilla la pacencia desta muy santa virgen, ca por
                  ventura aquel encendido en saña porque se falló vazío de su propósito sufrió
                  quemar su mano metida en el fuego, mas ésta, denostada sin razón e dende echada
                  del monesterio, sufrió con mucha pacencia tres años ante la puerta grand aspereza
                  de vida. ¿Para qué más? Al fin, el niño fue enbiado al abad e él lo dio a criar a
                     <persName>Martín</persName>, el qual estovo con él en aquel lugar <pb n="184v"
                  /> dos años.</p>
               <p>¡O muy santa virgen! Cosa destas non sofría sinon con buen coraçón, dando gracias
                  a Dios en todo. E paresce que después desto los fraires la rescibieron en el
                  monesterio e que le encomendaron todos los más viles oficios, e dizen que ella
                  alegremente los aceptó e que todo lo fazía paciente e devotamente.</p>

               <p>Al fin faziendo vida desta guisa se fue a aquella suave conpañía de los ángeles, e
                  los fraires queriendo levar su cuerpo segund la costumbre que solían e aviendo
                  ordenado de la sepultar en baxo lugar, viéndola fallaron que era fenbra. Todos
                  pasmados e espantados de temor confesaron que avían mucho pecado contra la sierva
                  de Dios. Vinieron todos apriesa a ver tan grand cosa, pidiendo perdón de la
                  ignorancia e del pecado, e dende aquel muy santo cuerpo fue enterrado en la
                  iglesia con muy grand honor. E la moça que infamó a esta virgen fue atormentada
                  del diablo, e dende confesando su maldad con otras ante la sepultura de la virgen
                  fue deliberada. E demás grand muchedunbre de onbres yendo allá segund dizen vieron
                  muy muchos miraglos.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_12_teodora">
               <head>Teodora</head>

               <p>Podría asaz noblemente después de la virgen <persName>Marina</persName> contar los
                  loores de santa <persName>Valeria</persName>, si se me acordase aver leído algo de
                  lo que a ella pertenesce. E porque non me viene en miente ál, salvo que fue <pb
                     n="185r"/> madre de los santos <persName>Gervasio</persName> e
                     <persName>Protasio</persName>, acordé de me pasar a santa
                     <persName>Teodora</persName>, la qual es avido en memoria por actoridad de muy
                  claros varones que fue noble e fermosa muger en <placeName>Alixandría</placeName>
                  en tienpo del enperador <persName>Zenón</persName>, e que ovo marido rico e
                  temiente a Dios. E el diablo ovo enbidia de su santidad, por lo qual dizen que se
                  encendió en cobdicia d’ella un onbre lleno de riquezas, el qual aquexado con grand
                  amor la afincava a menudo con mensageros e con dádivas. E ella, menospreciando los
                  mensageros tanbién menospreciava las dádivas; e desque vio que el su coraçón
                  cercado de maravillosa firmeza non podía ser por dádivas algunas quebrantado,
                  acordó de la acometer por otra vía. Por lo qual dizen que le enbió una
                     <name>fechizera</name>, la qual como la tentase con umildes amonestaciones e
                  non podiéndola vencer, ella estando dubdando de cometer tal pecado ante los ojos
                  de Dios que todas las cosas mira díxole:</p>

               <p><q who="#fechizera">-Todo lo que se faze de día aína lo vee Dios, e non lo que se
                     faze quando el sol se quiere poner.</q></p>

               <p>¡O fenbra desaventurada! Ca non espantada del temor de Dios mas perseverando en su
                  mala traición, ella preguntándole si era así, díxole otra vez que sí. Por las
                  palabras engañada la moça, el día yendo fazia la tarde dio su cuerpo al
                     <name>adúltero</name>, e después que tornó en sí mesma dizen que lloró muy
                  amargamente <pb n="185v"/> e que con grand dolor firió su cara con bofetadas, e
                  después, quando el marido vino a casa e le falló la cara mojada de lágrimas, non
                  sabiendo qué cosa era, trabajava por la consolar e non podía. E escrívese que la
                  muy santa simplicidad por la mañana se fue a un monesterio e preguntó a la
                  principal de las monjas si podía saber Dios un muy grave pecado que ella avía
                  fecho yendo el sol a ponerse. E ella le dixo que non avía cosa que pudiese ser a
                  Dios ascondida. Entonces <persName>Teodora</persName> echando lágrimas pidió el
                  libro del santo Evangelio para echar suertes sobre sí mesma. ¡O cosa maravillosa!
                  Abriendo el libro por acaescimiento, es cierto que falló aquellas palabras que
                  dize: <quote>"Lo que escriví, escriví"</quote>. E después que se tornó a casa, en
                  quanto el marido estava un día fuera, se cortó los cabellos e tomó las vestiduras
                  del marido por non parescer muger, e fuese a un monesterio que segund dizen estava
                  dende a diez e ocho millas, e rogó a los monges que la rescibiesen por monge. E lo
                  que rogava, o por sus muy suaves palabras o por la voluntad de Dios, que es lo que
                  más creo, alcançolo. E quando le preguntaron qué nonbre avía, respondió que le
                  llamavan <persName>Teodoro</persName>. E allí fizo su vida con muy grand umildad,
                  e dende después de algunos años dizen qu’el abad la llamó e le mandó que viniesen
                  los bueyes <pb n="186r"/> e traxiese con un carro azeite de la cibdad para el
                  monesterio.</p>

               <p>E contando agora algo del <name>marido</name>, dizen que lloró mucho aviendo temor
                  que non se oviese por ventura ido con algund <name>adúltero</name>. En quanto él
                  estava cuitándose con este pensamiento vino a él un <name>ángel del Señor</name> e
                  le dixo:</p>

               <p><q who="#angel">-Levántate de mañana e en el camino del martirio de sant
                        <persName>Pedro</persName> apóstol, la que ovieres en encuentro, sabe que es
                     tu muger.</q></p>

               <p>E esto dicho, cuentan que <persName>Teodora</persName> vino e vio a su marido, e,
                  él visto, dixo entre sí: <q who="#teodora">"Marido bueno, ¡ay de mí!, ¿con quántos
                     trabajos enflaquezco yo mi cuerpo si pudiese alcançar perdón del pecado que
                     cometí?"</q></p>

               <p>E como más se le acercó dizen que le dixo:</p>

               <p><q who="#teodora">-Alégrate mi Señor, ¡o buen Dios!</q></p>

               <p>E él no conosció a su muger. E después aviendo mucho esperado e dando bozes que
                  era burlado, es cierto que oyó una boz: <q who="#voz">-Aquel que ayer te dixo
                     saludes era tu muger.</q></p>

               <p>¡Qué grandes cosas!, de tanta santidad e de tanta excelencia dizen que fue ella,
                  que fazía muchas cosas muy dignas de maravillar. Ca dizen que escapó un onbre de
                  la boca de una bestia brava que lo despedaçava, e así despedaçando lo resucitó con
                  sus plegarias, e que la bestia, en maldiziéndola ella, cayó amortescida. E el
                  diablo aviendo enbidia de su santidad por ver si la podría en qualquier manera
                  turbar le dixo:</p>

               <p><q who="#diablo">-Mala muger, más adúltera que todas, dexaste a tu marido e
                     venístete acá en menosprecio mío. Por cierto yo faré guerra contra ti tan agra
                     a que niegues a <persName>Jesucristo</persName> crucificado.</q></p>

               <p>La qual, oído esto, signose del signo de la cruz e luego el diablo desapareció de
                  sus ojos.</p>

               <p>E una vez viniendo e aviéndose acogido a su posada, fue una moça a ella de noche
                  para que dormiese con ella, e desque ella la despreció, dizen que engañó a otro.
                  Después que le cresció el vientre e le preguntavan quién la avía corronpido,
                  respondió que <persName>Teodoro</persName> la avía avido. Es escripto notablemente
                  por los antiguos que después que la moça parió el fijo fue enbiado al abad. ¡O
                  maravillosa paciencia! Aunque la maltraían sin porqué, con todo eso pidía que le
                  otorgasen perdón, el qual non pudo ganar ca el abad sospechava que ella avía
                  cometido aquel pecado. El niño echado a sus cuestas, lançola del monesterio, e
                  dizen que ella, así echada fuera del monesterio, pasó su vida siete años e que
                  crio el niño con leche de ovejas. ¡O infinita piadad de Dios! Aunque tantas vezes
                  el antiguo serpiente la tentava para la engañar, pero siempre quedó vazío de su
                  propósito. E conplidos los siete años, el abad, pensando en sí la maravillosa
                  paciencia suya, acogiolo con el moçuelo en el monesterio, donde después que bivió
                  dos años bien e santamente tomó el moçuelo e encerrolo consigo en la cámara. Lo
                  qual seyendo <pb n="187r"/> fecho saber al abad, enbió monges que con diligencia
                  escuchasen qué era lo que con él fablava, e ella abraçó el moçuelo con besos e
                  díxole estas palabras:</p>

               <p><q who="#teodora">-Muy dulce fijo, porque tengo agora de entrar en el camino de
                     toda carne –quiere dezir que se quería pasar desta vida– a Dios te dexo, a él
                     ave por padre e por ayudador e sirve a tus hermanos umil e devotamente.</q></p>

               <p>¡O argumento singular de maravillosa santidad! Estas cosas dichas, luego dio el
                  espíritu a Dios e boló a aquella soberana bienandança. E aquella noche que deste
                  mundo pasó, dizen que el abad vio en visión aderesçar grandes bodas a las quales
                  ivan los ángeles e profetas e mártires e todos los otros santos, e en medio
                  d’ellos una sola muger muy apuesta e en grand gloria, la qual fue al lugar do se
                  fazían las bodas e se asentó sobre el lecho, a la qual todos los que estavan
                  delante fazían grand reverencia. E oyó una boz que dizía: <q who="#voz">"Aquí
                     estavas, <persName>Teodoro</persName>, que falsamente te aponían pecado del
                     niño"</q>.</p>

               <p>E siete vezes pasó el sol sus luengos trabajos sobre él, e tantas angustias sufrió
                  porque ensuzió la cama de su marido, el abad despertando fue en uno con los
                  fraires a su cámara e fallola finada. E todos los que entraron descubriéndola
                  conoscieron que era fenbra. Entonces el <name>abat</name> mandó llamar al padre de
                  la moça desonrada, e desque, él llamado, vino, díxole:</p>

               <p><q who="#abad">-El marido <pb n="187v"/> de tu fija es muerto.</q></p>

               <p>E junto con esto quitó la vestidura d’ella e mostrole como era fenbra. Por lo qual
                  todos los que lo oían ovieron grand temor.</p>

               <p>Entonces el <name>ángel del Señor</name> mandó al <name>abad</name> que sobiese en
                  un cavallo e fuese a la cibdad e traxiese consigo al monesterio al que le viniese
                  en encuentro. E él yendo a la cibdad vínole a encuentro un onbre al qual preguntó
                  que dó iva, él le dixo:</p>

               <p><q who="#hombre">-Mi muger morió e aguijo por verla.</q></p>

               <p>Entonces lo tomó en el cavallo e fueron amos las caras mojadas de lágrimas e con
                  muchos loores dieron aquel muy santo cuerpo a sepoltura.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_13_margarita">
               <head>Margarita</head>

               <p>Pasara callando los loores de <persName>Teodora</persName> porque es fallado asaz
                  notablemente por muy enseñados onbres que manzilló la cama de su marido, salvo
                  porque me traxo a la escrevir la grand penitencia que fizo e su maravillosa vida.
                  La qual agora me atrae a contar la muy alta santidad de
                     <persName>Margarita</persName>, que fue esclarescida por non menor gloria. Ca
                  es cierto que esta fue fija de <persName>Teodosio</persName> patriarca de los
                  gentiles, e dada a ama e babtizada en tienpo de su mocedad, e un día, aviendo
                  conplidos los quinze años e guardando con otras moças las ovejas de su ama, pasava
                  cabe ella el adelantado que avía por nonbre <persName>Olinbrio</persName>, e luego
                  fue encendido en su amor. Dizen que fue enamorado de su fermosura, e que enbió <pb
                     n="188r"/> a ella sus moços para que la sosacasen. Entendió aquel onbre si
                  fuese libre que la avría por muger, e si sierva por manceba.</p>

               <p>Desque fue traída ant’él, preguntole de qué linage era nascida e qué nonbre la
                  llamavan o en qué fe o religión era criada. Respondió que noble era de linage, e
                  por nonbre <persName>Margarita</persName>, e que por religión era cristiana. Dixo
                  el adelantado:</p>

               <p><q who="#olinbrio">-Las dos cosas primeras bien convienen para ti, ca eres avida
                     por noble e eres fallada <persName>Margarita</persName> muy fermosa. E lo otro
                     non me parece que te conviene, que moça tan fermosa e clara por nobleza de
                     sangre adores a Dios crucificado.</q></p>

               <p>E ella afirmando que <persName>Cristo</persName> avía padescido por redempción
                  nuestra e que bive agora eternalmente, el <name>adelantado</name> encendido en
                  saña mandola meter en la cárcel. E otro día mandola traer ante sí provando por
                  muchas maneras si le podría aconsejar que diese sacrificios a los dioses, e non
                  pudo, de tanta firmeza estava cercado su coraçón e de tanta fuerça afirmado. ¡O
                  buen Dios!, ¿de qué contaré agora sinon de aquel vazío e cruel tirano que biéndola
                  que nin por consejos nin por amenazas non la podía desviar de su santo propósito
                  mandola tan ásperamente atormentar que así manava sangre de su fermoso cuerpo como
                  mana la fuente?, e aunque él con ira salía de sentido, con todo esto non la pudo
                  vencer. Por cierto maravillosa es la condición de la virtud, que <pb n="188v"/>
                  nin puede ser atraída por falagos nin quebrantada con ásperas amenazas nin con
                  crueles tormentos puede ser sacada del estado de su dignidad. Los que y estavan
                  movidos por ventura con piadad dizían:</p>

               <p><q who="#gente">-<persName>Margarita</persName>, nos avemos conpasión de ti porque
                     veemos tu cuerpo ser así despedaçado tan cruelmente. ¡O, qué fermosura has
                     dañado por tu descreencia! ¡Crey siquier agora porque bivas!</q></p>

               <p>E non curando de sus amonestamientos, dixo al <name>adelantado</name>:</p>

               <p><q who="#margarita">-Can sin verguença e león espantable, aunque el cuerpo está
                     subgeto a tu crueza, sabe que contra el ánima non podrás fazer
                  crueldad.</q></p>

               <p>E él cubría el rostro con la falda por non ver tan grand derramamiento de sangre,
                  e mandola quitar de allí e tornar otra vez a la cárcel.</p>

               <p>Callaría en verdad lo que agora he de dezir si non se fallase mi razón por los muy
                  altos e valientes varones, mas porque escrivo a onbres alunbrados por luz de fe,
                  sin dubdar determiné de encomendar a letras las maravillas que por voluntad de
                  Dios se pueden fazer: estando mucho orando en la cárcel, e siguiéndola mucho el
                  antiguo enemigo del umanal linage, aparesciole un drago espantable de vista que
                  abriendo su pestilencial boca la priso con ella. E ante que la tragase, en
                  faziendo ella la señal de la cruz fue partido el serpiente por medio, e así escapó
                  la virgen sin lisión. E el diablo la tentó otra vez en forma de onbre <pb n="189r"
                  /> si la podría engañar, e llegó a ella diziéndole:</p>
               <p><q who="#diablo">-Abástate aver fecho esto, ruégote que me non quieras más
                     enojar</q>.</p>
               <p>Dizen que la virgen le enbolvió la mano en los cabellos e lo derrocó en tierra, e
                  puso su pie derecho sobre la cabeça d’él e díxole:</p>
               <p><q who="#margarita">-Sobervio diablo, agora serás derrocado so los pies de la
                     muger.</q></p>

               <p>Entonces afirman que él dio bozes en esta guisa:</p>

               <p><q who="#diablo">-¡O bienaventurada <persName>Margarita</persName>! ¡Confiésome
                     ser vencido!</q></p>

               <p>E que le contó otras muchas cosas, el qual, segund dizen, seyendo dexado
                  desapareció.</p>

               <p>Otro día allegándose el pueblo fue traída ante el juez, e desque non quiso
                  ofrescer sacrificios a los dioses, por lo qual fue puesta desnuda entre fachas
                  ardientes, e los que estavan a esta cruel vista se maravillavan mucho en qué
                  manera podía una tierna moça sofrir tan crúos tormentos, ¡o crueza terrible!,
                  mandola poner en una grand tina llena de agua, porque mudándole la pena sintiese
                  mayor dolor. Nin por esto non fue vista partirse del estado de su paciencia nin de
                  su dignidat, antes se mostró non ser vencida por todos estos dolores, lo qual es
                  de rezio coraçón e de grand firmeza. ¡O piadad grande de Dios! Entonces tremió
                  súbito la tierra, e aviendo todos temor cuentan que la virgen escapó sin enojo,
                  por el miraglo de la qual cosa afirman que creyeron cinco mill onbres que por el
                  nombre de <persName>Jesucristo</persName> fueron condepnados a pena <pb n="189v"/>
                  de muerte. ¡O onbre muy fiero! Aviendo pavor que los otros por ventura creerían,
                  mandándole cortar la cabeça a la virgen, e aviendo ganado espacio de fazer
                  oración, en quanto con grand devoción orava, dixo una boz del cielo:</p>

               <p><q who="#voz">-<persName>Margarita</persName>, sabe que en las cosas que pediste
                     que eres oída.</q></p>

               <p>¡O muy maravillosa fortaleza de coraçón!, aquello de que muchos varones muy
                  fuertes tantas vezes fueron vistos aver miedo ella con muy firme intención
                  paresció que lo deseava. Levantándose de la oración, dixo al verdugo, non con
                  coraçón quebrantado de miedo mas levantado e grande:</p>

               <p><q who="#margarita">-Fiéreme.</q></p>

               <p>El qual lançando el cuchillo de un golpe le cortó la cabeça, e así honrada por
                  corona de martirio se fue a aquella gloria que mucho deseava.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_14_magdalena">
               <head>María Magdalena</head>

               <p>Dubdé yo mucho e grand pieça si devía contar o si callar los loores de
                     <persName>María Magdalena</persName>, ca me parescía que se non podría escrevir
                  sin reprehensión de algunas cosas desonestas entre las onestas; e tanbién pasar
                  callada tan maravillosa santidad non me parescía cosa de onbre enseñado e sabio. E
                  ¿quál dubda mayor podía ser que fallándose escripto por varones muy aprovados ella
                  aver seído de primero dada toda a deleites, e dende aver valido mucho por singular
                  santidad, juzgar quál <pb n="190r"/> destas era mejor: o dar a letras sus loores o
                  callar porque non paresciese por ventura digno de reprehensión en contar las cosas
                  desonestas? E seyendo llevado el coraçón oras acá oras allá, plúgome aunque non
                  allegadamente segund el fecho lo demandava, pero en qualquier manera recontaré su
                  loable vida.</p>
               <p>Onde buscando con mi memoria las cosas que los nobles antiguos muy estudiosamente
                  escrivieron, vínome delante que <persName>María Magdalena</persName> fue así
                  llamada por el <placeName>castillo de Magdalo</placeName> que después de la muerte
                  de su padre le vino en suerte. E fue nascida de muy claros parientes, e biviendo
                  fuera de castidad, dello por la abundancia de las riquezas, dello por su grand
                  fermosura que de ligero es aparejada a sobresallir, e oyendo que estava acostado
                  en casa de <persName>Simón</persName> leproso aquella luz verdadera que nos lavó
                  con el derramamiento de su sangre, alunbrada con luz divinal se fue para allá. E
                  non osando parescer en medio de los justos, púsose detrás cerca de los pies del
                  Señor, e con grand fiuzia lavole los pies con lágrimas e linpiolos con los
                  cabellos, e escrívese que los ungió con ungüento.</p>
               <p>¡O muger bienandante, a quien el redemptor de todos <persName>Cristo
                     Jesús</persName> por sola su creencia dio tan grandes e tan magníficos
                  beneficios! Ca todos sus pecados le perdonó, e librola de poderío del diablo, e de
                  su amor la encendió toda <pb n="190v"/> e fizola toda suya, e quiso posar en la su
                  casa. E lo qu’es maravilla de dezir: segund dan testimonio las santas letras, por
                  su maravillosa bienquerençia a su hermano de quatro días muerto retornó a vida; e
                  afirma <persName>san Anbrosio</persName> que esta, cuya vida fue después sienpre
                  en cosas honestas e grandes, al tienpo de la gracia fizo la primera penitencia en
                  el yermo, e dize que asentada a los pies del Señor encomendó a memoria sus muy
                  suaves palabras e estovo a su pasión e aderesçole ungüentos preciosos e por gracia
                  singular los otros discípulos idos del sepulcro ella non se partió dende.</p>
               <p>E escrívese que <persName>Jesucristo</persName> resurgiendo apareció a ella
                  primero e la ordenó apóstola, e quando los judíos echaron a los discípulos del
                  Señor de los términos de <placeName>Judea</placeName>, ellos pasando las diversas
                  naciones de los gentiles sembravan la palabra de Dios, e en este derramamiento,
                  segund <persName>Maximino</persName> e <persName>María Magdalena</persName> e
                     <persName>Lázaro</persName> su hermano e <persName>Marta</persName> e otros
                  muchos cristianos, puestos en un navío fueron enbiados por la mar sin governador
                  porque todos peresciesen en uno, enpero por la voluntad de Dios llegaron asalvos a
                     <placeName>Marzella</placeName>, donde porque non fallaron ninguno que los
                  rescibiese en posada acogiéronse a un portal que estava delante del tenplo de la
                  cibdad. E quando vio esta muy santa muger el pueblo <pb n="191r"/> ir al tenplo a
                  ofrescer sacrificios a los dioses, dizen que se levantó e con alegre cara e suave
                  palabra los provó a desviar del servicio de los ídolos e ensalçó con grandes
                  loores a <persName>Jesucristo</persName>. Onde cuentan que se maravillavan de la
                  grand dulçura de su fabla. ¡O buen Dios!, si ellos se maravillavan yo non me
                  maravillo que la boca que tan dulces e tan piadosos besos avía dado en los pies
                  del salvador nuestro salliesen d’ella palabras con tal suavidad de olor; dizen
                  más: que en tanta caridad ardió que, viniendo el príncipe de aquella provincia en
                  uno con su muger a sacrificar a los dioses por aver fijos, que ella predicando a
                  Cristo les estorvó que non fiziesen aquel mal sacrificio. E dende algunos días
                  pasados apareció en visión a aquella dueña, e díxole:</p>

               <p><q who="#magdalena">-¿Por qué teniendo tan grandes riquezas dexades a los santos
                     de Dios perescer de fanbre e de frío?</q></p>

               <p>E amenazola si non aconsejase al marido que en qualquier manera sobrellevase la
                  mengua de los santos. E ella aviendo miedo non osó contar la visión al marido. E
                  la noche siguiente le apareció asimesmo e le dixo otro tanto, e aun ella non curó
                  de lo notificar al marido, e al fin encendida en saña apareció a amos e amenazó
                  mal al marido e fuese dende. E ellos despantados con temor acordaron que mejor era
                  fazer a su guisa que caer en la ira del su dios que predicava. E por ende,
                  rescibiéronlos a posada e diéronles lo que <pb n="191v"/> avían menester.</p>

               <p>E un día <persName>María</persName> senbrando la palabra de Dios le dixo el
                  príncipe:</p>

               <p><q who="#principe">-¿Entiendes que podrías defender la fe que predicas?</q></p>

               <p><persName>María</persName> respondió:</p>

               <p><q who="#magdalena">-Sí por cierto, presta so a la defender como aquella que es
                     firmada por la doctrina e miraglos de <persName>san Pedro</persName> mi maestro
                     que está mayoral en <placeName>Roma</placeName>.</q></p>

               <p>El príncipe le dixo:</p>

               <p><q who="#principe">-Prestos somos de te creer si del dios que predicas nos ganares
                     un fijo.</q></p>

               <p>Entonces dizen que <persName>Magdalena</persName> rogó por ellos al Señor, e
                  orando fue oída; e con razón entonces el príncipe ordenó de ir a
                     <placeName>Roma</placeName> a provar si era como ella predicava. E porque la
                  muger contendía de ir con él, aderesçó un navío e llevola consigo, e
                     <persName>Magdalena</persName> los puso en los onbros la señal de la cruz
                  porque el antiguo serpiente non les posiese en manera alguna enbargo en su camino,
                  e navegando noche e día levantose viento poderoso e la mar començó mucho a
                  sobrepujar, de guisa que todos eran atribulados, en especial la dueña preñada,
                  tanto que con el dolor echó luego el parto e echándolo morió. ¡O maravillosa
                  sabidoría de Dios!, nascido el niño dizen que començó a bullir, e buscando el bien
                  fecho de las tetas de la madre dio tristes gemidos. Los marineros davan bozes que
                  fuese echado aquel cuerpo a la mar antes que todos peresciesen diziendo:</p>

               <p><q who="#marineros">-En quanto toviéremos con nosotros este cuerpo muerto non
                     cesará esta tenpestad.</q></p>

               <p>E queriendo echar el cuerpo a la mar dixo el marido:</p>

               <p><q who="#marido">-¡Dadle lugar, dadle lugar, e si a mí nin a ella non querades
                     perdonar, dad lugar a este niño que llora, e dexad un poco si esta muger que
                     por ventura con el grand dolor está amortecida podrá retorner!</q></p>

               <p>¡O infinita clemencia de Dios!, que sallió muchas vezes delante en el tienpo
                  nescesario a los que en él esperan: pareció un otero non muy lueñe del navío, el
                  qual visto, entendió que era mejor llevar allá el cuerpo de la criatura que
                  echarlo en la mar. E los marineros, dello por ruego dello por pecho, llegaron
                  allá, él por la dureza de la tierra non podiendo fazer huesa en lo más encubierto
                  del otero echó su manto debaxo e asentó allí el cuerpo e puso el niño a sus tetas
                  e salléndole las lágrimas díxole estas palabras:</p>

               <p><q who="#marido">-¡O María Magdalena! ¿Por qué aportaste a
                        <placeName>Marzella</placeName> para allegamiento de mi cuita e perdición?,
                     ¿e para qué tomé yo, cuitado, por tu consejo este camino?, ¿para esto me
                     ganaste del Señor criança?, ¿para que mi muger pereciese? E el fijuelo
                     concebido ya agora fuerça es que perezca, cata a ti, a quien encomendé todas
                     las cosas e al tu Dios lo encomiendo que, si poderoso es como tú solías dezir,
                     se acuerde del ánima de la madre e por tus ruegos aya piadad de aqueste
                     chiquito que non perezca.</q></p>

               <p>Entonces cubrió bien de todas partes con su manto el cuerpo con el niño e subió en
                  el navío, e quando vinieron a <placeName>Roma</placeName>
                  <persName>san Pedro</persName> que lo ovo en encuentro, en viéndole la señal de la
                  cruz le preguntó quién era e donde venía. <pb n="192v"/> E él contó por orden todo
                  lo que le avía avenido, e <persName>san Pedro</persName> tomándolo en conpañía le
                  dixo:</p>

               <p><q who="#san_pedro">-A buen consejo diste fe, e non ayas por agro si tu muger
                     duerme e el niño está en uno folgando con ella. Sabe e non dubdes que el Señor
                     puede tornar tu lloro en alegría.</q></p>

               <p>E esto dicho llevolo a <placeName>Jerusalen</placeName>, e dizen que le mostró
                  todos los lugares en que predicó <persName>Jesucristo</persName> e los miraglos
                  que fizo e el lugar de la pasión e de la asención. E desque fue asaz enseñado en
                  la fe a cabo de dos años subió como de cabo en el navío por tornar a su tierra.
                  ¿Fablaré o callaré?, por cierto mejor sería callar que fablar si por ventura non
                  creyese que en algund tienpo lo que he de escrivir non oviese de venir a algunos
                  altos e muy buenos varones que es cierto ser alunbrados por luz de la fe:
                  navegando segund creo con buen viento dizen que llegaron cerca del otero donde el
                  cuerpo con el niño fuera puesto, e el peregrino por ruego e por pecho acabó con
                  los marineros que llegasen allá, e, ellos llegando e salido él por ventura, vio el
                  niño que andava jugando segund la costunbre que solía en la ribera, al qual la
                  bienaventurada <persName>Magdalena</persName> avía guardado salvo. El niño, que
                  nunca fasta estonces avía visto a ninguno, en viéndolo ovo pavor e, fuyendo a la
                  madre, escondiose so el manto. E éste por se más certificar llegó allá e falló al
                  niño mucho fermoso pegado a las tetas de la madre, e tomándolo en los braços dixo
                  muy devotamente <pb n="193r"/>estas palabras:</p>

               <p><q who="#marido">-¡O bienaventurada <persName>Magdalena</persName>, mucho me
                     sentiría bienaventurado si mi muger rebiviese porque retornase comigo a mi
                     tierra! Por cierto yo sé que si tú, que el niño criaste dos años en estas
                     peñas, quisieres, podrás ganar a la madre la salud que de antes avía.</q></p>

               <p>¡O cosa muy maravillosa! Esto dicho, la muger que respiró, e como despertando de
                  sueño dixo:</p>

               <p><q who="#mujer">-De grandes merescimientos eres digna, bienaventurada
                        <persName>Magdalena</persName>, que a mi parir fueste partera e en todas mis
                     nescesidades posiste grand cura e deligencia.</q></p>

               <p>Lo qual oído, el marido movido por maravilla le dixo:</p>

               <p><q who="#marido">-¿Eres biva, amada muger mía?</q></p>

               <p><q who="#mujer">-Biva –dixo– por cierto, e aun agora llego aquí de mi
                     perenigración donde tú agora buelves.</q></p>

               <p>E contole que a todos los lugares que <persName>sant Pedro</persName> avía llevado
                  a su marido a todos la avía llevado la <persName>Magdalena</persName> a ella e que
                  todo lo avía visto e se acordava dello. E començando, todos los lugares que el
                  marido avía visitado, así los contó que en cosa alguna non mudó de la verdad.
                  Entonces el marido tomó su muger e el niño e subió alegre en el navío, e con buen
                  viento dende a poco llegaron a <placeName>Marzella</placeName>, e sallidos en
                  tierra fallaron a <persName>Magdalena</persName> predicando con sus discípulos, e
                  echados a sus pies con lágrimas contáronle todo lo que les avía acaescido. E dende
                  baptizolo <persName>sant Maximino</persName>, e que más alinpiaron los tenplos de
                     <placeName>Marzella</placeName> de los ídolos e fizieron edificar nobles casas
                  en alabança del nuestro redemptor, e eligieron de un coraçón a
                     <persName>Lazaro</persName> por obispo, fueron a la cibdad de
                     <placeName>Aguas</placeName>, e convertiendo todo el pueblo por muchos e
                  diversos miraglos ordenaron en aquella cibdad por obispo a
                     <persName>Maximino</persName>.</p>

               <p>En esto la santa <persName>Magdalena</persName> deseando la eternal contenplación
                  entró en un yermo muy áspero e estovo treinta años en un lugar que segund dizen
                  aderesçaron manos de ángeles, en el qual nin corrían aguas nin árboles nin yervas
                  renovavan sus braços, porque segund esto se manifestase que se non mantenía de
                  comeres terrenales mas de manjar del cielo. E dizen que cada día a las oras
                  canónicas la levantavan ángeles en el aire, porque antes que salliese del mundo
                  gustase aquella muy suave melodía del paraíso... –¿para qué me tardo más? Un
                  sacerdote ordenando de fazer vida solitaria escogió una cámara cerca de aquel
                  lugar por doze millas, e un día segund dizen por la voluntad de Dios mirando
                  alderredor vio por otorgamiento de Dios ángeles descender al lugar do ella fazía
                  penitencia, e que la levantavan en el aire. Él, queriendo saber la verdad desta
                  cosa maravillosa, fue con osada devoción a aquel lugar, e llegando quanto un tiro
                  de piedra tomole tan grand temor que non podía ir adelante, e provándolo otra vez
                  el santo varón entendió que sin dubda este era <pb n="194r"/> algund sacramento
                  celestial a que non podía llegar persona umanal. Onde, llamado el nonbre de
                     <persName>Cristo</persName>, la començó a conjurar con grandes clamores, e a la
                  tercera conjuración díxole:</p>

               <p><q who="#magdalena">-Llégate más acerca.</q></p>

               <p>E desque más acerca se llegó, porque ella gelo contó, sopo que era
                     <persName>María</persName>, la que los pies del Señor lavó con lágrimas. ¡Qué
                  cosas estas tan grandes! Ella le dixo:</p>

               <p><q who="#magdalena">-Ruégote que vayas a <persName>sant Maximino</persName> e cura
                     de le dezir que el día más cercano de la resurreçión del Señor, a la ora que se
                     acostunbra levantar a maitines, entre solo al oratorio, e fallarme ha llevada
                     allá por misterio de los ángeles.</q></p>

               <p>Entonces él se fue apriesa a <persName>Maximino</persName> e le contó todo esto
                  por orden. <persName>Maximino</persName> faziendo gracias a Dios, en el día e ora
                  señalado entró solo en el oratorio e vio a <persName>María</persName> estar en
                  medio de los ángeles levantada cerca de dos codos del suelo, e tendidas las palmas
                  adorava a Dios. E porque él avía miedo de llegar a ella, tornando a él le
                  dixo:</p>

               <p><q who="#magdalena">-Llega, padre, más acerca, e non ayas miedo.</q></p>

               <p>E dende llamada toda la clerezía e el dicho sacerdote, dizen que esta
                  bienaventurada muger con grand derramamiento de lágrimas tomó por mano de
                     <persName>Maximino</persName> obispo el cuerpo e la sangre del Señor, e dende
                  seyendo ant’el altar pasó a las eternales alegrías, segund lo avemos por
                  auctoridad de muy altos varones. E después de su pasamiento al cielo, el lugar do
                  morió dio siete días de sí <pb n="194v"/> grande olor de suavidad, de lo qual asaz
                  paresce quanto valió por santidad, que si lo pensares con razón e buena voluntad
                  juzgarás ser mejor el callar que fablar más, pues las obras d’ella más fueron
                  celestiales que umanales.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_15_crispina">
               <head>Crispina</head>
               <p>Vengo agora a <persName>Crispina</persName>, que se falla por memoria que fue
                  nascida de muy nobles parientes, e que la madre la encerró con unas <name>doze
                     servidoras</name> en una torre porque adorase allí los dioses de oro e plata. E
                  porque era mucho fermosa e la pidían muchos en casamiento, los parientes non la
                  quisieron otorgar porque podiese más libremente entender en el servicio de los
                  ídolos. E ella esclarescida por lunbre divinal, menospreciando los malos
                  sacrificios, encubría el encienso que avía de ofrescer a los dioses. Dizen que
                  yendo el padre a ella las servidoras le dixieron: <q who="#servidoras">"Tu fija
                     non quiere sacrificar a nuestros dioses e afirma que es cristiana"</q>. Esto
                  oído, el padre trabajó por la atraer primero por blandos consejos al servicio de
                  los dioses, e trabajando tantas vezes en vano a cabo de algunas días tornando a
                  ella sopo de las servidoras que su fija avía quebrado los dioses e avía dado a los
                  pobres de <persName>Cristo</persName> el oro e la plata. Entonces la mandó
                  despojar e darle duras feridas, e después de ferida mandola poner en la cárcel. La
                  cuitada madre suya, oyendo esto, rasgó sus vestiduras e aguijó a <pb n="195r"/> la
                  cárcel e echose a los pies de la fija e con lágrimas segund creo dixo:</p>

               <p><q who="#madre">-Fija mía <persName>Crispina</persName>, lunbre de mis ojos, ave
                     piadad de mí.</q></p>

               <p>Ella, encendido el coraçón en el amor de Dios, le dixo:</p>

               <p><q who="#crispina">-¿Qué dizes de tu fija? Sabe que el nonbre de Dios está fincado
                     en mi coraçón.</q></p>

               <p>E desque vio que en vano curava de la aconsejar, tornó al marido e contole todo lo
                  que le avía dicho. Entonces el padre la mandó llevar ante su auditorio e mandole
                  que ofresciese sacrificios a los dioses, e fallándose como de cabo en vano de su
                  propósito, dexada aparte la piedad paternal mandó raer sus carnes con uñas e
                  despedaçar sus mienbros. Entonces ella tomó un pedaço de la carne e echolo en el
                  rostro del padre, e díxole:</p>

               <p><q who="#crispina">-¡Toma, tirano, e come la carne que engendraste!</q></p>

               <p>¡O buen Dios! ¿Quién creería agora que padre fuese de tanta crueza que a su propia
                  fija atormentase por tan cruel pena pues que la mesma ley de natura nos estableció
                  que oviésemos cuidado de las cosas que procreamos?, e ¿quién creería tanpoco que
                  moça fuese de tan firme e grand coraçón e que tan reziamente sofriese los
                  tormentos que non parescía que por manera alguna su coraçón era fatigado? ¡O
                  braveza non oída! Entonces el padre, que más verdaderamente se deve dezir sierpe
                  pestilencial, mandola poner sobre una rueda e aparejó fuego con azeite debaxo. ¡O
                  maravillosa justicia de Dios! Entonces la llama <pb n="195v"/> que se levantó fue
                  causa que perescieron mill e quinientos onbres. ¡O onbre de fierro! Nin por este
                  tan grand miraglo non quedó, antes la mandó poner como de cabo en la cárcel
                  entendiendo que todo esto se fazía por artes malas. E viniendo la noche mandola
                  lançar en la mar con una grand piedra. E esto fecho, ángeles la ayudaron luego que
                  non peresciese. ¡O singular perrogativa! Afírmase que Nuestro Señor
                     <persName>Jesucristo</persName> la baptizó en medio de las ondas, e dende, que
                  la encomendó a <persName>san Miguel Arcángel</persName>, el qual la traxo salva a
                  la ribera. Esto oído, el padre firiendo con sus manos la cara, dixo:</p>

               <p><q who="#padre">-¿Con qué encantamentos fazes esto que lançada en la mar escapas
                     sin peligro?</q></p>

               <p>Ella le dixo:</p>

               <p><q who="#crispina">-Loco desaventurado, sabe que <persName>Jesucristo</persName>
                     me libró.</q></p>

               <p>E de cabo el onbre sin piadad la mandó encerrar en la cárcel. ¡O maravillosa
                  justicia de Dios! Dizen que aquella noche aquel onbre morió e se pasó a los
                  infiernos, e subcedió en su lugar otro mal juez, el qual imaginó un cruel tormento
                  de muerte, es a saber: una cuna de fierro encendida con azeite, pez e resina, en
                  la qual la mandó poner e que la meciesen quatro onbres porque más aína se tornase
                  en ceniza. Entonces <persName>Crispina</persName> dio muchas gracias a Dios porque
                  como niña tornava a nascer, la dexava tornar a mecer en cuna. Entonces el juez
                  encendido en ira mandole rapar la cabeça e que fuese llevada desnuda por la <pb
                     n="196r"/> cibdad fasta el <placeName>tenplo de Apolo</placeName>. E ella diz
                  que mandándogelo el ídolo cayó e se tornó tierra, e desque esto vino a orejas del
                  juez, pasmose e luego morió.</p>

               <p>A este subcedió <persName>Juliano</persName>, el qual mandó encender un forno e
                  echar en las llamas a <persName>Crispina</persName>, e allí estovo por espacio de
                  cinco días sin daño cantando suavemente con los ángeles. Lo qual oyendo
                     <persName>Juliano</persName>, entendiendo que esto se fazía con artes mágicas,
                  mandole echar dos aspias e dos bívoras e dos culebras para que la matasen, pero
                  tanpoco le enpeescieron. Entonces <persName>Juliano</persName> dixo al
                  encantador:</p>

               <p><q who="#juliano">-Tú eres encantador, faz que estas bestias se arremetan a
                     ella.</q></p>

               <p>E en faziéndolo, las serpientes arremetieron contra él e matáronlo. Entonces la
                  muy santa virgen <persName>Crispina</persName> mandó de parte de Dios a las
                  serpientes que se fuesen e luego se fueron al desierto, e ella tornó al onbre
                  muerto a vida. E el mal onbre <persName>Juliano</persName> mandole cortar las
                  tetas, de las quales manó leche en lugar de sangre; e mandole cortar la lengua,
                  mas por esto non perdió la fabla e tomó la lengua cortada e echola a
                     <persName>Juliano</persName> en la cara. E en echándogela cegolo de un ojo, e
                  él airado lançole dos saetas cerca del coraçón, e una en el costado. E así ferida
                  dio el espíritu a Dios.</p>

               <p>¿Quién avría agora que podiese pasar callada la su muy grand santidad si con
                  coraçón e razón quisiere pensar la constancia e fe e grandeza <pb n="196v"/> de
                  coraçón e tenprança e las otras muy claras virtudes en que resplandeció? Por
                  cierto non lo ay, nin aunque fuese aquel varón de muy valiente juizio e de notable
                  facundia enseñado desde niño, <persName>Tulio Cicerón</persName>, que dan
                  testimonio las letras de muchos que non ovo otro más suficiente nin más bastado
                  nin más notable para fablar.</p>

               <p>E por tanto el tienpo demanda de ir a <persName>Marta</persName>, por non fazer
                  más larga escriptura en esta parte.</p>



            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_16_marta">
               <head>Marta</head>
               <p>Muy público es que <persName>Marta</persName> su huéspeda de
                     <persName>Jesucristo</persName> fue nascida de muy nobles parientes e que
                  floreció por perpetua virginidad, ca paresce que nunca conosció varón. E pensando
                  comigo su muy santa vida, apenas creí que podía caber en onbre de poder contar sus
                  alabanças. Es cierto que servía con grand diligencia a
                     <persName>Jesucristo</persName>, lo qual non es poca presunción de su santidad,
                  e después de la ascensión del Señor fue a <placeName>Marzella</placeName> con su
                  hermano <persName>Lázaro</persName> e <persName>Magdalena</persName> e otros
                  muchos. En aquel tienpo avía sobre <placeName>Ródano</placeName> en el monte un
                  dragón que de suso era animal e de yuso pece más grueso que buey e más luengo que
                  cavallo, e tenía los dientes agudos e los cuerpos anchos, el qual comía a los
                  onbres que pasavan e anegava los navíos en el río. E dizen que a ruego del pueblo
                  ella llegó allá, e falló al dragón que comía un <pb n="197r"/> onbre en el
                  monte.</p>

               <p>¡O cosa muy digna de toda memoria! Dizen que echándole agua bendita e mostrándole
                  la señal de la cruz, que de muy bravo se fizo manso como oveja e que lo ató con su
                  cinta. El qual así atado, matáronlo los del pueblo, e a aquel dragón llamavan los
                  moradores <placeName>Tarascio</placeName>. Onde por memoria desta cosa fasta oy
                  día llaman al lugar do fue muerto <placeName>Tarascuno</placeName>, e las letras
                  de algunos dan testimonio que ordenó de fazer allí su vida allegadas muchas
                  hermanas e que fizo grandes hedificios a honor de <persName>santa
                  María</persName>, e que fue de tanta tenprança que non comía carne nin grosura
                  alguna, nin huevos nin queso nin vino, e que non comía más de una vez al día, e
                  que cient vezes en el día e otras tantas en la noche se ponía las rodillas
                  fincadas en oración.</p>

               <p>¡O buen Dios!, una vez, predicando ella cerca de <placeName>Aviñón</placeName>
                  entre la cibdad e el <placeName>Ruédano</placeName>, estava un
                     <name>mancebo</name> de la otra parte de la ribera del río e cobdiciando oír
                  sus palabras porque non tenía barco despojose e cuentan que provó a ver si podría
                  pasar a nado, mas dizen que fue luego por la fuerça del río arrebatado e que se
                  afogó. Al qual seyendo apenas fallado a cabo de dos días e traído ante sus pies
                  faziendo oración lo resucitó, e dizen más, que ella aviendo ya sabido que era
                  cerca el fin de su vida con oración alegre mandó a los suyos que estoviesen cabe
                  ella con lunbres encendidas, e así estoviesen cerca <pb n="197v"/> d’ella fasta le
                  sallir el alma e dende diziendo palabras muy devotas llamola
                     <persName>Jesucristo</persName>, e así pasó a aquella soberana bienandança.</p>

               <p>¡O qué cosas tan grandes!, sonando la fama que se fazían a menudo miraglos a su
                  sepultura, dizen que <persName>Cleodono</persName> rey de
                     <placeName>Francia</placeName>, que poco avía que lo avía baptizado
                     <persName>sant Remigio</persName>, seyendo pasionado de grand dolor de los
                  riñones fue a su sepultura e tornó con entera salud, onde dizen que enriqueció
                  aquel lugar por muy grandes dones.</p>

               <p>Ora si quisiéremos considerar quánta fue la excelencia desta virgen e qué tanta
                  fue su bondad e quánta fue la dignidad de su vida entenderemos quánto es loable el
                  bevir tenprada e fuertemente, e quánto honesta es ordenada e continte e justa e
                  mesuradamente bevir. E su santidad déxola yo a juizio de otros que mejor lo
                  podrían por ventura juzgar.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_17_eugenia">
               <head>Eugenia</head>
               <p>Entre los antiguos es manifiesto que <persName>Eugenia</persName> fue muger clara
                  por linage e más clara por santidad, e fue fija de <persName>Filipo</persName>,
                  varón muy noble entre los romanos, e que ovo ido con su padre en
                     <placeName>Alixandría</placeName>, la qual pidió por muger segund dizen
                     <persName>Aquibino</persName> fijo del cónsul a los quinze años de su edad, mas
                  en balde, ca respondió notablemente que el marido non era de amar por nobleza de
                  linage mas por costunbres. ¡O palabra digna de valor e de grand muger, que
                  demuestra que en el casamiento non deve ser buscada principalmente nobleza de
                  linage, salvo de costunbres! E fue de tan excelente entendimiento que dizen que
                  alcançó la gloria de todas las siete artes liberales, a la qual vino por la
                  doctrina de <persName>sant Pablo</persName>, e por tanto era alunbrada por luz de
                  la fe e dizen que aconsejó a dos notables varones llamados
                     <persName>Proto</persName> e a <persName>Jaciton</persName> que avían
                  conversado con ella en las casas adonde se leía la filosofia que siguiesen los
                  enxenplos de los santos, e dizen que a ellos plogo deste consejo.</p>

               <p>E tomó ábito de onbre e fuese a un monesterio donde era mayoral
                     <persName>Eleno</persName> varón de Dios afirmando que era varón, porque non
                  solían ir allá fenbras algunas. E <persName>Eleno</persName> le dixo:</p>

               <p><q who="#eleno">-Entiendo que esclarescido por divinal inspiración bien dizes que
                     eres varón, pues seyendo fenbra fazes obras de varón.</q></p>

               <p>E dende en uno con <persName>Proto</persName> e <persName>Jaciton</persName> tomó
                  ábito de monge e entró en el monesterio e fízose llamar <persName>fray
                     Eugenio</persName>. Sirviendo mucho a Dios vino a él una dueña que avía nonbre
                     <persName>Malancia</persName>. Era trabajada de dolencia de quartana, e él
                  ungiola en nonbre de <persName>Jesús</persName> con olio e fue librada, e por
                  tanto dizen que ella le ofreció grandes dádivas de las quales non quiso aceptar
                  cosa. E de aquí avino esta dueña que iva muchas vezes a visitar a <persName>fray
                     Eugenio</persName> entendiendo que era onbre, e veyendo que florescía en
                  mancebía e en maravillosa fermosura de cuerpo cayó en amores d’él. E pensava con
                  cuita en qué manera podría conplir su voluntad con él e fizo infinta que era
                  trabajada de grave enfermedad, e por tanto fízolo llamar. E, él llamado, vino, e
                  descubriole luego la ferviente llama de amor que mucho la quemava, rogándole que
                  non fuese causa que ella peresciese. Entonces <persName>Eugenio</persName>
                  maltrayéndola dexola vana de su propósito e ella viéndose confussa e aviendo miedo
                  que él non descubriese el fecho començó a dar bozes diziendo que <persName>fray
                     Eugenio</persName> la avía querido desonrar. E dende fuese a
                     <persName>Filipo</persName> padre de <persName>Eugenia</persName> que por
                  ordenança del Senado avía ido allí por adelantado e querellose diziendo que él
                  avía entrado en su casa sin verguença e avía provado de la forçar e que si non
                  fuera librada por ayuda de su esclava que acabara la maldad que avía pensado.
                  Entonces el adelantado mandó traer ante sí a ella e a los otros siervos de
                     <persName>Jesucristo</persName> presos en cadenas queriéndolos todos echar en
                  bocas de bestias bravas, e ellos traídos, dixo a <persName>Eugenia</persName>, la
                  qual creía que era onbre:</p>

               <p><q who="#filipo">-¡O malvado!, ¿el verdadero <persName>Jesucristo</persName> vos
                     enseña a trabajarvos de luxuria e ser enojosos con locura desvergonçada a las
                     dueñas?</q></p>

               <p>¡O muy santa umildad! Dizen que, los ojos puestos en tierra respondió:</p>

               <p><q who="#eugenia">-<persName>JesuCristo</persName> podemos mostrar que prometió
                     eternal bienandança a los que guardan castidad, e tanbién podemos mostrar que
                        <persName>Malancia</persName> dixo falso testimonio, pero mejor es que
                     suframos pena que non que ella por ventura vencida sea penada e el fruto de
                     nuestra paciencia se torne en nada, mas sea apremiada la esclava que <pb
                        n="199r"/>199r dize que sabe deste pecado para que sea convencida de
                     mentira.</q></p>

               <p>¡O aborrescible pecado e maldat pestilencial!, ella traída clamava sin alguna
                  verguença aconsejada por amonestamientos de la señora: <q who="#esclava">"¡Este
                     desvergonçado provó a desonrar a mi señora!"</q>, lo qual tanbién afirmavan los
                  otros de su casa. Entonces <persName>Eugenia</persName> porque non se gloriase
                  ella por ventura en su malicia rasgó sus vestiduras desde la cabeça fasta los pies
                  e mostrose en secreto a algunas dueñas como ella era fenbra, e dixo al
                  adelantado:</p>

               <p><q who="#eugenia">-Tú eres mi padre, e <persName>Claudia</persName> es mi madre.
                     Estos dos que contigo están, <persName>Artirio</persName> e
                        <persName>Sergio</persName>, son mis hermanos, yo so
                        <persName>Eugenia</persName>, tu fija, e estos son
                        <persName>Proto</persName> e <persName>Jacinto</persName>.</q></p>

               <p>Él, oyendo esto e reconosciendo la fija, soltó los ojos en lágrimas, e él e la
                  muger se fueron a la abraçar. ¡O cosa de temer con razón! Fuego que cayó del cielo
                  gastó luego a <persName>Malancia</persName>.</p>

               <p>Dizen que esta virgen digna de grandes loores traxo con su buena destrez al padre
                  e a la madre e a toda su familia a la fe de <persName>Jesucristo</persName>, e que
                  el padre desechó el adelantamiento e fue elegido por obispo de los cristianos, e
                  ocupándose de oraciones matáronlo los infieles. E <persName>Eugenia</persName> en
                  uno con su madre e con los otros parientes se tornó a <placeName>Roma</placeName>
                  e traxo muchos a la fe. ¡O cosa indigna! Por mandado del enperador le fue atada
                  una grand piedra e fue echada en el río <placeName>Tibre</placeName>, lo qual
                  fecho andava sana e salva encima del agua, e dende fue metida en forno ardiente en
                  el qual, apagado su ardor, era aguardada con suave refrigerio, lo qual es grande
                  argumento e prueva de su santidad. E demás ella seyendo encerrada en la cárcel
                  diez días sin vianda dan testimonio que <persName>Jesucristo</persName> le traxo
                  pan más blanco que la nieve, e le dixo:</p>

               <p><q who="#jesucristo">-Toma vianda, ca yo soy Cristo a quien sienpre amaste. Sabe
                     que pasarás al cielo el día que yo fui dado al mundo.</q></p>

               <p>E así el día de la natividad del Señor le fue cortada la cabeça, e segund se
                  prueva por letras de los muy enseñados e santos varones boló con corona de
                  martirio a la soberana bienandança. Pues, ¿de qué loores predicaremos agora que
                  fue digna esta virgen? Pues tovo por vanas e lieves las riquezas e las honores por
                  cuya cobdicia así son algunos inflamados que en ellas asientan toda su
                  bienandança, e non solamente las tovo por lieves e vanas, mas aun ardiendo en el
                  amor de Dios las menospreció e desechó por servir a Dios e ofrecerse toda a su
                  servicio non aviendo temor de llevar los muy crueles tormentos. E segund esto non
                  diremos que solamente es digna de loores umanales mas por cierto de divinales,
                  pues que non es bastante nuestra mortalidad de la enxalçar con dignos loores su
                  maravillosa constancia o grandeza de coraçón o fe o tenprança o su maravillosa
                  santidad.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_18_eufemia">
               <head>Eufemia</head>
               <p>El fecho demanda que después de <persName>Eugenia</persName> virgen nuestro dezir
                  se torne a <persName>Eufemia</persName>
                  <pb n="200r"/> que dizen que fue fija de un senador, la qual seyendo crescida en
                  edat e veyendo los cristianos ser atormentados por crueles penas fue al auditorio
                  del juez e confesó manifiestamente a <persName>Jesucristo</persName>. E así avino
                  a los otros por su enxenplo. ¡O virgen de ensalçar con razón e muy grandes
                  loores!, que en caso que tenía valor de linage e de edad e de fortuna, pero
                  menospreciándolo acordó de su grado poner su cuerpo a crúas penas porque se diese
                  a sí misma en sacrificio a Dios. E el juez mandó matar a algunos cristianos
                  entendiendo que algunos otros se espantarían por la muerte de aquellos e
                  sacrificarían a los dioses. E <persName>Eufemia</persName> encendiéndose más en el
                  amor de Dios quexávase que él le avía fecho injuria, e el juez, alegre porque
                  pensava que ella por ventura quería ofrescer sacrificios a los dioses, preguntole
                  qué injuria le avía seído fecha. <persName>Eufemia</persName> respondió: </p>

               <p><q who="#eufemia">-¿Qué enojo me puedes tú fazer más grave que seyendo yo noble de
                     linage querer tú anteponer los non conoscidos a mi nobleza, e dexas ir a ellos
                     con palma de martirio a aquel ayuntamiento de los dioses ante que a mí?</q></p>

               <p>El juez le dixo:</p>
               <p><q who="#juez">-Entendía que eras tornada en tu primero buen seso, e alegrávame
                     porque te avías acordado de tu dignidad maguer tarde.</q></p>

               <p>Esto dicho fue encerrada en la cárcel, e seyendo traída en uno con los otros
                  presos sin prisiones otro día ant’el juez, ella dizen que se quexó mucho porque
                  contra las <pb n="200v"/>leyes de los enperadores le perdonavan las prisiones. E
                  dende ferida de puñadas fue encerrada de cabo en la cárcel. ¡O buen Dios, muy
                  suave es el encendimiento de tu amor!, de guisa que desque que comiença a arder
                  alguno en él, cada día se enflama más e más. E desende ella otra vez sacada fue
                  puesta sobre una rueda cuyos fierros eran blancos de fuego, e el maestro estando
                  asentado en la rueda dio señal a los que la traían para que quando él diese sonido
                  la traxiesen todos a una, porque así fuese el cuerpo de la moça despedaçado con
                  los fierros ardientes. Mas por ordenança de Dios acaeció que se cayó la
                  ferramienta con que aderesçavan la rueda, e así ellos trayéndola por esta señal
                  fue gastado e muerto el maestro e la virgen quedó sin daño sobre la rueda. E dizen
                  que sus parientes movidos con dolor posieron fuego debaxo a la rueda e quisiéronla
                  quemar, mas la rueda quemada por el fuego dizen que el ángel libró a la virgen del
                  encendimiento e la traxo a un lugar alto. Entonces un onbre que ý era llamado
                     <persName>Apopilario</persName> dixo al juez:</p>

               <p><q who="#apopilario">-Sabe que la virtud de los cristianos non puede ser vencida
                     sinon con fierro, por ende, aconséjote que le mandes cortar la cabeça.</q></p>

               <p>Creyolo el onbre de poco sentido e mandó que esto se fiziese así. E luego dizen
                  que fue todo ocupado de parlesía de manera que cuentan que apenas fue llevado
                  dende bivo. E al fin, ella traída, dan testimonio que el juez mandó <pb n="201r"/>
                  todos los mancebos loçanos entrar e llegar a ella e que tanto la enojasen fasta
                  que moriese. E entrando uno d’ellos a ella vio muchas vírgines cerca d’ella de
                  fermoso gesto, e tornose cristiano. ¡O cosa de maravillar! Avemos por auctoridad
                  de los antiguos que el juez mandó colgar a la virgen por los cabellos en que
                  estovo sin movimiento, mandola tornar a la cárcel sin vianda e mandó que la
                  toviesen apartada siete días entre piedras muy duras. Mas dizen que el ángel le
                  dio de comer, e que por sus oraciones d’ella las piedras fueron desatadas e
                  tornadas en polvo. E él aviendo vergüença por se ver vencido de una moça, mandola
                  echar en una cueva con tres bestias fieras de tanta braveza que todos los onbres
                  comían. E las bestias fuéronse a ella con falagos, e fecho su ayuntamiento
                  aderesçáronle lugar en que se asentase. E el juez sintiéndose muy confuso porque
                  el adelantado con angustia era ya cerca de muerto, entró a ella el carnicero por
                  vengar la injuria de su señor e matola con un cuchillo. E ella así muerta fuese a
                  la soberana bienandança.</p>

               <p>E, ¿para qué será menester de pintar su santidat con sabio e polido dezir?, asaz
                  paresce por sí por quánta santidad fue valerosa, e quánto fue amada a Dios
                  inmortal porque asaz notablemente es escripto por los muy altos varones. E el
                  verdugo, a quien el juez por gualardón avía honrado con ropa de oro e de seda, en
                  salliendo, luego lo mató un león. E dizen que por los merescimientos d’ellos todos
                  los judíos que aý estavan e los gentiles fueron convertidos a la fe. E ella non
                  dexó cosa olvidada de las que pertenescen al servicio de Dios e a la santidad de
                  la vida, de guisa que es de creer que todos sus cuidados e pensamientos puso en
                  bien e bienaventuradamente bevir.</p>


            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_19_justina_margarita">
               <head>Justina e Margarita</head>

               <p>Escriviría con razón tras <persName>Eufemia</persName> a la virgen
                     <persName>Justina</persName> si non fuese por la santidad de
                     <persName>Margarita</persName> que me amonesta, la qual
                     <persName>Justina</persName> es notablemente escripto por los muy altos varones
                  que fue fija de un sacerdote de <placeName>Antioca</placeName> e que floreció por
                  noble fermosura e maravillosa discreción, e que la amó mucho fuera de razón
                     <persName>Cipriano</persName>, al qual tanbién sus parientes segund dizen a los
                  siete años de su edad consagraron a los malos espíritus, e venció ella los engaños
                  del diablo por su maravillosa santidad muchas vezes e fue toda encendida en el
                  amor de Dios. E vistos algunos miraglos, fue afeitada con corona de martirio, e en
                  lo postrimero pasó aquel ayuntamiento de los bienaventurados.</p>

               <p>Pero a <persName>Margarita</persName> que fue tanbién llamada
                     <persName>Pelagia</persName>, <persName>Pelaya</persName>, quiero tornar mi
                  palabra. Esta ovo tres cosas: muy fermosa de gesto, e noble de linage, e devisada
                  de buenas costunbres. Mas con todo esto fue esclarescida por resplandor de tan
                  maravillosa <pb n="202r"/> castidad que nin aun ver non se dexava de los onbres. E
                  seyendo demandada por muger de un fijo d’algo fueron aparejadas todas las cosas
                  que conplían para las bodas por consentimiento de amas partes con muy grand abasto
                  de riquezas e deleite. E al día señalado el moço e la moça e todos los otros
                  nobles teniendo el tálamo aderesçado celebraron sus fiestas con ponpa e alegría e
                  la virgen sospirando començó a pensar en su coraçón en qué plazeres tan sin fruto
                  era traída la honra virginal. E dende echada en tierra acatada la excelencia de la
                  virginidad e los non agradables trabajos de las bodas con tanta esaminación que,
                  non curando de las alegrías mundanales e desechadas, en la misma noche se cercenó
                  los cabellos, e tomado ábito de onbre, se fue a un monesterio. E diziendo que le
                  llamavan <persName>Pelayo</persName>, el abad la resçibió en conpañía e con
                  diligencia la enseñó.</p>

               <p>E ella faziendo santa e religiosa vida, muerto el provisor de unas monjas, aunque
                  contra su voluntad d’ella, el abad con consejo de los antiguos púsola por perlada
                  en el monesterio de las vírgines. E ella dándoles mantenimiento non solamente
                  corporal mas aun espiritual bien e derechamente, el diablo movido con enbidia
                  ordenó con asaz sotileza de enpachar su bienandante vida con tacha criminal, ca
                  fizo caer en pecado de luxuria a una virgen. E desque <pb n="202v"/> le crescía el
                  vientre como ya non se podía encubrir, ovieron grand verguença e dolor las
                  vírgines, e tanbién los monges de amos los monesterios pensando que
                     <persName>Pelayo</persName> avía cometido este pecado pues era familiar
                  d’ellas. De guisa que todos lo condepnaron e echáronlo desonradamente del
                  monesterio e encerráronlo en una cueva, e dende fue elegido un fraire áspero que
                  le dava continuamente pan de ordio e agua. E idos todos dexáronlo ý solo.</p>

               <p>¡O maravillosa paciencia más de maravillar que aquella de
                     <persName>Ulixes</persName> que se falla ser de grand constancia!, padeció
                  estar allí mucho en aquel rocío de cada día e non con coraçón quebrantado nin
                  amenguado, mas grande e alto, sufrió todas las cosas sin turbación dando gracias a
                  Dios inmortal. Postrimeramente, sintiendo ya ser su fin acerca enbió notificar al
                  abad e a los monges diziéndoles:</p>
               <p><q who="#pelayo">-Yo, nascida de noble linage, quando era seglar fui llamada
                        <persName>Margarita</persName>, e porque podiese seguramente pasar la mar de
                     las tentaciones, que en latín llaman "pelago", púseme nonbre
                        <persName>Pelayo</persName>; e yo inocente fiz penitencia. Por ende, vos
                     amonesto e ruego que a la que los onbres non conoscieron ser fenbra las santas
                     hermanas la den a sepultura e las fenbras reconoscan ser virgen a la que los
                     caloñadores juzgavan adulterio.</q></p>

               <p>Esto sabido, todos los monges se fueron a la cueva, e la fenbra dada a las fenbras
                  fue fallada <pb n="203r"/> sin tañimiento folgando con el Señor
                  bienaventuradamente.</p>
            </div>

            <div type="bio" xml:id="III_20_cecilia">
               <head>Secilia</head>
               <p>Agora se ha de fazer en alguna manera mención de <persName>Secilia</persName>
                  porque non paresca que dexo su santidad por pereza, la qual apenas entiendo que ay
                  quien mucho allegadamente pueda esplicar aunque floresciese por tan suelta fabla
                  como la más maravillosa que se falle por memoria. E para tomar conplidamente el
                  comienço de su loable vida es de saber que los varones de alto entender e de
                  singular dotrina dizen que esta fue virgen muy noble nascida de noble linage de
                  romanos, e desde la niñez fue criada en la fe de <persName>Jesucristo</persName> e
                  tovo encerrado en su coraçón sienpre el Evangelio, e continuamente noche e día se
                  trabajava de las cosas de Dios, e demás porque su virginidad fuese guardada rogó a
                  Dios secretamente. Esta, seyendo desposada con <persName>Valerio</persName> e
                  venido el día de la boda, vestida la carne de cilicio, arreose de suso de
                  preciosas vestiduras, e cantando las otras con órganos, ella a Dios inmortal en su
                  voluntad solamente cantando diziendo estas palabras: <q who="#secilia">"Señor, sea
                     fecho el mi cuerpo e el mi coraçón sin corronpimiento porque non sea
                     confundida"</q>.</p>

               <p>¡O argumento muy rezio de virginidad! Seyendo venida la noche en que se ovo de
                  ayuntar con su esposo segund se suele fazer, entrando en la cama non con coraçón
                  quebrantado por luxuria, mas <pb n="203v"/> cercado de todas partes de maravillosa
                  continencia, dixo:</p>
               <p><q who="#secilia">-¡O mancebo muy dulce e muy amado!, cierto es lo que te quiero
                     descubrir si me prometieres con juramento que lo guardarás.</q></p>
               <p>Dizen que él prometió que por nescesidad nin razón alguna non descubriría lo que
                  oyese.</p>
               <p><q who="#secilia">-Entonces -dixo ella- sabe que yo so mucho en amor con el ángel
                     del Señor que está sienpre comigo, e este si sentiere que ensuziando el amor
                     suyo es afeada la fermosura de mi tierna virginidad luego serás ferido e
                     perderás la flor de tu muy fermosa mancebía. E si sopiere que me amas con casto
                     amor, serás a él muy agradable como yo.</q></p>

               <p>Entonces <persName>Valeriano</persName> esclarescido algund tanto por lunbre
                  divinal dixo:</p>
               <p><q who="#valeriano">-Si quisieres que dé fe a tus palabras, muéstrame el ángel; e
                     si fallare qu’es verdad lo que afirmas, sin duda yo faré lo que me aconsejas; e
                     si sintiere que eres presa de amor de otro onbre, a ti e a él mataré con
                     fierro.</q></p>
               <p><persName>Secilia</persName> le dixo:</p>
               <p><q who="#secilia">-Si quisieres creer al Dios que yo adoro en entera e pura
                     entención e voluntad, e asimismo baptizarte, verás el ángel que te yo predico.
                     E ve agora a tres millas de la cibdad e di a los pobres que fallares en el
                     camino que dizen <persName>Apio</persName>: "Secilia me enbía a vosotros para
                     que me mostredes el viejo <persName>Urbano</persName> al qual tengo de dezir
                     algunas cosas ciertas", e desque lo vieres cuéntale todo lo que te he dicho, e
                     quando dende tornares lavado con el sacramento de baptismo verás sin dubdar al
                     ángel.</q></p>

               <p>El mancebo fue luego allá segund las señales que le eran dadas, e falló a
                     <persName>Urbano</persName> obispo escondido entre las sepulturas de los
                  mártires. Al qual, contadas todas las cosas, tendidas las manos e mojada la cara
                  de lágrimas, dixo:</p>
               <p><q who="#urbano">-Señor Jesucristo, senbrador del casto consejo, rescibe los
                     fructos que senbraste en Secilia; Señor Jesucristo pastor bueno, Secilia tu
                     sierva como abeja muy cuidosa te sirve, ca el esposo que tomó bravo como león
                     enbiátelo manso como cordero.</q></p>

               <p>E luego apareció uno muy cansado de vegez vestido de vestiduras blancas como nieve
                  que tenía en la mano un libro figurado con letras de oro, e desque el mancebo lo
                  vio cayó en tierra como sin alma, mas él lo levantó e leyó así: <q who="#angel"
                     >"Un Dios, una fe e un baptismo, un Dios e padre de todos que es sobre todas
                     las cosas e en todos nos"</q>. E desque esto leyó el viejo le dixo:</p>
               <p><q who="#angel">-¿Crees esto ser así o dubdas aún?</q></p>
               <p>Al qual él respondió a bozes:</p>
               <p><q who="#valeriano">-Non ay cosa que se pueda creer o dezir más verdadera.</q>
               </p>

               <p>Esto pasado desapareció de sus ojos. El mancebo baptizado por
                     <persName>Urbano</persName> tornándose a casa falló a su esposa en la cámara
                  fablando con el ángel. ¡O cosa muy digna de toda maravilla!, la qual por cierto
                  pasaría callada si varones muy provados non diesen dello testimonio. Ca así somos
                  engendrados naturalmente que apenas nos podemos allegar en qualquier manera a
                  creer las cosas que a nos parescen que non pueden ser o que non son usadas nin
                  acostunbradas. Dizen <pb n="204v"/> que el ángel tenía dos guirnaldas de rosas de
                  paraíso e lirios, e que dio la una a <persName>Secilia</persName> e la otra a
                     <persName>Valeriano</persName> e les dixo: <q who="#angel">"Estas guardad con
                     linpio e non manzillado cuerpo, que son de paraíso, e por tanto en ningund
                     tienpo nunca se farán marchitas nin dexaran de lançar suave olor"</q>. ¡O muy
                  clara e singular boz!, la qual si quisiéremos considerar entenderemos de quánta
                  excelencia e dignidad es el bevir santa e castamente, e quánto feo corronper la
                  fermosura de la castidat e abondar en luxuria. E dizen que dixo a
                     <persName>Valeriano</persName>:</p>
               <p><q who="#angel">-Valeriano, porque diste fe al provechoso consejo pide qualquier
                     cosa que te paresciere.</q></p>
               <p>E él pidiendo que su hermano oviese conoscimiento de la fe fue oído e así por
                  ruego de <persName>Secilia</persName> amos fueron esclarescidos por lunbre de la
                  fe e con palma de martirio. Después de muchas cosas se fueron a la soberana
                  bienandança.</p>

               <p>E tornando a mi propósito, el adelantado por nonbre <persName>Almatio</persName>
                  que a ellos avía mandado cortar las cabeças con cobdicia de tomar sus bienes fizo
                  llamar a santa <persName>Secilia</persName>, e ella venida mandole que diese
                  sacrificios a los dioses, si non, que le sacaría el alma por pena de muerte. ¡O
                  virgen de enxalçar por títulos gloriosos!, non se partió por miedo de la muerte
                  del propósito e consejo que avía tomado, mas ordenó de antes morir que dexar aquel
                  saludable consejo. Lo qual es grande argumento de grande e firme coraçón, e
                  llorando muchos porque moça tan fermosa e tan noble se ponía a la muerte <pb
                     n="205r"/> ella dixo:</p>
               <p><q who="#secilia">-Mancebos muy buenos, esto non es perder como pensades, mas dar
                     lodo e tomar oro, dar morada baxa e tomarla preciosa. Si alguno vos diese por
                     poca cosa muchos dones, ¿non los tomaríades con mucha diligencia? E Dios por
                     muy mayor medida da lo que rescibe: por el bien da cient tanto, con una
                     maravillosa largueza. E, ¿non creéis ser verdat lo que predico?</q></p>

               <p>E ellos dizían:</p>
               <p><q who="#mancebos">-Por cierto creemos que <persName>Jesucristo</persName> es
                     verdadero Dios, pues tal familia le plogo tener.</q></p>
               <p>E esto dicho, quatrocientos e más fueron baptizados por
                     <persName>Urbano</persName> e convertidos a la fe, e dende escriven que el
                  malvado onbre <persName>Almaquio</persName> mandó llamar a
                     <persName>Secilia</persName> e le preguntó de qué condición era.
                     <persName>Secilia</persName> respondió:</p>
               <p><q who="#secilia">-Por cierto yo soy noble de linage.</q></p>

               <p>El adelantado dixo:</p>
               <p><q who="#almaquio">-De la religión te pregunto.</q></p>
               <p><persName>Secilia</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#secilia">-Esta pregunta tiene el comienço desvariado porque paresce
                     conprehender dos respuestas.</q></p>

               <p>El adelantado dixo:</p>
               <p><q who="#almaquio">-¿Dónde te viene tan grand sobervia de coraçón?</q></p>
               <p>
                  <persName>Secilia</persName> le dixo:</p>
               <p>
                  <q who="#secilia">-De buena conciencia e fe linpia.</q></p>

               <p>El adelantado le dixo: </p>
               <p><q who="#almaquio">-Non sabes tú de quánto poderío so yo.</q></p>
               <p>
                  <persName>Secilia</persName> respondió:</p>
               <p>
                  <q who="#secilia">-Tu poderío es como odre lleno de viento, que si lo foradaren
                     con una aguja, perdida su grandeza, luego se abaxa.</q></p>

               <p>El adelantado dixo:</p>
               <p>
                  <q who="#almaquio">-En injurias començaste e aún d’ellas usas agora
                     neciamente.</q></p>
               <p>
                  <persName>Secilia</persName> le respondió:</p>
               <p>
                  <q who="#secilia">-Non se llama injuria salvo la que se faze con palabras
                     mintrosas, e por tanto, si algo dixe fuera de verdad puedes tú dezir con razón
                     que eres abatido por injuria, <pb n="205v"/>e donde non, castiga a ti mesmo que
                     fazes el agravio, ca nos, los que sabemos el nonbre de Dios ser santo, en
                     manera alguna non podríamos desdezirlo, porque mejor es morir gloriosamente que
                     bevir con mesquindad.</q></p>

               <p>¡O cosa muy magnífica digna de notable e grand muger que muestra que la honrosa
                  muerte es de anteponer a la vida fea!, la qual muchos buenos e de muy
                  resplandescientes juizios muchas vezes escogieron por non pecar contra la ley
                  natural.</p>

               <p>Entonces el adelantado movido con ira dixo:</p>
               <p>
                  <q who="#almaquio">-¿Por qué fablas así tan soberviamente?</q></p>
               <p>
                  <persName>Secilia</persName> respondió:</p>
               <p>
                  <q who="#secilia">-Non fablo sobervio como piensas, mas firme.</q></p>

               <p>El adelantado dixo:</p>
               <p><q who="#almaquio">-¿Non sabes, desaventurada, que me es dado poderío de dar la
                     vida?</q></p>
               <p>
                  <persName>Secilia</persName> le respondió:</p>
               <p>
                  <q who="#secilia">-Quiero provar que mentiste agora contra verdad, ca puedes
                     quitar la vida a los que biven, mas darla a los muertos non puedes. Pues, si
                     bien acatares, eres fazedor de muerte e non de vida.</q></p>

               <p>El adelantado le dixo: </p>
               <p><q who="#almaquio">-Quítate desta locura e faz sacrificios a los dioses.</q></p>
               <p>
                  <persName>Secilia</persName> le respondió: </p>
               <p><q who="#secilia">-A los que dizes que son dioses veémoslos que son piedras;
                     estiende la mano e tañiendo verás lo que non puedes catar con los ojos.</q></p>

               <p>Él, encendido en saña, mandola llevar e ser penada todo el día e la noche en vaño
                  firviendo, en el qual, ayudada por socorro divinal, non fue trabajada de ningund
                  tormento. Lo qual oyéndolo el adelantado, non tenprado por el miraglo de tan grand
                  fecho, mandole cortar la cabeça, <pb n="206r"/> e el verdugo de tres golpes non
                  gela pudo cortar. E porque segund ordenança era defendido de non ferir quarta vez,
                  fuese e dexola medio muerta, de la qual fazen memoria que bivió tres días e dio
                  todos sus bienes a los pobres. E encomendó a los que avía tornado a la fe a
                     <persName>Urbano</persName> obispo, e díxole: </p>
               <p><q who="#secilia">-Gané del Señor plazo de tres días por encomendar estos a tu fe,
                     e esta casa conságramela por iglesia.</q></p>
               <p>E esto dicho morió bienaventuradamente. ¡O bienandante virgen!, cuya maravillosa
                  castidat e notable constancia e linpia fe e ferviente caridad e non conbatible
                  fortaleza de coraçón e grand santidad, si quisiéremos considerarla, será
                  manifiesto que ninguno non puede sus loores dignamente esplicar aunque floresciese
                  en él la suavidat de <persName>Sócrates</persName> e la sotileza de
                     <persName>Lisias</persName> e la agudeza de <persName>Ipérides</persName> e el
                  resplandesciente juizio de <persName>Demóstenes</persName>. E por ende, mejor es
                  callar que muy largo fablar porque mi dezir vaya a otra parte.</p>


            </div>


            <div type="bio" xml:id="III_21_catalina">
               <head>De Elisabet, madre de sant Johan Bautista, e de Pelaya, e de Cassia, e de santa
                  Caterina</head>
               <p>Aviendo ordenado de concluir las palabras de las santas mugeres, e pensando yo
                  quién podría agora más dignamente venir a esto, me vinieron a la memoria la
                  primera, <persName>Elisabet</persName>, la qual se falla que ella, cansada ya por
                  grand longura de días, por ordenança de Dios concibió a <persName>sant Joan
                     Baptista</persName>, e que valió por grand <pb n="206v"/> santidad; la segunda,
                     <persName>Pelaya</persName> de la cibdad de <placeName>Antioca</placeName>, la
                  qual por la grand pieça de riquezas e maravillosa fermosura de su cuerpo dizen que
                  de primero bivió desonestamente, pero después fizo penitencia e morió
                  bienaventurada; la tercera, <persName>Cassia</persName>, muger pública, la qual,
                  después tanbién fizo penitencia e leemos que fue asentada entre aquel ayuntamiento
                  de las ánimas bienaventuradas; la quarta, <persName>Caterina</persName> virgen
                  fija del rey <persName>Costo</persName>, la qual es provado por autoridad de
                  grandes varones que fue esclarescida por disciplinas de todas las artes e por
                  maravillosa fermosura de cuerpo e por señalada santidad.</p>

               <p>E pasando yo la vida destas todas con la razón e voluntad pareciome que esta devía
                  ser antepuesta a las otras, e por ende, esta moça excelente por fermosura de
                  cuerpo e más excelente por santidad porná fin a las santas mugeres, porque se
                  torne nuestro dezir a las nobles fenbras deste mundo. E para que parezca quán
                  noble fue su santidad, es de saber que <persName>Maxencio</persName> enperador
                  llamó <placeName>Alixandría</placeName> a todos así a ricos como a pobres para ir
                  a sacrificar a los dioses, e apremió a los cristianos que celebrasen estos
                  sacrificios. Fazen memoria que esta gloriosa virgen, oídos los cantares con grande
                  estruendo e sabida la razón, tomó consigo algunas e aderesçose con la señal de la
                  cruz e fue allá.</p>

               <p>E viendo muchos cristianos que con miedo de la muerte eran llevados a aquellos
                  malvados sacrificios, <pb n="207r"/> e movida con grand dolor delante del
                     <name>César</name> con grande e alto coraçón, dixo estas palabras:</p>
               <p><q who="#caterina">-Así tu dignidad como la razón me aconsejavan que yo dixiese
                     saludación a ti que al presente usas de la muy alta dignidad si conoscieses
                     derechamente al soberano príncipe de todas las cosas que te crio e quitases el
                     coraçón de los dioses que sirves.</q></p>

               <p>E fabló con él ante la puerta del tenplo noblemente por muchas e diversas
                  conclusiones de silogismos, e después apartolo a fabla familiar e díxole:</p>
               <p><q who="#caterina">-¿Para qué allegaste tan grand muchedunbre de gente a estos
                     feos sacrificios? Maravíllástete deste tenplo fecho por mano de onbres, o
                     maravillástete por ventura de los preciosos ornamentos d’él, que así como fumo
                     ante la faz del viento serán desfechos: maravíllate mejor de la muy larga
                     tierra e de la mar turquesada e de las cosas todas que en ellos son;
                     maravíllate del cielo e maravíllate del sol e de la luna e de las otras
                     estrellas, con quánta orden oras vienen de oriente oras van a ocidente sin
                     fatigación nin pena, e maravillándote conosce a aquel que non solamente rige
                     todas estas cosas por una razón muy excelente, mas aun las crio. E si tú,
                     alunbrado por lunbre divinal, en qualquier manera lo podieres acatar, nin le
                     fallarás igual nin aun con el coraçón lo entenderás. Por ende, a él adora, a él
                     glorifica, que es Dios de los dioses e Señor de los señores.</q></p>

               <p>E diziéndole mucho de la encarnación <pb n="207v"/> de la palabra que es el fijo
                  de Dios muy aguda e muy sabiamente, <name>César</name> maravillándose de su fabla
                  suave e de su doctrina grande e de la su virginal fermosura, e non podiendo ir
                  contra sus razones, dixo: <q who="#cesar">"Moça, déxanos acabar los sacrificios, e
                     desde ende darte hemos respuesta"</q>; e mandola llevar al su palacio real e
                  guardarla con diligencia. Ca su fermosura era tan grande que en los ojos de todos
                  parescía maravilla, e cuentan que el enperador fue a ella e le dixo estas
                  palabras:</p>
               <p><q who="#maxencio">-Con grand maravilla te oímos fablar muy polida e muy
                     altamente, mas entendiendo en los fechos de Dios non podimos entenderlo todo;
                     agora que estamos libres de cuidado, preguntámoste tu linage de
                  comienço.</q></p>

               <p><persName>Caterina</persName> le respondió en caso que es notablemente
                  escripto:</p>
               <p>
                  <q who="#caterina">-Non te alabes nin te denuestes e contarte he mi linage, non
                     por vana gloria, mas porque lo cobdicias saber: yo soy Caterina fija del rey
                        <persName>Costo</persName>, que, puesto que fui deleitosamente criada e
                     aprendí las disciplinas de las muy grandes artes, pero todas estas cosas
                     deseché por me dar más libremente toda a <persName>Jesucristo</persName>. Ca
                     estos dioses que con tanta eficacia sirves nin pueden ayudar a sí nin a
                     otros.</q></p>

               <p><persName>Maxencio</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#maxencio">-Si como tú dizes es, todos son guiados por ciego error, e a ti
                     sola es dado de conoscer la verdad, mas, pues en testimonio de dos o de tres
                     está toda palabra, aunque fueses ángel <pb n="208r"/> o virtud del cielo
                     ninguno non te devría dar fe, quanto menos que eres moça nascida de claros
                     parientes.</q></p>

               <p><persName>Caterina</persName> dixo: </p>
               <p><q who="#caterina">-Ruégote que non te eches al devaneo porque es escripto
                     notablemente: <quote>"Si te rigieres por el juizio serás rey, e si por el
                        cuerpo serás siervo"</quote></q>.</p>

               <p>Dixo <persName>Maxencio</persName> con muy mala sotileza:</p>
               <p>
                  <q who="#maxencio">-Non pienses engañar entendiendo que nos has de traer oras por
                     esta auctoridad oras por aquella.</q></p>

               <p>E viendo que non podía por manera alguna ir contra sus razones, mandó ciertamente
                  por sus cartas venir a él todos los sabios oradores e a los que llaman gramáticos,
                  diziendo que les daría grandes dádivas si a la moça venciesen disputando. E
                  seyendo traídos de diversas provincias <name>cinqüenta varones</name> excelentes
                  de toda dotrina e ciencia demandaron que para qué los avían llamado de tan
                  desviadas partes del mundo. El enperador les respondió:</p>
               <p><q who="#maxencio">-Está aquí una virgen que resplandesce por divinal ciencia e
                     singular sabidoría e muy grand valentía de juizio, la qual confonde a todos los
                     varones claros de ciencia, e afirma que nuestros dioses non son dioses mas
                     demoños; e por ende, si vencerla podiéredes tornará cada uno a su tierra con
                     grand loor.</q></p>

               <p>Ellos dixieron:</p>
               <p><q who="#gramaticos">-¡Venga acá la virgen, porque, apremiada, su atrevimiento
                     conozca que nunca fabló con onbres valientes en ciencia!"</q></p>

               <p><persName>Caterina</persName>, ante que llegase a la gloriosa pelea, encomendose
                  toda al Señor; el ángel la <pb n="208v"/> amonestó que començase con alto e firme
                  coraçón este fecho tan grande afirmándole que ella non solamente non podría ser
                  vencida, mas antes los enderesçaría para palma de martirio.
                     <persName>Caterina</persName> dixo al <name>César</name>:</p>
               <p><q who="#caterina">-¿Con qué juizio te moviste en mandar llamar tantos filósofos
                     contra una moça, prometiendo de les dar grandes dádivas por la victoria, e a mí
                     aprémiasme que entre en esta dura pelea sin esperança alguna? Pero
                        <persName>Jesucristo</persName> me será esperança e corona de
                  galardón."</q></p>

               <p><persName>Caterina</persName> mostró desputando, asaz alta e agudamente con los
                  filósofos por muy claras razones, que sus dioses d’ellos devían ser escarnescidos,
                  e ellos con grand pasmo callaron. Entonces el <name>César</name>, encendido en
                  ira, los començó a maltraer porque así torpemente avían dado lugar a que fuesen
                  vencidos de una moça, e uno d’ellos, que era más excelente que los otros en
                  sabidoría e dotrina, dixo al <name>César</name>:</p>
               <p><q who="#filosofos">-Sepas, <name>César</name>, que nunca ninguno pudo ir contra
                     nuestras razones, mas esta moça cuyo entendimiento está alunbrado por lunbre de
                     Dios así nos ha tornado en pasmo que non podemos dezir cosa contra
                        <persName>Cristo</persName>, e por ende, nos otorgamos firmemente que si
                     sentencia más provada non nos dieres, agora de los dioses que con tan grand
                     cuidado adoras todos en uno nos convertiremos a la fe de
                        <persName>Jesucristo</persName>.</q></p>

               <p>Entonces el enperador, movido con saña, mandolos quemar a todos juntos en medio de
                  la cibdad, e <persName>Caterina</persName> los enseñó en la fe e los esforçó <pb
                     n="209r"/> asaz para rescibir gloriosamente el martirio; e ellos seyendo
                  lançados en las llamas dieron los espíritus a Dios que non sintieron daño en las
                  ropas nin en los cabellos. Los quales, después que fueron dados a sepoltura, dizen
                  que el <name>César</name> fabló con <persName>Caterina</persName> diziendo
                  así:</p>
               <p><q who="#maxencio">-Virgen generosa, a la tu floresciente mocedad yo do consejo e
                     amonesto e ruego; ca después de la reina si sacrificares serás delantera en el
                     palacio real de todos en dignidad e poderío, e será puesta tu imagen en
                     público, e a ti como deesa serán fechas honras divinales.</q></p>

               <p><persName>Caterina</persName> le dixo:</p>
               <p><q who="#caterina">-Déxate de fablar tales cosas, que es mal solamente pensarlas,
                     ca yo me ofrescí por esposa a Jesucristo: este es mi gloria, este es mi amor,
                     este es mi dulçura; del amor del qual, nin por falagos nin por tormentos,
                     ninguno non me podrá jamás arredrar.</q></p>

               <p>¡O palabra digna de virgen muy santa e noble, que muestra que tovo el coraçón
                  enajenado de todo brío e de toda fealdad, e que toda se encendió en el amor de
                  Dios, sin el qual non ay cosa en esta vida que pueda ser loable nin onesta nin
                  santa! Entonces fazen memoria que el <name>César</name> la mandó despojar, e
                  despojada la mandó ferir con escorpiones, e dende encerrada en escura cárcel la
                  mandó atormentar de crueles penas doze días, e seyendo ocupado de grandes cuidados
                  e yendo el fecho a la luenga, la <name>reina</name> encendida en el amor de la
                  virgen fue de noche a la cárcel con <persName>Porfirio</persName> príncipe de la
                  orden de la cavallería, e en entrando <pb n="209v"/> en la cárcel viola toda
                  alunbrada de grand resplandor e la virgen con sus muy santos amonestamientos la
                  traxo a la fe de Jesucristo, e alargó con ella sus palabras fasta la media noche
                  predicándole palma de martirio. E <persName>Porfirio</persName> enamorado así de
                  su maravillosa santidad como de la dulçura de su fabla echose ante sus pies e con
                  dozientos cavalleros creyó en Jesucristo.</p>

               <p>¡O testimonio de maravillosa santidad!, las letras de algunos dan testimonio que
                  se mantovo encerrada doze días en la cárcel de manjar celestial que le fue enbiado
                  de Dios por una paloma e que dende le apareció Jesucristo con grand muchedunbre de
                  ángeles e le dixo:</p>
               <p><q who="#jesus">-Fija, conosce al tu criador, por el qual ordenaste de entrar en
                     la gloriosa pelea, sey de rezio e firme coraçón, ca sienpre seré
                  contigo.</q></p>

               <p>E el <name>César</name> mandola traer ante sí, e viéndola más resplandesciente e
                  más fermosa que solía donde creía que por la luenga fanbre estaría más flaca e más
                  afligida, e entendió que los carceleros la avían governado, e mandolos penar con
                  tormentos. E la virgen le dixo:</p>
               <p><q who="#caterina">-Sepas <name>César</name> que yo non ove vianda de mano de
                     onbre, mas <persName>Jesucristo</persName> me enbió con el ángel govierno, e
                     non me dexó perescer de fanbre."</q></p>

               <p>El <name>César</name> le dixo:</p>
               <p><q who="#maxencio">-Aconsejo e ruégote que non cures de nos responder con dubdas,
                     ca te non cobdiciamos aver por sierva mas serás nuestra muger.</q></p>

               <p><persName>Caterina</persName> le dixo:</p>
               <p><q who="#caterina">-Ve ý <name>César</name> e mira entre ti mesmo quál destos
                     entenderías que devrías antes escoger: reino glorioso e eternal o infierno
                     lleno de todas mesquindades.</q></p>

               <p>El <name>César</name> movido con grand saña dixo:</p>
               <p><q who="#maxencio">-Cunple que escojas una de dos: o faz sacrificio a los dioses o
                     por diversas maneras de tormentos darás el ánima.</q></p>

               <p><persName>Caterina</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#caterina">-En tu poderío es de me matar, si te plaze non lo aluengues, ca
                     yo ofrezco mi cuerpo a Jesucristo así como él de su grado se ofreció por mí. Él
                     es mi Dios e mi pastor e mi esposo.</q></p>

               <p>Entonces el <name>César</name> mandó fazer quatro ruedas con unos cuchillos muy
                  agudos guarnidas, ¡o tan cruel tormento!, porque la despedaçasen mienbro a mienbro
                  e los otros cristianos se espantasen por el enxenplo de tan crúa muerte. ¡O
                  firmeza!, ¡o grandeza de coraçón de ensalçar con loores divinales! Non espantada
                  por la nueva manera de muerte, mas con grande e fuerte coraçón faziendo primero
                  oración, con alegre cara llegó a la pena e seyendo puesta entre las ruedas el
                  ángel firió aquella rueda con tan grand rebato que de los pedaços que bolavan acá
                  e allá parescieron feridos quatro mill gentiles. E la <name>reina</name> que fasta
                  entonces se avía encubierto viendo esto descendió luego e maltraxo al
                     <name>César</name> con duras palabras de tan grand crueldad, e él, ensañado
                  porque non quiso ella dar sacrificios a los dioses, quitole las tetas e mandola
                  degollar. E llevándola al martirio rogava a <persName>Caterina</persName> que
                  rogase por ella a Dios.<persName>Caterina</persName> le dixo:</p>

               <p>
                  <q who="#caterina">-Non ayas pavor, reina amada de Dios, ca oy alcançarás por
                     reino en <pb n="210v"/> lugar del reino que muy aína ha de perescer el reino
                     eternal, e en lugar de esposo mortal avraslo inmortal.</q></p>

               <p>E después, la <name>reina</name> muerta, escriven que
                     <persName>Porfirio</persName> encubiertamente tomó su cuerpo e lo dio a
                  sepultura, e después otro día, andando inquiriendo quién avía tomado el cuerpo de
                  la <name>reina</name>, llevavan a muchos por mandado del <name>César</name> para
                  los atormentar sobr’ello. E sallió en medio <persName>Porfirio</persName> dando
                  bozes: <q who="#porfirio">"¡Yo enterré la sierva de Jesucristo e tomé la fe!"</q>.
                  Entonces el <name>César</name> encendido en saña dio una terrible boz a manera de
                  bestia brava diziendo estas palabras: <q who="#cesar">"¡El coitado de Porfirio, a
                     quien avía ordenado de encomendar mi vida, es burlado!"</q>. Entonces los otros
                  cavalleros juntos dixieron: <q who="#cavalleros">"E nos como cristianos somos
                     aparejados para rescibir la muerte."</q> E por esto, él tornándose como loco
                  mandolos a todos degollar con <persName>Porfirio</persName> e que fuesen sus
                  cuerpos echados a los canes para que los despedançasen. E al fin llamó a
                     <persName>Caterina</persName> e díxole:</p>
               <p><q who="#cesar">-Aunque has engañado a la reina con arte mágica, pero con todo si
                     sacrificares avrás el primero lugar en el mi palacio real. E por tanto o da
                     sacrificios a los dioses o padescerás pena de muerte.</q></p>

               <p><persName>Caterina</persName> dixo:</p>
               <p><q who="#caterina">-Faz lo que te pluguiere, que por cierto aparejada me fallarás
                     para sofrir todos tormentos por <persName>Jesucristo</persName>.</q></p>

               <p>Dada la sentencia, seyendo llevada al lugar de la pena, alçó los ojos al cielo, e
                  fizo oración en esta guisa: <q who="#caterina">"¡O esperança e salud de los
                     creyentes, honra e gloria <pb n="211r"/> de las vírgines, buen Jesús, ruégote
                     que qualquier que fiziere memoria de la mi pasión al sallir del ánima o en
                     qualquier nescesidad me llamare, que alcance efecto de acogimiento tuyo"</q>.
                  Fenescida la oración, fue oída una boz del cielo: <q who="#jesus">"Ven amada mía e
                     esposa mía, la puerta del cielo te está abierta e todo lo que pediste te es
                     otorgado."</q></p>

               <p>E después que le fue cortada la cabeça, fállase que manó de la ferida leche en
                  lugar de sangre, e al fin el su cuerpo fue llevado por manos de ángeles al
                     <placeName>monte Sinaí</placeName> que está apartado del lugar do murió treinta
                  jornadas e fue aý sepultado. Del qual segund dizen fasta oy día mana olio que sana
                  toda enfermedat.</p>

               <p>Agora, si todas las cosas quisieres mirar con razón e voluntad, dirás por cierto
                  que esta virgen gloriosa pasando su grand firmeza e señalada grandeza de coraçón e
                  tenprança singular e muy clara justicia e su maravillosa santidad, lo qual todo
                  para ensalçarlo con dignos loores non pienso que bastara juizio umanal, ca ella
                  alcançó la ciencia de todas las cosas e de las grandes artes, e así mostró con
                  razones maravillosas e muy agudas contra los filósofos ser un solo Dios, e aquel
                  Dios ser criador e príncipe de todas las cosas. E así ella con razón deve ser
                  antepuesta non solamente a <persName>Aristótiles</persName> que bastante e cerca
                  de divinalmente fabló de grandes e muchas cosas, mas aun
                     <persName>Platón</persName>, que leemos que fue llamado Dios de los
                  filósofos.</p>



            </div>


         </div>

         <div type="fin" xml:id="conclusion">
            <head>Fin e conclusión de toda esta obra</head>

            <p>Comoquiera que muchos otros enxenplos e claras vidas se nos representen e ofrezcan en
               honra e loor de las claras e virtuosas mugeres de nuestro tienpo, así de los estados
               mayor e mediano e menor, de las quales algunas d’ellas oy biven, cuya vida
               gloriosamente ha resplandescido dentro de los términos de las nuestras
                  <placeName>Españas</placeName> que muy digna sería de memoria perdurable,
               perdónennos aquellas si faziendo aquí fin al nuestro libro las sus vidas virtuosas
               callando traspasáremos. Ca seyendo aquestas por nos loadas más de lo que devían avría
               contra nos lugar la suspición por aver seído aquellas de la nuestra propia patria, e
               aun algunas d’ellas contemporales al nuestro tienpo. E si menos fuesen loadas de
               quanto meresciesen podría la virtud de aquellas redargüir de error a la nuestra
               escriptura; así que, por fuir de lo uno y escusarnos de lo otro, e aun por non ir
               contra la doctrina del sabio en el su libro llamado <title>Eclesiástico</title>, onde
               dize: <quote>"Non loes a ninguno antes de su muerte"</quote>; con lo qual bien
               concuerda aquel varón griego muy notable e de grand autoridad e sabidoría llamado
                  <persName>Solón</persName>, uno de los siete sabios de
                  <placeName>Atenas</placeName>, del qual faze grand fiesta el filósofo
                  <persName>Aristótiles</persName> en el su libro primero de las
               <term>Éticas</term>, e por esta mesma razón la iglesia de Dios quando celebra fiesta
               de algund santo non la faze en el día de su nascimiento, mas en el día que muere el
               tal santo, porque después de la muerte somos ya seguros que ninguno non puede pecar,
               mas en tanto que onbre bive, muchos mudamientos pueden acaescer por él, así faziendo
               fin a la presente obra, dezimos que claramente se concluye que en todos tienpos
               sienpre se ovo Nuestro Señor Dios, mediante todo beneficio natural, e asimesmo toda
               gracia divinal larga e conplidamente con la generación de las mugeres así como con
               los onbres. Por donde cesa la non sabia nin onesta osadía de los que contra ellas han
               querido dezir o escrivir queriendo amenguar sus claras virtudes más que a los onbres,
               ca los tales claramente parescen negar aquello que por esperiencia e vista de ojos se
               vee e demuestra, es a saber, la mucha bondad e onestad que avemos visto en las que
               fueron en nuestros tienpos ya desta vida pasadas, e sentimos e conoscemos en las
               presentes que oy son. E asimesmo aquello de que nos dan verdadera fe e testimonio de
               las antepasadas non solamente los auténticos autores de los gentiles mas aun la
               divinal escriptura e otrosí los santos doctores de la iglesia de Dios, non enbargante
               que algunos de voluntad o por ignorancia non entendiendo bien las auctoridades de
               aquellos ayan querido dezir o escrivir algunas cosas <pb n="212v"/>non onestas contra
               las claras e virtuosas mugeres, los sus dichos quedan vanos e non verdaderos segund
               en cada uno destos tres libros es conplidamente provado.</p>
            <p>E así de aquí adelante con grand razón deven callar los maldizientes, e non osar
               dezir nin difamar contra las claras e altas mugeres, a las quales todos los varones
               somos muy obligados porque a las madres devemos mucha reverencia e servicio por los
               grandes trabajos que ovieron en nos soportar e traer en los sus vientres e por los
               dolores e peligros que pasaron en nos parir e por los grandes trabajos e enojos que
               ovieron en nos criar e dotrinar, e asimesmo por los grandes beneficios que d’ellas
               avemos rescibido. Por respecto de lo qual Nuestro Señor Dios en la su divinal ley
               igualando las madres con los padres en los sus diez mandamientos nos manda e amonesta
               que honremos a nuestras madres así como a nuestros padres poniendo en ese mesmo grado
               de honor e reverencia a la madre que al padre, asimesmo devemos amar e honrar a
               nuestras virtuosas e onestas mugeres por la buena e onesta e agradable conpañía que
               d’ellas rescibimos, sin la qual segund dize el filósofo non puede ser ninguna cosa
               agradable en esta vida.</p>
            <p>E por esto desque Dios ovo criado al onbre segund dello da testimonio la ley divinal
               en el libro del <title>Génesi</title>, dixo así: <quote>"Non es cosa conveniente nin
                  buena que el onbre esté solo, mas querémosle dar ayuda semejante d’él"</quote>, es
               a saber: la muger, la qual Dios fizo e crio por sí mesmo non del limo de la tierra
               como crio a <persName>Adam</persName>, mas del cuerpo e carne mesma del onbre segund
               da fe e testimonio dello la Sacra Escriptura en el dicho libro, en el qual
               espresamente mandó Dios que, dexado el onbre su padre e su madre, fiziese buena
               conpañía a su muger, e que fuesen dos personas en una e esa mesma cosa, pues la muger
               es tomada del varón e de su mesma carne e cuerpo, e así son e deven ser avidos por
               una cosa mesma segund las auctoridades de la santa ley divinal.</p>
            <p>E allende de las madres e mugeres nuestras devemos mucho amar e bien tractar a
               nuestras virtuosas fijas e hermanas e parientas e en común a toda la generación de
               las mugeres, pues Dios quiso que de los onbres fuesen tomadas e criadas, sin las
               quales non avría generación en el mundo nin la palabra divinal que es el fijo de Dios
               rescibiera carne, nin oviera apóstoles nin profetas nin mártires nin los otros santos
               e sabios e varones muy altos e claros que las mugeres han concebido e parido.</p>
            <p>E consideradas e acatadas todas estas cosas, los <persName>Santos Padres</persName>
               de la iglesia de Dios en los derechos e decretos por ellos ordenados, e los grandes
               enperadores que antiguamente fueron señores de todo el mundo, e asimesmo los reyes e
               grandes príncipes e señores de grandes <placeName>regnos</placeName> e tierras en las
               leyes por ellos establescidas otorgaron muchos grandes e señalados previlegios a las
               mugeres igualándolas en muchas cosas a los cavalleros que trabajan por la cosa
               pública e en el muy alto misterio de la cavallería, por la qual se conserva la
               justicia e pacificación de todo el mundo e todas las otras buenas virtudes.</p>
            <p>E así los que contra las virtuosas e claras mugeres, o mezclando unas con otras en
               común, algunas cosas han querido o quieren dezir, más propiamente podemos dezir que
               fablan de voluntad que con razón, e contra sí mesmos que contra ellas. E si se
               dixiere que algunas non son onestas nin virtuosas, respóndese que es verdad; pero
               esto mesmo muchas vezes por semejante se falla en algunos onbres, de lo qual dan
               testimonio las non onestas obras del enperador <persName>Nero</persName>, de lo qual
               faze testimonio el grand maestro suyo <persName>Séneca</persName> e otros muy
               prudentes e muy auténticos varones en muchos e diversos lugares, non enbargante qu’el
               dicho enperador en su mocedad fuese dotrinado en las artes liberales e era estonces
               avido por bueno. Las crueldades e fechos del qual segunt lo testifican los grandes
               estoriadores se podría dezir que en muchas cosas pasaron a todos los atrevimientos
               que se dizen ser acaescidos en algunas de las non onestas mugeres, e así se podría
               dezir de otros muchos desde el comienço del mundo fasta oy, salvo que non fue nin es
               nuestra intención de fablar aquí de los vicios de los onbres nin de las mugeres mas
               solamente mostrar las virtudes ser comunes a las mugeres e a los onbres.</p>
            <p>Segund lo qual los vicios e pecados defectos e menguas, e asimesmo las virtudes,
               parescen ser comunes a todo el linage umanal, es a saber, a los onbres e a las
               mugeres, e así non son de culpar nin amenguar más las mugeres que los onbres, non
               negando por esto la excelencia e reverencia que las mugeres devan a los onbres,
               mayormente a sus maridos. Como el apóstol <persName>sant Paulo</persName> en la su
               epístola enbiada a la cibdad de <placeName>Corintio</placeName>, onde dize que
               Nuestro Señor <persName>Jesucristo</persName> es cabeça de todo virtuoso varón e
               qu’el varón es cabeça de la muger, e qu’el varón es imagen e gloria de Dios, e la
               muger es gloria del varón, porqu’el varón, es a saber, el primer onbre
                  <persName>Adam</persName> non fue fecho de muger, mas la muger es fecha e criada
               por el varón, pero qu’el varón non es sin la muger nin la muger sin el varón en Dios.
               Ca bien así como la muger fue tomada del varón e de su mesma carne, es a saber, de
               nuestro padre el primer onbre <persName>Adam</persName>, así el varón es de la muger
               e por ella. Ca <persName>Adam</persName> non oviera fijos si non oviera muger, e
               concluye el apóstol en la dicha epístola que así el varón como la muger todos son <pb
                  n="214v"/>en Dios e por Dios.</p>
            <p>Segund lo qual, bien acatado, aunque las mugeres sean muy virtuosas e de grand
               excelencia e algunas d’ellas sobrepujen en virtudes a algunos onbres, quanto más
               resplandezcan en las virtudes e cortesía e onestad e toda buena doctrina, tanto más
               deven aver en reverencia a los varones, e por esto non se niegan sus loables
               virtudes, antes se afirman e muestran ser más perfectas e conplidas. E que en toda
               generación de virtud es igual entrada así a las mugeres como a los onbres.</p>
            <p>E por ende, concluyendo la presente obra así por las razones sobredichas como por la
               ocupación de los grandes fechos e de grand peso de aquestos reinos, de los quales nos
               sentimos el trabajo del principal cargo después de la real magestad nos ocupan la
               mayor parte del tienpo así en disponer las cosas pertenescientes al afanoso exercicio
               de la continua guerra que traemos como en dar orden a la governación de la cosa
               pública, en lo qual non poco nos desvelamos por ser a nos encargada y encomendada por
               la real magestad.</p>
            <p>Pues si algunas cosas fallescieren o demasiadas en esta nuestra obra se fallaren,
               justas causas damos a la desculpación como toda la mayor parte deste nuestro libro
               ayamos conpuesto andando en los reales e teniendo cerco contra las fortalezas de los
               rebeldes, puesto entre <pb n="215r"/> los orribles estruendos de los instrumentos de
               la guerra. Pues, quién puede ser aquel de tan reposado ingenio, nin quién se sabra
               así enseñorear de su entendimiento que sabiamente pueda ministrar la pluma, quando de
               la una parte los peligros demandan el remedio, e de la otra la ira cobdicia la
               vengança, e la justicia amonesta la execución y el rigor enciende la batalla e la
               cosa pública demanda el administración, en tal manera que todas cosas privan el
               reposo que para esto era nescesario, tanto que muchas vezes nos acaesció dexar la
               pluma por tomar las armas, sin que ninguna vez dexásemos las armas por tomar la
               pluma.</p>
            <p>Pues quando cansado e trabajado e algunas vezes ferido bolviésemos a la obra que
               comensçada dexávamos, ¿cómo el ingenio nuestro se podría fallar actento?, tú, lector,
               lo considera, pues, aquestos entremedios de tienpo de nuestra materia: por tanto si
               algunas cosas en nuestra obra se fallaren non bien ordenadas demandamos d’ellas
               perdón e de las bien dichas con razón queremos gracias.</p>

            <p>Aquí se acaba el tercero libro desta obra que tracta de algunas muy virtuosas e
               santas dueñas e donzellas del nuestro pueblo católico e cristiano que <pb n="215v"/>
               fueron so la nuestra muy santa e gloriosa ley de gracia; el qual fue
               bienaventuradamente conpuesto por el ínclito e magnífico e muy virtuoso señor don
                  <persName>Álvaro de Luna</persName>, Maestre de la orden de la cavallería del
               apóstol <name>Santiago del Espada</name>, Condestable de Castilla e Conde de
                  <placeName>san Estevan</placeName> e Señor del Infantadgo. E fue acabado e dado a
               publicación por el sobredicho señor en el real de sobre
                  <placeName>Atiença</placeName>, entrada la dicha villa catorze días de agosto diez
               e nueve kalendas de setienbre año del nascimiento del Nuestro Señor
                  <persName>Jesucristo</persName> de mill e quatrocientos e quarenta e seis años año
               primero del su maestradgo.</p>


         </div>
      </body>
   </text>
</TEI>
